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imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, D:Día29, D:Día30
II. D:Día31
III. T2:13
IV. D:Día32
V. T3:1, T3:2
VI. D:Día33
VII. D:Día34
VIII. T3:4,5
IX. De ricos, pobres, e intereses personales
X. El fin de las guerras ya está inventado: se llama “proceso histórico de formación de los EEUU”
XI. T3:7, T3:8
XII. La pregunta central
XIII. T3:9
XIV. D:Día36

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I. Un curso de amor, D:Día29, D:Día30

Primero hablemos del Día 30. En él, se hace la analogía entre nuestro despertar a la Unidad, y la suma de fracciones.
Para poder hacer una suma de fracciones, hay que buscar algo común, un “denominador común”, para dar con esa totalidad, o plenitud, que llamamos “suma”.

Y haciendo la analogía, esa es simplemente la “obra de Dios” que estamos realizando en nuestro despertar, es decir, en este camino de vuelta a Casa.

Al “sumarnos”, creamos lo nuevo, pues nada es siempre igual.

¿Por qué?

Porque nosotros mismos somos ese Dios (una singularidad “holográficamente” “dentro” de la Singularidad de Singularidades)… que se quiso “separar” en un aparente “más de uno”…, para así «poder conocerse a Sí Mismo».

Es lo que dice literalmente este capítulo, igual que la metafísica de la simpática revelación de Walsch, aunque en Walsch se empieza precisamente por esto mismo, diciendo esto ya desde el principio.

Como siempre, la “metafísica” solo es el punto de apoyo para perdonar este mundo de las relaciones, de lo relativo…: el mundo de las relaciones en este “aspecto exterior de la Vida” que hemos creado para re-conocernos desde fuera y así poder “ampliarnos”, como “dioses” (ya vimos que el curso de amor nos dirigía hacia lo mismo que Walsch, e incluso, vimos en el capítulo T4:8, que hablaba de lo que pasaba en esta Tierra como una especie de simple rebelión…, como una rebelión que habríamos alimentado en nuestro ser para hacer frente a lo que era necesario aprender para que un espíritu como el nuestro pudiera habitar en las formas y despertar en ellas como espíritu; también se decía allí que esta rebelión solo nos retrasaba).

Dice este Día 30:

«Si pensaras en esto como si “Dios”, o el estado de “Plenitud” o de “Ser”, se separase en más de uno para poder conocerse a Sí Mismo, verías que el conocedor y lo conocido son uno solo. Verías que se necesitan dos o más para que se dé el conocimiento.»

Así, nuestro Yo-en-unidad es la constatación de esa “comunalidad”, de esa cualidad común, una constatación que necesita de otros yoes que despierten o vayan despertando a la Unidad (podríamos decir que nuestro Yo en unidad es nuestro yo, en minúsculas, habiendo reconocido al Yo o Ser, con mayúsculas).

Y así “conseguimos” cerrar el círculo de la creación, utilizando las formas para ello, para ser plenitud en la separación, debido a que:

«…el Yo es lo que es común a la totalidad.»

Nosotros, como una unidad plena, una totalidad, tenemos y somos un solo Ser o Yo, una sola Mente. Y nuestro Yo-en-unidad “está” ahí, o es eso.

Y nuestro descubrimiento concreto de ello (que es una recreación, la creación de lo nuevo, que realizamos al compartir en unidad y relación), realiza eso que ya había aparecido en el Día 20, en cuanto a que lo desconocido era «la recepción y la expresión de la verdad»:

«Tú eres lo conocido y lo desconocido. Todo es tanto lo conocido como lo desconocido.
» Tú eres la expresión de lo desconocido y el único medio de que lo desconocido llegue a ser conocido.»

Y en el Día 30 dice, para finalizar:

«El Yo debe ser el conocedor y lo conocido, la experiencia y el experimentador. La búsqueda de la reunión con Dios es la meta. Es la búsqueda por ser el conocedor y lo conocido, la experiencia y el experimentador. La culminación de esta búsqueda es entonces la confluencia, la unión.»

Y la unión o confluencia será el título del Día 31.

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Un curso de amor, D:Día29
En el Día 29, sigue describiendo y acompañando nuestra experiencia de despertar a la unidad, más allá de todo sufrimiento, pero estando aún en las formas.

Se dice muy pronto, pero el proceso de acompañamiento puede ser tan largo como toda una vida… o como todo este curso u otros materiales…, con todas las vivencias de la vida normal que conlleve.

Y se describe así de sencillamente, el despertar: fusionar plenitud y separación, mediante nuestro acceso a la unión.

Necesitábamos experiencia, práctica, para poder convertirnos a nosotros mismos en ese punto donde la experiencia en general pueda a su vez convertirse en el común denominador entre la plenitud y la separación.

Necesitamos experiencia, porque nuestra realidad, como dice aquí, es un “quién”, pero está en un “dónde” –donde nos experimentamos a nosotros mismos.

Nosotros, como vimos en otros Días, somos el puente, somos el lugar para vivir esa experiencia y poder anclarla en tanto que común denominador entre plenitud y separación.

 

II. Un curso de amor, D:Día31

En resumen, si estamos “mal” en esta dimensión, si “sufrimos” en esta dimensión que nos hemos inventado…, es simplemente porque nos hemos olvidado de cuál era el propósito de la experiencia en la separación: experimentar al Dios que ya somos (literalmente, como creador).

Esto es lo que describe aquí, y va acompañando despacio el curso…, para que lo sintamos y asumamos ya definitivamente (nuestro ser real), en esta parte final.

Así que simplemente nos olvidamos del propósito real de la experiencia, del propósito de todas estas formas separadas.

Y la experiencia podríamos decir que era para experimentar nuestro centro como Dios y en Dios, pero desde fuera… en este “aspecto exterior de la Vida”.

Y la única razón para esta experiencia separada era ese experimentar al Dios que ya somos dentro, pues nunca estuvimos separados de lo que llamamos Creador, y, a través de él, nunca estuvimos separados de la “creación original” -es decir, de nuestro centro singular y eterno en ella, en la Singularidad de singularidades de singularidades de singularidades… hasta el infinito 🙂 .

Y solo sucede que se nos olvidó eso, más y más…, al rebelarnos contra lo que era necesario “aprender” para que un espíritu con pleno conocimiento se experimente como tal pese a estar en las formas.

Las formas son precisamente lo que nos permite experimentar nuestro espíritu como “por fases”, por aspectos… para poder “degustarlo”… pues todo esto ya vimos que no es más que una experiencia diseñada para que el Dios que somos todos en unidad y relación pueda saborearse a Sí Mismo, creciendo en auto-apreciación…, expandiendo el reconocimiento de su propio ser, en creciente gloria -así crecemos nosotros en la nuestra, y nuestro Creador en la suya… pues somos Uno.

Entonces, solo ocurre que nos inventamos otro contenido para el aprendizaje -que privilegiamos un posible contenido del mismo.

Este es el contenido de la ilusión, que depende de la idea de estar “separados de Dios”.

Podríamos decir que esta idea se refleja aquí cuando no sentimos que somos directamente cada experiencia que tenemos… sino que nos separamos de ella. Esta es nuestra actitud normal, que no natural; es nuestra actitud inercial, automática, rapidísima, en cada instante.

Así, nos quedamos solo con esa sensación que nos hace decir…: “yo tengo esa experiencia”, etc.

Ese privilegiar un contenido del aprendizaje, privilegiando solo una cara de la moneda, consistió en anular el propósito de la experiencia del Yo o Ser que somos realmente, como dice en este Día 31:

«El Yo y Dios son uno y experimentan juntos en plenitud. El Yo individuado solo se puede experimentar de forma separada de Dios anulando el propósito de la experiencia del Yo, que es Dios. Anular significa negar lo que es. La negación de lo que es, es la fuente de la separación. La aceptación de lo que es, es la Fuente de la unión, y la capacidad para experimentar en plenitud.»

III. Un curso de amor, T2:13

El curso trataba detalladamente de acompañar el proceso de nuestro despertar, porque a menudo lo podemos convertir en otro desastre más.

¿Por qué? Porque en el “ego” metemos todo, todo dentro del mismo saco, cuando, sin embargo, mientras estemos aquí, todos tendremos una máscara, un yo personal, con el que inevitablemente nos presentamos ante los demás.

Así que a partir de ahora vamos a hablar a fondo de qué es lo que significa “representar” la verdad (con el tercer tratado, tras esta última llamada del segundo).

Y “lo único” que hace el curso de amor es pues ir poco a poco contando las cosas al revés de como nos las hemos contado, para ver si aceptamos otra vivencia, otra percepción.

Es decir, si antes “usábamos” esa máscara para que nuestras propias ilusiones parecieran poder utilizarnos (la ilusión de carencia, etc.)…, ahora esa máscara estará o se pondrá finalmente al “servicio” de Quienes Realmente Somos.

Es decir, si antes estábamos en la separación, ahora viviremos en unidad y relación.

Y, como sabemos, todo va a ser “traducido”.

El reconocimiento de Quienes Realmente Somos (su aceptación, que es su inmediata recreación mediante el lienzo del mundo, que para eso estaba…) se pueda dar instantáneamente…, o bien a través de un proceso como el que este y muchos otros textos acompañan paso a paso.

Para poder reconocer quienes realmente somos, y puesto que lo que somos es un “Yo en unidad” (no un yo separado), tenemos que “practicar” las “creencias de la unidad”, en el sentido de incorporarlas realmente, de sentirlas, de “encarnarlas”.

Estas creencias, vistas en los últimos capítulos, nos llevan más allá de toda creencia.

De hecho, en la llamada final de este Tratado, vuelve a decir esto:

«…practica las creencias que se han planteado en este tratado.»

Si antes estábamos “como por inercia”, en la ilusión de una identificación confusa con esa máscara -y con las ilusiones que hemos fabricamos y que hemos permitido que nos utilicen-, ahora…, al reconocer quienes realmente somos y representar esa verdad a través de la máscara y sus mutaciones… ¿qué pasará?

A eso responde (en ello acompaña), obviamente, el resto de lo que sigue del curso.

IV. Un curso de amor, D:Día32

En este capítulo asentamos más bases para poder hablar de la relación que somos “con” Dios.
Esa relación es algo que se practica, algo a saborear, en estos mundos de relaciones exteriores.

Lo que nos llena de ser, es Dios; es decir, el ser que de cierto modo estamos siendo eternamente es una unidad de ser con Dios, forma parte de esa unicidad.

Ese “ser” incluso nos vendría bien ponerlo así: ser-que-estamos-siendo, o “ser-siendo”.

Pero Dios es también una relación con todo.

Este capítulo hace una especie de distinción entre:
– ese aspecto relacional de la unicidad que es Dios -el de ser-relación-ya-con-todo;
– y el aspecto de ser-siendo.

Entonces:

«Si toda la vida es la unicidad que es Dios, y Dios ha elegido experimentar esa unicidad por medio de la relación, entonces tú también eres esa experiencia y estás en relación con Dios por medio de esa experiencia.»

Es decir, de cierta manera, Dios ha elegido -y nosotros “con Él” hemos elegido- experimentar por medio de la relación esa unicidad que “toda la vida” es.

Estamos en relación con Dios al experimentar esa unicidad.

Así que esa unicidad en parte es “un dato”, es lo que ya es y siempre será… y al mundo de lo relativo venimos como a olvidarnos de ella (aunque no necesariamente de forma tan dramática como ahora aquí, pues aquí sucede que, además -y como dijo en T4- de cierta forma nos rebelamos: «Tu mente eligió rebelarse contra el aprendizaje que era necesario para llegar al momento de plenitud de un ser capaz de expresarse en la forma» T4:8.9).

En general, pues, el olvido que está como “programado” en la creación… es para poder saborear esa unicidad, y de cierto modo conseguir hacer que crezca –así como crecería la lista de platos y de comensales en un restaurante infinito a rebosar de experiencias sensuales.

Así que aquí estamos nosotros, “para que” esa relación con todo que nosotros también somos… se perciba o se saboree a sí misma. Y para ello hacemos correr el tiempo en estos universos (universos como formas o patrones de “autolimitación”): “hacemos correr universo”.

Podríamos ver a ese ser-que-estamos-siendo eternamente, con Dios, como un punto de anclaje para que aquí en estos mundos pueda realizarse el casamiento o la boda entre:

  • el hecho de que Dios ya está relacionado con todo, ya es una relación con todo (y nosotros, en el Centro de nuestra Singularidad, en Dios, es como si ya tuviéramos eso mismo plenamente como semilla que utilizamos para saborear desde fuera al Dios que somos. Esa “semilla” es una relación ya con todo -tal y como se decía en el último capítulo del primer libro, C32)…
  • y el hecho de la “realidad” de los mundos exteriores.

Ese casamiento es el hecho de la manifestación de esa unicidad-como-relación de Dios, en un mundo relativo -con las “consecuencias creativas” que tenga eso para esos mundos.

Y a partir de eso podríamos describir de forma simple la dinámica de la creación, en esta parte que nosotros más “conocemos”, en estos mundos de experiencia física donde re-conocernos como espíritu desde lo físico; y no en los mundos que quizá existan, para el exclusivo “conocimiento de lo espiritual”, cosa que quizá diríamos que nos queda aparentemente “más lejos”, cuando estamos en un cuerpo físico.

Así que podríamos decir simplemente esto como “dinámica”:

  • desdoblamiento de nosotros mismos que, desde la unicidad que somos en Dios, desde ese “uno en Dios”…, pasamos a desdoblarnos para probar suerte en los mundos exteriores de lo relativo…
  • es decir, para parecer venir a mundos de relación exterior como este…
  • y así poder “saborear” aquí algún aspecto de ese nuestro ser-siendo-uno-con-Dios… un ser-siendo que no está en realidad “desdoblado” –nuestro ser en la realidad original que es Dios-Centro como ser-siendo.

V. Un curso de amor, T3:1, T3:2

En esta parte se trata detalladamente paso a paso de la operación que se realiza en nuestro “despertar”, o sanación de la mente.

Esta operación la podríamos definir como: ir limpiando la idea de la separación de todas nuestras proyecciones sobre ella.

La separación no es “mala” ni buena, sino que fue nuestro medio elegido, nuestro lienzo, para -dicho rápidamente- “expresar Dios”, para reconocernos como Dios y de cierto modo “ampliar el Dios que somos en unidad” (la realidad que llamamos “Dios”, la realidad original, es como si tuviera y fuera una parte evolutiva así como un centro inmutable).

Así que, a pesar de que en principio tenemos que dejar muy claro que “la separación no es real”, a pesar de que tenemos que sentir esto muy claramente, dando un buen “golpe sobre la mesa” con por ejemplo Un curso de milagros y con lo que este facilita que se dé dentro de nuestra mente como reunión con nuestro Ser… aquí, en el curso de amor, se describe, por si acaso, lo que ya sabíamos desde el curso de milagros: que lo único “malo” en todo esto son nuestras interpretaciones, las interpretaciones de la separación.

Así que para que no haya lugar a equívoco alguno, el curso de amor, como decimos, describe meticulosamente la operación.

Y la operación consiste en hacer una representación verdadera de nuestro ser.

Para ello, sumado a todo el trabajo “terapéutico” anterior del curso (del primer libro entero, y del primer tratado), nos hemos tenido que dar cuenta de que estamos representando algo falso, y que encima no nos dábamos cuenta de ello.

Es decir, nos debemos dar cuenta de que usábamos a nuestro yo personal, a esa máscara que inevitablemente tendremos cuando estemos en las formas… para fundirlo con el yo del ego, sin querer reconocer que NO son lo mismo:

«El yo personal existe como ese ser, ese yo que ofreces a los demás. Esta es la única manera en que el yo personal seguirá existiendo tras completar e integrar este curso. Anteriormente, el yo personal que presentabas a los demás representaba el yo egoico que tú creías ser. Ahora, el ego se ha separado del yo personal de tal modo que puedes reclamar de nuevo tu yo personal, y ofrecer a los demás una representación verdadera de quien tú eres.»

Así que lo único “malo”, como siempre, eran nuestras interpretaciones.

Y simplemente, al creernos o al interpretar que la separación era algo que no era (una separación real de nuestra realidad original), hemos hecho rodar una bola de nieve sobre esa creencia. Y esta bola ha crecido y crecido sin parar… llevándonos al mundo que ahora nos parece real, que ahora “vemos”.

Pero en ese mundo, aún hay “salvación” 🙂 . Veamos lo que dice en T3:1:

«Es como si hubieses sido un actor en un escenario; el papel que representas es tan irreal como el escenario donde lo representas. Sin embargo existe un “tú” que ha estado representando el papel, un papel que, aunque se desarrolló siguiendo las instrucciones del ego, permitía que se viesen, se sintiesen y se reconociesen pedazos de quien tú realmente eres.»

Dentro de la representación que hacíamos en base a aquella interpretación equivocada, había destellos del verdadero “tú”, del “tú real” que estaba eligiendo identificarse tanto con los papeles al representarlos…, tanto tanto… que se le había olvidado que era un Yo real en la realidad original -y no los papeles, no el cuerpo.

Así que nuestra verdad brillaba a destellos que rompían en momentos fugaces esa impresión constante de estar aprisionados, que puede que aún tengamos.

Pero ahora se trata, de, por así decirlo, dar la vuelta completa al calcetín… y ser esa verdad en las formas, instalarnos en la fuente de esa verdad, en la realidad original, de donde nunca en realidad nos hemos podido separar.

Esa separación ilusoria con respecto a la realidad original nos hizo perder de vista el propósito de ese Regalo que son las formas separadas (como se nos ha invitado de nuevo a sentir con intensidad en el primer tratado).

El propósito de la separación, de las formas separadas, es el de “experimentar a Dios”, experimentar la verdad, experimentar ese ser hecho de “verdad” que ya somos dentro en nuestro centro…, experimentar al Dios que somos en unidad y relación -utilizando las formas para ello, no dejándonos capturar por la ilusión de que somos utilizados por ellas.

Y experimentar la verdad es experimentar la relación que somos dentro, todos con todos, gracias a las formas (que nos permiten algo más que simplemente ser esa relación: permiten ex-perimentarla).

Y la expresión de esa relación la compara, en T3:2, con la expresión del arte, cuando este es verdadero (es decir, cuando el arte sobrepasa de cierta forma al yo personal de quien lo está creando o representando, y realmente expresa un Yo en relación -un Yo o Ser “más profundo”):

«El arte se convierte ciertamente en algo al expandir el discernimiento o, en otras palabras, al hacer que algo se vuelva conocido. Esto es lo que la verdadera relación hace, y es su propósito, así como lo que ella es.»

Así que con la elección de la separación nos sucedió esto:

«Elegiste representarte a ti mismo de una nueva manera, expresarte de una nueva manera, compartirte a ti mismo de una nueva manera. La elección de representar a tu Ser en la forma, fue una elección por la separación, pero no porque la separación en sí misma fuese deseada tal como has supuesto que lo fue.»

Pues:

«Tú elegiste un medio de creación… al igual que Dios eligió un medio de creación. Ese medio de creación es la separación, convertirse en separado (en el observador así como en el observado) para poder extender la creación por medio de la relación (entre observador y observado).»

Pero metimos nuestras interpretaciones. Por ejemplo:

«Creías que por cada ganancia había una pérdida. Esto se debía a que creías que cada paso en el avance de tu estado de separación era un paso que se alejaba de Dios y de tu Yo real.»

VI. Un curso de amor, D:Día33

En esta parte, ya casi al final, hablamos de poder.
Quizá por fin podamos llenar totalmente esa palabra de amor: la palabra “poder”.
Esta palabra está tan “condenada”…, pero podemos llenarla de un sentido que no tiene nada que ver con el significado mundano de “poder”… aunque a la vez ese sentido real sea la base de ese significado mundo.

Está claro que solo al final de un proceso como este curso, o similar… se podría hablar de “poder” y de ser “todopoderosos” -solo una vez que se supone que hemos incorporado bien que somos relación, que literalmente somos relación.

Como nos recuerda en este Día33…:

«Estás siendo en relación: el creador de los acontecimientos así como quien los experimenta; el creador de la relación así como también la relación misma. […]
» Toda relación es con el amor porque toda relación es con Dios, que es uno en el ser contigo.»

Y entonces, ¿qué pasa con aquello de que el verdadero poder es “de Dios”?
¿Y cómo es que ese poder es a la vez tan inmenso y tan “manso” –ya que si ese “Origen” o “Dios” no quisiera que pasara algo…, entonces aquí no se movería ni una mosca…, no se movería “ni Dios” 🙂 ?

¿Y cómo es eso de que nosotros podamos sentirnos “todopoderosos”, pero “con todas las de la ley”?

Todo depende de que Dios está “relacionado con” todos, pero a su manera peculiar.

Pues nosotros también estamos relacionados con todo y todos (por ejemplo, de cierto modo, estamos en todo tiempo y lugar).

Recordemos una vez más el maravilloso “mantra” del capítulo 32 del primer libro:

«La manera en que experimentas la relación con cada aspecto de la creación es diferente a pesar de la unicidad de la creación. Es en la diferente relación de un aspecto de la creación con TODO el resto donde existe esa diferencia que tanto aprecias como tu cualidad de ser único. Y solamente en relación eres únicamente tú. La relación es lo único que existe, pues el Amor es relación.» C32.2

Nuestra cualidad de “ser algo único” solo tiene sentido en la relación CON TODO.

Es decir, por ejemplo, no somos únicos por cómo nos vemos y definimos aquí exteriormente entre nosotros, en las relaciones exteriores llamadas “especiales” (cuando las vivimos así).

Pero sí que podemos “ver a través” de las formas y las relaciones exteriores… con otra forma de mirar el mundo y las relaciones. Y, a través de esa otra forma de “estar”… podemos expresar nuestro verdadero “ser único”, el que depende de que YA SOMOS una sola relación, ahí dentro, con todo el resto de aspectos de la creación (depende de que ya somos un solo ser, con y dentro de todos los demás…, como “espíritu”).

Y a este mundo exterior es como si viniéramos a saborear esa relación que ya somos dentro… pero a saborearla, claro está, como “desde fuera”… y para ello venimos a olvidarnos de lo que somos y a ser, por así decirlo, la “lengua” de Dios… que quiere saborear a qué sabe ser Dios (a qué sabe ser Nosotros Mismos).

Pues, como hemos visto de nuevo en ese “mantra” del C32… cada uno estamos relacionado con todos y todo pero a nuestra manera, que no sería exactamente la de Dios.

De cierta forma somos “iguales” en el ser a Dios -como dijo hace poco este tercer libro- pero diferentes en la relación: «Uno en ser, pero diferentes en la relación.», Día32.17.

Aquí, en esta parte final, el curso nos habla pues del poder que se expresa en la relación, y siempre hay que recordar que no se trata más que del final de un viaje más allá de las palabras… y que no se está haciendo “filosofía”, sino acompañando a fondo nuestro reconocimiento de “ser Dios”.

«Ser es poder. La relación es poderosa. La relación es la expresión del poder —todas las distintas expresiones del poder. Todos son poderosos. Pero, debido a que todos son poderosos tan solo en la relación, debes constatar tu relación con el poder.»

Debemos constatarlo para poder expresar ese poder… en este mundo exterior, en este aspecto exterior de la Vida: para expresar el poder que ya somos, con Dios, pero que no podemos EXPERIMENTAR si no tenemos un mundo de formas separadas.

Cuando estamos muy enterrados en las nubes de nuestras ilusiones, hemos visto que llegábamos a creer (y por tanto a representar) que este mundo era para por ejemplo “expresar impotencia”.

Sin embargo, las aparentes limitaciones de las formas serían precisamente para expresar con mayor motivo nuestro poder (el del amor/Dios/Origen).

En la ilusión, nos creíamos el cuento que nos decía que la relación realmente se había “roto”… así que, atemorizados, íbamos haciendo cada vez más real nuestro propio sueño: esa pesadilla de la separación de Dios, en esta tierra donde además nos rebelamos tan fuertemente contra las condiciones que hacían falta para poder “ser un espíritu que se expresa en las formas”.

Ahora, a estas alturas del proceso del curso, se supone que ya hemos “sanado” esas “condiciones rebeldes” en nosotros mismos… y podemos asumir y sentir cada vez más que estamos individuando a Dios (pues al ser quienes realmente somos… estaremos, como dice aquí…, individuando al Yo, al Ser que somos…, en Dios):

«Cada uno de vosotros ha reclamado algún tipo de poder para sí mismo, algún medio de ejercer ese poder, que es lo mismo que decir: algún medio de individuar el yo.

» Este es el poder del ser. El poder de individuar el Yo. El poder de ser quien tú eres. Se trata del poder y de la fuente del poder. Se trata de la fuerza de la creación, del único poder verdadero.

» Pero repito, a pesar de que cada uno de nosotros tenga el poder de la creación dentro de sí, solo se expresa en la relación, y solo en ella nos hacemos poderosos. Constatar todo el tiempo que estás en una relación con todo y con todos, significa constatar toda la extensión de tu poder. No puedes constatar que estás todo el tiempo en relación con todo y con todos si mantienes el deseo de usar tu poder. Eso es imposible. La constatación de que todo el tiempo estás en una relación con todo y con todos, significa constatar la unicidad y la unidad, significa constatar que eres uno en el ser, creador y creado. Esta es una constatación que solo puede provenir del amor, porque el amor es la única “condición” de la unión.

» Por tanto, cuando constatas tu relación con todo, eres todopoderoso.»

VII. Un curso de amor, D:Día34

También globalmente vemos que es el momento de ir “contra las apariencias”, de elegir, de elegirnos… eligiendo lo que realmente queremos, al vernos “probados” por el exterior: por ejemplo por esa apariencia de desmembramiento que parece querer mostrar ahora la humanidad, con la lucha global contra el terrorismo.

(Ya sabemos que en realidad no es que seamos “probados”, no es que nos pongan a prueba… sino que nos damos oportunidades para ser quienes somos, quienes realmente somos.)

Es decir, si hemos elegido unidad globalmente, van a saltar como un resorte todas las consciencias que en la humanidad quieren reforzar la separación y su modo de comprenderse y comprender el mundo partiendo “primero de la separación”.

Es decir, saltarán como resortes quienes tienen claro que quieren reforzar y hundirse ante todo en el aspecto de lo viejo al que estamos más acostumbrados… el de la separación (ese aspecto que en realidad está “contenido” dentro de nuestra unicidad como un solo Yo).

Entonces, aparecen intervenciones muy “conscientes”, muy artificiales a veces… propagando el sistema de pensar de lo viejo, queriendo poner más el acento sobre todo en las diferencias culturales, haciendo énfasis en la pérdida, etc.

Vivir en dualidad, por duro que lo hayamos hecho en esta tierra huyendo exageradamente de lo que sí somos… vivir en dualidad… no puede hacer que se rompa la relación interior y ese Ser Uno Creador que somos -el Yo Único que somos en unidad.

Ahí dentro, nuestro Yo, nuestro Ser, es “ser en relación”. Dejar de vivir en dualidad es simplemente querer experimentar el aspecto “uno”, la unicidad, de ese “ser en relación” -cosa que nos da y nos dará una vivencia muy rica.

Y vivir en dualidad era pues simplemente querer experimentar el lado de “la diferencia del ser en relación”, como lo dice aquí en este capítulo.

Para ello teníamos que separarnos de nosotros mismos…, cosa que solo podemos simular si separamos nuestra “mente” del corazón (o Centro del ser, más allá de las formas), para que este Centro pase a vivir en -o a alimentar- la ilusión… es decir, pase a vivir la mentira de que: “la relación interior se ha roto” (esa relación que desde siempre y para siempre somos con todo).

En el fondo las formas no eran para que nos creyéramos la idea de la separación, sino que esta maniobra fue nuestra exageración, nuestra locura (en esta tierra, ese ha sido el error en el aprendizaje, pues aquí, la creación, “ha ido mal”).

Las formas eran para experimentar y recrear nuestro Yo Divino, pero en el psiquiátrico terrestre nos hemos enseñado una “nada” intermedia que hemos vivido en círculos de pesadilla, repetitivos… donde nos hemos imaginado que debíamos venir y venir sin parar… pues la separación -y por tanto la culpa y el conflicto- eran lo real para nosotros… y estábamos perdidos creyendo que solo podíamos ser nosotros mismos “expiando” a la vieja usanza… pesadilla tras pesadilla.

VIII. Un curso de amor, T3:4, T3:5

Con o sin sufrimiento (como explica aquí) nos hemos dado lecciones a nosotros mismos con “la esperanza de llenar el vacío con la plenitud de la verdad”.

¿Vacío?

En esta etapa del curso (mitad del segundo libro) nos encontraríamos en un estado así, de vacío.

Como sabemos, vivíamos en la ilusión, anhelando un “no sé qué”… así que desmantelábamos el ego, lo cual nos dejaba “vacíos”…, y ahora, en este tratado, se trata de evitar montar otro ego de sustitución:

«Puedes desmantelar el ego y construir otro en su lugar, cosa que a veces se ha conseguido hacer en individuos mediante un gran entrenamiento, como en un entrenamiento militar, o en casos de gran maltrato, cuando una segunda personalidad egoica se desarrolla para “salvar” a la primera. […] El único reemplazo que funcionará es el reemplazo de la ilusión por la verdad. El propósito mismo de este tratado es prevenir el reemplazo de la ilusión con la ilusión, o de un yo del ego con otro yo del ego. […]»

Así que luego, en T3:5, describe lo que hemos estado haciendo, al vivir en la pesadilla de la ilusión:

«Todas las lecciones que te has dado a ti mismo a lo largo de tu vida han estado dirigidas a lograr esta ausencia, con la esperanza de llenar el vacío con la plenitud de la verdad.»

Pero…:

» … no todo el vacío te ha llegado de manos del sufrimiento. Cada vez que te has “enamorado”, ha sido vaciado un espacio para que el amor lo llenara.»

Y así pone varios ejemplos similares al del “enamoramiento”.

Nosotros mismos, viviendo en la ilusión, construíamos una casa sobre unos cimientos endebles (o imposibles: la ilusión).

Así, los muros de esa casa se agrietaban, y, en realidad, deseábamos que se cayeran para dar paso a la verdad. Pero, a la vez, reconstruíamos de nuevo la casa sobre la base falsa… reconstruíamos “ego”, cuando sin embargo ya habíamos provocado nosotros mismos la demolición, o grandes grietas, con todas esas lecciones que nos dábamos –bien sea con sufrimiento o sin él, como en el caso del enamoramiento.

Esas lecciones que nos dábamos podrían habernos permitido “quedarnos” en el Yo verdadero, expresando propósito original, que es nuestra función aquí:

«El hecho de que acabases atrayendo hacia ti un fuego que redujese estos muros a ceniza, o una inundación que los arrastrase, formaba parte del mecanismo de supervivencia de tu Yo verdadero, así como las prisas por reconstruirlos formaban parte del mecanismo de supervivencia del yo egoico.»

Así que:

«Todo esto es algo que ya has intentado hacer; estas son lecciones que ya has intentado aprender. Este curso ha llegado para que estas cosas que has intentado no necesiten repetirse, al igual que la crucifixión llegó para acabar con la necesidad de aprender a través del sufrimiento y la muerte.»

¿De qué se trataba en el regalo de la crucifixión? Pues lógicamente:

«Se trataba de un regalo dirigido a vaciar el mundo del yo egoico, y a permitir que el yo personal siguiese viviendo como el único Yo verdadero, el único verdadero Hijo de Dios.»

La mentalidad egoica (el sistema de pensamiento de lo falso, que nos dice que la relación se ha roto realmente, que “Dios ha muerto”), esa mentalidad, era lo único con lo que nos impedíamos a nosotros mismos “expresar Dios”, es decir, expresar propósito original…, vivir como el Yo Único –que es para lo que son las formas, para que el Dios que somos se “vea” a Sí Mismo desde lo que parece no ser Él Mismo, jugando el juego eterno de la creación.

Y da alguna clave de interpretación en relación al célebre ser “hijos de Dios”:

«El hijo de cada padre morirá. Sin embargo, esto no significa lo que tú has dado por hecho que significaba —una serie infinita de generaciones que fallecen. Lo que esto significa es que, en cada cual, el ego morirá y el Yo renacerá a la vida eterna.»

Imaginemos lo que Dios debe tener en su mente ya, y con lo cual nos estamos sintonizando, como imagen simbólica de lo que significa ese “cada hijo morirá”:

Dios, como Entidad relacionada con todo y todos a la vez –y con plena consciencia operativa de esa relación–…, Dios, más allá del tiempo, y donde diríamos que «la “Expiación” ya ha sido completada»… tiene una “imagen”. En ella, todas las personalidades habidas y por haber en la tierra “sufren” esa resurrección donde, en cada yo personal, se da ese proceso de nacimiento de lo nuevo… de renacimiento del Yo verdadero, del Yo Único, del “Hijo Único de Dios” –un renacimiento que permite, de paso, la creación de un mundo nuevo.

IX. De ricos, pobres, e intereses personales

A continuación va un comentario sobre política y una cita muy divertida de Conversaciones con Dios 2 (*)… ahora que estamos en periodo de elecciones o cerca (noviembre 2015), en muchos países hispanohablantes, según parece… 🙂 :

«Los gobiernos saben que la población no les apoyaría si entendiera las verdaderas razones para la mayoría de las decisiones políticas.

Esto es aplicable a los gobiernos de todas partes. Son muy pocos los gobiernos que no engañan deliberadamente a sus pueblos. El engaño es parte del gobierno, ya que pocas personas elegirían ser gobernadas de la forma en que se les gobierna -pocas elegirían que se les gobernara siquiera- a menos que el gobierno les convenza de que sus decisiones se toman por el bien de la población.

Y este convencimiento es bastante difícil, ya que la mayoría de la gente percibe claramente la torpeza del gobierno. Por consiguiente, el gobierno tiene que mentir para retener, al menos, la lealtad del pueblo. El gobierno es la perfecta representación de la exactitud del axioma de que si tus mentiras son lo bastante grandes, y si mientes durante el suficiente tiempo, la mentira se convierte en la “verdad”.

Quienes ejercen el poder nunca pueden permitir que el público sepa cómo llegaron a esa posición -ni todo lo que han hecho y están dispuestos a hacer para permanecer en ella.

La verdad y la política no se mezclan y no pueden mezclarse debido a que la política es el arte de decir únicamente lo necesario -y decirlo de la forma adecuada-, para poder alcanzar el objetivo deseado.

No todas las políticas son malas, pero el arte de la política es un arte práctico. Reconoce con gran habilidad la psicología de la mayoría de las personas. Observa simplemente que esa mayoría opera en razón del interés personal. Por tanto, la política es la forma en que los que están en el poder buscan convencer de que su interés personal es vuestro interés personal.

Los gobiernos entienden ese interés propio. Por eso los gobiernos son muy hábiles diseñando programas que dan cosas a la gente.

Originalmente, los gobiernos tenían funciones muy limitadas. Su propósito era simplemente “preservar y proteger”. Después alguien añadió “proveer”. Cuando los gobiernos empezaron a ser el proveedor del pueblo, así como el protector, los gobiernos empezaron a crear sociedad, en vez de preservarla.»

Sin ir más lejos que el mismo presidente de España ahora…, esta persona es muy rica -parece muy ignorante, pero es muy rico.

Sin embargo, es votado por muchos “pobres”.

Es muy divertida esta situación tan común:
muchos pobres votando a alguien que simplemente es rico, y que quiere más o menos conscientemente “defender a los suyos”… a los ricos.

Si esta persona fuera muy inteligente o muy guapa y simpática… quizá se podría entender algo… pero no parece tener más capacidades que las de ser muy rico, y la importantísima capacidad de poder “dar la cara” un poco… de querer dar la cara “por los suyos” -quizá a cambio de una recompensa que desconocemos.

Así que con su mero “estar en política” defiende para empezar que se sepa la posición privilegiada concreta de un estamento de funcionarios privilegiado: el de los registradores de la propiedad.

Es decir, como dice la cita de arriba: el presidente es uno más dentro de la lógica de “mentir” que es natural en la política tal y como la conocemos… dentro de ese sistema donde parte de los (in)conscientes que somos nosotros parece que nos creemos fácilmente que nuestro “interés personal” es el mismo que el de los de arriba.

Este sistema proviene directamente de la dictadura franquista, pues no ha habido real transición democrática…, así que se descubre ahora, sin tapujos, y desde que “la derecha” gobierna en el país… que lo “natural” es apoyar a los ricos, y convencerse de que el interés personal de ellos es el interés personal de la gente de abajo.

(A veces puede que sí se pudiera dar esta comunión de intereses… claro está… por cierto: si “los ricos” estuvieran realmente inspirados en masa… 🙂 … y se cambiara la dirección de los sistemas como un todo…, entonces… siempre puede haber una confluencia de intereses y una redistribución realmente virtuosa de lo que es común y de las oportunidades…).

____

(*)
Estoy revisando la traducción que hay en internet colgada de este libro de Walsch, CCD2, pues tenía varios fallitos, y la he corregido lo mejor que he podido.
El primero de la serie ya está revisado aquí.

X. El fin de las guerras ya está inventado: se llama “proceso histórico de formación de los EEUU”.

Para los planes que el “ego” tiene para el mundo (el ego como esa forma de pensar que alimenta la tendencia a nuestra autodestrucción)… para esos planes… era fundamental echar por tierra la imagen de los Estados Unidos.

¿Por qué?

Porque ese país es un ejemplo viviente de que la COOPERACIÓN funciona mejor que la separación.

Es decir, son la prueba de que cooperando se logra mayor bienestar -tanto material como “espiritual” (pese a que no se haya sabido contener el movimiento inverso que se lleva dando en los EEUU y en la consciencia de su gente… y que ha permitido que sus instituciones sean literalmente vampirizadas).

Es muy inspirador leer de nuevo el ejemplo que ya hemos citado a veces (el de la revelación de Walsch, en su 2º libro; ver más abajo), sobre el proceso que hizo realmente grande a los EEUU.

Fue un proceso de aumento de la cooperación interna, de refuerzo de la primera confederación que hicieron, para que realmente fuera una verdadera Federación, que cuidara los acuerdos de paz entre estados, etc.

Eso es un ejemplo vital para el mundo…, es un ejemplo para motivar esa unión de estados global que vamos a hacer en la Tierra, en Urantia… para así poder disolver todos los ejércitos, las guerras, etc., parando el increíble gasto en armamento y en aparatos para la muerte, y parando el hambre, la excesiva desigualdad, etc.

Es muy sintomático que, en vez de estar hablando de estas cosas, el “ego” del mundo esté así como “aterrorizado” por su destrucción (por el deshacimiento del ego en nuestras mentes… del ego como sistema de pensamiento de la separación)… y es como si nos quisiera hablar todo el rato de “terrorismo” y de conflicto a través de los medios de comunicación, etc. Es como una especie de maniobra de “despiste”… de “tentación”… que en España donde vivo también se llama “problema de Cataluña”, como el terrorismo (igual que en los viejos tiempos de ETA y de su terrorismo, cuando pasaba lo mismo: que los grandes problemas eran “Cataluña” y el terrorismo, así como para despistar de los que les acompañaban en la lista (paro, etc.)).

El ejemplo de los EEUU debe haber sido tan inspirador a la hora de motivar la creación de la fallida ONU y de otras asociaciones similares… que, lógicamente, nuestro “ego” (ese “ego del mundo”, con el cual hemos dicho que nos queremos autodestruir)… ese ego… se frota las manos ante la ignorancia que tenemos o que teníamos la mayoría de la gente sobre lo que significan realmente cosas como:
– “libertad política” o,
– “democracia”…
… una democracia que fue inventada allí, en los EEUU, y que de existir solo existe allí -ya en caricatura.

De entre los estados grandes, solo en ese tienen algo parecido a la “democracia”. Solo ahí se aproximan un poco a eso —pese a lo pervertida que está la idea.

Dos rasgos fundamentales de la Democracia son:

  • representación y
  • separación de poderes.

En España por ejemplo no hay representación (los diputados representan a su partido, y los dueños de los partidos están comprados desde el inicio de la no-democracia; por tanto los partidos en el poder no representan a ningún español -jamás lo han hecho, en esta pantomima de la izquierda y la derecha).

Tampoco hay separación de poderes: las instituciones más elevadas en la jerarquía del poder judicial están literalmente “vendidas” al poder político que, insistamos, sigue una línea directa desde la dictadura, pues los partidos que se turnaban monótonamente en el poder han sido dirigidos por mercenarios desde el principio: Felipe González fue uno de los principales exponentes de este ejemplo que nos hemos dado de hasta dónde hemos podido llegar en hipocresía…, y los demás presidentes son corolarios de su actuación siguiendo el manual de “Cómo vender un país a tus amigos de aquí y de allá”: Aznar, etc.

Así que aquí, en España, lo que tenemos no es una democracia, ni mucho menos.

Lo que tenemos se llama, técnicamente: “oligarquía de partidos”, que es lo que hay en prácticamente toda Europa.

Este es obviamente un mecanismo engañoso para que las élites mundiales y locales puedan básicamente perpetuar la estructura de poder heredada de, en nuestro caso, la dictadura… e incluso puedan ahondar más en ella y en las desigualdades que provoca dada la actual guerra económica que se está llevando a cabo a nivel mundial utilizando este juego de marionetas (con los políticos comprados o aterrados… y demás trucos archiconocidos).

Ese mecanismo engañoso es simple y quizá muy viejo: comprando y controlando esos partidos, se consigue que en realidad no haya representación en los países, pues los partidos estatales están pagados por el Estado, y por tanto se deben al Estado y no a la gente, y los diputados de la cámara de representantes que aquí se llama “Congreso” SOLO representan a su Partido -no representan a nadie.

De hecho, en países como España esto llega a extremos demenciales.

Volviendo a EEUU: da vergüenza a veces echar la vista atrás sobre uno mismo, sobre la propia ignorancia sobre el tema; yo, como quizá muchos conocidos o amigos, desconocía o no hablaba sobre esto tan elemental e inspirador en la historia de los EEUU -o quizá simplemente no tenía oídos para ello.

Quizá “no hemos entendido nada”… ni hemos podido hacer mucho caso, si es que alguna vez se nos ha narrado algo de esto, quizá.
Y, como los EEUU tienen tan mala fama… y con motivos…

Aunque, por disculparnos un poco más 🙂 … en esta “opresión sistematizada” que llamábamos “educación”… donde se tiene en cuenta cualquier cosa antes que el propio ser y sentir del alumno… uno ya ni sabe dónde está.

Y también tenemos esa locura de “la familia”, con los problemas que captamos, reforzamos, incorporamos tan fácilmente en el ámbito familiar.

Y es que es quizá muy traumático que haya tantos padres y cuidadores que en realidad no quieren para nada hacer lo que están haciendo (crianza)… y que no tienen ninguna vocación ni ningún potencial formador –¡ellos todavía se están buscando a sí mismos, se están formando en lo que significa vivir, están encontrando lo que quieren, lo que desean valorar y creer profundamente… y hacer!

Es traumático que haya tanta gente que, en la delicada y fundamental cuestión de “¿qué hacemos con los niños?”… se vea obligada a “anular sus sueños” para “mantener a la familia”… o por simple miedo.

Qué hecho más increíble es que las relaciones con nuestros pequeños, la relación con la entrada al mundo de “nuevos” espíritus… esas relaciones… contengan lo peor, la peor idea… esa especie de “creencia fundamental” que tenemos y que quizá normalmente no es expresada claramente… la que dice que:

– “es imposible evitar el sacrificio”.

¡Qué locura!

Así ahí tenemos esa locura sumada a la opresión en las aulas, en ese otro instrumento sacrificial en ese sistema de “escucha y calla” que muchos hemos tenido como “educación”…

¡Demasiado que hemos sobrevivido! 🙂 (bueno, mejor dicho, es lógico que hayamos “SOBREVIVIDO” y no vivido… no VIVIDO realmente, plenamente).

Esta es la maravillosa cita sobre el proceso de los EEUU :

«
Tu nación fue la primera que tomó una confederación desconectada y la unió exitosamente en un grupo cohesivo, en el cual cada uno de sus integrantes rendía cuentas a una autoridad central.

En esa época, ninguno de los estados deseaba esa opción y se resistieron poderosamente. Temían la pérdida de su grandeza individual y afirmaban que esa unión no sería lo más conveniente para ellos.

Tal vez sería aleccionador que entendiéramos lo que estaba pasando en esos estados individuales en ese tiempo.

Si bien ya se habían unido en una confederación poco definida, no existía un gobierno real de Estados Unidos y, por consiguiente, no había una autoridad que obligara a cumplir de los Artículos de la Confederación que los estados habían pactado.

Los estados dirigían sus propios asuntos exteriores, y varios firmaron acuerdos privados sobre comercio y otros asuntos con Francia, España, Inglaterra y otros países. Los estados negociaban también entre sí, y aunque los Artículos de la Confederación lo prohibían, algunos estados imponían aranceles a los bienes de consumo provenientes de otros estados -¡igual que lo hacían con los productos del otro lado del océano!

Los comerciantes, si querían comprar o vender sus productos, no tenían más opción que pagar esos aranceles en el puerto, pues no se contaba con la autoridad central -pese a que había un convenio escrito que prohibía esa carga tributaria.

Los estados individuales también entablaban guerras entre sí. Cada uno consideraba su milicia como un ejército permanente; nueve de ellos tenían sus propias flotas, y el lema oficial de cada estado de la Confederación podría haber sido “cuidado con meterte conmigo”.

Más de la mitad de los estados incluso imprimían su propio dinero. (¡Aun cuando la Confederación había acordado que eso era ilegal!)

En pocas palabras, los estados originales, si bien unidos bajo los Artículos de la Confederación, actuaban exactamente igual que las naciones independientes de hoy en día.

A pesar de que podían darse cuenta de que no funcionaban los acuerdos de su Confederación (como el convenio de asignar al Congreso la autoridad exclusiva para acuñar moneda), se resistieron firmemente a crear y someterse a una autoridad central que pudiera obligarles a que cumplieran esos acuerdos y ejerciera presión en cada caso.

Sin embargo, con el tiempo, empezaron a prevalecer unos cuantos líderes progresistas. Convencieron a la gente común de que se podría ganar más con la creación de una nueva Federación, de lo que se podría perder.

Los comerciantes ahorrarían dinero y aumentarían sus beneficios, ya que los estados individuales ya no gravarían los productos de los demás estados.

Los gobiernos ahorrarían dinero y tendrían más para destinarlo a programas y servicios que ayudaran realmente a la gente, dado que ya no tendrían que usarse los recursos para que los estados individuales se protegieran unos de otros.

La población tendría mayor seguridad y protección, y también mayor prosperidad, al cooperar con, en vez de pelear contra los estados vecinos.

Lejos de perder su grandeza, cada estado se volvería más grande aún.

Y eso, desde luego, es exactamente lo que ha sucedido.

Hoy en día se podría conseguir lo mismo a nivel global si los 160 estados nacionales del mundo se congregaran en una Federación Unida. Podría significar el fin de las guerras.
»
(Conversaciones con Dios, 2)

____

(*)
Estoy revisando la traducción que hay en internet colgada de este libro de Walsch, CCD2, pues tenía varios fallitos, y la he corregido lo mejor que he podido.
El primero de la serie ya está revisado aquí (pdf).

XI. Un curso de amor, T3:7, T3:8

Para distinguir entre la “Nueva Era” que ahora comienza, y la “Vieja Era”, estos dos capítulos sobre la verdad y la ilusión nos van a dar las claves. Van a contar algo que nos sirve para hablar de la diferencia entre esas “Eras”.

En la Vieja Era, en la era donde la mayoría estaba instalada en la ilusión, nos identificábamos con los papeles teatrales de la vida, los papeles que representamos.

Identificados con esa máscara o yo personal que representaba los diversos papeles…, estábamos en “la casa de la ilusión” -en la ilusión.

Era como en esa película de Woody Allen donde el verdadero yo de los actores, con su cuerpo y todo, se introducía literalmente en la pantalla, pasaba a ser imagen capturada en la película, pasaba de ser cuerpo a ser el papel representado, se convertía en proyección, y pasaba a vivir allí.

Pero, como nosotros seguíamos de todas maneras siendo un “yo real” fuera de la pantalla, un Yo verdadero más allá de los papeles representados en la actuación…, entonces, de vez en cuando había destellos de ese Yo o Ser verdadero en la ilusión, con el consiguiente revuelo que se produce en la casa de la ilusión.

Esto es lo que ha dado lugar a la lluvia de tesoros que llamamos: arte, ciencias…

Y ese revuelo se daba como “explosiones”, pues representar la verdad en la ilusión, es decir, representar nuestro verdadero Yo ahí, provocaba algo así como que ese mundo de creencias “explotara”.

Y entonces, ¿qué pasaba?

Pues que:

«Todos los que estaban en la casa [de la ilusión] se dieron cuenta de que algo estaba ocurriendo. Toda la atención se dirigió hacia la explosión, pero su origen no podía ser encontrado.»

El origen (es decir, lo que llamamos “Dios”, es decir, nuestro Yo en unidad y en relación con nuestro Origen y con el resto de aspectos de la creación)… ese origen… era lo que perdemos de vista muy fácilmente en la Vieja Era.

Ese es el origen de la Inspiración, de las felices inspiraciones que daban lugar a esas explosiones que la verdad provocaba en la ilusión, y que hacían que el polvo que queda tras ellas se reorganice (debido a nuestra mirada) en forma de artes, ciencias, etc… pues nosotros sobre todo prestábamos atención al dedo que señalaba, no a esa “luna” interior hacia la que apuntaba el dedo: nuestro origen, nuestro verdadero Ser en el Origen.

En la Vieja Era, pues, perdíamos de vista el hecho de que nos podemos “instalar” en ese origen.

Y establecernos ahí es lo que se llama, en estos capítulos, vivir o “morar” en “la casa de la verdad”.

El “ego” es el nombre que ponemos al sistema de creencias que nos hace apegarnos a los papeles, a la identificación única con el yo personal, con las historietas personales de nuestras vidas… y que por tanto no permite que esta máscara o yo personal represente plenamente la verdad (solo permitía que hubiera explosiones, que luego el ego además puede aprovechar fácilmente para recuperarlas para su causa).

Así que en la Nueva Era es como si se abriera la dimensión vertical interior de lo que somos, para que el núcleo de nuestro verdadero Yo pueda representarse desde ahí mismo, desde ese núcleo u origen…, que aquí lo llamaría “la casa de la verdad”.

Entonces, como sabemos, vamos más allá de toda creencia:

«Como no existe ninguna creencia que represente la verdad de quien tú eres y de quien Dios es, hablamos ahora de ideas o de pensamientos.»

Y, ya en el capítulo 8, también vamos más allá de todo símbolo (y todas las cosas son de entrada símbolos, como sabemos):

«Los símbolos solo son necesarios en la casa de la ilusión, igual que las creencias.»

Esos símbolos podían representar la verdad de forma muy impactante, con las artes, etc…. lo cual hacía que se sacudieran los cimientos sobre los que construíamos nuestra existencia, cegada en la casa de la ilusión por los papeles y por ese ego como sistema de pensamiento que nos hacía identificarnos férreamente con el “yo personal” y sus papeles:

«Los más iluminados de entre vosotros han simbolizado o representado bellamente la verdad en la casa de la ilusión. Estos símbolos o representaciones han ofrecido un gran servicio y han provocado las explosiones que han sacudido vuestros defectuosos cimientos, vuestros defectuosos fundamentos.»

Pero no podemos quedarnos simplemente simbolizando, por bello que sea, por mucho que tenga un poder de desmantelar la ilusión:

«Quedarse solo con él [con ese poder de desmantelar] supondría dejar el mundo en su condición actual, y a tus hermanos y hermanas retorciéndose en el polvo.»

Ahora se trata de reemplazar la casa por entero, no de soliviantar sus cimientos:

«El trabajo que os sobreviene ahora es el de reemplazar la casa de la ilusión por la casa de la verdad de una vez por todas. El trabajo que os sobreviene ahora es el de la revelación del Origen, de la Fuente».

Esta es la “Nueva Era”.

Y entonces, pasa a hablar de la amargura en nuestro corazón, que son esos sentimientos que el ego usaba como material de refuerzo, o cemento, para cimentar su sistema de pensamiento -para así luego poder levantar la casa de la ilusión con los ladrillos de todas las creencias de su sistema.

Allá, en el corazón, en el centro de nuestro ser más allá de todas las formas, más allá incluso del sistema de creencias del ego, tenemos la amargura, un resentimiento profundo.

Pero en el fondo es una elección, y podemos elegir de otra manera.

Todo depende de esta elección nuestra: de darnos la identidad a partir de nuestra historia y de la historia de los que vinieron antes:

«… la identidad que tienes en este tiempo y en este espacio aún cree en su propia historia y en la de aquellos que vinieron antes que ella. Estas CREENCIAS albergan las semillas de la amargura, la angustia, el desasosiego que sientes hacia Dios y hacia tus hermanos y hermanas, tanto vivos como muertos.»

Y esas creencias ponen nuestra confianza en el sufrimiento; ponen nuestra capacidad de elección, nuestra mente, en la “realidad” del sufrimiento; hacen real el sufrimiento.

Y así, el drama fluye entre generaciones, o bien en nuestra propia vida, con nuestro relato sobre nosotros mismos, sobre lo que somos: solamente un yo humano.

Pero nuestro SER no son todas estas historias y formas humanas de la historia personal…, de los sufrires y las aventuras de los cuerpos.

Creernos nuestra propia historia supone permitir que estas creencias se instalen dentro:

«Estas son las creencias que dirían que tú y todos aquellos que vinieron antes que tú, habéis tenido que sufrir en falso, con un sufrimiento que no parece tener ninguna lógica.»

Por tanto, estamos resentidos, amargados, ya que no vemos el sentido de tanto sufrimiento, así que albergamos una venganza interior que amarga las vidas de generación en generación, al haber hecho el sufrimiento real pues nos hemos identificado vida tras vida con los papeles representados, y no con el Yo verdadero y el propósito original (que es “sentir y ampliar a Dios” a través de las formas).

Y justificamos esa amargura con razonamientos “kármicos”:

«Aquellos que creen en vidas pasadas también han adoptado a menudo creencias en lo que respecta a la elección, y creen que la elección de sufrir fue tomada por algún bien mayor o para pagar deudas del pasado.»

Pero no:

«La única decisión que se ha tomado es la del apego a considerar la forma humana como el yo, el ser.»

La identificación férrea con el yo personal, con la máscara, con los papeles proyectados sobre la pantalla…, nos hace apegarnos a considerar que nuestro SER es la forma humana, con todo lo que esta conllevó en tanto que historias personales de pérdidas, de sufrimientos, de luchas…

Y frente a esta elección, o decisión:

«La elección que no se ha hecho es la de dejar atrás esta idea. […] La decisión que no se ha tomado es la decisión de creer en el Yo Crístico, que es el único salvador, en vez de en el yo egoico, que es de lo único de lo que has necesitado ser salvado.»

Nuestro Yo de Cristo, o Ser en unidad, ahí dentro, el Yo verdadero en unidad y relación con Dios y con todos… ese Yo, es lo que no hemos elegido, por muy bonito que se nos simbolizara la verdad en la casa de la ilusión (pues recordemos: mirábamos al dedo que apuntaba hacia ese Yo interior, más que al Yo interior, y no nos identificábamos con ese Yo, con nuestro Yo verdadero, sino con “la forma humana” y, por tanto, creíamos plenamente en el sufrimiento).

Y cuando “conseguimos” representar nuestro Yo verdadero, pero en la casa de la verdad… ¿qué pasa?:

«Al igual que las representaciones del verdadero yo en la casa de la ilusión ocasionaron explosiones y una lluvia de tesoros, la representación del verdadero Yo en la casa de la verdad provocará la creación de lo nuevo.»

La creación de lo nuevo; y para ello, debemos idear el final del sufrimiento, sabiendo y sintiendo que su final es posible -es, simplemente, una elección.

XII. La pregunta central

Sabemos que solo salimos de donde estamos con un cambio de consciencia (y no meramente con acciones, aunque las acciones obviamente son fundamentales y necesarias para expresar y para reforzar en nosotros mismos ese cambio interior de “consciencia”… para poder fluir con él… sin miedo, y confiar en la Unidad).

Llevo unos días poniendo algunas citas del segundo libro de la saga de Walsch (mientras reviso una traducción que anda por internet), y lo que hace en este segundo es tratar gran parte de los “problemas” globales humanos y sus “soluciones”… para que captemos poco a poco que:

– en realidad “solo hay un problema” (lo que ya sabemos desde la espiritualidad en general y UCDM en particular)…

– que en realidad lo que “SOBRAN” son las soluciones (pues ya las tenemos todas, y para todos los problemas… y solo ocurre que no las aplicamos… que no hay transparencia o comunicación sobre ellas… etc.),

– y que lo que hace falta es “consciencia”.

La humanidad, llega a decir literalmente, simplemente está afrontado una enorme “crisis de consciencia” -como dice con el vocabulario de este libro.

Así que es realmente didáctico asistir al repaso que la voz hace, a través de Walsch, de todos los “problemas” humanos… desde esa visión tan amplia que sabe claramente que solo nuestro cambio de consciencia (concretar dentro lo que realmente queremos SER)… puede evitar que sigamos en la rueda que elegimos, en la idea que alimentamos del “sufrimiento”.

Pues ya sabemos que no se trata de simplemente evitar, o negar, que esas cosas “problemáticas” están ahí, pues “simbolizan” nuestro conflicto interior y necesitan ser primero miradas de frente…, como ya sabemos…, y no simplemente ser negadas.

Sabemos que, si simplemente negamos… entonces a menudo estaremos evitando una vez más sentir, y por tanto sanar (pues estamos tan tan doloridos que no podemos estar ni con nosotros mismos, con los sentimientos que nosotros mismos producimos y reproducimos).

Así que, con esa negación, seguimos reteniendo, guardando nuestro sentir negativo…, cosa que va como actuando dentro nuestro, que va como “carcomiéndonos” -en la enésima repetición de una vida que “ni fú ni fa”.

Entonces, una parte realmente excitante de este libro está en el capítulo 12, cuando habla de uno de los aspectos más fundamentales de nuestro “primitivismo” en cuanto a lo espiritual (espiritualmente, la humanidad está en fase muy primitiva).

Este aspecto es que, pese al avance inmenso que tenemos en cuanto a los medios de producción material (alimentos, etc.), la humanidad, debido al sistema de pensamiento que mantenemos en nuestra mente (ego)… la humanidad… sigue manteniendo sus consciencias vibrando en la SUPERVIVENCIA, en el instinto más básico de autoconservación.

¿Cómo sucede esto?

Pues simplemente sucede que no hemos aún “materializado”, o manifestado, nuestras prioridades (y podríamos hacerlo).

Si nuestra prioridad es crear lo bello, lo bondadoso, alimentar lo verdadero…, la paz, la alegría y la armonía aquí…, entonces parece natural que la gente, en el futuro, en todo el planeta (pues ya hay medios para hacerlo), no tengamos que estar más o menos “martirizados”, vida tras vida, enfocándonos en “a ver si vamos a llegar a fin de mes” -martirizados en lo más elemental para sobrevivir.

Hay medios para garantizar la supervivencia de toda la humanidad (de entrada son posibles ya suprimiendo de golpe casi todos los gastos militares de los estados particulares, de todos -como comenta este libro).

Pero, lógicamente, como dentro nuestro no hemos hecho el suficiente “cambio de consciencia”, es decir, el suficiente abandono del sistema de pensamiento del ego (el ego que dice que para vivir hay que luchar, competir, etc…), entonces, seguimos globalmente, como atontados, teniendo que luchar y luchar entre nosotros por algo que en realidad hay de sobra.

Así que esta es la pregunta central para la humanidad hoy -como comenta la voz casi al final de este capítulo 12:

«¿Pero se debe tener que luchar para siquiera poder sobrevivir en un planeta donde hay más que suficiente para todos?

» Esa es la pregunta central que afronta la humanidad.

» El reto no consiste en hacer que todos sean iguales, sino en darles a todos, por lo menos, la seguridad de una supervivencia básica digna, de modo que cada cual tenga la oportunidad de elegir qué más quiere a partir de ahí.»

XIII. Un curso de amor, T3:9

Lógicamente, la noción de “creencia” no conlleva la aplicación, la integración, la realización de lo que conlleva.

Es lo que podríamos decir “solo mental”, no habiendo realizado la integración de la “mente” y el corazón.

Frente a esa noción, aquí contrapone la noción de “idea”.

La noción de “idea” conlleva la “aplicación”:

«Aceptar estas ideas [de amor] sin aceptar la capacidad de ser aplicadas significa cambiar tus creencias sin cambiar tus ideas.»

Así que una cosa es “creer” algo, y otra tener o ser una idea.

Habitar en lo que llama “la casa de la verdad”, hará que nos “hagamos a la idea”, que “hagamos o realicemos la idea”… de lo que somos, recreándolo como todo un universo “nuevo”, aquí y ahora, en el acto de «revelar y crear de nuevo la vida del cielo en la tierra».

Y:

«Aunque ahora no puedas ver la cadena de acontecimientos que convertirán estas ideas de amor en una nueva realidad, puedes confiar en que estarán ahí, extendiéndose como una red, de forma parecida a como una vez hicieron las ideas de separación del ego. Sin embargo, como estas ideas no son ideas aprendidas, no se requerirá tiempo para que se extiendan a través del aprendizaje, como sí ocurría con las ideas del ego.»

Y:

«El paraíso que es la verdad parece encontrarse mucho más allá de la casa de la ilusión, en el valle de la muerte. Los supervivientes de experiencias cercanas a la muerte han calmado los miedos de muchos, pero han hecho que muchos más deseen la vida después de la muerte antes que la vida misma. A ti, que me has seguido más allá de los muros de la casa de la ilusión, se te llama ahora a poner en marcha el acto de revelar y crear de nuevo la vida del cielo en la tierra.

» Esta es la peregrinación a la que te encamino, tan real como la de aquellos que en época de Moisés viajaron por el desierto hacia la Tierra Prometida. Ese viaje siguió siendo algo metafórico porque no fue más allá del ámbito de las creencias hacia el de las ideas. Los israelíes creían en una tierra prometida, pero no moraron en ella. A ti se te llama a morar en la tierra prometida, la Casa de la Verdad.»

XIV. Un curso de amor, D:Día36

Tan simple como que somos creadores.
Aquí, ya casi al final del curso, se nos describe despacio que somos creadores.
Para ello hay que hablar de la relación, de nuestro poder y el poder de la creación que somos al ser uno con el Origen.

Y todo lo que “nos pasaba” era que…:

«Lo que hemos llamado “ilusión” es esta simple nada que cualifica la existencia sin relación con Dios y, por tanto, la existencia sin relación con el poder de la creación.»

Existir sin relación con Dios es esa simple “nada”, esa sensación de “ser nada”, por estar sin relación con el poder de la creación.

Y todo lo que “teníamos que” hacer es dejar de vivir en la ilusión de que no somos nosotros quienes estamos creando nuestra experiencia.

Solo hay una verdad final: somos libres creadores.

Y el sufrimiento, esa “elección por el sufrimiento”, que mantenía viva nuestra especie… parece que solo depende de habernos apartado del reconocimiento de ser creadores –nosotros…seres cuya nuestra función en realidad era ser “felices” creando, es decir ser Dios creando, a través de las formas.

Así que solo hay una “mentira”, que intentaba oscurecer el hecho de que la verdad es solo una: nuestro poder infinito y totalmente libre de crear.

Hicimos poderosa esa mentira de la ilusión -así la hizo nuestro verdadero poder creativo.

Y dice:

«La ilusión es la ilusión de simplemente estar siendo. ¿No es así como te has visto a ti mismo? ¿Como un simple ser, que hace lo que puede para vivir la vida que se le ha dado?»

Ese estado intermedio… donde decidíamos entre ilusiones para reforzar la única ilusión: de no ser creadores.

Simplemente estar siendo, 🙂 , es muy gracioso… es la sensación que todos hemos tenido… la de “conmigo no va la cosa”. La indiferencia esencial que provoca la vivencia de la ilusión.

Y ahora, al reconocernos como creadores, vamos hacia esa elección del “todo o nada”, es decir: 100% responsabilidad; lo hemos creado todo; “con nosotros va toda cosa”.

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