Visibilidad emocional dentro, visibilidad social fuera   Leave a comment

imagen corazón en círculoComo es adentro es afuera:

  • dentro, individualmente, no nos gusta la visibilidad, desnudarnos emocionalmente (exponernos demasiado)…
  • y por tanto “afuera”, colectivamente, nuestros sistemas sociales reflejan un morboso apego al secreto, a la ocultación de datos fundamentales para el devenir de nuestra civilización.

Y es que:

«Visibilidad es simplemente otra palabra para referirse a la verdad», nos contaba la revelación de Walsch (*).

Y una gran pregunta a la que podemos jugar para sacar algunos sentimientos, para imaginar… es otra muy simple que aparece en Walsch:

«¿Qué sucedería si todo el mundo pudiera verlo todo?»

¡Con todo lo que apreciamos el miedo, el drama y lo externo! Eso sería desastroso para nuestro apego al caos, al desastre.

Ay, la cuestión de la visibilidad… nos altera.

Y cuando dice “verlo todo”, dice todo, pues esa revelación de Walsch nos invita a hacer un recorrido imaginativo, para que sintamos e imaginemos.

Por ejemplo, se trata de imaginar que realmente podríamos comenzar desde cero un sistema monetario mundial, donde toda transacción económica podría ser consultada por cualquiera.

Solo la visibilidad sana (conoced la verdad, y la verdad os hará libres).

Nada que esconder.

Y se acabó el juego del drama (¡con lo apegados que estamos al drama y al secreto! 🙂 ).

Todo lo más importante podría ser “público”, todo aquello que en principio no tendría por qué darnos vergüenza compartir -como por ejemplo el modo de “ganarse la vida”, dónde se invierte el dinero, sea poco o mucho.

Pero, como ya notamos claramente…, resulta que los humanos por lo general tenemos un auténtico pavor ante esta mera idea de la visibilidad “total”…, y llega un momento en que la voz en la revelación de Walsch lo relaciona con el miedo a Dios, con el miedo inventado que tenemos ante un “Dios” que juzgaría los actos de nuestras vidas y nos castigaría.

Y por supuesto que esto permea toda nuestra existencia, pues debido a nuestro gran poder como creadores, y al haber hecho real ese miedo, realizamos este mundo, esta “creación” que vemos.

Así que, como dentro de esa relación “santa” o sagrada que somos… ahí dentro… hemos metido una gran mentira (que la relación se ha roto)… y creemos en un Dios así (que depende de tal rotura)… y en un Universo y un Destino así (hostil, que castiga)… entonces… terminamos dándonos a nosotros mismos la razón… y terminamos jugando a ese juego “perverso” aunque a veces tan sutil, dándonos la razón al dársela al ciclo de culpa, miedo y castigo…, y dando pues la razón a nuestras creencias más profundas… y fabricando vida tras vida desde el enfoque en el miedo, y donde por tanto nos podemos dar mil y una condiciones para poder seguir sufriendo –al cometer más y más actos a partir de ese enfoque ciego en el miedo… y justificando el: “ves, teníamos razón, hay castigo a la vista”.

Y todo esto es en parte el miedo a la muerte, porque tenemos miedo a que nos juzgue ese falso Dios que nos hemos inventado.

Esto crea unas vidas internas y unas sociedades externas de miedo y ocultación, donde impera la mentalidad del “sucio secretito”. Pues, como ya dijimos…: COMO ES ADENTRO, ES AFUERA.

Y como ya sabemos, el miedo llama al miedo, es decir, que lo que intentamos evitar de forma profunda, justamente lo atraeremos, lo creamos en nuestra experiencia.

Así, las vidas se vuelven “círculos” de creación inútil, donde creamos una vez tras otra condiciones para darnos la razón sobre el sufrimiento…, y aparentemente sin poder salir de ahí, creando más y más de aquello mismo en lo que nos enfocábamos.

Vale que estamos aprendiendo a crear… pues la entrada en las formas (entrada como espíritus a las formas), supone un desdoblamiento en cuerpo, mente y alma… pero en esta tierra sobraba ya demasiado la idea de sufrimiento, que nos impide que ese desdoblamiento sea lo suave que puede ser (pues está hecho para que nosotros disfrutemos de nuestro ser interior de luz pero desde el “afuera” de las formas).

La conciencia de “pecado” es como muy ridícula, en su “perversión” –es muy curioso. Lo habréis constatado al verse reflejada seguro que en personas que la simbolicen quizá más claramente, y que a su vez reflejan nuestra propia conciencia de eso mismo.

Es como si esa conciencia de pecado disfrutara inconscientemente con eso mismo, con el pecado, lógicamente.

Y hay personas que es como si lo mostraran más “puramente”, y como si en su modo de vida se percibiera o incluso se pudiera masticar mejor esa relación que somos y tenemos, tan fuerte…, esa relación que hay:
– entre el miedo a algo,
– y la atracción y la creación de eso mismo de lo que se tiene miedo (de las condiciones para experimentarlo).

Es el miedo a “pecar”… y la imposibilidad de no pensar todo el rato en ello y por tanto la imposibilidad de no hacerlo… “en secreto”, con una menor o mayor necesidad de “esconderse” de Dios.

Esto es tan gracioso… que usemos el increíble mundo de las formas para realizar ese acto inútil de jugar al escondite… escondiéndonos de nosotros mismos (pues somos uno con Dios)…

Qué gracioso es pues el apego esa idea de “hacer algo malo”, pero a escondidas…, un apego a seguir en un cierto modo de sentir, de ser…, sintiendo esa oscuridad que da el estar en ese ciclo absurdo y secreto del miedo, la culpa y el castigo.

Es adictivo el miedo, es adicción a ese sentimiento de “necesito ocultarme”.

Así que nos autocastigamos a nosotros mismos en esta falta de transparencia debida en el fondo a todo este invento que hemos descrito.

Y la voz nos invita una vez más a relacionar:
– el miedo a la visibilidad, el que sentiríamos normalmente con solo imaginar que se pudiera saber “todo” de nosotros…
– con el miedo a Dios, el miedo a la visibilidad que se da en el ámbito digamos más “espiritual”.

Como espíritus somos de hecho “transparentes” (estamos dentro de todos, todos nos “poseemos”). Y esa “verdad”, si no la queremos constatar plenamente en la vida en las formas físicas (resucitando en ellas a la vida eterna), lo vamos a constatar seguro en la muerte otra vez –pues ya lo hemos constatado una y otra vez en cada “muerte”, ya que nuestro ser natural es espíritu, y ese espíritu es lo que veníamos a expresar aquí, antes de que hiciéramos que reinara tanto, globalmente, la idea loca del sufrimiento, como una interpretación desquiciada de la separación.

Así que esa visibilidad “espiritual”, ser transparentes ante Dios y COMO siendo el Dios que somos -esa sí que sí-… esa visibilidad… la vamos a tener que “ejercer” tras “la muerte”, junto a ese Centro que llamamos “Dios”… que en parte es meramente nuestro Ser, dentro…, como singularidad “dentro” de la Singularidad.

Y allí… no hay nada que esconder.

No podemos esconder nada realmente… ni “querríamos”, una vez que reconocemos que somos un ser íntegro, original, es decir, que la separación entre “cuerpo, mente y alma”, esa separación que aquí parecemos haber modelado tan absurdamente en estas tierras donde vivimos “la paradoja de las paradojas” (la de “honrar el sufrimiento”), haciendo real el desdoblamiento que en realidad solo era un juego, un juego para “ser Dios de mil formas”…, y no para ser sufrimiento de otras mil:

Así que, hablando de la visibilidad total:

«¿No ves que eso es justo lo primero que temes en tu primer encuentro con Dios? ¿No te das cuenta de que temes que la charanga termine, que el juego se acabe, que el baile concluya, que el combate de boxeo imaginario finalice, y que esa larga, larga estela de engaños, grandes y pequeños, acabe literalmente en un callejón sin salida?

» Sin embargo, la buena noticia es que no hay razón para temer, ninguna causa para tener miedo. Nadie te va a juzgar, nadie te va a calificar de “malo”, nadie te va a lanzar al eterno fuego del infierno.»

Nosotros somos verdad inmutable, eterna y nuevamente creadora y recreadora sin final.

E insistiendo: solo ocurre que aquí “algo ha ido mal”, en esta tierra.

Es como si nos hubiéramos metido aposta en una especie de cuarentena espiritual que nosotros elegimos por mucho tiempo… y es como si anduviéramos demasiado apegados a esa idea célebre e irrisoria que metimos dentro nuestro: la del sufrimiento (cuyo final la crucifixión vino a simbolizar: donde Jesús lleva a cabo el acto de llevarse todo el sufrimiento — no todo “pecado”, claro, como ya sabemos).

Y, como el sufrimiento es una idea, es más que una mera creencia… y esa idea produce experiencia.

Así que nos vemos atrapados en el círculo morboso del esconder, del ocultar… del secreto, de la falta de transparencia… individual y colectivamente –pues como es adentro, es afuera.

Y nos comenta esta revelación de forma muy amena que tampoco se trata de ir contándolo todo a todos -minucia por minucia-, sino de focalizarse siempre en la verdad, en nuestras vidas concretas. Es una gran llamada a la verdad la que hace en este capítulo.

Estas sociedades, tan primitivas en lo espiritual, son muy “graciosas”: en ellas fabricamos algo así como unos gigantescos monumentos morbosos al miedo, con todos los inventos que hacemos para vanagloriar o alentar el secretismo… en una especie de colosales y coloridos monumentos de cartón, y que nos gusta quemar a nosotros mismos tras haber realizado todo el esfuerzo de construirlos. Los quemamos en una orgía de destrucción, como esa que se vive en algunos festejos populares de España, mi país, que son muy célebres aquí (como en Valencia).

Adornamos el miedo de mil maneras, envolvemos la desconfianza para dárnosla como macabro regalo.

El miedo en forma de desconfianza nos impide exponernos, sacar a la luz lo que nos da vida… o lo que nos la quita, escondiendo lo que realmente somos o hacemos.

El esconder u ocultar interior, ese conflicto nuestro en forma de miedo, se manifiesta lógicamente “fuera”, se pinta en el lienzo del mundo en este macabro sistema que nos devuelve la imagen que tenemos de nosotros mismos (ya que nos vemos como indignos):

– lo vemos representado en los paraísos fiscales…
– o en todas las maniobras enrevesadas y semisecretas que se usan para reproducir más dinero a partir de dinero, y que siempre cuentan con ese matiz morboso de lo “muy especializado”, lo “secreto”, lo que en realidad no es honesto ni sería lógico que fuera legal (aunque lo sea)…
– o en todas esas emociones que giran en torno a la ropa utilizada para insinuar y seducir, a partir de ese sentimiento de atracción por “lo oculto” en tanto que oculto,
– o en el negocio de la pornografía, como ese ámbito que consigue mover tanto dinero aparentemente gracias a toda esa ansiedad global que tenemos en todos los ámbitos debido a nuestro apego morboso al secreto… al yo separado… esa ansiedad que parece que producimos a partir de todo el ámbito del secreto: de ese secreto que hay en lo económico de nuestras vidas particulares o empresariales… o en la gestión real de los sistemas políticos y económicos…
– etc.

____
(*) Estoy hablando de “Conversaciones con Dios, 2”, el capítulo 16.
Estos libros también los estoy revisando en su traducción, pues hay algunos cambios que viene bien hacer a la vista del original en inglés (hay incluso algún error).
El primero de la saga está completado, y el PDF es este:
https://qadistu.files.wordpress.com/2013/03/conversaciones_con_dios-1-version-corregida-y-en-dos-colores.pdf
Para encontrar todo lo de Walsch que voy haciendo, por favor visitar con paciencia el punto 8 del índice del blog:
https://unplandivino.net/g/

 

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