Un curso de amor, Día 39 (comentario)   Leave a comment

imagen de orquídea silvestre(Enlace al Día 39: D:Día39 )

Nosotros definimos a Dios (a nuestro Origen), y vivimos en esta definición. Nuestra perspectiva sobre la Vida se hace nuestra vivencia.

Nos convertimos en lo que pensamos que nuestro Origen es.

Siempre fue así, y de cierta forma lo seguirá siendo. ¿Pero cómo lo seguirá siendo? Ese es el tema, y de esto trata este Día 39, al final del curso (acompañando este proceso que es una transformación, no “filosofía”).

Así que el tema está en cómo realizamos esa “definición”, y lo que ha tenido que transformarse el mero hecho de “pensar”, pues pensando a la manera usual es como estábamos definiendo a un “Dios” que luego pasábamos a recrear en nuestro mundo, para nuestra desesperación, sin poder salir de nuestra proyecciones.

Por eso todo este curso, y cualquier otra “espiritualidad”, trata de que “dejemos de pensar” (pensar a la antigua usanza), para con ello, y de cierto modo, poder “permitir” que lo que somos nos enseñe directamente… y redefinamos y elevemos completamente la mente desde el corazón.

Dice en este Día:

«Quien yo he sido para ti es quien tú has sido para ti mismo.»

Es decir, quien Dios (Vida) ha sido para mí mismo, es quien yo he sido para mí mismo. Me he definido por mis proyecciones sobre la Vida, sobre Dios:

«Recuerda la idea de la proyección. Esto es lo que hace la proyección. Proyecta hacia el exterior. Se distingue de la extensión en que la extensión es como una proyección que permanece unida a su fuente. La proyección separa.»

Esa definición de Dios, en la Vieja Era, nos hacía vivir en la ilusión de que éramos seres INDIVIDUALES, y no INDIVIDUADOS.

Aquí, en este Día 39, nos dirá la diferencia fundamental entre estas dos cosas, en esta útil distinción que forma parte de este colofón final del curso.

“Individuados” es una palabra que refleja que tenemos en cuenta la tensión de los opuestos.

Las tensiones entre opuestos son “lo que da vida”, son creativas.

Y nuestro único problema es no constatar eso (no hacer real en nuestro ser, no actualizar dentro nuestro… esas tensiones en tanto que son creativas).

Y “elevar” nuestro ser no es otra cosa que acoger el suficiente amor para poder hacer hueco a las tensiones como tensiones, como relaciones creativas… yendo más allá del juicio que polariza (el juicio contra nosotros mismos y contra lo que haya en el mundo ilusoriamente “afuera”).

Fijémonos en este párrafo maravilloso que resume todo esto, añadiendo la consideración del concepto de “posibilidades”, de todas las posibilidades:

«Constatarás que cuando nos individuamos, estamos en un estado constante de creación así como de tensión creativa. A medida en que nos convertimos en seres individuados en unión y relación, nos creamos el uno al otro constantemente. Creamos desde el campo de lo posible, que debe incluirlo todo.»

Volvamos a las tensiones (qué mala prensa tiene esta palabra, “tensión”, cuando es vital -y nunca mejor dicho, “vital”).

Si no nos damos cuenta de esas tensiones, si no las “aceptamos”, no nos damos cuenta de que son CREATIVAS, de que la creación depende de ellas.

Este ejemplo puede resultar didáctico: la libertad y la igualdad. Estos dos anhelos serían dos “ideales” que funcionan en conexión, en tensión creativa.

Y el único problema es pretender haber roto esa relación, esa tensión creativa (toda relación, dicho sea de paso, es en realidad una tensión así; toda relación en el fondo es creadora).

Si nos obsesionamos con la IGUALDAD y nos alejamos lo suficiente de la LIBERTAD, tenemos la aplicación (mala, falsa) de los nobles ideales “comunistas” (los ideales siempre son “nobles”, porque en su mismo ser son inseparables de la tensión creativa y son índice de ella. Pero las ideologías son siempre innobles, son siempre semillas de corrupción, pues no se puede pensar en grupo; y de ahí que la corrupción ahora sea lo natural, en nuestro mundo político).

Si ponemos el foco en la LIBERTAD y nos olvidamos del anhelo de IGUALDAD, tenemos la engañosa y supuesta “aplicación” del liberalismo económico, el “capitalismo”.

Así que somos seres individuados (con Dios), y no individuales (en la ilusión de “sin Dios”, sin Origen… y, por tanto, aplastados ilusoriamente contra la pantalla de la película de formas).

“Individuados” es la palabra que refleja que existimos y somos esa tensión que hace de puente entre tiempo y eternidad.

Diciendo “individuados” se debe reflejar que ya constatamos dentro nuestro la suficiente “verdad” como para poder actualizar, hacer real, la “responsabilidad” de ser creadores con y desde el Origen.

Ser “individuales” (habiendo roto ilusoriamente la tensión entre tiempo y eternidad) nos hacía creer que nuestra identidad real venía de la pantalla del mundo, de las “relaciones exteriores”.

Pero:

«Los seres individuados son quienes son en relación el uno con el otro».

Si pasamos de ser ilusión a “ser verdad”, somos seres individuados. Y entonces, como tales, nosotros solo somos quienes somos en relación con nuestra “pareja” o “amante interior”, que podríamos llamar “yo original”, “yo en unidad”, etc.

Y al ser, ahí dentro, quienes realmente somos, vemos también a todos “los demás” en su realidad, los re-conocemos y permitimos que se re-conozcan como Quienes Realmente Son… para que puedan recrearse de nuevo. Así que servimos de puente para ellos, y ellos para nosotros -como volverá a recordar la voz del curso también en este Día.

Por tanto, ya decíamos que se abre definitivamente una Nueva Era sobre este planeta, una forma de concebir y de por tanto vivir la Vida, de vivir a Dios (pues la Vida tiene muchas “dimensiones”).

Insistamos: vivimos en nuestras propias creaciones, nuestras “definiciones”.

Y esta Nueva Era se puede definir en relación a lo que nos cuenta el curso en este Día 39:

se trata de vivir no en nuestra propia definición de quien Dios/Vida/Origen/Universo es (que era una PROYECCIÓN), sino en ser quienes nosotros somos para Dios (EXTENSIÓN de la Mente en un ámbito destinado a ello).

Así que estamos hablando del circuito del “alma”, del proceso de extensión de la Mente o expansión del alma a través de las formas.

Nuestra identidad no viene de “la separación”; nuestra identidad ES el proceso de esa individuación, es la Relación (“relación santa”), que es una tensión que nunca rompe esa relación interior con nuestro yo original.

Es la tensión de la co-creación con Dios, donde estamos “definiendo” a Dios, pero donde esta definición pasa a una Nueva Era (pasa a superar ese concepto de “definición”), y así, podemos vivir en la Casa de la Verdad en esta tierra: si aceptamos que somos seres individuados (no separados, no individuales):

«Has oído hablar de la vida como una proyección. Debido a que todos somos un solo ser, debemos o bien extender o bien proyectar para individuarnos y ser en relación. Tú eres una extensión del Yo Soy en la forma. A través de tu extensión, puedes convertirte en quien tú eres para mí, en vez de en quien yo he sido para ti.»

¿Aceptaremos el regalo de convertirnos en quienes somos para Dios (que nos ve “enormes”, eternos creadores)… en vez de vernos en las proyecciones reductoras que hacíamos sobre la Vida y Dios, con las que defíanimos a Dios para poder rebozarnos en el barro de nuestras autodefiniciones, que nos determinaban a ser impotentes, víctimas, etc.?

Así que se trata de convertirnos en quienes somos para Dios, para la Vida…, y no de seguir “siendo” nuestras proyecciones, no seguir siendo lo que creíamos que éramos, aplastados en la pantalla… no seguir siendo nuestras proyecciones o creencias sobre quién es Dios/Vida para nosotros.

Dejar de ser creencia, para ser quien realmente somos.

Y ahora, dando la vuelta completa al círculo:

«¿Quién Soy Yo para ti? Solo quien tú eres para ti mismo. Ahora es el momento de que seas no tanto quien tú has sido para ti mismo, sino quien tú eres, y has sido, para mí.»

Y ¿quiénes somos para “Dios”?:

«…ahora debes aceptarte a ti mismo como Cristo, o como el puente relacional entre todo lo que está individuado en unión y relación.»

Y:

«Recuerda que se te ha dicho que Cristo es un puente. Cuando te relacionas con alguien, ahí está Cristo, salvando las distancias que os mantendrían separados, y manteniéndote en relación.»

Así que somos puente relacional entre todo lo individuado, todo lo “co-creador” (no todo lo individual).

Y, explica:

«Esta es la razón por la que debes descubrir tu propia relación conmigo. Descubrir tu propia relación conmigo significa descubrir al Cristo en ti. Cuando has descubierto tu propia relación conmigo es cuando has descubierto que tú eres quien Yo Soy, porque constatas -o actualizas- tu unicidad con Cristo. Cuando has descubierto tu propia relación conmigo es cuando ya no es necesario un intermediario, porque has constatado y actualizado tu unicidad con Cristo. Cuando la relación es establecida, constatas que la relación es el vínculo intermediario entre los seres individuados, y que albergas ese vínculo en ti mismo a través de la relación conmigo. Cristo es la relación directa conmigo.»

Constatamos que “somos relación”, que dentro albergamos ese vínculo entre todos los seres individuados, gracias a la relación directa con “Dios”.

(Recuerdo algo sobre el vocabulario: “actualizar” tiene el sentido de poner en acto, realizar, hacer real. Así que remarquemos que no solo es “damos cuenta” (constatar) de lo que somos, sino que inmediatamente ese constatar es un hacer real, un poner en acto)

Y dirá más cosas sobre la relación con Dios:

«La relación que aceptas conmigo es la relación de la unión, pues la unión no es más que esto, pues ya somos una unidad en el ser, y, cuando has descubierto la relación, somos una unidad también en la unión.»

Ya somos uno solo como “seres en el ser”…, pero debemos re-conocer o des-cubrir eso aquí, para ser una sola unidad también en la unión.

¿Cómo es posible que algo sea una sola cosa y a la vez esté en unión y relación? ¿De qué va esto?

Va de “amor”, hay que hablar del “amor”:

«Solo aquello que es por naturaleza sin atributos puede ser una sola cosa estando en unión y relación, y a la vez individuar.»

Solo ese “amor sin atributos” (un amor que literalmente también somos nosotros)…, solo ese amor “que está en todo”…, es:
– un solo ser,
– mientras a la vez puede estar en unión y relación con todo, y digamos que “gracias” a que es “sin atributos”.

Además de ser una sola cosa estando en unión y relación con todo y todos… el amor -dice- puede individuar, puede ser y es “agente individuante” en esta cocreación eterna.

Ese párrafo completo, dice:

«Solo aquello que es por naturaleza sin atributos puede ser una sola cosa estando en unión y relación, y a la vez individuar. ¿Puedes tú convertirte en tu hermana o tu hermano? ¿O puede un árbol convertirse en rana? ¿Puede el sol convertirse en la luna? No obstante, el amor puede convertirse en todo eso porque el amor por su propia naturaleza no tiene atributos. El amor es el génesis de la creación, lo inatribuible, al que se le dan los atributos de la forma.»

¿Qué implica ser tensión creativa, vivirla, tenerla en cuenta, como diferenciación eterna?:

«Ahora es cuando debemos volver a la paradoja, a saber quién eres tú y quién Soy Yo, y a descubrir constantemente quién eres tú y quién Soy Yo, porque quien tú eres y quien Yo Soy son el mismo ser, en la tensión creativa constante de diferenciarse entre sí.»

Es un eterno ya conocer, un conocer pleno, que se basta… y también es un “nunca conocer del todo”…, y, por tanto, es también un estar siempre “llegando a conocer”… a descubrir (ya que somos eterna extensión, expansión creativa del Ser Uno).

Por tanto, es hacer espacio para el misterio, que no es otro misterio que el de la tensión de los opuestos, la tensión de la individuación, como dice aquí:

«Es el momento de reconocer quién eres y quién Soy, mientras que, al mismo tiempo, es el momento de albergar o de llevar el misterio en ti. Ese misterio es el de la tensión de los opuestos; es el tiempo y la eternidad, el amor y el odio, el bien y el mal. En otras palabras: el Todo y la Nada. Es la tensión de la individuación, una tensión que ha existido desde el comienzo de los tiempos entre el tiempo y la eternidad, entre el amor sin atributos y el ser cargado de ellos, entre el único ser de amor, y los muchos seres de la forma; entre la extensión del amor, y la proyección de la forma.

» Al entrar en la unión, constatarás que la tensión de los opuestos es el proceso de individuación, y que tú eres el puente. Tú eres el puente hacia mí. Yo soy el puente hacia ti. Tú eres el puente hacia tus hermanos y hermanas. Ellos son tu puente hacia ti mismo. También serás el puente entre la guerra y la paz, la tristeza y la alegría, el mal y el bien, la enfermedad y la salud. Convertirás la ira en contento, las lágrimas en risas, y reemplazarás el cansancio por el reposo. Pero aún reconocerás todas estas cosas. Reconocerás el Todo de Toda Cosa y el vacío de la nada, y nuestra relación salvará las distancias y se convertirá en causa y efecto, medio y fin.»

Para acabar, recordemos ese párrafo ya citado arriba:

«Constatarás que cuando nos individuamos, estamos en un estado constante de creación así como de tensión creativa. A medida en que nos convertimos en seres individuados en unión y relación, nos creamos el uno al otro constantemente. Creamos desde el campo de lo posible, que debe incluirlo todo.»

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: