Un curso de amor, Día 40 (comentario): la esencia de la relación   Leave a comment

imagen corazón en círculoSobre Un curso de amor, D:Día40 (*)

Vamos a ponernos muy prácticos en cuanto a aclarar cualquier posible “duda” o “picor” que pueda entrar al leer este capítulo, aunque a estas alturas del diálogo y del curso todo tiene que ir como la seda, y ya no tiene que haber ningún problema con el tema de si esto parece o no muy “esotérico”, muy metafísico, etc.

En realidad, más que para “aclarar”, pues ya no se trata de “pensar” a la antigua usanza…, es para confirmar y reforzar.

Para ello nos sirve divinamente hacer un comentario lento del párrafo 40.7, donde se va a entender perfectamente la naturaleza “expansiva” de esta especie de trinidad. Esta naturaleza o esencia es también nuestra esencia: ser tres en uno. Por ejemplo, somos, simplemente: cuerpo, mente y alma. O, como vimos en otros sitios: subconsciente, consciente, superconsciente.

La “Trinidad” (o esta esencia de la trinidad, que está describiendo aquí) es, como todo, esencialmente una relación, y toda relación verdadera es creadora, es “expansiva”.

«Cuando yo creé, extendí mi ser de amor a la forma. A través de esa extensión, me convertí en el Yo Soy.»

Imaginemos al “principio”, existiendo “solo” amor.

Entonces, gracias a la decisión de extender (una acción congruente con el amor), se da un “Yo Soy”.

Y, por tanto, esa especie de “ser previo a todo ser” se autodetermina.

Ese Origen se determina a sí mismo, ya que por eso “Dios”, casi “por definición”: Dios como Fuente u Origen es un ser que se autodetermina libremente a Sí Mismo, para salir del amor incalificado, creando la fuente de toda diferenciación.

Y, sigue diciendo, sobre esa extensión con la que el Todo se convierte en el Yo Soy:

«Me convertí instantáneamente, porque no existía ninguna tensión que se opusiera —solo el amor, y una idea que participaba del amor, la idea de su extensión.»

Claro que la palabra “instantáneamente” no tendría mucho sentido allá, fuera de todo tiempo 🙂 .

No había nada que se opusiera a la autotransformacion de Dios en Sí Mismo, en el Yo Soy.

Y ahora vienen las consecuencias “trinitarias”.

Esto puede dar lugar a confusión pues estamos hablando de la diferenciación de Todo Lo Que Es, en un “movimiento” previo a cualquier cosa que nuestra mente pueda realmente concebir.

Lo siguiente es todo el final del párrafo, y en seguida lo parafraseamos (no nos mareemos, pues en seguida lo partimos un poco en sus componentes):

«En el momento en que llegué a ser el Yo Soy, también me convertí en todo lo que no soy, en la conexión Crística entre todo lo que Yo Soy y todo lo que no soy, y en un Yo Soy, llamado el hijo, que podría llegar a ser quien Yo Soy y continuar extendiendo quien Yo Soy.»

Tras esa primera autodeterminación (Yo Soy), nos cuenta aquí que va a “nacer” otro “Yo Soy”.

Veamos en qué “pesebre” nace ese Yo Soy nuevo (hijo).

El pesebre relacional de esta primera, por así llamarla, “dinámica trinitaria”, es:

1. “todo lo que no soy”.
“Dios”, como Todo Lo Que Es, al hacer la primera determinación (Yo Soy) se transforma o deviene también “todo lo que no es Él”.
“Dios”, como “Todo Lo Que Es”, no puede no ser algo. Y, como ha “aparecido” dentro de sí mismo ese “todo lo que no soy”, el Todo también se “transforma” en ello (a la vez que en todo lo que vaya a venir).
Fijémonos en que aquí se trata de, por así decirlo, una relación creadora.
Está describiendo “movimientos” dentro de un Ser, dentro de Todo Lo Que Es, sin salir de ahí, como si hiciera una “digestión creadora” en Sí Mismo… como un movimiento de autotransformación.
Es decir, esa primera “sensación de vacío” (que podríamos pensar que Dios como Todo Lo Que Es tenía), esa sensación de “vacío” que deja la Plenitud Total… la sensación de no poder ser “más” que El Todo…, ese primer vacío de ser Todo Lo Que Es… de ser “solo” Conocimiento de Sí Mismo Total… esa “incalificación”… se “proyecta” dentro de ese Todo, queda como plasmada ahí, en la “barriga” del Todo… y da lugar a un “vacío” con el que “relacionarse”: “todo lo que no soy”.
Ha hecho una determinación, de la que da muestra la palabra “todo” en “todo lo que no soy”.
Más que “un vacío con el que relacionarse”, como acabamos de decir, es la descripción de la Relación Original en tanto que es eterna Creadora.

2. La “conexión”.
Al haber determinado ese “todo lo que no soy”, aparece una especie de conexión entre “todo lo que no soy” y lo que “Yo Soy”.
Como “Dios”, en tanto que este Origen, ya es Todo Lo Que Es, también se convierte en la conexión relacional entre ese “todo lo que no soy” que ha aparecido ahora mismo, y todo lo que inició el proceso “Yo Soy”: se convierte en: “la conexión Crística entre todo lo que Yo Soy y todo lo que no soy”.
Así que el “Yo Soy” está de repente en un “pesebre” relacional, donde se va a alumbrar, en el siguiente punto, a un hijo.

3. Y ahora, en esta situación nueva, podríamos decir que el Yo Soy ya no es el mismo, se ha extendido dentro de Sí Mismo, y ha dado otro Yo Soy, el hijo, que puede continuar extendiendo el Yo Soy.
Este nuevo Yo Soy ya puede utilizar ese “espacio” creado para la posibilidad de que haya atributos:
«…un Yo Soy, llamado el hijo, que podría llegar a ser quien Yo Soy y continuar extendiendo quien Yo Soy.»
Fijaos: “podría llegar a ser”.
Aunque todavía no hay “elección” tal y como nosotros la entendemos, se abre “la posibilidad de la elección”.
Podemos imaginarnos al Todo, mirando dentro de Sí Mismo. ¿Qué ve? ¿Qué dice?
Si pudiera hablar, diría:
“Oh, mira, ¿ves? Ahora hay un “Yo Soy” que no solo Es (como “pasaba” antes del primer Yo Soy), sino que puede “llegar a ser” quien Yo Soy” (pues en realidad esto es todo lo que se puede llegar a ser en cualquier parte, esto es de cierto modo lo único “real”: el Yo Soy original).
“Así, he creado la condición de posibilidad de todo lo que quizá vosotros llamaréis «tiempo»”.
“Así que mira -dice-, mira, hay movimiento. Yo, el que antes era el “Ser” incalificado de Todo Lo Que Es, el Ser del Todo…, Yo, he puesto en marcha dentro de Mí Mismo el movimiento eterno de la Creación.”
“Mirad, celebrad, hijos míos de todas las Eras de la eternidad calificada: ha nacido el hijo del Todo, ha nacido en el pesebre de la relación entre todo lo que Yo Soy y todo lo que no soy. En él me complazo, Yo devengo Él, me convierto en Él, como ocurre con todo, pues soy Todo Lo Que Es, celebrando mi Ser como Amor, en eterna extensión.”
“He iniciado y proclamado la espera que no espera nada, la espera que es certeza, pues esperaré y recibiré siempre, Ahora, a mi hijo, por toda la eterna divinidad de la relación creadora que se ha puesto en marcha dentro de Mí.”
“Esperaré y recibiré una y otra vez a mi hijo y a los hijos de mi hijo, y a los hijos de sus hijos…, les esperaré y les recibiré al haberles dado (al habérsela DADO para siquiera PODER YO TENERLA) la misma gozosa “libertad” que yo me di a mí mismo: llegar a ser quien Yo Soy”.
“De hecho, es gracias a vosotros que yo puedo llegar a ser quien Yo Soy, y no solo ser Todo”.
“Dentro de Mí Mismo me he encontrado con Vosotros, irremediablemente, hijos míos, para daros y darme este círculo eterno de gozo en el Ser Quienes Somos”.
“Celebrad, oh hijos, la creación de la posibilidad, celebrad que también existimos en unidad y relación, por los siglos de los siglos, Amén”.

____
(*) Ver el punto 5 del índice de esta web para encontrar todos los enlaces al curso de amor:
– a los PDF’s completos del curso
– y también por capítulos, en este formato blog.

 

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