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imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, C:22
II. D:Día38
III. La libertad es lo que nos asegura que la igualdad no será uniformidad
IV. La relación entre lo visible y lo invisible
V. Un curso de amor, T2:12
VI. “Ganarse la vida” (celebrando el final de mi revisión de los errores de traducción en el segundo libro de Walsch)
VII. La vida no tiene propósito
VIII. El único “objetivo” del amor
IX. El servicio a la vida y las relaciones
X. T3:13
XI. C:9
XII. Los padres, los menos indicados para criar niños
XIII. La falsa aceptación del ego

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I. Un curso de amor, C:22

El primer libro del curso tiene alguna sugerencia práctica -pocas, pues todo el segundo libro del curso va a ser “para que lo practiquemos”.

Una de las sugerencias más directas está en el capítulo 22.

Tiene que ver con volvernos impersonales, con devenir impersonales…, para adquirir la verdadera “personalidad”, que ya no se identifica con el yo personal, sino con el Yo o Ser verdadero (eterno) en la Unidad… reconociendo que nunca ha sido ese yo personal, que era lo que presentábamos a los demás, en este mundo loco de relaciones exteriores que hacíamos así de loco por querer seguir perdidos del Yo o Ser en Unidad.

Y claro, de esto va al final toda “espiritualidad” -y el proceso que llamamos “espiritualidad” lógicamente permea todo tipo de ámbito ya, toda ocupación, territorio, disciplina, etc.

Pues al final, esta especie de devenir “unidad”, de volverse unidad de amor…, de anclarnos todos en nuestra Mente-Una… cambiando nuestra consciencia hacia el discernimiento de la eternidad en las formas… es lo que hemos elegido como humanidad… aunque no lo parezca tanto si nos fijamos en los acontecimientos exteriores, en su violencia, y en el caos de descuido y de “sálvese quien pueda” que podríamos decir que “presenciamos” o reforzamos hoy.

Esta sugerencia práctica del C:22 es quizá muy obvia si ya conocíais algo de filosofía, o por poco impregnados que estemos del devenir IMPERSONAL del mundo, pues lo impersonal tiene su “moda”, es algo “muy comentado” por el modo de hacer novelas de un tiempo a esta parte…, o por los cambios habidos en el modo de hacer cine. Y también ocurre que, lógicamente, podemos sentir rechazo… es decir, que a menudo este tema sería superficialmente malinterpretado… como si “lo impersonal” fuera por ejemplo “malo”… si aún queremos seguir con esa mentalidad que “juzga”.

Este capítulo explica que debemos usar la imaginación para que nos ayude a sentirnos en relación, en intersección con todo lo que hay en nuestro mundo, que es como si nos atravesara.

Es decir, que “debemos” pensarnos como INTERSECCIÓN…, e IMAGINARNOS todo lo que podamos a nosotros mismos como intersecciones vivientes… y que debemos pensar que dicha intersección es algo productivo -que produce “relación”, “colaboración”, “asociación colaborativa”…:

«Comienza a imaginar que ves el mundo sin el énfasis en tu yo personal. Comienza a formar frases y a contar historias sin usar los pronombres “yo”, “me”, “mi”… Al principio esto parecerá que despersonaliza tu mundo y lo hace menos íntimo. Te parecerá que eludes cierta responsabilidad primordial, la de asignarle significado a todo. En vez de resistirte a esto, esfuérzate por dejar de asignar significados. Comienza de forma simple. Ve de lo general a lo específico. Por ejemplo, cuando sales de tu casa por la mañana sueles pensar: “qué día tan lindo”. Lo que esta expresión indica es que has interiorizado inmediatamente lo que te rodea y lo has juzgado. Es un día lindo “para ti”. El día tiene todos o casi todos los requisitos que consideras que lo convierten en un día placentero. Reemplaza dicho pensamiento por otros como: “la hierba es verde; los pájaros cantan; el sol es cálido”, como en un simple informe.

» Cuando te pregunten: “¿cómo te fue hoy?”, responde hasta donde sea posible sin usar la palabra “yo” o “mi”. Deja de referirte a las cosas o a las personas desde el punto de vista de la posesión, como “mi jefe”, “mi marido”, “mi coche”.

» Esta retirada del “yo” personal no es más que un primer paso para regresar a tu consciencia de la unidad, un primer paso para pasar del sentido como definición al sentido como verdad. Aunque al principio te parezca extraño e impersonal, te aseguro que la sensación de impersonalidad será muy pronto reemplazada por una intimidad con el entorno como nunca antes la habías sentido.»

II. Un curso de amor, D:Día38

Para el Día 37 hice un texto aparte aquí.

Estos días finales son como la esencia del Diálogo en el que entrábamos en esta tercer parte del curso.

Son la esencia de esta “comunicación”, que es más que una comunidad, que es más que una común-unidad, pues es la tensión creadora de los opuestos:

«Esto es lo que se ha denominado la tensión de los opuestos: ser el propio Yo, y ser un solo ser en unión y relación. Estos opuestos, como todos los demás, están albergados en el abrazo del amor y la pertenencia.»

Este breve Día 38 también nos alerta sobre lo mal que entendemos en nuestro mundo palabras como “posesión” o “pertenencia”.

Y bien, este “Yo” del que tanto habla el curso, es lo que en otros sitios llamaríamos Alma.

Este “Yo” es digamos que la fuente de ese “trabajo eterno de expansión” que el Alma es, que el Alma en sí misma es (este “Yo” traduce la palabra “Self”, y tenemos que distinguirlo, sobre todo al final del curso, del “Being” como “Ser”, un “Being” que llega a poner así, en mayúsculas, varias veces).

En el curso y en toda espiritualidad se trata de llegar a sentir y comulgar con la fuente de nuestra verdadera individuación, como “Yoes de Dios”, como Yoes en unidad. En esa fórmula, “Yoes en unidad”, ya están contenidos aquellos dos opuestos, en su tensión, siempre renovadamente creadora:

– ser un solo ser en unión y relación (en la unidad),
– y ser el propio Yo que se está diferenciando o individuando en unos niveles que son los del “alma”, que no son lógicamente los del “yo personal” (como ya sentimos claramente a estas alturas, donde, en las partes anteriores del texto, en el segundo libro, se ha hecho un trabajo profundo de aclaración y acompañamiento sobre el estatus del “yo personal” en relación a nuestro verdadero Yo y a la expresión de nuestro verdadero Yo).

III. La libertad es lo que nos asegura que la igualdad no será uniformidad

Ahora vemos que “tenían razón” todos los que gritaban o gritan ¡libertad en lo económico! (*)

Lo malo en el tema de “la libertad y la economía” no eran los conceptos… claro está.

Lo malo es como siempre el primitivismo espiritual de nuestra civilización, de la humanidad, ya que tenemos más que suficiente para poder satisfacer las necesidades básicas de todo el mundo, para que así todo el mundo pueda decidir qué hacer a partir de ahí, habiendo salido de los miedos más básicos relativos a la supervivencia.

Así florecería lo realmente natural, que es el amor, nuestro ser realmente común, en la unidad de Amor.

Así que somos muy primitivos, porque la mayoría de la gente en el planeta aún está enfocada en la supervivencia.

Ni siquiera los animales deben hacer eso, pues ellos simplemente hacen lo que tienen que hacer para “sobrevivir”, sin pensar… ellos siempre simplemente viven (sin enfocarse mentalmente, como nosotros, en las categorías de la carencia…, en un modo de ser que constantemente refuerza la vivencia del tiempo como incertidumbre (pasado-presente-futuro)… y no lo combina con la vivencia del tiempo fuera del tiempo).

La mayoría de esos “yoes personales” que somos y estamos en la Tierra… debemos forzar u obligar a nuestras “almas” a enfocarse y a quedarse despistadas en algo que en realidad ni siquiera podemos entender plenamente como seres completos que somos (como “almas que tienen un cuerpo”): en las categorías de la supervivencia — el miedo, la necesidad, la carencia.

Así, nos atamos muy fuertemente al tiempo y los papeles que representamos (padres, trabajadores, etc.)… pues nuestra supervivencia física siempre está pendiente por ejemplo del “a ver qué pasa”, de la incertidumbre falsa asociada al tiempo -en vez de recrearnos como creadores.

Y así es como estamos gestionando y representando, en esta tierra, nuestro auténtico pavor al espíritu, el miedo al amor (pavor a ese Dios inventado por nosotros mismos, que castiga, juzga, etc.).

Pues claro, en realidad, somos seres eternos, “milagrosos”, seres de certeza “milagrosa”… en el sentido en que el milagro es algo muy simple, y en realidad muy banal si lo pudiéramos “mirar” o “sentir” desde nuestro “espíritu”: es algo relativo a nuestro estado de consciencia.

Por ejemplo, así comentaba sobre ello el curso de amor –sobre lo que estamos haciendo aquí como “almas”:

«…cambiando la consciencia del yo personal de un estado consciente vinculado al tiempo, a un estado eterno de consciencia. Este cambio es el milagro».

O bien:

«El milagro te hace ser completamente consciente del abrazo y de la consciencia de la unidad, y te sitúa fuera del tiempo. En este estado, no existe dualidad alguna. Hacer y ser son uno solo.»

Así que simplemente estamos pasando a poder combinar dos tiempos, un tiempo fuera del tiempo, y el tiempo “normal”, como comenta el curso en esta cita más orientativa:

«Sin embargo, el tiempo fuera del tiempo no provocará por sí solo el cambio que tiene que ocurrir. Lo que conseguirá crear el cambio es la capacidad de experimentar el “tiempo fuera del tiempo” y el “tiempo” simultáneamente. Así es como la “plenitud” del tiempo, o eternidad, se experimenta y se hace realidad. La eternidad debe verse entonces como la constante inalterable que no ha sido afectada por la variable del tiempo. Dicho de otra manera, la eternidad y el tiempo forman parte del mismo continuo, así como lo hacen las propiedades como el frío y el calor. Forman parte de la misma totalidad que es la constante de todo lo que es pleno… de todo lo que es uno solo.»

Siguiendo con el tema de nuestras inspiraciones y anhelos, plasmados en nuestras visiones sociales, etc.:

todo lo que la tradición del pensamiento humano llama “liberalismo” está bellamente inspirado por nuestra Unidad de amor, por Dios, a través de simples intuiciones sobre la libertad, la libertad como igualdad de oportunidades en una rica, riquísima y pacífica diferenciación social e individual creciente en nuestro mundo (no en una uniformización igualitaria).

Otra cosa son sus aplicaciones, normalmente dementes, igual de dementes que fueron las aplicaciones del bello anhelo de igualdad que inspiraba al comunismo.

Lo malo del asunto es lo dicho: el enfoque primitivo; pues si “libertad” significa libertad de competir por satisfacer las necesidades más básicas, realmente nos encontramos en un mundo de locos –de seres altamente inteligentes así como con grandes capacidades espirituales (de comunicación con los reinos espirituales)… y que se someten por su propia voluntad al infierno de “la competencia por la supervivencia”.

Ahí estaba el problema, pues.

Es de sociedades primitivas (espiritualmente primitivas) no facilitar la elevación de miras de toda la población, habiendo, como hay, más que de sobra para poder satisfacer las necesidades elementales de todos.

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(*) La verdad, como fuente de inspiración, asoma en todas las personas, de cualquier categoría, clase o “ideología” (aunque parece mentira que tengamos que hablar aún de ideología… pues parece que aún hay quienes se atreven a deformar su mente forzándola a que asuma una “ideología de grupo”… en vez de simplemente aunarnos por objetivos concretos y crecer en todos los sentidos).

IV. La relación entre lo visible y lo invisible

Como sabemos, estamos desde siempre en una especie de vacío, el vacío del “Todo Lo Que Es”.

Y la “creación”, es un juego entre visible e invisible (entendidos como ámbitos metafísicos, en un juego que es más real que lo que aquí nos parece real).

Quien pone en marcha ese juego es Dios u Origen (en el no-tiempo del principio de los tiempos)… Dios como Centro indiferenciado… incalificado… y “aburrido” de ser eso.

Y lo ponemos en juego… por tanto… nosotros con Él/Ella, con Dios.

Nosotros, que estamos “en el mismo barco” que “Dios”…, que estamos en la creación… también estamos ahí en “lo invisible”, en ese ámbito… y pusimos en marcha el juego aposta para poder SENTIR o SER lo invisible.

Y como se nos cuenta tan de sopetón en el maravilloso primer capítulo del primer libro de Walsch: sin lo visible, no podíamos hacer eso, no podíamos sentirnos Dios, experimentar “ser Todo” (un “aspecto” Total de ese Todo, por así decirlo… pero que en realidad no es una “parte”, sino otro devenir más de la creación, la Creación Plena).

Somos “un” solo creador, dándose cuenta de que lo es.

Somos “parte” plenamente entera del “cuerpo” de UN creador-observador.

El inicio de la separación entre ambos “reinos metafísicos” (visible/invisible) es el origen de los orígenes…

De él no nos separa nada… y a la vez nos separa todo, pero porque así lo quisimos, para “gustarnos”… para poder saborear el todo en sus infinitos aspectos…, es decir, para que la singularidad que somos dentro, como un Todo dentro del Todo, pueda individuarse sin parar, haciendo correr películas materiales… saboreándose a sí misma.

Nosotros ya somos relación en lo invisible…, y por ello somos una semilla de manifestación y recreación de esa relación en lo visible… en una recreación nueva.

Somos o PODEMOS ser una relación plena entre esos ámbitos metafísicos… podemos tejer el dibujo invisible del alma con hilos de eternidad y de tiempo.

Así que somos una nada, un potencial de relación plena entre eternidad y tiempo… en vías de realización… un potencial-nada… abrazado por ese Señor Dios 🙂 , que considerábamos un poco pesado… y que tiene que ver con Todo Lo Que Es.

Y, como ya sabemos, los pesados y los soberbios y sentenciosos juzgadores éramos nosotros.

Y ese “Señor Dios” en realidad no es nada “pesado” 🙂 , ya que solo nuestras interpretaciones han hecho que parezca que Dios-Origen “pese”… y que sea todo un plasta, un pesado, en apariencia (un plasta más que juzgaba a todo quisque…).

V. Un curso de amor, T3:12 (y anteriores)

Este es uno de esos capítulos del curso de amor donde queda claro cómo la humanidad podía malinterpretar a veces el curso de milagros, el primer curso de milagros (pese a las advertencias sobre que lo único “malo” aquí era nuestra interpretación de la separación).

Dice el curso de amor:

«La elección de expresar quien tú eres en términos físicos no fue una decisión derivada del miedo, sino del amor. Un yo físico no es algo incongruente con las leyes de Dios o de la creación. Es simplemente una elección.»

Y es que, como ya sabemos, y como vuelve a recordar en este cap. 12: «el cuerpo es neutro».

El cuerpo era simplemente un “instrumento” cuyo “destino” es permitir la expresión natural de nuestro Yo divino, de nuestro Yo natural.

Es decir, que su “destino” es simplemente facilitar la Experiencia (en el ámbito físico) de ese Gozo o Conocimiento Espiritual que ya somos todos en relación (ese Conocimiento con sus infinitos aspectos: alegría, paz, amor, sabiduría, inteligencia, etc.).

Y:

«La vida del yo físico se convirtió en una vida de sufrimiento y lucha solo porque el yo físico o personal se olvidó de que existe en relación, y se consideró separado y solitario. En su miedo, creó un yo del ego que, debido a que surgió del miedo, era incongruente con las leyes del amor o de la creación. Al saber que existía en un estado no congruente con las leyes de Dios, convirtió a Dios en un ser temible, y prosiguiendo así, fue incapaz de liberarse del ciclo del miedo.»

En estos capítulos centrales del tercer tratado, la voz del curso de amor sigue asegurándose de que no nos volvemos a “perder”… es decir, que no construímos un yo egoico de sustitución, en el enésimo apego al “yo personal”… al escenario (pues, como vimos, se trata de que permitamos que este “yo personal” sea una simple “máscara” para la expresión del verdadero Yo).

Lo que está ocurriendo, o va a sucedernos, es que estamos volviendo “atrás” por los pasos que dimos “antes” de llegar al tiempo y al yo personal, y ello ocurre aunque estemos en estas formas físicas que parecen obligarnos a sujetarnos al tiempo (es decir, que no nos permiten crear ese estado milagoso de consciencia, o “mentalidad milagrosa”, más allá del tiempo).

Seguro que desde el “ámbito espiritual”, esta operación la deben visualizar como algo muy natural, como si estuviéramos limpiando un cristal.

Lo que nos puede impedir el permitirnos a nosotros mismos ese cierto “volver atrás”…, es lo que aquí llama “tentaciones” de la experiencia humana.

¿Tentaciones?

Sí, en el anterior capítulo (T3:11) volvíamos a hablar de estas viejas conocidas tentaciones:
– la tentación de reprochar o culpar (a las cosas, al pasado, a nosotros mismos en el pasado… o a otros que por ejemplo no parecen percatarse del amor de Dios… o que no quieren “ser espirituales”… etc.),
– o la tentación de aceptar la existencia de una realidad que no sea la de la verdad.

Estas tentaciones, dice aquí:

«… solo existen en el tiempo. Lo que estamos a punto de hacer es sacar la experiencia humana del ámbito temporal. Para que esto ocurra, debemos retirar del yo personal las tentaciones de la experiencia humana ligadas al tiempo.»

Sobre el tiempo, ya sabemos esto tan elemental desde al menos el segundo tratado (T2:6):

«No existe el tiempo en ese lugar al que llamamos adentro, y para tu corazón no existe el tiempo, ni siquiera cuando observa las reglas temporales que quieres autoimponerte.»

Y:

«…el final del tiempo tal y como lo conoces está cerca»

Habíamos convertido al “tiempo” en un patrón de aprendizaje, en un aprendizaje que en realidad no aprendía nada real.

Y en aquel capítulo T2:6 empezábamos ya muy seriamente a hablar de librarnos del patrón del aprendizaje (por si hace falta más).

Esta liberación se expresaba diciendo que ya estamos REALIZADOS, “logrados”.

Esa era la primera de las creencias de ese sistema de la Unidad: un sistema que en el fondo es imposible de “aprender” (pues ya somos unidad), y, por tanto, “aprenderlo” será un “re-crearlo” para nosotros aquí… aun estando aquí perdidos. Y esto nos sacará de esta ilusoria “perdición”… y nos llevará más allá de toda creencia.

Así decía el T2:6, que invitamos a releer:

«La realización no es un punto final, sino un dato, algo dado. No es un resultado, sino una certeza. Dice yo soy, en vez de seré.»

VI. “Ganarse la vida” (celebrando el final de mi revisión de los errores de traducción en el segundo libro de Walsch)

“Ganarse la vida” resuena con la creencia falsa de que “hay que ganarse el cielo” (felicidad)… e impide hallar ese cielo que ya somos desde siempre (es decir, expresarlo).

Así que… tachán…:
¡Conversaciones con Dios, 2 !
¡He terminado la revisión de los fallos que contenía la versión en internet (había algunos pocos)! El enlace al PDF completo está en la página de índices, en el punto 8 (no coloco aquí ese enlace porque si hago otras mejoras cambiará la dirección del mismo.

Hay un momento del libro en el que aparece comentado eso tan divertido de que:

“ganarse la vida”, es un reflejo de que creemos profundamente que hay que “ganarse el cielo” 🙂

Así que antes de comentar más sobre eso, podemos comentar alguna obviedad.

La expresión “ganarse la vida” resume todo el desastre interior mental…, ese desastre que si observamos “fuera”, sin negar mentalmente lo que vemos… es un desastre que vemos reflejado en el “exterior” de las relaciones sociales, globales -y normalmente en las personales- de la vida terrestre.

Vamos a decir unas cuantas obviedades, unos cuanticos cuentos cuánticos 🙂

Lógicamente la vida es un regalo -por tanto, de cierto modo todo es un regalo.

La vida es un regalo de amor.

No se puede “ganar”, sino que venimos a expresarla.

Pero ya sabemos que lo siguiente es lo que pone sobre la losa de la tumba de todos los que se van de este “infierno en vida” que hemos creado:
otro más que seguramente creyó que la vida había que “ganársela”, en esta tierra capturada.

Es el infierno fabricado de lo normal, frente a lo natural (la felicidad).

Así que aquí, en esta tierra rara entre las raras…, al habernos vuelto locos con nuestras ilusiones (carencia, miedo)… chafamos el cielo que somos.

Y eso lo expresamos masivamente en nuestra tierra (¡qué espectáculo cósmico!) teniendo que luchar, entre nosotros…, entre miles y miles de millones de seres tan inteligentes y con un  acceso tan fuerte a lo espiritual…, luchando… por la mera supervivencia física: para conseguir los bienes materiales que nos permitan sobrevivir, es decir, ganarnos la vida (en vez de ser felices).

Fijémonos en lo bien que parece que nos podemos organizar los humanos para hacer eso tan “destructivo”: “ganarse la vida”, es decir, convertir la felicidad natural en un regalo de mierda, en el regalo de “lo normal”… que nos hacemos constantemente unos a otros, “sobreviviendo” 🙂

Pero podríamos organizarnos para garantizar la supervivencia de todos (pues lo que hacemos por los demás, lo hacemos por nosotros).

Eso se puede conseguir ya, por ejemplo suprimiendo la mayor parte del gasto militar mundial.

Y no es que queramos “cambiar el mundo”, sino que es solo una observación (pues para eso es el libro 2, para que sintamos lo que nos pasa dentro con estas simples observaciones).

Esto es lo que aparece así de inocente y dulcemente dicho en este segundo libro de Walsch, que da un repaso global a esos simbólicos “problemas exteriores” de nuestra civilización… símbolos de nuestra herida interna… símbolos de la creencia en la separación… y para que sintamos y sintamos sin parar todas nuestras resistencias a dejar ir esos sentimientos (pensamientos negativos más bien)… y soltemos nuestras interpretaciones… simplemente observando… haciendo revolverse lo “interno” con lo “externo”… en esa unidad que ya son).

Fijaos ahora en qué diálogo más divertido.

Dice que, en esa nueva sociedad, que podría empezar mañana…:

«A todos se les permitiría vivir con dignidad, de modo que la supervivencia dejaría de ser para siempre un problema, y las comodidades y las prerrogativas más elementales estarían al alcance de todos los seres humanos.

> ¿Aun cuando no hicieran nada para ganárselo?

» La idea de que eso es algo que debe ganarse es el fundamento de la idea de que hay que ganarse la entrada al cielo.»

Ahí lo tenemos: la idea de que hay que ganarse la vida en la tierra refleja una creencia fundamental:
que hay que ganarse el cielo…
en vez de EXPRESARLO.

Por eso nos cuesta tanto esfuerzo y sufrimiento (pero “sarna con gusto no pica”)… encerrar y encerrar sin parar a los niños y mayores en sistemas caducos y esquemas mentales sobre una carencia que no existe… para reproducirla sin parar cuando sin embargo esta es solo “lo normal”, no lo natural.

Y sigue:

«Sin embargo, no puedes ganarte tu acceso a los dones y gracias de Dios, ni tampoco te verás obligado a hacerlo, porque ya estás en el cielo. Esto es algo que no puedes aceptar, por que es algo que no puedes dar. Cuando aprendas a dar incondicionalmente (es decir, a amar incondicionalmente), entonces habrás aprendido a recibir incondicionalmente.

» Esta vida fue creada como un vehículo por cuyo medio puedas experimentar eso.

» Esfuérzate por asimilar este pensamiento: Las personas tienen derecho a la supervivencia básica. Aun cuando no hagan nada. Aun cuando no aporten nada. La supervivencia con dignidad es uno de los derechos básicos de la vida. Te he dado suficientes recursos para que la garantices a todo el mundo. Lo único que necesitas hacer es compartir.»

VII. La vida no tiene propósito

No hay separación entre EL que da y EL que recibe.

Entonces, para el “universo” no hay “errores”, no hay ninguna “finalidad” intrínseca que nos permita hablar de “errores”.

El universo es el RESULTADO, a cada instante, separado… y ya sabéis… el tiempo lineal no existe realmente… es un mosaico, todo a la vez, caleidoscopio.

La vida no tiene ningún objetivo. La vida funciona.

La función de la vida es que nosotros le demos su propósito (desde nuestro Ser, que es todo Propósito, Todo Amor, y Toda Gloria, por los siglos de los siglos).

La función de la vida es re-crearnos así.

La vida no tiene propósito alguno.

Nada, cero, VACÍO.

El universo es NOSOTROS, no tiene propósito más que NOSOTROS (dándoselo).

Solo el propósito que le demos.

Dios nunca tuvo que ver con esas ideas que nos separan de ser creadores. Como sabéis, ese ha sido el concepto inventado de dios (de vida, de universo) del que estamos saliendo en esta Nueva Era.

El juego del sufrimiento se acabó. Somos creadores.

No hay un “Dios” fuera de nosotros o “arriba”… solo hay un Ser, un solo Adentro, y un solo aprendizaje: Gloria Creciente.

El juicio es IMPOSIBLE.

VIII. El único “objetivo” del amor

El Amor es el objetivo, y nuestro ser.

El amor no puede mirar “fuera”.

Simplemente se experimenta desde el afuera que somos nosotros.

El Amor solo puede “serse” a través nuestro. El Amor Se Es a sí mismo gracias a nuestra experiencia.

Lo único que se podría llamar “objetivo” del Amor, es esa búsqueda de experimentarse a Sí Mismo… pero porque nosotros lo co-creamos con él, esa posibilidad, la elegimos con nuestro origen, en nuestro origen, como origen.

Pues solo somos amor, no hay nada que no sea eso, no hay otra cosa, lo único real es amor.

Si no lo constatamos es porque aún estamos teniendo una relación con el miedo (llamada “ego”).

Solo basta que dejemos de tener esa relación con el miedo para darnos cuenta de la verdad. Y en el mismo instante en que nos demos cuenta, la seremos, porque no hay nada más.

IX. El servicio a la vida y las relaciones

«Si das a otra persona algo como una estratagema, como una manipulación con el objeto de obtener algo para ti, tu mente lo reconoce. Le diste la señal de que tú no tienes eso ahora. Puesto que el universo no es otra cosa que una máquina fotocopiadora que reproduce tus pensamientos en forma física, esa será tu experiencia. Es decir, continuarás experimentando “no tenerlo”, ¡sin importar lo que hagas!

» Más aún, esa será la experiencia de la persona a la que tratas de dárselo: notará que solo intentas conseguir algo, y que realmente no tienes nada que ofrecer; y tu dar será un gesto vacío, visto desde toda esa trivialidad autointeresada de la cual surge.

» Alejarás precisamente aquello que tratas de atraer.»
CCD, 3. Walsch.

Así que ya sabíamos sobre esto tan básico… pero nunca viene mal comentarlo.
Sabemos que es así como usábamos las relaciones (“con el ego”) para reforzar el sistema de la carencia.

Y la cita de arriba nos sirve para “despersonalizar” el problema del engaño “a otros”… de la manipulación… para soltar el apego a engañar, manipular, etc… que refuerza la idea de la separación.

Pues ya sabemos que la “unidad” es la “solución”… al sentirla… pues nosotros, cuando engañamos a “otros”, simplemente contamos la siguiente mentira al universo, es decir… a nosotros mismos, pues solo hay un ser: la mentira de que la carencia es real.

Así que el “problema” de engañar, manipular, etc., a otros… no es algo personal (igual que nada es personal).
(E igual que no hay ningún problema, solo hay creación.)

El único “problema” es pues con nuestro “Ser Uno”, con Uno Mismo… el problema lo tenemos con Nosotros Mismos… 🙂 … con Un Solo Yo.

Porque…, como vimos… ¿qué pasa al engañar? Pues al apoyar esa mentira, nos sumimos en la ilusión.

Y el universo quizá se ríe por no llorar 🙂 … y debe asistirnos, como simple proceso natural de la vida que es… debe “ayudarnos”… para que podamos sentir esa experiencia pedida (de carencia) en nuestra vida…
…y por todo el tiempo que vibremos así…
…por todo el tiempo que tal cosa pidamos con todo nuestro ser…
… pues la vida simplemente es, como el amor es…
… y está a nuestro servicio
— hasta que la constatemos como una unidad con nosotros porque nos hayamos puesto también a su pleno servicio… en la creación de lo nuevo.

X. Un curso de amor, T3:13

Vamos a hablar de esta palabra tan teñida del sistema del ego: “compensar”.
Parece que siempre que recibimos algo (algo que sea de algún modo placentero)… no podemos dejar de proyectar sobre ello todo el sistema del ego:
donde hay ganancias debe haber pérdidas, así que tiene que haber dolor por algún lado, tiene que haber pérdida… tendré que compensar esto con algo “doloroso” (sufrimiento, pago, etc.)… si voy a recibir este placer.

¡Oh! !Dios! (el dios del ego) -diremos…- ¡Oh Dios! No puedo permitírmelo 🙂

¿Qué son realmente las tentaciones? El curso de amor da un repaso de varias maneras en torno a eso, en los tratados.

Son tentaciones todo aquello que nos aparta de reconocer que somos el Yo-en-Unidad, y no el papel que representamos con el yo personal.

Las tentaciones parecen poder obligarnos a reconocernos como el yo personal, que en realidad es solo la máscara que presentamos a los demás, como este tercer tratado ha insistido en describirlo.

En este capítulo nos recuerda que ya habló de “tentaciones” en el primer tratado. Allí se hablaba de los extremos de la experiencia humana.

Estos extremos nos apartaban: «del estado en el que eres consciente de quien tú eres, y hacen que solo seas consciente de un yo de la experiencia humana, un yo personal.»

Estos extremos son “tentaciones”… y podríamos decir que esos extremos corresponderían al sentido corriente que creo que tiene la palabra “pasional”.

Aunque por un lado sabemos que sin pasión, no hay vida.

En cierto sentido son sinónimos… pasión y vida… pues sin ese “abandono” de la pasión… donde perdemos toda noción temporal… y seguimos “nuestro corazón”… no habría vida.

Y por otro lado, estamos cambiando el enfoque de “la pasión”, estamos “apasionándonos” y creciendo en esa “relación con el amor”, en una relación que estamos descubriendo (recreando al recrear aquí el estado de unidad)… para así quedarnos solamente con ella, y dejar atrás nuestra “relación con el miedo” –albergando dentro del amor las creaciones del miedo.

Así que no queremos ya simplemente “ser pasionales”.

No queremos simplemente someternos a las tentaciones sin más –definidas como lo que nos aleja de ser quienes realmente somos.

Y ya sabemos: veremos que estamos en “modo tentación” cuando nos “aplastamos” a nosotros mismos contra la pantalla de los papeles mundanos, de los roles de esos actores que casi siempre hemos sido.

En vez de extendernos hacia dentro, hacia el Yo en unidad… nos encantaba el drama… nos encantaba perder la paz de Dios (lo natural)… para así sentir que estamos “vivos” (en un sentido mortífero de “vida”, al que estábamos acostumbrados como el sentido “normal”, pero que resulta que no era el sentido natural de “vida”).

Así que de ese modo, “aplastados”, no podemos sentir que en realidad NO SOMOS NUESTRAS ILUSIONES: si nos aplastamos contra los papeles, seguiremos pensando que el cuerpo nos usa… que el cuerpo es a la vez el que usa, como el que es usado… y todo eso que se nos comentaba en el curso.

Y si dejamos de aplastarnos contra el yo personal… podremos jugar con este y con las ilusiones para poder “representar la verdad” (amor, y sus aspectos)… y finalmente quizá, en una vida de estas, para “SOLO representar la verdad” –sin depender ya obsesionarnos con ningún aspecto particular de la verdad.

Entonces, ¿qué más tenemos a cuento de la tentación?:

«La tentación significa ver el amor donde no está, y no ver el miedo donde está.»

Hace mucho que el curso daba un repaso de eso: asociábamos amor con seguridad… la seguridad que viene de identificarnos con nuestras ilusiones sobre el mundo exterior y el tiempo…, de identificarnos con el tiempo y las expectativas sobre la satisfacción de nuestras necesidades, en la lógica del tiempo: “si esto, entonces lo otro”.

Así, no vemos el miedo cuando hay miedo… y lo llamamos “amor”… etc.

Y así nos hacemos digamos que “inmunes” al amor, y no vemos amor donde hay amor.

También nos cuenta que al haber asociado placer con dolor (debido a nuestras proyecciones sobre el cuerpo), teníamos un problema con el tema del “compensar”, de “pagar” con “dolor” todo “placer”… un placer que queda teñido con los conceptos de “ganar”… de “compensar”… de “pagar”… de “proteger” lo “ganado”.

Ahí tenemos todo el asunto de la creencia en la necesidad de un sufrimiento compensatorio, del sacrificio… todo el sistema del ego -en bloque.

Y es que:

«Has creído que el placer venía con un precio, el precio del dolor. Has creído en las leyes del hombre, leyes que fueron creadas para perpetuar la idea de que debes pagar por todo, que debes compensar por todo, o que debes ganarte todo aquello que te gustaría hacer tuyo, y que entonces debes proteger lo que tienes de aquellos que te lo querrían quitar.

» Este es un lugar de partida sencillo, porque cada uno de vosotros se siente tentado a aferrarse a esta idea a pesar de todo lo que le ha costado. Reemplazar esta idea con la idea de que según las leyes del amor no hay pérdidas, sino solo ganancias, significa resistirse a la tentación de tener que pagar por lo que obtienes.»

Así que, dirá, hemos de rechazar la idea de que “hay que” pagar o compensar (aunque en la vida real, lógicamente, sigamos pareciendo que compensamos… pagando y recibiendo por las cosas… esperemos… pero desde la sola conciencia de una abundancia plena).

Y este capítulo va a ser muy práctico, muy importante, ya que en esta etapa toca recordar y ahondar en la diferencia entre “creencias” e “ideas”.

Para poder rechazar esa idea de la “compensación”, de pagar/ganar…, tendremos que cultivar nuevas ideas para ir encenciendo luces hacia la identificación con la verdad… y poder representarla cada vez más claramente.

Y esas ideas requerirán voluntad para que se dé el desaprendizaje de las ideas viejas a las que tanto apego tenemos… y el “aprendizaje” automático del sistema de la verdad:

«Debes representar la verdad de estas palabras con tu vida.

» Sin embargo, esto no significa que debas intentar probar estas palabras con actos insensatos. […] Podrías incluso comenzar con algo tan simple como elegir cambiar una cosa cada día para reflejar el hecho de que has aceptado esta nueva idea [de que estamos a salvo hagamos lo que hagamos]. Para empezar, elige un acto que no te dé miedo. Por ejemplo podrías decirte a ti mismo algo como esto: “tengo la idea de que si duermo todo lo que sienta que necesito dormir por la mañana, me despertaré fresco(a) y preparado(a) para mi día, y que esta acción no acarreará ninguna consecuencia nefasta”. Otra acción podría ser tan simple como permitirte gastar libremente cada día una pequeña cantidad de dinero que normalmente no gastarías, siempre con la idea en mente de que esto no afectará a tu presupuesto de ninguna forma negativa.

» Aunque estos ejemplos puedan parecer tan simples que los consideras poco más que el tipo de consejos de autoayuda que he dicho que este curso no te daría, se trata de asistencia para ayudarte con el desarrollo de tus propias ideas. Si recuerdas que todas tus ideas deben estar basadas en el amor, no dejarás de dar nacimiento a ideas relevantes.»

XI. Un curso de amor, C:9

Este capítulo tan interesante da pinceladas sobre prácticamente todos los temas esenciales en el comienzo del proceso de despertar a la unidad, o vivir en unidad.
Hace un discurso aparentemente muy duro en torno al cuerpo, que nos provoca sentimientos encontrados, y que luego ya sabemos que “se suavizará”.
Es como si primero necesitáramos tener muy claras “las cosas del cuerpo”… ya que nuestro verdadero Yo es algo plenamente accesible aquí, y es eterno, y, como ya sabemos y hemos comprobado a veces, nuestro verdadero Yo no es el cuerpo, sino que de cierto modo “lo contiene”.

Así que “necesitamos” primero este tipo de “patadas”, como las dadas en UCDM y en el primer libro de UCDA…, pues hemos proyectado tanto sobre el cuerpo…

Si estos y otros textos hablan tan duramente a veces sobre el cuerpo y otras cosas, lo hacían para exponernos a esa tensión que podríamos llamar “la dicotomía divina”: el hecho de que no necesitamos en absoluto estos cuerpos para ser quienes realmente somos… pero, una vez que estamos aquí (y por cierto, siempre tendremos algún tipo de “cuerpo”)…, una vez que estamos aquí… necesitamos la relación para poder expresar ese Yo que realmente somos…, y poder salir airosos del drama (si nos molesta lo que vemos, si hemos querido “crecer en Consciencia”, claro está).

Y por tanto, es como si tuviéramos una “necesidad” enorme de tener un cuerpo, aunque a ser posible ahora visto -y tenido- completamente desde otra óptica.

Eran palabras dadas para que podamos vivir en esa cierta “contradicción” que alimenta la Verdadera Vida:
– que no necesitamos para nada a “los demás” (pues solo hay uno de nosotros)…
– y les necesitamos totalmente para comprobar eso precisamente: que solo hay uno de nosotros, y para poder así “expresar” algún aspecto eterno de nuestro Yo-en-Unidad —que es, por cierto, “para” lo que venimos aquí normalmente.

Somos plenos como quienes realmente somos… pero no somos quienes realmente somos sin la relación.

Entonces no se trata de simplemente “ayudar a los demás”, sino de ante todo sentir y “dar unidad”, dar y vivir desde la unidad.

Ya lo sabemos, cuando damos “con sacrificio” no estamos dando realmente –le estamos quitando a todos.

Entonces hablará por ejemplo de que “ayudando” a los demás no debemos seguir poniendo el foco en las sustituciones, sustituyendo lo “malo” con lo “bueno”, el miedo con el amor, el frío con el calor… sustituyendo opuestos entre sí, para perder de vista una vez más el sentimiento de lo que somos (amor más allá de opuestos mundanos).

Así que buscamos la inspiración de lo eterno para todo, y si ayudamos es en realidad porque nos ayudamos a despertar de la ilusión de soledad:

«Al darte cuenta de que no estás solo, constatas tu unidad conmigo, y comienzas a desplazarte del temor al amor.»

Cuando estamos en esa actitud de “dualidad”, es decir, aplastados en la pantalla de opuestos y de papeles más o menos locamente representados (padres, trabajadores, etc.)… cuando estamos frenéticamente intentando sustituir cosas desde esa actitud… o satisfacer necesidades desde ahí… ¿qué ocurre?

Estamos viviendo una memoria distorsionada de la creación –ilusiones.

Esa memoria:

«… te ha llevado a creer que puedes usar el amor para mantenerte a salvo, para hacerte feliz, y para mantener junto a ti a quienes eliges amar. Este no es el caso, pues el amor no puede ser usado.»

Y:

«Así es como también has distorsionado toda relación, convirtiéndola en algo que solo es real en la medida en que es usada por ti, o te ves usado en ella.»

Muy al principio del capítulo ya aparece el tema principal: el USO.

Con el USO hemos sustituido a la UNIÓN.

Y cuando actuamos “en dualidad”, estamos reforzando esa sustitución. Lo hacemos normalmente en cada relación en el mundo, así como en cada acto de satisfacer “nuestras necesidades”.

Y:

«Todo uso se basa en la simple idea de que no tienes lo que necesitas.»

Siempre que estamos en esa actitud “dualista”, estaremos “inconscientemente” usando las cosas y la gente para sustituir la UNIÓN “no distorsionada”.

Hay que tener en cuenta que hablamos incluso del uso de nuestro cuerpo:

«Mientras tomas distancia y observas tu cuerpo, siempre con la visión de tu corazón, piensa solo en para qué querrías usarlo. Lo que Dios creó no puede ser usado, pero lo que tú creaste sí, pues su único propósito es que tú lo uses.»

¿Hay un modo de USAR que no sea ese, un modo de USO que no esté asociado a esa utilización del USO? ¿Hay un USO que no sea para sustituir a la UNIÓN?

Claro, eso es “el despertar”: crear un nuevo estado de ser, en uno mismo, donde USAMOS aposta TODAS las cosas (cuerpo, relaciones…), pero para esto:

«para regresar a tu Yo real, tu verdadero Ser, y el nuevo propósito que estableces cambiará para ti tanto su utilidad [del cuerpo] como sus condiciones.»

Un solo propósito.

El mundo es una compleja red de uso y abuso, dice ahora, ya que está construido por entero sobre el USO.

Ese USO es una distorsión de lo siguiente (de la necesidad digamos “neutra” de estar en relación):

«Y esa compleja red de uso y abuso se desarrolló a partir de este simple concepto: unos individuos que necesitan estar en relación para sobrevivir.»

Y el maltrato -o abuso- indica esto –es signo de esto:

«Como todo extremo, simplemente señala lo que en instancias menos extremas es lo mismo: el uso es impropio».

XII. Los padres, los menos indicados para criar niños

Me encanta esta parte de Walsch.

Fue una gran revelación para mí, valga la redundancia, encontrar los párrafos de la revelación de Walsch donde se habla de esta simple observación, que todos podemos hacer tal y como está nuestro mundo si somos honestos y admitimos lo evidente:

los padres son los menos indicados para la crianza de sus propios hijos, es decir, es terrible que se vean sometidos “por cultura”, “por necesidad”, por “es lo que hay”… a esa mezcolanza infernal que hacemos normalmente con las obligaciones materiales, las “parentales”, las amorosas… etc.

La familia se convierte muy a menudo en una especie de “iglesia del sacrificio”, donde adorar el sufrimiento, la idea de que para que alguien sea feliz otro no lo puede ser… (el sistema de pensamiento del ego, en definitiva).

El amor no puede ser “obligado”, y nada tiene que ver con la necesidad en el fondo.

Pero… nuestra civilización ya sabemos que aún es primitiva en lo espiritual.

Mas estamos saliendo… y todo va a ir bien 🙂 .

Lo natural, que es el amor, no hemos dejado que abrace lo biológico verdaderamente.

Estamos aún cautivados por los mitos de las generaciones, de la herencia… por eso Jesús sacó esas tres palabras mágicas de la chistera: Hijo de Dios. Esa era una clave usada, como explicaba en el curso de amor, para salir de nuestras queridas prisiones de la herencia biológica y cultural, para salir de nuestra aterrada vivencia como “hijos del hombre”, literalmente aplastados por nuestras propias culturas y creencias sobre la vida y el universo… literalmente aplastados contra la pantalla de papeles representados en el teatro del mundo.

Menos mal que, pese a lo “mal” que está la educación… hay sitios como las escuelas, donde los niños pueden salir de las a menudo asfixiantes atmósferas familiares de frustración… en tantas familias donde se albergan tantas creencias y “valores” nefastos… tantos comportamientos disfuncionales… con tantos padres y madres tan tristemente perdidos… por no haberse podido o atrevido a encontrarse a sí mismos.

Qué divertida es esta parte de Walsch, y las cercanas a ella:

«En vuestra sociedad habéis insistido en hacer responsables de criar a los niños a las personas que les han dado la vida, con el resultado de que no solo habéis dificultado mucho el proceso de la crianza, sino que distorsionásteis muchas de las energías que rodean al acto sexual.

» Muchos seres humanos han observado lo que Yo observe aquí. Esto es, que muchos seres humanos, quizá la mayoría, no son realmente capaces de criar a los niños cuando son capaces de tenerlos. Sin embargo, al descubrir esto, los humanos eligieron exactamente la solución errónea.

» En vez de permitir que los jóvenes disfruten el sexo y, si produce hijos, que las personas mayores los eduquen, dicen a los jóvenes que no tengan sexo hasta que estén listos para aceptar la responsabilidad de criar a los hijos. Habéis hecho que sea “malo” para ellos tener experiencias sexuales antes de ese tiempo y, de esta manera, creásteis un tabú alrededor de lo que se intentaba fuera una de las celebraciones más placenteras de la vida.

» Por supuesto, la prole presta poca atención a este tabú, y por un buen motivo: no es para nada natural obedecerlo.

» Los seres humanos desean tener pareja y copular tan pronto como sienten la señal interior que les indica que están listos. Esta es la naturaleza humana.

» Sin embargo, el pensamiento de vuestros hijos acerca de su propia naturaleza tendrá más que ver con lo que vosotros les hayáis dicho, como padres, que con lo que ellos sientan realmente en su interior. Vuestros hijos os buscan para que les digáis de qué va la vida.

» Por tanto, cuando sienten las primeras urgencias de mirarse a hurtadillas, de jugar inocentemente uno con el otro, de explorar las “diferencias” mutuas, os buscan en busca de señales sobre esto. ¿Es “buena” esta parte de su naturaleza humana? ¿Es “mala”? ¿Se aprueba? ¿Se debe reprimir, contener, desalentar?

» Se observa que lo que muchos padres han dicho a sus hijos sobre esta parte de su naturaleza humana tiene su origen en muchas cosas: en lo que ellos les dijeron; en lo que dice vuestra religión; en lo que piensa vuestra sociedad… en todo, excepto en el orden natural de las cosas.

» En el orden natural de vuestra especie, la sexualidad se presenta entre los 9 y los 14 años. Desde los 15 en adelante está muy presente, y la expresan casi todos los seres humanos. Así se inicia una carrera contrarreloj: con los niños corriendo en estampida hacia la liberación plena de su propia y alegre energía sexual, y los padres corriendo a detenerlos.

» Los padres necesitan toda la asistencia y todas las alianzas que puedan encontrar en esta lucha, puesto que, como se ha indicado, le piden a sus hijos que no hagan algo que forma totalmente parte de su naturaleza.

» Así, los adultos han inventado toda clase de presiones familiares, culturales, religiosas, sociales y económicas, así como restricciones y limitaciones para justificar sus demandas poco naturales a sus hijos. Los niños han crecido aceptando que su propia sexualidad no es natural. ¿Cómo algo que es “natural” puede ser tan vergonzoso, siempre evitado, tan controlado, mantenido a raya, restringido, refrenado y negado?» (Conversaciones con Dios, 3)

XIII. La falsa aceptación del ego

La aceptación del ego:
El tiempo de la distorsión, del ego, se define también así:
un tiempo donde ACEPTAR significaba PREFERIR o ELEGIR.

Cortocircuito total.

Un tiempo donde no nos dábamos cuenta de que aceptar no tiene por qué ser elegir.

Y tampoco nos dábamos cuenta de que muchos teníamos esta distorsión mental: la distorsión de no darnos cuenta de que, al aceptar algo, en realidad lo estábamos eligiendo… cuando…, en realidad…, ¡no queríamos!

Y todo por no aceptar ¡nuestros sentimientos!

Vaya berenjenal este sitio donde nos hemos metido… vaya con la rueda del sufrimiento… esta vivencia mental del presente átono.

¡Qué pesadilla! ¡Qué cárcel mental la nuestra!

Ese es el “mortal” significado de “aceptar”.

El significado esclavo de aceptar, el “no espiritual”.

Así que esta “aceptación” sirve para no aceptar los propios sentimientos de uno mismo.

Pues aceptarnos plenamente significa de entrada aceptar que no nos gusta algo, y estar cada vez más en paz con ese “disgusto”.

Pero… nuestro mundo nos refleja lo contrario: una sociedad de disimuladores profesionales del sacrificio, y de avestruces impenitentes.

Es sagrado, cada sentimiento es sagrado… es la puerta de paso a nuestro verdadero Yo, que anda ahí detrás de todo sentimiento… (sobre todo…, más detectable según parece… y como decía UCDA… cuando miramos detrás de toda esa región de nuestros sentimientos que apenas sabemos clasificar).

Así que esa era “la aceptación del ego”.

Y esto tiene que ver, lógicamente, con el único “pecado”: haber aceptado como nuestras, las creencias, las creaciones, y las reacciones “de otros”… es decir, habiendo aceptado cosas que solo habían pasado por el filtro de nuestro miedo.

Todo el sistema del ego va a caer entero 🙂 … pronto… es un bloque… como sabemos… :
“hacer por obligación”…, “ganarse la vida” cuando esta es un regalo…

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