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imagen florÍndice:
I. La culpa era de…
II. Un curso de amor, T3:15
III. T3:16
IV. C:1
V. C:2
VI. T3:17
VII. T3:18
VIII. C:3
IX. Nuestra relación con la consciencia colectiva, antes y después de morir (lo que pasaba si no estábamos despiertos)
X. C:4
XI. C:5
XII. C:6

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I. La culpa era de…

Toda la culpa era… tachán… ¡De papá noël! ¡de los reyes magos!
🙂 😛

¿Por qué?

Porque con ese truco mágico, quizá nuestra cultura escondía el hecho más mágico todavía:
el de que, en realidad, ¡nuestros padres biológicos no eran fundamentalmente nuestros “padres”!

¿Qué eran?

Muy sencillo: ¡CORDEROS PARA EL SACRIFICIO del ego!.

Nuestros padres son básicamente símbolos del sacrificio… de la represión, de la muerte en vida… para mayor gloria del Ego y su dios.

Vida tras vida quemando en las hogueras de sus templos los más bellos sueños, intereses, deseos… de “los padres”.

¡No eran “padres”! ¡Eran víctimas sacrificiales en la gigantesca Iglesia Tierra! ¡Este gigantesco monumento al ilusorio sufrimiento!

Ay, pobre Madre Tierra 🙂 , por cierto, cuánta tontería tiene que presenciar 🙂 .

Padres… ¡y una mierda padres!… : símbolos agonizantes, como ese falso Cristo entendido por la doctrina vieja de las viejas iglesias a la vieja usanza 🙂

II. Un curso de amor, T3:15

Uno de los capítulos más amenos de esta parte es este sobre los nuevos comienzos.
Con el ego (el miedo, el pasado), proyectamos el pasado en forma de criterios y tiempos:
criterios sobre cómo deben ser las cosas…, y tiempos de espera oportunos para considerar que hemos tenido “éxito”… que realmente el nuevo comienzo ha tenido éxito.

«Lo que hace que en la experiencia humana sean difíciles los nuevos comienzos, del tipo que sean, es la idea de que las cosas no pueden ser distintas de como eran antes.

» Ahora debes concebir la idea de que los seres humanos sí cambian. Aunque instintivamente has sabido que hay un núcleo que no cambia, un centro propio de cada cual y que no cambia, ahora debes abandonar la idea de que este núcleo o centro ha sido representado por el pasado. Debes olvidarte de la idea de que el futuro no puede ser distinto del pasado.»

Tanto nosotros como los demás tenemos ese núcleo, ese Yo en la verdad, en la unidad.
Nuestra tarea en esta tierra, como ya sabemos, es la de detectarlo, amistarnos con él, amarlo (permitir que nos ame, acepte)…, y expresarlo en ese amor hacia “Nosotros Mismos” (que como sabemos es amor a “todos” y al todo… pues ahí dentro estamos todos).

Las relaciones también son, obviamente, el tema de este capítulo tan simpático:

«Los nuevos comienzos no ocurren fuera de la relación. La idea de una relación especial es una idea que obstaculiza los nuevos comienzos. Las relaciones especiales de todo tipo se basan en expectativas: la expectativa de un cierto comportamiento, o bien la de recibir un tratamiento especial continuado en la relación. Incluso, y a veces especialmente, lo que dentro de la relación especial se considera que es un mal comportamiento, puede llegar a ser una expectativa de la cual es difícil retirarse. Pero bien sea que se espere un tratamiento especial, o bien un mal comportamiento, no importa. Lo que la mayoría de las veces evita que los nuevos comienzos sean realmente nuevos es esperar que la relación se ajuste a un conjunto de criterios “conocidos”, basados en el pasado.»

Todo el mundo habrá tenido esa sensación de ahogo con familiares, amigos, etc., donde se siente que uno ya está encasillado en un papel, y ese tipo de cosas.

De nuestras propias infancias salimos más o menos “tullidos” en un nivel profundo, subconsciente… con todo ese tipo de “cajas” adosadas a nuestra mente, cajas de proyecciones y miedos reforzados al vivir los conflictos vividos en las familias… los conflictos y las típicas “faltas de comunicación”… los malos rollos… la falta de comprensión sobre el proceso del crecimiento y sobre qué significa acompañar eso… todas esas cajas de expectativas que nos hemos dejado adosar en la mente a partir de esos ambientes familiares que en esta tierra aún tan primitiva son ambientes normalmente enfermizos (no facilitan nuestro objetivo de mayor paz y alegría en la tierra)… por ser ambientes llenos de tanta frustración, con tan mala “gestión emocional”.

Pero ay, qué maravilla ahora poder llegar a este comienzo de despertar… y saber que las relaciones pueden ser mucho más conscientes, íntimas… y a la vez propiciadoras de una verdadera libertad.

III. Un curso de amor, T3:16

Como sabemos, la lucha por ser alguien que no somos, nos aleja paradójicamente más y más de quien realmente somos.

Habla aquí del patrón de insatisfacción, y su dependencia de nuestro “amo”, el tiempo.
Y de lo que se trata aquí, en este método de transformación, es de traducir esos patrones o ecos del ego: traducirlos al sistema de pensamiento de la verdad.

Este capítulo es de repaso. En él comenta todas las creencias del ego que construyen un pseudosistema que podría parecer bien cohesionado, pero que no es así, pues:

«deja que se vaya una parte, y el resto de las partes que queden pronto se vendrá abajo y se convertirá en el polvo del que todo salió.»

Así que para traducir los ecos del ego que aún surjan… los patrones… es importante, como siempre, no oponerse o resistirse sin más (en el sentido de resistencia “enfadada”)… es decir, no oponerse sin antes tener en cuenta nuestras nuevas IDEAS positivas del sistema de la verdad… para integrarlas como esa cierta cosa “práctica”.

Recordamos que las ideas son “más que creencias”, como vimos: requieren de cierta aplicación práctica “profunda” –en una práctica más allá de la práctica, pero que a veces tiene que ser simplemente eso, práctica.

Así que esa lucha contra quien ahora soy… esa resistencia bruta constante… me lleva a alejar LO QUE ES de mi discernimiento.

LO QUE ES, es alejado de nuestro discernimiento por nuestra propia mente: por los patrones de la mente “pensante”, la que piensa a la antigua usanza poniendo el carro delante de los bueyes (la “mente separada del corazón”).

Como también ya sabemos…, la mente nos conduce por tanto a estar siempre BUSCANDO, a estar casi siempre en la actitud que conlleva el viejo concepto sobre el tiempo… ese viejo concepto que tenemos cuando la consciencia rechaza la otra vivencia temporal (eternidad).

Entonces, casi siempre no nos permitimos a nosotros mismos que se dé la experiencia de nuestra eternidad, que abraza o incluye a la ilusión dentro, al tiempo “normal”.

Así que, entonces, podremos ver asomar los patrones de, por ejemplo: “buscar cumplir objetivos prefijados” –y ese estilo de cosas.

Cuando los vemos, dice aquí:

«La clave para resistirse a esas tentaciones no es de ninguna manera la resistencia, sino la idea de que tú ya estás realizado. Mantener esta idea en el primer plano de tu mente y de tu corazón te ayudará con la traducción de este aspecto del sistema de pensamiento del ego al sistema de pensamiento de la verdad.»

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2ª idea:

Para tratar la segunda “creencia de la unidad” (dar es una sola cosa con recibir), viene muy bien la revelación de Walsch, por cierto, donde se trata de forma también muy práctica y divertida de esto.

Los patrones de insatisfacción con nosotros mismos, con nuestro “yo”, también tienen que ver con la tentación de creer en la carencia:

«Esta tentación se ve reflejada en todas las situaciones en las que sientes que tienes algo que ganar de algún “otro”».

Pero:

«Al decir que dar y recibir son en realidad una sola cosa, se está diciendo que solo careces de lo que no das.»

Y:

«Simplemente se te está pidiendo que des lo que puedas recibir, y que recibas lo que puedas dar».

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3ª idea:

La tercera gran tentación, asociada a la tercera “creencia del sistema de la unidad”, es la del miedo a la pérdida:

«Este miedo queda fuertemente reflejado en tus ideas sobre el cambio y, como tal, es el mayor detrimento para tu nuevo comienzo. Estas tentaciones se reflejan en todo aquello que temes hacer debido a las consecuencias que tus acciones podrían acarrear.»

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4ª idea:

La cuarta “creencia de la unidad” es la referente a las relaciones especiales (“todas han sido reemplazadas por la relación santa”):

«Todos tus miedos en lo que respecta a las relaciones especiales son tentaciones de la experiencia humana».

Son todos nuestros «deseos, miedos, esperanzas y expectativas sobre los demás»… también los «planes de hacer el bien y de ser bueno, de ayudar a los demás y de luchar por convertir el mundo en un lugar mejor»… y también las «nociones de querer proteger o controlar».

Y para salir de esta pieza fundamental del sistema del ego:

«Una ayuda clave para dejar esta tentación atrás es la idea de la relación santa en la que todo existe en unidad y bajo la protección del abrazo del amor. Si vives según la idea de que representar quien en realidad tú eres va a crear un nuevo cielo en la tierra, podrás dejar a un lado cualquier miedo a que los demás sufran debido a los cambios que crea tu nuevo Yo».

IV. Un curso de amor, C:1

El curso de amor empezaba en este capítulo definiendo “corazón”.
Obviamente no se trata del corazón físico, aunque el físico de cierto modo refleja al “no-físico”, a ese centro invisible que es nuestra esencia como corazón…, como “fábrica” de nuestros sentimientos:

«Definiremos el corazón como el centro del ser, ese lugar de donde emana todo sentimiento. Todo sentimiento verdadero es amor.»

En el curso de amor y en general en nuestro “despertar”, se trata de pasar de tener una relación con el miedo y con el amor, a tener una relación SOLO con el amor.

Si pasamos a tener esa relación, SOLO con el amor, podremos permitir que el amor abrace nuestras ilusiones, podremos permitir que estas sean abrazadas realmente por algo -en vez de seguir nosotros forzando nuestra identificación con ellas para hacernos la vida más difícil.

Decíamos que el corazón real, no el físico, era la fábrica, aquí lo tenemos:

«Todos los sentimientos son generados por el corazón y no tienen nada que ver con el cuerpo. El corazón del cuerpo es el altar donde presentas todas tus ofrendas a Dios. Todas las ofrendas son amor o falta de amor.»

El corazón real era la “fábrica”, y el físico vemos que aquí lo presenta rápidamente (no habla mucho más de él) como una especie de intermediario “útil”.

Así que los sentimientos no tienen nada que ver con el cuerpo.

Y establecer una relación con el amor y hacer que esta sea la única que tenemos, nos va a permitir sentirnos como “ser de sentimiento” en vez de como “ser de cuerpo”, ya que aún seguimos siendo “tal y como Dios nos creó”, es decir: un ser espiritual, de sentimiento, que contiene “dentro” un cuerpo y unos pensamientos (y no un cuerpo que ciegamente parece verse asaltado por pensamientos y sentimientos, separado de toda sensación de ser creador a partir de ese mismo “cuerpo” real, “etérico”, de sentimientos y pensamientos).

Esto es lo que el curso de amor y otros cursos de Jeshua posteriores a UCDM describen y acompañan poco a poco.

V. Un curso de amor, C:2

Desde el principio del curso de amor, surge el concepto clave que acabará con todos los conceptos, la “visión”, la simple “visión” que es todo lo que necesitamos en principio… y al final… como se veía en el curso de milagros.

Lo único es que el curso de amor acompañará detalladamente el caminar para (si hemos elegido que nos cueste tiempo, como suele ser lo normal)… para poder conservar en las formas la nueva “consciencia” de esta Nueva Era –o “tiempo de Cristo”, como lo llama el curso de amor:

«El milagro es la visión verdadera. No creas que el amor puede contemplar la miseria y ver en ella amor. El amor simplemente no ve ninguna miseria.»

VI. Un curso de amor, T3:17

Me gustaría hablar sobre este capítulo; me interesaría mucho que comentarais a ser posible algo sobre lo que os surge al pensar sobre él, al intentar integrarlo quizá despacio.

Lo que se dice aquí, nos lleva a pensar que lo que nos pasaba o nos pasa en esta tierra, podría ser muy poco “normal”.

No sería “lo normal” que nos hayamos enfangado tanto en nuestra relación con el miedo, en esta tierra.

Dice literalmente esto:

«haber elegido expresar el Yo en la forma física fue una elección en consonancia con las leyes del amor. No había necesidad de que el Yo estuviese separado para que esto ocurriese»

Parafraseando, no había necesidad de perder la conexión con el Amor que somos en Unidad, la conexión con nuestro Yo en unidad… para realizar lo que los diversos tipos de espíritu veníamos a realizar a las formas: “expresar a Dios”, expresar “aspectos” de Dios –como por ejemplo el de “crear conscientemente”.

Dios ya crea, simplemente crea… extiende… no puede “elegir extenderse”. Ya es eso.

Nosotros sí podemos elegir.

Lo único es que no se dice que haya que hacerlo con ideas de sufrimiento tan agudamente manifestadas.

Esto tiene que ver con lo que decía Jeshua en UCDM: hay límites para nuestra capacidad de crear falsamente.

Vamos, que no se trata de pasarse.

Podríamos pensar que para poder “crear a consciencia”, es decir, para poder “ELEGIR ser Dios (Dios en ese aspecto de Creador)”… primero debemos ser cuanto más “víctimas” mejor (pues víctima es quien, lógicamente, no piensa para nada que esté “creando su experiencia”, que tenga que ver con la causa de su experiencia).

Fijaos: los animales ni siquiera están aquí para plantearse eso, por cierto… como esas expresiones de amor que ellos también son –como nosotros. (Y de esto y de cosas similares es de lo que me gustaría que comentáramos.)

Así que esto es lo que parece que tenemos expresado en esta tierra, pero exageradamente: la idea de sufrimiento, como motor de creación de ese extremo agudo, de ese polo muy extremo contrario a “ser creadores”.

Parece que en general, por lo que dice este capítulo, no haría falta regodearse tanto o ni siquiera haría falta inventar dentro de nuestra mente esa interpretación tan brutal que llamamos “dualidad”, o al menos no de este modo.

No haría falta algo tan bestia para poder hacer lo que “tenemos que” hacer…: “expresar Dios”, tal y como nosotros estamos destinados a expresarlo, que es siendo y eligiendo quienes queramos ser… a cada momento… expresando la creación como “libertad” en las formas –que es donde se puede experimentar y expresar esa Unidad creadora que ya somos dentro, recreando a partir de ahí.

Así que, como ha dicho la cita, haber elegido expresar nuestro verdadero Ser, nuestro Yo en unidad, en las formas físicas… no fue una decisión disonante con respecto al Amor –no en sí misma.

Esto equivaldría a decir, como en UCDM decíamos, que “aquí lo único que ha ido “mal” es nuestra interpretación de la separación”, pues las formas en realidad son neutras –la separación y sus acontecimientos son neutros.

Y digo todo esto en parte porque, debido a lo que dice este capítulo (y en consonancia con otras cosas) puede que simplemente ocurra que en esta tierra nos lo hemos puesto algo más difícil de “lo normal” (es una aventura muy límite, digamos).

Quizá en la tierra hemos experimentado uno de los “peligros” que tiene ser seres que expresan este nivel de autoconsciencia… que tienen “nuestro nivel de autoconsciencia”, en las formas.

Quizá este “peligro” no es normal que sea experimentado hasta este extremo de inventar la idea del sufrimiento y actualizarla tanto, llevándola a cabo así, en las formas.

Para avanzar algo que me gustaría que usáramos para “divertirnos” comentando: miremos los animales, por ejemplo. Miremos lo que ocurre: ¿cómo diríamos que es “su relación con el miedo”, en el nivel de consciencia que expresan en las formas?

Seguramente no podríamos hablar de “relación con el miedo” de la misma manera.

Así que nuestro “error en el aprendizaje”, que es el título de este capítulo, tendría que ver con el “problema” de ser “autoconsciente”… y con lo que eso supone: los diversos tipos de “relación con el miedo” posibles en los universos.

Nuestro estado aquí en la tierra es descrito así por el curso de amor:

tenemos (o teníais, si ya estáis “despiertos”) UNA RELACIÓN CON EL MIEDO Y OTRA CON EL AMOR.

Y decimos esto de “teníais”, pues el estado de “despiertos” se puede definir como que es aquel donde se tiene “relación solo con el amor”.

Y esto, en cierto sentido, al yo separado (y más en este planeta especialmente enrabietado -por lo que dice en este capítulo central del curso)… esto… decíamos… al yo separado no le hace la más mínima gracia, y contestaría quizá… 🙂 …:

“pero…, ¡cómo! ¿cómo que “solo relación con el amor”? ¡¿Pero tú quién te has creído que eres?! ¡Intolerante! ¡Excluyente!”

Y quizá, acto seguido, el “yo separado” pasaría a crear algún partido o asociación reivindicativo-revolucionaria para sumarse borreguilmente a los de su causa, y contra la “no-causa” de aquellos “iluminados” que “quieren excluir algo en el mundo sin más” (el miedo). 🙂

Esta sería la confusión inicial que llamamos “ego”, lo falso.

Esta confusión ya sabemos que consiste en haberle dado realidad a lo que en realidad no era real… y, entonces, pasar a jugar la partida en ese campo falso (una partida ya trucada desde el principio, con unas reglas locas, las reglas del caos).

Es todo nuestro “problema”, un absurdo lógico en el fondo.

Así que interpretamos algo como real…, y luego nuestra propia interpretación nos hace meternos en una rueda de sufrimiento cuya primera vuelta la dimos nosotros mismos… y ahora estamos muy mareados y aparentemente perdidos después de tantas vueltas… y no podemos darnos cuenta de que todo es inventado, es “falso”, mentira (que es el significado de “ego” para los cursos de Jeshua).

Así que:
– nosotros mismos nos inventamos lo que es real (cuando no lo es)…
– y luego interpretamos que realmente estaríamos PERDIENDO algo… pues estaríamos haciendo una exclusión de algo real al abandonar el tipo de relación que tenemos con el miedo.

Y claro, la única relación real sería la que tenemos con el amor.

Esto ya estaba sugerido en realidad en lo que decía el curso de amor en el Preludio, hace muchas páginas:

«Es como si dijeras: no voy a abrir los ojos hasta que alguien me pruebe que cuando estén abiertos verán algo. Te quedas sentado esperando pruebas en la oscuridad, en una oscuridad que solo tu propia luz disipará.»

Decir: “no voy a abrir los ojos”, sería lo mismo que decir “no voy a deshacer mi relación con el miedo, pues PERDERÍA algo” (cuando en realidad ganaría TODO, el todo que soy).

Nos queda tan “lejos”, según nuestra percepción, aquella nuestra decisión original de poner en marcha lo falso… que no sentimos que sea tan simple.

El yo separado no se da cuenta de que abandonar la relación actual con el miedo no excluye nada real, sino que incluye verdaderamente a ese “miedo” (al no darle realidad, lo incluye de forma natural en el abrazo de lo que ES, y siempre será).

Así que de lo que no se habría dado cuenta la gente de ese “partido revolucionario” es, pues, de que “no hay tal mundo” donde defender causas…, es decir, no hay un “mundo separado del amor”.

Nuestra tarea es contemplarles a ellos, aunque estén en la casa de la ilusión… verles en la casa de la verdad. Así lo expresan los tratados, este segundo libro.

Nuestra tarea es NO salir bajo ningún concepto de la Casa de la Verdad, para así poder ver a todos desde ella… aunque ellos vean la casa de la ilusión como real y crean estar en ella.

Es decir, se trata de aceptar la Visión, la visión de siempre…, la visión “de Cristo”, o como la queramos llamar.

Con esta historieta inventada sobre el partido del yo separado, me quiero referir al hecho de que, en este planeta, habríamos cogido un enorme gustillo a tener una relación con el miedo…, y además, lo hemos hecho de esta manera en que la hemos tenido, permitiendo que la rueda nos despiste tanto de nuestro propósito original.

Y es que ni siquiera podemos hablar de tal propósito, cuando en realidad, aquí, en el tiempo, sabemos que hemos sido y ha habido tropecientasmil generaciones de seres humanos… de seres que podríamos haber tenido tiempo de sobra para enterarnos o para querer cuidar mejor algo tan fundamental como el reconocimiento del simple propósito original.

Esta rueda de sufrimiento, pues, no parece muy normalita –según lo dicho en esta parte de los tratados y en otras revelaciones.

Tener relación “SOLO con el amor” permite que el miedo pase simplemente a ser algo “observable”, es decir, “abrazable”, y no algo con lo que identificarse para seguir creando el tipo de experiencia “separada”.

Una vez que tenemos “solo relación con el amor”, pasamos a identificarnos plenamente con la Verdad, con la Unidad Creadora que somos (a través de nuestro verdadero Yo), y, por tanto, reconocemos si acaso que todo “miedo” es “Nosotros Mismos” pero en una versión “distorsionada”, por así decirlo.

Así que… por ello… ¿cómo no íbamos a abrazarnos/acogernos a nosotros mismos, en forma de distorsión de miedo… si todo está dentro nuestro, una vez que ya nos identificamos con el Yo verdadero?

Es decir, nuestros hermanos, que pueden verse a sí mismos estando en la casa de la ilusión y que pueden ver esta casa como algo “real”… son simplemente nosotros mismos… en versión distorsionada… pero no interpretable, sino ya solo “abrazable” por la relación con el amor que ya somos en exclusiva.

Continuará.

VII. Un curso de amor, T3:18

Seguiremos hablando del anterior (17), pues es algo muy gracioso que la voz hable tan claramente de que cometimos una especie de: “error en el aprendizaje”.
Pero aquí, en el 18, expresa lo simple que es “la verdad”:

«Lo que se observa se encuentra en relación con el observador, y esta relación causa un efecto».

Si yo observo algo, no es “casualidad”.

Sea lo que sea que observe, ese “algo” está en relación conmigo.

Aunque nosotros estemos acostumbrados a las inercias que conllevan los hábitos, los usos… es decir, las inercias que conlleva la necesidad de incorporar hábitos, de entender los usos de las cosas… a pesar de eso… todo lo que observamos está en relación con nuestro verdadero ser –y todo es un solo ser, una sola relación.

Esta relación es en realidad al menos tan “vieja” como el universo… si pudiéramos hablar de tiempo en esos niveles.

Eso es lo que llamamos “Dios”. Este es el “material” o la “energía” de la creación… y a la vez es la creación misma (nos contaba UCDA). Lo es tanto “dentro”, como de cierto modo lo es “fuera”. Y también es el “creador”. Es el principio, y es el final.

Así que nosotros somos una especie de “símbolos andantes”, que hemos acordado permitir que a través de nuestro trazado se escriba algún día la verdad de nosotros mismos, al aceptarla dentro de nosotros como nuestra verdad.

En este mundo de la experiencia, aceptamos ser símbolos donde se “escriba” esa relación interior, esa que está ya ahí dentro nuestro desde siempre.

Esa relación deja “trazos” de cierta forma “invisibles”… y que de cierta forma lo transforman “todo a la vez”.

Esa aceptación de la verdad deja trazos que se trazan sobre lo que de hecho ya fue un trazado previo: universos.

Es decir, los universos son cuadros sobre los que representar otra representación: la de nuestra relación re-conocida… que es creadora dentro… pero que quiere así como serlo fuera, transformando nuestras creaciones, iluminándolas.

Esa relación que somos en unidad, asoma en la observación que realiza cada versión de universo (cada “yo”) que, por un momento, observa a otro ser –a otro ser que quizá también le pueda observar a él de una manera parecida.

Por ejemplo, otro ser humano es también una “versión de universo” como yo; otra uni-versión.

En esto consiste el juego o diversión de estas formas maravillosas que nos inventamos así como para “ver a Dios desde fuera”… para permitir que el Dios que somos se exprese… y no solo se quede simplemente “siendo”.

Este es el servicio que Dios es en sí mismo… desplegado… esparcido… y es el servicio que a la vez nosotros hacemos “a Dios”… pues somos indivisibles de Dios y unidad con Ello, con toda la Creación. Es decir, somos “pedazos” infinitos de esa Luz infinita que nos hizo luces que deseamos hacer observables a través de la bendita oscuridad de las formas.

Este es el esparcimiento, el patio de recreo del Dios que somos… este el objetivo de que estemos aquí “esparcidos” y recreándonos.

Nosotros somos relación, directamente.

Y gracias a los cuerpos podemos sentir esta relación… la podemos sentir a la vez “dentro” y en un aparente “afuera”.

Esta es “la sal de Dios”, la sal que le da salero a las tierras.

Los cuerpos son la maravilla que nos permite que podamos sentir “fuera”, aquí, en la forma física… la maravilla de relación que somos en unidad –lo que nos permite “ver” la relación que somos.

Simplemente estamos en lo físico para observarnos “teniendo en cuenta” la verdad; así, la extendemos.

Así de simple sería el propósito original. Pero tuvimos -decía el anterior capítulo- un error en el aprendizaje del sistema de lo físico… un error que tendría que ver con perder de vista este simple “propósito original”.

Qué maravilla, simplemente el observar es una maravilla. Yo aquí, y ese otro ser allí.

Poder tener cuerpos separados que “sintonizan” todo un universo, junto a otros cuerpos, separados, que sintonizan la misma “cadena” de “radio”… pero con la finalidad de sentir, juntos, lo que en el fondo no es ninguna sintonía de “radio”.

Pues la verdadera maravilla es estar lo suficientemente “poco perdidos” como para nunca perder demasiado de vista el propósito original.

VIII. Un curso de amor, C:3

Ya desde tan pronto, el curso aborda el concepto de “aprendizaje”, pues todo va a consistir en ir más allá de este, hacia un:

«aprendizaje que no es de este mundo».

Pues, aunque nosotros no podamos ser “aprendidos”, en realidad aquí hemos venido a “aprendernos” a nosotros mismos, y esto solo lo podemos hacer volviéndonos a crear, creándonos de nuevo –pues así es la paradoja divina que llamamos “vida” (de hecho, ya veréis qué bonito es el discurso que tiene este libro sobre la creación de lo nuevo y sobre el estado de ser que debemos conservar para poder anclar todos, aquí, como una-sola-mente, eso “nuevo”).

Como sabemos, el amor es una cosa inusual para nuestros modos mundanos de ser, pues el amor no puede ser aprendido, no puede ser comparado.

Y como vemos, nuestro mundo está obsesionado con la comparación y su comandante: el control.

Así que, en el proceso de la vida, y como de todas maneras somos amor (ya que este es “el dato”, es nuestro ser)… hemos estado sometiendo a comparación lo que no puede ser comparado:

«Mientras crees saber lo que te hará daño y lo que te resultará confortador, sometes lo que no se puede comparar a lo comparable».

Esto lo hacíamos o lo hacemos inercialmente.

Cuando tenemos la mente separada del corazón, hacemos que prime esa actitud de la mente, la de comparar. Y este concepto es muy amigo de su jefe el “control” –de “tener el control”.

Eso nos apartaba de esa percepción que está más allá de toda percepción, “la percepción del corazón”, del conocimiento.

Recordemos, del capítulo 1, C:1, que el Corazón, como centro de nuestro ser y fuente pura de los sentimientos… es no-físico.

Y recordemos que nuestro corazón físico es el puente hacia ese no-lugar. Como decía allí, en C:1:

«El corazón del cuerpo es el altar donde presentas todas tus ofrendas a Dios».

Y ahora, en C:3, aparece otra vez el “altar”, para referirnos a nuestro nuevo modo de “aprendizaje”:

«Simplemente aprendemos de una manera nueva, y en nuestro aprendizaje constatamos que nuestra luz brilla desde el interior de nuestro corazón, nuestro altar al Señor. Aquí mora el Cristo en nosotros».

Y en el Preludio (P) plantábamos la base para “entender” qué es ese Cristo en nosotros, en ti:

«¿Qué hay en ti que sea capaz de aprender? ¿Qué hay en ti que reconoce que tú no eres el ego? ¿Qué hay en ti que reconoce el espíritu? ¿Qué hay en ti que oscila entre dos mundos, el mundo dominado por el ego y el mundo del espíritu? ¿Qué reconoce la diferencia? El Cristo en ti.»

Allí, en P, se decía que el ego en realidad no puede aprender, y que el espíritu no lo necesita, así que se necesita que abramos el paso a algo que pueda aprender:

«Si el ego no puede aprender y el espíritu no lo necesita, ¿para quién es entonces este curso y cualquier otro semejante? Aprender nuestra verdadera identidad, la identidad del Ser, del Yo que es capaz de aprender, es algo que toda persona debe hacer. ¿Puede acaso el ego aprenderlo? Nunca. ¿Acaso el espíritu lo necesita? No. ¿Para quién es, entonces, este curso?»

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(para encontrar la última versión del pdf del primer libro (en la última revisión que haré de la traducción), visitar el punto 5 del índice del blog: https://unplandivino.net/g   )

IX. Nuestra relación con la consciencia colectiva, antes y después de morir (lo que pasaba si no estábamos despiertos)

En un pasaje de Walsch (citado abajo), se hablaba de una cosa muy simple y curiosa que nos pasa con respecto a la muerte (con respecto a la consciencia que tenemos al morir, en comparación con la que solemos tener antes de realizar ese cambio que ya dimos tantas veces al morir tantas veces — qué pesadez 🙂 ).

Nos cuenta que nosotros mismos siempre estamos creando nuestra realidad a partir de lo siguiente:
– de nuestros pensamientos DESCONTROLADOS,
– o bien a partir de la consciencia CREATIVA (la que vamos recreando en el proceso del despertar),
– o bien de la conscienca COLECTIVA.

Entonces, lo divertido de todo esto es nuestra relación con la consciencia colectiva. Esta relación tiende a ser completamente distinta antes y después de morir -simétricamente distinta.

Antes de morir, cedemos fácilmente ante la consciencia colectiva (nos dejamos “comer la moral” por familias, por la sociedad, etc., con todo el nefasto sistema de pensamiento y de comportamiento que tienen en torno a tantas cosas: sexo, dinero, etc.).

Después de morir, no cedemos tan fácilmente ante la consciencia colectiva.

Así que lo hacemos todo al revés, pues después de morir, habiéndonos enterado sí o sí de que no somos el cuerpo… tendremos inmediatamente a nuestro servicio y a nuestra disposición todos los seres “elevados” que queramos… y más (y muy directamente accesibles, pues estamos de lleno en “su reino”, muy a mano de ellos…, ya que no tienen “cuerpo” -tal y como lo entendemos ahora esto del cuerpo).

Y bien, antes de morir… antes de morir es “lógico” (si no nos despertamos mucho del sueño de ser un cuerpo)… es lógico lo que nos pasa respecto a la consciencia colectiva… porque sabemos de sobra lo fácil que es aquí rendirse a lo falso… ceder a la mentira del mundo…, sabemos por qué “nos vendemos”, etc.

Ya sabemos cómo, con nuestra mentalidad aquí, con nuestra “carga” (cruz)… ya sabemos qué bien nos las apañamos para estar todo el rato “en el pasado”… todo el rato con la mente trabajando para conseguir que el pasado parezca estar “grabado a fuego” no sé dónde (por ejemplo en nuestros propios hábitos a la hora de “tener un cuerpo”). Ya sabemos cómo logramos convertir a ese concepto que es el “tiempo”, y al propio cuerpo, en “trampas” para nuestro despertar.

Y luego, después de morir, parece que no nos creemos que todo pueda ser “tan bonito” 🙂 .

Y como somos “dioses creadores”… que crean su propia realidad… pues nada, seguiremos mareando la perdiz en esta tierra tan cansada.

Todo esto es así (como la cita de abajo dejará sugerido) porque, cuando estamos en un cuerpo así de pequeñito y vulnerable como el nuestro… nos abruma lo que vemos a nuestro alrededor, y cedemos ante la consciencia colectiva.

Lo vemos muy claramente: ya vimos qué difícil es a veces “hacer nuestras” las “creencias colectivas” (no simplemente “creérnoslas”).

Es difícil establecer una relación real, personal, profunda… que recree y haga una digestión verdadera de las creencias del entorno, de las creencias de los familiares, etc… para realmente pasarlas por “nuestra verdad”… para realmente pasarlas por nuestro filtro y “personalizarlas”… quedándonos solo con lo que nos valga a nosotros… para así podernos volvernos realmente “personales”, es decir: para poder en el fondo asumir esa Impersonalidad Esencial del Todo…, esa transpersonalidad de ese “Dios dentro de nosotros”…, del puro Ser de Amor que en realidad somos.

El final del curso de amor empleaba una palabra muy querida para “Dios” también en la revelación de Walsch: “individuar”.

Se trata de podernos individuar, más que solo del habitual “individualizarnos”, un individualizarnos con esto y con aquello… más o menos mortecinamente bajo la batuta de las creencias y los hábitos establecidos.

En la realidad terrestre, decía:

«… os resulta difícil crear de manera consciente con vuestra consciencia individual y, de hecho, a menudo asumís que vuestras interpretaciones individuales son erróneas debido a todo lo que veis a vuestro alrededor. Por tanto, así cedéis ante la consciencia colectiva».

La cita entera que quería poner (a la que voy revisando también la traducción de los principales de Walsch):

« Anteriormente dije que lo que sucede es lo que vosotros queráis que suceda. Lo digo en serio. Vosotros creáis vuestra propia realidad, no solo cuando estáis en el cuerpo, sino también cuando estáis fuera de él.

» Al principio quizá no comprendáis esto, y entonces puede que no estéis creando conscientemente vuestra realidad. Vuestra experiencia será creada por una de estas otras dos energías: vuestros pensamientos no controlados, o la consciencia colectiva.

» En el grado en que vuestros pensamientos no controlados sean más fuertes que la consciencia colectiva, en ese grado los experimentaréis como la realidad. En el grado en que la consciencia colectiva sea aceptada, absorbida e incorporada, en ese grado la experimentaréis como vuestra realidad.

» Esto no es diferente de como creáis lo que llamáis “realidad” en vuestra vida actual.

» En la vida siempre tenéis ante vosotros tres alternativas:

» 1. Podéis permitir que vuestros pensamientos no controlados creen El Momento.

» 2. Podéis permitir que vuestra consciencia creativa cree El Momento.

» 3. Podéis permitir que la consciencia colectiva cree El Momento.

» Y ahora hay algo irónico:

» En vuestra vida actual, os resulta difícil crear de manera consciente con vuestra consciencia individual y, de hecho, a menudo asumís que vuestras interpretaciones individuales son erróneas debido a todo lo que veis a vuestro alrededor. Por tanto, así cedéis ante la consciencia colectiva, sin importar si os sirve o no hacerlo.

» Por otra parte, en los primeros momentos de lo que llamáis “vida después de la muerte”, quizá os resulte difícil ceder ante la consciencia colectiva debido a todo lo que veis a vuestro alrededor (que puede resultar increíble para vosotros), por lo que os sentiréis tentados a aferraros a vuestras propias interpretaciones individuales, sin importar si os sirven o no.

» Os quiero decir esto: cuando estáis rodeados por la consciencia inferior es cuando os beneficiaréis más de apegaros a vuestras interpretaciones individuales; y cuando estéis rodeados por la consciencia superior, obtendréis mayor beneficio al ceder.

» Por tanto, tal vez sea sabio buscar seres con consciencia superior. Nunca podré enfatizar bastante lo importante que es la compañía que tengáis.

» En lo que llamáis “la otra vida”, no hay ningún motivo para preocuparse por esto, porque instantánea y automáticamente estaréis rodeados de seres con consciencia superior y por la consciencia superior en sí misma.

» No obstante, es probable que no reconozcáis que estáis siendo tan amorosamente rodeados; quizá no lo comprendáis de inmediato. Puede pareceros que las cosas os están “sucediendo” a vosotros; que estáis al antojo del azar de lo que esté sucediendo en ese momento. En realidad, experimentáis la consciencia con la que morís.

» Algunos de vosotros tienen expectativas sin siquiera saberlo. Toda su vida han tenido pensamientos acerca de lo que ocurre después de la muerte y, cuando “mueren”, esos pensamientos se hacen manifiestos y de pronto constatan (actualizan, hacen real) lo que han estado pensando. Pues los pensamientos que prevalecen son los más potentes, aquellos que hayáis mantenido con mayor fervor, como siempre sucede en la vida.»

X. Un curso de amor, C:4

Como ocurre en la educación de los niños, donde siempre hay que callarse antes de interaccionar con ellos para poder simplemente aceptar lo que ellos sienten, para dar cabida en el mundo a sus sentimientos y a la propia expresión de sus sentimientos…, en el curso de amor la voz de Jeshua hace lo mismo con nosotros, con esos “niños espirituales” que somos (ya que, como espíritus, estamos en el jardín de infancia).

Como maestro amable, como enlace directo con ese “Dios Padre” que él conceptualizó para esta tierra, Jeshua reconoce nuestros dolores.

Reconoce el enlace que hemos hecho entre dolor y amor (como vimos en el anterior capítulo).

Lo reconoce y nos reconoce por ello.

Y cuando nos observa por ejemplo “resentidos”, cuando observa nuestro resentimiento porque nos parece que en algún momento hemos entregado mucho amor y creemos que hemos “ganado” poco al hacerlo… entonces, en ese gesto, reconoce que “tenemos razón”, pues valoramos el amor, que en realidad vale infinito pues el amor es nuestro ser.

Y no es que nos dé la razón como a los locos, sino que mira compasivamente hacia el motivo verdadero, y hacia nuestro mero despiste en la ilusión –al estar despistados por los ídolos.

Y es que nuestro corazón se ha amargado en muchos periodos de esta vida o de “otras vidas” que aloja nuestra “alma” en el Eterno Presente de Dios.

Con el corazón, al estar separado de la mente, atesoramos profundamente nuestros dolores, ya que nuestro corazón apoya de todo corazón, apoya incondicionalmente la realidad donde nosotros creemos estar, esta casa de la ilusión. Y esta realidad es una donde el amor, decimos, “puede perderse”, lo cual significa que nosotros mismos podemos perdernos… y lo cual es, lógicamente, “desastroso” para la interpretación de nuestra mente -separada del corazón-, que así obliga al corazón a mirar donde en realidad definitivamente no puede estar.

Pues nuestra alma sabe que ella es solo ese amor, ese amor que está detrás de todas nuestros supuestos fracasos, de todas nuestras interpretaciones… de los fracasos interpretados como tales por una mente aquí enloquecida por el sistema de pensamiento del ego, y con la que así nos separamos a nosotros de nosotros mismos…, nos separamos de un verdadero reconocimiento del corazón –de ese nuestro centro inmaterial, donde nacen todos los sentimientos.

En el anterior capítulo veíamos que normalmente sometemos a lo comparable lo que en realidad es incomparable.

Todo es para tener cierto “control”. Y con esa clave en mente podríamos leer todo este capítulo 4, C:4.

En C:4 hablamos de cómo nos las ingeniamos para someter lo incomparable.

Y el capítulo saca a relucir de nuevo a nuestro querido “protagonista” en la sombra… que nos viene persiguiendo desde el principio: el altar interior.

Para proteger nuestro yo separado, buscamos por nuestra cuenta que haya intercambios equitativos; buscamos por ejemplo parejas “adecuadas”, porque nuestro amor vale mucho (*), etc. etc.

Es decir, que para gestionar el amor nos valemos de criterios que no son el amor.

Nos hacemos gestores de lo incomparable (de nuestro propio ser).

Así, nos vamos perdiendo a Nosotros Mismos, a nuestro Yo.

Y así es como expresamos en este mundo de locos nuestro reconocimiento de una verdad: el infinito valor del amor, y por tanto, el que este amor merezca que lo separemos todo lo que podamos de este mundo de locos (**).

En esto, como dice este divertido capítulo, en esto “tenemos razón” (nosotros sí, aunque nuestra locura no la tenga)… y la tenemos aunque todo lo hayamos hecho a costa de conservar la idea de sufrimiento en un corazón amargado.

___

Hace poco también comenté algo sobre C:4, en este enlace de comentarios.

___
(*)

«Cada cual ha albergado un ideal acerca de cómo sería la pareja perfecta, y ese ideal ha cambiado con el tiempo. Quienes están más atados al ego piensan en el estatus y en la riqueza, en la belleza física y en los condicionamientos de una buena crianza. Quienes son más inseguros piensan en una pareja que les colme de halagos, de regalos y de una atención incansable. Quienes valoran la independencia buscan una pareja sana que no exija demasiado, compañera y amante, que resulte conveniente dentro del marco de una vida ajetreada.

» Crees que puedes enamorarte de la persona inadecuada y elegir de una manera mejor basándote en criterios más importantes que el del amor. Crees, por tanto, que el amor es una elección, que es algo para dárselo a unos y no a otros. Esperas ser un ganador en este juego que juegas, esperas ser un elegido a quien le será devuelto amablemente cada gramo de amor que da. Este es un acto de compensación que realizas con el don más sagrado de Dios, y te resientes cuando al dar amor la ganancia es poca. Aun así, en este resentimiento, reconoces la verdad de lo que el amor es.

» En ninguna otra área de la vida esperas tanta imparcialidad, o un intercambio tan equitativo.»

(**)

«En tu percepción, separas el amor de todo el resto de cosas que haces aquí. Crees que esta separación le otorga poca relevancia al amor dentro de otras áreas de tu vida. El amor se ve como algo personal, algo que otra persona te da de manera especial solo a ti, y que tú le das solo a él o ella. Tu vida amorosa nada tiene que ver con tu vida laboral, con los asuntos que atañen a la supervivencia, con tu capacidad para el éxito, o con tu estado de salud y bienestar.»

____
(para encontrar la última versión del pdf del primer libro (en la última revisión que haré de la traducción), visitar el punto 5 del índice del blog,
o bien esta carpeta pública de unplandivino que tengo en google drive )

XI. Un curso de amor, C:5

En este capítulo vamos al meollo de la cuestión: que NO nos hemos estado relacionando con nuestros sentimientos.

Recordamos que los sentimientos emanan de nuestro corazón, del centro de nuestro ser, que no es físico.

Y el único problema está en cómo respondemos a los sentimientos, es decir, en cómo respondemos a nuestro corazón.

Terminamos llegando a un estado, en la vida, donde no estamos fácilmente dispuestos a admitir la relación que ya tenemos y ya somos CON el corazón, y EN el corazón central (una relación que ya está ahí).
De esa relación nos separamos al separar:
– la mente (que funciona gestionando un programa de reacciones basadas en pasado),
– del corazón.

Entonces, la vida nos pilla como desprevenidos, y volvemos a caer en lo mismo. Y nadie tiene “la culpa”, pero sí que facilitamos, con los ambientes donde estamos o los ambientes que creamos, facilitamos que las “nuevas almas” refuercen la locura del ego, o la cordura del espíritu acogedor y realmente expresivo.

Por lo general nos vemos rodeados de personas que tampoco son conscientes de lo que pasa, que también son insensibles respecto a este tema.

Y el tema es que nosotros tenemos y somos esa fuente no física (tenemos nuestra “parte” allí, en el “espíritu”, una parte que es a la vez un todo… como sabemos… “holográficamente”).

En esa fuente se crean las cosas, y allí creamos nuestros sentimientos y la experiencia de nuestra realidad a partir de ellos y de nuestras respuestas ante ellos.

Así que vamos todos por ahí dando vueltas, en este planeta de locos, como sin “manual de instrucciones” (tanto para padres o adultos acompañantes… como para niños).

Y así terminamos volviendo a reforzar la interpretación miedosa de la separación, la idea del sufrimiento, del sacrificio.

Y reforzamos nuestra relación falsa con el miedo…, habiendo interiorizado o asumido los condicionamientos y las sombras de este “mundo loco de miedo” donde hemos crecido, y donde nos hemos identificado como seres separados.

Pero:

«Tus sentimientos en verdad provienen del amor; es tu respuesta ante ellos la que está orientada por el temor.»

Una vez detectado nuestro “problema” en los anteriores capítulos (que podríamos resumir diciendo que “sometemos lo incomparable, para tener el control”), una vez detectado… entonces este capítulo viene como una llamada intensa para que dejemos de someter lo incomparable.

Nos incita a que sintamos más y todavía la unión (o amor) que somos.

Esta sensación de unión, al irla cultivando, nos va a permitir ir dejando de darle tanta relevancia a los pensamientos que normalmente eran de pensamientos de “comparación” (sometiendo lo incomparable que es nuestro ser).

Y vamos a ir teniendo una relación solo con la unión, solo con el amor, para ver/permitir todo desde ahí… pero cuidado: sin aceptar pulpo como animal de compañía.

Es decir, sin “aceptar” en el sentido que el ego le da a ese concepto.

Pues el sentido que el ego le da a la “aceptación” está dentro de este contexto en el que hablamos, donde, normalmente, no estamos o no estábamos relacionándonos con nuestros sentimientos. Al no relacionarnos con ellos, no nos aceptamos a nosotros mismos, a nuestro corazón, de donde emana todo sentimiento (y así vamos separando mente de corazón, utilizando el pasado como archivo de reacciones… y convirtiendo la experiencia en la ilusión de un programa de reacciones).

Este “no aceptar nuestros sentimientos” es algo aprendido, y algo que lógicamente estamos desaprendiendo –a la vez que aprendemos “lo nuevo” (es decir, el eterno y viejo “sistema de la unidad” o del amor…, donde solo el amor es real).

Es fácil ver cómo nosotros los adultos le hacemos a los niños todo el rato esa jugarreta de favorecer que los niños sientan que sus sentimientos están “mal”, tienen algo “raro”, “malo”, etc.

Pero bueno, ahora “perdonamos” esta pesadilla de no-aceptación que hemos vivido en nuestras propias carnes… que de cierta forma hemos “pedido” o hemos “atraído” con nuestro ser total…, y pasamos a entregarnos a todas las uniones que podamos… pero tampoco forzando.

En esos términos de entregarse a la unión habla este capítulo extenso:

«Pues con cada unión, con cada unión a la que te entregas, tu mundo real se agranda, al mismo tiempo que decrece aquello que te atemoriza. Esta es la única pérdida provocada por la unión, y no es más que la pérdida de una ilusión.»

Al unirnos a nuestro corazón, podremos ir dejando fuera de él menos cosas:

«Lo juzgado permanece fuera de ti, y es eso que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y lo real es solo amor.»
[…]
« Adentro está todo aquello que se ha unido a ti; afuera está todo lo que mantienes separado.»
[…]
«Todo aquello con lo que no te unes permanece fuera de ti y es una ilusión, pues lo que no es uno contigo, no existe.
[…]
» Pues con cada unión, con cada unión a la que te entregas, tu mundo real se agranda, al mismo tiempo que decrece aquello que te atemoriza. Esta es la única pérdida provocada por la unión, y no es más que la pérdida de una ilusión.»

¿Cómo utilizamos, en la vida, la idea de “objetivos”?:

«¿Cuál es la diferencia, te preguntas, entre proponerte una meta y alcanzarla, y unirte con algo?

» No sería necesario que fueran dos cosas aparte, pero lo son por tu propia elección, la elección de lograr por tu cuenta lo que quieres.»

Y ocurre lo siguiente:

«El amor es imposible sin unión. Lo mismo vale para la relación. Dios crea toda relación.»

Y por tanto:

«Todo temor es temor a las relaciones y, por consiguiente, miedo a Dios.»

XII. Un curso de amor, C:6

Este capítulo habla de nuestro error a la hora de tratar con el contraste de la dualidad (mal/bien, paz/caos…).

Si nosotros mismos somos quienes de cierta forma creamos las ilusiones…, entonces el único “problema” que podríamos tener con ellas es olvidarnos de ese hecho, de que nosotros las creamos –olvidarnos de nuestro aspecto de ser “creadores”.

Y el único “problema” de ese problema, añadido a ese problema… es que ese olvido ha podido continuar y mantenerse activo, fabricando en nuestra mente un refuerzo de sí mismo, un refuerzo de ese olvido, un refuerzo que llamamos “idea del sufrimiento”.

Así que ahora solo tenemos que conseguir aceptar una percepción verdadera de lo que hemos creado, de su propósito original.

El contraste de la dualidad lo hemos “diseñado” de cierto modo nosotros mismos, y de cierto modo “con Dios” –pues no estamos separados de nada (tampoco del Origen…).

Lo que parece que “nos pasa”, en la tierra, es que usamos ya demasiado distorsionadamente aquel contraste de la dualidad; lo usamos “mal”, vivimos en una especie de error, un error que tiene que ver con el modo de aprender el sistema de pensamiento de lo físico (como dirá más adelante en el curso).

Usamos tan distorsionadamente eso, que hasta llegamos a la idea del sufrimiento, a regodearnos inútilmente en esa idea.
Es como un mundo “perdido” –parece que demasiado perdido para lo que sería habitual en el universo.

El destino de la autoconsciencia en el universo, el destino del nivel de consciencia que ahora “poblamos”… el destino de los seres autoconscientes que ahora somos… no sería tan aparentemente “cruel” como parece serlo en esta tierra, donde tantos miles de millones de personas sentimos o sentíamos que vivimos unas vidas que no tienen ningún sentido –en un mero “continuar”, un mero “seguir estando”.

Y como sabemos, esta época absurda es la que terminó de cierto modo con el acontecimiento Jesús, aunque de ello nos vayamos dando cuenta así como “a cuentagotas” –por ahora.

Al creernos realmente separados, nos alejamos del reconocimiento de nuestro Origen, de sentirlo; y entonces nos creemos “la película”.

Es como si el propósito original de las ilusiones fuera que nos reconociéramos como “siendo Dios”, como creadores, para poder experimentar eso desde este sistema de lo físico, donde podemos observarnos como “desde fuera” de la Relación Santa (única) que ya somos para siempre.

Y entonces, si nos regodeamos demasiado en las ilusiones, perdemos de vista el propósito original, y empezamos a rodar (como una rueda, y como una película) todo lo que conlleva la idea del sufrimiento.

Este capítulo alude a este propósito original, por ejemplo, aquí:

«Todas las palabras, símbolos, formas y estructuras de tu mundo, existen para enseñarte esto, y de la manera más simple y directa posible. No estás solo ni separado, nunca lo estuviste y nunca lo puedes estar.»

Pero es como si nosotros usáramos mal las formas y sus contrastes, en una especie de fallo, error:

«¿Qué es lo opuesto de la separación sino estar unido en relación? Todo lo que se une contigo en relación es sagrado, debido a lo que tú eres. Cualquiera de los contrastes que ves aquí apunta hacia esta verdad. El mal solo se entiende con respecto al bien. El caos solo se ve con respecto a la paz. Mientras consideres que cada una de estas cosas es una entidad aparte, no ves lo que te mostraría la relación.»

No vemos o entendemos a las formas y a los contrastes como indica ahí. No los entendemos como que apuntan hacia esa verdad: somos relación, todo lo que está relacionado con nosotros es sagrado, y todo es en el fondo sagrado porque todo está en el fondo en una sola relación con nosotros (“Dios es Uno”, Uno Solo; y Dios es Uno Mismo).

Separamos oscuridad de luz, mal de bien, y así no nos permitimos sentir la unión con todo (cosa que incluye a Dios, a nuestra “parte” en el Origen central, ese Origen que visitamos tras morir por pura lógica de la creación, por mucho que nos resistamos).

«El contraste pone en evidencia, por eso es una de las herramientas favoritas del Espíritu Santo. El contraste pone en evidencia solo para poder revelar la relación que existe entre la verdad y la ilusión.»

El contraste es “vida en la experiencia”, es vida en este mundo de la experiencia… para manifestar, expresar o evidenciar nuestra Vida interior como una sola relación.

Y es nuestro problema el que nosotros queramos interpretar esa expresión, esa manifestación, para otra cosa que no sea aquel “revelar la relación entre verdad (amor) e ilusión”.

Por nuestras interpretaciones, nos hacemos “sufridores”, en vez de “reveladores” de la Relación que Dios es.
Nos hacemos “absurdo”.

Nosotros somos amor, y nunca hemos dejado de serlo. Por tanto, si usamos el contraste para algo que no nos incluya a nosotros mismos (como amor)… ese es nuestro problema. Y de ahí que debamos ahora primero asumir un cien por cien de responsabilidad por lo creado… y que esa sea nuestra única “salida”.

Pero esa “perdición” que supone cegarnos en inventarnos “nuestro problema”… no es eterna tampoco, aunque sea una especie de “error suplementario” que añadimos como obstáculo al propósito original de nuestra autoconsciencia: crearnos a nosotros mismos de nuevo para expresar y ampliar el aspecto de Dios, el aspecto de la Vida, que llamamos “Creador”.

«Cuando elegiste negar esta relación»…

… es decir, cuando elegimos negar la relación entre verdad (amor) e ilusión (contenida en ese amor para que ese amor que ya somos pueda verse así como desde “fuera”, es decir, pueda EX-perimentarse)…

… cuando elegimos (elegiste) negar esa relación:

«… optaste por un sistema de pensamiento basado en lo contrario de tu realidad».

Nos inventamos un sistema torcido, y así empieza nuestro error en el modo de “aprender lo físico”.

«Así pues, cada negación de la unión revela su opuesto. Lo que está separado de la paz es caos. Lo que está separado del bien es maldad. Lo que está separado de la verdad es locura.»

Juzgamos: “es” locura… “es” maldad… juzgamos habiéndonos olvidado de que nosotros somos LO QUE ES (y todos los demás “es” son subsidiarios de eso, por así decirlo).

Una vez que nos hemos olvidado de que somos la relación (una especie de “ser espacioso” de sentimentos) que alberga toda esa locura, maldad y caos… pasamos a enloquecernos en ese sistema de pensamiento contrario a la realidad… donde otorgamos realidad (juzgando) a tal locura, maldad, caos…

“Juzgar” es esa cualidad de la experiencia, esa actividad que realizamos en este ámbito de la experiencia… donde otorgamos realidad a lo irreal… y así nos provocamos a nosotros mismos sufrimiento, pues somos reales, amor.

Y así, como hemos visto en los anteriores capítulos, asociamos dolor con amor, habiendo separado ya la mente del corazón como centro no-físico de nuestro ser… y sometemos lo incomparable (nuestro verdadero “ES”, amor)… a lo comparable… sometemos el amor a la pura idea del contraste por el contraste, el contraste perdido en las ilusiones… perdiendo así de vista para qué era en realidad el contraste (para el servicio a la experiencia de Dios).

Y así la mente pasa a interpretar separadamente desde esa actitud… y pasa a crear y a mantener la amargura en ese corazón que siente que aquí está pasando “algo raro”… un corazón que siente que esto no es lo que veníamos a “aprender” aquí.

Así que, como somos creadores -lo queramos o no-, entonces, al otorgar realidad a eso separadamente (maldad, etc.)… reforzamos eso mismo… cuando en realidad no se trataba de reforzar las ilusiones…, sino de utilizarlas para sentir plenamente a nuestro Yo verdadero aquí, en lo físico (a nuestro Yo verdadero, a ese que “está” y que “es” la Unidad y la Relación que ya somos con todo. Aquí, a la expresión que permite la experiencia física… venimos a sentir plenamente ese Yo).

Y sigue:

«Y como no puedes estar separado, todos estos factores que se oponen a tu realidad solo existen en contraste con ella. Esto es lo que elegiste crear cuando elegiste simular que puedes ser lo que no puedes ser. Elegiste vivir en oposición a la verdad, y la oposición es algo que tú fabricas.»

Los contrastes mundanos, en vez de usarlos para realzar nuestra realidad… los usamos para “vivirlos” por nuestra cuenta, contrastándolos ilusoriamente con nuestra realidad, con el amor.

En ese movimiento es como nos hemos inventado por ejemplo las falsas batallas entre el mal y el bien… y es como reforzamos esa rueda de interpretación que pusimos a rodar una vez que dimos crédito a “todos esos factores que se oponen a nuestra realidad”… que en realidad “solo existen en contraste con ella”.

Así, damos paso al estado ilusorio de la separación, cuando, en realidad -insistamos- el propósito original de la creación física es “seguir creando”… es decir, mantener la sensación de estar en el Origen, para poder manifestar el aspecto “Creador” en este “afuera” que es el sistema físico que conocemos.

Es decir, lo físico conlleva meternos en la ilusión de que no somos creadores… pero el modo en que nos metemos depende de nosotros… donde vemos que hemos podido exagerar y creernos realmente separados… separándonos artificialmente de reconocer el hecho de que nosotros somos “creadores” de esa ilusión y de toda ilusión.

Así que habría grados en esa ilusión de “no ser creadores”… pues en general no haría falta llegar a alimentar o “idolatrar” hasta tal punto la idea del sufrimiento, esfuerzo, sacrificio (y por cierto, hay muchos más tipos de tales sistemas “físicos”, en realidad, según parece):

«Los contrastes que ves en tu estado de separación crean situaciones en las que sientes que solo hay lugar para una cosa “o” la otra, y que debes optar por una “o” por otra.»

Es decir, solo porque estamos en ese estado de separación que nosotros mismos hemos inventado (que no sería el natural, o más espontáneo)… solo por estar en este estado, interpretamos el contraste así: “o lo uno o lo otro”.

Al estar en ese estado separado solo creemos que son reales las ilusiones… y entonces creemos que las alternativas entre ellas son verdaderas alternativas… cuando en realidad nosotros estamos aquí para ELEGIRNOS (como Dios) a través de las ilusiones… es decir, para experimentarnos y reconocermos (sentirnos) como “Dios” (en todos los sentidos de “sentirnos como Dios”)…, y gracias a las ilusiones… no para creernos esas ilusiones y cegarnos con la idea de que solo hay lugar para una cosa u otra.

Y una vez metidos en ese estado de separación, solo hay dos opciones reales:

«En tanto que la opción por el cielo es en realidad la opción de renunciar al infierno, y la verdad es en realidad la opción de renunciar a las ilusiones, estas son las únicas opciones reales que existen, y no se despliegan en tus ilusiones, sino solo en la verdad. Pues en la verdad, todas las ilusiones se desvanecen, y en el cielo queda para siempre derrotada toda consideración sobre el infierno.»

Y del cielo no hemos salido nunca (más que en ilusiones que no estaban destinadas a que nos las creyéramos a pies juntillas).

Y es que…:

«La paz es simplemente disfrutar tanto del sol como de la lluvia, de la noche como del día. Cuando no juzgas, la paz brilla sobre todo lo que miras, así como sobre cada situación que afrontes.»

___

También comenté un poco este capítulo C:6 aquí.

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