Milagros: ¿para qué sirven? El ejemplo didáctico de las apariciones   Leave a comment

imagen flor¿Para qué sirven los milagros?

Introducción:
Me gusta mucho lo de “enlazar mundos”, ya que el plan de salvación de la tierra (de nuestra mente) no mira religiones, razas, etc… y en todos lados hay demostraciones “didácticas”, llamadas a la unión…, y efectos de esta misma unión que ya somos dentro.
 
Los milagros nos enseñan cosas simples a tener en cuenta, demuestran algunas cosas que son claves para el nuevo modo de ver el mundo que asumiremos en esta nueva era, en este tiempo en que nos vamos a ir viendo a nosotros mismos como Luz, y desde la Luz, por así decirlo (como amor).
 
Así que el texto es para hablar de lo importantes que pueden ser los milagros a la hora de dejar de vernos como lo que creemos que somos… y así invitarnos a pasar a ser lo que somos, y expresarlo.
 
Trata pues sobre esto, sobre que somos haces de luz… y, a la vez, también somos “universos privados”.
 
Y a la vez que todo eso, y englobándolo: somos un solo Espíritu.
 
Por eso es entonces que los maestros ascendidos (las apariciones de Maria son el ejemplo quizá más famoso y constante)… y los que están practicando «ser Luz en modo “ángel”»… etc… por eso es que ellos… decía… pueden modificar (con nuestro permiso espiritual) nuestras mentes, para ver versiones de universo totalmente diferentes de las versiones que ven las personas que tenemos al lado.
 
Porque somos en el fondo, todos, algún tipo de haz de luz, saliendo del mismo “Océano” de Luz.
 
Y es que… como ya sabíamos… nos estamos haciendo a la idea de aquello tan raro: que, en realidad, nunca nunca vemos con los ojos físicos, en el fondo.
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Podemos entender los milagros como un instrumento práctico de enseñanza.

Con los más extraordinarios, podemos hacernos una idea de lo que realmente somos.

Hablando de lo que ocurre en un caso así de milagro, tendremos imágenes que apuntan hacia la nueva era de Unidad que estamos creando -y que nos ayudan a confiar en ella.

Así pues, los milagros nos sirven como ayuda para esbozar esas “imágenes”, para invitarnos a hacernos a la idea de nuestro verdadero ser, de nuestro Yo verdadero en la unidad.

Antes de hablar de ellos, demos una imagen previa sobre lo que somos, pues los milagros nos ayudarán a “creernos” precisamente esa imagen, nos ayudarán a confiar en que realmente somos ese ser que dejará entrever la siguiente imagen que vamos a dar.

Ese ser que vamos a aceptar como nuestro ser, el yo verdadero, el Yo en unidad, lo llamaríamos “ser creador”.

Y la imagen también nos ayudará a tener confianza en que “somos creadores”.

Es como si fuéramos un inmenso haz o foco de “luz”, que constantemente obra en nosotros (y como nosotros mismos).

Y está obrando obviamente el aparente “milagro” de “ver universo” -aunque este “milagro” constante no es al que nos referiremos abajo.

Entonces, es como si el haz de luz que somos se acostumbrara finalmente a habitar y a manejar un cuerpo, para poder interaccionar en el ámbito de otros cuerpos, con otros de esos haces de luz que también han “reducido” su vibración para poder interaccionar entre sí, como cuerpos.

Creyéndonos “solo cuerpos”, por tanto, y sintiéndolo… hacemos una operación extraña, que nos confunde en el fondo, pues nos olvidamos del constante y creativo proceso de “génesis”, de generación desde la luz que “también” somos, y que siempre se está dando (que siempre lo estamos siendo, ese proceso, esa génesis).

A esos haces de luz que somos, lógicamente, también los podemos llamar “espíritu”.

Ahora mismo somos ellos, y todos las enseñanzas y prácticas espirituales no tienen otro objetivo más que el de aclarar el camino y servir de invitación hacia el reconocimiento (sentido) -y en el grado en que podamos- de que realmente sí somos eso: Luz.

Y por cierto, otro “problema” u otra historia, y que ya nos ha dado mucho que hablar, es la de “entender” por qué nos hemos olvidado tanto del espíritu, de ser ese “haz de luz” que somos (por qué o cómo es que nos hemos olvidado de la manera en que lo hemos hecho, en la tierra).

Aquí, en los cuerpos, en esta especie de “dictadura de la percepción”, es como si pensáramos que es incompatible guardar el más mínimo recuerdo de lo que realmente somos.

Es como si pensáramos que tener recuerdos de eso fuera incompatible con las interacciones materiales, cuando, sin embargo, realmente parece que sucede todo lo contrario (eso se nos dice desde el ámbito espiritual, desde siempre): parece que el recuerdo de nuestro Yo de Luz facilita las cosas.

Entonces, en esta tierra quizá sucede que nosotros -los seres que expresamos este nivel de autoconsciencia- estaríamos algo así como bastante “perdidos”, perdidos al respecto de estos hechos, perdidos de la realidad de nuestro ser verdadero, y ello desde hace mucho “tiempo”, visto desde el lado del tiempo. Así que llevamos acumulando muchas interpretaciones erróneas sobre todas las cosas.

Así que nosotros, estando además en este estado digamos “demasiado perdido”, basamos las relaciones que tenemos SOLAMENTE en el mundo de “fuera”, en el mundo exterior de formas, tan denso.

Nos basamos “demasiado” en este mundo, para interpretar “demasiado” nuestra unidad, pues nos apegamos demasiado a ver solo “desde el cuerpo” (por así decirlo)… y el universo nos termina pareciendo totalmente externo e incompatible con la Luz que somos realmente.

Por otra parte, todos los espíritus somos lo mismo en esencia, somos una misma “base”: esos “haces de luz”.

Y aquí viene una clave que vamos a usar para hablar de los milagros como instrumentos de “enseñanza”.

La clave es que, obviamente, dichos haces de luz que somos, es decir, los espíritus, son estas dos cosas (para empezar):

1.- por un lado son nuestros espíritus, de los que hemos hablado ya: los espíritus como nosotros, que se han identificado “mucho” como cuerpos, y que están apegados a identificarse casi totalmente como cuerpos (aunque hagamos eso, en gran parte, con un miedo artificialmente potenciado),

2.- y, por otro lado, tenemos a los espíritus que llamaríamos “ascendidos” (una palabra que sirve como cajón para meter un poco de todo, en el fondo).

Esta, insistamos, es una visión relativa, que depende de nuestra mirada desde aquí, pues ya hemos dicho que en el fondo somos Uno, una unidad de Espíritu, un solo ser.

Lo importante aquí es que, por un momento, y como desde fuera de nuestras coordenadas temporales, estos espíritus del grupo 2 prescinden de tener un cuerpo como el nuestro, y a la vez tienen una plena consciencia operativa de su Origen como Luz eterna y perfectamente libre, en esa Unión espiritual que ya somos.

Y en el grupo 2 tienen un reconocimiento que nosotros también podríamos tener en parte aquí: practican y conocen el hecho de que pueden proyectar, en esta tierra, cuerpos de otro tipo –cuerpos de un tipo que no es el que tenemos ahora nosotros (nosotros podemos tener, pese a estar en el físico, experiencias con otros tipos de cuerpos, a la vez, si creyéramos más en ello).

Entonces, insistamos en que nosotros podríamos reconocer (si “eleváramos” nuestra consciencia) podríamos reconocer ese “poder”, ese cierto grado de libertad, aunque tengamos todavía este cuerpo.

Y entonces, ahora viene el meollo de la cuestión: tenemos que hablar de lo que podría significar, en su caso, aquel “proyectar en esta tierra” cuerpos, pues ahí está la clave de una de las principales “enseñanzas” de este tipo de milagros.

Se trata de que, dependiendo de las elecciones del grupo 2 y de las elecciones del grupo 1 (los que van a ser llamados “videntes”, o “canales”: seres humanos como nosotros)… es decir, dependiendo de las relaciones que tengan esos dos grupos (1 y 2) en el nivel profundo de nuestra unidad espiritual… estos espíritus “ascendidos” se manifestarán y se unirán a otros haces de luz que, como nosotros, sí están en cuerpos físicos normales.

¿Cómo se unen? Podríamos decir que es como que lo hacen “desde dentro hacia fuera”.

Como el universo “sale” de nuestra luz, de nuestro interior… como sale de nuestro haz gigante de luz, estos espíritus no pueden obligar a nadie a elegir “verles”, a elegir unión en ese nivel.

Y las personas que eligen ver las apariciones (“videntes”) en esos momentos están como “en otro mundo”, pero un mundo que sienten como muy natural, muy real. Y en ese estado, las leyes de la física para sus cuerpos ya no funcionan igual –según lo verían quienes estén cerca de los videntes si no están en la misma “fusión espiritual” que ellos, con alguna personalidad del grupo 1.

Entonces, es como si los videntes en esos momentos fueran abrazados por esa Parte Original que todos tenemos, esa parte que es tanto la Fuente de los espíritus del tipo 2, como nuestra Fuente. Y, por cierto, como bien se sabe por las historias de las célebres apariciones de María, estas personas normales se “convierten” al Amor de Dios para siempre, para toda la vida, y además, a veces siguen durante toda la vida viendo las apariciones en días regularmente señalados.

En ese abrazo, vemos pues que sucede como si “ganara” lo más “original” (“original” como relativo al origen): los espíritus del tipo 2, que estarían como en una posición muy natural de atracción irresistible, en el circuito de gravedad espiritual, del que hablamos abajo un poco.

Así, de estos espíritus del tipo 2 podríamos decir que tienen un “grado” de lo que podríamos llamar “reconocimiento”, de discernimiento en cuanto a ser conscientes de estar “en el Origen” (un grado que sería algo objetivable en ese “circuito” de “gravedad” espiritual).

Y ese grado (muy potente) consigue de forma natural tener efectos sobre nuestra dimensión física, pues “lo espiritual” de cierto modo contiene a “lo corporal” y a “lo mental”.

Así que los seres del tipo 2 (y recordemos que no son esencialmente diferentes de “nosotros”, pues en el fondo somos el mismo amor o la misma luz)… estos seres… dicho rápidamente, tienen más grados de libertad a la hora de proyectarse más tipos de cuerpos, es decir: para poder “viajar desde” la dimensión espiritual. Y suponemos que tendrían una gran libertad (por ejemplo en los casos de María y Jesús), una gran libertad para “servirse” de los circuitos de esa esfera espiritual y de los “ayudantes” y amigos que allí tengan, al servicio de la comunicación con esta esfera terrestre.

Así que, repasemos, somos haces de luz –“los grandes rayos” los llamaba Jeshua en el curso de milagros.

Somos luz en haz…, un haz pleno por sí mismo, completo… perfecto… “amor perfecto”… que “desciende” junto muchos otros aquí a jugar a parecer estar unidos en otro sitio que en todo caso solo refleja la Unión de Luz que ya somos.

Aquí, en este “otro sitio”, pero en el fondo dentro de nuestro Yo verdadero como Luz… aquí… jugamos entonces como cuerpos, olvidándonos con otros, y con mayor o menor destreza, de nuestro verdadero ser.

Y, por cierto, la gestión de dicho olvido puede ser muy variada, pues hay muchos tipos de civilizaciones cósmicas… y, además, tal gestión, ya hemos comprobado en la tierra de sobra que nos puede dar muchos quebraderos de cabeza… pues interpretamos demasiado mal lo que nos pasa en estos mundos físicos de experiencia.

Ese “descenso” es, pues, una especie de constante “creación”. Esa reducción o descenso de vibración que supone ser un haz de luz con este tipo de mente y cuerpo que tenemos, enfocado aquí, es también una creatividad potencial constante.

Y toda espiritualidad solo busca por tanto que contactemos con esa creatividad profunda, inherente a ser Luz.

Este “descenso” es pues una activa y constante recreación de esta “película” “densa” de cuerpos, donde todos terminamos aquí pareciendo “posarnos”… pareciendo “aterrizar”, para vivir la ilusión de compartir con otros muchos seres, cuerpos y formas, todo este mundo material y mental, tan increíblemente variado y deslumbrante.

Entonces, a lo que nos referíamos arriba, al hablar de milagros, era a aquellos milagros donde hay varias personas que “ven algo”, pero que perfectamente pueden estar rodeadas de personas no ven nada fuera de lo normal.

En estos milagros, las personas que sí ven -como los videntes de las apariciones de María- parecen de repente poder aislarse del resto de cosas del mundo físico. Es como si hubieran sido asumidas por algo que engloba a sus seres en una dimensión “más interior”, profunda.

Entonces, los milagros están demostrando varias cosas:

A.- que, como espíritus, somos iguales, es decir, somos pleno compartir, plena comunicación, plena fusión creativa potencial… con los seres del grupo 2, con esos seres que luego se aparecen de forma selectiva a la gente del mundo con otros tipos de cuerpos, recreando el universo por entero, etc. Y que, como somos iguales a ellos, no se pueden ni se quieren imponer sobre nosotros ni sobre nadie.

B.- También muestran que, para relacionarnos plenamente, no necesitamos el cuerpo, pues somos luz creadora, aunque estemos en el cuerpo (de hecho, ya seríamos relación, nuestro ser, nosotros mismos…: una sola relación con todo).

C.- también los milagros nos “demuestran” (si lo queremos entender), que cada uno ES una versión, por así decir, “completa”, del universo –que cada cual de cierta forma “contiene” o “es” todo el universo.

¿Por qué demuestran de cierto modo el punto C?

Porque el mundo de los videntes se trastoca por entero. Su mundo se trastoca en ese momento de visión, teniendo efectos en las leyes físicas durante la “visita” de la aparición. Y, entonces, los videntes “ven” a los seres de tipo 2 (según dicen los propios videntes) como muy reales, los sienten de hecho incluso más reales que todo lo que puedan haber visto jamás antes en la tierra.

Así que toda la mente, todo el ser de la persona vidente, se queda como “viendo” y viviendo otra cosa, como en otra película. Todo el universo “cambia”, mientras que los humanos que en ese momento no ven nada, siguen “sintonizando” el universo normal, siguen proyectando de manera normal el universo.

Así, la mente de los videntes se queda como absorbida o atraída -siempre con su permiso interior-, “desde el espíritu”… y el cuerpo lógicamente queda como dentro de esa manifestación y se ve afectado, aunque cuidado y a salvo.

Y esto lo entenderíamos como algo natural si entendemos que hay una especie de jerarquía natural donde, como hemos dicho, todo queda englobado y de cierta forma cuidado desde la esfera del espíritu.

Entonces, lo que ocurre en los milagros nos recuerda la “verdad”, que no es otra cosa que libertad perfecta. Es decir, que nuestro ser es libertad perfecta, que cada uno es completamente libre.

¿Y por qué demuestran tal libertad esos milagros? Porque los seres del tipo 2 (esos espíritus que son en el fondo “iguales” a nosotros, pero que pueden manifestarse y mezclarse con nuestros haces de luz de otra manera, como desde otra dimensión más profunda, es decir, en tanto que haces de luz que salen del mismo Origen que nosotros, pero con consciencia plena de ello, y compartiendo por tanto con nosotros esa consciencia o reconocimiento)… esos seres… decíamos… y sus compañeros sobrenaturales, además de todas las herramientas que tengan a su disposición… todo ello… puede hacer que los espíritus de tipo 1 les vean (que nosotros en algún momento les “veamos”), pero solo si lo aceptan –si lo aceptan o aceptamos desde esas dimensiones interiores que somos, donde somos libres.

Este es el caso de los milagros que llevan la firma del espíritu ascendido que llamamos María (llevan la firma, y a veces su propia imagen en forma humana, pero en otro tipo de cuerpo).

Este espíritu, María, se presenta y lleva a cabo, con muchos otros, este plan de salvación terrestre que está actuando más o menos invisiblemente en la tierra. Estos espíritus se presentan mezclándose con varios de nosotros, es decir, de esos “haces de luz” que somos… y, al estar en esa posición “abarcante”, se presentan como “todo un nuevo universo”, a una o varias de las personas llamadas “videntes” (pues pueden ser grupos, como ocurre en un santuario actual bosnio, Medjugorje).

Repasemos ahora otra cosa.

Así que, siendo nosotros esos haces de luz, esos “grandes rayos”…, nos habituamos a vivir en un cuerpo, a manejarlo, a percibir (eso nos parece) solo desde él, solo como el cuerpo, solo en tanto que cuerpos (con todas las historias relativas al tiempo… etc.).

Y esto es… ¡una maravilla!, pues cuando estamos en las tierras estamos como viendo aspectos de nuestro ser Total…, pero los estamos viendo así como desplegados…, estamos como “viendo a Dios” pero como desde fuera…, estamos viendo a Dios como Creación… pero con la Creación como vuelta del revés… y como si fuera todo “analizado” en un cuadro de lo que llamamos “cuatro dimensiones”: tiempo y espacio.

Y es que…, contemplemos la maravilla de lo que “vemos” y “somos” aquí…, lo que tenemos “gratis”:

– la materia: el circuito material, un mundo compartido.
Todo lo que vemos y que está sometido a esa “fuerza de la gravedad” como relación más general –la gravedad física que “reúne” a lo material.
La materia… con miles de increíbles formas e interacciones, con tipos y más tipos y niveles y más niveles de vida y de no-vida…, y que sentimos y habitamos con esa otra “parte de la materia” que es nuestro cuerpo.
Sentimos nuestra base material desde ese instrumento increíble que es el cuerpo… desde “otra parte material” que, gracias a que está limitada, gracias a sus límites, puede interaccionar en y con el mundo exterior, y también en tanto que materia.

– la mente y sus significados: el circuito mental.
Interacciones mentales invisibles, que ya no parecen poder responder a la gravedad física, pero que, según algunas revelaciones, sí tendrían una especie de “circuito” equivalente, y responderían a cierta atracción “gravitatoria” mental.
Aquí se muestra todo un mundo de relaciones también deslumbrantes si tenemos apreciación de ello, basadas en mundos de significado.
Es como otro mundo compartido, como el material.
Está como englobando al material.
Un mundo de significados deliciosamente compartidos y variables, inmateriales, significados que, por cierto, nos parecen servir como de puente entre lo que parece más espiritual (el mundo del tercer circuito que ahora veremos), y que también en parte se apoya en lo material… pero que nos une y nos conecta con la unidad mental que ya somos.
Es decir, lo mental trabaja y explota nuestra unidad como en otro nivel, nuestra unidad como mente que engloba a la materia, pero que de cierto modo está englobada por:

– el espíritu: el circuito espiritual, que podríamos llamar de los “valores”, pero que obviamente NO lo decimos en sentido moralista, sino como algo objetivo que aquí no podemos entender con nuestro tipo de mente.
Sería algo objetivo sobre el funcionamiento concreto de esa especie de Relación Única, de Un Solo Ser, que ya somos ahí Dentro… siendo como en el fondo un Solo Espíritu, un solo haz de luz que se divide para verse así como “desde fuera”. Dios-Uno.
Podríamos pensar en los efectos de ese circuito… los efectos que sentimos… por ejemplo en el mundo mental: la atracción espiritual parece hacer que los significados adquieran “vida”, como si se elevaran… se armonizaran bajo los efectos de la verdad…
Y también los cuerpos: estos son como cuidados o abrazados por otras “leyes” cuando atendemos la llamada de la atracción espiritual.

La atracción espiritual parece poder guiar nuestro cuerpo-mente hacia algo más allá del mundo del circuito mental y material… más allá de lo significable y de lo materializable, más allá de los poderes de los dos primeros circuitos.

Guía hacia ello y desde ello, como en otro tipo de “fuerza de gravedad” que no sería ninguna de las dos anteriores.

Esas “vibraciones” que sentimos dentro, podemos interpretar que reflejan ese “mundo espiritual” donde realmente estamos.

Las sentimos como un efecto de atracción: atracción hacia esa unidad de luz que somos.

Y esa atracción hacia la Luz, a veces se puede reflejar en las vibraciones de amor que sentimos en lo físico, como atracción hacia otros cuerpos y hacia el mundo material o el mundo de significados, y todo en el fondo para una especie de “expresión de la unidad”.

Así que pese a que nosotros seamos a menudo “haces de luz” que ya no se sienten casi nunca como pura luz, sino como muy “aplastados” en los cuerpos… pese a ello… estamos siempre “tocados” por el espíritu -en nuestro estado de olvido-, y lo reconocemos.

Esas vibraciones que llegan hasta nuestro cuerpo… las vibraciones que llamaríamos amor… que a veces, en un modo de pensar reduccionista, quizá asociemos con meros cosquilleos químicos… esas vibraciones… impulsan e inspiran hacia “algo más grande” siempre, en una especie de elevación hacia la unión.

Otra asunto será luego el de las respuestas o reacciones que tengamos ante esas llamadas y esas vibraciones “espirituales”.

Esas respuestas nuestras siempre contendrán alguna distorsión, y, por tanto, luego quizá echemos la “culpa” al espíritu (“a Dios”, etc.)… le echaremos la culpa… de lo que se nos ocurra… como siempre. Y, sin embargo, los únicos responsables aquí somos nosotros, debido a cómo reaccionamos ante “las llamadas” de nuestro espíritu.

Esas llamadas, en esta tierra, sabemos que han sido muy distorsionadas en la historia, con conceptos muy aberrantes sobre la Vida y sobre Dios, sobre el Origen, la Luz.

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