«El guión está escrito». Haskell: «7 nuevos textos de Haskell-Jeshua»   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, punto 3, para encontrar los enlaces a este y otros textos de la transmisión de Haskell.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que iré completando.
– Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló teniendo en cuenta la personalidad de Jesús –tras la muerte de Helen, la escriba de UCDM.]

El guión está escrito (Brent Haskell – Jeshua)

Saludos para vosotros, hoy.

Soy Jeshua, y he venido, como siempre, para comentar contigo Un curso de milagros.

Durante algún tiempo has estado forcejeando, por así decirlo, con algunas palabras que he colocado en Un curso de milagros. Son estas: “el guión está escrito”.

Y a lo que me refiero con eso, es que todo lo que parece suceder aquí, ya ha sucedido. El momento en el que vais a entender la verdad acerca de quiénes sois vosotros, ya está establecido. Está en el guión. Así que es como si ya se hubiera colocado en un cierto fotograma de la película que estás representando, de esa que llamas “tu vida”. Y solo cuando llegues a ese fotograma y a ese momento, a ese momento aparente de tu tiempo, vas a entender realmente.

Y te he dicho que el tiempo solo parece ir en una dirección, que tan solo lo parece. Y todo esto vemos que te hace confrontar ciertas paradojas, ¿no es así?

Aquí, en tu vida terrenal, ¿qué puedes hacer? Te he dicho siempre que, cuando llegues a ese punto temporal donde vas a entender, cuando llegues a tu momento de despertar, en ese mismo instante, vas a constatar esta verdad: que no hay nada que necesites hacer.

Pero tu pregunta hoy va incluso más allá. Porque, de hecho, ¿hay algo que puedas hacer en absoluto? Si estás impaciente por conocer la paz de Dios, ¿puedes, en tu tiempo, acelerar el proceso? ¿Puedes ser tan diligente como para conseguir que llegue antes ese momento, en tu tiempo? El tiempo que te pases estudiando, reflexionando, o simplemente estando callado, ¿marca alguna diferencia en absoluto? ¿O bien tú simplemente te despertarás, un día, y dirás, “ajá, ya veo”?

Ahora bien, te he dicho tantas veces –¿no es así?– que este mundo nunca sucedió… Y te he dicho que este mundo es tan solo una ilusión. No es real. Aunque sí sabes cuál es uno de los aspectos de la realidad misma: que la realidad está impregnada de poder creativo. Aquello que es real, es de Dios. Tú eres de Dios. Tú, la realidad de lo que eres, eres real. Pero este mundo, ah, este mundo no es real.

Y eso, ¿qué conlleva decir eso? Conlleva que vuestros cuerpos no son reales; que todos los aspectos que ves en el espacio y el tiempo, los cielos y las alturas, la tierra que pisas, las flores y los árboles… que nada de eso es real. Todo eso surge solo de tu imaginación, por así decirlo.

Y esto forma parte de lo que ya te he dicho, pero que te resulta tan difícil: los pensamientos que crees que piensas, no son reales. Los pensamientos de los cuales eres consciente no son pensamientos reales. Y eso significa lo siguiente, tal y como ya te he dicho: Los pensamientos que crees que piensas, los del cerebro, por así decirlo, los pensamientos del espacio y del tiempo, no son reales. Y como tales, escúchame bien, no tienen poder creativo.

Entonces, ¿puedes tú –con tu pensamiento, tus planes, tus esfuerzos, tus haceres y deshaceres, en este mundo–… puedes tú, acaso, cambiar algo… puedes hacer algo en absoluto? Y la respuesta es necesariamente que no. La respuesta, necesariamente, es no.

Esta es la lucha fundamental con la que tienes que lidiar en tanto que creas que tú eres tu ego. Y ya te he hablado sobre ello, llamándolo “problema de la autoridad”. Como ego, como un ser consciente pensante, aquí, y como un ser que parece tener vida y que parece tener elección, y que podría parecer quizá que tiene algún poder asociado a sus elecciones, como ego… ¿hay algo aquí que puedas hacer? Y la respuesta es: no.

Considera, por un momento, qué ocurriría si esto no fuera así. ¿Qué sucedería si tú, con tu pensamiento consciente, pudieras de hecho cambiar tu mentalidad, y ver tu vida o tu mundo cambiar? Entonces, eso requeriría que tus pensamientos, los pensamientos de este mundo, tuvieran poder creativo. Supón que pudieras, con tu cuerpo, realizar actos, hacer cosas, que pudieran cambiar tu mundo. Eso supondría que los cuerpos tendrían poder creativo dentro de sí mismos. Y eso significaría que los pensamientos de la consciencia, y el cuerpo mismo, serían de Dios. Lo que tiene poder creativo tiene necesariamente que ser Dios Mismo, así como tú, en tu realidad, tienes poder creativo y eres Dios.

Así pues, ¿cómo lidiarías con este asunto si te digo, como realmente te estoy diciendo, que nada de lo que hagas en tu vida marcaría ninguna diferencia en absoluto? Pues una de tus mayores pasiones, una de tus mayores preocupaciones a la hora de ser alguien amoroso y dedicarte al camino espiritual –para muchos, para tantos de vosotros– es que pensáis así: «quiero marcar la diferencia; cuando mi vida acabe quiero ser capaz de levantar la cabeza bien alto y decir: “marqué la diferencia; cambié mi mundo”». ¿Y sabes de qué se trata cuando decís eso? Realmente, no es más que la voz del ego, implorando a gritos no morir.

Pregúntate a ti mismo lo siguiente: si este mundo no es real, si no es más que una ilusión, si no causa ningún efecto de ningún tipo en toda la eternidad, entonces, ¿por qué importaría que tu vida aquí “marcara la diferencia”? Eso también es una ilusión. Así pues, ¿importa si vas a ser un estudiante de Un curso de milagros, si vas a ser un profesor de Un curso de milagros, si vas a escribir libros, compartir sabiduría mediante charlas, conferencias, talleres… importaría eso? Y la respuesta es, ciertamente, que no.

Palabras duras, ¿verdad? Pues parece que acabo de decirte que todos tus esfuerzos, todo lo que querrías intentar lograr de bueno en tu vida… no importa nada en absoluto. ¿Recuerdas que he dicho en Un curso de milagros que “tu única meta es aceptar la Expiación para ti mismo”? Y recuerdas también las palabras que dije, sobre aquello de que la experiencia no puede ser dada directamente(*). Lo único que tienes que ofrecer es la visión de Cristo, la visión del Espíritu Santo.

Y la visión en sí misma, escúchame bien, no tiene poder para cambiar. La visión no es sino la experiencia que tienes dentro de ti cuando tú, en un momento, ves este mundo de forma diferente, cuando tú perdonas este mundo. Y esa, como te he dicho, es tu única función: perdonar este mundo, perdonarte a ti mismo, perdonar a tu hermano, perdonarme a mí, y perdonar a Dios Mismo.

¿Has recibido esas palabras en el mismo centro de tu ser? Tú perdonas a través de la visión. Perdonas no a través de la acción, no haciendo, intentando… y sobre todo no estudiando, debatiendo y discutiendo…

Así pues, ¿esto qué significa? Lo que significa es –y debes escuchar bien aquellas palabras, y que puedes encontrar también en Un curso de milagros si las buscas–, lo que significa es que tienes que acoger esas palabras y experimentarlas. Porque hasta que no lo hagas, no reconocerás la paz de Dios. Escúchame bien.

Así que si tu vida no importa… ay, ¿he dicho eso? ¿Dije que tu vida no importa? ¿O dije que no hay nada que puedas hacer para cambiar nada? Aquí hay una diferencia. Realmente no hay nada que puedas hacer para conseguir que llegue antes el momento de tu despertar. Y si sientes que ya has despertado y deseas dar ese regalo a tus hermanos y hermanas, no hay nada que puedas hacer para acelerar el momento de su despertar, igualmente. El guión está escrito. El tiempo está marcado.

El tiempo solo parece ir en una dirección. ¿Qué significa eso? Crees en causa y efecto. Y crees que ambos están separados. Y eso al final es tu creencia en tu tiempo. Porque crees que una acción, un pensamiento, una palabra, una obra, ahora, provocará un cambio. Si ves, la palabra “provocará” te habla de futuro, ¿lo ves? Crees que una palabra, una acción, un pensamiento, ahora, puede afectar a lo que vas a ver en el futuro. Y esto no es para nada así.

Te he dicho que cada momento singular de tu tiempo es totalmente independiente de cualquier otro momento de tu tiempo. Eso es lo que conlleva decir que la causa y el efecto no están separados. En ausencia del tiempo, el Hijo de Dios imagina lo que sea que él quiera, y, en ese mismo instante, está hecho, y sin retraso. No puede haber retraso; el retraso no es sino una ilusión.

Y entonces, todos tus esfuerzos para convertirte en algo no son más que tu deseo de adorar al tiempo, y de consagrar aquello que llamarías “futuro”, el resultado. Y el mayor de los engaños del ego es creer que lo que llamas “futuro” es algo que resulta del pasado. Y si así fuera, entonces puedes engañarte más aún a ti mismo creyendo que lo que hiciste en un momento afectó al siguiente. Y, por tanto, crees que tienes poder creativo.

La naturaleza de Dios, el hecho de que el tiempo mismo no exista, hace que sea imposible que pueda ocurrir eso. En este mismo momento, o bien reconoces la paz de Dios, o bien no. Y en el siguiente, lo mismo, y en el siguiente, lo mismo, y en el siguiente… lo mismo. Y el espíritu creativo, que se encuentra en el centro de tu ser, siempre conoce la paz de Dios.

Tú, Mente, ¿has dejado de crear, ni tan solo por un momento, al inventarte un mundo de ilusión? Escúchame bien. Crear es ser. Y dejar de crear sería dejar de ser. La Mente nunca duerme. Está creando a cada momento. Eso ya te lo he dicho. ¿Y qué es lo que crea la mente?: nada más que amor, pues eso es todo lo que hay.

Este mundo, te lo aseguro –y este hecho se encuentra en el mismo núcleo de tu perdón– este mundo, cada aspecto de él, es amor que está siendo expresado. Y en tu perdón, cuando despiertes, en tu momento de despertar, reconocerás que eso es cierto. Y en eso consistirá el perdón que buscas. Y en tu perdón, encontrarás la paz de Dios.

¿Puedes entonces, desde el marco del ego, desde la consciencia, puedes racionalizar, comentar, descubrir, debatir y encontrar, averiguar… cómo es que este mundo no es otra cosa que amor? Escúchame bien: Absolutamente no. Es el marco de este mundo lo que te aprisiona; es este marco, el que empleas para formar lo que llamas “ego”, aquello que tú crees que eres, pero que no eres… lo que te aprisiona. Desde el dominio del ego, no puedes descubrir, no puedes encontrar la visión, la visión del Espíritu Santo, la visión de tu Único Ser, la visión de Cristo, la visión de Dios –y todo eso es lo mismo.

¿Cómo entonces encuentras la paz de Dios? ¿Recuerdas que te he dicho que solo tienes una opción en este mundo… y que es esta: “cuál voz escucharás, a cuál atenderás”? Una sola elección: la voz a la cual escuchar. Te he dicho que no hay nada que puedas hacer para acelerar el momento de tu despertar, o el de tu hermano. Tu única meta es perdonar. Tu única meta es aceptar la Expiación para ti mismo, que es exactamente lo mismo.

Realmente no hay nada que puedas hacer. Porque si no fuera así, este mundo estaría totalmente impregnado de poder creativo, y sería real. Y eso que pretendes estar viendo sería Dios Mismo. Y el universo sería un lugar de miedo y de horror. Y no es así –escúchame bien.

¿Cómo elegir entonces escuchar la Voz de Dios? ¿Cómo puedes elegir escuchar la voz del Espíritu Santo? Hay que tener en cuenta que cuando haces esa elección, entonces, lo que llenará tu discernimiento, será la visión de Cristo. Pues verdaderamente, entonces, lo que ocurriría es que tu Único Ser, el Espíritu Santo, Yo, Dios Mismo… y en caso de que eligiera mirar hacia este mundo… solo vería con la visión –y no vería nada más que amor.

¿Cómo eliges hacer eso, entonces? Solo hay una manera, pues la elección que tienes, la elección de qué voz escuchar, no es realmente una elección en absoluto. Entonces, incluso hasta en este caso, en el de elegir a qué voz atender, no hay nada que puedas hacer. Escúchame bien, pues esto ya te lo he dicho antes.

El Espíritu Santo, la Voz de Dios, aquello que trae la visión de Cristo, habla con el más calmado de los susurros que te puedas imaginar jamás. Y la verdad es esta, hermanos míos: escuchas la Voz de Dios en tu silencio. La única elección que tienes es la de estar en calma, abandonar los mecanismos de tu mente consciente. Pues cuando no piensas, quedas libre de los ajetreos de este mundo, y ya no te consumes en la pasión de dialogar, debatir, estudiar, pensar… o de emplear tus pensamientos para convertirte en algo… Y cuando te liberas de eso, entonces, en tu silencio, llega un susurro, la Voz del Espíritu Santo.

Y al asentarte en tu silencio, algo más que solo un momento, entonces, llegará exactamente esto: una visión. Y surgiendo desde ese silencio, te será ofrecido un nuevo mundo. Pero no habrá cambiado nada en absoluto. Te será dado un nuevo mundo porque, al mirar a tu mundo y experimentar dicho mundo más allá del dominio del ego, te las verás cara a cara con la visión de Cristo. Y todo lo que verás será el Amor de Dios. Y todo lo que experimentarás será el Amor de Dios.

¿Y qué harás en tu vida? Celebrarás. Porque la plenitud del discernimiento de ese Amor hará que te resulte imposible no hacerlo. Escúchame bien hoy. Esa es la medida de tu perdón. Al mirar a tu mundo, ¿ves otra cosa que amor? Al contemplarlo, ¿ves algo más que amor en acción? Al contemplar tu mundo, ¿estás repleto de gozo y maravillado ante todo ello? Y al contemplar tu mundo, ¿estás lleno de una paz total, y no deseas cambiar nada? Pues, ¿por qué alguien querría cambiar al perfecto Amor de Dios? ¿Lo ves?

Entonces, ¿qué hacer en tu vida, si todo lo que vas a hacer no importa? Y esto también te lo he dicho. ¿Cómo reconoces que eres feliz? ¿Reflexionas y debates, o simplemente sabes, conoces… en el mismo corazón de tu ser? ¿Cómo saber si estás lleno de amor? ¿Debates sobre el significado del Amor? ¿Defines el amor y escribes libros sobre él, o simplemente experimentas aquello que él es? Y la experiencia, como te he dicho, está más allá del pensamiento, más allá de tu mente pensante, más allá del dominio del ego.

Entonces, ¿qué hacer? Simplemente, experimentar tu vida. Y si quieres hacer eso, no planees ni un solo momento del futuro, simplemente experimenta tu vida. ¿Y recuerdas aquellas palabras? Las dije incluso hace dos mil años, y una y otra vez las dije… en tantos lugares y momentos… y una vez más en Un curso de milagros. Si quisieras simplemente experimentar tu vida, ¿qué harías? Y la respuesta es tan extremadamente simple que quizás nunca la hayas podido escuchar. Si quisieras simplemente experimentar tu vida, seguirías el camino que te marca tu propia alegría, tu gozo.

¿Crees que bromeaba cuando dije: “la voluntad de Dios para ti es perfecta felicidad”? Y cuando te di la afirmación que dice: “míos son la paz de Dios y el gozo de Dios”. No, en absoluto. ¿Qué ocurre si tu alegría no te conduce a estudiar Un curso de milagros? ¿Qué deberías hacer? Seguir el camino que te dicta tu propia alegría. ¿Qué ocurre si tu alegría no te conduce a escribir libros e ir a talleres o seminarios, o dialogar con tus hermanos sobre la naturaleza de la verdad? ¿Qué deberías hacer? Seguir el camino que te dicta tu propia alegría. Te lo aseguro, si no estás siguiendo ese camino, no estás para nada cerca, en absoluto, del descubrimiento de la paz de Dios.

¿Puedes acelerar tu tiempo? No, ciertamente. ¿Puedes tener gozo en tu vida? Sí, puedes. ¿Qué sucedería si realmente pudieras entrar en tu silencio y abrieras tu ser, tu corazón, por así decirlo, a la presencia del Espíritu Santo, a mi presencia, a la Voz de Dios? ¿Qué sucedería si hicieras eso? El tiempo mismo colapsaría. También te he dicho ya esto. Los milagros colapsan el tiempo. Estas no son palabras nuevas para ti, ¿no? El único momento en que el tiempo puede colapsar es cuando entras en tu silencio. Y las únicas actividades que pueden conducirte hasta ese punto donde el tiempo colapsa, son las que te brindan alegría.

¿Y cuál será la medida de tu gozo? Te lo he dicho muchas veces. Si crees que estás experimentando alegría, verdadero gozo, entonces pregúntate: “¿Podría ser que algo de este mundo amenazara mi alegría?”. Y si la respuesta es “sí”, entonces, no es el gozo de Dios. Es todavía el ego, clamando e implorando por ser escuchado, y tratando de convencer a alguien, en alguna parte, de que él existe –lo que por supuesto es falso.

En el momento de tu silencio, en el momento de tu gozo, en el momento del colapso del tiempo, entonces, todo tiempo se convierte en el mismo instante. ¿Oyes bien esto? Y, en ese instante… en ese instante del para-siempre, en tu tiempo, según colapsa este tiempo en un solo instante… te encuentras con el momento de tu despertar. Y a eso lo he llamado Instante Santo, ¿verdad? –el momento del milagro. Y eso es exactamente lo que es: el momento del milagro, en el cual, el tiempo colapsa.

Pero recuerda que no puedes hacer que suceda. No puedes imaginártelo. No puedes debatir y descubrir lo que es. Nunca puedes, jamás, jamás, darle esa experiencia a alguien más. Lo único que puedes hacer es entrar en tu propio silencio, donde escuchas y estás en calma, y donde escuchas la Voz de Dios, y donde alcanzas la visión de Cristo, y donde ves un nuevo mundo –no un mundo que habría cambiado, sino el mismo, visto con nuevos ojos.

Y en ese momento, ya no verás un mundo de ilusión. La ilusión se marchará, incluyendo la ilusión del tiempo. Y en el momento del para-siempre, despertarás. Y en tu despertar, tendrás dentro de ti la visión de Cristo.

¿Puedes forzar a alguien a que consiga eso? No, ciertamente. Pero tú, al mantener tú esa visión, entonces, se hará disponible para todos y cada uno… a través de todo el espacio y el tiempo… del pasado, del presente y del futuro… para poder experimentarla y celebrarla. Y en ese momento en el cual experimentas realmente esa visión, como te he dicho, entonces, tu silencio y el gozo que se podrán encontrar ahí, te van a convertir, y sin ningún esfuerzo, en el salvador del mundo. Y tu vida, momento a momento, se convertirá en algo que va a ser bendecido de una forma más allá de todo lo que puedas comprender, incluso aunque los momentos en tu espacio y tu tiempo no hayan cambiado ni un ápice.

Mis bendiciones para todos vosotros. Eso es todo.

___
(*) Sobre el tema de “dar la experiencia”, ver por ejemplo la lección 158 del libro de ejercicios de Un curso de milagros: “Un maestro no puede dar su experiencia, pues no es algo que él haya aprendido. Esta se reveló a sí misma a él en el momento señalado” (versión ucdm de J.L. Cortés)

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