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imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, C:14
II. C:17
III. La vía del corazón, L11
IV. La vía del corazón, L12
V. La misión de la experiencia
VI. Un curso de amor, C:26
VII. Recordando, de Walsch: proceso no es igual a principio
VIII. Un curso de amor, C:30
IX. Repasando: la negación, el miedo
X. En Casa con Dios (Walsch)

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I. Un curso de amor, C:14 (revisado)

«El propósito de la vida que compartes aquí con tus hermanos y hermanas ha sido desafiar la creación de Dios. Ahora, ese propósito común debe transformarse en el de recordar quién eres dentro de la creación de Dios, más que en el mundo que has fabricado. Dedícate a pensar en esto unos minutos y comprenderás la enorme diferencia que existe entre ambos propósitos».

Este capítulo es muy interesante, deja algunas cosas muy claras, como por ejemplo el tema de “ser nuestro universo” (me gustaría que pudierais comentarme cualquier cosa concreta sobre estas traducciones y revisiones que ando haciendo, para dejar más bonita esta revisión de la traducción de UCDA, y otras).

Este capítulo trata de varios asuntos, entre ellos el importante de cómo hemos fabricado nuestro concepto de mundo, frente a la Tierra de nuestros amores 🙂 :

habíamos hecho un mundo para “pegarnos” en él, para luchar en él… y, recordemos: para ser mejores. Y no para ser mejores que nosotros mismos, sino mejores que “los demás” –reforzando así la idea de la separación, pero “malinterpretada”.

Y así, con esa lucha, en nuestro concepto de mundo pensamos que podremos conseguir un Cielo (recompensa).

Pero este Cielo precisamente lo alejamos de nosotros al pegarnos entre nosotros, en el mundo, al luchar… es decir, al seguir viviendo en nuestra ilusión de ese tipo de “mundo” –dentro del concepto de “mundo”.

Y este concepto se opone a la abundante Tierra, y al Dios interior abundante (a ambos a la vez). Por tanto, nuestro mundo se “opone” a las infinitas relaciones dentro de la Tierra, en ella; se opone también a las relaciones dentro de nuestro Yo en unidad, en Dios; y también se “opone” a las relaciones “cósmicas” que ya somos, las que mantiene la Tierra y las que mantenemos con todo en el Universo –pues la relación “santa”, interior, es ya una sola e inquebrantable, sin poder excluir nada.

También ese “mundo” donde vivimos era para protegernos de cosas, manteniendo así nuestra relación con el miedo, y a la espera quizá de poder conseguir pasar el tiempo, pasando inadvertidos… hasta que la verdadera vida pueda llegar, quizá (y si acaso tras la muerte, y, en el peor de los casos, sin esperanza alguna de que haya nada “tras la muerte”).

Esta es de hecho la definición de ese “mundo que no existe”. Esto es lo único que no existe aquí. No existe ese pensamiento, ese modo de vivir ilusorio, en el que hasta ahora estaba la humanidad, viviendo de este modo apegada a la idea del sufrimiento, en esa perspectiva que teníamos sobre la vida (es decir, sobre Dios = Vida).

Y es que, como sabemos, el Cielo donde siempre estamos sí “existe”, y nunca hemos salido de él aunque no nos lo parezca, a veces, porque no nos atrevemos más a demostrárnoslo a nosotros mismos, siendo quienes realmente somos, a cada paso.

«¿Qué creador haría un mundo en el cual el logro más elevado de la vida en él fuera abandonarlo, para así poder ganar la vida?»

II. Un curso de amor, C:17

Para volver a casa, debemos reconciliarnos en el fondo con nosotros mismos, pues el único problema era que no hemos sido “nosotros mismos”.

Pero… tenemos un “problema”: que ese “nosotros mismos” no es lo que creemos cuando estamos en nuestro estado no-perdonado… y conlleva cambios que tememos, cambios reales perceptivos.

Así que este curso tenía que tratar muy explícitamente de esa identidad, ese “nosotros mismos”, pues se trata de no perderla, de no ser ya nunca más “solo un ego” sometido a los bandazos del miedo…, sino un Yo en unidad que aloja o abraza compasivamente las ilusiones que se dio cuenta que él mismo estaba creando, para “relacionarse” en la distorsión.

En el capítulo 14 se decía que con nuestro mundo humano estábamos desafiando la creación de Dios (= distorsión).
Ese era el propósito subyacente a nuestro concepto de “mundo”, en plena distorsión.

Y se dijo, en C:14, que ahora el propósito era radicalmente diferente de ese, pues se trata de recordar quiénes somos en la creación de Dios (aunque estemos en las formas).

Aquí en C:17 lo dice así:

«Y ahora tu mente y tu corazón deben trabajar en unidad para cumplir con la función que hemos establecido para ellos —devolverte tu identidad en la creación de Dios».

Todo el propósito del curso de amor es establecernos en esa identidad, radicada en ese Ser en unidad que somos, cuyo “espacio” está desde siempre “guardado”, como reservado para nosotros –un Yo que está unido al Centro de donde salimos en tanto que “Luz”, podríamos decir.

Es decir, todo el propósito es el de integrar una tensión esencial, que es la madre de todas las tensiones y dualidades: entre tiempo y eternidad.

Las tensiones son creadoras, solo es nuestro modo de entrar en ellas, de interpretarlas y crearlas con interpretaciones, lo que nos hace verlo problemático.

Así que se trata de pasar a una especie de “nueva era”, una nueva era que es nueva porque alojaremos de forma diferente las tensiones en nuestra Mente… dándonos cuenta de que no estamos a merced del mundo, y de que las tensiones no son malas (el mal /el bien, frío/caliente).. sino que solo son lo que da la vida a este mundo de ilusión, un mundo de relaciones, y solo nuestra interpretación y nuestra perspectiva condena a este tipo de creación en realidad neutral.

Y eso lógicamente conlleva un “cambio perceptivo”, mientras vamos sanando, al unirnos al ser de amor que somos en unidad.

Este capítulo trata un poco de esos miedos que tenemos a lo desconocido:

«Llegar a ser consciente de lo que no eres consciente no tiene que ver con magia, superstición o demencia. No obstante, te proteges de ello como si conocerlo fuese a cambiar la naturaleza del universo mismo. Lo que en realidad cambiará es tu percepción del mismo. Esto es lo que al mismo tiempo deseas y temes, del mismo modo en que deseas y temes conocerte a ti mismo».

Esos miedos esta sociedad los gestiona, como se ve, recurriendo por ejemplo al juicio de “locura”:
todo lo que se salga de las “percepciones normales” era a menudo metido en el cajón de “la locura”.

Ese juicio es como un resorte automático mental, que nos sale íntimamente: “ese ve algo raro, entonces estará loco”.

Esa era una de las maneras, pues, que empleábamos para separar este mundo temporal de la Eternidad que somos.

Lo separamos con una mente exacerbada en su poder de juzgar, analizar, separar, condenar lo nuevo, lo raro…

Así que nuestro problema es que nuestro ser es más “grande” de lo que creemos aquí que es — de lo que creemos cuando somos adultos.

Una vez que estamos sumergidos de lleno en la experiencia mundana de la separación de este “mundo adulto” y serio, donde reinan las “preocupaciones”, nos sumergimos en una especie de modo perceptivo muy especializado, y muy “duro”, de ser… y pasamos a nadar en ese miedo que es “lo normal”, un miedo exacerbado y reforzado por todas esas creencias que tan a menudo pasan tan inadvertidas… las creencias en torno a que “los errores no tienen vuelta atrás”.

Ese es, como vimos, el concepto de pecado, en el que casi todo el mundo cree (menos los niños)…, ya se sea ateo, o ya se sea religioso, etc. (casi todo el mundo).

Todo el mundo cree en el pecado al haberse creído el mundo físico, al haberlo interiorizado ante todo y primero de todo (al haber interiorizado el “mundo físico” antes que las leyes naturales del amor).

Todo el mundo creemos que algo puede ser REALMENTE irreversible, que los errores pueden ser irreversibles (real y completamente irreversibles, en toda la realidad completa, es decir, la que engloba a la realidad del alma, esa que tememos y a la vez anhelamos… en este movimiento y esfuerzo con el que constantemente impedimos que entre aquí nuestro “Yo en unidad”).

Al habernos “tragado” completamente lo físico, favorecemos esa creencia que sostiene esa perspectiva o fundamento esencialmente miedoso para nuestro mundo, pues por supuesto ocurre que, en lo físico, de entrada todo nos parece irreversible:

«El pecado es simplemente la creencia en que no puede haber corrección. Este es el error que ocurrió en la creación. Así es como lo imposible ha llegado a ser posible. Si no estuvieras tan dispuesto a creer que la corrección es imposible, la corrección ya habría tenido lugar. El error original que tanto necesita ser corregido es este: tu creencia en el pecado —en otras palabras, tu creencia en que la elección que has hecho es irreversible».

Así que aquel “nosotros mismos” es algo muy grande, un Yo en unidad. Y nuestra percepción cambiará, como ya nos ha anunciado o nos ha invitado a que experimentemos explícitamente el curso de amor, en los capítulos sobre el cuerpo (por si no lo habíamos experimentado antes, como seguramente haya sido vuestro caso, con cualquier práctica, o animados por cualquier otro texto… o bien simplemente al recordar algunas percepciones de cuando éramos niños).

Así que por eso tenemos esos ejercicios sobre “separarnos del cuerpo”, en el curso, pues, aunque la percepción que ahora tenemos del mundo y de la gente nos parezca la natural, es como si fuera lo contrario, antinatural –y solo sucede que es “normal”, “lo normal”.

Lo normal y antinatural sería este enorme esfuerzo constante que realizamos, que hacemos colectivamente, como enloquecidos por el sistema de la preocupación… para no integrar al Yo eterno que somos.

Y:

«Muchos habéis abandonado vuestra creencia en el pecado, pero aún os aferráis a vuestra creencia en el juicio, convencidos de que uno es diferente del otro».

III. La vía del corazón, L11

Esta lección es una meditación para descender a la Nada que somos, la Nada de la Presencia Que Todo lo Crea.

Es para acompañar ahí dentro, en el Centro o Corazón Central… a nuestro “cuidador” o maestro espiritual, nuestro compañero en estas cosas de la Creación.

Y de ahí el nombre: “Hijo Creador”, el Hijo Creador de este universo, que es quien de cierto modo “cuida” a esta Tierra y a nosotros como espíritus en Ella y con Él…, con Él como Espíritu que somos en unidad con Él y con todos los aspectos de la Creación (en el Centro, en el Origen, en el “Padre”).

No es que Él nos haya creado, sino que él incorpora (“encarna”) de cierto modo el “aspecto creador”, en todo el “trabajo” espiritual de este universo local.

Su presencia (u otras presencias similares, en otros planetas y sistemas mentales… otras presencias en la Mente-Una… y que también conocen a este Hijo Creador, pues todo es Uno)… su Presencia… es la voz particular que nos ayuda a ir desde la consciencia a la Consciencia, en estas tierras de olvido:

«Como un pájaro regresa a descansar a su nido, como la nieve que se funde para dar a un río que fluye hacia la profundidad de un silente océano, como el sonido, como la canción de una flauta que se desliza suavemente por tus propios oídos… tú, como creador de las notas…, así sé tú también, por ende, tan sabio como las serpientes, y disuélvete a menudo en esta profundidad de la Verdad de tu ser, hasta que mores aquí, en cada uno de tus dóndes y en cada uno de tus cuándos.»

IV. La vía del corazón, L12

Ablandar la tierra de nuestro corazón, para hacerla porosa y que pueda recibir y nutrirse con la lluvia de Perlas de Gracia, es lo que podríamos llamar “purificación”, es decir, la “limpieza” previa que de cierto modo “necesitamos” hacer antes de la verdadera transformación o “iluminación” plena de una vida concreta, la nuestra.

Esta transformación es guiada o acompañada en las segundas partes de los cursos de Jeshua, como ocurre con el segundo de «La vía de la maestría», que se llama «La vía de la transformación» (o como también ocurre con el segundo libro de «Un curso de amor»).

En esta última lección de este primer libro de Jayem en comunión con Jeshua, se nos anuncian ya los quizá todavía lejanos “resultados” de nuestro “despertar final”.

V. La misión de la experiencia

«Os envié a vosotros –una parte bendita de Mí–, a la forma física, para que pudiera reconocerme experimentalmente como todo aquello que reconozco conceptualmente que soy. La vida existe a modo de instrumento para que Dios intercambie concepto por experiencia. Y existe para que vosotros hagáis lo mismo, pues vosotros sois Dios, haciendo esto.

» Elijo re-crearme a Mí Mismo de nuevo en cada momento único. Elijo experimentar la versión más grandiosa de la visión más grande que jamás haya tenido acerca de Quien Yo Soy. Y os he creado a vosotros para que vosotros pudierais re-crearme a Mí. Esta es Nuestra obra sagrada. Esta es Nuestra mayor alegría. Esta es Nuestra verdadera razón de ser.»

Ya sabéis, en esta nueva era… que se trata de invertir totalmente la visión y la película que nos hemos contado, la perspectiva:

Se trata de que somos Dios… Dios haciendo eso que dice la cita.

Es decir, ya somos Dios, ya somos todo, ya tenemos todo… y somos un proceso donde ese Todo de cierta forma se hace individuo, es decir, se individúa, aunque siempre en conexión con eso que ya es él mismo desde siempre –aunque se desdoble.

Esto del proceso de individuación y de la necesidad de ese maravilloso verbo (“individuar”) nos va a dar mucho que hablar…, pues seguiremos hablando en la línea con la que termina el curso de amor, donde se habla del proceso de individuación (un concepto también muy importante para los libros de Walsch).

Así, seguiremos “invitando”, disfrutando mucho con palabras… rescatando formas de mirar al mundo “relacionales”… que nos inviten a sentir la relación que es… y a que nuestra percepción se “unifique”… (hablando de cómo sentir y pensar todo como relaciones y como proceso, “verbo”…):

solo relación… relaciones dentro de relaciones… en un proceso de individuación compuesto también solo de “verbos”, de individuaciones, y no de individuos –y esas individuaciones siempre “dependen de Dios”… pues nunca nadie ha escapado del “medio” o ambiente universal que es el amor de Dios… es decir… esa Vida central que todo lo engloba… “dadora” indirecta de todo potencial… ya que todo ha surgido de Ahí, de ese incomprensible Ahí.

Hasta ahora sentíamos que lo que se individuaba aquí (el proceso de individuación) era el proceso donde la ilusión del yo personal parecía ser “lo importante”. Pero, en el camino de vuelta a Casa, en este otro “periodo” también muy muy largo… el del tiempo de Reconciliación o “Expiación”… sentiremos que lo que se individúa aquí, a través nuestro, es Dios… el Dios que somos en unidad y relación.

Pasaremos más y más a ser la vida de la Vida… no la vida de las ilusiones.

Así que… ese todo que somos se desdobla para seguir siendo un todo… pero relacionarse con otros todos más o menos semejantes, otros seres que son también otros universos completos… en las ilusiones.

Así pues, podemos vernos como esos “todos” que somos, pero desde “dentro” de unas distinciones que en apariencia son enormemente limitantes (y que fácilmente, en esta tierra, y con nuestras interpretaciones… hemos conseguido hacer más infernales de la cuenta bajo la idea del sufrimiento).

¿Así que… aquí estamos?

No, no “estamos” aquí…, sino que “creamos”… “creamos” desde nuestro inmenso haz de luz, dentro de él… “cocreamos” esta especie de ilusión del Afuera, tan alucinante… que son estos universos materiales.

Cada cual es su universo completo… y entonces de cierto modo co-crea más o menos… dependiendo de su fidelidad a Sí Mismo.

Así que:

“Os envié a vosotros a la forma física”.

Y no dice que Dios enviara a alguien en particular… por ejemplo a Jesús… aunque también se trate de eso… ya que todos somos “enviados” en ese “plan global” de reconocimiento experimental de lo que conceptualmente ya es, y ya somos, en la Mente-Una (y Jesús sería una ayuda fundamental en esa misión de no perder de vista -o recordar del todo- qué es lo que hacemos aquí).

No que Dios enviara a Jesús, por tanto… aunque… de cierto modo podríamos hablar (sin entenderlo) de ciertas distinciones entre esos “espíritus” que ya somos, en unidad… y sobre sus “miradas”… sus modos distintos de reflejar la “mirada de Dios” sobre nuestras creaciones (las “del Hijo”).

Lógicamente, es muy difícil hablar de distinciones en el mundo del espíritu, pues de cierto modo todos estamos dentro de todos… pero bueno, también perdemos la posibilidad de hablar un poco mejor sobre ello por la confusión que conlleva aquel tipo de creencias distorsionadas transmitidas por las religiones.

Así pues, lo que tiene cualquier “maestro” (como Jesús), es una cierta función digamos más especializada en ese acto de intercambio entre concepto y experiencia.

No es que quieran que les veamos como “espíritus diferentes”… aunque… como decíamos, en cierto sentido lo serían, así como todos seríamos “distintos” en espíritu, al estar asumiendo aparentemente unas “misiones” diferentes en esta labor global de recordar “ser creadores”.

Somos distintos… aunque no diferentes “como espíritus”, en ese nuestro “ser eslabones” en esa cadena que aquí es invisible… esa cadena que es lo que llamamos “Cielo”… la unidad real en el Amor… que no podemos pensar aquí sino solo ser, dejando paso a Eso que ya somos desde siempre.

Entonces, como ya sabemos, tras las creencias cristianas más célebres hay “verdades” importantes y simples, pero distorsionadas.

Esa distorsión, además, nos impide captar otras sutilezas que también serían reales: las distinciones en lo espiritual.

Estas otras distinciones tan “raras” serían quizá importantes para la “historia interior” de todo lo que conlleva “venir a un planeta” –por ejemplo, en cuanto a las diferentes “misiones” de los espíritus, su diferente modo de relacionarse con lo físico: es decir, las distinciones en cuanto a cómo se catalogan estos espíritus en un determinado “Ciclo de Creación”.

Y volvamos a lo que ya dijimos:
el dogma de fe cristiano, el de que “Dios entregó AL mundo a su Hijo único para salvar dicho mundo”… es pues una de esas “grandes verdades distorsionadas” (*).

En vez de “AL mundo”, ya sabemos que debería decir “EL mundo”…

En la revelación de Walsch, como vemos, se nos cuenta desde el principio lo que significaba:

“Dios le dio EL mundo, a su Hijo, es decir, a nosotros”… para que de cierta forma experimentáramos lo que ya conocemos conceptualmente (ese nuestro ser en unidad).

Nosotros somos “el Hijo”, “uno solo”, en unidad con todo lo que vemos… un “todo lo que vemos” que de cierto modo surge de dentro nuestro…:

se abrió dentro nuestro… dentro de nuestro ser de Luz… se abrió la posibilidad de un mundo; se “dio mundo”, es decir, este aspecto exterior de la Vida, y desde un tiempo más allá del tiempo.

🙂 “Y se hizo la oscuridad” 🙂

Todo surge pues de dentro de nuestra Luz.

Y entonces, un acontecimiento importante para esta tierra, y que tenemos que aceptar (no que “creer”, sino que aceptar)… es el de la Unicidad de esa Luz, una unicidad mostrada plenamente por ese espíritu que “encarnó” (que englobó) más fuertemente la Tierra a través de los ojos de Jesús –o que digamos que se abrió del todo a este reino físico en el acontecimiento “vida de Jesús”.

Así pues, cumplimos una especie de “función” para Dios (y en Dios), en estos mundos exteriores… estos mundos que están aquí justo para que ocurra eso que se llama en general “experiencia”. Es decir, como ya vimos, estamos para poder precisamente experimentar esos “conceptos” (los de la Unidad real)… unos conceptos que, de no ser por estas tierras y otras muchas… se quedarían para siempre como meros conceptos en ese “reino espiritual” –si no existieran también estas creaciones “nuestras”.

Así que, todo es resumible diciendo que, para experimentar amor (paz, generosidad, alegría, etc.)… se necesitaba un fondo de miedo… aunque, para ir despertando de este sueño tan exageradamente dualista que tenemos en la Tierra… no se necesita que nos identifiquemos tanto con el miedo… sino que lo usemos a él (junto con el resto de ilusiones que surgen de él)… para poder mejor “experimentar el amor” (siempre a ser posible manteniéndonos enfocados en los conceptos de nuestra unidad –resumidos, como vemos, en esa palabra que apunta al origen: “amor”).

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(*) De entrada todos somos distintos como espíritus, pero sin ser realmente diferentes como espíritus en la unidad. Y esto no lo podemos entender realmente con un cuerpo, pero sí sentirlo… e ir combinando las dos miradas, la de la plenitud espiritual… con la de la vivencia extremadamente limitada de los cuerpos –que por ello tiene su propio encanto.

Hacia esa combinación es a lo que nos llevan los cursos de Jeshua.

En el “mundo espiritual”, de cierto modo es como si nos hubiéramos repartido algo… o como si todo estuviera ya perfectamente repartido: unos lugares no-espaciales en la Luz… aunque con algún tipo de “eterna metamorfosis”.

Y también es como si fuéramos también todos “partes” de todos, análogamente a lo que ocurre en el mundo físico, donde las células son parte de los cuerpos… y nuestros cuerpos son parte del sistema vivo terrestre que puebla este planeta como “una sola vida”.

Pero esa “distinción espiritual”, tan impensable… entre los espíritus… no era el tema de aquella creencia cristiana “distorsionante”, pues todo está por un lado demasiado simplificado, como ya sabemos –así como también distorsionado.

Las “diferencias” en el “mundo espiritual” serían para nosotros incomprensibles, pero tendrían que ver quizá con quizá “decisiones”, decisiones tomadas en ese mundo al respecto de qué papel o perspectiva asumir en un “Ciclo de Creación” dado (y, por supuesto, no podemos concebir lo que sería una “decisión” ahí… o no tiene sentido tal concepto en ese reino de lo Absoluto).

VI. Un curso de amor, C:26

Este es un capítulo impactante, sobre el significado de una “vida plena”.
Y finaliza con unas reflexiones que nos podrían parecer extrañas.

De hecho, la propia voz comenta que no es necesario que sean “comprendidas”, sino que sean aceptadas, igual que no “debemos” “creer” en Jesús, pues no se trata de “creencias”… sino de simplemente aceptar esa vida, el “agujero blanco” que abrió en la consciencia humana y que ahora está a nuestro servicio junto con nuestra conexión eterna con la Fuente.

La vida no puede dejar de estar al servicio de la vida… pues es eso; y la consciencia plena de los maestros es vida.

Esas reflexiones “raras” tratan ese tema de: cumplir con un “modelo”, con un patrón (un “pattern”)… un arquetipo… pero que no es lo que nosotros inventamos por nuestra cuenta aquí en nuestras distorsiones, tras habernos apegado a nuestras identificaciones con el miedo.

Por contra, se trata de LO QUE nosotros PENSAMOS, CON Dios, cuando nacimos en su Luz, como un Pensamiento.

Y, como ya sabemos, no podemos comprender lo que somos, ese Pensamiento de Dios, sino serlo… ser la Luz.

Quizá podríamos hacer una vez más la analogía con una célula: ella no puede “comprender” lo que ella es, como parte de nuestro cuerpo… pero sí puede plenamente sentir, dejarse atravesar por los flujos y gozarlos, servir a su función, una función que es su ser… una función orquestada tan increíblemente por toda esa “creación” constante que se da, en una continua fabricación o cristalización molecular a partir del “código” que contienen los “cristales” lineales de ADN que hay en el núcleo de cada célula.

«Yo cumplí mi historia, mi modelo, la idea de mí que provino del pensamiento de Dios. Al hacerlo, restauré la unidad, la unicidad con Dios. Marqué el inicio de la nueva vía que ahora anhelas adoptar. Marqué el inicio de un tiempo de ser».

VII. Recordando, de Walsch: proceso no es igual a principio

Qué graciosa y simple es esta parte de Conversaciones con Dios, 3.
Reordeno y selecciono más abajo unas citas.

Es una de las partes más profundamente graciosas, donde nuestro “sistema del ego” sale más mal parado… y da mucha risa, pues se queda tan en pelotas…

Desde hace muchos años, una parte influyente de nuestra sociedad vende fuertemente la idea de que los humanos somos meramente “seres biológicos”, compitiendo entre sí como animales, como ocurre en el proceso de evolución animal.

En el siglo XIX creo que fue fuerte el impulso que se le dio a la “venta” de esta idea… y a cómo nos la debimos creer a fondo.

Esta visión ha sido a menudo promulgada desde arriba, desde “el poder”, pues a los que juegan a “Más y Mejor para Mí”, nunca les interesaría que la humanidad despierte a nuestra unidad real, obviamente, ya que nuestra unidad espiritual es fuente de una igualdad natural, que potencia la libertad también de forma natural.

Hoy en día, por cierto, se nota quizá más la “desesperación” de los que claramente están en el partido del “más pa mí”… ya que en su posición privilegiada supongo que podrán constatar de sobra que la humanidad ya ha tomado el camino del despertar a la Unidad… el de vuelta a Casa con el Origen de la vida… para expresar plenamente al Origen aquí, en las tierras del mundo relativo… para expresar esa armonía absoluta que nos creó como Luz –aunque aparentemente parece tomarse poco a poco, el camino.

Entonces… en nuestro pensamiento… simplemente hemos confundido PROCESO con PRINCIPIO:

«Sí que es cierto que la evolución es la “supervivencia del más apto”. Eso es el proceso. Sin embargo, no confundáis “proceso” y “principio”.

» El proceso es denominado “evolución”. El “principio” que guía el proceso es lo que dirige el curso de vuestra evolución.

» Si la “evolución” y la “supervivencia del más apto” son sinónimos, y si aseguras que la “supervivencia del más apto” es un Principio Guía, entonces, estás diciendo: “un Principio Guía de la Evolución es la evolución”.

» No obstante, esa es la declaración de una raza que no sabe que puede controlar el curso de su propia evolución. Es la declaración de una especie que se considera relegada al estado de observador de su propia evolución, puesto que la mayoría de la gente piensa que la “evolución” es un proceso que simplemente “está ocurriendo” –que no es un proceso que ellos estén dirigiendo, de acuerdo a ciertos principios.

» Por tanto, la especie está proclamando: “evolucionamos por el principio de… bueno, la evolución”. 🙂 😛

» Sin embargo, nunca dice cuál ES el principio, porque ha confundido el proceso con el principio. 😛 🙂 🙂

» Por otra parte, una especie que comprende con claridad que la evolución es un proceso –pero un proceso sobre el cual tiene control– no ha confundido “proceso” con “principio”, sino que elige conscientemente un principio que utiliza para guiar y dirigir su proceso.

» Esto se llama evolución consciente, y vuestra especie acaba de llegar ahí».

VIII. Un curso de amor, C:30

Relacionarnos con los espíritus de los demás, tal y como antes nos relacionábamos solo con sus cuerpos y con las “proyecciones mentales” sobre esas personas y sus historias personales… es decir, este “relacionarnos” que podríamos decir que es más “real”… nos dará una clara vivencia de lo que dice este capítulo sobre “estar presente”, y sobre darnos cuenta de nuestra relación con lo infinito… y “usarla”, aceptarla, recibirla.

Nos dará la vivencia de la relación que somos en unidad, estando presentes en ella, en ese “espacio”… y con una “percepción” que de hecho no va a ser percepción, que englobará lo que antes reconocíamos como “percepción”.

IX. Repasando: la negación, el miedo

Qué curioso es que justamente el hecho de negarnos a contemplar o a considerar algo… nos acerca ese mismo algo a nuestra vida física particular… ya que el miedo atrae más miedo…

… y esa NEGACIÓN fabrica…
… pues protege tal emoción de miedo…,
… y la emoción “fabrica” mundo, fabrica experiencia de esa que luego nos hace reaccionar: “ay, pero si yo no quería vivir esto”.

Por eso sabemos que esta negación de la muerte, que tanto parece hacer nuestra civilización (que parece ir asociada a una especie de creciente “infantilización” de la sociedad, de idolatría de la juventud… de desaparición y destrucción de los valores de “la vejez”, etc.)…
… esta negación de la muerte…
… no nos anunciaba una probabilidad nada “buena” para ser vivida en el futuro (“buena” contando con que no hay nada bueno o malo en sí, sino solo en relación a lo que nos hemos propuesto experimentar).

Así que, el hecho de negarnos a afrontar y a atravesar algo, con la Consciencia… protege esos mismos sentimientos de miedo que precisamente van a crear eso para nuestra vida… eso mismo que nos da miedo.

Así que al proteger el miedo, con la negación, seremos nosotros mismos quienes, “como sin darnos cuenta”… aplicaremos mucha energía a atraer la vivencia de esa probabilidad a nuestra propia vida física.

El miedo es como una bola de nieve… miedo atrae miedo…

Esto a veces lo habremos comprobado muy bien en las personas que ni siquiera pueden oír hablar de la posibilidad de que ocurran catástrofes aquí y ahora.

Entonces, como sabemos, al no querer mirar de frente la posibilidad de esos sucesos… o en general de otras cosas más “íntimas”…: el sinsentido que se siente en la vida, la escasez… al “no querer ni mirar” todo eso…
… entonces atraemos justo eso a nuestra experiencia vital, pues estamos protegiendo el miedo –y somos “creadores” a partir de lo que guardemos en la mente.

Así que crearemos “lo que no queremos”… a partir de los sentimientos que hayamos protegido con nuestra negación (diversas formas de miedo).

Entonces, aplicar miedo (a través de la negación) a la posibilidad de nuestra extinción… está en realidad atrayendo esa misma “probabilidad” a nuestra experiencia real (física).

Y de ese modo, estamos eligiendo vivir esa misma probabilidad que no queremos “mirar”… la elegimos de entre todo el “mar de probabilidades”.

Y quizá la mayor caricatura, o el ejemplo más gráfico de esto, se encuentra en el tipo de persona que es “religiosa”, pero que está en realidad aficionada al “pecado”, es decir, que “practica” el pecado así como conscientemente y con morbo, como jugando al escondite con “Dios”… y cosas así — y lo practica a la vez que vive intensamente su religión.

Entre la gente con poder quizá siempre ha habido ejemplos de este tipo de vida que parece ya algo más “patológica” (aunque todos en principio nos hemos dejado habitar por una contradicción de este tipo, una que se basa en este mismo tipo de juego, el de “jugar al escondite con Dios”… aunque quizá no nos cause tanto “desvío” por lo general).

La gente con mucho poder parece que, estructuralmente, estaría obligada a ser más intensamente hipócrita –por puro oficio. El ejemplo quizá más claro se habrá dado históricamente desde siempre en una parte de la jerarquía de la Iglesia.

Es como que a esa gente le daría mucho morbo el hecho de que exista realmente algo “malo”… y el hecho de crearlo, una y otra vez, en su experiencia… y a la vez diciendo tan conscientemente que “lo rechazan” con esa otra parte digamos “semiconsciente” (la que va a misa, etc.), una parte que atrae con fuerza el miedo-morbo al reforzar o justificar la negación con la religión, al reforzar “religiosamente” la negación.

Y entonces, casi que parece que, con estas maniobras tan conscientes, ese ser humano está explicitando su propósito: el de un cierto “idolatrar el mal”, bajo una pátina de piedad religiosa.

Es decir, estaría declarando casi conscientemente eso que en realidad quiere crear: el miedo bajo la forma de conciencia de pecado, ese miedo-morbo.

Por eso quizá sea muy natural que los mayores satanistas estén en las altas jerarquías eclesiásticas, y sitios así.

Y lo mismo que con la atracción de los desastres colectivos… pasará con la muerte individual… claro… que negarla mal (es decir, protegiendo el miedo)… provocará que la vivamos peor..: más real, menos suave… pues de hecho ya estamos a cada segundo viviendo la vida así, peor… pues la protección del miedo –que es la negación– estaría de hecho afectando a nuestras vidas, es decir, haciendo que estas sean menos suaves, menos “sueño feliz”.

Así que nuestra actitud con la muerte individual equivaldrá en gran medida a la actitud que tenemos como sociedad, en cuanto a esas probabilidades que afectan a lo colectivo, las de los sucesos terrestres graves, guerras, desastres en general… todas esas cosas que, con la negación y la correspondiente protección del miedo en nuestras mentes… terminaremos más bien atrayendo.

Así que atraemos precisamente aquello que se ajusta a ese miedo, para así poder “justificarlo”…: más y más “oportunidades físicas”, o vivencias, que nos den la experiencia de lo que temíamos, pero que no queríamos ver…

Y todo para que así podamos ver delante de nuestras narices los “resultados” que nos demuestren que sí, que teníamos ese miedo ahí (esos desastres muy “reales”, físicamente…).

De hecho, además, el “desastre humano” en general, como colectivo global, ya lo estamos viendo desde hace mucho en el cambio que provocan nuestras prácticas contaminantes y destructivas en las condiciones del medio ambiente y en las de nuestros cuerpos.

Pero sobre ello ejercitamos a cada momento la negación, y así protegemos más miedo…, y por tanto fabricaremos más experiencia desde el miedo… y el tipo de ciclo se verá reforzado.

X. En Casa con Dios (Walsch)

No podría haber un texto más gráfico y “práctico” quizá que este de la revelación de Walsch a la hora de sacar a la luz nuestros miedos…, ya que nos invita a la perspectiva que tiene el alma sobre las cosas, es decir, la perspectiva que tiene nuestro ser espacioso, aquel ser desde donde acogemos en Unidad y en realidad todos los cuerpos… y que todos somos como Mente (a su vez de cierta forma “alojada” en la Unidad de Amor).

Entonces, tenemos acceso siempre a la percepción DE ese ser (DESDE ese ser), y aunque estemos “aquí”, empotrados en la consciencia corporal…. en la vida “falsa” de la separación… en estas vidas tan graciosas que nos hemos dado como para jugar al escondite y a NO ser lo que somos (amor).

¿Por qué hemos hecho eso? Se puede decir, en parte, que es para poder ELEGIR llegar a “ser Dios”, desde todos los caminos y experiencias.

No nos bastaba con ser Dios 🙂 , sino que queríamos poder elegirlo… y eso parece que requiere que, desde el centro que somos (siempre con Dios, pues nunca hemos salido realmente de ningún sitio)…, desde el Centro… nos inventáramos “universos exteriores”… (y digamos que entre todos los “Hijos” de Dios que se pusieron en marcha a imaginar todo de golpe… dividiendo de cierto modo su mente 🙂 ).

“Llegar ser lo que ya somos”… curioso:
… pues somos la misma sustancia que Dios es… y solo eso en realidad…
… así que llegar a serla 🙂 … pero desde todo “mundo”…
… y Dios, ¿qué es? Indefinible, impensable pura libertad de creación…
… creación experimentada como libertad pura…
… y es como si nosotros hubiéramos querido tener un “discernimiento” cada vez mayor de esa libertad…

Así que ser lo que ya somos, y seremos, para siempre, vaya aparente tontería 🙂

Pero sí:
somos “Dios”, es decir, Vida, Creación plenamente “Sabia”… Luz…
… de la misma sustancia esencial creadora en libertad total…
… aunque aquí utilicemos esa libertad para algo tan “divertido” como para intentar pensar que no tenemos libertad 🙂 … viendo la sombra de nuestra Vida Central… en estas curiosas formas separadas que nos hipnotizan con sus relaciones, historias… colores… 🙂

Somos esa chispa central, fruto del Padre/Madre central… en su océano de Luz completamente “sabia”, libre, “poderosa”… en eterna “barra libre” de creación con minúsculas… a partir de esa Creación real que es nuestra Relación en Unidad como Luz.

Es muy graciosa la manera tan simple y amena en que este libro “cuenta” la muerte (cuya traducción, la que estaba en internet, estoy revisando y va a quedar un PDF bien apañado 😛 …).

Es muy simple la forma de invitarnos a “ponernos en situación”… ya que habremos “muerto” tantas veces ya… uf… en esas diversas experiencias que nuestro “rayo” de consciencia aloja… a su vez dentro del rayo impensable de Luz que somos…

Ya que nos hemos dado el lujo de “morirnos” tanto… 🙂 … se nos invita de mil maneras a perder todo tipo de miedo.

Y no es que nos lo hayamos ganado… pues aquí no hay nadie más para “recompensarnos” 🙂

Y, para ello, por ejemplo, se nos invita a vernos por ejemplo en la “posición” de “ya muertos”… en esa maravillosa experiencia que hemos creado…: la de la muerte, como “transición” a diferentes aventuras que nosotros crearemos con mayor o menor reconocimiento de nuestra libertad.

Así que de cierto modo es una “transición” que podemos hacer mucho más “conscientes” de que nosotros la estamos “creando”, configurando… dentro del mar de probabilidades ya “hecho”…

Y así quizá poder darnos muchas más opciones, para quizá no perdernos en demasiados propósitos del alma y de sus “peticiones de experiencias”… y poder quizá aliarnos con el propósito más y más central… en nuestro ser… el del servicio a la simple sanación total de la mente única que somos:

«En la primera etapa de la muerte, el alma llega a comprender que el cuerpo con el que pasó su vida física no es real. Es decir, no es quien el alma es realmente. En la segunda etapa de la muerte, el alma llega a comprender que la mente, con todos sus pensamientos, no es real. Es decir, no es quien el alma es realmente».
[…]
«Cuando ocurre algo que el alma experimenta como no deseable, el mismo pensamiento de que no es deseable provoca que la experiencia interior del alma se altere instantáneamente. Y por eso no hay sufrimiento. Ni siquiera para la persona que imagina vehementemente que debería ser castigada.

» Y así, aun en el caso de la persona que cree sinceramente que debe sufrir, que merece sufrir, que sufrir es la única forma de redimirse ante los ojos de Dios, la idea misma de redención, y el sufrimiento como medio para conseguirla, deja de tener significado en la perspectiva ampliada del alma.

» El alma puede observarse a si misma intentando sufrir en su propio y autocreado infierno, pero el alma pronto entiende que no tiene ningún sentido crear semejante experiencia».
[…]
» TODOS los pensamientos de la mente limitada, los que emergen de la perspectiva limitada de la experiencia humana, reciben un gran impacto en la segunda etapa de la muerte, precisamente porque la perspectiva del alma en el Más Allá es muchísimo más amplia y muy distinta de lo que era cuando el alma estaba con el cuerpo».

(Una perspectiva que podemos tener aquí, “vivos”, si aceptamos felicidad… lógicamente… si aceptamos “la voluntad de Dios” que es nuestra chispa central más allá del tiempo… y es felicidad sin condiciones y visión más allá del ver normal.)

«Si no crees en Dios, y entras en la muerte no creyendo en Dios, Dios estará ahí y tú no experimentarás a Dios –no lo experimentarás más que lo que lo hiciste durante tu vida.

» Tienes que saber que Dios está presente para experimentar que Dios está presente.

» Si miras una flor y sabes que Dios está ahí, verás a Dios ahí. Si no, no verás nada más que una flor. Puede que incluso veas una mala hierba.
[…]

» Al final creerás en aquello en lo que hayas puesto tu esperanza. Es decir, lo que esperas, lo crees (crees en ello). Si crees en algo, al final lo conoces; si lo conoces, al final lo creas; si lo creas, al final lo experimentas; si lo experimentas, al final lo expresas; y si lo expresas, al final lo devienes, lo llegas a ser.
» Esta es la fórmula para todo en la vida.

» Así de simple».

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