La presencia y sus vidas   Leave a comment

imagen corazón en círculoPara celebrar que comencé hace un mes a traducir el segundo libro de La vía de la maestría, va este pequeño texto.

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Nuestra “salud espiritual”, lógicamente parece que depende -al menos al principio- de con quién nos juntemos (y de si nos juntamos).

Pues en parte se trata de poder cultivar una determinada experiencia que refuerce nuestra actitud incondicional, es decir, no-dualista (nuestra vivencia puramente no-dualista).

Como “dar es recibir”, recibimos esa experiencia en gran parte dándola –tras permitírnosla nosotros, claro está.

Y como sabemos, se trata de la experiencia de un pleno “permiso”, una aceptación plena.

Esta vivencia permite todo… pues aquí nada sería real excepto el “fluir” de cierta presencia.

La única “verdad” de este mundo es que de cierto modo disfrutamos del regalo de ser el Campo de Consciencia que somos…, pero entre todas estas cosas y personalidades que percibimos.

Aunque normalmente lo que percibimos son “egos”, es decir: nuestro ego proyectado (pues solo hay una Mente), y no percibimos tanto los “espíritus”, es decir, esos “Campos de Consciencia” que están completamente “interpenetrados” con el Nuestro.

Así, vamos despistados jugando a identidades separadas… despistados de Nosotros Mismos (de Dios, del Único Ser), y vamos relacionándonos por tanto con “los egos” y los cuerpos de los demás, en vez de relacionarnos como Campos de Consciencia.

Ese Campo es el verdadero Yo, podríamos decir. Es lo que ya somos y seremos para siempre, la verdadera “personalidad”, que ha englobado muchas de estas personalidades transitorias.

Hemos hecho esto un poco inercialmente porque no atendíamos a la maravilla de cada instante y a cada instante. Es decir, no nos deslumbrábamos completamente por el absoluto Misterio de estar haciendo justo eso: albergar a un “pequeño yo”, a un cuerpo concreto con una identidad mundana… y a un universo entero para sostenerlo.

Al no maravillarse por el Misterio… resulta que desde nuestro Campo, nos pedíamos (y el ego se pedía) de cierta forma “otra vida” más… y otra más… gira que te gira en torno al sol (vaya mareo).

Ese Campo no es directamente el Origen… no es directamente la Vida… ese campo es un lujo que la Vida o Dios se da a Sí Mismo, pues el Campo llega a atestiguar que la Vida vive como algo concreto, que el Origen vive como “tú”, como “yo”.

Es decir, el Campo acaba atestiguando o presenciando cómo la Vida está viviendo como yo mismo (mi pequeño yo)… termina por atestiguar la maravilla de que la Vida, de que Dios, de que el Único Ser que somos más allá de la Mente separada… se esté viviendo de cierto modo a Sí Mismo como ese “fulanito” o esa “menganita” que nos parecía antes que éramos “nosotros”.

Dios solo nos pide permiso para poder sorprenderse de Sí Mismo.

Dios es.

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