Los deseos, los sueños, y las creencias sobre “la familia”   Leave a comment

imagen corazón en círculoPodemos aprovechar esta cita del curso de amor para comentar de nuevo algo elemental sobre la familia y sobre nuestras creencias “locas” colectivas:

«El sufrimiento se considera una condición de este mundo porque el mundo se considera un lugar donde nunca puedes convertirte en quien tú eres».

Una de las mayores locuras, en ese sentido (en el de haber idolatrado tanto la idea de sufrimiento, en nuestra civilización)… parece estar en la crianza de los hijos, con la tradición de “la familia”.

La familia a menudo actúa como una máquina de frustración de deseos. Pero en cierto modo los deseos son “sagrados” por la fuente que está detrás de ellos: la Vida con mayúsculas, la Vida de la vida.

Y si frustramos sistemáticamente nuestros deseos…, no habría en general verdadera maduración, sino una “maduración” hacia la amargura y la sequedad.

Todo esto tiene que ver con que todos somos profundamente “religiosos” en el mal sentido de la “religión”, es decir, en el sentido de creer que:
– solo podemos aprender a base de golpes, de sufrimiento.
– en el ser humano hay algo intrínsecamente malo.

Estamos dejando atrás la era donde hemos creído básicamente en esas dos cosas.

Esas creencias las tenemos a menudo alojadas profundamente aunque creamos superficialmente que no las tenemos.

Así que esta civilización, sin importar si los individuos son o no religiosos, “éticos”, etc., sigue manifestando y reforzando una adoración a la idea del sufrimiento y a la idea del error original (hay algo “malo” en todo ser humano), y, por tanto, seguimos alimentando la adoración a la idea de un universo hostil y de una Vida hostil… que confabula contra nuestro más íntimo anhelo.

Es decir, como sabemos, aquí permitimos que “reine” de cierto modo el ego, el ego tal y como lo concibe el curso de milagros, etc., el ego como esa idea loca, pero ahora normalizada, de que no podemos ser felices en realidad (por obligaciones, etc.), y de que no podemos revertir o deshacer los conflictos y fluir desde la paz.

Esta tradición de “la familia” afortunadamente parece que la vamos a ir poco a poco sustituyendo por la no-tradición del amor, pues en el fondo importa que haya amor, y no de dónde proviene este. Es decir, como sabemos, ese amor (que realmente es nuestro ser), no importa de dónde venga, sino solo que haya, que se reconozca, que fluya… entre quienes quieran dejarlo pasar, desde el centro de su ser… –y siempre avisando de que es contagioso 🙂 .

Cuántas veces, los padres, en las vidas, por asumir “obligatoriamente” el papel de “padres”, en este teatrillo inmundo… se han visto amargados y frustrados en sus sueños… y así, han favorecido por resonancia tal amargura en los hijos, de nuevo, en un mundo que tanto gusta de reforzar eso mismo –con aquellas sacrosantas ideas del sacrificio, del sufrimiento, la expiación de la culpa.

Es todo muy extraño:

– En muchos casos, por un lado, los padres usan a los niños (y con muchas razones objetivas) para frustrar sus sueños y deseos.
Pero no es un problema de ellos, ni de nadie en particular, pues todos actuamos en parte como programados por la creencia en “la familia”… desde nuestras raíces evolutivas primitivas, lógicamente:
los humanos aún actuamos (pese a entregar a los niños al Estado y a la TV en gran medida), aún pensamos que no hay nadie más, en el planeta, que pueda “dar amor” y comida a “los hijos”… y como si estos niños no pudieran aceptar esas cosas de otras personas, sanamente.
Además… como dar es recibir… a los niños a menudo se les está “quitando” la posibilidad de dar amor más “universalmente”, cosa que muchos seguro que harán encantados.

– Ya sabemos que muchas veces nuestros sueños y deseos son “una tontería”… pero la fuente de ellos es “sagrada” (la fuente de nuestra vida, de nuestro impulso).
Y al enseñar desconfianza en los propios deseos… enseñamos desconfianza en la fuente de la vida, una fuente que, de cierto modo, somos nosotros mismos (pues nosotros decidimos si abrirnos o no a la Vida en niveles más intensos)…, desde ese centro invisible que es nuestro Corazón (y eso sí que no lo hemos fabricado nosotros).
Y la gente, entonces, necesitamos poder descubrir, por nosotros mismos, si los deseos o sueños eran o no eran “tonterías”.
Así que, si queremos un mundo alegre, quizá no viene bien seguir creyendo en la excusa de que, por ser padres, ya no vamos a poder disfrutar de ese descubrimiento y de esa evolución que nos llevaría a madurar realmente, y no con una maduración que reseca y amarga.

– Por tanto, hacer caso de nuestros deseos y sueños es el “paso” a dar para que las mismas personas se den cuenta de si esas cosas son o no son “tonterías”.
Ese conocimiento no puede venir desde fuera.

– Aparte, con esta tradición primitiva que tenemos, vemos que estamos utilizando “la familia” para asociar el amor con un sentido de obligación ligado a la necesidad. Parece que nuestra definición reza, por lo bajinis: “el amor es algo obligatorio, y solo es amor si se manifiesta bajo la forma de satisfacer las necesidades materiales, físicas, de los demás”.

– Y, por otro lado, los padres tampoco llevan a cabo en realidad la crianza, la educación, pues:

– por un lado no son “sabios” en las cosas elementales de la vida (no saben qué hacer con lo que sienten, normalmente),

– y por otro lado la crianza se delega en instituciones que a veces no están tan mal, pero, por lo general, son algo “mecanizado” donde poder “cocinar” a los niños en una salsa que consiste en esto:
«a los niños no les vamos a preguntar “¿qué tal?” durante muchos años» (escuelas…).

– y también se delegaba, por comodidad, en todo tipo de aparatos: televisión cuya programación depende básicamente de intereses comerciales…, videoconsolas…, etc.

Es extraño que podamos aún sobrevivir a todo esto… que no hayamos querido “suicidar” antes la civilización.
Aunque hay, obviamente, una tendencia así, programada, una tendencia o devenir posible humano.
Algunos quizá la vivirán o la viviremos, dependiendo de nuestras elecciones.
Se trata, obviamente, de otro teatrillo de extinción… extinción de otra civilización primitiva más
(primitiva en lo espiritual, pero avanzada en lo tecnológico)…
O bien, si no es una extinción, digamos que habrá programada otra línea probable que consistiría en la continuación de ese descenso en la intensidad de lo que conocemos como “vida humana” hasta ahora (un descenso que ya vemos en gran medida).
Este sería un descenso en la calidad de lo que nos define como humanos autoconscientes que pueden unirse y manifestar esa fuente de la libertad que es la Vida real que nos anima más allá de todas las formas… y en unión con los demás seres y la tierra.

¡Cuántos recursos “gastados”!… en el mundo más desarrollado, para literalmente machacar los sueños de la infancia y los de los padres a la vez –es curioso el sistema.

Nos sobra por todos lados todo.

Así, es como si buscáramos frenéticamente intentar salir “perdiendo”, todos… en un mundo de tal abundancia e inteligencia.

Y lo más “gracioso” quizá es que hay millones de personas que no tienen nada que hacer (mayores), y la mitad estaría encantada de asumir “responsabilidades” a la hora de vigilar que los niños jugaran a placer entre cuentos, naturaleza… y dinámicas de todo tipo.
Pero actuamos un poco como si la tierra y la vida no fuera nuestra, es curioso… como si sintiéramos que la hemos robado.

Muchos de los ancianos que llegan más o menos bien a su edad, están realmente algo aburridos… y permitimos y alentamos que se deterioren a lo bestia, cuando, en realidad, muchos podrían “aprender” -o bien ya saben- cómo “resonar” con los niños de modo tranquilo y sabio -con los niños y sus necesidades, y no solo con sus nietos.

Es extraño, entonces, pues todo parece confabularse para que de pequeños absorbamos las “radiaciones” de esas creencias sagradas para nuestra civilización “ultrarreligiosa” en el mal sentido de “religión” que dijimos antes:
– sacrificio,
– “no puedo lograr ser quien soy”, “realizarme”…, “no puedo hacer lo que quiero, pues soy madre, padre”, etc.
– una “responsabilidad” mal entendida…, como sacrificio… no como respuesta del corazón.

Así se nos iba por el desagüe de nuestra estupidez organizada lo más elemental de la vida: es decir, esa coherencia que muchas veces es mayor cuanto más mayores somos…:
– la coherencia de ser simplemente gente que sabe sentir lo que siente, que simplemente se da cuenta…
– y que puede abrirse a ser consciente de las relaciones posibles entre lo que siente y lo que los demás sienten…
– y que lo puede reconocer honestamente…
– y que puede actuar tranquila y responsablemente con ello, teniendo en cuenta a los demás de una manera profunda.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: