Comentario sobre la encarnación y la resurrección (la importancia de María para situar los cambios de la relación entre lo físico y lo espiritual)   Leave a comment

imagen corazón en círculoPor fin podemos comentar un poco mejor una parte del curso de amor (T1:8) que habla sobre la importancia de María para el proceso de elevación natural de esta humanidad.

Esto es importante en muchos sentidos, y no solo porque María esté siendo de hecho una de las personalidades desencarnadas (con plena libertad de proyección corporal en este mundo) que sirve de vehículo para nuestro despertar, en el sentido de lograr que la gente “vea” y viva muchos milagros, y que así se den cuenta de que ellos son un milagro… un milagro que nada tiene que ver con las formas físicas… –pudiendo así cambiar radicalmente sus creencias con respecto a lo que somos, y a lo que el universo es.

Entre otras muchas cosas, entonces, la importancia viene por el hecho de que podemos entender, muy carnalmente hablando, el cambio de enormes proporciones que se da en la creación física, en el significado de nuestra creación física.

Por tanto, me gustaría que nos ayudáramos a comentar estos pasajes del curso de amor, para interiorizar un poco más esto tan curioso que explica aquí el curso (sobre el efecto y la causa en torno al nacimiento de Jesús: una especie de “cerrar el círculo” entre creación física y creación “espiritual”).

El “estado virginal” es algo concreto; es decir, lo de “virgen” no es algo folclórico, o algo que se dice como mera anécdota o para engañar.

Es un estado definible y comprensible así:

en ese estado, lo que se engendra, lo que se crea, se engendra o se crea siempre en unión con Dios, con el Origen.

Así, dirá en un fragmento: “… el nacimiento de lo nuevo a través de la unión con el Yo divino”.

Dar paso al “nacimiento de lo nuevo a través de la unión con el Yo divino” podría ser el resumen de estos libros. Y el curso de amor, en concreto, acompaña esto detalladamente, pues podría no bastarnos con el curso de milagros (ya que en seguida automatizamos las cosas mentalmente).

Es obvio que, en la dimensión “horizontal” de nuestras relaciones, la mujer y el hombre se unen para esta “creación” física a la que estamos tan habituados de traer niños al mundo (que no por ello es menos milagrosa y alucinante).

Y parece obvio que en esa “creación horizontal” ya hay también una especie de fenómeno “vertical” manifestándose, lógicamente; ya hay una “manifestación”, por así decirlo, de nuestra “Unidad espiritual”, pues se dan ciertos fenómenos “invisibles” que tienen que ver con nuestro “aceptar unión”.

De esta “unión espiritual” habla esta otra cita del capítulo:

«¿Qué es una madre sino la que encarna, la que transforma el espíritu en carne mediante su propia carne, la que transforma el espíritu en carne mediante la unión?».

Así que ese “aceptar unión” dentro, es la aceptación de esa Unidad actual que ya somos, ahí dentro, como “Espíritu”.

Y como sugiere en esa cita, el nacimiento de alguien lo podríamos ver como la manifestación o actualización de una cierta “unión espiritual”, una unión entre:
– el espíritu de quien venga a “encarnar” en un nuevo hijo,
– y el espíritu de la madre.

(Aunque no sean cosas separables y casi no podamos hablar de ello.)

¿Cuál sería entonces la correspondiente unión, una unión todavía más en vertical… que fuera una especie de “otro tipo de unión”, todavía más “en vertical”… más englobante… y que de cierto modo “cerrara el círculo”?

¿Cuál sería la unión correspondiente para poder de cierta forma abrir a la humanidad a “engendrar lo nuevo”, es decir, a engendrar algo que radicalmente “cuenta con Dios”, con un Dios como Origen primero, y por tanto completamente absuelto, absoluto, “inocente”?

Vamos a hablar de ello por pasos.

Vamos a ver entonces, gracias a este capítulo, cómo la unión entre “hombre y mujer” también se podría ver de otra manera –e igualmente contando con “lo vertical”.

Este capítulo habla de esto: otra especie de “manifestación” de una unión “mujer/hombre”.

El ejemplo, lógicamente, es el de María dando a luz a un hombre, pero que de cierto modo responde a otra realidad “más original” (podríamos decir, aproximativamente, que el “alma” de Jesús en realidad ya no es de “las usuales” en este mundo).

Y hay que tener en cuenta lo de siempre: que nadie somos realmente de este mundo, pero, aquella unión interior (la manifestada con Jesús a través de la aceptación del “plan” de Dios por parte de María)… aquella unión interior… habría consistido en cierto “cerrar el círculo” (cerrar el círculo con respecto a “otros” reinos espirituales, de donde todos igualmente surgimos y donde todos también estamos, así como en otros niveles).

Vamos pues por pasos.

María acepta el estado virginal, donde todo lo que ella engendra, crea, es creado “en unión con Dios”. Es decir: no hay, por así decirlo, ninguna cosa en la cual no esté el Origen “actuando” a través de María directamente, sin intermediación de las creencias humanas, etc., por así decirlo… –al menos en el tiempo que transcurre en torno al nacimiento de Jesús.

Entonces, el Origen puede ofrecer, con ese nuevo nacimiento, algo novedoso en comparación con lo que es “lo normal” en los fenómenos espirituales-físicos humanos…, en los que tienen que ver con la encarnación de nuevas “almas” en los cuerpos humanos. Y esto, por tanto, María automáticamente lo acepta, ya que esa aceptación es como hemos dicho el estado virginal en sí mismo.

Así, el Origen ha ofrecido lo que podríamos entender así: la “encarnación” de algún “alma” de otro “reino interior”… de otro “reino” en ese inmenso “reino del espíritu” donde ya de hecho estamos todos, y donde de hecho tenemos también nuestras vidas como “superalmas”.

También estamos en ese “reino” y somos diversos “viajes” por esos reinos. Solo ocurriría que, aquí, en las tierras físicas, es como que el proceso conlleva ir recordando eso mismo cada vez más… y para que recordemos mejor el hecho de que también estamos ahí, en ese inmenso “reino espiritual”.

Así que de cierto modo se “necesita” que, en estas tierras físicas, haya una manifestación bien clara de esos “recuerdos”, se necesita que haya una gran “impregnación” del Campo de Consciencia humana cuando estamos aquí, tan obsesionados con las formas exteriores, medio perdidos en una parte de nuestros ciclos.

Entonces, en un estado no-virginal, diríamos que las uniones espirituales que se dan entre madre e hijo para poder dar nacimiento a un nuevo ser físico, son uniones entre “almas” que estarían, por así decirlo, “en nuestro lado” de este “ciclo de la creación” (unas almas más o menos metidas “en un bucle” que puede resultar ser más o menos improductivo, ya, en cuanto a las relaciones entre lo espiritual y lo físico).

Entonces, el curso dice lo siguiente:

«Mi madre, María, fue responsable de la encarnación del Cristo en mí, al igual que yo soy responsable de la encarnación del Cristo en ti».

María habría sido responsable de que “algo”, “algo” digamos que “más original” (más que el “bucle obsesivo” humano en el cual estamos metidos en cuanto relación entre lo espiritual y lo físico) se encarnara en la personalidad-cuerpo que fue la de Jesús (pues la voz aquí habla por esa personalidad).

Es decir, como hemos visto, el hecho de que María aceptara el “estado virginal”, ese hecho, fue responsable de que con ese nacimiento se encarnara aquí un “algo más”, en el cuerpo de Jesús, un “algo” en una especie de “estado más original” que ahora nuestras almas (almas que recordemos son en el fondo una sola… y que también son por supuesto al final una sola cosa con aquello que llamamos “Cristo”, que es con lo que todos estamos uniéndonos ahora… y que sería de donde vendría de cierto modo esa “parte más original” que “se encarnó en Jesús”).

Así que esa encarnación “de lo nuevo” abre paso, o agujerea, la Consciencia humana de una cierta forma.

Y, a partir de entonces, todas las “consciencias” tienen dentro como una especie de potencial o semilla de lo nuevo: es la semilla que conlleva que, en todo nacimiento, vaya a estar involucrado a partir de entonces un “algo más”… un “algo más” que, dicho de forma banal, sería como una especie de “seguro de resurrección”.

Así que, recordemos: María acepta su estado virginal, el que todos nosotros podemos aceptar, y que lógicamente no tiene que ver con las prácticas sexuales.

Y entonces, de María decimos que se debió unir a lo que llama aquí “Yo divino” para que, dicho rápidamente: el Cristo pudiera encarnarse en forma de Jesús, y para así, luego, poder “regar” mejor a la humanidad y poder manifestar la “Igualdad” más básica que todos ya somos, como creados de un mismo Origen, como Luz.

Entonces, la aceptación de María es causa, es “la causa del Cristo”. La aceptación del “estado virginal” por parte de María es la causa del Cristo primero en el cuerpo de Jesús, y luego en todos.

Esta causa provoca el efecto, el Cristo, que en este caso es un varón.

Entonces, ¿es así como se “cierra” más aún el “círculo cósmico” entre hombre/mujer?

Por eso yo decía antes que esta sería como una “unión varón/hembra”, una unión que de cierto vendría a “complementar” a las uniones interiores usuales (digamos que más enfocadas en lo horizontal, en nuestro mundo horizontal de “culpa”, de conflicto)… a las uniones usuales entre varón y hembra.

Concretamente, dice que:

«En el nacimiento virginal, el varón [se referiría a Jesús] provocó la manifestación o el efecto de la causa [estado virginal] creada por la mujer. Mi madre, María, fue responsable [estado virginal] de la encarnación del Cristo en mí, al igual que yo soy responsable de la encarnación del Cristo en ti».

Así que tenemos una especie de, digamos, “varón crístico”; este varón va a “hacer” y “ser” plenamente la “voluntad de Dios” en esta tierra, es decir, va a ser original, relativo al Origen y nada más que relativo al Origen: va a encarnar plenamente “al Cristo”, al Origen para nosotros.

Va a ser un “ejemplo” directo de esa unidad original de amor en el espíritu, la unidad que de cierta manera nos corresponda a nosotros como una sola humanidad… dentro de ese “reino espiritual” inmenso… y que para nosotros es algo esencialmente incomprensible (por diseño, aquí, en las tierras físicas).

Así que esa unidad va a ser plenamente manifestada en esta realidad, en una de las ilusorias, como esta, y, posteriormente, ello va a hacer que todos llevemos dentro “lo mismo”, en la Tierra (una especie de “semilla” de resurrección).

Por eso dice cosas como:

«Mi resurrección provocó que el Verbo se hiciese carne en cada uno de vosotros. Tú, que has venido después de mí, no eres como yo era, sino como Yo Soy».

O bien:

«Yo he venido a ti ahora para revelarte la única verdad que ha existido durante los últimos dos mil años sin que tú la comprendieras. La naturaleza de la vida cambió con la resurrección. Yo soy la resurrección y la vida. Tú también lo eres».

«La resurrección es la causa y el efecto de la unión de lo humano y lo divino. Esto se ha logrado. Esta es, de hecho, la manera en la que el hombre, Jesús, se convirtió en el Cristo. Este es, de hecho, el camino».

«La ilusión es la única muerte de la cual necesitas resurgir. ¡Resurge y despierta a tu yo resucitado! Ya no existe un líder divino al que seguir al paraíso. No aceptes el ejemplo de ninguno de ellos y, toma el ejemplo de la mujer, de María, Madre de Dios.

» María está llamada ahora a ser el mito que acaba con todos los mitos, pues solo en esta vida ejemplar está la clave del enigma proporcionado.

» A cada uno de vosotros se le está pidiendo regresar a su estado virginal, a un estado inalterado por la separación, a un estado en el que lo que es engendrado, es engendrado mediante la unión con Dios. Es desde este estado inalterado que eres libre de resucitar, tal y como yo resucité.

» El nuevo patrón de la vida es la capacidad de resucitar en la forma. La capacidad de resucitar en vida. La capacidad de resucitar, ahora.

» Así es como te es devuelta la gloria que es tuya, que te es devuelta en vida en vez de en la muerte».

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