«Sobre el matrimonio». Haskell: «7 nuevos textos de Haskell-Jeshua»   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices de Haskell en esta web para encontrar los enlaces a este y otros textos de la transmisión de Haskell.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que iré completando.
– Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló teniendo en cuenta la personalidad de Jesús –tras la muerte de Helen, la escriba de UCDM.]

Sobre el matrimonio (Brent Haskell – Jeshua)

Saludos para vosotros, soy Jeshua. Me has preguntado sobre el matrimonio. De eso es de lo que querría hablar ahora.

¿Cómo es que podéis casaros? Pues, ¿realmente podéis cambiar en algún sentido lo que ya es? ¿Acaso no deseáis sino devenir una Unidad, ante la mirada del mundo? Pero te aseguro que verdaderamente no sois otra cosa que Unidad, y nunca podríais ser de otra manera. Ahora me gustaría advertirte, ahora que vas a casarte, de que seas muy prudente para no permitir que tu propio matrimonio erija una barrera entre ambos y el resto del mundo.

Está perfectamente bien que comparezcáis ante aquel a quien amáis y hagáis esos votos. Pues el hecho de compartirlos abiertamente con vuestras palabras, con vuestros cuerpos, os beneficia no solo a ambos, sino a todos aquellos con quienes lo celebréis.

El hecho de casarte, ¿qué te puede deparar? ¿Qué regalo puedes ofrecerle a alguien a quien amas, y que ya lo tiene todo? Ah, el regalo que vas a ofrecer en este matrimonio es el compromiso de honrar la verdad de que tu cónyuge ya lo tiene todo, para siempre. ¿Y cómo honras la simple verdad de que todo es suyo? La honras al comprometerte a hacer todo lo que puedas, desde ahora hasta el final del tiempo y más allá, en cada momento, para no permitir que ningún miedo entre en esta relación, este matrimonio.

Pues, ¿qué es casarse sino una declaración pública que dice: “en tu presencia, amado mío, amada mía, permanezco sin miedo”? ¿Qué es casarse sino comparecer ante el mundo para decir: “he encontrado a este ser, a esta persona, en cuya presencia el miedo se disuelve en la nada”? ¿Y qué es casarse sino decir: “en ausencia de mi propio miedo, me consagro a garantizar tu derecho a vivir tu vida igualmente sin miedo”?

No creas que la ausencia de miedo garantiza que no haya cambios. No es así. Cada uno de vosotros, hombre y mujer, yo mismo, Dios, la Vida misma, es cambio, en un fluir interminable del Ser, hacia dentro y hacia fuera del Ser, sin restricciones, y también sin miedo. En solo eso consiste, ciertamente, la Vida. Y en eso solo consiste, ciertamente, el Amor. Así que nunca creas que puedes permanecer sin cambios y garantizar que no vas a cambiar. Pues en el momento que sigue a este mismo momento te aseguro que eres un ser diferente de la persona que parecía encontrarse en el momento anterior.

Si no puedes garantizar que no cambiarás, entonces, ¿cómo puedes disipar el miedo? ¿Acaso la seguridad no radica en la ausencia de cambios? No, ciertamente. La seguridad radica en el discernimiento de que eres libre para ser lo que sea, sin juicio y sin condena, para toda tu vida, y para siempre. Y así, te acercas a otro para llevar, para recibir y para dar esa ausencia de miedo, para el resto de vuestras vidas.

¿Cómo puedes comprometerte a dar eso, en tu tiempo, cuando todo es cambio, momento a momento y para siempre? Puedes hacerlo, y vas a hacerlo, así: tu verdadero amor, el amor que te liberará de tu propio miedo, y que liberará a tu ser querido del suyo, es tu total apertura y honestidad. Y por supuesto que aquí estoy hablando de la Relación Santa, y del Instante Santo. En realidad, cuando te casas solo puedes hacer una promesa, y que constituye una buena pretensión para el resto de tus días, a través del espacio y el tiempo, y más allá. Es el compromiso de la apertura y la honestidad.

Y por tanto, si quisieras un voto matrimonial para hoy, para este momento, entonces, que sea este: “Mi amado ser, vengo en este día para liberarte. El regalo que te ofrezco –y que será mi regalo para mí mismo y para nosotros en nuestra Unicidad–, el regalo que te ofrezco es mi apertura y mi honestidad. Te doy mi palabra, en este día y de aquí en adelante, de que no habrá secretos entre nosotros. Tienes mi palabra de que me mantendré abierto y espiritualmente desnudo ante ti, permaneciendo así para siempre. Y, por tanto, al estar abierto y desnudo ante ti, eres libre de hacer lo mismo conmigo. Si quisieras cambiar, me comprometo a hacer todo lo que pueda para permitir que tengas libertad para hacerlo”.

Ah, ¿pero qué pasa si el miedo se desliza en vuestro ser, en el de uno de vosotros? Entonces, dentro de esta misma promesa de honestidad y apertura que haces, tu compromiso también conllevará lo siguiente: “En mi apertura y en mi honestidad, en mi disposición a mantenerme espiritualmente desnudo ante ti, me comprometo a hacer todo lo que pueda para que, cuando tú tengas miedo, yo pueda reconocer que lo que necesitas es Amor. Por tanto, cuando tengas miedo, me comprometo a hacer todo lo que pueda para no reaccionar a ese mismo miedo, y así no participar en ello contigo. Pues si lo hiciera, eso ya no sería amor. Y lo que deseo es que el día que yo tenga miedo, tú, desde esa misma apertura, esa que surge del Amor, no te hagas partícipe de mi miedo conmigo. Pues si uno de nosotros permanece más allá del miedo, entonces, eso nos llevará a ambos más allá de ese mismo miedo, tanto hoy como en el resto de nuestros días”.

Os casáis para devenir una Unidad. Pero no cambiáis lo que ya es. Lo único que puede cambiar es la apariencia. Así pues, al comparecer ante el mundo, la apariencia cambiará. Y aquellas palabras os ayudarán a estructurar dicha apariencia. Mas permitid que la apariencia siempre transmita un mensaje de unidad, un mensaje de Unicidad, y un mensaje de Amor al mundo entero. Y al estar juntos, ahora, en vuestra Unicidad, permitid que vuestro compromiso –en esa seguridad que compartís, en vuestra apertura–, permitid que vuestro compromiso sea el de que todos los demás seres se encuentren absolutamente a salvo en vuestra presencia, de aquí en adelante. Permitid que este sea vuestro compromiso para con todos los que estén presentes, y para con todo el mundo, para que ellos solo puedan ver en vuestros ojos –en los de ambos–, seguridad y apertura, y amor, y la libertad para ser, sin juicio ni condena.

Y lo que encontraréis, te digo hoy, en este día, es que según cada cual, cada individuo, aprende del otro una verdadera apertura y una verdadera libertad, entonces, eso es lo que extenderéis hacia fuera, hacia vuestro mundo. Y, según vuestro mundo lo recibe, ello se amplificará en vuestras propias vidas. Y creceréis, y creceréis, y creceréis… en este matrimonio y en este amor, y de una forma tal que está más allá de todo lo que ahora puedas concebir. Eso es todo.

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