Invitación a la carta de Cristo nº 7: “consciencia” y sexo   Leave a comment

(carta 7: audio A / audio B // índice de Cartas)

Esta carta, aunque sea en una sola escucha o lectura, os dejará quizá ya con una visión nueva de las personas y de nuestra curiosa inocencia fundamental.

Habla de sexo y de consciencia (tema ya tratado también en las cartas 4 y 6).

¿Por qué esa inocencia?

Porque todo el mundo está “liado”. De cierto modo estamos todos confundidos, pues “antes” de cada vida concreta, en el no-tiempo, no somos estos cuerpos, obviamente.

De cierto modo, “antes” de la vida concreta, somos esos impulsos que conforman esa “consciencia divina” de la que se habla en las cartas 5 y 6.

Esos impulsos quieren expresarse, así que, entre otras cosas, quieren acoger -y tienen que acoger y expresar, de cierta manera- la consciencia de los padres: la consciencia que los padres “fusionan” cuando se funden en tanto que consciencias… en el momento de concebir “un nuevo ser” -pues ya veíamos en la carta 6 que hay una especie de “fusión de consciencias” cuando se da la fecundación, y esta fusión es lo que a su vez es imbuido de “consciencia divina”.

En resumen, somos “seres de consciencia”, pero en cierta medida somos “traídos”, expresados, aquí en lo físico. ¿En qué consiste este “traernos” a lo físico?

En la anterior carta, la 6, veíamos un poco el esquema. Nosotros, como “consciencia divina”, es decir, como aquellos impulsos en equilibrio, los impulsos de:
-“voluntad-de-crear-inteligentemente”
– más el del “propósito-de-individualizar-amorosamente”…
…nosotros… como tal “semilla” de consciencia divina, venimos a con-fundirnos, a fundirnos-con la consciencia reunida de los padres, en ese momento.

Por tanto, en parte, en la vida se trata de que vamos a estar expresando un estado de consciencia determinado: aquel estado “terrenal” con el que nuestros padres hayan concebido (que puede ser más o menos inspirado, “amoroso”, inercial, casual, lujurioso, resentido, vengativo, etc.).

En gran medida venimos pues a expresar el tipo de “energías”, las que se dieron en la “unión sexual” que tuvieron en su consciencia nuestros padres -experimentada por los padres en las condiciones creadas por ellos en su consciencia en ese momento.

Y podemos observar que aquí, en estas vidas, por ahora somos muy poco “creadores conscientes”. No somos sensibles al hecho de que, de cierto modo, todo parte de “la consciencia”… de que los cuerpos no son “antes”… de que si queremos ciertos resultados (paz y alegría), podemos elegirlos pero en tanto que estado de consciencia.

Entonces, en esta carta 7 (y también mucho en la 6) convocamos intuiciones sobre un aspecto muy curioso, aunque solo sea un aspecto (es decir, que no es “la panacea”, ya que nada lo es, excepto Uno Mismo).

Si estamos meditando por ejemplo estas cartas, por tanto, recordamos cada vez más profundamente que la “consciencia” va antes que la materia, que la consciencia “crea” la forma… esos cuerpos que luego nos sirven para expresar esas ciertas “elecciones o co-elecciones de consciencia”, en el “alma” (co-elecciones que nos enlazan a determinados padres, situaciones, vibraciones, tipos de miedos, etc.).

Entonces, cuando nos unimos con otro ser para procrear (traer a un alma “nueva”, un niño), estamos siendo “creadores de consciencia” (más bien, “canalizadores” en un principio).

De alguna manera, pues, somos canales para “obligar”, para permitir que un “alma” exprese un cierto estado de consciencia: el estado que en parte será el que baña a aquel momento vital nuestro como padres, cuando estamos concibiendo un niño.

En la concepción, en ese momento de la vida, puede haber más o menos “amor”… pueden darse muchos tipos de motivaciones, más o menos miedosas, tras ese coito… donde se concibió el proyecto de una “nueva alma en forma física”.

Así que ese estado de consciencia, en el momento de la concepción, puede ser elegido con más o menos “amor”, más o menos “cuidadosamente”.

Y volviendo atrás: venimos aquí, en general, a “compartir mundo físico”, es decir, a compartir unos parámetros físicos globales (leyes físicas).

A partir de ello “creamos” (fabricamos), en esta ilusión de “mundo compartido”, que es una ilusión, por cierto, tan amada… ya que en ella podemos expresar lo que dentro ya somos para siempre, lo que somos… y lo que vamos a reconocer cada vez más ampliamente, en una eternidad de “servicio a Dios”, es decir, de servicio a la unidad y Vida que somos.

Y entonces, la forma de consciencia que tuvieron nuestros padres al concebirnos, o la que a su vez tengamos nosotros como padres (en el momento de la concepción de algún otro ser), esas formas de consciencia… esas “impresiones de consciencia” que se unieron y se “imprimieron” de cierta forma en los cromosomas… esa consciencia… es algo que “se puede elegir” -como casi todo-, pues como especie, como humanidad, nadie nos hace nada desde afuera.

No somos “víctimas”, es decir, nadie nos obliga a no estar “limpios” en nuestra consciencia para sentir el amor, la unión más pura posible, por ejemplo en el momento de la concepción, etc.

Nadie nos obliga a no sensibilizarnos de la importancia que tiene el “estado de consciencia”.

Siempre estamos, pues, “creando”, aunque dentro de la ilusión sea un sentido particular de crear, pues somos unidad ya creativa dentro, para siempre.

Por tanto luego, esa consciencia de la concepción parece que pasa a formar parte importante de nuestro filtro mental -diríamos quizá que es como el filtro humano de la consciencia divina que en realidad somos.

Y todos vamos por el mundo como manejados, como algún tipo de zombi, manejado por ese tipo de elecciones o co-elecciones realizadas con las “almas” de los padres.

De ahí la confusión y la inocencia generalizada 🙂

Ese estado de consciencia, el que baña la vida de los padres, puede estar lleno de muchos amores y desamores… impurezas… lleno de propósitos más o menos distorsionados y más o menos dementes, a la hora de concebir hijos:
– por obligación, porque mi familia o mi sistema familiar “seguro que desea que así sea”… Es decir, porque “hay que procrear”… etc…
– por aburrimiento,
– en un estado de simple lujuria,
– por inercia…

Así que luego, en este esquema que podemos plantear en un principio… luego… iremos por la vida con nuestra “consciencia divina” de cierta manera con-fundida, “interpenetrada” en o con esos estados de consciencia más o menos distorsionadores (los de la concepción), en los que hemos entrado desde el nivel del “alma”… (y con los que habremos “resonado” por algún “motivo”).

Ahí vamos, pues, más o menos como zombis, dejándonos “manejar” por esos campos, por esa “consciencia”, con todos esos quizá miedos, proyecciones, etc… -los que pudieran estar ahí, más o menos “subconscientemente”, en el momento de la concepción.

Nos dejamos pues “manejar” por los campos… para obtener experiencias contrastantes… al tener que “ir tirando” por la vida con nuestro ego, pues el ego fue como fue… (nuestra entrada en el mundo fue como fue).

Pero podemos retomar, volver a tomar, entre nuestras “manos”, esos campos, volver a abrazar/acoger esas energías de la concepción… esos propósitos, esas ideas asumidas tan profundamente… para volver a elegir.

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