Gran Hermano, o la increíble espiritualidad de la televisión   Leave a comment

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Otoño 2016

En este programa, Gran Hermano, como quizá sabéis, se trata de la convivencia.

En él, unos concursantes se prestan a convivir con desconocidos, sin salir de una casa durante un periodo de tiempo que será determinado en parte por cómo convivan.

Interrumpen así todos sus patrones o pautas habituales: ya no pueden ver a sus amigos ni a sus familias… ni tienen internet, ni televisión, ni por tanto redes sociales… ni sus tipos más queridos de comida, etc.

Ya por solo esa interrupción, el experimento se trata, como vemos, de un “retiro espiritual” en toda regla 🙂 , a la vieja usanza… en una especie de “monasterio” que seguro que debe hacer resonar en el “alma” de muchos de ellos muchas cosas “vividas” –cosas que de alguna manera están presentes en ese nivel “sin tiempo” que es el del alma… ese nivel que engarza diversas vidas, y no sabemos cómo –más allá del tiempo lineal.

Y así, por cierto, es lógico que los concursantes se pongan realmente de los nervios, atacados… y afloren muchos “dolores” aparentemente “irracionales” (y ya sabemos lo que son esos dolores, pero este es otro tema –es el tema de esta página web en general).

Pero no vamos a tratar sobre eso.

Aunque hay muchas cosas que se pueden comentar, quería notar solo una, muy obvia, y que me parece realmente impresionante, alucinante –o aluciflipante, como decía Bea, la simpática ganadora de la edición española de este año.

Es esta: el programa permite construir y reconstruir de muchas formas un segmento de la “vida real” del concursante que sale de la casa.

El concursante, al salir, va a tener que afrontar vídeos donde su vida se monta de forma diferente. Así, vuelve de cierto modo a “revivir” las cosas, vuelve a ver la película de su vida recién pasada, pero montada bajo otra lógica.

Su vida no se expone de forma lineal, temporal, sino que los aspectos de la vida se montan, se editan, siguiendo pautas o líneas “emocionales”… y esto es, diríamos en general, más parecido a lo que sucede por ejemplo “en los sueños”, o en cierta etapa después de “la muerte”, donde nuestro Yo más amplio campa más a sus anchas a la hora de tener su concepto sobre lo que es “vivir”… y donde parece que él, nuestro Yo más amplio, se vive a Sí Mismo como un gran y potencial editor, montador, director… e incluso productor… de películas.

Así que, tras la muerte, tras la muerte de todo ese mundo que ha sido la convivencia en la casa, el concursante se ve confrontado con una lógica diferente a la hora de presentar los acontecimientos de la vida: por ejemplo puede que vea de sopetón todos esos vídeos de su “vida real”, donde él –él solo o también con algunos otros personajes de la casa– experimentaba más o menos cierta emoción concreta de “amor”, o de “ira”, etc.

Así que el “hilo conductor” de la vida que acaba de vivir, de esa vida real durante varias semanas… ya no será el hilo del tiempo, sino otras cosas.

Y a la vez sucede otra cosa muy graciosa y “educativa”: el concursante también se ve confrontado a escuchar lo que podríamos llamar “voces de la conciencia”, es decir, personas del programa que, al salir, en el plató, quizá le digan…: “eh, pero mira lo que sentía fulanito o menganito cuando tú hacías o decías eso y lo otro de más allá”.

Y esto último nos lleva obviamente a ese otro gran aspecto de una de las etapas tras la muerte: En ese estado “no-físico”, tras la muerte, al parecer todos llegamos a sentir (en nuestras propias no-carnes) lo que sentían los demás seres en nuestras vidas… –las personas, etc.–, ya que lo real es unidad… y nuestro “Yo más amplio”, aunque no lo podamos entender, vive “en unidad”, sin dejar de ser “él mismo” (ahí “dentro” no estamos tan “desdoblados”, como sí nos ocurre aquí, en el mundo de lo relativo, donde podemos degustar de forma tan separada “las cosas”, “los significados”, “los valores”…).

Así que el programa representa un calco de una parte de lo que sucede “tras la muerte”.

El concursante “revivirá” por tanto su vida, aunque solo sea con esos vídeos… y otro aspecto muy relevante aquí es que además la revive de forma muy expuesta, pues visualiza su vida ante el público, ante cientos de miles de personas que están viendo su entrevista, pues nada más salir el concursante es entrevistado, como en una especie de “juicio”.

Y esto es importante porque de alguna manera calca, refleja, lo que “pasaría” tras la muerte, donde nos sentiremos de alguna manera abiertos, expuestos… ya que de entrada somos una sola unidad con todo el resto de la especie, la humanidad.

El concursante visualiza pues, de otra manera, algunos aspectos de la “vida real” que ha vivido en ese mundo de la casa que, por cierto, ya ha muerto. Por tanto, la persona, al salir, es como si muriera en parte, ya que realmente “muere” todo ese “mundo” de relaciones, de convivencia, que había sido creado en la casa durante por ejemplo los dos o tres meses que pueda haber pasado allí.

Así que esta persona ha entrado en una casa donde todo queda grabado, registrado en vídeo… y por tanto su “vida real” ha quedado grabada –vida “real”, más o menos real, pues obviamente es bastante más artificial que la normal, en esa especie de “retiro espiritual” que decíamos.

Y esta grabación refleja también en parte lo que pasará en nuestros “universos interiores”, donde de cierta manera todo debe ser una sola “experiencia” y una sola memoria perpetua… una memoria que de alguna manera va haciendo la digestión de sí misma, “redigiriéndose” a sí misma… y donde de alguna manera “todo se registra” y todo crece “en valor” y en unidad.

Así que, en cierta etapa tras la muerte, habría un momento donde es inevitable que revisemos la vida que hemos tenido “aquí”, en la bendita ilusión del “tiempo”.

Y entonces, en el calco que hace este programa de televisión, la “vida real” del concursante es luego montada de diversas maneras, tal y como ocurriría en esa etapa, cuando dejamos el cuerpo, en la etapa en que vivimos, “sin cuerpo” y de otra manera, esas asociaciones entre:
– lo que pensamos y creemos,
– lo que hacemos,
– y los resultados que obtenemos debido a esas creencias, pensamientos y actos…

… todo eso se vive y se “ve” más directamente, más “en unidad”… sin poder echar mano del engañoso tiempo… de ese tiempo lineal con el que nos autoengañamos aquí… al creer haber olvidado que somos nosotros quienes fabricamos todo, a partir de lo que pensamos o creemos.

Entonces sentiremos (aunque sea sin cuerpo) lo que los demás han sentido por nuestras acciones, pensamientos, etc. –ya que los demás son literalmente nosotros mismos, en unidad.

Y esa revisión debe ser muy “expuesta”, es decir, nos debemos sentir muy expuestos, “en unidad”.

Y una sensación similar de “estar expuestos” es la que sentirán los concursantes al ser entrevistados cuando vuelven de su “vida pasada” en la convivencia… cuando dejan atrás todo un mundo de relaciones.

Y ese “verse expuestos” sería un reflejo de esa misma exposición que ya somos y que todos sentiremos, “sin cuerpo”, tras la muerte… en ese “ser en unidad” que “sucede” más fácilmente tras la muerte.

Entonces, es lógico que los concursantes se vean tan afectados, que expresen que la experiencia es impresionante… pues este programa da pie a apuntar de alguna manera hacia ese asunto o ese “concepto” tan fundamental de nuestras vidas:

– el que nosotros seamos de cierta manera quienes hemos fabricado nuestras vidas (el que no haya víctimas en el fondo),

– y el que a esa fabricación subyacen “propósitos del alma” –es decir, que de alguna manera la vida es consciencia, y a su vez esta consciencia es “propósito profundo”.

Y esos propósitos tendrían que ver en parte con lo que de alguna manera, en ese “nivel del alma”, CREEMOS que tenemos que “aprender” o que sentir (pero que en el fondo iremos puliendo más allá de la mera CREENCIA hacia lo que queremos ELEGIR representar en lo físico).

Quizá en ese nivel, aunque parezca ser más “profundo”, seguimos alimentando más o menos “culpa artificial”, ya que supongo (aquí podríais darme ideas o recordatorios sobre esto), supongo que… al ver “lo que hemos hecho” en esas “vidas pasadas” que repasamos en ese estado “sin cuerpo”… al ver lo que hemos hecho o “nos han hecho”… (lo que simplemente “ha sucedido”)… al ver todo eso en esa especie de visualización más “en unidad”, más “conocedora”… tan expuesta… quizá interpretemos aún todo demasiado “corporalmente”, y por tanto “culposamente”.

Así que todos los seres son, en realidad, en el interior, unidad con nosotros… en la Mente que somos… y de alguna manera todo se regula con esa especie de “propósitos” que asumiríamos con la idea de completarnos de alguna manera… pero finalmente de completarnos en tanto “seres que quieren expresar su esencia”.

Y ese asumir propósitos, al realizarse en ese “nivel” que luego nos parece que tenemos que olvidar sí o sí, necesariamente… e ilusoriamente (en lo físico)… ese asumir propósitos… ¿qué conlleva?

En parte es necesario el olvido para que el espectáculo pueda continuar… para que la vida pueda ser asumida con espontaneidad, para que pueda sorprendernos… para que pueda darse un “aprendizaje” a partir de ahí –un aprendizaje que al final, como sabemos, consiste en recordar que “no había nada que aprender”… y sí todo que “ser”, que “expresar”… gracias a estos “vehículos del alma” que son los diversos tipos de cuerpos-universo.

Y aquí nuevamente el programa –y muchas experiencias en la vida– nos pueden dar mucho que decir… si empezamos a hablar de los reflejos de esa “necesidad de olvido”, en relación a las expectativas que puedan tener los concursantes al entrar en el concurso, es decir, en una vida que ya saben de antemano que “va a morir”.

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