Simplemente un exceso de “dar por hecho el mundo” para negar la individuación como proceso (invitación a la sesión 23 de Seth)   Leave a comment

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seta

¿Quién ve cuando miramos?

¿Solo uno mismo?

¿Acaso nosotros no estábamos también ahí, cuando aún no veíamos como ahora, es decir, de bebés… cuando solo veríamos sombras y claroscuros… y además por ejemplo solo oiríamos en función del contraste con ese bajo continuo uterino… ese ruido de fondo que debimos experimentar con los oídos en el útero?

Y entonces, ese yo interior que también estaba ahí, cuando crecíamos… ¿no estará también ahora aquí, delante de nuestras narices?

Ya sabemos que la mitad de todo nuestro “problema humano” tiene que ver con cierto tipo de libertad de la consciencia…
con esa libertad que depende de llamar “consciencia” o “mente consciente” solamente a lo que resulta de la maduración del cerebro.

Llega el cerebro,
se individualiza…
y ale,
nuestra consciencia se queda con su tesoro, tira a la basura todo lo demás,
y dice:
“ahora, ahora somos conscientes”,
somos adultos, maduros…
ahora entendemos,
ahora somos… “nosotros mismos”.

Y en gran medida sucede todo lo contrario.

Ese nosotros mismos es ya el dividido, separando mente y “corazón” (es decir, separando la mente del yo interno… ese yo interno que está “pegado al alma”… a ese alma que está “creada” por Todo Lo Que Es… por “Dios”).

Sucede todo lo contrario, decíamos,
pues es entonces cuando comienza el viaje de la mayor ilusión o engaño posible,
en esa adolescencia de tan patente “inconsciencia” o ignorancia…
–aunque por otra parte quizá diríamos que una ignorancia tan fantásticamente ilusoria y “disfrutable”…–…
y que, además, como ya sabemos, es una adolescencia que en nuestro mundo se prolonga por lo menos hasta los 50 años de edad –de un adulto “normal”.

Así que a partir de ahí, con ello,
ya hemos puesto los cimientos a todo “problema”, a todo problema “posterior”…
ya que todos los problemas humanos radican meramente en la actitud mental de…:
“¡primero resultados!”…
en vez de…:
primero proceso“.

En eso consiste esta especie de “sobrevaloración” del mundo.

Cuando decimos “yo”
(o cuando declinamos un verbo en primera persona y decimos “como, nado, respiro…”)
normalmente estamos reforzando esa actitud mental,
pues “yo” es el resultado superficial de un increíble y gratuito proceso de individuación,
en el que siempre estuvimos “acompañados”
(acompañados digamos que por eso que se llamaba “el alma”…).

Y ese proceso global de individuación incluye, para bien y para mal, entre otras cosas, la individualización del cerebro.

Así que frente al mundo de locura que vivimos
este mundo que nos ha servido para realizar una especie de “invento”…
para “inventar” un modo de consciencia muy concreto…,
y por loco que pueda parecer el cachivache…
frente al mundo loco…
estamos fabricando uno “cuerdo”…
pero sin hacer demasiado, sino más bien como producto natural de nuestro cambio de mentalidad…
desde un proceso donde nuestras mentes naturales se abren a Todo Lo Que Es…
mientras despertamos de toda idea de separación…

Este “mundo cuerdo” va a poner cada vez más al frente de todo la idea del cuidado y de la comprensión del proceso (y por tanto de la relación)
–es decir, la comprensión y cuidado del proceso de individuación de cada “cosa”.

Así que nuestro problema,
el intrínsecamente “humano”,
y por tanto –y “por la gloria de Dios” 🙂 —
el “problema” del hecho de vernos confrontados con ser capaces de “ser malos”…
el problema…
era solo que todos nos esperamos, muy orgullosamente,
a que se desarrolle una especie de “cúspide de consciencia”,
y simplemente esperamos a llamarla… a llamar a eso…
“yo”,
“consciencia”,
“mente consciente”…
… a lo que “solamente” consiste en un resultado: el resultado de la maduración del cerebro.

Es decir, nos absorbemos o hipnotizamos con los hechos, con el resultado,
en lo ya hecho
(frente al proceso y la relación).

YA vemos,
YA respiramos,
y ya caminamos… ya palpitamos, ya pensamos,
YA somos.

“Es un hecho”,
es decir, un resultado,
y depende de nuestro proceso de individuación (en el que siempre estuvimos, incluso antes de “meternos”, en tanto que “consciencia pura”, a acompañar… a un cuerpo).

Así que en ese proceso estuvimos desde siempre,
lo somos desde siempre (red de relaciones, interna, encajada en muchas redes de relaciones)…
y siempre éramos también nosotros,
aunque tengamos a nuestro “yo-resultado” idolatrado,
a ese “yo” tardío,
el “yo” que a fuerza de “los golpes de la vida” se singulariza como ego-adulto-maduro,
como quien-sabe… como quien-sabe-quién-es, y está bastante seguro de “sus cosas”.

Damos pues por hecho algo que de cierto modo también hemos aprendido (a caminar, a ver, incluso a respirar)…
y estas cosas “aprendidas” son el resultado de cierto proceso donde nosotros estábamos de algún modo “observando”…
… pues nuestra vida esencial personal es anterior a nuestro cuerpo actual,
… ya que nada vivo y real puede ser amenazado.

Vemos con los ojos,
pero no nos acordamos de que de alguna manera hemos tenido que “aprender” a ver.

Aunque de cierto modo no tenemos el vocabulario para hablar de ese cierto “aprendizaje del ver”,
pues ahí se trataría de otro “yo interno”,
uno más digamos “unido”…
un yo digamos que “unido al alma”
y unido a todo ese “mundo interior”…
… a ese mundo interno que no es un mundo,
y que es de donde procede todo ese pensamiento-energía con el que terminamos “condensando todo el rato cuerpo”
en los parámetros compartidos con los que serán “nuestros adultos”.

(Ese mundo interno que por cierto sigue ahí, sosteniéndonos, por supuesto.)

Y bien,
en ese momento diríamos que estamos más sintonizados con la actitud de “regalo”,
es decir,
de “aceptar ese regalo que es el ver”
el simple ver de un cuerpo en desarrollo…
y no tanto con la actitud adulta del…: “primero resultado”, “primero individuo”, y no proceso.

Y es que ese “aprendizaje” se hubo de producir de alguna manera desde “el alma”,
es decir, con una mayor “plenitud sentida” –mayor de todo lo que ahora podríamos intentar comprender acerca de lo que ese aprendizaje contiene.

Así que de alguna manera aprendemos de la mano de esa “inteligencia” que llamábamos “Dios”…
de la mano de esa personalidad infinita interna, de eterna extensión, de donación de energía “inteligente”…
que se desdobla ilusoriamente para dar nuestras “almas”…
y que en el fondo fuimos y seremos siempre… en esa mente unida…

Es decir, venimos de la mano de ese alma que ya de alguna manera está desdoblada, o aparentemente separada,
pero que es, diríamos, un desdoble más unido…
ese desdoble que habrá en el campo de las almas,
donde seguimos creyendo en la separación,
pero donde la vida es “otra historia”…

Allí parece que es donde nos inventamos (como se trasluce por lo que nos comenta Seth o por lo que comenta Jeshua en el segundo libro de la vía de Jayem),
allí parece que nos inventamos,
que “co-elaboramos”,
todas esas “lecciones” que luego venimos aquí a “aprender”, en nuestro mundo de cierta ignorancia buscada…
con la mentalidad del “tenemos que aprender”
… lecciones muy humanas ellas…
… relativas quizá a valores humanos:
deudas (“ahora yo seré tu hijo pues fuiste mi padre”…), etc., etc.
(Y siempre con la energía o pensamiento que es también la fuente de nuestros “espíritus puros”…).

Entonces, una vez en el mundo,
separados de nosotros mismos gracias a idolatrar la maduración del cerebro,
valoramos por ejemplo muy especialmente todo aquello de lo cual SÍ que nos acordamos, y muy concretamente, que fue algo o alguien que nos enseñó algo:

por ejemplo, valoramos aquello o aquellos que “nos enseñaron a LEER”… o “a comportarnos” o “portarnos bien”…, es decir, a creer en ciertas cosas que parecían ser imprescindibles para sobrevivir… etc.

Y así, todos esos seres que “nos enseñaron” más “conscientemente”,
pasan pues a ser grandes candidatos a ídolos,
pasan con facilidad a ser convertidos en ídolos por nosotros,
bien sea para atacarlos con nuestros pensamientos,
o bien para reconocerlos, bienintencionadamente, como “semi-dioses” –y durante quizá mucho tiempo.

Así que podemos terminar valorando por encima de todo “el mundo humano”…:
padres, profesores, etc….
es decir, todo ese mundo “superficial” más artificial y más mudable, de “lo humano”.

Esa sobrevaloración miedosa del mundo es pues
la sobrevaloración del mundo frente a “Dios”,
es decir, del mundo frente a lo GRATIS,
frente a “la Tierra”,
frente a la energía vital, o vitalidad interna pura,
frente (o incluso contra) esa vida/pensamiento extraordinariamente “inteligente”,
que nos acuna y nos sirve desde adentro…
y que es con lo cual proyectamos todo el rato universo… en este raro juego.

Y esa sobrevaloración miedosa que es el mundo en sí…
nos sirve de alguna manera para reforzar cada vez más la maniobra de la “proyección”
(y proyectamos más y más nuestro miedo, negando la vitalidad interna, lo cual tiene que ver, lógicamente, con nuestra “actitud resultados”).

Es decir,
todo el problema es que persistimos todos, como zombis,
en no querer acordarnos de que somos nosotros mismos quienes nos hemos separado del yo interior,  de ese yo que sigue respirando a nuestro lado, que sueña, que ve…
y que lo hace dentro con nosotros, “por” nosotros y “junto” a nosotros (desde siempre).

Y como no reconocemos que de alguna manera ALGUIEN nos ha “enseñado” por ejemplo a VER, a respirar… entonces, lo que olvidamos así (esa relación interior) lo pasamos a TEMER…
y pasamos pues a tener miedo de nuestro origen, de lo que llamábamos “Dios”.

Cosa que como sabemos parece ser consustancial a este mundo –el miedo al poder creativo… al amor.

En la sesión 23 de Seth se comentan un poco estas cosas. (Lo que acabo de enlazar es el audio, y el libro y otras sesiones y más audios están enlazados en el índice de Seth.)

He aquí algunas citas de esa sesión 23:

«El hecho es que ve [el ser humano ve, con los ojos], aunque nadie le haya enseñado a ver.

» Y la parte de sí mismo que le enseñó a ver todavía guía sus movimientos, todavía mueve los músculos de sus ojos, todavía se vuelve consciente a pesar de él cuando duerme, todavía respira por él sin que le den las gracias ni un reconocimiento, y todavía prosigue en su tarea de transformar la energía de una realidad interna a una externa de camuflaje.

» Se queda atrapado por su propio yo, artificialmente separado. Busca dioses, cualquier cosa, para explicar las funciones perfectamente naturales que le pertenecen. Esto le absuelve perfectamente, a su propio entender, de toda responsabilidad, pero no es así.

» Vosotros formáis el mundo de camuflaje de las apariencias con la misma parte de vosotros que respira. No admitís que quien respira forma realmente parte de vosotros, ni tampoco admitís que el creador del mundo de camuflaje físico es una parte de vosotros mismos.

» El mundo del patrón de camuflaje está formado por la mente, y estoy usando esta palabra ahora, “mente”, en su verdadero sentido, como parte del mundo interior. La energía es recibida por la mente a través de los sentidos internos y es transformada para dar patrones de camuflaje empleando las enzimas mentales.

» No hay ningún motivo por el que la humanidad no pueda ser consciente de esta transformación, si es que alguna vez admite la existencia del yo completo que hace esto posible.

» Como mencioné antes, el proceso de respirar parece automático, y no obstante, hay cierta parte de vosotros que es consciente de las más minúsculas partes del aire que llena los pulmones.

» El tiempo físico externo es un camuflaje completo, básicamente innecesario en vuestro plano; pero habéis hecho que sea necesario debido a vuestro rechazo a admitir que el yo interior es una parte de vuestra personalidad completa, y por tanto en vuestro plano no habéis sido capaces de sacar el máximo provecho del tiempo psicológico».

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