¿Para qué sirven los mundos? Una clase elemental de espiritualidad/religión, con El libro de Urantia :)   2 comments

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(Otro artículo anterior de esta web, con “claves” sobre El libro de Urantia, es: «Dimensión semilla». Y en el índice dedicado a Urantia en este blog se pueden encontrar por ejemplo los enlaces a los audios del libro.)

Desde la primera página del capítulo 1 de El libro de Urantia (ELU) tenemos la respuesta a todas las cosas :).

¡Qué desfachatez!

Muchos de nosotros que íbamos por la vida,
dale que te pego,
paseando nuestra sufridora ignorancia… quizá por las familias,
… en esa vida familiar, y casi siempre como infantes maltratados… ya que los niños son maltratados salvajemente al menos de forma emocional (el tipo de maltrato más importante)…
… y luego más o menos como zombis paseamos por las escuelas (si hay suerte),
… los colegios (si hay más suerte),
… las universidades (si hay más “suerte” todavía… como dirían sobre todo los padres más “clásicos”… 🙂 ),
… los trabajos o empleos (que con suerte son no demasiado “sufridos” 🙂 )…
… sin embargo…
… vamos todo el rato sin poder y sin querer hablar de para qué sirven los mundos
(es decir, de “para qué estamos aquí”…)…

Y entonces, va, y resulta que un librito, en su mismísima primera página, te lo cuenta todo y te lo soluciona todo.

¡Pero si ni siquiera tiene sentido hablar de “propósito del mundo”!

¿Un propósito de todo esto? ¿Cómo?

¡Qué osadía! ¡Hablar de propósito, y de forma tan global!

¡Qué salvajes, qué sinvergüenzas son estos “ángeles”, y demás “gente” que ayuda a hacer estas revelaciones… durante toda la historia “humana”!

Pero es que así es la “espiritualidad”, o la “religión” –entendiendo que “religión” en el universo significa en el fondo lo mismo que “espiritualidad” (solo que en nuestro planeta hemos fabricado demasiadas distorsiones).

Y bien, los mundos sirven para tres cosas, solo para tres –y ahora las vemos. (Y son tres cosas que solo pueden ir en el orden dado.)

Por ejemplo, los mundos NO son para que nosotros “seamos buenos”…
… no son para “entretenerse”…
… ni para que “cuidemos a los demás”…
… ni para “disfrutar”…
… tampoco para quedarnos en la ignorancia, por ejemplo adorando la ilusión de la ignorancia…

Tachán tachán…:

Los mundos son… para… (página 1 del documento 1 de ELU):
– conocer a Dios,
– recibir el afecto divino,
– y amarle a cambio.

Y solo así es como podremos realmente “disfrutar”,
… o llegar a saber realmente qué es lo que conlleva “ser buenos”… “cuidar” a los demás… etc.

Y decíamos que el orden es muy importante.

No podemos recibir PERSONALMENTE el afecto divino si no conocemos primero a Dios.

Y no podemos amarle a cambio si no tenemos nada que ofrecer, nada que dar… es decir, si antes no hemos recibido su afecto (si no hemos recibido antes lo que vamos a dar… y que es Él Mismo, el afecto divino).

Otra cosa es que en realidad y de alguna manera siempre estamos recibiendo dicho afecto… dicho “amor”… como simple efecto de nuestro verdadero origen, como efecto de lo que realmente somos… procedentes de un origen que no es material sino espiritual –ya que todo radica en, y procede de, un mismo y único origen… infinito… un origen que sigue nutriendo y sosteniendo la posibilidad de que podamos fabricar cuerpos e historias en diverso grado “sufridoras”, con nuestras mentes.

Para posibilitar nuestra misma vida como cuerpos (la respiración, etc.),
de hecho, ya nuestro “yo interior” nos está filtrando la “vida”,
… esa “vida infinita interna” que es en sí el universo por dentro…
… es decir, que nos está dando-filtrando la energía-pensamiento puro…
… se la está “dando” a nuestro subconsciente…
… y así, esa vida va siendo de cierta forma distorsionada…
… a cada instante,
… la vamos distorsionando…
… para poder tener “experiencias” físicas en un mundo de relatividad…
… a través de las ilusorias capas de nuestro subconsciente…
… y desde aquel yo nuestro, el interior, que también es personal …
(y que por tanto no es un mero automatismo controlador de nuestras funciones físicas corporales)…
… y que también es “personal”, decíamos… o que es incluso “más” personal que nosotros…
… y que está del todo “conectado” al “alma”…
… conectado “a plena consciencia” con ella…
… y todo, todo ello…
… para así poder tener un cuerpo…
… un cuerpo “funcionando”, tan alegremente,
… tan despreocupada e “inteligentemente”,
… a cada segundo…
… y en un universo tan aparentemente “bien hecho” (o al menos, sorprendentemente hecho).

El origen de la vida no es la materia, tal como la entendemos,
y por eso, en nuestra primera “clase” de religión tenemos que:
el propósito de los mundos es conocer a Dios.

🙂

Nada podría estar vivo sin el Origen, que no tiene nada que ver con “materia”, es decir, con esos choques que llamamos “actos físicos”…

¿Qué es Dios?

Rápidamente dicho:
Una personalidad infinita que no está limitada por la carne (por lo físico),
ni por una mente finita.

¿Y qué tipo de límites son los que pone la carne y la finitud de nuestra mente?
(… una mente que, ya vemos, parece ser, en comparación, de tipo “finito”…
… una mente que, como vemos, parece “encarnarse” en un cuerpo
(es decir, “fabricar” un cuerpo y su entorno a cada instante… y junto a otras mentes aparentemente separadas, y que también están muy acostumbradas a hacer lo mismo como si tal cosa, sin esfuerzo…)

Los límites que pone son obvios:

Cuando estamos “encarnados” (y somos por lo tanto además “mente finita”),
NO podemos conectar conscientemente e “interiormente” A LA VEZ con muchas personalidades,
por ejemplo. No podemos tenerlas en cuenta y “servirlas” de alguna manera a todas a la vez.

Pero un “dios” lo hace de cierto modo desde siempre y sin esfuerzo, y además lo iría haciendo (con nuestro permiso) cada vez más y de más modos (y ese sería el juego al que hemos admitido jugar).

Es decir, que el mismo tipo de “esfuerzo” que nosotros NO tenemos que hacer para “fabricar cuerpo” y “entorno”, como si tal cosa…
ese mismo “no-esfuerzo”… aquel “dios” tampoco lo tendría que emplear,
pero en su caso no se tiene que esforzar para ser “personalmente consciente” A LA VEZ, y muy concretamente, de, por ejemplo, todos nosotros…
acompañando así muy íntimamente a una multitud ingente de personalidades.

Insistamos: igual de natural y poco costoso que nos parece a nosotros “ver universo” y ser un cuerpo… igual de poco esfuerzo que parece que implica el “simple” hecho de tener un cuerpo tan complejo… en funcionamiento dentro de un universo así… con unos planetas que muestran unos equilibrios tan complejos en sus biologías y geologías… así… igual de natural y de poco costosamente… un “dios” podría “estar con nosotros” en esa dimensión interior donde, de cierta forma, toda consciencia está unida.

A veces se nos aconseja que, si queremos a alguien de forma íntima, por ejemplo en tanto que “parejas”, esa persona sea mejor alguien que “querríamos ser”.

Es decir, que en las relaciones íntimas nos hemos de dar el gusto de querer cómodamente precisamente a las personas que, cuando las vemos, nos inspiran decir esto: “Me gustaría o no me importaría ser esa persona”…

Y obviamente, si hacemos esto, no es desde alguna “carencia de ser” por nuestra parte, es decir, no es con un sentimiento de rechazo de nosotros mismos; no queremos ser esa “otra persona” porque no nos aceptamos o nos queremos a nosotros mismos… sino que queremos “ser el otro” desde el amor y la plena aceptación que ese “otro” nos inspira, ya que sobre todo suscitaría en nosotros una especie de afirmación integral de su ser, y, por lo tanto, y sin problemas…: “podríamos querer ser esa persona”.

Entonces un “dios” es alguien que, en determinadas épocas y fases, dentro de las maneras en que los mundos son habitados… dentro de las maneras en que las personalidades que se alojan en un sistema de realidad habitan dicho sistema… es alguien que está dispuesto a “apoyar” o a “sostener” todo lo que quieran ser aquellos que son “sus mirados”, sus “contemplados”, sus “sostenidos”.

Dios, nuestro origen real no-material, es pues esa plena libertad, es ese compromiso pleno con la liberación plena de la voluntad de “sus” criaturas.

Y Dios ya desde siempre sería eso, pues nos permite entrar, de cierta forma, en más y más mundos, es decir, “fabricar” y “fabricar” más y más mundos… sin parar… y más y más situaciones cotidianas que sucede que constantemente reflejan aquello que nosotros creemos sobre nosotros mismos –aunque, aparentemente, a menudo nos hayamos olvidado de que teníamos esas creencias dentro.

A partir de ahí, entonces, y teniendo eso en mente, resulta que el propósito de los mundos es volver cada vez más la mirada “hacia dentro”, ya que ese “dios” estaría ahí en realidad para que nosotros también le fuéramos “mirando” más y más… y con las diversas “ayudas” que nos revelan los libros como ELU.

Estas ayudas podríamos decir que son “cosas” que sucesivamente se alojan en el “ojo de la mente”, y con cada vez más profusión, profundidad, intensidad…, facilitando así que profundicemos en esa relación de conocimiento que ya está de hecho implantada de alguna manera en la mera existencia de un mundo material (que es ya un cierto reflejo, aunque solo sea pálido… un pálido reflejo que realiza una gran distorsión de la Realidad interna que es la Creación).

Y así, se da la ilusión temporal para vivir una historia de reflejo espiritual: para que reflejemos de forma natural y espontánea –y cada vez mejor– esa relación que es el propósito de los mundos (ese “conocer a Dios”).

De este modo, la relación de algún modo parece ser “restaurada”, y así, hay algo que “crece”, que pasa por un cierto “proceso” de “hacerse individuo”, de individuación… a partir de esa reconciliación con el Origen.

Entonces, por lo que nos revela ELU, resulta que ese proceso de “restauración” o “reconciliación” (en el curso de milagros se llamaba “expiación”), tiene fases.

Es decir, que las criaturas como nosotros, en estos “mundos relativos”, tenemos la experiencia que llamamos “mundo”, sí, pero separada en diversas fases o “dispensaciones”, como las llama ELU, que dependen de la “aceptación de Dios” que ese mundo implementa.

En estas dispensaciones, pues, los mundos se van acercando cada vez más a Dios, en el sentido de aquel reflejo del que hablábamos… en el sentido de que, en las mentes de las criaturas “inteligentes”, se admite cada vez mejor la presencia de esas personalidades infinitas (“Dios” y sus “delegados”)… y por lo tanto las criaturas se vuelven cada vez más “conscientes” de su origen, pese a estar “encarnadas”.

Así pues, las sucesivas dispensaciones son la representación de ese “drama” inevitable:
El drama por el cual la criatura se “entrega” a su Origen… en el cual las criaturas “finitas”… nosotros… cambiamos de dirección, por así decirlo, ya que “ilusoria” y transitoriamente nos habíamos apartado, entregándonos, “en cuerpo y alma”, a “otra cosa”.

Nos habíamos entregado a esta especie de ilusión,
… la del tiempo y la materia… tal como los concebimos ahora en nuestra mente…
… que conforman esta ilusión que en gran medida es lo “opuesto” a nuestro Origen como Espíritu-Unidad…
… una ilusión que en gran medida “contraría” a nuestro Origen…
… y donde, por lo tanto, “estamos” en una experiencia finita “relativa”,
… en estos mundos de la relatividad en la forma
(una experiencia que solo se vuelve posible gracias a los Absolutos que de cierta forma contornean y posibilitan dicho “mundo”, dicho “hacer mundo”*)…
… y que a la vez también nos hace posible terminar “entregándolo todo” al Origen (que así, de cierta forma, se individúa, prosigue su proceso eterno de individuación, siempre en extensión de Sí Mismo).

_____
* Si decimos “hacer mundo” es para llevarnos hacia la actitud de “ver el proceso”, ese cierto proceso de pulsación que el mismo ELU nos dice que es en el que estamos… en una especie de constante “hacer mundo” (de cierta forma desde “la mente”)… como vimos en el artículo «Estamos en circuito», que trata también sobre El libro de Urantia, y que fue muy importante para mí.
Además, sobre el tema de los Absolutos –también en ELU–, unos Absolutos por los cuales de cierta forma somos abrazados (“creados”)… y que nos hacen como una especie de “bocadillo”… sobre ello… vimos algunas citas y comentarios en el artículo «Entre dos absolutos».

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2 Respuestas a “¿Para qué sirven los mundos? Una clase elemental de espiritualidad/religión, con El libro de Urantia :)

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  1. Muchísimas gracias por tu amor al compartir este audio que me llega directamente no sé cómo al revisar mi correo y me llega muy adentro de mi mente sintiendo una inmensa conexión contigo y con lo Infinito.

    Mi agradecimiento infinito a ti y tu inspiración,

    Virginia Reyes Phoenix, Arizona

    Sent from my iPhone

    >

    Virginia Reyes
    • gracias!
      Ahora… ya sabes, como siempre… parece que nos toca tranquilamente ser valientes y “extender” eso… según lo más inspirado que sintamos… 🙂
      hacia lo que sea… hacia donde sea…

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