El espíritu y lo animal. La base animal para las inevitabilidades humanas. Reconfigurando la dualidad material/espiritual (en torno al libro de Urantia)   Leave a comment

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[En este texto tenemos en cuenta o utilizamos, entre otras cosas, El libro de Urantia, Seth y Jeshua o Jesús. Al libro de Urantia lo llamamos ELU; utilizamos lo que se llama “traducción europea” de ese libro (ver urantia.org), y los números que a veces hay en este texto remiten a las partes de ese libro donde se habla de lo que estamos tratando. Por ejemplo el número 42:12.14 remite al párrafo 14 del apartado 12 del documento 42 de ELU.
(Si se quiere ver un texto anterior, en esta web, sobre ELU, y que sea relevante o anticipe un poco lo que aquí decimos, ver este.)]

Este texto a continuación es para tratar sobre la separación entre lo “material” y lo “espiritual”*.

Diciéndolo rápidamente, esa es una separación muy profunda, pero que hay que entender muy bien, pues “lo material” no es simplemente “una cosa tonta” y lo “espiritual” simplemente “una cosa inteligente y maravillosa”.

Para mí es muy instructivo situar esta cuestión en torno a los animales, en torno a “lo animal”… debido a que de cierta manera “materializamos” o “desespiritualizamos” demasiado a los animales (o, por decirlo de otra manera, “los materializamos mal”).

Y para situar la cuestión ahí podemos hablar simplemente de esa sensación de “dolor” que nos puede producir la visión de los animales cuando se matan entre sí para comerse.

Una revelación, como ELU, nos da una herramienta para saber dónde radica realmente la diferencia entre el mundo animal y el humano.

Esa diferencia tiene que ver con la dimensión de lo invisible, la del espíritu… de la cual podemos decir -como se dice desde siempre, en las revelaciones en un planeta como este…- que de hecho es la realidad creadora o arquitecta.

En nuestro mundo humano… ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza, y que tiene que ver con lo invisible, lo inmaterial?

Son los conceptos, pero por ejemplo unos conceptos que son muy prácticos, por así decirlo, como la valentía o el altruismo.

Parece claro que estos conceptos pueden tener una base animal, y quizá muchas personas a bote pronto pensaríamos que la valentía que vemos en los animales es simplemente la misma valentía que la que expresamos los humanos, y que el “altruismo animal” es en esencia igual que el humano… ya que por ejemplo una madre animal se comporta de forma “altruista” con sus cachorritos –si empleamos ese adjetivo, “altruista”, de forma flexible, claro.

En nuestra atmósfera cultural, que es a menudo tan extremadamente “laica”… no queremos saber nada sobre “el espíritu”, así que para empezar quizá de entrada mucha gente piense cómo acabamos de expresar arriba, con lo que acabamos de decir sobre la valentía, el altruismo, etc.

Y las revelaciones sirven en parte para ayudar a intuir y a “sentir” dónde radica la diferencia.

Así que haremos todo esto utilizando la revelación, es decir, “con mucho avanzado” ya en cuanto a las definiciones mínimas que necesitamos para hablar de “espíritu”.

Mucha gente no solemos contemplar a los animales “con el espíritu”, es decir, y por decirlo para empezar de manera sencilla… en tanto que son una manifestación neutral de un “impulso” o una serie de impulsos puros, “inocentes”.

De este “impulso animal”… ¿qué podemos decir? Constatamos claramente que de alguna manera controla los cuerpos, es decir, controla lo material de los cuerpos… y lo llamamos “instinto”.

¿Y qué podríamos decir en general? ¿Qué o quién controla “lo material”?

Digamos que lo hace “lo mental”, y digamos que lo mental “controla” lo material.

Y ahora volvamos atrás para ir más despacio, pues ahora llegamos al único problema o al único “cruce de caminos” posible en nuestra particular elección de tipo “pastilla azul / pastilla roja”… y en la que obviamente pedimos que se admita al menos momentáneamente la posibilidad de asumir la segunda de las siguientes dos opciones… aunque solo sea por probar:

  • O bien asumimos el supuesto implícito mantenido por gran parte de nuestra cultura y por la ciencia en general, hasta hace poco… que dice que la consciencia surge de la materia como algún tipo de cualidad emergente… lo cual es algo que se está dejando poco a poco atrás… y que se está superando por parte de la misma ciencia…
  • O bien asumimos una apertura a un infinito desconocido donde reposa ese “principio controlador” que es “lo mental”… y sobre el cual, una vez que asumimos que “no es algo solamente intrínseco al cuerpo”, hemos de mantener abierta la cuestión de su naturaleza, su “emplazamiento”, etc…
    Y de esto es de lo que desde siempre hablan las “revelaciones” en estos planetas, una vez que hay “impulso religioso” en alguna criatura.
    Esto se puede plantear -si se quiere- aunque solo sea como una hipótesis… si es que no se está muy acostumbrado a todo esto.
    Y lo que tenemos pues, en esta bifurcación, es que hemos de asumir que “lo mental” (y por tanto lo que llamamos “la consciencia”)… no está solo en el cuerpo, o no surge solamente de él (y decimos “no solamente”, ya que puede que también surja de él, pues los componentes básicos podrían tener un cierto tipo de “consciencia o memoria base”)… ni es esencialmente un subproducto de la química y de las relaciones que hay entre todas esas moléculas que, basándose en los genes que hay en el interior de los núcleos de las células, construyen los cuerpos.

Entonces, si se asume esta segunda opción sobre lo mental como principio controlador de lo material… esta “mente” debe “proceder” de algún lado y/o debe “residir” en algún lado.

Y como vemos, continúan los problemas con las palabras, que vamos a tener con todas las palabras, pues “proceder” y “residir” son palabras digamos que muy “materiales”… o están muy enredadas en nuestro “pensamiento material” y “temporal”.

Ahora viene el segundo paso o salto al vacío, con varias etapas:

  1. Llamemos “infinito“, o “espíritu” (o “espíritu infinito”), al origen de ese principio de lo mental como controlador de lo material.
  2. Y pensemos que, de alguna manera, se trata de un interior… un interior que “nutre” de vida… y que “abraza” o abarca y acoge todo aquello que surge “después”…
  3. Además, tiene características de “arquitecto” y/o “creadoras“.
  4. Y para terminar supongamos que nosotros estamos unidos a ese “infinito” de alguna manera. Es decir, que alguna “parte” de nosotros (y ahí tenemos otra palabra problemática: “parte”)… está presente ahí “dentro”.

Bien, pues ya estamos un poco más preparados para seguir.

Veamos más sobre el punto 4.

Si el punto 4 es cierto (esa “unión”), entonces, en nuestro modo de pensar, quizá nos parezca que no nos solemos situar ahí dentro, en ese interior… que no solemos actuar desde ahí… que no solemos sentir directamente eso que también podríamos llamar “dimensión impulso-espíritu”, desde la que viene al final toda vida… y desde donde también viene la “inspiración”… y que por el punto 3 podríamos pensar que es un “lugar” desde donde de alguna manera se manejan constantemente ciertos patrones o arquetipos internos -y de una forma muy “pura”.

En realidad, la cuestión es muy simple, pero aún tenemos que dar nuestro tercer salto al vacío, o tercer paso fundamental, en varias etapas:

  1. No nos solemos sentir en esa unión, la comentada en el punto 4. Es decir, no nos solemos sentir “desde el espíritu” -por así decirlo.
  2. Y proyectamos hacia fuera esa sensación de “no sentir espíritu”, de “no sentirnos espíritu”… la proyectamos “hacia fuera” (por ejemplo cuando hablamos de “los animales”, o mediante ese concepto de “animales”).
    De este modo fabricamos una especie de ilusión de un afuera; y por esto es por lo que va a ser problemática la dualidad material/espiritual… ya que la pensamos y la vivimos desde esa ilusión (y no desde aquella profundidad real donde también estamos… y donde esa dualidad sí que podría tener un sentido más profundo, que podría ser fundamental).
  3. Supongamos que esa maniobra de proyección es en realidad una maniobra interna… es un trabajo interno… y un trabajo que “luego”, mediante estos mundos de percepción, conseguimos darle aparentemente realidad… conseguimos hacer que parezca “lo real”.
  4. Llamemos “sabiduría” a algo con lo que empezamos a poder invertir, a darle la vuelta… a estos últimos pasos dados en la ilusión del afuera (y con esto de “ilusión del afuera” nos referimos a varias cosas: los pasos dados en, y hacia, la misma ilusión del afuera).
    Esta “sabiduría” sería atributo de aquel espíritu interno. Sería el atributo de una conexión profunda reconocida… de una conexión con respecto a esa dimensión-impulso (y por tanto, y mediante esa conexión, mediante esa misma “sabiduría”… nos llegaría una sensación de “re-unión agradecida”, que podríamos llamar “adoración”).
    Y digamos además que, si bien nosotros podemos expresar esa tal sabiduría, los animales no lo necesitarían, y simplemente porque no están en el ámbito donde pueden darse estos juegos “humanos” de “desunión” -es decir, esta especie de “suplemento de libertad de la consciencia”… o grado de libertad “superior” en la consciencia.

Entonces, como dijimos, puede que al ver o al pensar en los animales, la situación concreta que vemos despierte en nosotros cierto “dolor interno”, es decir, alguna emoción intensa que surge por ejemplo ante la visión de las luchas que los animales realizan para poder alimentarse los unos de los otros (ya que literalmente se comen vivos), o bien ante las peleas donde se disputan por ejemplo un territorio con los miembros de su misma especie, etc.

Si nos sentimos así es, como siempre, nuestra responsabilidad; y para empezar podríamos decir que se debe a que no captamos a los animales desde la “sabiduría”. Y este “captar algo sin sabiduría” no es que sea algo meramente “filosófico”, “etéreo”… sino algo “técnico-espiritual”.

Dicho en el lenguaje de ELU, en cierto grado se trata de que no estamos aceptando la conexión con el séptimo espíritu ayudante de la mente (36:5), el llamado “de la sabiduría”. Y quizá podríamos decir que nos pasa lo mismo con otras muchas cosas en general: que las vemos o las contemplamos así, desde una especie de desconexión ilusoria con respecto a ese espíritu “natural” de la “sabiduría”… con el que de todas maneras estamos conectados simplemente por ser humanos.

Vamos a parar un poco y decir ya unas pocas cosas en general sobre esos espíritus ayudantes** (y en esta nota, la que señalamos en dos asteriscos y que irá también en el apartado de notas abajo, veremos además algunas observaciones sobre su nombre en inglés, el que corresponde al de “espíritus ayudantes”).

Esos siete espíritus ayudantes de la mente son una parte de un espíritu creador nuestro, la llamada Ministra Divina o “Espíritu Creativo del Universo” (el universo local), en el lenguaje de ELU.

Estos espíritus, que son “circuitos” que forman parte de la mente-espíritu de la Ministra… son la fuente original de esos impulsos básicos “animales” que luego, nosotros, en nuestra distorsión… llamamos “instintos”, y que de alguna manera a menudo rebajamos o menospreciamos con nuestra percepción “separada” o “no sabia”.

A los cinco primeros ayudantes (así los llamaremos, simplemente “ayudantes”), que compartimos con los animales, ELU los llama (por llamarlos de alguna manera, pues nos es difícil captarlos solo con estos nombres…): intuición, comprensión, valentía, conocimiento y consejo. Y los dos ayudantes “humanos”, que no son compartidos con los animales, son: adoración y sabiduría.

Así es que tenemos una forma de pensarnos a nosotros mismos que se aproxima a lo que realmente estaría sucediendo en un mundo como este: Se trata de que somos una especie de parte de ese ser espiritual, de la Ministra (y de otros seres así). En lenguaje de ELU, de cierta manera somos “mente cósmica”, pero que ahora pulsa (117:5.7) en los circuitos de esos ayudantes, y que por tanto de alguna manera “hace cuerpo”, materializa… esa Ministra, al estar nuestros cuerpos “conectados”, “en circuito”, con esos ayudantes.

De entrada nuestras mismas células están conectadas con esos ayudantes en tanto que ellas son esencialmente animales cooperando. Así que de alguna manera nuestra conexión constante con los cinco primeros ayudantes es quizá algún tipo de resultante de la experiencia celular que se va sumando al ir pulsando (nuestra mente) en esos circuitos, y de alguna manera junto a las células y sus respectivas pulsaciones.

Esta conexión es constante y, como decimos, forma parte de lo celular, y termina dando la conexión con la Ministra en tanto que somos animales… y terminaría facilitando así la integración de nivel “superior” que conllevan los dos siguientes ayudantes: aquella “sabiduría” que nos lleva a la “adoración” (es decir, ese séptimo ayudante que nos lleva o que alimenta al sexto).

Por tanto de cierto modo es como si estuviéramos dentro del “cuerpo” de la Ministra Divina (metafóricamente hablando, pues ella es mente-espíritu…)… y que es algo así como nuestra “madre espiritual”.

Por lo tanto, en la “mente que controla la materia”, y que de alguna forma se puede decir que “se hace material” en nuestros cuerpos y en los de los animales… de cierta forma, en esa mente, se consigue por tanto “practicar”, “poner en práctica”… esos “ayudantes”, que según ELU son en realidad algo así como circuitos, unos circuitos donde hemos dicho que pulsamos constantemente (como mente), y que para la Ministra son algo así como las componentes de su mente-espíritu -son un nivel de la conciencia de la Ministra, dice ELU en 36:5.4.

Podemos decir que globalmente la “realidad” de nuestro ser es que somos mente cósmica… y una sola “mente-consciencia” cósmica en el sentido de que en el interior está realmente unida a la mente que hay detrás de todos los seres y partículas que nos rodean (recordar el punto 4 arriba, sobre la unión, en el segundo paso o salto al vacío).

Esta mente está parcelada en lo que ELU llama “yoes intelectuales” (111:1.2). (Aquí la palabra “intelectual” no tiene el significado que podríamos imaginar en un primer momento.)

Estos yoes o seres “intelectuales” terminan realizando esto que llamamos “percepción”… donde vemos que tenemos la posibilidad de percibirnos como “cuerpos en un universo” o en un “sistema de realidad” determinado.

Así es que nosotros, con nuestro ego externo, no sentimos una unión directa con esa mente cósmica. De hecho el “juego” precisamente parece tener que ver profundamente con eso mismo. Tiene que ver con el hecho de que aquí nosotros estamos algo así como explorando esta especie de realidad externa que fabricamos con nuestra auto-separación con respecto a la mente global-cósmica “unida”… y por tanto, aquí nos hemos separado aparentemente de nuestro origen interno.

Y aunque hagamos eso, seguimos siendo en realidad aquello que describe ELU así: “yoes intelectuales”, que de cierto modo parcelan tal mente cósmica para tener estas aventuras “pulsantes” que constituyen nuestra experiencia como mortales.

Entonces, podemos ver que estas aventuras en ELU se describen “técnicamente” diciendo que los yoes intelectuales pulsan en esos circuitos que son los ayudantes. Y que esa pulsación es solo una primera etapa de los yoes intelectuales… para pasar luego a “pulsar” directamente en, o con, la mente cósmica, mientras de paso el universo “adquiere” así de alguna manera la experiencia en estos mundos físicos, que son “externos” al “mundo” interior creativo.

Así que hemos visto que el “espíritu” es mucho más que “impulsos”, pero lo que hemos dicho nos vale a modo de primera intuición: es “impulsos puros”, “inteligentes”.

Y podemos añadir que a veces el más mínimo “querer” ya es en realidad en esencia, si lo sentimos “bien”… ya es el “Padre universal queriendo expresar”, aunque haya muchas cadenas aparentes de intermediarios o de niveles “espirituales”. Y esto lo decimos por la gravedad física misma, pues como movimiento ya la podemos entender como un cierto “querer”. (Ver el artículo cuyo título abreviado es «Dimensión semilla» para ver más cosas sobre el tema de los impulsos; y para ver más sobre la gravedad física, hay algo muy elemental en este otro texto: «Educación luciferina».)

Ya hemos dicho arriba algunas cosas generales sobre “el espíritu”… que es “arquitecto”, que de alguna manera es realidad creadora… y eso en ELU se expone así de sencillamente en 42:12.

A los ayudantes también los podríamos entender como haces de “luz”, y curiosamente ELU revela que cada haz es independiente del resto, de los otros seis.

Y bien, de alguna manera se dice que nuestra dotación de “sabiduría” es capaz de integrar en general todos los espíritu-impulsos a los que nosotros, como mente humana cuya base es animal… también estamos “conectados”.

Si aplicamos esa dotación de sabiduría, entonces, de alguna manera parece que reforzamos o que ampliamos el alcance de esas otras “actitudes” o impulsos de los cinco primeros ayudantes… los de comprensión, etc., entre cuyas cualidades está la de la curiosidad.

Veamos este último matiz, el de la curiosidad, que es un matiz del quinto ayudante, el llamado “conocimiento”. Diciéndolo rápidamente, los animales expresan curiosidad, y luego sucede que, en el ser humano, y quizá de una forma que siempre está latente… la curiosidad va “abrazada” por los dos ayudantes intrínsecamente humanos: adoración y sabiduría.

¿Qué conlleva ese estar abarcados o abrazados por los dos espíritus más intrínsecamente humanos?

Diríamos que los “ayudantes” sexto y séptimo abarcan y “elevan” todas esas cualidades que tienen que ver con los cinco primeros ayudantes (conocimiento/curiosidad, comprensión…). Estas cualidades se expresan en el mundo animal por ser también mente expresada materialmente que está en circuito con esos cinco ayudantes.

Con esto en mente podemos considerar la actitud de curiosidad con la que los humanos miramos la naturaleza, el mundo… Esta actitud de curiosidad no tiene definitivamente la intención de “comerse” eso que estudia, sino que por ejemplo simplemente quiere clasificarlo y/o deleitarse en las formas halladas…

Es decir, ese juego, esa curiosidad (relativa como hemos visto al quinto ayudante, al de conocimiento)… esa curiosidad que un cachorro animal demuestra al explorar su territorio o al explorar a sus hermanos cachorros… esas cosas que a veces ellos hacen de una forma que nos parece tan divertida y que nos inspira tanta ternura… eso mismo… es lo que nosotros como humanos de cierta forma institucionalizamos, conservamos, hacemos tradición con ello… es decir, cultivamos: la curiosidad.

Así pues, retomando el tema, cuando nos sentimos mal ante un acto animal de búsqueda de comida, o de pelea, etc., podemos entender ese malestar como una especie de “falta de sabiduría” por nuestra parte. Ese “sentirnos mal” podríamos entenderlo por lo tanto, en parte, como una especie de medidor de nuestra desconexión con respecto al séptimo ayudante (y/o con respecto a los dos últimos, adoración y sabiduría). Es decir, que se trataría de algo “técnicamente” definible.

Entonces, es como si esos impulso-espíritus de la Ministra, en su expresión o “pulsación animal”, no necesitaran de nuestro “ego”… que en tan gran medida parece ser “el rey” en nuestro mundo humano.

Así es que lo que vemos en los animales es por tanto mucho más “espiritual” de lo que nos pueda parecer en un principio… aparte de que simplemente podemos decir que ellos utilizan muy directamente la vitalidad interna de ese universo interno donde, como hemos visto arriba, todos en esencia estaríamos en parte (como con “un pie” ahí dentro, pero un pie que es mucho más que un pie).

Pues podemos contemplar nuestro mero habitar aquí… el habitar de la mente material… que “materializa” constantemente el mundo físico… ya sea con o sin un “ego”… eso lo podemos entender en parte como una especie de petición continua… como una petición que hacemos a nuestro “ser o yo interno”, y también es una petición que “somos” con él (con ese yo o ser que de cierto modo es mucho más “amplio” de lo que normalmente podríamos pensar) -y ya sea que seamos animales humanos… o bien animales a secas.

Y desde ese ser interno se nos sirven los “datos” internos constantemente… todo eso que nosotros interpretaremos como resultados… o que es susceptible de que lo interpretemos así (e insistamos, aunque ese “yo o ser interno” no sea un “yo intelectual” personalizable como el nuestro, pues los animales también comprenderíamos que están en ese continuo proceso de “petición”).

Esos resultados externos son muchas cosas (desde el crecimiento natural a las enfermedades que pedimos representar aquí en nuestros cuerpos)… y esos resultados serían lo que terminamos también llamando “mutaciones”***.

Entonces, y volviendo atrás, todo está como “infiltrado por”, o impregnado de, esos ayudantes y de otros “espíritus” que de cierto modo movilizan y animan todo aquello que nosotros entendemos como “materia” -en tanto que arquitectos y como realidad creadora (42:12), por lo que les toca de “espíritu” al ser mente-espíritu.

Entonces, nosotros, es decir, la mente dividida aparentemente en unos yoes intelectuales que pulsan, si se han “humanizado”, en siete ayudantes en vez de en solo cinco… nosotros… somos “mente material” que es receptiva a esos dos haces que suplementan los cinco intrínsecamente animales.

Y hemos dicho que cuando vemos el mundo de lo que llamamos “los animales” -que se comen vivos tan alegremente entre sí, que huyen, que pelean…-, parecemos comprender, muy claramente, que en ese mundo hay mucho miedo, que hay una gran “lucha por la supervivencia”… y aparentemente muchas crueldades, y muy evidentes.

Pero como sucede siempre, si nos parece que vemos eso, si lo interpretamos así… es en parte porque solo estamos viendo una especie de superficie “de las cosas”, una que nosotros mismos habríamos creado como aquella “ilusión de separación” de la que hablábamos arriba… y en tanto que vemos “sin sabiduría” -en el sentido “técnico” de “sabiduría” ya comentado.

Ahora intentemos sentir un poco más el “por qué” o el “para qué” existe todo esto (espíritus, mente, mente-espíritu…).

No se va a tratar de explicarlo, no se tratará de dar un verdadero “porqué”… ya que en último término no podemos explicarnos del todo la existencia de este cosmos finito en el que a muchos ahora nos parece que vivimos, exclusivamente aquí (ya que a muchos humanos quizá nos parecía que vivimos solamente aquí, solamente en el “lado externo” de las cosas… cuando en realidad aquí “fuera” solo está la punta de un iceberg que nosotros mismos estamos en realidad “elaborando”, “fabricando”… en cada “instante” de “pulsación” de nuestra propia mente-consciencia).

Para dar un contexto en el que poder hablar vamos a empezar por el final, o por una especie de término final: Es el que marca la especie humana, que por ejemplo hace ciertos “signos” de que ella es algo así como un “término final”… un final para un nuevo principio… y el signo es por ejemplo el hecho de que somos capaces de salir del planeta -capaces de idear la salida del planeta.

Eso veremos que es síntoma de una diferencia importante, una diferencia que ya hemos comentado arriba por qué en el fondo no es meramente de grado.

Entonces, para dar ese contexto podemos hablar de lo que los humanos experimentamos de forma inevitable en “la vida”… es decir, lo que ELU llama las “inevitabilidades” humanas.

Los conceptos de los que hablábamos al principio son mucho más que conceptos y más que simples experiencias, pues El libro de Urantia (3:5) habla de nueve inevitabilidades que asaltan a toda criatura evolutiva: valentía, altruismo, esperanza, fe, amor a la verdad, idealismo, lealtad, desinterés, placer.

Y ahora no hay que confundir esa valentía, la valentía como inevitabilidad humana… con la valentía como impulso-espíritu ayudante.

Entonces, nada más escuchar esto sobre las inevitabilidades podríamos pensar que de cierto modo la experiencia de los animales prepara de alguna manera el terreno para la “posterior” experiencia de lo humano (si es que ambas cosas se admiten como esencialmente diferentes) -es decir, que lo animal prepara el terreno para la experiencia de esas nueve inevitabilidades “humanas”.

Y yendo nuevamente “de delante hacia atrás” (aunque la línea de tiempo en el fondo no vale tal como nosotros entendemos el tiempo…)… es decir, yendo de lo humano a lo animal… sucede que muchas de estas inevitabilidades, al menos en un sentido limitado muy obvio, tienen aparentemente mucho que ver con el mundo de los animales en general, pues basta con pensar en el ámbito de la crianza animal, es decir, el de los animales que cuidan a sus crías… para poder percibir ahí más o menos claramente la base de muchas de aquellas inevitabilidades “humanas” –valentía a la hora de defender a las crías… o desinterés en el tratamiento de las crías, lealtad, etc.

Quizá la cualidad más fácil de captar en el mundo animal sea la primera de las citadas, la valentía.

Ahora bien, antes de seguir quizá hay que observar esto: la breve definición que tenemos de “valentía” en ELU (como inevitabilidad humana, y que define como “fuerza de carácter”), es una definición “muy humana”… pues ese “carácter”, en inglés, está definido quizá de forma más intrínsecamente humana que la definición que tiene en español/castellano, ya que en inglés una acepción de carácter es directamente la de “fuerza moral”, “integridad”.

De cierto modo, como vimos arriba, es como si los humanos tuviéramos una cierta libertad “añadida” suplementaria a la de los animales, pues es evidente que una de nuestras características más patentes es que podemos ser mil veces más “tontos”, biológicamente hablando, que los animales.

O incluso digámoslo mejor…: lo que sucede es que los animales no pueden ser en absoluto “biológicamente tontos”, salvo las mascotas, ya que ellas nos reflejan a menudo -y al igual que lo hacen los niños-… reflejan… las locuras y las “estupideces” que afectan a los humanos que son sus “dueños”… a los que tengan cerca… ya que en general todo está comunicado “subconscientemente”.

Es decir, que fácilmente podemos perder esa integridad biológica que es en gran medida lo que ponemos en juego con muchos de nuestros “juegos” culturales -y sobre todo en estas civilizaciones humanas tan “distorsionadoras”, como parece ser esta.

Si los humanos somos en parte esa especie de “pérdida de contacto” con “la fuerza básica de la vida”… entonces, desde esa cierta “vulnerabilidad” que deriva de una especie de “suplemento de grado de libertad” en la consciencia… desde esa especie de “debilidad” humana (que se muestra en los aparatosos actos de violencia)… nos tenemos que poner a hablar de “fuerza moral”, de “integridad”… cosas estas que para los animales son meros datos evidentes y que no se pueden “perder”.

Y, claro está, también tendría que ver con lo que hemos dicho sobre los dos ayudantes intrínsecamente humanos.

Y bien, lo animal vive la valentía… y nos parece que supera con más o menos valentía las dificultades y las decepciones “por instinto”.

No parece pues que en el campo de los animales se dé pie a la pregunta, ni se desee “preguntar”… si se desea “tener valentía”. Simplemente se está en ello, se ejercita… pero no sería la misma valentía en un caso que en otro… así como veíamos que no es lo mismo lo que hacemos los humanos con la curiosidad -o cómo traducimos los humanos aquella curiosidad que era un matiz del quinto ayudante.

De hecho, la pregunta no parece tener cabida en los animales… y no porque sean “tontos”, sino porque no hay separación entre (y hablamos de la separación que hemos comentado que se subsana de cierta manera por esa conexión con los dos ayudantes “de arriba”):

  • el “yo interno” animal
    (este ser o yo interno que también podríamos describir de forma sencilla, en un primer momento, como “mente” que proyecta el “holograma cuerpo” para canalizar y expresar en un “exterior aparente” una especie de vida que en realidad es no-física…)…
  • y el aparente “yo externo”
    (un “yo externo” que, aunque a veces pueda parecer que los animales lo tienen… no sería más que nuestra proyección sobre ellos. Y todo esto trata, claro está, con nociones superficiales… pues cuando decimos “los animales” no estamos diciendo nada en realidad… ya que de cierto modo es un concepto humano… y por tanto no tiene sentido hablar de un “yo” como el que nosotros podamos concebir).

Así es que en los animales, por todo lo que hemos dicho, estamos de cierto modo viendo “inspiración expresada” en terrenos externos, y el dolor que sentimos es -como todo- nuestra responsabilidad, y solo proviene de aquel matiz de separación que comentamos en el tercer paso o salto al vacío, arriba.

Así que esto es en parte lo que significa el que “nunca hayamos salido de Dios”, es decir, del espíritu… y que por lo tanto en realidad estemos “viendo” siempre solamente “espíritu en acción”… expresado… por mucho disfraz que nos parezca que tienen todos estos actos mental-materiales.

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Notas
* Nota de continuación de la introducción:
Para empezar, hay un cierto malentendido, que se resuelve en realidad mirando adentro, sintiendo. Y este texto es para invitar lo más profundamente posible a ese sentir, y para reforzar los fundamentos de tal modo que podamos hablar cada vez mejor sobre esto, y también por ejemplo sobre la relación entre “ciencia” y “espíritu” en esta época de crisis en la que la humanidad va a dar nacimiento a la “ciencia mental”, o ciencia “mental-espiritual”… donde de cierto se reconfigura o se “re-significa” la dualidad “materia/espíritu”.

** Nota sobre la palabra en inglés para “ayudantes”.
Nos han comentado algo que salta a la vista claramente cuando vemos las palabras originales que usan en inglés para denominar a estos “espíritus ayudantes”: “adjutant mind-spirits”.
En realidad, como vemos en el nombre en inglés que acabamos de poner, dice que son “mente-espíritus”, o “espíritus-mente”… y no dice literalmente que sean “ayudantes de la mente”.
La persona que nos comentaba esto insistía en que estos “ayudantes” (también se puede decir “adjutores”) de alguna manera “provocan la mente” en lo material.
Y ese matiz, el que podríamos describir rápidamente así: “suscitar la mente en lo material”… lo hemos de tener en cuenta siempre que leamos la expresión “espíritus ayudantes de la mente”, o “ayudantes”, etc.

*** Nota sobre la creación:
Surgen muchas cuestiones o intrigantes “problemas” sobre el “proceso de la creación”… que quizá provocan sobre todo que podamos plantearnos cada vez más preguntas -quizá “mejores” preguntas.

En ELU se nos comenta claramente que la “chispa de vida”… la vida en sí… esa especie de chispa divina… es algo que nosotros no podemos “inventar” -que es canalizada por los Portadores de Vida desde la Ministra.

Y a la hora de conferir la vida existe lo que ELU llama un episodio inicial (36:6.7) sobre un planeta.

¿Cómo pensar la continuidad de ese proceso?

Lo me gustaría comentar un poco (y aquí solo digo dos o tres cosas) es el modo de la persistencia de esa donación de la chispa de vida.

A partir de que la Ministra otorga la vida real…, esta vida se ve mezclada con otra cosa que ELU caracteriza como otra dotación del Espíritu (36:6.3): la mente.

Si la vida es dotación del espíritu, y si nuestro objetivo final es identificarnos con el espíritu, entonces se puede decir de forma muy sencilla que el propósito de la mente es descubrir esa “verdad” (la vida real… el origen real de la vida)…, e identificarse de alguna manera con esa verdad.

Y también hay una observación que surge de inmediato, y es que en realidad nosotros “no somos mucha vida”, o “no estamos muy vivos”.

Es decir, que las cosas que quizá nos resultan más inmediatas a nosotros, en nuestro estado adulto… -cosas como el pensamiento, el proceso corporal, etc…- no son esencialmente vida (y ese sería entonces el motivo, al final, de que “tengamos” el que ELU llama Ajustador del Pensamiento… o espíritu interior… o fragmento de realidad prepersonal del Padre).

Entonces, tenemos esta frase del documento 42:

42:12.11 «La unión entre la mente cósmica y el ministerio de los espíritus ayudantes de la mente da nacimiento a un tabernáculo físico adecuado para el ser humano en evolución».

Ese “da nacimiento” es el verbo “evolve”, así que supongo que podríamos decir o parafrasear que esa mente y ese ministerio “desarrollan” un tabernáculo adecuado (es decir, que quizá sea mejor emplear un verbo como ese, “desarrollar”).

Entonces, el Mensajero Poderoso que redacta este documento estaría revelando que el constante proceso evolutivo es en realidad un proceso mental-espiritual.

Y en este párrafo parece que habla de cómo se va fabricando constantemente (o bien: desarrollando)… ese vehículo o ese tabernáculo de la expresión mental-humana… ese tabernáculo que en lo físico puede terminar albergando finalmente a una “personalidad”… una vez que estamos conectados con todos los ayudantes de la Ministra… para poder comenzar así la “elevación”.

Así es que ELU estaría hablando sobre cómo todo sucede “desde dentro” (desde los circuitos mente-espirituales), y habla de una especie de “unión constante” (de lo que supongo que es eso, una unión constante)… entre la mente cósmica y el ministerio de la Ministra.

Además, la revelación habla de muchos otros “ingredientes” (todas esas personalidades o semipersonalidades de la Fuente-Centro Tercera: controladores físicos, directores del poder, etc.) que estarán además constantemente involucrados en la “receta” para esa especie de “fabricación” interna constante -la fabricación de la posibilidad de esa unión constante entre la mente cósmica y el ministerio de la Ministra.

A nosotros, desde fuera, en lo físico, nos parece que de repente hay mutaciones… que “surgen cuerpos nuevos” (como los cuerpos humanos de aquellas razas que en un momento dado fueron las “nuevas” y sorprendentes razas sangiks)… pero todo esto en realidad dependería de una serie de procesos… de “acumulaciones”… o de “aprendizajes” internos invisibles…, en todos esos circuitos mental-espirituales… y que terminan dando “resultados exteriores” que luego nosotros, con nuestra secular torpeza luciferina (“luciferina”, es decir, que quiere prescindir del Padre a toda costa)… hemos conceptualizado como “evolución físico-química” (sin el Padre y sus personalidades y circuitos creadores).

Quería plantearlo por si os surge algo rico de comentar al respecto -algo que enlace los conceptos que rodean a este proceso tan concreto y a la vez tan intrigante.

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