La vida, la personalidad como activador creativo constante, y la relación yo/entorno. Conexiones en torno al libro de Urantia   Leave a comment

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Nosotros los humanos no podemos dar la vida (o la consciencia) a una cosa.
flores en parque

No podemos canalizar la vida para que impregne por ejemplo un amasijo de chips y cables… y lo convierta en un “robot” realmente vivo.

Tampoco podemos entender plenamente lo que es la consciencia en sí… ni la vida en sí misma… a partir de lo que vemos fuera o de lo que descubrimos con las ciencias tal como entendíamos hasta hace poco el concepto de “ciencia”.

(Si no se cree en todo lo anterior, por cierto, podemos tomarlo simplemente como hipótesis, pues se trata de una bifurcación: o bien creemos que podemos entender el surgimiento de la consciencia y de la vida… o bien no lo creemos.)

Entonces, el hecho (o la hipótesis, como se quiera pensar) de que las cosas sean así (de que en esencia no podamos entender la consciencia ni la vida) no quiere decir que tengamos que “adorar” lo que vemos afuera… como por ejemplo podríamos adorar “la naturaleza”, las cosas naturales. Significa que podemos apreciar de alguna manera que por ejemplo la naturaleza está “encantada” —es decir, podemos apreciar su “encanto”.

Su encanto es que es algo que en estos mundos físicos se desarrolla en gran medida mediante aquello que podemos llamar “experiencia evolutiva” o “evolución”. Pero como venimos haciendo en otros artículos, para hablar de esa evolución hemos de incluir por ejemplo las entidades o personalidades “espirituales” que sostienen o supervisan el proceso, y que lo hacen de distintas maneras según el “nivel de consciencia” del planeta o del sistema de realidad en cuestión.

De este “encanto” hablaremos en otro texto posterior. Ahora vamos con el tema a tratar, pues para poder hablar mejor sobre la evolución, tenemos que ver qué pasa con “la vida”.

Si nosotros no podemos otorgar ni entender la vida, o esa “chispa de vida” que no podemos insuflar en un robot… ¿dónde está esa “vida” en nuestra experiencia ahora?

El libro de Urantia (ELU) habla de forma muy interesante sobre la vida (en el documento 112). Y recordemos que el libro ya revela desde el principio al menos “quién”, es decir, qué “personas-espíritu”… canalizan eso que llamamos “vida” de forma local (en un mundo concreto como este): son los llamados “Portadores de Vida”, y lo hacen desde otra fuente que es también personal-espiritual —la llamada “Ministra Divina”.

¿Qué pasa pues con la vida?

Vamos a enlazar varios puntos de ELU para hablar de la vida en conexión con la personalidad y la relación.

En el documento 112 (1.13) tenemos una frase que a partir de ahora hemos de contemplar detenidamente y que se nos va a quedar grabada:

«La vida es en realidad un proceso que tiene lugar entre el organismo (la individualidad) y su entorno».

Es decir, es un proceso relacional, que se da en un “entre”: entre el organismo o el individuo, y el entorno.

Decimos por tanto que es un proceso “relacional”, y nos referimos con ello a un concepto de relación por el que entendemos que la relación es “productora”. La relación, en general y de cierta manera, es algo que “precede” y “cede”.

ELU repite casi la misma frase poco después, y añade cosas que nos darán mucho que hablar (subrayo en letra negrita algunas palabras muy importantes, y a veces pongo algún comentario entre corchetes, dentro de los mismos párrafos):

«La vida física es un proceso que tiene lugar, no tanto dentro del organismo, como entre el organismo y el entorno. Todo proceso de este tipo tiende a crear y a establecer unos modelos de reacción [modelos de reacción que NO serían directamente algo físico, pues podríamos pensar en las moléculas de los genes] del organismo a ese entorno. Todos estos modelos directivos ejercen una gran influencia en la elección de la meta.
» El yo y el entorno establecen un contacto significativo por mediación de la mente. La capacidad y la buena disposición del organismo para efectuar estos contactos significativos con el entorno (para reaccionar a los estímulos) representa la actitud de toda la personalidad».

Esa última expresión, “actitud de toda la personalidad”, o “actitud de la personalidad al completo”… quizá nos suene algo enigmática. Y es que la personalidad es, por así decirlo, lo más esencial y “misterioso” que tenemos o que somos… ya que por ejemplo es lo que integra lo material, lo mental y lo espiritual.

El tema ahora es el de cómo “pensar” esa relación “yo/entorno”, es decir, entre el yo (el ser), y el “no-yo”, o entorno. Y el mismo ELU da algunas pinceladas que nos servirán para hablar de ello, como ahora veremos.

Sucede que esa relación es en parte lo que somos, de forma muy íntima, como “mente” -es decir, como consciencia que es alojada en circuitos mental-espirituales (de la Ministra) para poder tener estas experiencias (nuestra consciencia pulsa en esos circuitos mental-espirituales para poder tener estas experiencias “físicas”, como hemos recordado en otros textos anteriores).

Y además, en tanto que personalidad… en tanto que esa personalidad que somos y que de alguna manera lo unifica “todo”… como personalidades… quizá estamos muy identificados con esa relación yo/entorno. (A esa relación a veces la llamaremos así, para abreviar: yo/entorno).

Es decir, de alguna manera nos “desidentificamos” de la personalidad que somos. Pero es ella quien “actúa” de alguna manera para aportar constantemente cosas a la relación entre el yo y el no-yo (una relación que, si es creativa, es gracias a la personalidad interna).

Así pues, nos separamos ilusoriamente de esa personalidad identificándonos con la relación yo/entorno… fascinados por los resultados externos de nuestro “aporte personal”.

Aunque quedemos fascinados por el resultado, en realidad somos nosotros mismos, como personalidad, quienes en el fondo realizamos constantemente tal aporte, pues somos esa personalidad interna, y la somos “antes” que el resultado más o menos superficial de todas las aventuras que luego vivimos en esa especie de matriz que es la relación yo/entorno.

Podemos proponer entonces, para empezar, que esa misma relación yo/entorno es lo que está constantemente impregnado de la chispa de la Ministra… y que lo está desde que ella apareció en un sistema material como este.

Esa impregnación vital (con la chispa divina que es la vida en esencia) es una impregnación “volitiva”, es decir, que la Ministra está detrás, y puede decidir retirarla.

Así que ella, ese Espíritu Creativo, la Ministra, con sus circuitos mental-espirituales, donde se enrola todo ser vivo… pasa de ese modo:

  • a poder influir… a “crear”, en tanto que la creación es una “actividad espiritual”, es decir, “invisible”, “interna”, y que conlleva una influencia o un impulso personales.
  • Y la Ministra pasa a poder registrar, a su manera, todo lo que suceda “sobre” y “por” aquella influencia ministrante que se constata en todos los organismos… desde las plantas… pasando por los organismos unicelulares… incluyendo nuestras células… hasta los niveles de consciencia de los animales “superiores”, como nuestros ancestros “tipo lemur” revelados en ELU.

Y por cierto, si estamos incómodos con la palabra “espiritual”, podemos pensar de entrada que la espiritual es una especie de dimensión “arquitecta” (y por tanto de cierto modo “organizativa”)… e interna, indestructible… y que es “lo realmente creativo”.

Los animales, en tanto que intelectos o consciencias que comprenden algo (al ser una individualidad de algún tipo, que está en relación con un entorno), también están pulsando en circuitos espirituales; es decir, también son impulsados, “inspirados”… se ven incluso compelidos… por algo interior subyacente… por un ser o un yo interior (aunque ellos no tengan “personalidad” tal como la define ELU… sino más bien, diríamos… “individualidad”).

ELU revela que aquellos circuitos “inspiradores” donde se da esa pulsación animal, es decir, esa pulsación de la mente material en el caso concreto de la mente que acoge o abraza a lo animal… son un número menor de circuitos (cinco), que en nuestro caso humano, que son siete. (De ello hemos hablado un poco en este otro texto: El espíritu y lo animal.)

Esa es pues una diferencia entre nosotros y los animales dada claramente por revelación en ELU.

Y ahora añadimos algo que nos servirá para intuir quizá algo de una manera más “terrenal”, más “humana”, por así decirlo. Son unos párrafos del documento 111, que voy citando poco a poco:

«111:4.1 El reconocimiento es un proceso intelectual que consiste en encajar las impresiones
sensoriales recibidas del mundo exterior en las configuraciones de la memoria del individuo».

En seguida continuamos con la continuación de este jugoso párrafo, pero antes aclaremos que estamos en la hipótesis de que esa “memoria” del individuo no es visible, no es algo esencialmente visible… aunque tenga una traducción visible en los genes físicos.

Invito a volver a leer la anterior frase, pues enseguida vamos a añadir las siguientes.

Y bien, por tanto, esa memoria invisible “mental” coordinaría de alguna manera todos los cuerpos u organismos que, por ejemplo, pueden aprender por experiencia, sin importar si hablamos de cuerpos simples como el de un protozoo o más complejos como el nuestro… que de cierta manera reúnen y alían a muchos pequeños protozoos (células), en una inmensa labor cooperativa.

Los animales lógicamente también “reconocen” cosas en su intelecto-mente… y encajan las impresiones que llegan desde fuera del organismo en las configuraciones de memoria individuales del animal en cuestión o de la especie en cuestión.

Y de la misma manera en que nosotros tenemos “un pie en lo invisible” (gracias a lo cual estamos vivos)… los animales también tienen un “pie” asentado en lo invisible, que en ELU se describe como ya hemos visto: la consciencia animal es mente o “energía mental” pulsando en los cinco primeros circuitos de la mente-espíritu de la Ministra.

Aquí, por cierto, se abre todo un tema: el de la comunicación con los animales, o más bien diríamos “la comunión” con ellos a través de lo que tenemos en común con ellos en la “dimensión global espiritual” (pues somos consciencia que pulsa en los circuitos del mismo Espíritu Creativo).

Entonces, si esa comunicación con los animales nos puede parecer a veces muy “personal”, es porque un animal vivo está anclado en el mismo ámbito interior al que nosotros también estamos anclados: un interior espiritual (los circuitos de la mente-espíritu de la Ministra) que en el fondo es personal, pues la Ministra Divina es un ser personal.

Por tanto los animales también emplean los “sentidos internos” del yo o ser interno… para realizar las actividades y procesos que los constituyen como cuerpos y que constatamos aquí fuera, en el mundo exterior… es decir, en esta especie de co-fabricación que realizamos con los animales.

De alguna manera estamos “cofabricando” un “mundo” con todo el resto de seres que perciben sus mundos de una forma tan diferente. Este mundo lo co-fabricamos pero, como es obvio, las diversas especies animales lo experimentan de formas radicalmente diferentes, y en principio además por motivos diferentes.

Además, dentro de una especie, cada individuo tiene una percepción “única”, y ya no digamos si la especie es la nuestra, donde la diferencia entre lo que percibimos, de un humano a otro, se puede exacerbar por el carácter “personal” de nuestra individualidad. (Recordemos que la individualidad animal no la caracterizamos como personal, según los precisos conceptos de ELU).

Aunque en el caso animal sucede que ese “pie constante en lo invisible” (como pulsación de su consciencia) no está personalizado, o no es personalizable —como sí ocurre en nuestro caso—, insistamos en que también tienen una especie de “ser interior”.

Este ser les sirve, igual que a nosotros, y durante todo el tiempo… les sirve o proporciona… los “datos” necesarios para realizar las proyecciones que posibilitan la experiencia de sus cuerpos en el campo de esa mente “no personalizable” animal, que individualiza de una forma muy concreta una relación yo/entorno.

Ahora repetimos la primera frase, donde ya vimos que nos ha aparecido el concepto de “reconocimiento”… y añadimos la siguiente, que habla de “comprensión”:

«111:4.1 El reconocimiento es un proceso intelectual que consiste en encajar las impresiones
sensoriales recibidas del mundo exterior en las configuraciones de la memoria del individuo. La comprensión implica que esas impresiones sensoriales reconocidas, y sus configuraciones de memoria asociadas, han sido integradas u organizadas en una red dinámica de principios.

Un animal también tiene que ir “comprendiendo” cosas (capta), y va por tanto organizándolas en esa red de principios que suponemos que debe consistir en una cierta especie de predisposición, y que es distinta para cada especie.

Como vemos por la cita, esta predisposición (radicada en lo invisible y luego también proyectada a lo físico) sería relativa a cómo organizar conjuntamente estos dos ingredientes:

  • las impresiones de “lo externo,
  • y las configuraciones “invisibles” de la memoria donde encajan esas impresiones.

Es decir, ese reconocimiento (como proceso de encaje de impresiones en las configuraciones de memoria individuales) se ve afectado por una integración u organización de nivel “superior” (en aquella red dinámica de principios).

Así es que en primer lugar podemos pensar que con esa “red de principios” pasa lo mismo que con las configuraciones de la memoria de la primera frase: se trata de una red “invisible”, y pertenece a esa misma “mente” que de cierto modo abraza constantemente lo material… o que lo impregna, o incluso lo proyecta de continuo.

En segundo lugar, en el caso de los animales (en el caso de su nivel de consciencia, es decir, de su grado de libertad en la consciencia)…suponemos que no podrían afectar a dicha red de principios tan drásticamente como nosotros sí podríamos en nuestro caso, que somos “consciencia personal” (es decir, que somos lo que entra bajo el concepto de “volición” en ELU).

Es decir, quizá lo podemos expresar diciendo que ellos no pueden hacer un uso “personal” del hecho de que la red es en sí misma “dinámica” (una red dinámica de principios, que integra u organiza el reconocimiento como aquel proceso de encaje).

Y ahora, tras ese párrafo, que invitamos a releer, y donde ELU nos ha propuesto los dos ingredientes principales (reconocimiento y comprensión), veamos en el siguiente párrafo una especie de tercer ingrediente fundamental, y que como veremos es una cierta combinación de los dos primeros:

«111:4.2 Los significados proceden de la combinación del reconocimiento y de la comprensión. Los significados no existen en un mundo totalmente sensorial o material. Los significados y los valores solo se perciben en las esferas interiores o supermateriales de la experiencia humana».

Pero aquí hay que tener mucho cuidado: Aunque dice que esos significados no se perciben en el mundo animal, los significados y los valores pueden estar y estarían también dentro del mundo animal, alentándolo.

Es decir, no dice que esos significados no estén dentro del mundo animal, por ejemplo inspirándolo o alentándolo… sino que son percibidos solamente en las esferas humanas.

Aunque los animales no los perciban en su experiencia como animales, esos significados y esos valores son subyacentes, pues aunque el mundo animal pueda parecer totalmente sensorial o material, está impulsado por circuitos espirituales —la consciencia de lo animal está pulsando en los circuitos de la mente-espíritu de la Ministra.

Estos circuitos de alguna manera “inspiran espiritualmente”, proporcionando también lo que suponemos que será una cierta especie de crecimiento en valor dentro de la persona de la Ministra.

En definitiva, los animales y las plantas viven también en lo que podríamos llamar una atmósfera interior de valor y significado, aunque en su caso afuera no haya una personalidad constatable (afuera, es decir, en el mundo de relaciones exteriores)… aunque no haya una personalidad que desde fuera pueda constatar y dinamizar todo este proceso relativo al valor y al significado.

Por lo tanto, en el mundo animal también están esos significados; pero como vemos por la última frase citada, en el mundo humano es donde tales significados pueden ser percibidos. Y esa posible percepción se daría cuando en la experiencia humana accedemos a emplear la dotación supermaterial suplementaria que tenemos como “mente volitiva”, como consciencia personal o personalizada.

Así es que repasemos lo básico: lo mediador es la mente, que intrínsecamente no es visible, pues es de cierta forma el medio que en gran medida “nos lo da todo”… y que no podemos “ver”, al igual que un pez no ve el agua.

Y la mente contendría tanto aquella “red dinámica de principios” como las “configuraciones de memoria”, y ambas cosas serían de algún modo como “semillas”, continuamente activas y activadas… para dar lo físico-visible.

Entonces, “lo mediador” no es de entrada ningún elemento físico, ya que por ejemplo podríamos pensar que los genes físicos son los únicos mediadores (los genes físicos serían de alguna manera proyecciones y “detenciones” continuas de lo invisible).

Entonces, como hemos visto, aquella mente de la que hablaba la cita (como mediadora) también puede ser algo solamente animal, pues en el campo mental animal también vemos que hay un yo (una cierta individualidad en un organismo) y un entorno… entre los que mediar.

Lógicamente también hay una relación yo/entorno en el campo de esa mente animal, aunque no se dé un contacto “significativo”, si empleamos la palabra “significativo” en el sentido de los significados mentales intrínsecamente humanos.

Hemos visto que podemos describir ese campo “intrínsecamente humano” diciendo lo siguiente:

  • que estamos en pulsación con dos circuitos más, aparte de los cinco circuitos animales…
  • o bien, si lo describimos según los conceptos (reconocimiento, comprensión, etc.) de los últimos párrafos citados, diciendo esto: en el ámbito intrínsecamente humano podemos combinar la comprensión y el reconocimiento.

Como ya dijimos en el artículo citado arriba sobre “lo animal”… los animales servirían entre otras cosas para ejercitar la base “presignificativa” que luego nosotros utilizamos para poder fabricar nuestros conceptos y significados más intrínsecamente humanos… unos significados que, una vez que surgen al exterior en un mundo… pueden ser “espiritualizados” si nosotros accedemos a ello (accediendo así, cada vez más, a desplegar nuestra “libertad suplementaria”).

Entonces, como íbamos diciendo, si pensamos que lo único real es lo “exterior”, es decir, lo que podemos detectar con el cuerpo y con los instrumentos o aparatos… podríamos pensar por ejemplo que los únicos mediadores entre el yo y el entorno son los genes, que son algo físico, “palpable”.

Los genes físicos son importantes mediadores, son un hallazgo entretenido e importante… claro está… y de cierto modo ellos expresarían o individualizarían una “parte” de lo invisible… es decir, una parte de ese yo o ser interno que de alguna manera contiene los “genes mentales” invisibles… los modelos directivos que de alguna manera registrarían mentalmente una gran cantidad de información (como aquellos modelos de reacción de los que nos hablaba la cita)… una gran cantidad de información… que, en lo invisible, realmente no ocupa lugar, y que no debe costar nada de almacenar, y que nos sirve para poder mediar cada vez mejor e incluso cada vez más lujosamente entre el “yo” y el “entorno”.

Por lo tanto, lo que vemos en “la naturaleza” es una especie de interior constantemente expresado.

Y nosotros, en tanto que podemos ejercer lo que ELU llama de forma muy precisa “volición”, tenemos otra relación con la interioridad, al poder ejercer personalmente la creatividad inherente a la personalidad interior, y por ejemplo en cuanto a las operaciones que seguramente podremos hacer con aquellos “modelos de reacción” que la vida parece ir marcando pero que nosotros como personalidad podremos modelar con más libertad.

Debido a la experiencia exterior, ese interior se ve afectado, al menos globalmente (y recordemos que la red de principios es “dinámica”); quizá podemos decir que ese interior se ve de alguna manera “rellenado” —rellenado por ejemplo en cuanto a lo que puede pasar con los modelos directivos invisibles (con su reconfiguración).

Y diríamos que los animales lo rellenarían impersonalmente, y que nosotros lo podríamos rellenar más personalmente.

Así pues, esos impulsos que vemos reflejados en los resultados “externos” que entendemos como ecosistemas y su evolución… como las relaciones entre las diversas especies animales y vegetales, etc… toda esa “inspiración” impulsora… esas “inspiraciones”… son constantemente expresadas, “formadas”…: son “desenlazadas” aquí fuera.

Es decir, hay una expresión de creatividad, que sería para nosotros impersonal, pero porque no contamos con el hecho revelado de que, bajo los circuitos donde pulsa toda mente o consciencia animal o animal-humana… hay una persona espiritual (la Ministra Divina).

Entonces, frente a esa dimensión invisible interna de la que hemos estado hablando… frente a toda esa zona del impulso en la que todos (animales y humanos) tenemos un “pie” bien asentado para poder estar vivos “fuera” (al estar habitados o rodeados mentalmente por vida-espíritu)… tenemos otra especie de “dimensión”: una dimensión “superficial” que podríamos llamar “de la identificación”, y que nosotros como humanos habríamos “depurado” bastante.

Podemos pensar en el ejemplo del empleo de la percepción como identificación temerosa, ya que este ejemplo quizá impregna toda nuestra vida como humanos que estamos saliendo de “la mera supervivencia física”.

Este ejemplo es evidente, y es el de la identificación precisa de un animal depredador, aquí y ahora… que nos puede atacar… la detección de la presencia actual de un animal “peligroso”, en tanto que cuerpo bien definido… y que es pensado o proyectado con miedo.

Esa identificación, tan precisa y tan necesaria para la supervivencia física, suponemos que la hemos estado haciendo durante largas épocas de nuestra existencia como raza humana… con una gran cantidad de energía emocional en forma de “miedo”.

Esa base animal miedosa (con un miedo exacerbado quizá por el hecho de que nosotros pulsamos además en dos circuitos de la Ministra más)… nos permitió por ejemplo durante mucho tiempo librarnos del ataque de otros animales, rápidamente… y al igual que cualquier animal tiene sus mecanismos protectores.

Pero el destino de la consciencia animal cuando pasa a la forma humana no es quedarse en ese reino de percepción, sino pasar al “reino de los cielos”, como tuvo que llamarlo Jesús… y aunque estemos en la Tierra 🙂 .

Quizá podríamos decir que los humanos… que la percepción humana… está aún básicamente sumergida o hipnotizada en esa zona de la experiencia, esa zona “de la identificación miedosa”.

El miedo quizá nos permitió además “precisar” mucho la percepción, pues quizá no sea más que una condensación energética más intensa.

En general, insistiendo en este tema de la zona de la “percepción identificadora”… vemos pues, ahí “fuera”… en el concepto o sistema de pensamiento del “afuera”… vemos desenlaces, productos, resultados.

Y hablemos de ello de una manera más “intelectual” o neutral (falsamente neutral): llamamos “percepción” a esa especie de extracción continua de una especie de producto final… un producto formado, que cuanto más preciso sea, mejor (en cuanto a las formas que vemos, ya que las podemos entender como “productos”).

Y tal como nosotros vemos ese “afuera” o habitamos ahí… en el afuera de eso que podemos llamar “la dimensión de la identificación”… nos damos cuenta de que todos esos resultados están “des-enlazados”; es decir, aparentemente ya no están enlazados o entrelazados con ningún interior, y forman pues una especie de totalidad exterior más o menos bien definida, compuesta de relaciones exteriores… y que podemos llamar “mundo” (con ejemplos evidentes como el de un animal de tal especie que se come el cuerpo de otro animal de tal otra especie… etc.).

Pero ese mundo lo hemos producido con un modo de percepción, o un reino de la percepción, que se basaba en una especialización que utilizó ampliamente el miedo, pues de alguna manera partimos del reinado de la idea de supervivencia física (que ahora está ideológica y artificialmente implantada en nuestras culturas para que unos pocos se puedan aprovechar de la bondad de la gente).

Y es que ni siquiera nos parece lícito hablar de ningún interior que sea intrínseco a cada cosa… o con el que todas las cosas estuvieran enlazadas (de hecho esta idea nos puede parecer absurda o incluso una locura).

Pero advirtamos que ya usamos un interior (si es que se puede llamar así)… el que ya hemos descrito, aunque no nos demos cuenta o no lo queramos percibir como tal. Ese “interior” del que normalmente no hablamos, y que no percibiríamos fácilmente como un interior… sería de un tipo superficial… y es esa “zona” de la que hemos hablado y que no nos damos cuenta que habitamos… en una especie de dimensión interior: la zona de los significados más superficiales de nuestra mente, y la de los conceptos más o menos “científicos” que usamos cuando describimos lo que pasa “ahí fuera”.

Por ejemplo los seres humanos creemos que vemos “lo mismo” cuando vemos el mismo objeto ahí fuera, y eso sería ya un concepto de aquel interior “mental-ilusorio”… de aquel interior o zona de conceptos mentales superficiales. (Habitamos ya en ese concepto-burbuja, en esa especie de interior conceptual.)

Así es que esa zona de identificación ya sería en realidad una especie de interior, de interior mental, aunque sea “mínimo”… y aunque sea solo una antesala o una barrera ante el verdadero interior creativo.

Ya tenemos pues un primer y superficial “interior humano”: el de la mente que describe y que de alguna manera unifica “desde fuera”.

Unificamos intelectualmente el mundo, o algunos componentes del mundo… y de una forma digamos que muy “ilusoria”… y por tanto “unificamos” seguramente en el sentido más superficial posible en que tal unificación se puede realizar… en un sentido muy básico de la expresión “unificar intelectualmente”.

Pero, como dice ELU, es la personalidad quien aporta desde dentro “identidad” (y no lo hace ningún yo superficial “identificador”, ningún ego externo, basado en la percepción exterior):

«112:1.13 […] La personalidad comunica un valor de identidad y unos significados de continuidad a esta asociación entre un organismo y su entorno».

Veamos ahora otra cita, relacionada con esa especie de descripción de la personalidad como algo que aporta o comunica valor de identidad a la asociación yo/entorno. La tenemos en el documento 112, en el contexto de la repersonalización o resurrección:

«112:5.20 El fenómeno de la personalidad depende de la continuidad de la identidad de reacción de la individualidad al entorno universal; y esto solo se puede llevar a cabo por medio de la mente. La individualidad se conserva a pesar de un cambio continuo en todos los factores que componen el yo; en la vida física, el cambio es gradual; después de la muerte y de la repersonalización, el cambio es repentino. La verdadera realidad de toda individualidad (personalidad) es capaz de actuar con sensibilidad a las condiciones del universo debido a los cambios incesantes de sus partes constituyentes; el estancamiento acaba inevitablemente en la muerte. La vida humana es un cambio sin fin de los factores de la vida, unificados por la estabilidad de la personalidad invariable».

Volvamos ahora a hablar sobre aquella “zona pobre” de la experiencia, la que habitamos por defecto con facilidad como humanos “adultos”…(aunque en realidad no hay dos percepciones iguales, pues nadie ve “lo mismo”).

En aquella zona… decíamos… que hemos llamado “de la identificación”… vemos fácilmente que podemos crear el concepto de un mundo externo a nosotros… y que está compuesto de lo que podríamos llamar “relaciones exteriores”.

¿Qué fenómenos “de sentido común” conllevan tales relaciones exteriores?:

  • un animal capta el cuerpo de otro animal de otra especie, y se come ese cuerpo,
  • introducimos oxígeno en los pulmones,
  • las cosas se golpean entre sí, y vemos que no se funden ni se “interpenetran” unas con otras fácilmente…

Una vez que vemos la forma de las cosas ahí “fuera”, como algo bien definido, entonces las formas ya están de cierta manera muertas en aquella “ilusión conceptual” que es nuestro precario y minimalista “mundo interior” adulto diurno —el que hemos llamado “zona de identificación”.

Identificamos las cosas por ejemplo gracias a la constancia de una forma. Esa constancia nos permite realizar esa identificación… pero lógicamente eso que hemos identificado no es la vida… y el proceso de tal identificación no es la vida en sí misma.

La vida ya hemos visto en los anteriores bloques de este texto que depende de que pulsamos rítmicamente en una serie de espíritus-mente. Y como hemos visto en una anterior cita, podemos llamar “personalidad” a lo que aporta a la asociación yo/entorno esos “valores de identidad” y esos significados de continuidad.

Nos identificamos entonces con un proceso que en el fondo lo realiza la personalidad… un proceso de identificación de formas. Pero nosotros como personalidad somos quienes aportamos desde dentro un cierto sentido de continuidad a nuestro habitar en el mundo, y mientras lo habitamos.

Nosotros creamos aquel “mundo superficial” que describimos como “zona de identificación”… gracias en parte a ese “aporte constante” creativo desde el interior personal. Este aporte da lógicamente unos resultados continuamente, y estos resultados o productos pueden terminar sustituyendo “demasiado” a nuestra personalidad, convirtiéndose cada vez más, en tanto que resultados… “ya terminados”… en nuestro modo de percibir.

Esa es la consciencia “egoica”, que de alguna manera idolatra los resultados, y que de cierto modo tira por la borda la fuente que lo permite todo: la personalidad, que, como revela ELU, en el fondo es algo inefable y una donación divina.

Así es que de ese modo nos “exteriorizamos” (nos “ilusionamos”, nos hacemos ilusión), es decir, de alguna manera nos desidentificamos con la personalidad interna creativa.

Ese estado de ser, o zona “identificativa” de la experiencia, es como hemos visto accesorio, superficial. Es válido, por supuesto, puesto que es una “unificación de la individualidad”, o bien es muestra de una tal “unificación”… pero lógicamente no es lo que da la vida a las cosas, no es la dimensión del “poder dar vida”.

Así pues, al identificarnos con esa zona de la experiencia de cierto modo nos identificamos con “muerte”.

Y como ya hemos dicho, ese proceso más superficial sí que da evidentemente indicios del poder de unificación que al final radica en nuestro caso en el hecho de la personalidad, por más que queramos eliminar esa dimensión interior creativa personal.

A ese respecto, veamos lo que nos aportan estas otras citas:

«111:4.12 La creatividad interior contribuye a ennoblecer el carácter mediante la integración de la personalidad y la unificación de la individualidad.»

Y poco antes en el libro tenemos algunas cosas básicas más sobre la creatividad y la personalidad:

«111:4.3: Solo la vida interior es realmente creativa. […]
» 111:4.5: La personalidad es intrínsecamente creativa, pero solo funciona de esta manera en la vida interior del individuo. […]
» 111:4.8: No podéis controlar por completo el mundo exterior —el entorno. La creatividad del mundo interior es la que está más sujeta a vuestra dirección, porque vuestra personalidad se encuentra allí ampliamente liberada de las trabas de las leyes de la causalidad precedente.
» 112:1.19: En el sistema humano, la personalidad es la que unifica todas las actividades y comunica a la vez las cualidades de identidad y de creatividad».

En el documento 112 tenemos además otro párrafo que apunta hacia algunas cosas importantes sobre la “relación” entre la personalidad y la identidad:

«112:5.4 Los seres humanos solo poseen la identidad en el sentido material. La mente material
expresa estas cualidades del yo a medida que funciona en el sistema energético del intelecto. Cuando se dice que el hombre tiene una identidad, se reconoce que posee un circuito mental que ha sido subordinado a los actos y las elecciones de la voluntad de la personalidad humana. Pero esto es una manifestación material y puramente temporal […]. Pero la personalidad mortal, por su propia elección, posee el poder de trasladar la sede de su identidad desde el sistema pasajero intelectual material al sistema superior del alma morontial, el cual, en asociación con el Ajustador del Pensamiento, es creado como nuevo vehículo para la manifestación de la personalidad.
» 112:5.5 Este mismo poder de elección, esta insignia universal de las criaturas con libre albedrío, es lo que constituye la oportunidad más grande del hombre y su responsabilidad cósmica suprema».

Ahora recordemos aquella cita sobre la personalidad como algo que comunica un valor de identidad y unos significados de continuidad a esa asociación entre la individualidad y el entorno.

Como comprobaremos un poco gracias a la siguiente cita más abajo, podemos sentir mejor cómo es que el Ajustador es lo que nos ayuda en la tarea de trasladar la sede de nuestra identidad.

Parece lógico pensar que, unidos al espíritu interior “Ajustador”, podemos “emplear” la personalidad interior (lo realmente creativo) para poder trasladar la sede de nuestra identidad hacia el sistema morontial, pues recordemos que el Ajustador proviene directamente del Padre Universal, igual que nuestra personalidad, que en el sistema de ELU es una donación directa del Padre, y forma parte de un circuito aislado por sí mismo… independientemente de los circuitos espirituales, mentales y materiales,

Podemos ir a la siguiente parte del documento 111 para situar un poco mejor el contexto de esa operación de traslado de la sede de la identidad en relación con el Ajustador. Pido que se medite especialmente sobre las palabras y frases subrayadas en negrita en los siguientes párrafos de dicho documento, y con estas citas cerramos ya el texto, invitando al siguiente artículo, que seguramente tratará sobre “El encanto de la naturaleza“:

«111:2.2 La mente material del hombre mortal es el telar cósmico que contiene los tejidos morontiales sobre los cuales el Ajustador del Pensamiento interior entreteje las formas espirituales de un carácter universal compuesto de valores duraderos y de significados divinos — un alma sobreviviente con un destino último y una carrera sin fin, un finalitario potencial.
» 111:2.3 La personalidad humana se identifica con la mente y el espíritu, unidos por la vida en una relación funcional en un cuerpo material. Esta relación funcional entre la mente y el espíritu no da como resultado una combinación de las cualidades o atributos de la mente y del espíritu, sino más bien un valor universal enteramente nuevo, original y único, con una duración potencialmente eterna: el alma.
» 111:2.4 Existen tres factores, y no dos, en la creación evolutiva de este alma inmortal. Estos tres
antecedentes del alma morontial humana son los siguientes:
» 111:2.5 1. La mente humana y todas las influencias cósmicas que la preceden e inciden sobre ella.
» 111:2.6 2. El espíritu divino que reside en esta mente humana, y todos los potenciales
inherentes a este fragmento de espiritualidad absoluta, junto con todas las influencias y factores espirituales asociados en la vida humana.
» 111:2.7 3. La relación entre la mente material y el espíritu divino, que conlleva un valor y comporta un significado que no se encuentran en ninguno de los factores que contribuyen a esta asociación. La realidad de esta relación singular no es ni material ni espiritual, sino morontial. Es el alma».

 

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