Vejez rima con dejadez: el hábito de decidir no decidir; lo tóxico y el ego como inercia antinatural   2 comments

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floresLo “tóxico” tiene muchas facetas: Contaminación… hábitos dañinos con los que “no escuchamos al cuerpo”, etc.

Y sobre el milagro hay dos “aspectos” que me intrigan mucho, en cuanto a los hábitos en el mundo de lo físico, donde parecemos estar.

Por un lado está el lado “catastrófico” de la “aplicación” del milagro: Es decir, que con el milagro sabemos por ejemplo que cualquier catástrofe (por ejemplo nuclear) podríamos vivirla como si estuviéramos en el Cielo (ya que siempre estamos en realidad “ahí”), y aunque antes no hayamos “practicado” o “vivido” mucho el instante santo. Y por tanto podríamos no sufrir absolutamente nada y vivir transformaciones corporales que en general desconocemos.

Pero por otro lado están las “catástrofes” cotidianas (que por tanto ya no se pueden llamar propiamente catástrofes, y creo que podemos llamarlas “hábitos”)… es decir… los hábitos con los que literalmente deterioramos nuestras vidas, envejecemos, etc.

Y digamos que hacemos eso poniéndonos en modo autocastigo… ya que, como dice el curso de milagros, en tanto que egos nos encanta autocastigarnos… por definición nos castigamos a nosotros mismos en alguna faceta de la vida… en vez de soltar cada vez más y abandonarnos a la espontaneidad verdadera del espíritu-amor… y a otra percepción.

Es muy curioso, por cierto, ver cómo la vejez es una acumulación de hábitos que no se quieren cambiar… una acumulación de tozudez y dejadez… de inactividad, de un simple no estirarse… de pensamientos de limitación… y tantas cosas similares.

Y como también sabemos ya… es muy lógico que queramos deteriorarnos… pues tenemos mucho miedo a Dios… a nuestro origen… al Amor real… así es que cuanto menos conscientes lleguemos a la muerte… mejor que mejor (con lo cual es lógico que terminemos fabricando nuestra propia “profecía autocumplida” con todos esos hábitos).

Y… esos hábitos son tan variados…

Como son hábitos… como son “lo normal”… entonces seguimos haciendo todas esas cosas en las que ni siquiera queremos pararnos a pensar ni a sentir… es decir, a ser inocentes y libres ante ellas y pararnos a pensar y a sentir si de verdad queremos eso… y si nos sientan bien… si nos sirven o no para facilitarnos la elección real… la de qué es lo que realmente queremos ser (amor o miedo).

Y es por eso que el curso de milagros exponía tan claramente nuestro miedo al cambio y el motivo de ese miedo.

Y por cierto, en ese “sentirnos bien”, el cuerpo juega a nuestro favor, es decir… que lo que vivimos parecen ser mensajes del cuerpo… mensajes “que vienen del cuerpo”… aunque sepamos que en realidad es la mente en modo “correcto” la que emplea lo corporal para digamos que “enviar” señales hacia este mundo ilusorio y “exterior al Cielo”… con sensaciones de mayor “amplitud”, etc… guiándonos más desde lo sentido que desde lo mental-intelectual.

Este tema creo que es importante porque en el fondo se trata del tema de la honestidad… de afrontar realmente lo que hacemos y queremos… y ver qué estamos dispuestos a entregar o ceder en cuanto a lo que valoramos en el mundo de cuerpos… y así, afrontándolo… podemos constatar que muchos negamos las cosas por nuestra cuenta (por ejemplo “lo natural”)… para así no afrontar honestamente la pregunta de qué es lo que queremos… seguir en modo ignorancia… y seguir negando la libertad que es amor… o viceversa… el amor que básicamente es libertad…

Los hábitos serían como lo contrario al deseo, si entendemos el deseo de forma “espiritual”, es decir, como algo que viene de adentro y nos conduce siempre hacia algo más grande y finalmente a salir del sueño de cuerpos.

Es muy “gracioso” ver cómo nuestra mente, al tocar el tema de los hábitos… enseguida se despierta como mente egoica con sus defensas… poniendo límites… pues, claro está, nos defendemos para no cambiar, y por ejemplo, si nos sienta mejor cierto ambiente “natural”, nos podríamos decir…: “Es imposible”, “nunca podré vivir o estar más allí”, o “no tendré nunca el suficiente tiempo como para pasear así o asá”.

Y aquí entraría el tema de los hábitos como “pequeñas catástrofes de toxicidad”… ya que se trata de los hechos de este nuestro mundo o sueño físico… el que hemos construido mentalmente con estas aparentes leyes… donde sucede que el cuerpo se va deteriorando más al intoxicarse por no moverse o por respirar aire más polvoriento o más contaminado… o bien comiendo comida con productos químicos que las células en el planeta nunca han tenido que afrontar en este ciclo histórico…

Por ejemplo, un caso caricaturesco sería este:

– pongamos que me siento mal,

– y por ejemplo no muevo mucho el cuerpo aunque sé que me viene bien y que así me siento mejor… (por lo tanto, se trata de aquello de que…: “no escuchar al cuerpo”, es decir, que voy un poco contra el sentido común, al no querer practicar el nivel más “inocente” de “escuchar lo que me dice el cuerpo”).

– por otro lado, sigo con mi mente muy segura de que por ejemplo “todo da igual”, pues esto es un sueño… muy afianzada por ejemplo en Un curso de milagros y lo tengo todo muy claro a nivel mental-intelectual.

Este sería un ejemplo exagerado, pero el esquema creo que serviría en el fondo para todos nuestros hábitos, pues utilizamos la mente intelectual más o menos profunda (por ejemplo las creencias de nuestra familia o sociedad)… y con esos hábitos mentales a veces muy profundos negamos por nuestra cuenta la posibilidad de cambiar las cosas… y por tanto nos vamos metiendo en una especie de limbo y nos alejamos de lo que realmente quiere la Vida, Dios, para nosotros (felicidad).

Entonces nos adentramos cada vez más en esa especie de esquema tan extraño:

– sé lo que me sienta bien,

– pero hay hábitos y creencias mental-intelectuales más o menos profundas y compartidas que me impiden de alguna manera “dármelo” (aunque yo no lo vea así, en realidad es esto lo que está pasando: Que estoy eligiendo “castigo” (ego), pero yo me digo que no pasa nada… que el tiempo simplemente pasa… y creo que no hago nada… y me estoy manteniendo en una especie de limbo… limbo ficticio… pues en realidad solamente hay Dios o ego).

– por tanto elijo “no elegir”, y así elijo lo que ya “conozco” (inercia), que al final consiste prácticamente en una especie de descenso al limbo de la dejadez, a “la vejez”, toxicidad, deterioro… etc.

– y con ello ¿qué consigo? En realidad hago el “mal”, en el sentido de que el “mal” consiste en intentar reforzar el miedo para mí y para todos… es decir, en crear situaciones donde de cierta manera invito a los demás a tener más miedo (con mi modo de estar, con mi “vibración”, etc.)… invito a tener más tristeza. Y “desgraciadamente” esto es lo que en gran medida sucede, de forma objetiva, con la vejez… ya que las personas vamos acumulando años de dejadez y en nuestra ignorancia terminamos casi todo el rato “haciendo el mal” en ese sentido de “mal”… en el sentido de que creamos ambientes “tóxicos” en todos los sentidos… mental-físicos… ya que un cuerpo abandonado es potencialmente muy tóxico.

Entonces, retomando el tema… casi todo el rato estamos decidiendo “ego” cuando no queremos “revisar patrones” (ya que no decidir es una decisión, y normalmente es “con el ego” si estamos en modo “limbo” inercial).

Es decir, negamos “lo que nos dice el cuerpo”… para así autocastigarnos y conseguir tener un cuerpo más viejo… más intoxicado… menos fuerte… etc… negamos “lo natural” sin el milagro… es decir, solamente con la mente intelectual… es decir, por nuestra cuenta.

Por cierto, uno de los hábitos más generalizados y muy “duales” o “dualizadores”… es el horario del sueño, del dormir. Para ser muy “egos”, es decir, para ser muy “dualistas”… lo que hacemos es reforzar esa gran dualidad noche/día… oscuridad/luz… así es que tenemos radicalmente partida la jornada. Nos obligamos a estar en la cama horas y horas aunque a veces no apetezca y el cuerpo literalmente “se ahogue” (es célebre en el ámbito “espiritual” el hecho de que en realidad “el cuerpo” nos va a pedir cada vez menos sueño… y a veces las horas donde mejor nos sentiremos despiertos serán las de la madrugada, quizá tras un sueño más breve… y en general con periodos de sueño más esparcidos durante el día).

Así es que creo que el mundo de la civilización industrial más “normal” (trabajo, horarios, casas que creemos que se ventilan mágicamente… y donde todos estemos bien encerrados no vaya a ser que respiremos demasiado profundo y demasiado oxígeno… y nos movamos demasiado)… ese mundo… se podría en parte ir caracterizando muy bien de la siguiente manera… ya que parece que muchas personas lo utilizamos o lo vivimos así:

Sería como una organización de hábitos y de creencias para autocastigarnos con falsas comodidades… y por lo tanto sería algo así como un “rechazo organizado de lo natural“, de lo espontáneo más inocente… frente a “lo normal” de ese cúmulo de hábitos o inercias que componen en general el mundo del miedo.

Así pues, se trata de un rechazo “por nuestra cuenta” (no de un verdadero rechazo o una verdadera negación… con el espíritu)… claro está. Es una negación “sin el milagro”. Esto lo digo, claro, porque los efectos cotidianos de estos hábitos “catastróficos” se pueden luego “negar o deshacer correctamente”, persona a persona… pero “haciéndolo” con el milagro… y por lo tanto se pueden “vivir con el Cielo” en mente… y a veces por ello vivir transformaciones grandes o repentinas.

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2 Respuestas a “Vejez rima con dejadez: el hábito de decidir no decidir; lo tóxico y el ego como inercia antinatural

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  1. Gracias Ivan! Esclarecedor… des-haciendo!! 🙂

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