Arrepentimiento y perdón
Dios, aunque es infinito, también es personal.
Así, también tenemos cosas que sentir de su parte, de parte de Dios
(emociones que sentir, verdades que sentir),
acerca del mal que hemos hecho y del mal que nos han hecho.
Y, cuando seamos sinceros y humildes sintiéndolo ("como niños pequeños"),
nos saldrán de manera espontánea formas de reparar o contribuir a reparar
las consecuencias de lo que hicimos.
Sin embargo, a menudo usamos por ejemplo ─mismamente─ "la espiritualidad"
("actitudes espirituales"), o las religiones, etc.,
para negar la posible relación emocional con Dios, la cual implicaría:
─ llegar sentir cada vez más su verdad universal, que nos liberará;
─ sentir también las cosas más personales: por ejemplo todas las consecuencias
emocionales del pecado que hemos hecho y que nos han hecho;
─ sentir incluso su amor, si nos encontramos
en un estado de humilde y sincera responsabilidad en algún momento.
Cada uno tendremos que comprobar, cerciorarnos, de la siguiente verdad importante:
Cada vez que cometemos algún mal (algo en desarmonía con el amor tal como lo ve Dios),
Dios ya nos ha perdonado (aunque las demás personas puede que no nos perdonen hasta
dentro de miles de años, recordemos).
Pero, muy importante: de todas maneras no sentiremos esa verdad,
la de que Dios ya nos ha perdonado, si no somos humildes;
es decir, si no deseamos sentir todo el dolor
y otras consecuencias provocadas por nuestros actos,
o carencia de acción ─provocadas tanto en nosotros como en los demás,
así como en el medio ambiente natural─.
Intelectualmente, la verdad de que Dios es plenamente misericordioso nos puede llevar a
ser unos descarados, caraduras, cínicos, como queramos decir:
en plan: "como Dios perdona todo, hagamos lo que sea".
La versión "religiosa" o espiritual de eso, que a menudo es más sibilina,
sería:
"Puesto que Dios perdona todo, ya estoy perdonado:
─ o bien porque yo lo digo, yo lo creo así (muchas veces ni siquiera
queremos reconocer que ese acto no era armónico), etc.;
─ o porque algunos espíritus me transmiten buenas sensaciones (y puede que
no sepa que son en realidad espíritus, y no Dios, etc.) cuando todos
los días hago algo que les gusta que haga:
como por ejemplo "meditar", o por ejemplo
acudir al templo "x", o hacer esto o lo otro...".
Este otro tipo de "caradurismo" es algo un poco compartido, todavía,
en algunas espiritualidades o religiones:
─ como ya "somos dioses"... como somos tan maravillosos los humanos;
─ o como somos tan divinos, nosotros, que estamos en la
espiritualidad o religión "x";
─ o como somos maravillosos nosotros, quienes pertenecemos al pueblo
o tradición "y"...
entonces, no tenemos por qué cambiar internamente demasiado,
pues ya estamos "justificados".
Es decir:
─ no tengo por qué recordar ciertas malas cosas;
─ no tengo por qué ser humilde realmente y reconocer ciertas profundas arrogancias o
"autosuficiencias", etc.;
─ no tengo por qué ser humilde con todo el dolor que mi alma y la de los demás
ya portan debido a algo que hice en el pasado ─o que no hice─
puesto que, ahora, y según me digo a mí mismo, y como "Dios es misericordioso" ─o
como "yo soy maravilloso y todos somos maravillosos ya"─,
no tengo que sentir nada ─o nada más─.
Veamos un ejemplo:
Imaginemos que somos una mujer cuya pareja masculina
ha fomentado la realización de un aborto tras abandonarla.
Esa mujer puede decir o sentir que "ha perdonado" a su pareja por lo que él hizo;
es decir, perdonarlo por la contribución de él en ese evento dañino
(por fomentar en ella un pecado así).
Pero eso no implica que él ya se sienta "perdonado por Dios", en el sentido de que,
para poder sentir la verdad de Dios acerca de su alma ─del alma de él─,
él tiene que tener un deseo sincero de arrepentirse
─en el sentido en que Dios entiende tal cosa─.
Dios no puede imponer su amor, su misericordia
(por mucho que efectivamente Dios quiera entregarnos eso).
¿Qué es ese arrepentimiento?
Ese hombre necesita abrir su corazón, por ejemplo, a sentir
─tiene que desear sentir─, de parte de Dios, a nivel muy profundo,
todo lo relacionado con lo que él hizo y sus motivaciones;
es decir, la perspectiva completa ─de hecho la de Dios:
cómo lo siente Dios─, en cuanto a las emociones sobre
las consecuencias de lo que ha hecho.
El hombre tiene que desear sentir cómo se siente Dios sobre ese acto.
Pero, cuidado, no estamos juzgando por nosotros mismos tales consecuencias;
y esto lo digo porque, muchas veces, el hecho de juzgar algo
nos sirve para evitar sentir.
Prejuzgando algo podemos condenar de antemano la emoción que nos tocaría sentir
si fuéramos realmente humildes.
Es decir, no decimos, de entrada: "qué malas son" las consecuencias,
ni "qué buenas o regulares son", etc.;
aunque, evidentemente, en el ejemplo planteado son "malas", al menos
en comparación con la posibilidad de no haber cometido ese pecado
de literal asesinato. Pero, una vez cometido,
lo que por ley nos ocurre en relación
a eso, lo que nos da por ley nuestra alma ─nuestros sentimientos─,
y lo que nos deparan los eventos a nuestro alrededor... todo ello,
serán siempre posibles regalos, potenciales regalos a aprovechar y a vivir
como "lanzaderas" hacia un cambio positivo.
Antes de seguir, un importante recordatorio general:
aunque la madre pudo haber elegido no abortar,
ya solo el deseo que el hombre tenía, el deseo de hacerlo
─de matar el cuerpo de otra alma─,
está en ese hombre, si no lo elimina de verdad (así como están
las consecuencias del deseo recurrente y ejercido en este caso, etc.).
Entonces, del pecado se derivan unas consecuencias concretas porque se
ha visto afectado, objetivamente, un grupo concreto de almas y de entidades
─de "hijos" de Dios y de cosas─.
Y sobre todo ello habrá algo que sentir
(habrá que arrepentirse).
¿Todo ello?:
─ El alma del niño/a:
El hombre que instigó el aborto tendrá que sentir ─y también obviamente la madre,
aunque no en el mismo nivel quizá (y siendo quizá peores
las consecuencias, en muchos casos, para el alma del hombre)─,
tendrá que desear sentir, decíamos, cómo ese
pecado del aborto ha afectado al alma misma del niño/a que fue abortada/o,
así como al alma gemela de tal niño/a.
El "perdón" ─en sentido restringido o natural─ de ella hacia él, no produce tal sanación,
aunque quizá puede facilitarla en general.
─ Almas participantes encarnadas:
El padre tiene que desear sentir
lo que ese pecado ha afectado al alma de su pareja ─de la madre─,
que se vio instigada a abortar (así como lo que ha afectado
al alma gemela de la madre).
Y, también, lo que ha afectado a su propia alma, la de él mismo (y a su alma gemela).
Y también lo que ha afectado a los familiares o amigos de ella y de él, etc.
─ Almas no encarnadas:
Por ejemplo, el padre tiene que desear sentir
lo que ha afectado a los cuidadores; es decir, a los espíritus,
las personas ─ya desencarnadas─, que viven en el mundo espiritual y
que se vieron "obligadas" a ocuparse del niño/a.
Aunque tales espíritus, en el mundo espiritual, no tengan un sentido de
obligación ─si ya están bastante sanados no lo tendrán─,
sin embargo, no deja de ser verdad que hay
mucha carga de tareas, tareas que es necesario realizar,
y que le damos al mundo espiritual al estar tan mal la condición álmica
de la gente en la Tierra, donde se cometen tantos pecados como el del aborto, etc.
(recordemos además que las condiciones álmicas de la gente desencarnada
son también muy malas en muchas partes de los planos espirituales
cercanos a la condición baja terrestre).
─ Entorno:
Lo que el pecado del aborto ha afectado al medio ambiente terrestre natural,
al fomentar una condición de alma más baja en general, en la Tierra.
¿Perdón?
Nosotros podemos decir que perdonamos a alguien. Pero, independientemente
de nuestra sinceridad, esto tendría varios significados.
Un significado es que nos estamos situando
en un nivel donde Dios no importa, donde lo sacamos de la ecuación,
porque, en realidad, Dios, como hemos visto, también es o tiene personalidad,
y si las personas no quieren sentir la verdad de que Dios las ha perdonado,
no lo van a sentir.
Por lo tanto, si pensamos de alguien que "Dios ya lo ha perdonado",
para, con ello, con ese pensamiento, sustituir
lo que realmente sentimos sobre el evento (el enfado, tristeza, etc.)...
entonces estamos siendo arrogantes ─y a menudo de alguna manera
nos ponemos por encima de Dios─.
Dios es quien puede dar su amor ─un tipo de amor diferente
al natural─ a quien esté abierto a dicho amor divino y quiera sentir
cómo se siente Dios al respecto de todo, incluyendo ese pecado.
Si no nos abrimos a sentir a Dios sobre un aspecto, y máxime uno tan crucial,
nos cerramos a Dios en general; y así, el proceso de arrepentimiento y perdón
va a ser más sufrido, más largo, aunque siempre, al final, va a ser completado
de la manera natural o restringida; y siempre nos va a dejar
en un estado de perfección natural, en la esfera seis como tope de evolución "natural",
y tras muchos años en el mundo espiritual.)
Así, por lo tanto, las personas no podemos "perdonar a los demás" en un cierto sentido
(lo hemos visto: hay un sentido, que podríamos llamar "divino",
y que es cuando las personas se permiten efectivamente ser amadas por Dios y,
por lo tanto, perdonadas por Dios).
En un sentido general y también necesario sí podemos perdonarlas, claro.
Y esto lo comprobamos cuando hemos limpiado nuestra alma de los resentimientos
que antes quizá teníamos contra alguien.
Pero tal limpieza no implica que automáticamente vaya a existir una relación entre aquel
a quien supuestamente "perdonamos", y Dios.
Seguramente podemos decir que ese "perdón natural", si es verdadero,
ayuda a Dios en el proceso de intentar establecer una relación con esa persona
que nosotros ya hemos dejado de "odiar" por lo que nos hizo, etc.
Perdón y arrepentimiento
En las enseñanzas de Jesús y María M. hemos visto que, básicamente,
el perdón y el arrepentimiento son aperturas a sentir;
y, considerado desde la perspectiva quizá usual, en uno de los significados de perdón,
el perdón sería estar dispuestos a sentir y desear sentir
─ser humildes con─ todo lo que nos han hecho o nos están haciendo en el momento.
Y eso, "todo lo que nos han hecho", lo empezamos a recibir muy pronto,
con muchas "proyecciones" emocionales, desde que estamos en el útero recién concebidos.
En el caso del arrepentimiento se trata de estar dispuestos a sentir y desear sentir
todo el mal que hemos hecho (la verdad álmica sobre todo ello).
Así, si queremos hacerlo a la manera de Dios, con Dios,
consistirá en sentir de parte de Dios toda la verdad acerca de aquello
de lo que hemos hablado arriba ─ilustrado con el ejemplo─, y, además,
abrir nuestro corazón a su amor, al amor divino.
Madres y padres
También hemos visto cómo todas las madres y padres de este mundo tienen en general mucho
de lo que arrepentirse, en el sentido que estamos viendo.
Y esto sucede porque, pese a lo sufrido que es ser madre y padre,
los hijos/as no son realmente hijos de sus padres o madres bioógicos,
sino creaciones de Dios, almas
(los padres solo tuvieron sexo, básicamente).
Así, pese a lo sufrida que es la maternidad/paternidad,
que tan a menudo cambia la vida (viendo cómo se requiere tanta energía y tiempo, etc.),
pese a ello, los niños de todos modos se ven obligados
a bloquear dentro de sí mismos emociones inarmónicas
─cosa esta que no se merecen, ya que nadie se lo merece─.
Además, los niños aprenden enseguida nociones sobre el amor que
no tienen casi nada o nada que ver con el amor.
Y, en general, reciben, absorben, muchas creencias falsas en todos los niveles de nuestra
escala de prioridades ("Espiritual", "Emocional", etc).
Por supuesto, esto no tiene que desanimarnos en cuanto a ser padres o madres,
sobre todo si ya se es tal cosa (pero de esto ya hablaremos en estos textos, quizá).