«Si odiáis el mal, debéis tener cuidado con vuestra concepción del término. El odio es restrictivo: estrecha el campo de vuestra percepción. Es realmente un cristal oscuro que ensombrece la totalidad de vuestra experiencia. Él hace que cada vez encontréis más y más cosas que odiar, y que llevéis esos elementos odiados a vuestra propia experiencia.» (Habla Seth II)
«No se puede comprender lo que hace vivir a las cosas si para ello se les roba primero la vida. Y así, cuando el hombre aprendió a clasificar, calcular y diseccionar la naturaleza, se volvió insensible hacia la cualidad vital de ésta y ya no se sintió parte de ella. En gran medida el hombre renegó de su herencia, ya que el espíritu nace en la naturaleza y el alma, y por un tiempo reside en carne. » Los pensamientos del hombre ya no parecían tener ningún efecto sobre la naturaleza porque en su mente se veía separado de ella. Así que, paradójicamente, aunque se concentró muy conscientemente, en los aspectos exteriores de la naturaleza, acabó negando los poderes conscientes de su propia mente. Se volvió ciego ante la conexión existente entre sus pensamientos y su entorno y experiencia físicos. » La naturaleza se convirtió entonces en un adversario que debía controlar. Pero, en el fondo, sentía que estaba a merced de la naturaleza, porque al aislarse de ella también se negó la posibilidad de usar muchas de sus propias facultades. » Fue en este momento cuando el hombre interpretó tan mal la propia naturaleza de la mente consciente, y las posteriores escuelas de psicología atribuyeron a las partes inconscientes del ser esos poderes no reconocidos o rechazados. Ciertas funciones muy naturales de la mente consciente, por tanto, se «enterraron» y se impidió su uso normal.» (Habla Seth III)
¿Por qué es tan importante la mente en lo relativo al sentir? Las diferentes culturas materiales de las épocas de nuestro sueño-universo influyen en qué conlleva eso que denominamos «sentir». Por una parte parece obvio que «el sentir» estaría en el centro de toda «cuestión». Pongámoslo ahí, en el centro. Y siguiendo el hilo de eso que no se ve, del sentir, podemos preguntarnos por ejemplo por las claves de cómo se dio en este mundo aquel bárbaro exterminio del «mundo indígena», cometido por nuestra «metafísica occidental», hipnotizada como está ella, de esa forma tan desequilibrada —dentro del equilibrio posible entre las dimensiones evolutivas de lo «mental», lo «físico» y lo «emocional». Diríamos que, ante el hecho de que en nuestra «cultura» todo lo indígena podría recordarnos demasiado a nuestro Niño interior —ese que tenemos por norma tan mal integrado— entonces aquellas claves del exterminio tendrían que ver, claro, con ese mismo desequilibrio, el que atenazaría exageradamente a ese Niño interior con el «corazón roto» que todos portamos (ese que siempre tuvo que aprender a simular en vez de a Ser, en una sociedad-de-adultos increíblemente poco integradora de tales «dimensiones»). Mente Pero hay dos significados de mente; el primero es muy importante para nosotros, en un primer momento, a la hora de hablar de nuestra integración —es decir, de una forma digamos más «psicológica». El segundo es importante a la hora de hablar muy claramente de nuestra liberación o despertar del sueño. Ambos podrían requerir (para algunos de nosotros) que los distingamos lo mejor posible, en un principio, para así a su vez poder hacer otro tipo de integración de «más alto nivel»: 1.— Un significado de «mente» es el relativo a nuestro desarrollo «psicológico» en sentido amplio de «psicológico». Aquí nos interesa comparar las diversas cualidades de nuestra manifestación aparente como seres vivientes; vemos que hay una especie de etapa evolutiva donde se accede preponderantemente a una dimensión mental de la existencia, al «contarnos historias», como dice Michael Brown (La alquimia del corazón), contarnos historias sobre cosas; esto de entrada supone aceptar los medios que para ello ha dispuesto nuestro mundo adulto de turno (donde siempre en realidad «cuentan los que vencieron», en el doble sentido de «cuentan»; o bien cuentan las víctimas; todos ellos hablan de forma «tendenciosa», como dice Brown), y por tanto contarnos nuestra propia historia, configuradora de nuestra «misteriosa» personalidad…, y para con ello, mal que bien… huir de nosotros mismos hacia delante, en tanto que somos un atajo de emociones que han quedado sencillamente reprimidas cuando reflejamos —obviamente sin poder comprender— el mental mundo de los adultos («represión» primordial y sucesivos actos relativos a la simulación). «Huimos», por tanto, tal y como lo decíamos ya en Amor negativo…: huimos partiendo desde una etapa digamos más «solo emocional», en la etapa infantil. 2.— Otro significado de «mente» sería el fundamental, y estaría muy directamente relacionado con nuestra liberación del sueño como un «todo» (liberación o despertar del sueño). Lo hemos tratado ya algunas veces por aquí, aunque no hemos hablado del problema de la palabra «mente» en sí. Todo el universo es una especie de error de percepción de la mente que se cree dividida. Tal división no existe, pero para demostrárselo a sí misma y para con ello creer que atacamos a nuestro verdadero Creador o a nuestra verdadera Fuente, «tuvimos que» proyectar todo un universo (falso, de la percepción), donde venimos a hacernos los inocentes, a sufrir aparentemente, etc. Sin embargo, solo existe el amor perfecto de esa Mente que nos creó en tanto que en realidad nosotros no estamos aquí, donde sin embargo creemos estar, en el universo físico: en cuerpos físicos contándonos historias conceptual-mentales para digerir falsamente unas vidas ilusorias basadas en la idea falsa de la separación. No estamos separados por tanto de este último problema, tan «global»; no lo estamos en tanto que aquí nosotros holográficamente repetimos el mismo patrón de «mentes divididas», configurando con ello —sin creer que somos autores— configurando alrededor nuestro, en el sueño de universo, un cierto patrón de manifestación «externo» de las cosas físico-mentales, patrón que rota alrededor del otro patrón interno o «malla conflictual», intensa, vibratoria: el del contenido profundo de separación (falso). El círculo se cierra cuando sabemos (por UCDM por ejemplo) que ese contenido profundo de separación también es una mera idea aunque en dimensiones «cósmicas»: es mente digamos que en un nivel más global. Así pues, esta responsabilización interna —liberación o despertar— depende de esa «metafísica global» de este apartado 2. En realidad es una especie de última anti-metafísica. Ésta nos permite «comprender» rápidamente —directamente, en tanto seres mentales en el sentido 1— un cierto «cómo» fundamental acerca de nuestra liberación del universo —liberación de los apegos en tanto que somos responsables de ellos como seres que proyectamos desde nuestro centro vibracional…, responsables de cómo vivimos la experiencia programada por el Ello-ego-universo para auto-engañarnos proyectando separación. Quizá las culturas «más integradas» (llamadas «primitivas»), y quizá por no estar, como nosotros, tan hipnotizados con lo mental y lo físico, permitirían de cierta forma que se pueda ver mejor tanto la «dimensión de integración» en 1, como la dimensión «global» de 2 (a partir de ahora usaremos esos números —1 y 2— para referirnos a la dimensión involucrada —de «integración psicológica»— en 1, y a la de «liberación global» o despertar del sueño en 2). Quizá el vivir en medios culturales más susceptibles de promocionar cierta integración nos permite sentirnos más y mejor como «fabricantes» de nuestra realidad, como responsables del loco rotar de lo exterior en torno a aquel patrón conflictual que venimos a manifestar aquí en la tierra en cada vida y de mil maneras diferentes.