Cabecera Web

Surfeando entre dos nadas

El espíritu te toma o arrastra y surfeas ahí, entre esas dos nadas que son el ser-ego y el ser de la Verdad, Dios, siendo que ninguno tiene consistencia en este mundo (mundo del tomador de decisiones) pues este mundo no existe, y la Verdad o Dios no ve este mundo. Así que el Espíritu nos enseña, en el movimiento de feliz escapada o de «perdón» generalizado de toda percepción (¿qué puedes reprochar a algo que no es nada?), nos enseña o nos lleva-arrastra surfeando entre dos nadas. O más bien, que la consistencia solo proviene de algo que no es de este mundo, y aquí solo cabe ir amoldándose a ser un mero navegador o tomador de decisiones entre la ilusión de disyuntiva final: Dios o el ego.