Hace tiempo que aquí ya fui poniendo mi particular potpurrí sobre las cosas que atañen más a «mi» ilusión —a por ejemplo esa cosa ilusoria llamada «la familia»…, o este mundo ilusorio en el caso concreto de mi supuesta «personalidad». Las cosas se van aclarando. Sabemos que ahora estamos aprendiendo a estar en el sentir sin pensar, sin interpretar, sin justificar lo que sentimos en base a lo de afuera, sino manteniéndonos atentos a lo que hay adentro y a que se despliegue todo lo que pueda… sin poner interpretaciones que vienen del pasado, de patrones lógicos usuales, temporales. En general, vemos que en la vida repetimos en gran medida «programas». Y vemos que se se da de forma muy automática. Igual de «cósmicamente» y automáticamente parece que adquirimos rasgos de la personalidad: dependiendo prácticamente solo del momento en que nacemos, como si el universo de la personalidad en parte fuera como un relo. Así de igual de «relojeramente», también es ya algo muy célebre y divulgado que repetimos «inconscientemente» patrones, o que adquirimos y votamos muy fuertemente por «programas», con los que programamos nuestra consciencia dentro de un sistema familiar (se habla mucho de esto en la psicología transpersonal en general, en biodescodificación, en la psicología «sistémica», del sistema familiar y sus órdenes y repeticiones, etc.). Los acontecimientos a veces se repiten justo el mismo día. Y es que, como ya «sabemos», es como si hubiera un plano de la consciencia, un plano de consistencia para los futuros eventos de la consciencia… un plano donde consisten las semillas de los acontecimientos («consisten», más que existen)… y que está más allá del tiempo, que abarca a este, en un primer nivel abarcante de la unidad del «ego». Allí, digamos que los acontecimientos resonarían potencialmente, pues lo que resuena en el fondo es un gran sentimiento que llama (realmente fuerte), que invoca, convoca, para que cierto tipo de acontecimientos físicos confirmen, refuercen, reafirmen… lo que un determinado campo de consciencia cree sobre sí mismo. Por ejemplo puede haber un programa célebre: el de «no tener hijos»… que creo recordar que aparecía varias veces en la famosa divulgación que Enric Corbera hacía de la biodescodificación y del transgeneracional. Entonces, ya podemos remover Roma con Santiago… que si el programa está ahí reactivado… es decir, si se han «unido»: — esa dimensión «creencia-sentimiento» — con cierta materialización física que la justifique a nuestro entender/interpretación/percepción (a veces quizá nuestra mera presencia en el mundo)… …si todo ha sido sustentado por una «consciencia» que se ha visto llevada a justificar esa alianza creencia/sentir con cada vez más fuerza… entonces, la mujer en cuestión, no tendrá hijos. Ecos que reverberan en la consciencia profunda, compartida, del sistema familiar-social… allá donde creencia y sentimiento a veces parecen indisociables. Un eco que nos hace repetir cosas, nos atrae hacia la repetición de ciertos «patrones», pautas. Ese eco lo activamos viendo conflictos fuera, e interpretándolos «mal», reactivando así esos «conflictos más profundos», que nos alejan de ser «nosotros mismos»…, de vivir en el auténtico presente, de estar presentes en lo que sentimos más profundamente y en los deseos más profundos. Entonces, es un proceso que no es temporal, lineal. Pero para describirlo nos hacemos las trampas de lo temporal. Llega un sentimiento fuerte, por ejemplo cuando éramos pequeños… y estamos formándonos la mente, lo «mental intelectual», que busca razonar lógica y temporalmente. Entonces, buscamos justificar lo que sentimos con procesos de lo que vemos afuera… con un cierto pensamiento causal… y esas circunstancias nos brindarán oportunidades para hacerlo. Por ejemplo, en mi campo familiar hay una parte de las «resonancias» fuertes que provocan repeticiones, y que es «falta de madre», a una determinada edad temprana. Percepción es interpretación, y hay momentos digamos más críticos, más globales, en que nos estamos formando e imprimiendo nuestros «campos mentales», en la edad infantil. Interpretamos los conflictos como tal cosa porque sentimos algo y lo justificamos, con la gran energía que reverbera justo en momentos decisivos que están resonando con otros parecidos o iguales. Esto es célebre en el análisis del transgeneracional, de cómo resuenan todos los acontecimientos en las generaciones. Bajamos al campo familiar, lo albergamos en nuestra consciencia, como nueva oportunidad para reforzar el pensamiento de «ser víctimas de circunstancias»… o bien lo podemos utilizar, al ponernos al servicio de él, para desinterpretar el «pensamiento víctima». Digamos que somos «almas» que encarnan/albergan cierto modo de proyectar un universo. Programa de sentirse no merecedor de madre a los 8, 9 años, bajo la forma de «falta de madre»: muerte de madre de Irene, separación prematura de mi abuela con respecto a Irene… La única «culpa»: no saber disociar sentimiento y pensamiento… y volverlos a asociar