Es curioso estar enfermo y saber cómo uno mismo se ha enfermado a sí mismo. Como ya sabemos… y sin meternos en profundidades para tratar también los casos de enfermedad de niños muy pequeños… sabemos que uno enferma en general por la mentalidad… por la mente… por los procesos mentales… por los pensamientos… por no vigilarlos… por no detener esa negatividad que siempre parece girar en torno a la interpretación que nos dice que:
«Ahí fuera hay algo o alguien que ME ha hecho algo a MÍ» (por ejemplo, un caso extremo: alguien se muere y eso lo interpreto fácilmente desde una actitud de separación, y esa persona la siento solo como aquella personalidad y aquel cuerpo con los que solía tratar… y por tanto es un ataque, no solo un vacío natural… sino que, aparentemente de forma muy espontánea, lo interpreto quizá muy por mi cuenta… sin comentarlo mucho con nadie de corazón a corazón… y muy dramáticamente…).
El ego es un caos de aparente incomunicación.