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Compartir luz: borrador: «grupos de luz»

La esencia de la reunión,

en la segunda hora que hacíamos,

era o iba a ser el compartir, simplemente, la «relajación» de tipo espiritual…

para entrar juntos en la comunión de esa luz o amor, que contiene las respuestas precisas a todo… animándonos también con algunas de esas palabras increíbles que acompañan este proceso, en la vía de Yeshua.

Y entonces, parece que, el ayudarse entre la gente,

en ese nivel «espiritual»…

parece que era, o que es, el sentido verdadero que siempre tuvieron las religiones, pese a las distorsiones…

…o sea, compartir la «fe», como algo práctico, es decir, como recursos muy simples y vivenciales que giran en torno a llevar esa luz a todos los aspectos de la vida…

una luz que ya está ahí («en Dios vivimos»)… que es de alguna manera la Unidad en la que sí estamos siempre… que no se puede aprender (pues no depende del concepto «tiempo», etc.)…

sino solo «ser»…

para que, poco a poco, no haya dualidad entre nuestro «hacer» y nuestro «ser»,

y claro, podamos realizar el cumplimiento del propósito de los universos (es decir: ser el amor original, o sea, hacer conocido el Origen en todos los sistemas de realidad que son soñados o «creados» a partir de los potenciales del Océano que es Ello-Él-Ella…,

un Océano cuyas muy especiales «olas» somos nosotros, ya que solo las esencias personales capaces de «elegir Dios», pueden realizar ese propósito de los mundos…

extendiendo pues Dios-Diosa…

por tanto, extendiendo singularmente su (re)conocimiento, eternamente…

haciendo que, así, de paso, algo así como «unos nuevos protodioses» (esencias capaces de elegir Dios) …

… que están identificados LIBREMENTE ahora de nuevo en el Ser, y desde Él…

puedan ir desentrañando –y gozando cada vez más de– ese Origen… … y puedan mostrarlo y utilizarlo en dimensiones y con capacidades insospechadas.

Esa es la luz/amor que «se consigue», o que al menos a veces se refuerza… un poco, en muchas reuniones «cultuales» de las que existen hoy… … o en la «meditación», etc.

Pues la fe sería pues algo tan simple y práctico como el hecho de confiar en que la luz dentro puede acoger todo lo que interpretamos que «nos pasa», o sea, todo lo que parece que nos viene desde fuera o desde el cuerpo… A CADA INSTANTE.

En ese acogimiento, o abrazo en la luz, sabemos que iremos perdiendo el miedo a que cambie nuestra percepción,

y a la vez el miedo a que cambie nuestra identidad…

… pues realmente la visión (la existencia) se puede tornar en una mullida forma de «ir englobados» en el campo de luz original…

ese que en el fondo lo origina todo, en un misterioso y eterno despliegue de sueños de formas, etc.

(lo permite/lo nutre/etc…, todo… a cada instante.)