Aquí coloco este texto que es un capítulo del libro titulado «Vivir con el amor divino«.
Helge Mercker es su autora, creo que de Namibia, aunque escribe en alemán, inglés… y creo que algún idioma más; es autora de este libro en concreto, escrito en inglés, y del que se habla por ejemplo en este vídeo (y que se enlaza en él):
https://www.youtube.com/watch?v=7W2VxoD_KMI
Ella es, por así llamarlo, seguidora del camino del amor divino, aunque no trata ni habla de Miller y Mary.
Hay mucha gente también como ella, que conocen los mensajes dados a través de Padgett hace más de cien años, pero no a Miller.
Estas son personas* de las cuales he presentado y traducido algún mensaje en la página guía B.9, ya que los mensajes dados por muchas personas ya muertas —a través de Padgett, tal como ya hemos visto—, son muy claros (sobre las cosas básicas del alma, del amor divino y el natural, etc.).
Este es el texto (las múltiples citas son, bien sea de los mensajes dados a través de Samuels y Padgett, o bien de algunas partes de los evangelios canónicos, para reinterpretarlos o interpretarlos bien): ______
El undécimo mandamiento
Deseo reflexionar sobre el mandamiento que dio Jesús, ese mandamiento que es el principio rector de nuestra vida, aquí en la tierra y en el mundo espiritual.
El don de gracia del amor divino de Dios, recibido, nos cambia. A medida que nuestra fe crece, la fricción dentro de nuestra alma se hace evidente, ya que la Verdad recién adquirida confronta nuestros errores. El anhelo de una mayor armonía nos anima a dar pasos para cambiar nuestras vidas.
El dolor inicial del cambio es pronto reemplazado por una sensación de libertad; una libertad muy alegre y llena de mayores anhelos de estar más cerca de Dios, nuestro amado Padre, siempre buscando y anhelando más de Su Amor, siendo llevados en esta nueva paz encontrada.
No pasa mucho tiempo antes de que sintamos el poder de este Amor ejerciendo su influencia sobre nosotros cuando empezamos a amar de una manera diferente.
Este amor más profundo le convierte a uno aparentemente en un nuevo ser, y las palabras pronunciadas por Jesús a través del undécimo mandamiento adquieren un significado más profundo.
Y aquí quiero desarrollar más este fascinante mandamiento-guía que fue dado a Jesús, como el Mesías, y colocado con y por encima de los diez mandamientos de Moisés.
Este mandamiento es la Ley del Amor de Dios. Es para que nos amemos los unos a los otros con el Amor Divino, no con el amor natural, sino con el Amor Divino, que es el Amor incondicional y absoluto, un regalo de Dios.
«Fue durante la comida de la Pascua, antes de mi arresto por Pilato, cuando di a mis discípulos el undécimo mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Quería decir que, puesto que yo amaba a la humanidad —y en concreto a mis seguidores— con el Amor que me llegaba de la Esencia del Padre, los discípulos debían buscar el Amor Divino en la oración al Padre y amarse los unos a los otros con este Amor Divino. Así, todos debíamos ser uno en el Amor del Padre. Este era el Mandamiento, que debía ser obedecido por mis seguidores, y que era obligatorio para ellos, al igual que los Diez Mandamientos eran obligatorios para todos los judíos de aquel tiempo –e incluso de este día–, como los preceptos morales dados a la humanidad por Dios a través de Moisés».
Tenemos una hermosa referencia en la Biblia, en el evangelio de Juan del Nuevo Testamento, que dice:
Juan 15:10 «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor».
Jesús explica lo que quería decir:
«lo cual era otra forma de decir que aquellos discípulos que creyeron que yo era el Mesías y me amaban, creerían que mi alma era inmortal por el Amor Divino, y rezarían al Padre por Su Amor como el camino o la manera de alcanzar la unidad con Él y la inmortalidad, que fue el mensaje que enseñé y que pedí a mis discípulos –y a todos mis oyentes– que se aplicaran a sí mismos y que realmente rezaran, y el resultado sería que se verían llenos del mismo Amor que yo, y de ese modo podríamos tener un amor mutuo de la misma manera en que, cuando yo rezaba al Padre y recibía más de Su Amor, yo amaba cada vez más a Dios, y Su Amor por mí estaba en mi corazón».
Juan 15:12:
«Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado».
Jesús también dice:
«Dije a mis discípulos que debían amarse los unos a los otros, no sólo que debían amarse a sí mismos, sino a toda la humanidad… ; y este amor debía incluir a los seres humanos que los trataran despectivamente, y debían amar a sus enemigos tanto como a sus amigos. Y ese amor que debían tener por la humanidad no era el amor natural que Dios dio a todos los hombres en su creación, sino el Amor Divino que Dios había vuelto a otorgar a la humanidad con mi venida; y este Amor podía ser obtenido por mis discípulos si creían que estaba disponible y que podía ser transmitido a sus almas a través de la acción del Espíritu Santo».
Y esto es lo que Jesús quiso decir con «como yo os he amado».
Él amó a sus discípulos, y a toda la humanidad, con el Amor Divino que Dios había implantado en su alma a causa de sus anhelos de Amor de Dios.
Quiso demostrar que cada alma –toda la humanidad–, puede amar de esta manera al seguir el camino que Jesús enseñó: a través de la oración ferviente al Padre por Su Amor Divino, que llena sus almas como lo hizo con la suya. Es con este Amor recibido que debemos amarnos unos a otros.
Jesús afirma además:
«Estos escritos de Juan son correctos, en el sentido de que muestran que el Amor fue el gran tema de mis enseñanzas, pero no explican la Naturaleza Divina del Amor del Padre hacia Sus hijos, ni el hecho de que yo estaba lleno de Su Amor Divino y buscaba que mis discípulos también lo obtuvieran a través de la única forma en que podía obtenerse: la oración.
No explica que este Amor –con el que mis discípulos debían amarse unos a otros– era algo más que el amor ordinario que los humanos se tienen entre sí, ni explica la naturaleza especial de mi amor por ellos y por la humanidad. Pero, si se añaden estas interpretaciones, se pone de manifiesto el verdadero significado de estos pasajes del Evangelio».
En un mensaje de Judas a través del médium H., explica cómo un cristiano de nuevo cuño puede entender las fiestas religiosas cristianas en el contexto de la verdadera enseñanza de Jesús; y sobre la fiesta de Pascua, Judas sugiere lo siguiente:
«La Pascua será la fiesta en la que no se celebre la resurrección de Jesús de entre los muertos, ni que su sangre ‘lavó todos los pecados’. En su lugar, conmemora el undécimo y más difícil mandamiento que Jesús os ha dado, es decir, amar al prójimo como Jesús os ama, con el Amor Divino, este Amor incondicional y absoluto».
Por lo tanto, como seguidores del Amor Divino o cristianos del Nuevo Nacimiento, es un mandamiento esencial a seguir, y se nos pide que vivamos de acuerdo con él y continuemos en nuestras oraciones y con nuestra fe para recibir más del Amor de Dios, y amar a toda la humanidad con este Amor, sin importar que sean enemigos o amigos, ricos o pobres, enfermos o sanos.
Este Amor Divino en nuestra alma desea amar de esta manera, incondicional, pura y sin juzgar. Todos debemos ser uno en esto, en Su Amor, y estar vinculados a través de esta Esencia de Dios para toda la eternidad.
Mi corazón se llena al despertar a la Verdad de este mandamiento desde lo más profundo de mi ser, y que Dios me conceda la fuerza y la alegría, hoy y cada día, para amar en Su Amor, de esta nueva manera, en este Camino de un nuevo corazón.
Ahora bien, cuando Jesús dio este nuevo mandamiento a sus discípulos, en la cena de Pascua, las Leyes Mosaicas –que eran las leyes más elevadas disponibles para la humanidad antes de la venida de Jesús–, fueron reemplazadas por este undécimo mandamiento.
Las enseñanzas de Jesús sobre el Nuevo Nacimiento del alma y la Nueva Alianza del Corazón se hacían vivas y reales a través del cumplimiento de esta nueva ley que realmente se produjo en Pentecostés.
Sus discípulos estaban afligidos y con el corazón roto, amaban a su hermano y rabino de todo corazón, y la brutal muerte de Jesús debió dejarlos conmocionados, desesperados y con una profunda tristeza.
Su amor por él era muy grande, y esto debió de hacer que
«sus almas estuvieran preparadas para recibir el Amor del Padre cuando se derramara sobre ellos».
En este día de Pentecostés, el Amor del Padre entró en sus almas con
«una gran afluencia y ardor en el corazón, y ellos, muy confundidos y excitados por este fenómeno que no podían explicar. . . . «El Amor Divino del que Jesús les había enseñado, y que ellos habían entendido sólo mentalmente, se convirtió en una realidad viva en sus corazones y almas en el momento de la lluvia pentecostal de la preciosa esencia de Dios sobre ellos. Como fue transmitida a sus almas con tal poder y abundancia, supieron, de manera convincente, que Jesús había venido a traer la Esencia misma del Padre a la humanidad, que podría recibir si tan solo la buscaba con una oración sincera». 1
Jesús escribió lo siguiente:
«El fin de la dispensación judía, o el fin del mundo hebreo, llegó con Pentecostés, porque fue en ese momento que el Amor Divino del Padre, que se me concedió por primera vez, fue concedido a mis seguidores en abundancia, y las leyes mosaicas fueron reemplazadas por la Nueva Alianza y el Nuevo Nacimiento. Como predijo Daniel (profeta de la antigüedad), fue entonces que los rituales hebreos de sacrificios y oblaciones fueron dejados de lado por no tener fuerza de cohesión, conforme el Hijo del Hombre era visto por muchos cabalgando sobre nubes de gloria, que fue la forma en que Daniel describió mi aparición a mis discípulos después de mi muerte y en mi ascensión en el Monte de los Olivos».
Este maravilloso Regalo del Amor Divino ha estado disponible desde entonces, listo para ser derramado sobre nosotros, para cualquiera que lo desee. ¿Has experimentado una «Lluvia» Pentecostal? ¿Cuánto ha cambiado tu vida? ¿Sientes el «ardor del corazón»?
Los discípulos, después de esta experiencia, conocieron el Amor Divino del Padre en sus almas y en su corazón. Salieron y llevaron esto al mundo, y se dispersaron, y nada les impidió compartir esta maravillosa noticia del Amor del Padre —de lo que Jesús les enseñó y que ellos mismos experimentaron—.
Estoy verdaderamente inspirada por esto, y sé que a través de las continuas oraciones por el Amor del Padre, y la fe en recibirlo, daremos un paso adelante compartiendo estas maravillosas noticias, para que cada alma pueda experimentar la paz y la alegría incluso en este oscuro mundo nuestro.
La verdadera paz vendrá a todos nosotros, la armonía será restaurada una vez más, nuestra amada tierra respirará de nuevo… mientras buscamos el continuo ardor del Amor de nuestro Padre dentro de nuestros corazones.
Que Dios nos bendiga con las riquezas de Sus bendiciones, sobre todo con Su Amor Divino, la Esencia misma de Él.
Con un corazón humilde y la más profunda gratitud, doy mi alegría, amor y alabanzas a Dios, y que pueda encontrar el valor para salir a este mundo y
«compartir Tu Amor y la Verdad acerca de Ti, querido Padre».
____ * Listado —en pdf— de muchos recursos y webs de todos estos «movimientos» sobre el amor divino creados a partir de los mensajes dados a través de Padgett:
https://www.fcdt.org/community/documents/members/Divine%20Love%20Resource%20Guide-1-2021.pdf