hola,
ah, pensaba que estarías ya en Argentina hace tiempo, por lo que dijiste. Ya me enteraré, no importa, pero si quieres cuéntame a grandes rasgos.
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Para sacar la angustia que dices…
la teoría sería sentir como los niños más puros, es decir, sin rechazar emociones;
eso sería la humildad;
pero si viste, llevamos muy bien aprendida la lección «adulta» de rechazar emociones a nivel del alma, el nivel que sería el más basal, profundo.
Parece ser algo así como que los terapeutas, como todo el mundo, tienen sus propias heridas que sentir; y dependiendo de cómo de humildemente (o sea, cómo «de verdad») se hayan sanado… y de cómo sean esas heridas… entonces inconscientemente te «validarán» o no, en tu sentir, en tus creencias, aspiraciones e inspiraciones, etc.
Por ejemplo el tabú de la madre es brutal, gigantesco, claro; y mismamente muchas mujeres que creen haber perdonado a sus madres estarán como casi todos estamos:a años luz de sentir humildemente las heridas pasadas desde que estamos en el útero… y así, vivirán con sus propias faltas de arrepentimiento sobre por ejemplo el aborto, etc.
Ahí, se me ocurre que «la terapia» a veces quizá se la estarías haciendo tú a los terapeutas; vete a saber, jaja… mostrándoles siquiera que ahí hay cosas que sentir que no son quizá las que se esperaban… o que no son tal como se lo esperarían (en torno a un aborto por ejemplo).
Por eso en el sentido pleno de amor no es ético poner precio a estas cosas (ni en general a nada, sólo que uf, tenemos mucha desconfianza «en la vida», ya vemos).
Y en esto del arrepentimiento… parece que por ejemplo se meten muchos espíritus a interferir, ya que en general no queremos / no quieren / no se quiere que la gente se arrepienta de verdad de casi nada… es decir, que se sea directamente humilde, de forma muy simple, humilde con esas emociones que surgen pero que a menudo ni siquiera se conceptualizan como «de arrepentimiento».
Esto en parte se debería a que la mayor parte de cosas que hacemos en la vida física son desarmónicas; es decir, pecado en tanto que degradan objetivamente el alma;
por ejemplo, como digo siempre… cosas como no desear «cosas bonitas», no tener ese tipo de fe (no desafiar miedos en ese sentido) serían un pecado bien gordo.
El arrepentirse… ya viste, sería tanto estar dispuestos a sentir cómo se siente el alma que hemos dañado… desear sentir eso…, y luego y a la vez, «simplemente» desear también sentir las causas que tenemos dentro, todavía; o sea, todas las intenciones que todavía estarían dentro de nosotros… y sentirlas puramente;
es decir, sentir todas las emociones concretas que nos hacen ser capaces, o que nos hicieron ser capaces, de hacer cosas desarmónicas que degradan el alma y/o las almas (o sea, el ánimo que motiva y dirige la vida individual).
Hice un audio hace poco sobre el arrepentimiento.
Y hablando ahora un poco en general de mí, como siempre, «tengo que» tomar decisiones para desafiar miedos, etc., y volver a dar más pasos en «capacidad de ser humilde» con las emociones, etc. (pues si no, claro, no se sienten las cosas en general).
Si con lo del arrepentimiento estás tocando «la emoción real», sería la emoción muy personal de los «motivos para el sacrificio»; o sea, siempre relativos a sacrificio: a estar dispuestos:
– a sacrificar el amor a los demás (una nueva vida que no ha hecho nada para merecer eso, etc.),
– por el amor (mal entendido) a uno mismo.
Ese «mal entendido» es lo aprendido emocionalmente más allá de las palabras, y también con palabras, claro está;
y ya sabrás, claro, que la base o semilla de ese aprendizaje vino en gran medida de parte de las almas primero sobre todo de la madre biológica, y luego también del padre biol., de cada cual (por todo lo que no habían sanado, ya que casi nadie sana cosas);
y viene de otros adultos en general, claro;
(y claro, luego eso lo reforzamos con nuestras desarmonías, actos que degradan = pecados).
Entonces, en esas «actitudes de sacrificio» viven más o menos los «adultos»; y claro, luego todos vivimos a su imagen, así como dislocando continuamente la jerarquía en el amor.
O sea, las madres por ejemplo… están muy dispuestas a sacrificar el amor a sí mismas por un amor mal entendido a los demás (hijos, etc.), un amor codependiente en lo emocional y lo material, claro;
por ejemplo, como dije por ahí, mi madre me usó toda la vida entre otras cosas como excusa personal para ella mantenerse en la vergüenza del secreto del aborto, el que luego hizo; era en la vergüenza del secreto de eso con mi abuela y mi abuelo… y para consigo misma, para así ella «no tener que sentir» (y no tener que desarrollarse, por tanto, en el nivel profundo; es decir, como alma: deseos, intenciones, emociones, etc.).
Eso sería el «egoísmo»: usar a otro (o al entorno natural, animales, etc.) para no tener que sentir heridas.
Eso es lo que por fin puedo poner en palabras, y que en «nuestra relación» estaba saliendo como (poniéndome en retrospectiva aunque demasiado ficticia y algo autoengañosamente…):
«ya vale, Iván, hay que en todo caso usar las relaciones sí o sí para sanar, y no sé muy bien qué ni cómo, sanar… pero el camino este de irla cagando lleva a algún lado en este sentido».
Así que mamis y papis enseñan sacrificio, emocionalmente, y tan a gusto que (les parece que) se quedan;
y eso luego revierte en cosas variadas, claro;
o sea, por un lado es como que parece que «los hijos» nos vengaríamos de «eso por lo que tuvo que pasar nuestra «madre»» (y del mal concepto de amor que de paso aprendimos así), etc.
Así, es como que hemos «interiorizado» la «identidad de la madre» (y del padre, etc., pero estamos aquí con la madre porque yo tuve dos 🙂 ), en vez de ser cada vez más y mejor «nosotros mismos».
Parece que hemos interiorizado bastante profundamente eso como esa cierta «enseñanza de sacrificio»; parece quedarse eso ahí dentro como componente de nuestro «valer personal» (o sea, el miedo lo cargamos de valor y más valor… ese miedo que subyace a ser capaces de sacrificarnos y de sacrificar, claro).
Esa «enseñanza de sacrificio» parece que puede habilitarnos, en la herida emocional (en nuestra «valía herida»), para :
– no sólo hacer como la madre (sacrificar el «amor por sí misma», por un supuesto «amor a los demás», más o menos sacralizados como «mis» hijos, etc.)…
– sino también para sacrificar a menudo el «amor a los demás» (fetos, etc.) por el supuesto amor por uno (con cosas como la consabida comodidad, etc.).
Es decir, como siempre, para no tener que pasar las emociones que detonan los eventos, usamos las situaciones a la manera de un amor trucho, en desarmonía con el «orden real» de las cosas (que radica en que el alma gobierna, como bien saben en la mal llamada «economía» y con la gestión mismamente «médica» de los miedos, etc.).
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Lo que dices sobre que el Esp. Santo te dijo :
en esto que manejo como supuestos que ando comprobando, es más simple, ya que el Esp. Santo no habla.
Por un lado sólo hay guías («amigos», potencialmente), todos ellos espíritus = desencarnados; o sea, almas finitas como nosotros, y por muy brillantes que sean o vayan a ser. (Y, obviamente, esto incluye a las «personas físicas»; pero como aquí nos referimos a lo espiritual… pues eso.)
Y por otro lado estaría Dios (ser infinito) ; y ya a cada cual le toca querer plantearse o no el experimento de ver si puede ser, etc.
Lo que la tradición llamó «Esp. Santo» sería una cosa muy concreta:
el MECANISMO del «abrazo» de Dios por el que nos da su amor, que es de un tipo diferente de amor simplemente porque Dios es diferente (Dios sería en realidad lo único diferente en sustancia, en cuanto a las cosas más esenciales (aparte de cosas como que cada alma finita es única, claro)).
En toda la historia habría habido espíritus, «guías», y gente guiada más o menos personal o colectivamente por espíritus. De hecho, claro, así se entendería la historia mucho mejor… y la política, antropología, etc.
(tal como fui un poco poniendo en audios, textos, en plan sacando conclusiones de esto tan simple y profundo que encontré).
Esa guía, claro, es dada con más o menos tino, y más o menos malas intenciones (interesadas intenciones), o «buenas» intenciones (desinteresadas, etc.).
Si el espíritu, o sea, la persona en el mundo espiritual, el «guía», guía, pero guía porque él o ella a su vez ─sepa esto o no─ no quiere sentir una herida (por ejemplo de arrepentimiento por lo mal que lo hizo con sus respectivos hijos/as, etc.)… (tal como nos suele pasar a personas físicas y a espíritus, que en general nos movemos o dejamos de movernos para no sentir)… …si el espíritu guía así, decía… está en lo mismo que todos, en esencia (aunque, claro, a trancas y barrancas podemos «ir tirando» así todos, usando más o menos componendas).
Y en general, si el espíritu-«guía» siempre actúa así, no estará «evolucionando» en una relación directa con Dios, y por tanto no estará desarrollándose todo lo rápido que podría hacerlo (el sacrificio parece que sigue y sigue, aunque parezca y sea más sutil, digamos, en la relación con el mundo espiritual, cuando no hay armonía con la forma tan simple en que Dios habría hecho el tema del cuidarse/amor).
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Lo que parece que «habrá que» «ir comprobando» es que sólo hay dos grandes tipos de almas (personas) en el mundo espiritual, que, al tener una mejor condición de verdad («luz») y de amor, sienten de forma natural:
– la responsabilidad
– el «permiso» (etc.),
… de actuar para BIEN «de todo/todos».
Pero el asunto es qué «bien» es el que sienten como «bien», y por qué lo sienten así (y si quieren responsabilizarse de esos sentimientos y esos «porqués emocionales», o no quieren).
Esos dos tipos son: las almas que no han pedido/recibido amor de parte de Dios; y las que sí.
Las del primer tipo pueden hablar mucho de Dios (o ser ateas, etc.); pueden estar de hecho elevadas en amor natural, etc., pero no habría empezado a entrar amor de ese otro tipo en su alma (el «divino», es decir, «de Dios»).
Las del segundo tipo actúan estricta y simplemente según el orden de cómo funciona el amor (pues no les quedaría resquicio de masoquismo cósmico, con más o menos toques de heroicidad, epicidad, etc.).
O sea, actúan armónicamente con respecto a como realmente es el amor/cuidado (primero uno mismo, bien entendido; luego los demás; luego el entorno, etc.).
Y si pueden hacerlo así es porque la relación establecida «en vertical» con quien habría creado el alma individual de cada cual (y habría creado las leyes que rigen el alma y todo), esa relación… es lógicamente algo muy «capaz de ordenar», es realmente «cósmica», «creadora de cosmos» (o digamos actualizadora del «cosmos», pues «el cosmos» en su esencia podríamos decir que es una jerarquía ordenada de leyes que por supuesto son invisibles (como el alma); son leyes para absolutamente todo, leyes naturales… y eso ya estaría creado en tanto que tal cosa).
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Perdona el discurso;
todo esto en parte empezó para contextualizar lo de que Dios no habla con palabras; sólo los desencarnados lo harían con palabras
(las emociones que supuestamente podemos sentir de Dios (cosa que comprobé ya, por al menos un recuerdo del pasado lejano mío, y luego por algunas otras cosas más recientes), serían emociones «sentidas muy directamente» en nuestra alma, ya que Dios se comunicaría «de alma infinita» a alma finita (nosotros);
nuestra alma, entonces, podría elaborar también en conceptos esas emociones; pero en teoría esa elaboración no sería lo mismo, y no se sentiría lo mismo, que sentir a espíritus ─y menos aún que escucharles decir directamente palabras-guía a los «guías» más o menos arrogantes y más o menos en sus propias heridas de miedo y por tanto control─;
o sea, iremos notando la diferencia entre sentir a Dios y sentir a espíritus
(y por tanto, distinguiremos en general lo que es «sentir nuestra alma en relación a esas influencias externas»: o sea, en relación a otras almas finitas, o bien en relación a un alma infinita (Dios)).
Si los guías están más o menos ansiosos por «que lo hagamos bien», o por «que lo hagamos mejor»… no son guías de los que yo se supone que querría atraer… y de los que se supone que seré.
El ansia, la preocupación, no es armónica… está basada en miedo; y muchos espíritus siguen así, protegiendo cosas desde ahí, y durante mucho tiempo, a veces milenios;
eso ya no es necesario, no es la última palabra sobre «cómo cuidar/amar», por supuesto.
La gente es libre en un sentido curioso; y lo más revolucionario (y este camino es el de ver si se comprueba eso, efectivamente…) podría ser que lo normal sea relacionarse via sentimientos con Dios.
Dios siempre sería lo más revolucionario, y sólo sucede que es rechazable (hasta más ver).
Pues eso, lo que siempre digo y parece verdad: el amor no tiene absolutamente nada que ver con obligación, ni nada similar; y como Dios habría «creado» el amor, menos aún tendrá que ver en su caso.