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El tema crucial

El tema «intelectual» crucial es el del ánimo, el del alma (un tema que tanto duele… y que está tan «más allá de lo meramente intelectual», que lo queremos negar y anestesiar a toda costa).

La gente tenemos miedo muy anclado en el alma, y en cierto sentido somos meramente ignorantes, en realidad.

Pero ignorantes no sólo en un sentido mental intelectual, sino en el sentido de que la parte causal de nuestro ser, la que llamamos «alma», está afectada de tal modo que va a cosechar, sí o sí, en base a la actitud que siembre (en base al «ser», al modo de ser interno, que, por cierto, normalmente es «vivir en el miedo», es querer vivir en el miedo, en la vergüenza… siendo todo ello formas de «ignorancia» y en el fondo «falsedad», etc.).

Por cierto, esto es también esencial para «lo político», porque esto es lo manejado de muy diversos modos por las civilizaciones, en la historia, ya que podríamos decir que en parte «la civilización» es la materialización externa de nuestros modos de ser «adictos» a ciertas emociones, como la del miedo.

Mientras no queramos soltar humildemente esas emociones, vamos a rendirnos acríticamente a las modas, a los «intereses creados» en torno a ciertas tecnologías o dispositivos, etc.

Las emociones «manejables» son todas aquellas inarmónicas, y que en realidad no son naturales para el alma ─por mucho que nos parezcan naturales ahora─.

Todas esas «firmas emocionales», ancladas en nosotros desde nuestra vida uterina, son cosas para las que el alma no está diseñada, y por eso la degradan si las protegemos.

Como la vida del cuerpo depende de la sede real de la vida (el alma), entonces la degradación en general se manifiesta físicamente (se «somatiza», decimos: enfermedades, vejez, etc.), aunque a veces no sucede así, puesto que:

─ en general, en lo físico tardamos en ver los efectos de la ley de compensación,

─ así como sucede que hay grupos de desencarnados (con todo tipo de intereses mezclados, buenos, malos, medio buenos, medio malos…) que facilitan artificialmente la salud en aquellos sujetos en que más interés tengan, para así seguir ellos (estos grupos o desencarnados individuales) satisfaciendo sus adicciones al control, tradiciones, poder, dinero, sexo, comida, bebida, etc.

Dios no crea nada impuro, y Dios fabricó literalmente nuestra alma, que encarna cerca del momento de la concepción.