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Engaños en torno a la gasolina: errores a conocer y difundir (la alternativa del etanol, el control de las petroleras que se pasan a lo eléctrico…)

Hrom es el nombre de un canal de un youtuber muy seguido, que subió un vídeo* sobre cómo un coche «viejo», que va a gasolina puede funcionar directamente usando etanol ─además, mostró más cosas en el vídeo, aunque no muchas más─.

Meses antes de ese vídeo, las autoridades ─que a menudo actúan tan patéticamente en España, mi país… tan serviles a intereses de las corporaciones mundiales─ persiguieron a Hrom básicamente por «salirse de la caja», ya que él explora las cosas con una actitud digamos que bastante natural, desenfadada… más que la actitud encorsetada que solemos también tener.

Ser «perseguidos» en realidad hace quizá más célebres y exitosos, más aún, a estos youtubers tan simpáticos. Pero bueno, ese no es el tema.

(Y por cierto, más o menos cerca de ese momento de polémica con Hrom también Rubén Gisbert fue difamado ─salía en todos los noticieros oficiales, etc., machaconamente─.)

Volviendo al vídeo de Hrom: los comentarios que la gente escribió bajo ese vídeo sobre el etanol son superinformativos.

Por ejemplo, quizá no sabíamos que en Paraguay llevan tiempo usando masivamente el alcohol como combustible ─»etanol» sería su nombre más técnico, digamos─. Es más barato que la gasolina, y menos contaminante… ahora que tanto se habla de cambio climático.

Es decir, en Paraguay parece que la mayoría consume etanol como componente principal para sus vehículos, mezclado con más o menos gasolina**.

Y… vamos al grano: Vemos que se puso de moda meterse con la combustión y vender lo eléctrico como algo muy cool (aunque un motor eléctrico no tenga nada de novedoso, por supuesto).

A cuento de eso, también nos enteramos de que, gracias a tanta electrónica que llevan todos los coches modernos, los coches tienen maneras de detectar si no les estamos echando el combustible estándar: gasolina, diesel…

Por cierto, qué curioso es que vivimos, en paralelo, en ese otro movimiento tecnológico, quizá muy acelerado, de «innovación controladora» también en los celulares/teléfonos móviles ─movimiento que depende de cierta obsolescencia programada, etc.─.

Volvamos a lo eléctrico: vemos aquí una vez más «el truco», como siempre, y que es el control, o sea, la otra cara del miedo ─un control que parece exacerbarse, por cierto, al meter a la Inteligencia Artificial en todo este lío─.

A veces parece que llamamos «capitalismo» a lo que serían sólo los aspectos malos o lo peor que tiene una parte del «sistema» que, lo queramos o no, «nos alimenta»… y es la parte que gira en torno al hecho del «crecimiento ciego».

Es decir, ese hecho de que por ejemplo las grandes corporaciones industriales están a menudo enfocadas demasiado prioritariamente en crecer «económicamente», sin casi mirar cómo ─»se deben primero a sus accionistas», se dice─.

Es como si ese «aspecto malo» terminara cegando o anulando el importante asunto o la importante esfera de los objetivos, de la visión de conjunto, de las finalidades.

Así, vamos reduciendo demasiado esa esfera, el discernimiento del propósito… el poder hablar de una responsabilidad guiada por principios hacia fines concretos, para experimentar cada vez más consciente y cuidadosamente, etc.

En ese «lado malo» del «capitalismo», pues, parece que los humanos nos ponemos muy reduccionistas… colocándonos esas anteojeras de…:

«oye, eh, hay que acumular… y controlar, y asegurarse de que los números nos salgan… que los números crezcan por lo menos, por lo menos, según lo previsto ─al menos eso─, para así no «morir» en el proceso ─e incluso para así poder conseguir monopolios más o menos solapados─, frente a la competencia de otras empresas o entidades que puede que te ganen la partida si se atreven a hacer cosas más brutales (o sea, cosas más antiecológicas o antiéticas para abaratar precios, etc., y poder así sobresalir, ser superiores… seguir «triunfando»).

«La carrera de ratas», creo que se la llama ─ay pobres, las ratas biológicas─.

Ahora bien, a las empresas conjuntamente «les interesa» que siga el juego dentro de cierto marco compartido mental/emocional, y espiritual… y donde de alguna manera son «ellas, frente a las masas pagafacturas miedosas y controlables».

Por otra parte, a la gente con espíritu más adictivamente controlador también «les interesa» dominar marcos nuevos que puedan surgir, o hacerlos surgir controladamente (y como hemos visto, surgieron recientemente muchas cosas en pocas decenas de años en torno a la informática).

Esas personas y desencarnados, en general, pueden entonces «jugar» en esa otra «liga» del «dinero de altos vuelos».

Parece que una vez que se entra en esa «liga» ─en esa especie de, digamos, olimpo de «dioses» empresarios/políticos, ese olimpo que hemos institucionalizado para bien y para mal─… una vez que se entra, por ejemplo sucede que a las empresas se les pueden perdonar inmensas deudas.

El tema es que ahora están en ese «cielo» para competir, y podríamos juzgar ese fin como algo absurdo y más bien «infernal».

Pero claro, eso parecería ser lo que todavía existe como «marco», aunque lo hemos reducido mucho: No es sólo «competir» por competir… sino en general por dar servicio más o menos controladoramente a unas masas que estamos retenidas en más o menos creencias y emociones «de supervivencia» o de «supervivencia ampliada».

Es decir, no es simplemente competir por triunfar y ser superiores, ya que estamos nosotros, las masas, con el voto implícito que tenemos por ejemplo en el poder de compra, y con todas las creencias y actitudes de «personas miedosas que a menudo casi sólo piensan en poder sobrevivir y llegar a fin de mes».

¿Cómo se caerá ese castillo de naipes, esa carrera de ratas? Surge y surgirá por necesidad un «interés», un sentir… que desmonte la base de todos esos juegos: es decir, los marcos compartidos, digamos.

Tales marcos «espirituales», como sabemos, en el fondo se fundamentan en lo que colectivamente tenemos como alma, como ánimo, la humanidad ─es decir, la condición anímica, el nivel álmico respecto al amor y la verdad─.

A muchas empresas, entonces, les interesa poder crear y predecir en entornos controlables. O bien, les interesa poder «descontrolarlos» más o menos a placer, pues quizá hayan estudiado y hayan predicho ya a menudo, más o menos acertadamente, hacia dónde pueden tirar las personas y los procesos después de provocar con cierto éxito el descontrol o el caos en el sitio o el momento en cuestión ─según los niveles de miedo y de resistencia no humilde al miedo, de las «masas»─.

Si lo que interesa es el control, eso no impide «caotizar» lugares, o la intención de las masas, y hacer eso más o menos solapada y controladamente.

Para ello se han promovido desde hace mucho tiempo guerras, sin ir más lejos, y tal como es bien sabido. Y es que esos conglomerados de corporaciones industriales y políticas son aquellos agentes que también te pueden vender luego las soluciones y las reconstrucciones.

Y, como también vimos hace tiempo al hablar de «nuestro sistema»… «interesa» incluso poder diseñar los marcos en los que se juega a ser humano, a definirlo y redefinirlo… a la medida de como se vaya queriendo definir «el mercado», etc.

Es decir, quizá «las empresas» impersonales, si hablaran, dirían…:

«Que compitamos, sí, entre nosotras… que compitamos, vale… ese es el paradigma simplista, y la pauta… el medio y el fin… pero vamos a tener que estar de acuerdo en unos mínimos, pues queremos que se paguen las facturas, y cada vez más… y las paguen quienes tienen que pagarlas en masa… y con más o menos miedo, para así alimentarnos en esa codependencia».

De esas corporaciones industriales, tan afanosas a la hora de «controlar mercados», podríamos pensar que:

«Oye, por lo menos no nos exterminan directamente» 🙂 …

Su objetivo no es ─o no lo es todavía─ exterminar indiscriminadamente a las masas… es decir, por lo menos nos venden cosas útiles, servicios (ese objetivo de exterminio simple podría ser que se implante coyunturalmente con mucha efectividad mediante la IA, por cierto, en un redoble de la tensión en la codependencia y en el uso del terror).

Y, efectivamente, nos hacen un servicio, o bien, mejor dicho, nos hacemos los humanos un servicio a través de esas instituciones «económico-políticas» ─aunque sea de manera antiecológica y antieconómica─.

Detrás de tal servicio, en las actitudes, emociones, etc., que hay detrás, en realidad sabemos que están las adicciones emocionales que todos tenemos, en algún grado, en torno a, por un lado: el poder y el control (afán de dominio); y en torno a, por otro lado: las emociones que cultivamos en el afán de servilismo ─victimismos varios, etc.─.

Por un lado tenemos a todos esos «ansiosos por el poder» ─por sobresalir, aparecer─, todos tan ansiosos como están y estamos a veces por vender y vendernos, siempre más, para acumular atención, dinero, poder ─para «ser» o sentirnos superiores─.

Entonces, los mismos «lobos», o casi los mismos, serían los que se pasaron hoy a vender «lo eléctrico» (pasando a vestirse así con esa «piel de cordero»).

En gran parte serían «los mismos» lobos, pero esto de que sean «los mismos» sólo lo podríamos entender ─como cualquier cosa en nuestra historia si queremos entender algo─ si tenemos en cuenta la influencia de desencarnados.

Serían los mismos lobos, decíamos, que habría tras la gran industria (petrolera, etc.), y que, como vemos ─y está de sobra demostrado─ son generalmente quienes manejan a «nuestros políticos» como si fueran títeres ─títeres más o menos conscientes de tal manejo─.

Son quienes van «meta-gobernando», en gran medida, los sistemas políticos mundiales, diseñando, en la medida que puedan, por ejemplo todas esas polarizaciones que consumimos: Que si Trump/Biden, izquierda/derecha… o cosas como los atentados de falsa bandera, o los golpes de estado ─como aquel que hubo en el año 2014, en un país de cuyo nombre no quiero acordarme, etc.─.

Así pues, se intenta plantar y se planta por doquier la «alternativa eléctrica», supuestamente renovable… y parece que en parte con el propósito de pasar desde una especie de «marco monopolístico» a otro (por llamar de alguna manera ─marco monopolístico─ a un mercado trucado globalista).

Aunque hay muchas versiones y posibles tecnologías para las baterías de los coches (para lo que oficialmente se vaya a hacer «estándar», «oficial» ahí, en diferentes fases)… si no crecemos mucho en el amor, por supuesto que lo que cuaje no va a ser muy manejable a nivel de las masa… es decir, «el mercado» no pretende que la tecnología esté a nuestro alcance a la hora de «apropiarnos» de ella como tal tecnología… y que realmente pueda servir a lo regenerativo ─es decir, que sea fácil reparar, fabricar, etc., por las masas, y en contextos regenerativos─.

Sin embargo, la producción y reparación de motores de combustión y la fabricación del etanol, pese a que también parece algo muy complejo ─toda la industria necesaria para hacer motores─, sí es quizá ya mucho más «apropiable» por parte de las masas.

En cuanto a producir por ejemplo etanol, por ahora haría falta mucha tierra, mucha agricultura, pero por otro lado ya sabemos de sobra cómo regenerar incluso desiertos… y por tanto se puede cultivar prácticamente toda la materia prima que queramos para fermentarla para dar etanol ─y se puede cultivar de manera orgánica─.

Quizá son más fáciles de fabricar industrialmente los motores de combustión que las pilas que se estandaricen… esas baterías que se ponen en los autos tal como se disponga en las «ordenanzas globalistas» (por no hablar de lo potencialmente fáciles de implementar que serían muchas otras alternativas técnicas y científicas que en realidad ya se conocen).

Por cierto, ahí tenemos igualmente la dependencia de los microchips, en esta otra especie de carrera por la «innovación con fines controladores».

Parece evidente que los chips, como tecnología, tendrían los días contados, a la larga, ya que parece bastante difícil que nos apropiemos de tal cosa las masas; es decir, que nos «responsabilicemos» y aprendamos sobre su fabricación, reparación; aunque el devenir en cuanto a este tema quizá sea el de ir hacia una biotecnología; es decir, unos chips fabricados casi biológicamente, donde la tecnología «que computa», etc., emplearía materiales vivos, células semiartificiales, etc., modificando las bases de toda esta problemática y disimulando el tema del «control» ─disimulándolo de maneras que quizá sólo podríamos concebir por ahora en la ciencia ficción, y ni así─.

Se nos vendió, más o menos ─o se entendía, más o menos─ que la principal causa del cambio climático sería la mucha cantidad de gases emitida en los procesos donde se usa petróleo ─procesos industriales, y también personales, particulares─.

Sin embargo, como vimos últimamente, un gran problema o factor, que se va acumulando día a día, es el de la agricultura industrial y lo que sucede con los organismos fotosintéticos en mar y tierra… y con la pérdida continua de suelo fértil (retenedor de agua, de materia orgánica, que es amortiguador climático y dador de vida y nutrientes para las plantas, etc.).

Recordemos que el mundo del petróleo es mucho más que la gasolina, pues ahí tenemos que si el plástico, el alquitrán, etc. Y podemos ver documentales explicando algo así como que, al principio de la historia de la industria del petróleo, la gasolina era en realidad una especie de producto de desecho ─o sea, que no sabían qué hacer con ella… y luego ha resultado en esto que vivimos─.

Entonces, volviendo a América: Un país que parece ser clave ahí, clave a controlar, sería Argentina ─ahí, pegada a Paraguay─.

Y por eso será que vemos tantos líos en torno a la nueva marioneta Milei… o sea, esa especie de «otra marioneta más» de los «intereses corporativos» transnacionales, de esos intereses que, como sabemos y hemos visto muchas veces, tienen que ver en el fondo con la influencia de desencarnados y nuestras heridas emocionales… con miedos profundos en torno al amor y a Dios, en la humanidad global… con cosas de largo calado, digamos… con cosas que se juegan mucho más a la larga… y que son más «profundas» de lo que en principio podríamos entender o suponer que son.

Como seres humanos «civilizados», tal «civilización» conlleva implicarnos en muchos «pecados estructurales», cosa que siempre crea dolor emocional ─dolor en el alma─, lo queramos o no, ya que no estamos hechos para la desarmonía.

Y, si somos adultos sin taras mentales, todos somos compensados negativamente en el alma por tales «pecados estructurales», ya que si no estamos muy tarados, como dije, cae bajo nuestra responsabilidad el interesarnos en disolver las causas del pecado en nuestra alma ─las causas que posibilitan nuestras inercias «civilizatorias», etc.─.

Con nuestro consumo diario estamos algo así como sirviendo, casi todo el rato, más o menos servilmente, en ese juego de «los controladores».

Es decir, estamos sirviendo a intereses corporativos controladores, a esos intereses que parecen, impersonalmente, así como «querer tener» y «querer fabricar» mercados ─mercados bien definidos─, para seguir en liza, sintiéndose dominadores, controlando, etc.

Es decir, casi todo lo que hacemos en lo físico, de manera personal, es desarmónico con el amor, estructuralmente hablando.

Con el consumo de «bienes» realizamos en gran medida, pues, un servicio al pecado, y a veces casi una idolatría al pecado ─es decir al miedo/control… a la desarmonía─.

Desde esa base, entonces, no se trata de desesperarnos, sino de ser sanamente realistas y sentir nuestra falta de deseo de afrontar la verdad, es decir, de afrontar las cosas tal como son, cada vez mejor discernidas a nivel emocional, es decir, sin mentirnos y sin excusas, y poder así ir afinándonos ─si queremos─ y tomar decisiones «permaculturalmente».

Es decir, tomar decisiones cultivando «buenos» objetivos, «buenas» sensaciones y «buenos» deseos como base… contextualizando cada vez mejor y más holísticamente nuestras vidas… colectiva y personalmente ─ir sintiendo eso… para poder actuar y afrontar miedos de manera cada vez más espontánea, si queremos─.

_______ * Vídeo d Hrom: https://youtu.be/tQvuIRNOg54___

** Esa mezcla, es decir, el hecho de meter un poco de gasolina a una mezcla cuya mayor parte es etanol, creo que a veces tiene que ver con cierta necesidad que habría de hacer ciertos ajustes en los inyectores y demás ─cosa esta de la que también se nos informa mucho en los comentarios de la maravillosa comunidad de Hrom─.