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España y Dios

En España creo que tenemos más problemas con la palabra «Dios», más que en hispanoamérica (que era España hasta hace no mucho, por cierto).

O sea, aquí las cosas están así como más ideologizadas respecto a esto, y en parte es debido a que no sabemos separar las cosas ─y en la dictadura anterior se unieron demasiado catolicismo y «política»─.

Vamos, que en España directamente la idea de Dios se asocia (o se asociaba mucho) a «ser de derechas», cuando, por definición, si Dios existe, sería lo más liberador e «igualador», en el buen sentido de «igualdad».

Aquí vivimos exacerbadamente cierta ley del péndulo, creo que la llaman… por cierto… donde se polariza, digamos (cosa que también pasa planetariamente)… pero aquí se polariza tras haber pasado una época pretendidamente «sólo oscura» (franquismo), y tras ello, en gran medida, todo se ha tratado de una especie de «viva la libertad mal entendida»… dando cierta «barra libre» o «carta blanca» al «pecado», lo cual técnicamente acarrea consecuencias para cada persona y en general (y lo estaríamos experimentando ya, colectiva y personalmente, a lo bestia).

El tema de Dios ─si Dios existe─ es lógico deducir que es más importante que cualquier otro tema, pues sucede que, bien entendido, el futuro de cada cual dependería de «las cosas espirituales», y máxime de una relación con Dios ─si existe alguien que nos creó personalmente y que es infinito, y puro amor (entre otras muchas cosas)─.

Yo ya casi estoy seguro de que, si nos «duele» de inmediato ver una declaración tajante, más o menos ingenua, como una que diga «Dios no existe», es porque realmente sentimos el dolor literal que se está causando la persona misma en el alma al enseñar un error (además, en general nosotros nos causamos dolor al vivir en errores en general, y por ejemplo al vivir en el error digamos «más común»: el de negamos la posibilidad de recibir amor de Dios, es decir, un trato personal por parte del Dios infinito, con el cual se puede experimentar, y ver que sí existe, aunque se confunde mucho con la influencia de desencarnados, que nos afecta continuamente).

Con el concepto de Dios hay tantos problemas… pues por ejemplo se confunde con el simple tema de seguir vivos tras la muerte. En esta confusión en concreto, es como si la existencia de la vida en el «más allá» necesariamente implicara una demostración de que Dios existe (pero tal existencia no demuestra nada acerca de Dios de manera íntima, personal).

Por así decirlo, cuando estamos en un error y lo declaramos, aunque por una parte tenemos la oportunidad de corregirlo (si nos damos la posibilidad de sentir lo que expresamos, etc.), sin embargo, todo errror es «penalizado interiormente», y no porque seamos castigados, sino porque simplemente estamos siendo continuamente «avisados» de cómo las cosas nos sientan realmente (en nuestra esencia, en la sede de la vida que se llama alma, el «ánimo»).

El estado de estar anestesiada nuestra alma ─que en algún grado es siempre lo normal que esté anestesiada para no sentir por ejemplo el sentido y las consecuencias de nuestras declaraciones erradas─, ese estado… da muestra de una condición de alma baja.

Enseñar errores literalmente penaliza nuestra alma; y, como ya dije, no sería por «castigo», sino porque con la penalización podemos ser guiados y avisados, para ir por caminos que nos hagan desarrollarnos, en vez de lo contrario.