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La oración del amor divino
(esta oración fue entregada por Jesús de Nazaret, a principios del siglo XX, a través de James E. Padgett)
Madre/Padre mía que estás en los cielos, reconozco que eres toda santa/pura, amorosa y misericordiosa, y que yo soy tu hijo, y no la criatura servil, pecadora y depravada que los maestros falsos quisieron hacerme creer que soy.
Sé que soy la más grande de tus creaciones, la más maravillosa de tus obras, y el objeto del gran Amor de tu Alma y de tu más tierno cuidado.
Sé que tu Voluntad es que me una a Ti y que participe de tu Gran Amor, el que me has concedido a través de tu Misericordia; y sé que deseas que me convierta, en verdad, en tu hijo, a través del amor, y no a través del sacrificio ni la muerte de ninguna de tus criaturas.
Te ruego que abras mi alma a la entrada del flujo de tu Amor, y que acuda entonces el Espíritu Santo para traer a mi alma este, tu Amor Divino, en gran abundancia, hasta que mi alma se transforme en la verdadera esencia de Ti; y así surgirá la fe, una fe que me permitirá darme cuenta de que soy verdaderamente tu hijo, y uno solo contigo en tu sustancia misma, y no solo en imagen.
Que con esta fe pueda reconocer que eres mi Madre/Padre ─una Madre que cada regalo y don que otorga es perfecto y bueno─, y que solo yo soy quien puede impedir que Tu amor me cambie de lo mortal a lo inmortal.
Que nunca deje de darme cuenta de que tu Amor nos aguarda a todos y a cada uno de nosotros, y de que, cuando acudo a Ti con Fe y sincera aspiración, Tu Amor nunca me es negado.
Manténme al amparo de tu Amor a cada hora y cada momento de mi vida, y ayúdame a superar todas las tentaciones de la carne, así como a superar la influencia de los poderes de esos espíritus con malas intenciones que me rodean tan continuamente, y que tratan de apartar mis pensamientos de ti y de dirigirlos hacia los placeres y seducciones de este mundo.
Te doy las gracias por tu Amor y por el privilegio de recibirlo, y creo que eres mi Madre/Padre: una Madre amorosa, que me sonríe en mi debilidad, y que siempre está dispuesta a ayudarme y a levantarme en sus brazos de Amor.
Rezo por esto con todo mi sincero fervor y todo el anhelo puro de mi alma; y, confiando en tu Amor, te ofrezco toda la gloria, todo el honor y todo el amor que mi alma finita puede dar.
Amén
Canal youtube: @unplandivino
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Jesús de Nazaret fue uno de los espíritus que hablaron a través de Padgett
entre los años 1914-1923.
Para encontrar los textos, se puede visitar esta página: Padgett.
Lo siguiente vale como introducción a
los contenidos,
que iré enlazando a lo largo de estos textos.
Hay una precedencia en las cosas de la vida en general, no solo en las cosas físicas.
Es lo que se suele llamar "principios".
En las cosas físicas rigen verdades absolutas (por ejemplo la verdad sobre la gravedad)
que muy a menudo no tenemos ningún miedo en tratar como tales verdades absolutas (por la cuenta que nos trae).
La propuesta, a verificar cada persona internamente, si lo desea,
es que el principio de la verdad se extiende en ese mismo sentido
al resto de los asuntos de la vida,
y rige todas las cosas (junto al principio del amor).
Por lo tanto, existen estas prioridades en cuanto a la relevancia de las cosas, en la vida,
lo queramos o no:
1. Espiritual (amor/verdad) ─ 2. Emociones
─ 3. Sexual ─ 4. Físico
Así, en gran medida, en la vida aquí, y en el mundo espiritual,
se trataría de aprender la verdad sobre el amor, así como de aprender a "amar la verdad".
Y esto lo podemos aprender directamente de Dios.
La vida de Jesús habría demostrado esto.
Jesús recibió amor de Dios (y, según nos dice, ningún mortal ni ningún espíritu lo había recibido antes).
A partir de ese momento el Amor Divino se hizo disponible para todos,
en todas nuestras almas.
Jesús llevó a cabo tal aprendizaje y transformación.
Jesús no era Dios, ni nadie necesitaba de su muerte.
Era un humano encarnado como nosotros; pasó al mundo espiritual como todos pasaremos,
pero asimiló la verdad divina en sí misma gracias a esa conexión con Dios,
a su fe y a sus actos.
El evento que llaman "la caída", en lo básico, sería real,
en cuanto que simple rechazo del amor de Dios.
Y, desde ese evento, al parecer, nadie había recibido, antes de Jesús, dicho amor de Dios
(ni espíritus nacidos o abortados, etc., en la Tierra, ni mortales todavía encarnados).
Por lo tanto, nadie podía sintonizarse personalmente con Dios y, así, interiorizar la verdad tal como la siente y la "es" nuestro Creador infinito
(y no solo la verdad que podemos llamar "natural":
la que podemos captar junto al amor natural intrínseco al alma humana
como entidad creada).
Hemos tratado brevemente sobre la importancia de lo espiritual. ¿Qué hay de las emociones?
Desde pequeñitos, aprendemos que "no hay que sentir" ciertas emociones.
Ese aprendizaje va directamente contra nuestro ser, ya que el alma podemos decir que se compone
de deseos, aspiraciones, emociones (en distorsión o no), etc.
Así, nuestro comportamiento se verá moldeado por ese deseo compartido y aprendido de
no sentir, y, por ejemplo, inluso aprenderemos a consolar a los adultos por sus miedos,
vergüenzas, etc.,
cuando ellos no quieren ser humildes con emociones como esas.
Tal consuelo es ya una noción falsa sobre el amor, que automáticamente implica una actitud
que no es amorosa,
aunque haya "buenas" intenciones y "buenos" gestos involucrados en el consuelo.
Aprendemos a juzgar emociones, a tener miedo de ellas,
a temer que nos traspasen y se vayan (a que sean "procesadas" expresándolas inocentemente...,
y se disuelvan solas en su ser inarmónicas)
Así, acumulamos muchas emociones inarmónicas como
por ejemplo el miedo, la vergüenza, el enfado (siendo este último algo que suele
servirnos de guía hacia ciertos miedos que aún tendríamos que afrontar y sentir humildemente,
si queremos crecer en el amor y la verdad).
Todas esas emociones inarmónicas distorsionan el alma; son por lo tanto errores,
o bien sirven para apuntar hacia errores, para que podamos despejarlos.
Cuando somos pequeños, siempre notamos que esas emociones "están en el aire", y que los adultos no las quieren sentir
humildemente.
Así, interiorizamos muy intensamente, imitándolos, una "falsa verdad sobre el alma":
"Es bueno no sentir".
Pero lo que sea rechazamos vuelve a nosotros, ya que, si tenemos dolores a nivel emocional,
estos provienen de errores que ya tenemos dentro (distorsiones, bloqueos, creencias falsas),
o bien de errores en los demás,
que, con sus actuaciones, quizá han activado alguno de nuestros errores internos
─nos lo han detonado─.
Si los adultos no son humildes,
inevitablemente enseñan eso, enseñan la fachada a las personas que conviven con ellos.
Y los niños son como esponjas: prácticamente no pueden hacer otra cosa que aprender,
lo que sea.
Tal y como podemos ver en algunas de las enseñanzas citadas en el apartado de contenidos,
al "reprimir" las emociones inarmónicas, las alimentamos, y,
por lo que podemos llamar "ley de atracción", eso activará
eventos en el futuro para que las sintamos humildemente.
La vida, así pues, nos recordará el estado de nuestra alma,
y, si las emociones son negativas, el evento en cuestión será un regalo para que podamos ser humildes y liberarnos
asumiendo esa "verdad personal".
En definitiva, tenemos profundamente aprendidas ciertas maneras de ser y de actuar
con nosotros mismos y con los demás que no reflejan
la verdad sobre el alma y sus emociones, deseos, etc.