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Amor y crucifixión. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-6.I] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

 

Amor y crucifixión [T-6.I]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
Hoy comienzo contigo nuestra conversación
sobre las lecciones del amor.
Hay una primera lección del amor
que debes llegar a conocer dentro de tu ser,
más allá de tus pensamientos, más allá de las palabras.
Y cuando aprendas la lección en ese nivel,
entenderás verdaderamente el amor.

La mayor lección de amor es extremadamente simple.
La lección del amor es esto:
TÚ LO TIENES TODO.
Y debido a que eso es así,
no es posible que te pueda suceder nada
a no ser que sea por tu propia elección.
Ese discernimiento, en su simplicidad, te llevará
a la comprensión plena del amor mismo.
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Salto de fe (I). Haskell en comunión con Jeshua: Viaje más allá de las palabras. (Un Curso de milagros RELOADED)   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
-La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 176 a 182 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Salto de fe (I) [lecciones 176-182]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo a seguir contigo mi conversación sobre
Un curso de milagros.

Has llegado lejos en tu aprendizaje.
Pero, como he dicho, no es de aprender
de lo que se trata en Un curso de milagros.
Así que ahora es cuando debes empezar a darte cuenta
de que debes ir más allá del aprendizaje.

Te he hablado de las palabras.
No se trata de pensar.
No pienses. Solo experimenta.
Hay en verdad una forma en la cual
puedes vivir tu vida de este modo.
Y la respuesta está, como siempre, en tu valorar.
La importancia de esto nunca podrá ser demasiado enfatizada. Leer el resto de esta entrada »

¿Por qué el mundo es un manicomio? La orquestación de mundos privados, los manicomios reales… la paradoja de compartir un mundo; la comunicación universal   Leave a comment

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El mundo es un manicomio porque en el fondo cada uno está en “su película” sin saberlo…, sintiendo y creyendo que esto es todo lo que hay… y creyendo que está REALMENTE compartiendo algo del mundo exterior, en un “mundo común”.

Una de las “claves” del curso de milagros —o de “la espiritualidad” que nos habla de cómo es que todo aquí es “mental”— podría parecer muy rara, pues tiene que ver con esto que hemos dicho.

Esto podría parecer muy raro para nuestra “percepción usual”… la que solemos tener del “mundo”. En ella, como sabemos…, estamos todo el santo rato alejando la Luz del origen, la de la Vida… para conseguir ver solo la luz física, la materia, para que se ajuste a nuestros conceptos sobre lo que hay que ser y hacer… sobre lo que se puede o no hacer… etc.

Como sabemos, todas estas cosas “del mundo”, cuando se sienten realmente como “fuera” de nosotros… como “exteriores”…, reflejan solamente elucubraciones internas…, privadas…, pensamientos privados…, aunque parezca posible compartirlas… compartir un mundo desde ahí.

El mundo real, el mundo “unido”… es otra cosa.

Entonces, ese compartir un mundo, pero en tanto que son formas exteriores… es imposible: cada mundo es privado. Y la Luz que sostiene todo esto está en plena comunicación en y con todas las mentes; es la plena comunicación de todas ellas…, pero más allá de todos los pensamientos privados, de toda materia y luz físicas.

Así que todas estas ilusiones nunca habrán existido (nuestros cuerpos, etc.). Son solo instrumentos para volver a la Luz… y nunca podrían existir realmente con nuestro modo normal de verlas aquí, separadas realmente de “su creador”…, de la Luz que somos nosotros… separadas de esa Luz que realmente somos… y que todo lo penetra en realidad —esa Luz que ya es “pleno conocimiento” desde siempre… etc.

En el curso se nos pide amablemente que vayamos estando dispuestos a tener una especie de “visión”…, visión que nos va a poner “el mundo completamente del revés”…, pues no habría un “mundo común” (el realmente “común” no es como pensamos que es, porque pensamos con el pasado, y el pasado es muerte, “asesinato”).

Cada mundo es literalmente privado.

Todos los mundos serían inconmensurables entre sí, en realidad; están incomunicados como mundos de formas exteriores… pero plenamente comunicados en el Principio que realmente hace posible la vida.

Puede parecer maravilloso o “milagroso” que los mundos no parezcan separados…, que se parezcan tanto aquí… o que estén tan armonizados u orquestados todos nuestros mundos privados…, pues está claro que luego, ficticiamente, los mundos privados vemos que se parecen mucho… que están instantáneamente armonizados… y que estamos entonces “co-fabricando” esto de forma increíblemente armonizada…, aunque literalmente ninguno de esos mundos de imágenes privadas existiría en realidad (en el sentido de existencia de la eternidad…, de “existencia” como eternidad).

Los mundos de cada cual no existen sino como instrumentos para cierta comunicación más allá de ellos… para regresar a la consciencia de Luz que somos… a la comunicación universal… y todo solamente para “gloria” de nuestro ser eterno —para regresar a ese ser que ya “sabe” o que ya siente perfectamente que no es necesario carecer, sufrir, limitarse, morir, etc.

La creencia de que hay un “mundo común” sería, entonces, también algo que nos vuelve potencialmente “locos”. Leer el resto de esta entrada »

“Ella siempre será mi hija… él siempre será mi hijo…”: el asesinato nuestro de todos los días, o cómo negamos nuestro verdadero ser, contestándonos preguntas que reflejan la actitud imposible: la de que podemos responderlas por nuestra cuenta. La responsabilidad, las preguntas, la separación…   1 comment

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Responsabilidad

Para tener buenas relaciones (parentales, alumno-profesor…, etc.) parece que debemos hacer que roles o papeles como esos… terminen.

Esto lo podríamos entender como que, según pasa el tiempo, obviamente los papeles que representamos aquí se extinguen… o son vividos digamos que de forma cada vez más “abstracta”.

Es esencial, pues, el hecho de que el rol de padre se haga en ese sentido “abstracto”, digamos, simplemente porque termina… porque ya no está basado en todas esas obligaciones de la administración parental (alimento, educación, etc.).

Así, digamos que ese papel pasa, de ser un rol muy “materializado” en las mil prácticas de cuidado… a ser una “relación pura”, para poder así quizá ser vivido más “arquetípicamente”.

Con los padres, creímos que el universo era nuestra causa real, cosa esta que, como sabemos, es falsa.

Los padres son uno de los elementos clave que usamos para autoconvencernos de que realmente estamos aquí… de que fuimos creados por “otros cuerpos”… en todos esos “procesos naturales” que parecen darse con estos.

Así que en el gesto de responsabilizarse de la propia vida de uno… de madurar en sociedad… —cosa esta que se permite o se alienta más o menos en las sociedades que en ese sentido son o no más o menos “sanas”—… con ese gesto de responsabilidad… podremos ver reflejado el “perdón a Dios”.

Este perdón, como también “sabemos” ya, sería lo que en el fondo venimos a “hacer” aquí —es por tanto algo que también se verá reflejado en nuestras vidas aquí.

¿Por qué?

Veamos que es obvio que hay así como dos movimientos “en paralelo” 🙂 :

— por un lado, Dios sí nos creó.
Entonces, si venimos aquí… es simplemente para poder “perdonarle” por ello… por haberlo hecho tan bien… pues nos creó libres… tan tan libres como para poder soñarnos muertos, como para poder soñar que moríamos mil veces… en un esquema muy rígido de tiempo lineal… para poder sufrir de miedo… con el deterioro… de enfermedades o entre aparentes “ataques” —para poder soñar la destrucción de la relación creadora…

Así que si venimos aquí es para despertar en esa Relación, o para esa Relación… en esa relación que nos une a todos perfectamente como iguales… y como, de cierto modo, también casi iguales a Dios.

[Podemos recordar de nuevo lo que ya sabemos: que solo somos diferentes de nuestro verdadero creador porque tuvimos que tener eso mismo, un creador…, ya que no somos auto-creados, en tanto que somos esas mentes tan “enormes”… capaces de haber proyectado estos universos y de “contenerlos”.]

Todos nuestros “problemas”, como sabemos, tienen que ver con “aprender” a “perdonar” a Dios —por habernos creado perfectos (libres).

— y, digamos que en un movimiento “en paralelo”… “perdonamos” la figura “arquetípica” de nuestros padres… que nos permiten habernos auto-engañado aquí, creyendo que somos víctimas de circunstancias ajenas a nuestro control: ser criados en un proceso donde no tenemos mucha voz o “voto” 🙂 .

Aquí venimos a representar esa tragicomedia vida tras vida, para aceptar creencias en el nivel mental, haciendo subir esas creencias que en realidad son del nivel corporal… hacia ese nivel mental, causal. Hacemos ascender las creencias “corporales”, descabelladas…, desde el nivel corporal, donde, a todas luces, como seres pequeñitos e indefensos… como niños… tenemos todas las de ganar para creer que somos lo que en realidad NO somos: vulnerables, etc.

Todos entre todos, y todos a todos, venimos a hacernos eso… y necesariamente a tener que darnos las gracias por facilitarnos esta especie de auto-engaño.

En unas vidas unos lo hacemos por otros… y en “las siguientes” otros por unos.

O bien, como se ve más fácilmente… en la misma vida terrenal también ocurre tal cadena de favores: el “regalo” de los padres, su tiempo y esfuerzo… es de cierta forma continuado y donado sucesivamente a las “siguientes generaciones”… y así.

Venimos a jugar a papá-mamá… hijitos… para que nuestra unidad como MENTE creadora (somos UNA sola mente creadora)… para que esa UNIDAD… pueda pensar que se puede auto-crear, que no tiene un creador.

En gran medida es para eso —en la medida del “ego”, del sistema de pensamiento “ego”.

Así, esa “una-sola-mente” puede reforzar la creencia de que está separada de su verdadero creador (“amor perfecto”).

Por eso aquí venimos, en cierto sentido, a “perdonar” a los padres —en general a “perdonar” a todos nuestros roles o papeles…: como “hijos”, como “padres”…, o en general en cualquier rol, en el teatro del mundo.

¿Entonces, por qué “tenemos que” perdonar el hecho de que puedan existir “padres”, “padres” y “madres”… esa especie de “arquetipos” parentales?

Estos han sido una figura clave para que podamos jugar, aquí, tan macabramente… en este universo de tiempo lineal (ilusorio)… para que podamos jugar… a permitirnos creer en lo imposible… en lo realmente increíble:

en que aquí nos estamos “creando”, entre nosotros, por nuestra cuenta.

Así lo creemos… y bien que lo plasmamos… con esta “naturaleza”… con estos cuerpos y en unos procesos tan aparentemente “naturales”.

Y todo esto es en el fondo (el fondo ilusorio del ego) para que, a su vez, nuestra UNA-SOLA-MENTE (que es lo que en realidad somos)… alimente y refuerce la idea de que ELLA puede “crearse a sí misma” —es decir, de que realmente pudo “usurpar el poder” de nuestro verdadero creador.

Así que, como sabemos… todo es y era un “problema” de AUTORÍA —aunque al final nunca hubo ningún problema—, y, como también sabemos… todo problema de autoridad tiene que ver con dicho “problema”, de autoría.

Entonces… lo dicho: parece que tenemos que abarcar, en nuestro Ser… que abrazar con nuestro Yo Espacioso… con nuestro espíritu… parece que tenemos que “comprehender” (“perdonar”)… el “hecho” innegable de la existencia de “arquetipos parentales”.

Estos han sido una figura clave para eso que hemos dicho: para que podamos jugar ese juego… el universo… que fue vivido o experimentado de forma tan “macabra”… tan “sufrida” (pero que afortunadamente en un momento u otro veremos que en realidad nunca sucedió, el universo).

Las preguntas

El “problema”, nos dice el curso de milagros (en el cap. 3) es que seguimos haciéndonos una pregunta (¿qué somos?) que en realidad no es apropiada…, es decir, que no podemos dirigírnosla propiamente a nosotros mismos.

Por ejemplo, nuestros padres biológicos están ahí, los hemos puesto ahí, para tener y sostener las bases para esa tentación tan universal: la que consiste en seguir creyendo que podemos responder por nuestra cuenta a esa pregunta… dentro de este tipo de experiencia que hemos construido con el apoyo de todo este universo… en esta experiencia de “tiempo lineal”… que hemos fabricado para tener la ilusión de que podíamos responder por nuestra cuenta a ¿qué somos?

Pero, a partir de entonces, en el universo, todo nos ofrece la misma oportunidad de “cambiar” en el nivel que importa, en el nivel de las creencias, el causal, “mental”; y podríamos sentir que el universo nos dice…:

— ¿te vas a seguir creyendo “la película”…, y, así… seguirás creyendo que tú te creaste a ti mismo/a… proyectando este universo… tu propio universo… donde a su vez pareces ser creado por este mismo universo…?

— ¿o vas a reunirte con tu verdadero ser… para así poder sentirte profundamente responsable… —que no “culpable”— responsable de todo lo que ves…, en una especie de, digamos, “paso previo”… previo a darte plena cuenta de tu verdadero poder (poder… de alegría y de paz)… como ser creado por tu verdadero creador —y no creado por este universo de “sustitución” con el que auto-sustituimos nuestro verdadero poder con tanta debilidad aparente?

Entonces… el resto de nuestras vidas consistirá en el descubrimiento, cada vez más gozoso, de que algún día saldremos de este nuestro primer error de actitud.

Este error lo vinimos reflejando aquí toda la vida… más o menos en un constante auto-ataque… al meramente preguntarnos “por nuestra cuenta” todo… con preguntas inapropiadas… preguntas de las que no nos dábamos cuenta que ya contenían las respuestas (al contener por ejemplo la presuposición de que realmente “somos cuerpos”).

Nuestro “primer error” lo vivimos casi meramente al respirar. Normalmente estamos teniendo, en cualquier situación, la misma actitud “inicial”… la que tenemos con la pregunta ¿qué somos? cuando la preguntamos con la actitud usual de…: “eh, nosotros podemos… podemos contestar eso por nuestra cuenta”.

¿Somos hijos de nuestros padres?

Para el mundo sí, pero para nuestro ser real todos somos iguales… pues todos nosotros, realmente, SOMOS el mundo… contenemos al mundo, y si acaso, de tener un “padre”… este es un único creador… nuestro “creador”, “creadora”…, como se le quiera llamar: pero único.

Nuestros padres son “reales” para el mundo en tanto que “creadores”. Ellos, diría el mundo… ellos “nos crearon”. Así que es a ellos a quienes les atribuimos a menudo tan irresponsablemente nuestros modos de actuar… que se derivan de nuestros modos de pensar.

Pero estos modos de pensar —o creencias, etc.— en gran medida los hemos adoptado en situaciones vividas en el contexto familiar… y no queremos recordar con todo nuestro ser, “con toda el alma”… que si alguien aceptó algo… FUE nuestra propia mente… fue ella quien eligió aceptar todas esas creencias… y quien ahora en el presente sigue haciéndolo, en su estado presente… aunque siempre puede volver a elegir.

[Tengamos de nuevo en cuenta que en el contexto familiar se vive esa relación, en el fondo tan extraña, entre “amor” y “necesidad”.]

Así que no queremos acordarnos de que somos mentes que eligen… y de que siempre podemos volver a elegir.

Fuimos nosotros quienes, además de elegir pensar de cierto modo aceptando ciertas creencias… también elegimos “ir en contra” de ciertas cosas, o de ciertas creencias… simplemente reaccionando al contexto.

Pero siempre tuvimos la oportunidad de no haber elegido pensar así… y, por tanto, nunca hemos estado realmente obligados a vernos limitados por esas creencias que adoptamos por nuestra cuenta… en ese ambiente donde supuestamente se enlazan el “amor” y la “necesidad”… a menudo de forma tan “enfermiza”.

¿Somos los padres de nuestros hijos, y ya está…, y no hay más…?

“Claro”, respondería “el mundo”… a veces… con una mentalidad digamos que algo “asesina”.

Claro… diríamos a veces: ¡claro, mira cómo nuestros hijos, en sus roles, son reales… son tan reales… son tan hijos 🙂 !

Así que… ¡eh, mira entonces cómo siempre habrá en el mundo unas personas que son realmente diferentes de nosotros… es decir, realmente “inferiores”!

“Mírales cómo se intentan independizar… pero nunca podrán ser ellos mismos”.

Nos creemos del todo nuestras respuestas… porque no queremos revisar o contactar con la fuente de las preguntas.

Vivimos inercias consistentes en respuestas que atienden a preguntas prefabricadas por nuestra propia mente, con sus pre-juicios…, en una mente-cuerpo que se vio obligada a actuar “rápidamente”, precipitadamente… como bebés quizá… como niños quizá…… siempre llevando al nivel mental todas las locuras del nivel corporal… confundiendo niveles… pues en el nivel corporal damos crédito a lo que en realidad es imposible… imposible en nuestro verdadero ser: debilidad, limitación, vulnerabilidad, muerte, sufrimiento…

Pero… podemos permitir que la Igualdad, que esa igualdad que está por encima de todos y que nos ama sin condiciones… esa igualdad esencial de “lo más grande”… permitir que esa igualdad… “OBRE” a través nuestro… y nos permita así ver todo con los ojos de la verdad, los de nuestro verdadero ser (en nuestra “única relación”).

Nosotros somos iguales ante nuestro verdadero creador…, iguales “en esa realidad espiritual”.

Pero… aquí venimos a negarlo, para jugar a estar separados de la verdad… de la relación única de todos con todos… de esa relación que somos todos con todos, en todos… una sola relación con todos los aspectos de la Creación… que realmente somos y tenemos.

Esa “una sola relación” es única para cada uno… pero aquí vinimos y nos confundimos respecto a esa unicidad, y pasamos a inventarnos nuestro propio sentido de “ser únicos”, en esta ilusión de mundo (a ser “especiales”)…, únicos o especiales en un sentido que ahora nos damos a nosotros mismos con nuestras respuestas… es decir, con fantasías basadas en las experiencias del nivel corporal… donde existen “padres”, “hijos”…, “necesidades”, etc. —todo ello aparentemente muy “natural”.

Así que respondemos por nuestra cuenta a la pregunta ¿qué somos?… gracias a todas esas excusas, o apoyos, que nos proporciona este universo… este mundo… todas estas formas que parecen tan reales…, tan “naturales”: cuerpos que “crean” hijos sin recordar que siempre lo están haciendo un poco “contra Dios” 🙂 … es decir… contra el hecho de que todos somos iguales ahí, en esa única relación, en la relación santa o sagrada… con Dios y para Dios… para todos en nuestro verdadero ser… en el Original… en todos los Originales… en y con la relación de todos con todos… gracias a la cual, somos.

O bien somos hijos “irresponsables”… que se creen verdaderamente creados por algo “exterior”… por personalidades, por ilusorias personalidades “ajenas”…: los padres.

Unos hijos que creemos que nuestras mentes pueden verse realmente afectadas por algo “externo”.

Unos hijos que por tanto pueden achacar sus comportamientos al “afuera”… al modelado de algún sistema o factor “ajeno”… familiar, social…… que de algún modo les modelaba sin su concurso… sin tener que ver con ellos. Unos “hijos” por tanto que se ven más o menos conscientemente como víctimas de un mundo que parece estar fuera de su control… un mundo regido más o menos duramente por todos esos “creadores de postín” que son todos esos necesarios monigotes que erigimos como “autoridades”… con todos esos personajes, como los padres, etc.

Pero…, ya sabemos que somos nosotros mismos quienes aceptamos o no aceptamos las creencias…, una vez más…, partiendo de cada experiencia en el mundo. Somos libres de aceptarlas profundamente, mentalmente…, en el nivel causal, el mental… somos libres de aceptar ahí el pensamiento demente de que “realmente estamos separados” de nuestra Paz, Alegría… Felicidad del Cielo… del “Reino”… —”contra Dios”.

Así, como hijos… puede ser que mantengamos relaciones enfermizas llamadas “de dependencia” con nuestros familiares: hijos o padres, etc.

Estas relaciones nos sirven a veces muy agudamente para seguir en un estado de “desigualdad esencial”.

Por ejemplo, es típico quizá ver que los padres en cierto sentido no desean ver a sus hijos como sus iguales…, en un sentido práctico.

Muy a menudo vemos ese “asesinato esencial” quizá en las meras afirmaciones de los padres…, en afirmaciones pretendidamente cariñosas del tipo…: “ella siempre será mi hija”, que sirven primero para tapar, en los padres, su sentir… sus emociones de culpa… sus creencias.

A veces parece que los padres necesitan creer que, de cierta forma, los que vienen después, tras ellos… serán incapaces… serán peores que ellos… les seguirán en sus “desgracias”… ya que en el fondo no deberían llegar a ser “más que ellos”… o ni siquiera llegar a ser “adecuados” como “personas maduras” (necesitan creer esto, así como los hijos se prestan también a “dejarse” hacer esto).

Aunque sea innegable que en el “tiempo lineal”, en la ilusión de este mundo… los padres son “antes”, nos preceden… y así, de alguna manera, ceden precediendo (“regalan” precediendo… cosa esta que debemos “honrar” sin duda… y, a veces, ya lo honramos meramente por dar lo mismo a por ejemplo nuestros hijos… o a nuestras “obras”… dando esa pre-cedencia)… aunque esto sea innegable en el mundo normal del tiempo… esto mismo nos da la mayor oportunidad para la tentación más “asesina” del ego, del mundo: creernos profundamente desiguales de algo o de alguien.

Aquí, pues, venimos a vernos como “iguales” pero en un sentido profundamente “espiritual”… porque…, como sabemos…, la función de los padres, o en general la función de los maestros o profesores de cualquier cosa o técnica… es intentar que los hijos o los “alumnos” alcancen en igualdad la misma condición que tienen esos padres o esos profesores —ya sea que estén enseñando “adultez”, “madurez”, como hacen idealmente los padres…, o ya sea que enseñen “maestría” o dominio de una asignatura o una técnica, en el caso de los profesores y maestros.

Volviendo a “las preguntas”: con cualquier pregunta que nos hagamos aquí en la tierra… normalmente estamos haciendo y consiguiendo lo mismo: reforzar la misma actitud de que “nosotros podemos por nuestra cuenta”.

Es decir, todas suelen ser preguntas que contienen sus respuestas… y cuyas respuestas vemos desplegadas en nuestras creencias… y luego en nuestro mundo (en la experiencia de este).

¿Qué preguntas son esas que luego usamos para reflejar nuestra primera actitud “negativa” con respecto a nuestro Ser… en ese hecho ya digamos “antiguo” o legendario 🙂 … el hecho de que nos hacemos constantemente desde siempre esa pregunta esencial que no podemos responder apropiadamente por nuestra cuenta: “qué somos”?

Se supone que podremos intuir cuáles son nuestras preguntas “equivocadas” al examinar nuestras creencias acerca de nosotros mismos… o de los demás y del mundo.

Esa sería digamos que la labor de la psicología, del mundo del coach…, etc.

Y, como vimos…, todo este mundo de formas separadas… todo el hecho de “la percepción”… es la respuesta propia (inapropiada por ello) al “hecho” de haber asumido esa actitud: la de que en general podemos responder a algo por nuestra cuenta…, la de que podemos hacer algo REAL por nuestra cuenta y, por tanto, la de que estamos realmente separados.

Pero, ante esto, el mundo contesta siempre con lo mismo… y lo contesta con obras y en hechos palpables… pues no cesa de “decirnos” que REALMENTE no podemos estar ni podremos estar jamás separados de la verdad.

Es decir, que no podemos hacer nada REAL (en el sentido de eterno, invulnerable), pues esta pantalla que llamamos mundo… sobre la cual pintamos nuestras historias de ideas de separación… con todas esas ideas que derivan de la creencia o distorsión principal en que podemos hacer algo “por nuestra cuenta” (en que podemos por tanto responder a algo por nuestra cuenta)… toda esta pantalla del mundo… decíamos… no para de contestarnos que “no”… pues simplemente esto no DURA…, es decir: experimentamos la separación como real, y esto no “dura”… entonces… en un sentido ampliado de “duración”… en otro sentido de este concepto… en un sentido de duración que obviamente no tiene que ver en principio con formas exteriores que duran más o menos… pues el nivel que manda ya no es el corporal.

Hemos venido, pues, a “hacer” algo que realmente dure…, pero eso no lo podemos “hacer” enfocándonos en “el hacer”… sino, como sabemos… enfocándonos en el ser… cosa esta que conseguiremos mediante el sentir… el resentir… el aprender a volver a sentir… a de cierto modo ser maestros en eso… en el “sentir”, para poder navegar en “percepciones ampliadas” que a veces se nos ofrecerán como “don”, para ser usado más o menos correctamente para la sanación de nuestra una-sola-mente.

Entonces, como ya sabemos… la pregunta siempre es: ¿qué queremos ser? ¿Qué somos respecto a esto o a aquello?

Es una pregunta que la vida nos insta a que nos hagamos en toda ocasión para que podamos ser conscientes de nuestros criterios, de nuestros valores más profundos, y por tanto de nuestra integridad… en el camino hacia la integración con nuestro ser real.

He aquí “la cuestión”… y que vamos a poder responder mediante “dejarnos ser” en “el sentir”…, en el recordar de nuevo, aquí, a nuestro verdadero ser… para que este, si acaso, refleje lo que sea aquí…, lo que se tenga que reflejar aquí…, o lo que se pueda reflejar aquí… con diversos milagros como cambios de percepción en la mente-una (por ejemplo con ciertos procesos de nuestros cuerpos físicos).

Visto que NO podemos responder por nuestra cuenta a esa pregunta de ¿qué somos?, lo que en realidad estamos haciendo, todo el tiempo, y lo que por tanto sí que podemos hacer… es “volver a elegir”…, que es tal y como termina el texto principal del curso de milagros, prácticamente, en el apartado Elige de nuevo.

Pues como sabemos… todo en nuestra vida consiste en una elección, en el nivel que no se ve, el mental… el de la decisión… un nivel que aquí venimos a re-descubrir:

— o bien elegimos de nuevo separación…, y por tanto debilidad… cuando hacemos reales esas “tentaciones” que nos sirven para seguir creyendo que podemos responder por nuestra cuenta a la pregunta que siempre inapropiadamente nos hacemos a nosotros mismos…

— o bien, elegimos nuestro verdadero ser… la fortaleza del mismo… en el sentir… si somos avispados…, en cada vez mayor número de situaciones… en y con todas las situaciones posibles… donde podremos liberarnos de la “prisión” si elegimos “correctamente”… liberándonos de esa prisión que nosotros mismos hemos hecho… esa prisión de creencias que dependen todas de la creencia en que realmente podemos responder por nuestra cuenta… —es decir, en que REALMENTE estamos SEPARADOS de cualquier cosa o ser… y por ende, de Dios.

«Jopetas, sí, existo separado… pero yo no tengo la culpa» :) (sobre la carita de inocentes)   1 comment

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La realidad es tan diferente de lo que creemos… uf.

Fabricamos lo que aquí creemos que es “la realidad”…, toda de golpe, cada vez… instantáneamente… desde el inmenso poder que supone haber sido creados, como mentes, por Dios… como “cristalitos” en el cielo… todos encajados unos dentro de otros y todos en todos… de forma ahora incomprensible… a no ser quizá que utilicemos alguna metáfora de la matemática… para intentar “aproximarnos” a lo que es imposible aproximarse con nuestros cuerpos 🙂 .

Fabricamos, y contenemos, nada más y nada menos que ¡todo un universo! Este no está fuera de nuestra mente.

Ay, esto es rarísimo 🙂

Pero hay algunas experiencias que podemos tener, y que nos van dando una poca de luz sobre esto.

Esto es tan fuerte… es tan increíble “ser todo”…, y ser a la vez una “lucecita” o cristal encajado… en ese cielo que “desconocemos”, pues aquí todavía es imposible el Conocimiento…

Ay, qué increíble ser un tipo de “ser” que es por completo “lo contrario” de lo que creemos aquí que somos.

Qué increíble ser mente, ser una “mente” tan “grande”.

De ahí entonces que sea tan difícil de creer el curso de milagros… en teoría.

Ya hemos fabricado todo esto; todas las posibilidades, de un golpe, y digamos que siempre de acuerdo a ciertos patrones relativos a Dios… y por tanto al “permiso” y a la “ayuda” de Dios… de ese Dios que también va aparentemente “honrando”, como dice el curso, es decir, que va “iluminando” todas estas nuestras “fabricaciones” “densas” (y aunque todo esto ya haya pasado).

Así que todo en cierto modo está hecho por nosotros pero siempre de mutuo acuerdo con Dios, aunque… claro…, en principio el curso de milagros pone las cosas claras para hacerlo así al principio…, para hacerlo muy claro, para que entre esa luz tan grande de lo que realmente somos.

Así que “tenemos que” hacer mucho “trabajo” de bisturí 🙂 con el curso… parando… dejando entrar la otra perspectiva realmente unificadora en nuestras vidas aparentemente tan “tontas”, tan sin sentido…… para que entre la perspectiva que no es la falsa, que no es la de la mente “ego” —esa mente que, siendo también una sola unidad, fuera del espacio-tiempo, sin embargo es “falsa”, al creer que está realmente separada.

Así que tanto “trabajo de bisturí” para que podamos dejar, poco a poco, de echar las culpas, inconscientemente, a ese “no-lugar” del cual “salimos”… a Dios.

De nosotros entonces depende TODA la experiencia de esta “pantalla” de formas que sería el mundo… de todas las formas… pues nunca las veríamos si no lo quisiéramos así.

Solo hay mundo porque lo queremos; en cierto modo hay “libertad total”, el amor es libertad por siempre… y siempre hemos sido libres en el fondo.

Hemos elegido todo, todo todo sin excepción…: toda injusticia, todo lo que sea… todas las aventuras, los malentendidos… todo… para poder poner cara de inocentes… para experimentar cómo es “hacerse el listo”… o lo contrario… y cómo es “actuar desde fuera” para “arreglar las cosas”…, etc. (para ver cómo es hacerse o creerse “un dios” en un sueño…, aquí).

Así que todo “crimen”… todo “ataque contra el medio ambiente”, todo está acordado… toda crisis… todo ya está fabricado, elegido.

Y lo vamos “disolviendo”, lo vamos colapsando al colapsar líneas temporales… si es que vamos admitiendo a Dios en el sueño… para que de cierto modo “se encarne” aquí (aunque esa metáfora en el fondo nos puede despistar).

Vemos el mundo que queremos…  uf… ¡qué raro es esto!

Vemos con una sola mente, como una sola mente… auto-engañada… en miles de trillones de billones de infinitas “percepciones”… de “perspectivas aparentemente separadas”.

Y todos en principio venimos aquí a lo mismo, a “buscar justificación” :

«ay, ainss…… es que…… jopetas…… es que yo existo separado…, sí… pero joer…, no es culpa mía (sino del universo, de los otros cuerpos que me tienen, etc.)» 🙂

… tal y como dice Wapnick a veces 🙂 .

Así que somos una mente que “contiene todo”…, que se especializa en esta percepción por un motivo elegido por ella misma, y en acuerdo “perfecto” —milimetrado, como dice un amigo— en acuerdo perfecto con todas las demás mentes que vienen a “soñar locura” aquí… con todas esas personas o situaciones que a veces parecen querernos “matar”…, o lo contrario, simplemente querernos “querer”… etc.

Y lo fabricamos todo “con Dios” — si acaso “indirectamente” “con Dios”. Pues nunca estuvimos separados de nuestro verdadero creador, Dios.

Más claro agua… aunque primero, para aclarar, tenemos el curso de milagros… y en principio con él “debemos” repetirnos, mucha gente y muchas veces…: que Dios no tuvo nada que ver con esto TAL Y COMO LO VEMOS.

No habría nada que ahí delante si realmente no lo quisiéramos. Todo podría desaparecer de un plumazo.

Así que el mero acto, el mero hecho de estar aquí, supone estar todo el rato diciéndole esto a Dios…, en principio al menos…, y supone por tanto un constante des-responsabilizarlos… poniendo esa “cara de inocentes”… esa cara que tapa nuestra otra cara, la “cara de esos asesinos que en el fondo creemos ser”.

Existir es, por tanto, esta afirmación…:

«Existo, pero no es culpa mía.»

🙂

Y por ejemplo “los padres” están ahí para facilitar podernos decir eso mismo:

¡ay, ay… sí, yo existo… sí, pero al menos no por mi culpa!
¡No tengo la culpa de estar realmente separado…, es decir, de mi creencia en la separación; como veis… otros ahí fuera la sostienen, antes que yo… mis padres… míralos… ellos me crearon… échales la culpa a ellos… o a lo que sea “fuera”!

Jajajaja.

Como sabemos… se trata del asunto de “la proyección”.

El universo, en su apariencia “natural”, donde parece que los cuerpos salen de la materia y de otros cuerpos… el universo está para eso mismo…:

«ay, jopetas…, qué inocente soy…… mira mira cómo existo… tan separado en este universo de cuerpos separados…, pero mira qué cosas que… si esto sucede… no es por mi culpa».

Y… ¿cómo así, cómo decimos todo esto?

Podríamos decirnos… poniendo la consabida cara de inocentes…:

«oye, todo esto de arriba es una tontería, porque… ¿qué culpa nos debería dar el mero existir?
¿Por qué dices esa tontería de que sabes que nos sentimos siempre culpables, en realidad?»

Quizá es muy sencillo: por el sufrimiento… por ir viendo cómo este es auto-provocado…, y, de cierto modo, es un ciclo…, un círculo vicioso.

Nos sentimos culpables. Eso es una creencia, en que podemos ser culpables, en que podemos atacar y ser atacados.

Por tanto… puede haber víctimas —también podemos ser víctimas.

Así que se nos pueden hacer cosas que nosotros no hayamos pedido…, etc.

Todo esto sería la locura, lo falso, que venimos aquí a representar… como ya comenzamos a “saber”.

Y, entonces, necesitamos todo “un mundo” para representar esta locura…, ese sistema de pensamiento… y poder así verlo… y poder “trascenderlo”.

Porque… resulta que “antes” de “venir al mundo”… de ese cierto “parecer que venimos al mundo”… eso de que parecemos experimentar aquí una experiencia tan aparentemente real… “antes” de eso —”antes” entre comillas— antes… hemos tenido que ser “mentes”…, que ser una mente enorme… pero que se sentía así ante su grandeza… “muy culpable”… es decir, se auto-atacaba…, y por tanto se creyó de golpe y en sí misma ATACABLE…, susceptible de ser atacada (esto es como sabemos lo que nos cuenta el curso de milagros: mente auto-culpabilizada, de lo grande que es… por haberse creído realmente separada de su verdadero Creador… quien la hizo así de “grande”… y, por tanto, por sentirse separada de su verdadero Poder legado por ese Creador).

Así que tuvimos que fabricar cientos de trillones de miles de billones de “historias”…, historias que en este tipo de sistema de realidad tienen la forma de “familias”, de “padres” muy realistas pero postizos…, de familias, de “sociedades” y de “naturalezas” muy realistas… donde el tiempo lineal parece real… donde este juego parece muy natural… y todo para así poder decir, con todo ello… en este despiporre que a veces se parece tanto a un matadero…, para poder decir, sin parar…, y aunque solo sea con nuestro mero respirar… con solo haber venido aquí… o con solo ver cómo interpretamos cada gesto y cada paso en la vida… para poder decirnos esto todo el rato, así como “inconscientemente”…:

«eh, chicos, chicas… estoy aquí, yo existo separado… sí…, pero mira, al menos no es por mi culpa».

Así que desde que tenemos en la mente, tan profundamente albergado ahí…, dicha “culpa” o “pecado original”…, dicho auto-ataque…, dicha creencia profunda en el “pecado original”… entonces… la mera existencia se torna en cosa grave, en algo grave o gravísimo… dependiendo de la parte del drama que hayamos elegido ejecutar en este momento (en el cual nos estamos en principio “auto-ejecutando” por enésima vez en el patíbulo, en los altares de la muerte).

Y claro, la mera existencia es agravada constantemente por nosotros mismos… al no ponernos “en neutro”… —es agravada digamos que “inconscientemente”… aunque en realidad todo es posible sacarlo a la consciencia.

Así que ya no nos podemos reír de la mera existencia… y sanamente.

No podemos simplemente hacer todo lo mejor que podamos para vivir… y reírnos mientras tanto —a veces sin que se nos vea:

— Si somos “buenos”…, entonces quizá estemos muy serios por ello —ya que es que “somos tan buenos”… jajajaja… tan “mejores”… (“moralismo” o moralismo exacerbado, podríamos llamarlo).

— Si somos “malos”, o malos malísimos (o malismos, como dice en broma mi abuela a veces 🙂 )… también nos habremos creído mucho la película…, demasiado… y entonces ya no nos podremos “reír” sana y profundamente de las cosas —pues… mira… es que fuimos o somos tan “malos”… jajaja… fíjate… más malos que fulanito o que menganito incluso.

Todo es “culpa”, es decir, auto-ataque…, impresa profundamente en la mera “existencia por separado”… ya que creemos que es real la separación —y, como esta separación fue interpretada con mucho miedo… pues ale, “a sufrir” 🙂 .

Como “sabemos”, no hay separación real en ningún nivel…, ni siquiera en los ilusorios y sus discursos y “comprensiones” físicas o físico-químicas. Por ejemplo tenemos ese “reflejo divino”… ese patrón que podemos “mirar divinamente”…: el de cómo todas las células de todos los seres “vivos” estarán conectadas —y luego todos los átomos en general… etc. 🙂

Y todas esas comprensiones —sobre las cosas “en conexión”— son capaces de, potencialmente, reflejar nuestra “unión real” en una sola Relación sagrada… la cual realmente somos y tenemos (que tenemos, digamos, con otro tipo de “individualidad”, por así decirlo).

Dios nos creó… pero no creó tan directamente este universo (nuestra “creación”, la creación “del Hijo”…) en el cual venimos a representar “la cara de inocentes”. Este universo fue nuestra “necesidad”, al inventar la propia idea de necesidades, y sus niveles… inventando la posibilidad de decirnos cosas como la de antes… 🙂 :

«ay, me crearon como separado; “otros” lo hicieron así, ¿no lo ves?… ay… en este universo de cuerpos del que puedo ser una víctima. Así que, mira, yo existo aquí, y en apariencia realmente “separado”…, sí, sí…, pero mira, dicha separación no es por mi culpa».

Hela aquí, la cara de inocentes… ese papel que venimos a representar aquí, en el “infierno” 🙂 .

¿Problemas con los objetivos? El único problema que tenemos con los “objetivos” (lecciones 24-26 de UCDM)   4 comments

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Volvamos a invitarnos, a auto-invitarnos… al curso de milagros.

Y no como ejercicio “filosófico” o “teológico”… sino como “invitación”, evocación.

Las primeras cruciales lecciones del libro de ejercicios de Un Curso de milagros contienen tres que tratan muy explícitamente de los objetivos, de nuestros intereses… de cómo percibimos el “para qué son las cosas”… el propósito —es decir, lo más elemental acerca del significado.

Hay una lección (25) que simplemente habla del “para qué son las cosas”. Dice que nos digamos que no percibimos el propósito de nada, que no sabemos cuál es el propósito o el “para qué” de nada.

Luego, una lección más allá, podemos decir que se nos da “la clave” para acabar con este asunto tan fundamental y tan engañoso de los objetivos.

¿Para qué hablamos de objetivos?

El único problema que existe con los objetivos es…

Eso… eso… ¡¿cuál es?!

En la lección 24 (No percibo lo que más me conviene – I do not perceive my own best interests), se nos invitaba a mirar la cualidad y la cantidad de objetivos que podamos tener… en la mente… en torno a situaciones vitales no resueltas… que nos provoquen mucho o algo de desasosiego.

Y, rápidamente, en la lección 26, se liquida la cuestión, divinamente 🙂

Ahí vuelve a emplear la receta que empleaba en la lección 24: un cierto auto-análisis mental… pero ahora para que podamos desplazar el enfoque, indirectamente como siempre… hacia “mirar” lo que sentimos.

Esta es para mí la frase clave, impactante:

«este pensamiento es un ataque contra mí mismo».

Esta frase hay que “entenderla” bien, lógicamente —es decir, no hay que entenderla 🙂 , sino “practicarla”, decírsela, como dice en la introducción al libro de ejercicios.

En una lectura rápida, superconfusa, egoica… uno podría entender que lo que le ataca es el hecho de que pueda suceder todo eso que se imagina como suceso desagradable en el mundo, como final posiblemente peligroso, no deseado, de una situación… en este mundo tan aparentemente infernal (donde pueden darse todos esos resultados que no deseamos para las situaciones en que nos vemos envueltos).

Así, uno sigue teniendo puesto el enfoque en el mundo (el efecto)… en vez de tenerlo en su pensamiento “sobre” el mundo (la causa).

Así creemos, entonces, que lo que más tememos es lo que nos puede pasar “fuera”.

Así, uno, una, se separa ilusoriamente de sí mismo… pues, como dice el curso…: “las ideas nunca abandonan su fuente”…, y el mundo es una idea en nuestra mente-Una (es la interpretación, demasiado seria, de una idea loca… en esa “una sola mente” que somos).

Creemos entonces temer todo eso que, al final, puede ocurrir. Y así, entonces, nos colocamos en un estado muy elemental de “víctima”, que superficialmente expresamos a menudo: “ay qué mundo tan injusto”… “ay, que podríamos quedarnos sin eso que tenemos ahora”…, “¿y esa gente qué?”…, etc.

Pero claro está que si se insiste con confianza en el simple “hacer el curso”… en el trabajo lento y confiado, pacientemente respirando con el propio curso… aprendiendo a practicar neutralmente, a contemplar y respirar sus frases… entonces terminaremos permitiendo que esa voz interior que todos tenemos “dentro” nos haga comprender, en algún momento —y obviamente no hace falta ni leer estas palabras, explicaciones… ni ninguna explicación… ni ir a ningún “profesor” o grupo, absolutamente nada (excepto quizá ver los escasos “fallos importantes” que habría en la traducción a la hora de poder comprender).

En esa frase (un ataque contra mí mismo) se ve lo esencial del curso de milagros, en acción…

Uno cree que lo que le tiene intranquilo es el posible desenlace desagradable de la situación en cuestión. Pero lo “malo” es nuestro auto-ataque, es decir, esa culpa (= auto-ataque) que queremos ver fuera, pues no queremos hacernos responsable de ese sentimiento.

Uno ve con miedo los resultados… y así “refuerza el mundo” en su “modo aprisionamiento”. Uno, por tanto, no acepta sin miedo lo que sea… uno no acepta de entrada con inocencia que en un sentido profundo “da igual” lo que pueda ocurrir en el nivel de la forma, ya que ahí no está lo esencial.

Uno, así, le otorga realidad al mundo, y a lo que “le puede le pasar a uno” en el mundo… y todo para no mirar hacia dentro… al miedo… de frente.

Uno no puede mirar inocentemente al mundo… por ejemplo aceptando con inocencia ese posible resultado no deseado (para que pueda irse, para poder soltarlo)… y así uno mira con miedo… y de cierto modo protege el miedo… pues lo achaca al “afuera”.

Creemos que el miedo no tiene que ver con nosotros… que no podemos hacer nada con él… y lo escondemos rápidamente proyectándolo. Al fin y al cabo, como dice la voz del curso, se trata de nuestra creación, y por eso, y por el esfuerzo que nos ha costado fabricar y conservar tanto miedo y tantas consecuencias de este en la forma… nos resulta difícil hacernos cargo de eso… de que es nuestra creación.

Por tanto, usamos esta misma maniobra para aceptar por enésima vez el miedo dentro en la mente, cuando en realidad, si quisiéramos dejar de sufrir y que todo el mundo pueda dejar de sufrir… tenemos que mirar de frente ese miedo para poder soltarlo, no aceptándolo más.

Es decir, usamos por enésima vez el “mundo” para aceptar el miedo dentro de la mente; y así, lo conservamos, creyendo ilusamente que lo alejamos al fantasear… al proyectarlo “fuera” sobre la pantalla del mundo, visto este como separado de nosotros.

Esta “no aceptación”, esta mirada “no inocente”… este rechazo tan profundo e ilusorio de ese miedo que nosotros mismos hemos inventado, y que creemos no poder controlar… nos sirve para reforzar este mundo en su desdicha, en su “voto por el sufrimiento”.

Lo reforzamos al proyectar ese sentimiento de miedo, ese sentimiento que sería todavía más profundo incluso que este mundo.

Y es esta receta la que parece la más adecuada para poder ir logrando cada vez una mayor confusión en la vida, y así, con ella, precisamente podremos ir experimentando tan “malamente” todos esos desenlaces “no deseados”.

Uno cree, por poner un ejemplo facilón, que es la pérdida posible de “un trabajo” lo que le desasosiega. Sin embargo, seguramente sea innegable que en este preciso instante lo que le está creando ese desasosiego es su propio proceso de pensamiento.

Pero… ¡cómo nos encanta martirizarnos, machacar el presente! 🙂 … para así atacar nuestra invulnerabilidad… una vez más… jugando otra vez a ser pequeñitos… carentes…

Y claro, el lema general de esta lección 26:

Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad

Este estado de reforzar el miedo (“inconscientemente”), contra la propia invulnerabilidad… sería el estado de casi todos… ya que estamos todo el santo día en una especie de infierno de fantasías… ahí… “inconscientemente” reciclando miedo… al proyectarlo. 

Y todo esto por habernos creído el mundo… es decir, sus leyes… el sistema de pensamiento (“ego”) que parece estar aquí implementado… pero que solo lo está por nuestro afán de albergarlo “dentro” —en ese auto-engaño tan elemental que venimos aquí a recrear.

En esta lección 26 estamos mirando de frente situaciones desasosegantes en nuestras vidas… con sus posibles desenlaces. Es decir, miramos de frente todos esos resultados que imaginamos y que no nos gustan… todos esos finales infelices o desagradables para esas situaciones algo o muy intranquilizadoras.

Pero, de repente, la práctica acaba con una simple afirmación:

«este pensamiento es un ataque contra mí mismo».

¡Ajá! Es ese pensamiento, ese “estar pensando”, lo que constituye el ataque… y nunca el mundo. Es la mente quien se ataca a sí misma, quien cree que puede atacarse… y así usa los cuerpos, en su demencia, para demostrarse lo indemostrable (su vulnerabilidad).

Una inmensa paja mental, por tanto… es esta en la cual enrolamos todo un mundo… para mayor desdicha de dicho mundo 🙂 (desdicha ilusoria 🙂 ).

Y es que como sabemos… “el mundo” nunca nos hizo nada (¡qué difícil de creer que es esto!). Como sabemos… el mundo nunca le hizo nada a nadie.

Y claro, por supuesto que es por esto por lo que se dice en el libro de ejercicios… mucho más adelante… que:

«el mundo no existe. Este es el principal pensamiento que este curso se propone enseñar»
[en la traducción oficial se decía “básico”, para traducir el inglés “central”… que podemos traducir también por “principal”, “primordial”, “central”, “fundamental”, etc.].

Si el texto del curso habla por tanto de objetivos (cosa que tampoco es que se haga mucho así de explícitamente, aunque el “propósito” sea un tema clave)… sería solo para poder mirar de nuevo hacia dentro… hacia ese miedo en el que se basa este mundo, hacia ese miedo que está tras nuestra habitual confusión, incertidumbre, duda o desconfianza (es decir: auto-ataque = culpa)… en torno a muchas de las situaciones mundanas.

Vemos pues que todas estas cosas (duda, etc.) no tienen nada que ver con “el mundo” sino con nuestra mente, y con cómo esta utiliza el mundo para reciclar su propio auto-ataque (es decir, su “culpa”)…, ya que, aunque no lo parezca, todavía muchos creemos ser la morada del “mal”, las “tinieblas”, y literalmente del “pecado” 🙂  —tal y como el curso nos sugiere… de esa forma que tiene tan “realista” de hablar 🙂 … tan directa… de hablarnos y de describirnos lo que en el fondo creemos acerca de nosotros mismos.

El amor: la “espada” que transforma en conciencia a la consciencia (sobre la elección y los milagros)   1 comment

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Las situaciones se nos ofrecen o no como elecciones: O una cosa, o la otra *.

Más bien: nosotros permitimos, o no permitimos, que las situaciones se presenten claramente como elecciones entre dos cosas… o por el contrario, permitimos hacer de todo una especie de confusa indiferenciación… —a menudo expresado en “esto no va con nosotros”… “no tiene nada que ver con nosotros”.

Pero antes de nada, en ese nivel de la elección, está lo que elegimos sentir, no lo que elegimos hacer. Ya sabemos que “lo importante” es irse enfocando en esta pregunta clave:

¿qué elegimos pensar y sentir sobre esto que se nos presenta?

A menudo simplemente reprimimos el sentir; en vez de darnos tiempo, lo que hacemos es, rápidamente, precisamente, ponernos en el nivel del “hacer” (cuerpo-comportamiento).

Automáticamente entonces actuaremos según patrones, según el pasado, según nuestra personalidad inercial.

Quizá haciendo esto nos haya dado tiempo a ver cómo en la mente hemos anticipado, quizá con agobio… y siempre de forma ilusoria… todas aquellas cosas que “tendríamos que hacer” para “solucionar” la situación en cuestión —que es ahora vista a distancia, como algo “exterior” a nosotros que nos afecta, que nos hace sentir algo.

Reprimimos pues el sentir para no darnos cuenta de que surge de nosotros y no de fuera; parece que también es como un miedo a lo que “tendríamos que hacer”; un miedo, pues, relativo al “deber”…, y a la comunicación… un miedo a nuestras propias ideas… esas ideas que en realidad hemos aceptado “acríticamente”, sin interiorizarlas desde el corazón (en eso que algunos creo que llamarían “superyo”).

Y, como sabemos, al final terminamos agudizando los “problemas”… al reforzar la actitud interior de “darles realidad”; y así, otorgando con nuestra poderosa mente realidad a lo de fuera…, al final todo va a peor.

Volviendo al “O bien esto… o bien lo otro…”:

A veces, en vez de querer ver que se nos está presentando una situación en la que se nos pide que elijamos entre “o esto, o lo otro”… utilizamos forzadamente las situaciones para aplicar lo contrario en una especie de retirada: esta cosa, y también la otra… y también esta otra (es decir, a menudo ocurre que al final, no estamos en nada).

Así, a veces nos vamos como deshaciendo**.

Es decir, nos podemos deshacer si no aprendemos a sentir esto… a sentir-nos… es decir, a elegir-nos en tanto que “algo más grande”… y casi a cada paso.

¿Cómo que a “elegir-nos”?

El que las situaciones nos presenten opciones nos permite elegirnos. Y en realidad son solo para eso. Es decir, la experiencia está solo para eso.

“Vivir” nos permite, pues, hacer otro proceso de elección, más allá del mundano.

Es decir, nosotros nos permitimos el acto de elegir nuestro “verdadero ser” cuando convertimos las elecciones mundanas en una elección digamos que “más interior”, más sentida…: entre amor, o miedo (por ejemplo: o bien “perdonamos”…, o bien seguimos intelectualizando nuestros juicios contra alguien… seguimos analizando, etc.).

Lo que puede convertir toda situación mundana en “trascendente”… en una elección entre dos cosas, y solo dos cosas…, es decir, el hecho de que al final solo existen dos opciones “interiores”: o amor, o miedo.

Y claro, ¿qué tenemos en el lado del amor? Tenemos todas esas “cualidades” que solo están ahí porque son lo que “tendencialmente” al final nos permitirá expresar realmente el Amor aquí… al irnos “acercando al amor”… es decir, a esa paz que es la condición del amor… a esa paz que un día nos permitirá reunirnos con el amor: “verdad”, “honestidad”, “responsabilidad”, “confianza”…

Esto quizá se puede traducir en que, cuando tenemos a mano una elección entre una cosa o la otra… entonces, más o menos intensamente, pero claramente, podemos sentir siempre cuál de las dos es la opción por el miedo, y cuál lo es por el amor —o, traducido todavía más mundanamente, y que ya nos puede llevar a confusión…: ¿cuál conlleva aparentemente más miedo y cuál no?

Con ese abrirnos al sentir “aprendemos”, pues, a dejarnos descubrir por el Amor.

Esa Presencia en las situaciones… la presencia que nos llama a “elegir de verdad”… es decir, esa presencia de la verdad en las situaciones… de la verdad que interiormente nos “habla” para convertir toda elección mundana en una elección entre miedo o amor… esa sería la espada del Amor… esa espada que es quizá la referida por Jesús, si es que realmente dijo algo sobre ello (cuando decía que venía a traer la espada).

La espada del Amor sería esa capacidad de mirada, de perspectiva, con la que podemos aprender a aceptar al Amor, descubriéndolo… permitiendo que se quite el velo de las ilusiones.

Y a veces permitimos tal “espada” solo con el mero poder sostener la mirada de alguien —sobre todo cuando ese alguien está “iluminado”, como Jesús cuando se iluminara. Leer el resto de esta entrada »