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Necesidades y dependencia (Un curso de amor, T2:9)   Leave a comment

imagen corazón en círculoUn curso de amor, comentario del noveno capítulo del segundo tratado, T2:9

Una pregunta: ¿los niños muy pequeños sienten que, por ejemplo, la leche de la teta de su madre satisface una necesidad “desde fuera” de sí mismos… como si “alguien separado” les viniera a dar algo PARA ellos… y PARA así poder con ello “satisfacer una necesidad”?

Pues este capítulo 9 decía…:

«Cuando se ha satisfecho una necesidad, has estado acostumbrado a tener una reacción a esta satisfacción como si tuviera lugar aparte de ti o en el exterior».

Hemos aprendido a reaccionar así: si se satisface una necesidad, no soy “yo” quien lo ha hecho… el “yo espíritu”, el yo unido al mundo.

Y, notemos el cariz de “aprendizaje” que tiene todo esto, pues ocurrirá que todas las reacciones siempre están mediadas por un aprendizaje de algún tipo… por un aprendizaje relativo a nuestras creencias compartidas “adultas” –y más o menos “locas”– que tenemos en estos mundos.

Los niños no piensan, es decir, no creen en “necesidad”.

Pensar y creer en necesidad parece que es lo mismo en el “infierno” adulto de creencias “humanas”.

El pensamiento que estamos eliminando, pues, es el de “las necesidades”.

Si vamos a sentir que todo es expresión de la misma y única Unidad que ya somos… no podremos ni siquiera concebir el concepto de “necesitar”.

Aunque, si queremos “crecer”, tal y como nos alerta aquí, tarde o temprano tenemos que pasar totalmente por el aro de un cierto “aceptar la necesidad y la dependencia” (pero como expresiones, en el diálogo que es en el fondo la creación). Leer el resto de esta entrada »

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Un curso de amor, T1:1 (comentario)   Leave a comment

imagen corazón en círculoUn curso de amor, comentario del primer capítulo del primer tratado (segundo libro del curso). T1:1

Este capítulo inicial de los tratados aborda algo fundamental: no podemos evitar pensar, así que tenemos que hacerlo con arte.
No hay otra alternativa.

No podemos en realidad dejar eso a una mera improvisación, pues ocurre que ahora, al encontrarnos con situaciones más y más prácticas en cuanto a nuestra “experiencia de la verdad”…, nos van a poder disonar mucho tales experiencias, disonando mucho con respecto al modo inadvertido o inconsciente en el que funciona nuestra mente dividida.

La mente seguirá necesitando “hacer algo”. Y hará lo acostumbrado (“pensar”) si no sustituimos el pensamiento con lo que aquí llama el arte del pensamiento.

Por hablar un poco de los términos: hay que darse cuenta de que “pensar” es en realidad también un arte del “tener en cuenta”. “Pensar” tiene ese sentido, como cuando decimos: “piensa en mí, tenme en tu consideración”. Así pues, cuando veo la palabra “pensar”, o “pensamiento, me acuerdo a veces de esta serie: “consideración” o “considerar”, “ser considerado” o “tener en consideración”… pues el pensamiento no es algo que podamos evitar ni algo a degradar o a eliminar en sí mismo, sino que es algo que acoger para transmutar, como lo es todo.

Ahora, como veremos en el segundo capítulo del tratado, simplemente vamos a ejercitar cierta “devoción” en el sentido de “ser considerados con Dios”, es decir, pensar en y con la Unidad de Amor que ya somos, eternamente creadora. En Un curso de milagros teníamos aquella fórmula de: “mis únicos pensamientos reales son los que pienso con Dios”.

También, y en plan más pedante, podríamos decir que, como almas, como espacio, como “Sí Mismos” que somos… seguiremos “teniendo” siempre una mente dentro de nosotros, una mente como “mediadora”. La seguiremos teniendo aunque alojemos dentro de Nosotros Mismos muchos otros tipos de cuerpos, de cuerpos que viven en “dimensiones” que ahora resultan inconcebibles para nuestra mente material intelectual. Leer el resto de esta entrada »

Un curso de amor, C:32 (comentario)   Leave a comment

imagen corazón en círculoComo sabemos, entender lo que ocurre con “la espiritualidad” nos da claves fundamentales para “la ciencia”, es decir, para entender o atravesar lo real, en un aspecto digamos que más sesgado hacia la “búsqueda de la verdad” –tal y como nuestra tradición ahora materialista entendía esta búsqueda.

Pero antes de esta aparente “tradición materialista”, antes, en el pasado, no es que las cosas estuvieran mucho mejor para la humanidad, no en general… pues lo que podríamos llamar “tradición espiritual” estaba distorsionada por las religiones, en tanto que estas tenían un enorme “poder político” (como en parte sucede ahora, y parece que sobre todo en el mundo musulmán).

Así que en todo se mezclaba la lucha por el poder más basto, y las religiones manipulaban todavía más las consciencias utilizando las “verdades espirituales”.

A pesar de ello, por supuesto, la “civilización”, como un simple movimiento de “cuidado” de las relaciones de los seres consigo mismos y con su medio social y natural… crecía amparada por la religión (pues la religión era lo que había), y amparada por sus “prácticas civilizatorias” –aunque ahora, en el mundo tal y como es ahora, ya no parece que podamos entender el alcance que tiene esta simple afirmación, ya que quizá estamos acostumbrados a pensar que la religión no tiene que ver con lo más elemental de la civilización: con extender prácticas de higiene, o técnicas más eficientes, etc. Sin embargo, “la religión” en general sí tuvo que ver con eso, con la motivación para hacer esa labor y para fundamentarla (también tuvo que ver con eso, aparte de los demás aspectos “malos”).

El problema entonces solo estaba, hasta hace poco, en que “la ciencia” en general parte de una actitud que saca fuera de la ecuación a esta relación fundamental: la relación que tiene la persona consigo misma, la persona que sea (el científico, etc.).

Eso parte de una suposición que luego la propia realidad niega: pues la realidad nos demuestra que la búsqueda de la verdad no está separada de las búsquedas de la belleza y la bondad –o el amor– (tal y como los mismos científicos expresan a menudo).

Esa “relación de la persona consigo misma” (que podríamos decir que es “la esencia de lo espiritual” contada para “laicos” o “ateos”), contempla todos los aspectos del universo a la vez, y no puede obviar ninguno. Y el universo también se mueve de cierta forma por la belleza (sabiduría, armonía) y la “bondad” (amor) –y no solo por la “verdad”. Leer el resto de esta entrada »

Un curso de amor, C:31 (comentario)   Leave a comment

imagen corazón en círculoUn curso de amor, C:31

Este capítulo nos sugiere esto:

con “las cosas espirituales” nos pasa algo tan absurdo como lo que sugiere este capítulo.
¿Qué nos pasa? Que pensamos que, por poner un ejemplo, el vino y el agua son exactamente LO MISMO, PORQUE son INSEPARABLES (no podemos pensar en un vino sin agua, es absurdo; pero no son lo mismo).

Un modo de pensar equivalente, uno tan absurdo como ese (pero respecto a la mente y el cuerpo), es lo que estamos viviendo o reforzando con nuestro modo usual de percibir aquí, normalmente.

Identificamos a la Mente con la “mente material”. Y esto provoca algo tan absurdo como absurdo sería que creyéramos que el vino es exactamente LO MISMO que el agua.

Eso es lo que tenemos de hecho implementado en nuestras vidas. Es ese “estado ego”, el estado egoico de experiencia usual… ese estado con el que aquí nos “programamos” aún básicamente los humanos.

Así que una cosa es que el vino y el agua sean inseparables… es decir, una cosa es que:
– en un vino concreto, aquí y ahora, sea materialmente cierto que el agua no es separable, pues “nos quedaríamos sin vino”…
– y otra cosa es que sean “lo mismo”.

Como vemos, este ejemplo lo sacamos porque lo comparamos con el tema de “la mente y el cuerpo”.

Y como siempre, cuando hablamos de la “mente”, se trata de un concepto que no es el de la mente “material” usual, es decir, no es un concepto que reduzca a la “mente” a ser algo así como impulsos “materiales”, impulsos que surgen de un cuerpo ya hecho –como sabemos, nuestra “mente”, es algo más “global”, un principio que realmente no depende del tiempo, que más bien hace que este tiempo “corra”. Leer el resto de esta entrada »

Un curso de amor, Día 40 (comentario): la esencia de la relación   Leave a comment

imagen corazón en círculoSobre Un curso de amor, D:Día40 (*)

Vamos a ponernos muy prácticos en cuanto a aclarar cualquier posible “duda” o “picor” que pueda entrar al leer este capítulo, aunque a estas alturas del diálogo y del curso todo tiene que ir como la seda, y ya no tiene que haber ningún problema con el tema de si esto parece o no muy “esotérico”, muy metafísico, etc.

En realidad, más que para “aclarar”, pues ya no se trata de “pensar” a la antigua usanza…, es para confirmar y reforzar.

Para ello nos sirve divinamente hacer un comentario lento del párrafo 40.7, donde se va a entender perfectamente la naturaleza “expansiva” de esta especie de trinidad. Esta naturaleza o esencia es también nuestra esencia: ser tres en uno. Por ejemplo, somos, simplemente: cuerpo, mente y alma. O, como vimos en otros sitios: subconsciente, consciente, superconsciente.

La “Trinidad” (o esta esencia de la trinidad, que está describiendo aquí) es, como todo, esencialmente una relación, y toda relación verdadera es creadora, es “expansiva”.

«Cuando yo creé, extendí mi ser de amor a la forma. A través de esa extensión, me convertí en el Yo Soy.»

Imaginemos al “principio”, existiendo “solo” amor.

Entonces, gracias a la decisión de extender (una acción congruente con el amor), se da un “Yo Soy”.

Y, por tanto, esa especie de “ser previo a todo ser” se autodetermina.

Ese Origen se determina a sí mismo, ya que por eso “Dios”, casi “por definición”: Dios como Fuente u Origen es un ser que se autodetermina libremente a Sí Mismo, para salir del amor incalificado, creando la fuente de toda diferenciación.

Y, sigue diciendo, sobre esa extensión con la que el Todo se convierte en el Yo Soy:

«Me convertí instantáneamente, porque no existía ninguna tensión que se opusiera —solo el amor, y una idea que participaba del amor, la idea de su extensión.»

Claro que la palabra “instantáneamente” no tendría mucho sentido allá, fuera de todo tiempo 🙂 .

No había nada que se opusiera a la autotransformacion de Dios en Sí Mismo, en el Yo Soy.

Y ahora vienen las consecuencias “trinitarias”.

Esto puede dar lugar a confusión pues estamos hablando de la diferenciación de Todo Lo Que Es, en un “movimiento” previo a cualquier cosa que nuestra mente pueda realmente concebir. Leer el resto de esta entrada »

Un curso de amor, Día 39 (comentario)   Leave a comment

imagen de orquídea silvestre(Enlace al Día 39: D:Día39 )

Nosotros definimos a Dios (a nuestro Origen), y vivimos en esta definición. Nuestra perspectiva sobre la Vida se hace nuestra vivencia.

Nos convertimos en lo que pensamos que nuestro Origen es.

Siempre fue así, y de cierta forma lo seguirá siendo. ¿Pero cómo lo seguirá siendo? Ese es el tema, y de esto trata este Día 39, al final del curso (acompañando este proceso que es una transformación, no “filosofía”).

Así que el tema está en cómo realizamos esa “definición”, y lo que ha tenido que transformarse el mero hecho de “pensar”, pues pensando a la manera usual es como estábamos definiendo a un “Dios” que luego pasábamos a recrear en nuestro mundo, para nuestra desesperación, sin poder salir de nuestra proyecciones.

Por eso todo este curso, y cualquier otra “espiritualidad”, trata de que “dejemos de pensar” (pensar a la antigua usanza), para con ello, y de cierto modo, poder “permitir” que lo que somos nos enseñe directamente… y redefinamos y elevemos completamente la mente desde el corazón.

Dice en este Día:

«Quien yo he sido para ti es quien tú has sido para ti mismo.»

Es decir, quien Dios (Vida) ha sido para mí mismo, es quien yo he sido para mí mismo. Me he definido por mis proyecciones sobre la Vida, sobre Dios:

«Recuerda la idea de la proyección. Esto es lo que hace la proyección. Proyecta hacia el exterior. Se distingue de la extensión en que la extensión es como una proyección que permanece unida a su fuente. La proyección separa.»

Esa definición de Dios, en la Vieja Era, nos hacía vivir en la ilusión de que éramos seres INDIVIDUALES, y no INDIVIDUADOS.

Aquí, en este Día 39, nos dirá la diferencia fundamental entre estas dos cosas, en esta útil distinción que forma parte de este colofón final del curso.

“Individuados” es una palabra que refleja que tenemos en cuenta la tensión de los opuestos.

Las tensiones entre opuestos son “lo que da vida”, son creativas.

Y nuestro único problema es no constatar eso (no hacer real en nuestro ser, no actualizar dentro nuestro… esas tensiones en tanto que son creativas).

Y “elevar” nuestro ser no es otra cosa que acoger el suficiente amor para poder hacer hueco a las tensiones como tensiones, como relaciones creativas… yendo más allá del juicio que polariza (el juicio contra nosotros mismos y contra lo que haya en el mundo ilusoriamente “afuera”). Leer el resto de esta entrada »

Un curso de amor, Día 37 (comentario)   Leave a comment

imagen corazón en círculoSobre Un curso de amor: D:Día37

Todos nuestros problemas sabemos que son “espirituales”, y esto tiene que ver con cómo nos sentimos y cómo nos pensamos: cómo nos vemos en relación al mundo y a nosotros mismos.

Así que ahora, una vez que sentimos más y mejor que palabras como “Dios”, “Origen”, “Unidad”, etc., están llenas de contenido (ya que al final del curso deberíamos poder llenarlas algo)… tenemos, en lo que sigue, unos capítulos finales que remarcan y describen abundantemente esa especie de relación interior: quién es “Dios”, quién somos nosotros para “Dios”, y quién es “Dios” para nosotros (y si “Dios” va aquí entre comillas, es por una razón profunda que sentimos o que conocemos al leer este u otros materiales que nos cuentan claramente que nosotros estamos diferenciando o individuando a lo que llamamos “Dios”… pues es como si eso que llamábamos Dios tuviera aspectos mutables e inmutables… por el hecho mismo de ser una unidad con nosotros en el ser).

¿Cómo nos vemos en relación al mundo? Esto tiene que ver con cómo pensamos la separación, con cómo somos esa separación que inevitablemente ya de cierto modo somos, y de cierto modo venimos a experimentar aquí, aunque solo sea porque de entrada tenemos un cuerpo “claramente separado” de todo el resto, en nuestro modo de percepción actual.

Es decir, todo el rato estamos teniendo una especie de “actitud” sobre “la separación”, lo queramos o no; estamos “encarnando” un pensamiento sobre ello, somos ese pensamiento andante y viviente.

Sabemos que tenemos que diferenciarnos. Sabemos que venimos aquí “para eso”, para demostrar unicidad, cualidad de ser únicos… pues es el dato de partida: aquí no hay nada “igual”. Leer el resto de esta entrada »