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Creencias   1 comment

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«Ustedes creen que otra gente los aterroriza, pero la verdad es que son sus CREENCIAS las que les aterrorizan. Ellas son lo que deben cambiar si desean realizar su sueño de un mundo que viva en paz, armonía y felicidad.»
(Las nuevas revelaciones, Neale Donald Walsch)

Esta parte de esa revelación dada a Walsch es una parte más del tan presente mensaje global urgente que trata sobre nuestras creencias básicas, y que se escucha de mil maneras en la humanidad ante el inminente desastre que conlleva la mezcla de estas dos cosas:

— una mentalidad “primitiva” (con creencias poco funcionales si lo que queremos es alegría, paz y armonía),

— y una tecnología con potenciales altamente destructivos.

Y claro, esas creencias, tan poco funcionales para la paz y la alegría que supuestamente deseamos, son lo que se ha llamado en textos célebres “el sistema de pensamiento del ego” 🙂 …

Como tan bien sabemos ya 🙂 por el curso de milagros de Yeshua… la creencia “estrella” que nos lleva por la calle de la amargura es la simple y célebre creencia en la simple separación —que no es lo baladí que parece ser 🙂 .

Así que este mensaje global es muy simple. Es un gran mensaje dado desde nuestro “ser interior”, desde “la unidad”, y para la unidad que somos. O, como dice Yeshua por ahí: de Un Solo Corazón a Un Solo Corazón.

El único cambio duradero partirá de permitirse uno mismo, empezando por uno mismo, un “cambio” profundo en las creencias básicas.

Pero obviamente, para poder realizar tal cambio tenemos que creérnoslo, y si no lo vamos VIVIENDO, no lo creeremos; obviamente.

Obviamente la práctica es también muy importante. Lo es aunque de cierta manera anteceden las creencias… aunque primero estén estas y no la práctica, pues todo lo creamos desde lo que creemos, ya que lo que experimentamos es en realidad lo que creemos.

Pero claro, no se trata de una práctica alocada… pues esta suele partir del auto-ataque, de la culpa, de vernos a nosotros mismos como “no realizados”, como “carentes de algo”, como indignos.

Y esto lo expresa de nuevo Yeshua por ejemplo en el curso de amor, con un vocabulario refrescado, y muy detalladamente.

Ya sabemos que nunca se trató de simplemente “ser bueno”, pues una de las mayores fuentes de nuestras dificultades es el asunto “moral”…, con esa determinación exterior de lo que tenemos que hacer o ser… mediante creencias, precisamente.

No se trata de seguir saliendo al mundo con la sacrificada y autosuficiente mentalidad que surge de pensar cosas como…: “vamos a ver qué podemos dar”… cuando uno siente que tiene poco que recibir de “los demás”… o al sentirse uno realmente muy carente… etc.

Sabemos que se trata de “salir al mundo”… a ese mundo que nunca estuvo fuera… ciertamente capacitados para sentir ese mundo “en unidad” con nosotros… unido a nosotros… es decir, salir preparados para RECIBIR “todo de todos”… para ver que realmente todos ya nos pueden dar todo, en cada momento.

Podríamos definir “la espiritualidad”, cuando se hace explícita (pues todo el mundo es espiritual) como una preparación interior, como un prepararnos interiormente…: para dar esa APERTURA a RECIBIR… esa disposición que es, digamos, estar dispuesto a ver “todo en todos”.

¡Qué difícil parece! Qué rápido sale “el ego” a cuestionarlo todo aquí… a lógicamente poner “caras raras” ante afirmaciones tan “raras” … 🙂 .

Lo esencial, como sabe todo el mundo, es que hay que VIVIR ese cambio… para poder “creérselo” 🙂 … para poder serlo…… pero quizá a menudo ocurre que solo podemos vivirlo a la vez que vamos detectando esas creencias “dañinas”, tan abstractas ellas… pero tan bien alojadas en nosotros.

Hemos de sentir profundamente que todo esto “tan abstracto” tiene que ver con nosotros…, va hasta la médula…… ya que, de cierto modo, somos el centro de nuestro universo —como tan bien vuelve a expresar Yeshua en el curso de amor.

Entonces, sobre creencias y su cambio, tenemos muchas revelaciones.

Esencialmente ya decía Seth que esto siempre se le ha dado a “la humanidad”…, en todo tiempo y lugar —este “secreto” 🙂 .

Y lo ha tratado Yeshua de varias maneras (UCDM, UCDA, Jayem…).

Una manera muy concreta, preciosa, está en Los Tratados de Un curso de amor, de cuya traducción, que circula en internet, vamos lentamente subiendo una primera revisión al blog…, pues tenía muchos errores graves (aunque seguro que pronto habrá muchas otras versiones revisadas de la traducción al alcance de todos, de este texto que junto con el curso de milagros son dos “grandiosos”).

Como sabemos, también le han sido dadas a Neale Donald Walsch unas versiones muy prácticas y directas de esencialmente lo mismo —en sus revelaciones llamadas Conversaciones con Dios.

Estas son sintetizadas en un pequeño libro posterior, llamado Las nuevas revelaciones.

Podemos extraer esto sobre nuestro tema de ahí:

«Las Cinco Falacias Sobre la Vida que crean crisis, violencia, asesinato y guerra son:

» 1. Los seres humanos están separados unos de otros.
2. No hay suficiente de lo que los seres humanos necesitan para ser felices.
3. Para obtener aquello de lo que no hay suficiente, los seres humanos deben competir entre sí.
4. Algunos seres humanos son mejores que otros.
5. Está bien que los seres humanos resuelvan discrepancias graves creadas por las demás falacias matándose unos a otros.

» Esas Cinco Falacias Sobre la Vida, combinadas con las Cinco Falacias Sobre Dios, contribuyen a una letanía de errores que ha creado, y sigue creando hasta hoy, un mundo de profunda ira, brutal violencia, terrible pérdida, inexorable dolor e incesante terror.

» Ustedes creen que otra gente los aterroriza, pero la verdad es que son sus creencias las que los aterrorizan. Ellas son lo que deben cambiar si desean realizar su sueño de un mundo que viva en paz, armonía y felicidad.»
[Del dictado a Walsch. Las nuevas revelaciones]

 

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Protegido: 7. La creencia: dar y recibir como Un Solo Ser. Los Tratados de Un curso de amor (II)   Leave a comment

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El amor: la “espada” que transforma en conciencia a la consciencia (sobre la elección y los milagros)   1 comment

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Las situaciones se nos ofrecen o no como elecciones: O una cosa, o la otra *.

Más bien: nosotros permitimos, o no permitimos, que las situaciones se presenten claramente como elecciones entre dos cosas… o por el contrario, permitimos hacer de todo una especie de confusa indiferenciación… —a menudo expresado en “esto no va con nosotros”… “no tiene nada que ver con nosotros”.

Pero antes de nada, en ese nivel de la elección, está lo que elegimos sentir, no lo que elegimos hacer. Ya sabemos que “lo importante” es irse enfocando en esta pregunta clave:

¿qué elegimos pensar y sentir sobre esto que se nos presenta?

A menudo simplemente reprimimos el sentir; en vez de darnos tiempo, lo que hacemos es, rápidamente, precisamente, ponernos en el nivel del “hacer” (cuerpo-comportamiento).

Automáticamente entonces actuaremos según patrones, según el pasado, según nuestra personalidad inercial.

Quizá haciendo esto nos haya dado tiempo a ver cómo en la mente hemos anticipado, quizá con agobio… y siempre de forma ilusoria… todas aquellas cosas que “tendríamos que hacer” para “solucionar” la situación en cuestión —que es ahora vista a distancia, como algo “exterior” a nosotros que nos afecta, que nos hace sentir algo.

Reprimimos pues el sentir para no darnos cuenta de que surge de nosotros y no de fuera; parece que también es como un miedo a lo que “tendríamos que hacer”; un miedo, pues, relativo al “deber”…, y a la comunicación… un miedo a nuestras propias ideas… esas ideas que en realidad hemos aceptado “acríticamente”, sin interiorizarlas desde el corazón (en eso que algunos creo que llamarían “superyo”).

Y, como sabemos, al final terminamos agudizando los “problemas”… al reforzar la actitud interior de “darles realidad”; y así, otorgando con nuestra poderosa mente realidad a lo de fuera…, al final todo va a peor.

Volviendo al “O bien esto… o bien lo otro…”:

A veces, en vez de querer ver que se nos está presentando una situación en la que se nos pide que elijamos entre “o esto, o lo otro”… utilizamos forzadamente las situaciones para aplicar lo contrario en una especie de retirada: esta cosa, y también la otra… y también esta otra (es decir, a menudo ocurre que al final, no estamos en nada).

Así, a veces nos vamos como deshaciendo**.

Es decir, nos podemos deshacer si no aprendemos a sentir esto… a sentir-nos… es decir, a elegir-nos en tanto que “algo más grande”… y casi a cada paso.

¿Cómo que a “elegir-nos”?

El que las situaciones nos presenten opciones nos permite elegirnos. Y en realidad son solo para eso. Es decir, la experiencia está solo para eso.

“Vivir” nos permite, pues, hacer otro proceso de elección, más allá del mundano.

Es decir, nosotros nos permitimos el acto de elegir nuestro “verdadero ser” cuando convertimos las elecciones mundanas en una elección digamos que “más interior”, más sentida…: entre amor, o miedo (por ejemplo: o bien “perdonamos”…, o bien seguimos intelectualizando nuestros juicios contra alguien… seguimos analizando, etc.).

Lo que puede convertir toda situación mundana en “trascendente”… en una elección entre dos cosas, y solo dos cosas…, es decir, el hecho de que al final solo existen dos opciones “interiores”: o amor, o miedo.

Y claro, ¿qué tenemos en el lado del amor? Tenemos todas esas “cualidades” que solo están ahí porque son lo que “tendencialmente” al final nos permitirá expresar realmente el Amor aquí… al irnos “acercando al amor”… es decir, a esa paz que es la condición del amor… a esa paz que un día nos permitirá reunirnos con el amor: “verdad”, “honestidad”, “responsabilidad”, “confianza”…

Esto quizá se puede traducir en que, cuando tenemos a mano una elección entre una cosa o la otra… entonces, más o menos intensamente, pero claramente, podemos sentir siempre cuál de las dos es la opción por el miedo, y cuál lo es por el amor —o, traducido todavía más mundanamente, y que ya nos puede llevar a confusión…: ¿cuál conlleva aparentemente más miedo y cuál no?

Con ese abrirnos al sentir “aprendemos”, pues, a dejarnos descubrir por el Amor.

Esa Presencia en las situaciones… la presencia que nos llama a “elegir de verdad”… es decir, esa presencia de la verdad en las situaciones… de la verdad que interiormente nos “habla” para convertir toda elección mundana en una elección entre miedo o amor… esa sería la espada del Amor… esa espada que es quizá la referida por Jesús, si es que realmente dijo algo sobre ello (cuando decía que venía a traer la espada).

La espada del Amor sería esa capacidad de mirada, de perspectiva, con la que podemos aprender a aceptar al Amor, descubriéndolo… permitiendo que se quite el velo de las ilusiones.

Y a veces permitimos tal “espada” solo con el mero poder sostener la mirada de alguien —sobre todo cuando ese alguien está “iluminado”, como Jesús cuando se iluminara. Leer el resto de esta entrada »