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La “crisis espiritual” brevemente explicada: un confuso cóctel (invitación al capítulo 3 de «La realidad “desconocida”», II)   Leave a comment

plantas

(Este es el enlace del audio del capítulo al que me refiero,  y aquí está el índice con la lista de audios de Seth y lo que llevo traducido y grabado de este libro en concreto (Realidad «desconocida»), que está enlazado en ese índice.)

¡Qué fácilmente podemos describir la situación planetaria de esta literal locura… tan contradictoria!

Así es como hacemos que este planeta sea literalmente “de locos”:

De cierta manera,
todo es “consciencia”…
es decir,
todas las cosas son diferentes “autoconsciencias”…
“vibraciones”…
aunque nos pueda parecer que una piedra no es “consciente”… sí que es algún tipo o “nivel” ilusorio de “consciencia”…

Así pues, todo es “mente”…
aunque nosotros seamos, además, cierta “esencia de personalidad”.

Y entonces,
la contradicción (esta “crisis espiritual”)
que parecía empujarnos con una enorme inercia…
con esa especie de enorme “bola de piedra mental” que hacemos que nos persiga…
… con la inercia de nuestras creencias…
… la contradicción… se da entre estas dos cosas:

1. Por un lado, desconfiábamos profundamente de la naturaleza, del cuerpo, de la biología…
Esta desconfianza tan aguda parece ser un subproducto de ese juego al que hemos accedido jugar…:
el juego de experimentarnos muy separados de la Tierra, de los demás seres vivos… etc…
y eso fue, digamos, para crear una especie determinada de “ego” (es decir, de forma de enfocar la mente consciente).

2. Por otro lado, mucha gente creíamos o seguiremos creyendo por encima de todo que estamos dentro del cuerpo, que nuestra “consciencia esencial” está completamente dentro del cuerpo.

Así que ya tenemos… ¡el conflicto asegurado! 🙂

Vaya cóctel:
Por un lado, en el punto 2, tenemos todas las creencias limitantes sobre la consciencia
(es decir, sobre lo que en el fondo es la naturaleza o la esencia del “universo” físico).
Y en la explicación del punto 1 veíamos que hemos elegido esas creencias
en parte para poder focalizarnos de forma extrema en “la manipulación física”.

Y entonces,
una vez que nuestras creencias “nos impiden escapar del cuerpo” 🙂 …
a ese ingrediente “mágico” del punto 2 le sumamos lo del punto 1, es decir:

una tremenda desconfianza hacia lo natural… e incluso un enorme maltrato a los alucinantes sistemas naturales (cuerpo, biología, naturaleza… aspectos “femeninos”… etc. etc.)…

Y todo ello, dicho sea de paso… así como “simbolizando” –a veces muy a lo bestia– esa nuestra “división interior”…
— la que surge de esos dos puntos, 1 y 2.

Así que toda esta confusión parece ser una especie de “plataforma” de “creación”…
donde nos cruzaríamos, ahora,
todos,
con y en muchas “probabilidades” terrestres…
y por tanto con diversos resultados posibles a mano…
según nos vayamos conectando y reconectando con un verdadero “nosotros mismos”…
y vayamos integrando más o menos nuestras elecciones y sus resultados,
“pasados” y “actuales”…

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La conexión a través del deseo, con los seres queridos o afines, cuando se acaban de morir (una invitación a unos capítulos importantes de Seth)   2 comments

Este es el botón para escuchar este texto –leído y en parte comentado:
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musgo, líquenes, muro

(Este es el enlace del audio del primero de los capítulos de Seth a los que me refiero,  y aquí está el índice con la lista de audios de Seth y lo que llevo traducido y grabado de este libro en concreto, que está enlazado abajo del todo en ese índice.)

En esta pequeña invitación hablaré quizá un poco de mi caso personal,
en relación al caso expuesto por Seth en los capítulos 15 y 16 del libro “Realidad «oculta»”, volumen 1.

Estos son unos capítulos muy interesantes, y centrales para uno de los temas más importantes tratados en los libros de Seth (el de las probabilidades), y son además muy sencillos, en esencia.

En ellos Seth hace una presentación sencilla de un aspecto de la vida de Robert (que es el escriba, la pareja de la canal, Jane).
Se tratan las conexiones “inconscientes” de Robert con su madre,
que recientemente había fallecido cuando se daban esos textos.

Eran unas conexiones “muy vivas”…
pues por algo somos una sola unidad dentro,
y esto parece que a veces se nota más cuando la gente “ha muerto”.

Entonces, volviendo al tema,
cuando desencarnamos vamos a una etapa algo más “liberada del tiempo”,
donde vemos las cosas de forma más integrada,
donde constatamos en mayor medida nuestra “entidad total”,
con todas las vidas paralelas… etc.

Así que, desencarnados, tenemos o somos una cierta “libertad”,
o una mayor libertad,
durante “un tiempo”
(si es que no la hemos “conseguido” ya, en parte, cuando estábamos “encarnados”).

Dentro de esa libertad,
y como ilustran en concreto esos capítulos a los que me refiero,
nos podemos conectar
(a través del deseo)
con aquellos que se quedaron en el sueño del tiempo,
-o viceversa: si nuestra “esencia personal” es la que ha desencarnado,
nos podemos conectar, desencarnados, con las personas que se quedaron “en el tiempo”.

Así que, dicho sea de paso,
esta es otra de las razones por las que es tan importante “desear libremente”,
y a la vez tranquilamente
— parece que eso es importante para nuestro bienestar real,
siendo a la vez muy observadores con los sentimientos que hay “tras” lo que se desea…
con los deseos…
y no “representarlos” así como así (darse tiempo para sentir, para ser “uno mismo”, o “meditar”, etc.).

Entonces, tenemos esa frase, que se oye a veces,
que habla de que, cuanto más lejos esté alguien,
físicamente hablando,
quizá más cerca sentimos a esa persona…
y por ello, a menudo ocurre que ese ser, alejado físicamente,
de cierto modo puede influir “más”.
Entonces, el caso de los muertos sería un caso más en ese dicho:
cuanto más lejos, más cerca.

Y de eso por cierto tratarán los “ejemplos personales” que seguramente cada cual puede dar…
algún ejemplo personal muy “humano”,
como el que expone Seth en esos capítulos.

En ciertas etapas de esas fases “sin tiempo”… cuando estemos en ellas,
parece que se da cierto “aprendizaje”,
al establecer conexiones de una nueva manera con quienes hemos conocido recientemente “encarnados”
(y cuya conexión hemos “saboreado” de otra manera “en vida”). Leer el resto de esta entrada »

5. La vía del corazón. Lección 5. Yeshua-Jayem (La vía de la maestría)   1 comment

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imagen corazón en círculo[- Para más información, ver esta página de índice sobre los textos de Jayem.
– En diciembre 2015 empecé una revisión de la traducción de este primer libro de La Vía (que he tardado o tardaré pocas semanas en terminar).
– Aunque la traducción había quedado bastante bien, aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para ver el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba (y la carpeta con todos los textos en Google-Drive que también enlazo en el índice)]

Lección 5

Ahora, comenzamos.

Queridos amigos, saludos para vosotros. Venimos aquí en esta hora a continuar este camino que fabrica la estructura, la carretera, por así decirlo, mediante la cual podéis aprender a marchar por La vía del corazón y a dominarla.

Una vía, una manera, un método, en la vida, significa haber elegido, de entre todas las posibilidades, aquella que permanecerá siendo la que os habéis comprometido a seguir, el camino al cual dedicáis toda vuestra atención aplicándoos en la voluntad de seguirlo. Y de la misma manera que cuando hacéis un viaje por vuestra Tierra, al comprometeros a hacer el viaje os servís de experiencias que no podrían llegar a vosotros de ninguna otra manera. Leer el resto de esta entrada »

4. La vía del corazón. Lección 4. Yeshua-Jayem (La vía de la maestría)   Leave a comment

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imagen corazón en círculo

[- Para más información, ver el índice sobre estos libros.
– En diciembre 2015 empecé una revisión de la traducción de este primer libro de La Vía (que he tardado o tardaré pocas semanas en terminar).
– Aunque la traducción había quedado bastante bien, aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para ver el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba (y la carpeta con todos los textos en Google-Drive que también enlazo en el índice).]

Lección 4

Ahora, comenzamos.

Y una vez más, saludos a vosotros mis queridos y santos amigos. Una vez más llego aquí con un gran gozo para permanecer con vosotros de esta manera. Con una gran alegría vengo a vosotros, mis amigos, para estar aquí en esta hora. Con gran alegría camino con vosotros por el camino que habéis elegido. Pues, en Verdad, no hay ningún momento en que yo no esté con vosotros. No hay lugar al cual podáis ir donde no podáis descubrir mi presencia.

Solo la realidad puede ser verdadera. Y la realidad es simple: solo existe la simplicidad del Amor. Y desde ese océano nace una multitud de formas, de mundos, de creaciones, de entre las cuales sois una. Y como olas que salen del mar, esas creaciones siguen enlazadas eternamente a su Creador. Sois una ola surgiendo del Océano Infinito del Amor, que es la presencia de Dios. Yo soy una ola que ha surgido del océano de la Santa Mente de mi Padre. Y aunque dos olas parezcan separadas por eso que es llamado “tiempo” –incluso por dos mil de vuestros años–, sin embargo, en Verdad, cuando son vistas desde una perspectiva mucho más amplia, esas olas han surgido simultáneamente de la superficie del Océano. Surgen exactamente con el mismo propósito: expresar la simplicidad, y la inocencia, y la belleza, la creatividad, la verdad y la realidad del Océano Mismo.

Y las olas se deleitan al expresar lo que parece ser una individualidad única. Y, no obstante, portan el carácter común de estar hechas de la misma sustancia y de estar en realidad gobernadas por las mismas Leyes de la Creación. Pues ellas no conocen el momento de su surgimiento, ya que solo la ignota Profundidad del Océano puede saber el momento en que elige hacer brotar y crear la expresión de la ola. El poder no visto, sino oculto en la Profundidad del Océano, se levanta para conformar esa ola, y la mantiene a través de la duración de su expresión. Y desde la Profundidad de ese Océano es desde donde se decide cuándo retornará esa ola al mar. ¿Significará esto que ella desaparece? Solo desde cierta perspectiva. Mas, en realidad, la propia sustancia que se hizo manifiesta no ha conocido realmente ni el nacimiento ni la muerte, sino solo la expresión.

¿Qué sucede entonces si fueras a considerarte a ti mismo como una ola que surge de la Santa Mente de Dios, nacida del infinito deseo de Dios de expandirse a Sí Mismo, para expresar la infinita naturaleza del Amor y la creatividad? ¿Qué ocurre si comienzas a constatar que todo lo que has llamado “tú mismo” es el efecto del Amor –y que tú no eres quien se provoca a sí mismo su surgimiento? Y, no obstante, en tanto que has surgido de ese Océano de Amor, ¿no estará la ola hecha de la misma sustancia que el mismo mar? ¿No te ha sido dada una libertad infinita y perfecta? Pues de la misma manera en que tu Padre te percibe, te ha sido dada la libertad de percibirte a ti mismo y a todas las demás olas que pudieras advertir, e incluso al Mismo Océano… de la manera en que elijas percibirlos.

La meta de una espiritualidad genuina es entonces la de realinear la cualidad de vuestra percepción, de reflejar, de resonar con, de estar en perfecto alineamiento con la percepción de vuestro Creador; de ver con los ojos de Dios. Queridos amigos, en Verdad, en vuestro ser, seguís siendo tal y como fuisteis creados. Y en todos y cada uno de los momentos estáis empleando literalmente ese poder que se encuentra en el calmado fondo del Océano del Amor de Dios, que dio surgimiento a vuestra misma creación y existencia, para percibir tal y como lo deseéis hacer.

Por tanto, en esta hora nos referiremos a la misma naturaleza del deseo: a lo que significa, a lo que supone, a cómo crea sus efectos, a su poder y a su valor, al propósito y al sentido del deseo, y a cómo comenzar a tratar con esa energía (que a veces, como ya sabéis, se siente como toda una manada de miles de caballos salvajes, cada uno queriendo ir en su propia dirección) para hacer que el mismísimo Poder del Deseo se ponga bajo tu dirección consciente y deliberada… para que realmente puedas crear como el Padre te creó –con un perfecto, deliberado e infinito Amor; con perfecta e infinita y deliberada libertad; con perfecta, infinita y deliberada alegría… con perfecta, perfecta, libertad.

¡Deseo! Cuando caminaba por vuestro planeta como hombre me las vi con muchas opiniones diferentes sobre la naturaleza de la creación, de la humanidad, de la consciencia… aunque esta última palabra aún no estaba en ese momento –eso que llamáis consciencia o autoidentidad. Al igual que ahora vosotros os las veis con muchas escuelas de pensamiento, así, yo también. Y, al mismo tiempo que esto puede parecer que conduce a una gran confusión, como si uno debiera elegir en un abigarrado bufé, realmente sirve de una manera no muy diferente a como sirve la arena que está dentro de una ostra de la cual se extraerá una perla. Hace que rasques dentro. Debes encontrar tu propio camino hacia tu propia verdad. Porque ante todos y cada uno de vosotros yace vuestro propio camino y un portal, un ojo de aguja a través del cual solo vosotros podéis entrar.

Por tanto, en cierto sentido, estás aparentemente solo. Debes tomar la decisión de desear, por encima de todo, despertar al perfecto recuerdo de tu unión con Dios –igual que una ola puede finalmente decidir que no ha sido concebida para tenerle miedo a ser una ola, sino para reclamar verdaderamente su individuación, para reclamar su ser único, y para vivir eso plenamente. Y para, en esa plenitud, decidir descubrir una manera de discernir su unión infinita con el mismo océano, para así, de cierta manera, romper con la autoidentificación miope que la hace verse como un pequeño pedazo de ola que, surgida en un lugar o un tiempo determinados, solo dura un segundo y desaparece; y para encontrar entonces una manera de trascender esa limitación y ser reidentificada con la consciencia de que tú eres Uno con la Profundidad del Mar –con el vivo discernimiento de esa Unidad. Y todo ello para que podáis operar no ya desde el nivel superficial de discernimiento, que podría ser considerado la espuma en la punta de la ola (lo que llamáis mente consciente o egoica), sino para que seáis informados en todo lo que habláis, hacéis, en todo lo que creáis y en todo lo que percibís… por aquello que yace en la mismísima Infinita Profundidad del Propio Océano.

Imagínate entonces extrayendo de un manantial, dentro de ti, que no parece tener fondo ni lados, y a través del cual algo brota desde lugares ignotos, y en los que tu atención literal consciente, tu discernimiento consciente, parece estar coloreado con una Radiante Luz que te deja literalmente con el sentimiento de que no eres el cuerpo-mente o la historia personal con la cual te has identificado hasta ahora, sino que todas esas cosas son solo temporales, o son solo efectos transitorios y muy impersonales de un cierto nivel de deseo, en tu alma, que es una y la misma cosa que el Amor de Dios expresándose a Sí Mismo, y sin otro motivo que el hecho de que el Amor no puede hacer otra cosa que extenderse.

Imagínate trascendiendo tu miedo a tu propia supervivencia porque, a medida que consideras tu cuerpo-mente, ahora ves que ya no estás identificado como tal cuerpo-mente; pues esas cosas en realidad ahora se han convertido en instrumentos a ser utilizados por el Amor que yace en la Mente de Dios; y, entonces, tú vives, aunque no ya como tú mismo, sino como el Cristo que mora en tanto que . Esta es una experiencia muy real, que puede vivirse. Es decir, no es solo filosofía, no es solo un concepto, y nunca puede ser un dogma. Se da pues una especie de traducción mística en la profundidad del alma, una traducción que es, en Verdad, meramente un desplazamiento del lugar donde percibes que está el sentido y la fuente para tu identidad. Y esa energía, la energía que se requiere para trasladarte desde la miope autocontracción en la que te has identificado con las pequeñas gotas de espuma que salen de la punta de la ola, vapuleado por un poder que parece estar fuera de ti, hacia una sensación de identificación con la Silenciosa Profundidad del Océano que está presente por todos lados y que parece no conocer comienzo ni fin… la mismísima energía que te llevará desde la punta de la ola a la Profundidad del Océano… que es la energía del deseo.

Porque te digo con claridad que si el Padre no hubiera deseado extender Amor, tú nunca hubieras podido surgir a la existencia. Tu propio sentido de discernimiento del yo es el resultado, es el efecto, del Amor. Un amor que es el mismísimo Amor que ha concebido el sol y la luna, y todas las estrellas y cada dimensión de la Creación. Ese mismo Amor, que deseó la extensión para ese Amor, es la propia Fuente de la cual tú has nacido. El modo en que ahora te reconoces a ti mismo, ese ser, es el efecto del deseo de Dios de extender Amor.

Por tanto, cuando algún día de estos alguien te pregunte, “oh, ¿quién eres?”, por favor, no les digas un nombre. No digas,

Bien, sí, nací en una cierta localidad de cierta parte del planeta.

No les digas que eres un Demócrata o un Republicano, o comunista, ateo o católico. Diles la Verdad:

¿Quién soy? Soy la extensión del Amor en la forma. Nunca he nacido y nunca probaré la muerte. Soy infinito y eterno. Resplandezco como lo hace un haz de luz solar. Soy el efecto del Amor de Dios. Y estoy ante ti para amarte.

Ahora bien, ¡esto hará que se levanten algunas cejas! Y también transformará tu mundo. Porque es el momento de dejar de buscar a Cristo fuera y comenzar a elegir asumir la responsabilidad de ser Cristo encarnado. ¡El deseo lo es todo!

Date un momento justo ahora. Permite que el cuerpo se relaje e imagina que pudieras pasar de ser el actor en la obra de tu vida a ser el director y el productor. Y te sientas en tu laboratorio, tu estudio, y te ves editando la historia de tu vida. Estás mirando todos tus pequeños clips de película. Ves el momento en que naciste, luego el tiempo en que ibas a tu escuela infantil, luego el día en que te enamoraste o en el que decidiste ir al cine por primera vez, o cuando ibas a la escuela superior, o cuando trabajabas, o cuando tuviste otro y otro trabajo más, o el momento en que cambiaste de localidad física. Y mira bien a ver si no es verdad que en cada acción que jamás hayas realizado, en cada decisión que jamás hayas tomado, y tras intentar analizarlas todas por igual, ¿no subyace siempre la energía del deseo?

Pues en Verdad ni siquiera te levantas del sillón para ir a la despensa si no tienes el deseo de comer. Hay algo que te llama hacia un campo de acción, a una expresión de acción. Eso es el deseo. Nadie entra en una relación íntima sin la energía del deseo. Pues… acaso dos personas se han mirado alguna vez y se han dicho,

No siento ningún deseo en absoluto, pero vamos a casarnos, tener niños y fundar una familia.

¡Deseo! El deseo es esa energía que hace que todas las olas de creación nazcan de la profundidad del océano mismo. Y no obstante, ¿quién de entre vosotros no se ha sentido en conflicto con el deseo? ¿A quién no se le ha enseñado que el deseo es el mal? ¿A quién no se le ha dicho que, si quiere ser alguien grande, no desee? ¿A quién no se le ha enseñado que el deseo de cierto confort material es, de cierta forma, un obstáculo en el camino espiritual? Mira bien en tu alma a ver si esto no es cierto. ¿Acaso a veces no le has temido al deseo brotando en ti? Pues bien, al mirar hacia vuestro plano veo que hay muchos que se han visto paralizados de miedo por tan solo desear tomarse un bote de helado. Tanto miedo tenían que, si cedían ante ese deseo, entonces algo en el helado les provocaba una hinchazón en el cuerpo y una parada cerebral; ¡mmm! ¡mmm!

Y, para quienes de entre vosotros se encuentren en una relación íntima –lo que llamáis matrimonio, o un compromiso de algún tipo (parece haber muchos niveles de compromiso en vuestro mundo, cada cual con su propia definición)–: ¿cuántos no habéis tenido la creencia, enseñada por el mundo, de que si sentís una cierta energía de deseo brotando desde dentro de vosotros al mirar a alguien que no sea vuestro compañero, entonces, de cierta manera, habéis pecado contra Dios? Entonces, ¿cuántos de entre vosotros no conocéis la experiencia de intentar gobernar los diez mil caballos, estando completamente seguros de que, si cedíais en sentir deseo, entonces todos se desbocarían… y que así fracasaría el intento de mantener la vida estructurada, rígida y predecible –lo que expresas diciendo que “todo se fue al carajo”? ¡Mmm!

Y no obstante, ¿existirías si Dios le hubiese temido al deseo de crear y de extender amor para formarte, dándote al mismo tiempo una infinita libertad de elección? Sin deseo, mira a tu alrededor… no solo no verías nada, sino que no habría nada con lo que poder ver. Todo es efecto del deseo.

Entonces comienza a entender que el deseo no es malo. No es algo a ser temido, sino a ser dominado. El dominio, la maestría, no es control. Porque el control, la necesidad de control, es un efecto de la energía del miedo, y no del Amor. La maestría o el dominio del deseo viene cuando reconoces que estás a salvo al sentir cualquier tipo de onda de deseo que pueda atravesar tu consciencia, porque decides si actuarás a partir de ella o no –decides si la llevarás al campo de la manifestación. El poder de elección es lo único que nunca te puede ser quitado. Ya lo has dominado perfectamente, porque nada que jamás hayas experimentado ha llegado hasta ti sin tu decisión de permitir que entre en el campo de la manifestación.

Comienza entonces a sentir que el deseo es algo que brota de esa profundidad más allá de ti mismo, y que puede ser contemplado con perfecta inocencia y con el asombro de un niño; y que ese mismo acto de cambiar de actitud, de permitir y darle la bienvenida al deseo, no es algo que te vaya a desviar del camino del despertar, sino que de hecho te llevará de forma vertical, por así decirlo, hacia el Corazón de Dios.

Pues si alguna vez vas a crear tal y como Dios crea, necesitarás sanar tus percepciones conflictivas sobre el deseo. Necesitarás trascender esa energía de miedo.

Hay muchos que me invocan y rezan. No hay ni un solo momento, en vuestro marco temporal, en el que no haya muchas personas, en vuestro plano, en algún lado del planeta, que me estén rezando y que quieran llenar sus corazones de Cristo. Y, no obstante, al mismo tiempo están muertos de miedo ante una energía que necesita moverse, porque han sido enseñados a temer, a suprimir, el deseo.

El deseo es como el Líquido de la Vida que se mueve a través del tallo de la rosa y que permite que los pétalos resplandezcan con un glorioso color. Y cuando bloqueas el flujo del deseo, los pétalos no pueden ser nutridos. Y la muerte comienza a darse –muerte del corazón, del alma… en la cualidad de lo sin vida.

Si caminaras por una de las calles de vuestras ciudades mirando realmente a los ojos de cada persona que te encontraras (y todo el mundo que escucha estas palabras ha tenido esta experiencia), ¿no reconocerías que la muerte parece haber anidado ya en las mentes de muchos que viven –muerte de los sueños, de la esperanza, muerte de la valía, del espíritu de juego, del verdadero poder… muerte de la unión con su Fuente y Creador?

La sanación requiere estar dispuesto a sentir deseo, a verlo como bueno, a verlo como santo. ¿Significará esto que si sientes un deseo, ya nunca va a verse desfigurado por los patrones egoicos de tu mente? Desde luego que no. Siempre existe la posibilidad de que el deseo sea desfigurado para satisfacer las necesidades de la mente egoica en ti. Pero ten por seguro que, si lo hace, entonces, ¿quién lo hizo? ¡Tú! Siempre, dentro de ti, ya reconoces que el deseo es bueno, pero lo suprimes. Siempre, cuando el deseo surge, esas veces en que has permitido que se desfigure y que sirva a las metas del ego, ten por seguro que sabías perfectamente bien lo que estabas haciendo, y que eras el que tomaba las decisiones.

Has aprendido, por tanto, a temerle al deseo, pues este miedo es el efecto de temerte a ti mismo. Y esto es lo que te paraliza. Esto es lo que corta el flujo creativo. Esto es lo que conduce a todo eso que tu mundo reconoce como una multitud de malestares psicológicos –una indisposición a confiar en el propio yo, una indisposición a amarse a sí mismo, la creencia de que el deseo que corre por tu ser es algo malo y oscuro. Si pudieras arrojar todo deseo fuera de tu ser, entonces, podrías mantenerte con el control, y le gustarías a todo el mundo, ya que te habrías adaptado a la pequeñez y a la inferioridad que tan adoradas son en la conciencia humana.

Escucha bien, ahora, el siguiente axioma que nos gustaría darte:

La única relación que tiene algún valor en absoluto es tu relación con Dios, tu Fuente creativa, la profundidad del océano.

Y rápidamente la mente dirá,

¿Y qué pasa con mi compañero, con mis padres, con mis hijos, con el presidente de los Estados Unidos, con el jefe de la oficina de correos?

¡Mmm! Como ejemplos se te ocurrirán un millón de relaciones que seguramente tengan una gran importancia. Mas la única que tiene valor es tu relación con Dios. Porque cuando ella está alineada, todas tus creaciones, todas tus elecciones en tus relaciones y tus elecciones acerca de cómo vas a ser en ellas… todo eso fluirá sin esfuerzo desde ese alineamiento. Por tanto, busca primero el Reino, y todas esas cosas te vendrán por añadidura. No intentes crear una rosa empezando por los pétalos, sino que nutre las raíces, y la flor tendrá que florecer.

Para estar en una relación correcta con tu Creador, es absolutamente necesario corregir tu percepción y tu relación con la energía del deseo. Y eso comienza al dejar que se vaya el juicio que has hecho de él, en cualquiera de sus formas. Porque, de nuevo, solo puedes estar en Amor o en miedo. Solo puedes estar en inocencia o en juicio. El amor y la inocencia son del Reino. El miedo y el juicio son de la ilusión.

Aprende entonces, mediante una simple práctica, a interrumpir los patrones que has aprendido de este mundo ilusorio, de modo tal que sueltes tu juicio contra la energía del deseo. Esto será diferente para cada uno de vosotros dependiendo de dónde comience cada cual. Pero para darte un ejercicio muy simple, cuando te levantas por la mañana y has plantado tus pies firmemente sobre el suelo, date un respiro y pregúntate a ti mismo esta cuestión:

¿Qué quiero justo ahora?

En ese mismo momento la mente dirá,

Bien, estoy demasiado ocupado para saber lo que quiero, tengo que irme a trabajar. Tengo que servir a alguien más. Estoy aquí para satisfacer al mundo. No tengo tiempo para preguntarme a mí mismo lo que quiero.

Recuerda que lo que decretas, es, y todo pensamiento que tengas en la mente se verá reflejado en la naturaleza de tu experiencia.

Así que date un respiro y pregunta,

¿Qué quiero?

Y entonces simplemente date un minuto a ti mismo para observar lo que sea que aparezca en la mente, o incluso lo que se siente en el cuerpo. ¡Oh! ¡Dios me libre! ¡Quizá quieras tener sexo! ¡Oh! ¡Entonces sabrás ya con toda seguridad que no eres un ser “espiritual”! Puedes querer darte una ducha caliente. Puedes querer un vaso de zumo o de agua. Puedes querer cantar, estirarte o respirar. Puedes querer girarte y mirar a tu amante o compañero que aún duerme en la cama. O puedes querer levantarte y deslizarte hacia la habitación de los niños para mirar cómo duermen. Puedes querer sentarte y leer el periódico. Pero la cuestión aquí está en darse cuenta de que, al preguntar una cuestión así, hay algo que responderá en ti. Y cuando venga esa respuesta, date cuenta de que viene con un sentimiento asociado, con una cualidad que hace que tus células canten, aunque solo sea un poquito. Esa es la energía, el elixir de la Vida, llamado deseo.

En este único minuto, no necesitas ponerte a actuar, sino simplemente observa:

Ah, ¿qué quiero? Tomar una ducha caliente.

El sentimiento del pensamiento, o el pensamiento que emite el sentimiento en el cuerpo, “quiero tomar una ducha caliente”, es transportado por el elixir del deseo. Y el deseo viene de una profundidad de tu ser que, te digo de nuevo, descansa justo al lado del Rostro de Dios. ¿Y no sería el caso que, si siguieras ese deseo que brota de tu corazón, sintiéndolo, acogiéndolo, podrías aprender y descubrir qué es lo que el Océano desea expresar a través de la ola que tú eres? Y si juzgas el deseo, ¿no podrías estar cortando así el flujo creativo que la Mente de Dios desea expresar?

Desde luego que ese es el problema. Has anudado la manguera con un nudo hecho de juicios conflictivos. Y la idea, ahora, es comenzar –de una manera simple– a darte a ti mismo permiso para sentir deseo, a permitirlo incluso en las células de tu cuerpo, a observarlo, notarlo, a reunirse con él.

He aquí algo que es muy común en tu mundo (sé honesto contigo mismo): ¿cuántas veces has sentido el deseo de ser rico? Se supone que esto no es algo de lo que se hable mucho o que se haga muy público:

Tío, ¡esta mañana me desperté imaginando que tenía tantas monedas de oro que podía comprar todo el planeta! ¡Oh! “El dinero es la raíz de todo mal”. No puedo pensar así. Bien, mejor me mantendré ocupado y saldré a la oficina a trabajar, aunque secretamente pienso en mi interior resentido que en realidad ahí no me pagan todo lo que mi alma se merece. Pero haré como si todo fuera bien. Oh, ¿dinero? No. Estoy muy bien. Realmente tengo lo suficiente, y… no, no, realmente estoy muy bien.

Y entonces, según vuelves a casa conduciendo y un Mercedes Benz te adelanta rápidamente, no puedes dejar de pensar,

Dios, desearía poder tener uno de esos. Oh, ¡Dios! No puedo pensar eso, así que conduciré mi viejo Volkswagen por esta carretera, pues estoy siendo una persona muy buena y muy espiritual.

Sed honestos con vosotros mismos: ¿cuántas veces habéis sentido brotando de dentro de vosotros el deseo de ser ricos? ¿Qué hay que os haya provocado tenerle miedo a ese deseo? ¿Qué ha hecho que anudarais la manguera de modo tal que tratarais de bloquearla para que ese deseo no llegara a la manifestación? Quizás, cuando eras un niño, fuiste a una catedral y allí había alguien con un largo vestido, subido a una plataforma. Y allí, como todo parecía ser tan hermoso, él seguramente debía estar hablando con mucha autoridad. Y como esta catedral está repleta de todo un conjunto de pequeñas mentes que viven todas en su propio nivel de miedo, cuando esa voz habló y dijo, “el dinero es la raíz de todo mal”, pensaste,

Oh, bien, esa es la verdad. Oh, sí. Esa es la verdad. Oh sí, Oh, Dios, mejor temerle al dinero.

¡Mmm!

Os digo, solo tenéis una Autoridad, y nunca está en ninguna oficina o iglesia, organización o individuo. ¡Tu Autoridad es la Voz que habla por Dios, y que mora en tu corazón y en tu mente! Dios no está limitado, y no requiere que sus Criaturas lo estén. Porque si quisieras recibir todo lo que Dios te quiere dar, entonces decidirías levantarte y ser la ola más grande que puedas ser. Porque solo haciendo eso honras a tu Creador.

Así que podrías decir que Dios es como un sabio jardinero que constantemente trata de hacer crecer bellas rosas. Sabe exactamente cuánto abono poner en el suelo. Sabe cómo hacer para que esos nutrientes suban desde el suelo por las raíces hasta el corazón del tallo de la flor, para imprimirle un color radiante de tal modo que todo el mundo que mire se vea tocado por el misterio de la belleza. Y Dios se sorprende,

Bien, es interesante. Esas rosas que he creado parecen tener mente propia. A medida que el elixir que intento darles sube por los tallos, ellas se atan a sí mismas con pequeños nudos, y solo les llega un poco de ese elixir; así que los pétalos nunca florecen plenamente.

¿Has tenido alguna vez la sensación de que estás poniendo más energía en permanecer contraído que en permitir la expansión?

El deseo es creación. Por tanto, lo que deseas es de la mayor importancia. Si quieres tomar este pequeño ejercicio que te hemos dado y comenzar a ponerlo en práctica, de una manera muy simple, y de una manera calmada, comenzarás a ponerte en contacto de nuevo con la inocencia y la belleza del movimiento del deseo. Puedes deleitarte en él. Cuando tengas un pensamiento sexual, un deseo sexual, ¿por qué no simplemente estar con él? ¿Por qué no notar lo que provoca que suceda en el cuerpo? ¿Cómo cambia tu respiración? ¿Va el corazón más rápido? Sé honesto contigo mismo, ¿no esboza una sonrisa en tu cara? ¿Qué pasa si decides acoger honestamente ese efecto como algo perfectamente inocente y hermoso? ¿Cómo podría cambiar tu día si no reprimieras el discernimiento del deseo sexual? Notarás que no estamos diciendo que debas ir por la calle agarrándote a todo cuerpo que pase cerca de ti. Decimos que te permitas a ti mismo el abrazo viviente de la energía que precisamente esté moviéndose a través de tu ser.

¿Por qué es importante esto? Si has decidido que hay ciertas energías que son demoníacas, malas, que tienen el poder de desviarte de tu unión con Dios, ya has decidido entonces que hay algo que está más allá del alcance de tu poder. Y eso es lo que te des-empodera. Y así, tomas una energía inocente y la conviertes en un monstruo que debe ser temido a cualquier precio.

Mas os digo a vosotros que la transformación mística que os lleva desde sentiros como una des-empoderada gota de espuma en el filo de la ola, hasta la sensación de libertad y de vida empoderada que fluye de la Mente de Dios a través vuestro… y para expresar solo bellas creaciones llenas de majestad, de poder y de milagros… lo que te lleva de A a B… es estar dispuesto a cambiar de actitud para observar las mismísimas energías que se mueven a través de la mente y el cuerpo, y no para temerlas, sino para contemplarlas con inocencia y maravilla. Y esta es la fuente de todos los mitos que han sido narrados en todas las culturas: el caballero que somete al dragón, besando a la bestia salvaje en la mejilla, convirtiéndola así en un amoroso, amoroso compañero. Vuestros monstruos son lo que teméis y reprimís debido a los juicios que habéis aprendido en el mundo. Y el mundo es solo la negación o rechazo del Reino. Es justo lo opuesto a la Verdad.

Así, ves, si estás sentado en una de tus catedrales y todo el mundo está diciendo,

Oh, claro, la sexualidad, ¡algo muy malo! Te alejará de Dios.

Entonces de inmediato debes darte cuenta de que si todos aquí le temen a la sexualidad, en realidad debe ser Divina, y así,

Quizás haría bien en acogerla, amarla, dominarla, y no temerla.

Si alguien te dice,

El dinero es la raíz de todo mal,

y entonces alarga su mano y dice,

¿Podrías por favor hacer una donación a nuestra organización?…

¿no es esto acaso una expresión de conflicto? Y no obstante, tal conflicto inunda las religiones y los dogmas de vuestro mundo:

No desees el dinero. No desees riqueza. Por otra parte, para mantener esta emisora de radio en realidad necesitamos que hagas una donación.

¿Qué están tratando de enseñarte? ¿Qué están negando?

Sexo y dinero. Cosas muy básicas, ¿no? Representan energías que fluyen desde la Mente de Dios, que quieren expresarse con alegría y poder ilimitados, y que no están dispuestas a conformarse con limitaciones de ningún tipo.

Cuando la tierra fue concebida por la Santa Mente de Dios y tomó su propia forma y se convirtió en una entidad igual que tú, Dios no dijo,

Bien, este es un planeta muy bello, pero solo puedo tener un sistema solar, solo uno, justo a la medida de esta Tierra.

No, sino que, más bien, desde el gozo, Dios permitió que se dieran más y más sistemas solares, el nacimiento de miles de soles a cada instante… como campos en los que esas bellas joyas que son los planetas pudieran girar. ¡Eso es verdadera creación! ¿Y qué cualidad de sistema solar habrás decidido permitir que exista, para que el planeta de tu propio discernimiento pueda girar, vivir y expresarse?

¡Ah, deseo! El deseo lo es todo. Y de nuevo, el simple ejercicio que te hemos dado comenzará a liberar los bloqueos dentro, y redescubrirás la inocencia del deseo. Y entonces, puedes comenzar a desarrollarte en él, a tomarte unos breves instantes para aprender a vivir deliberadamente.

¿Qué quiero realmente?

Porque, ves, como tu mente brilla como un rayo de luz solar desde la Mente de Dios, cuando uses tu consciencia para relajarte en la inocencia de la cuestión, “¿qué es lo que realmente quiero?”, “¿qué hay en mi corazón que sigue llamándome, que me sigue impulsando?”, te vendrán imágenes, sentimientos. Y os digo que estos serán expresiones de –y hablaremos con los símbolos que entendéis en vuestro mundo– lo que Dios quiere traer a través de ti,

Oh, cada vez que miro en mi corazón, y cada vez que me permito sentirlo, lo que realmente quiero es… rodear a la gente con mis brazos. Quiero permitir que la gente sepa lo mucho que les amo.

¿Por qué temer tal deseo?

Es tan abrumador… No sé cómo será aceptado.

¿A quién le importa si serás aceptado? Lo que importa es cómo tú te aceptas a ti mismo.

¿Qué pasa si sintiendo ese deseo comienzan a venirte nuevas imágenes? Y entonces, repentinamente te das cuenta de que… “lo que quiero hacer es unirme al Cuerpo de Paz”, por ejemplo. Quizá sea el caso de que la auténtica vía, la manera a través de la cual aprendes a recibir el gran gozo de permitir que tu Amor vaya al mundo, es justo esa decisión de ir y colocarte en un sistema solar donde puedas girar con tu propio planeta y apuntarte al Cuerpo de Paz. Pero, si le temes al deseo, ¿cómo vas a poder jamás reconocer esas cosas?

Oh, ¡cuando me pongo en contacto con mi corazón, y cuando me permito a mí mismo sentir…!

¿Qué sucede al preguntarte esa cuestión?

Quiero tener tanta riqueza… ¡Oh! Y veo el pensamiento que dice que “oh, ¡no! La riqueza es mala”. Pero lo que quiero hacer es… quiero ser capaz de llegar a cada niño hambriento del planeta y alimentarlo. Por eso es que quiero ser rico.

¿No podría ser que el deseo de alimentar al mundo fuera el deseo de Dios de hablar a través de ti para utilizarte de tal manera que se efectúe una transformación en tu planeta? ¿Puedes ver que al bloquear el sentimiento del deseo podrías estar precisamente bloqueándote a ti mismo el poder escuchar aquello por lo que has implorado una y otra vez?

Padre, revélame Tu propósito para mí.

Sientes el deseo y dices,

¡ops! Pero primero… excúsame, Padre… antes tengo que liberarme de este deseo.

El deseo en el corazón es donde descubrirás la línea telefónica que te enlaza con la Voluntad de Dios que querría ser expresada a través de ti. Y si no confías en el deseo, estás diciendo, literalmente, que has decidido no confiar en tu Creador. Mmm… cosa esta que es algo digno de ser recapacitado. Sanando el conflicto en torno al deseo, ahora que sabes lo que verdaderamente es, aprendes a ser paciente contigo mismo.

Ahora, vamos con algo que nos sirve a modo de segundo ejercicio; y sugerimos que crees una estructura en la cual esto pueda ser practicado, y que se ajuste a tu propia vida. De nuevo no te tomará más de cinco, diez o quince minutos inicialmente, y quizá tres o cuatro veces por semana. Finalmente, lo harás todo el tiempo porque estarás creando deliberadamente. Por solo diez o quince minutos, aparta tu mundo. Recuerda que no necesitas hacer nada, así que el mundo puede esperar.

Relaja el cuerpo y cierra los ojos. Y puede resultar de gran beneficio permitir que la respiración se haga muy profunda y rítmica; ella relaja el sistema nervioso y seduce al controlador en tu mente, a ese crítico que decide qué pensamientos están bien y cuáles no. Por cierto que el crítico nunca es algo que tú hayas creado. Es algo que permites que viva en tu mente, y que fue fabricado por un conjunto de otras mentes temerosas, padres y profesores.

A medida que relajas el cuerpo y la mente, pregúntate a ti mismo,

¿Qué es lo que realmente quiero?

Y observa las imágenes que vengan, sin juicio. Nota los sentimientos en el cuerpo, y permite que suceda por solo un minuto o dos. Entonces detente, abre los ojos, y escribe todo lo que puedas recordar.

Vi la imagen de tener cuarenta y siete compañeros sexuales.

Vi una imagen de monedas doradas cayendo sobre mí de modo que debía ponerme un paraguas sobre mi cabeza.

Vi enormes boles de helado.

Me vi a mí mismo en un barco en el océano.

Lo que sea que aparezca, escríbelo.

Noto que mi estómago se tensa.

Pensaba que me iba a hacer pis en los pantalones.

Lo que sea, escríbelo.

Entonces, toma una profunda respiración, relájate de nuevo, y repite el proceso. Coloca la mano de modo que descanse sobre el corazón. Respira hacia dentro de él unas pocas veces, y entonces pregunta,

¿Qué deseo realmente?

Y de nuevo permite que el proceso se dé como se dé. Hazlo en un periodo de diez o quince minutos, y tal que lo repitas al menos seis o siete veces, escribiendo.

Toma ese trozo de papel, que quizás forme parte de un “diario”, como podrías llamarlo… y guárdalo hasta el siguiente periodo de ejercicio; y entonces, repite el proceso de nuevo. Y cuando lo hayas hecho siete veces, cuando tengas las siete hojas de papel de cada proceso, entonces, y solo entonces, comienza a mirar atrás, a todas las cosas que surgieron. Y pregúntate a ti mismo,

¿Qué parece estar repitiéndose?

Puedes quizá notar que,

Bueno, tres veces quise un enorme bol de helado, pero entonces ese deseo parecía difuminarse.

Dos veces tuve el deseo de tener cuarenta y siete amantes, pero ahora me doy cuenta de que realmente solo quiero uno.

Sea lo que sea, advierte el patrón, percibe el hilo que parece atravesar de arriba a abajo los periodos de ejercicio. Entonces, imagina que ese hilo es ese enlace energético que se anuda por un lado al pedazo de espuma en el filo de la ola, y que por el otro está anclado a la Profundidad del Océano. Y entonces considera que quizás, si te permitieras moverte por ese hilo, si comenzaras a poner tu energía ahí, si comenzaras a aclarar los obstáculos en tu consciencia que bloquean que ese deseo pueda ser vivido coherentemente, haciendo eso… podrías llevarte a ti mismo desde la gota de espuma en el filo de la ola hasta el Corazón de Dios. Y que, a lo largo del camino, todo lo que no fuera Amor llegaría hasta ti para que pudieras soltarlo. Y que, durante el proceso, podrías ir a través de una metamorfosis que culminaría en ser la encarnación viva del Poder de Cristo –para que tu alma pueda constatar y actualizar esa realización que siempre ha buscado. ¡Mmm! Esto es algo como para tragar bien saliva.

Porque, ves, la razón de que te hayas decidido astutamente a engañarte a ti mismo para poder bloquear la energía del deseo, es que el alma sabe que, si siguieras ese hilo con un compromiso total e incondicional, se vería embarcada en el camino del que hablábamos en una hora anterior, el camino puesto ante ti por Dios, que sabe cómo llevarte a casa.

Y si llegaras al hogar, significaría que tendrías que dejar de ser un buscador. Y tendrías que convertirte en alguien que ha sido encontrado. Y tendrías que levantarte por encima de la masa. Tendrías que abandonar toda tu identificación con la pequeñez. Tendrías que abandonar la necesidad de que los demás te aprueben. Abandonarías el nido de la locura. Habrías resurgido y ocupado tu verdadero lugar a la derecha de Dios. ¿No es ese el temor más profundo que tienes… el de realmente ser la Verdad de quien tú eres: Cristo Encarnado?

Ahora bien, el deseo puede ser muy divertido. Idealmente, una vez que has practicado esto por tu cuenta, pide a tu compañero o a un amigo cercano (incluso puedes querer enseñarles estas cosas que lees o escuchas en esta Vía), pídele… si estaría dispuesto a embarcarse en este proceso contigo, de modo que, quizás una vez por semana, puedas sentarte con él y decir,

¿Qué encontraste esta semana?

Bien, ¡aquí va…!

Se llama desnudarse frente a un amigo. Se llama hacerse vulnerable con otro, encontrar a otro niño para jugar en el Reino, de modo tal que puedas salir al patio de recreo fuera del mundo adulto que dice,

El deseo es malo. Chicos… tened cuidado.

Y comienzas a contemplar lo que es verdadero y real desde un lugar de inocencia. Y comienzas a crear por ti mismo un grupo de apoyo. Y ese grupo quizás pueda crecer hasta tres o cuatro amigos –o incluso diez o veinte– en el cual todos están comprometidos a ponerse contacto con lo que realmente está en ellos, entendiendo el principio de que el deseo es el hilo que enlaza tu alma con el Corazón de Dios. Y Dios solo quiere extender, a través de ti, aquello que expresa Amor en el mundo. Esto es lo que se llama Creación.

Quizás es un proyecto que vale la pena. Pues cuando no te posicionas en la actitud de permitir la acogida del deseo, solo hay otra alternativa: vivir en modo de mera supervivencia. Y cuando eliges la energía de la mera supervivencia, el mundo es tu amo. Ante él te verás obligado a inclinarte una y otra vez, y otra y otra… ¡vida tras vida, tras vida! Serás un esclavo de la locura que parece gobernar este mundo. Y nunca conocerás la paz. Y nunca conocerás el gozo. Y nunca vendrás al hogar. ¡Así de simple! Porque no fuiste creado para marchitarte y morirte en la vid. Fuiste hecho para producir buen fruto en cantidad.

Permite que las raíces sean regadas por el deseo, por encima de todas las cosas, para así convertirte en la realización de lo que Dios tenía en Mente cuando Él respiró en ti el Aliento de la Vida. Y permite que ese Aliento sea recibido a cada momento. Llegarás a comprobar que la única cuestión –la única– por la que necesitas preocuparte es esta:

¿Cuánto de Dios estoy dispuesto a recibir y a permitir que sea expresado a través de mí?

Esto se llama separar el grano de la paja. La paja son los pensamientos del mundo que te querrían hacer creer en la pequeñez. Y eso solo puede derivar en tu sufrimiento perpetuo. El grano es el alimento que da Vida, porque está lleno del Amor de Dios.

Entonces, no le temas al deseo, sino que desea abrazar el deseo. Tócalo, siéntelo, conócelo, danza con él, canta con él, míralo con inocencia. Siéntelo plenamente. Y entonces aprende a discernir, con los métodos que te hemos dado, lo que verdaderamente es el deseo: ese hilo que está atravesando con su brillo todos tus días. Y entonces decide permitir que ese deseo informe tus elecciones, para que así puedas crear una vida que sirva a la realización de ese hilo de deseo.

Ves, yo tuve que hacer lo mismo. Pues comencé a notar que había un hilo de deseo en mi corazón que trataba de crear alguna forma de demostración que fuera tan abrumadora que, a cualquiera que pusiera su atención en ella se le recordaría que hay algo mucho más grande en la vida que vivir para sobrevivir y sobrevivir solo para vivir. E incluso cuando yo era joven, comencé a tener atisbos –que al principio solo eran momentáneos. Algo me estaba impeliendo, me impulsaba. Mas, según aprendía a confiar en el deseo, las imágenes se hacían más y más claras. Y me veía a mí mismo en colinas, rodeado de multitudes. Y me maravillaba por las palabras que salían de mi boca en esos momentos de revelación, cuando todavía era solo un adolescente. Vi atisbos e imágenes de ser amado por millones. Vi imágenes y cosas que no podía ni comprender porque eran literalmente imágenes de lo que estoy haciendo ahora. Y, ¿cómo habría podido yo, un adolescente viviendo en la Judea de hace dos mil años, hallar la manera de comprender el uso de las tecnologías de vuestro mundo moderno, con las cuales comunicar Amor? No tenía sentido para mí. Pero aun así, decidí confiar en ello.

Una parte de ese hilo fue el reconocimiento de que la muerte no es real. Y así, por tanto, debía ser capaz de crear una demostración que lo probara. Ahora, piensa en ello por un momento. Si ese pensamiento fuera a nacer en ti y si intentaras compartirlo con el mundo, ¿no te llamarían loco al osar pensar un pensamiento tan disonante con respecto a todo lo que el mundo cree? Mas, como yo seguí el hilo del deseo, comencé a darme cuenta de que seguía hablándome a mí, día tras día, y semana tras semana. Y quería crecer; quería ser nutrido.

Así que finalmente decidí,

Voy a permitir que ese hilo sea nutrido. Y voy a descubrir adónde me lleva y de qué trata todo esto.

Y adonde me llevó fue a la maestría de la vida y la muerte, al dominio de la sanación, de la consciencia. Me llevó al dominio de mí mismo. Me llevó al hogar, a mi propio Ser Crístico.

Y como seguí ese hilo, hoy puedo hablar contigo. Muchos de vosotros apreciáis lo que he hecho porque me veis como un portavoz de la Verdad. ¿No ha llegado el momento en que vosotros sigáis vuestros propios hilos y os convirtáis, igualmente, en portavoces de la realidad? Porque así como tú has sido enviado hacia , habrá muchos enviados a ti a medida que pasas de ser un buscador a ser un “encontrador”. Pues al ocupar tu lugar correcto, te conviertes en un vehículo a través del cual la Voz que habla por Dios toca creativamente las vidas de una innumerable cantidad de personas con las que puede que tú jamás tengas un encuentro físico.

Fuiste concebido para ser grande. Fuiste concebido para la grandeza, para brillar con tal Luz en este mundo que el mundo recuerde que la Luz es la verdad, y la oscuridad es ilusión. Sé, por tanto, aquello que eres. Y tú eres la Luz del mundo. Y me deleitaré al marchar contigo. Porque si puedo unirme a este, mi querido hermano, para crear esta comunicación, también puedo unirme con quienquiera que elija marchar hacia su propio ser crístico. Y el hilo a seguir es el hilo del deseo.

Por tanto, comienza a mirar hacia la energía del deseo en ti –a separar el grano de la paja– mediante el aprendizaje de, primero, sentirlo por solo un minuto, sin juzgarlo…, y entonces profundizando en ese proceso. Y te aseguro que alcanzarás el punto en que con cada respiración que tengas tomarás contacto con la energía del deseo. Y esa es la única Voz a la que darás autoridad.

Y no serás capaz de seguirle el ritmo a la amorosa creación que quiere expresarse a través de ti. Y te maravillarás con los amigos que llegarán a tu vida, o con los cambios en tu sistema solar, donde gira vuestro planeta. Te maravillarás y te preguntarás cómo puede estar sucediendo todo esto. Y finalmente descubrirás que no eres el fabricante y el ejecutor de tu vida, sino que Dios quiere guiar y hacer Vida a través de ti.

Y entonces conocerás la Verdad que te hace libre:

Por mí mismo, no hago nada. Pero mi Padre, a través de mí, hace todas las cosas, y es muy bueno.

Mantente por tanto en paz. Y desea a gusto. Porque cuando sientes deseo estás regando tus raíces con la energía de la misma Vida. ¡Confía en ello! ¡Abrázalo! Y permite que los pétalos de la rosa florezcan en tu Santo Ser.

Os amamos, y estamos con vosotros. Si solo pudierais ver cuánta ayuda iluminada os rodea en cualquier momento, nunca volveríais a permitir que el miedo a perderos en vuestro deseo saliera victorioso en vuestra mente. Y caminaríais con audacia. Y a cambio, todas las cosas se transformarían en nuevas.

¿Cuánto Amor de Dios estáis dispuestos a recibir?

Y con esto, cerramos diciendo,

Amén.

 

 

17. El secreto de la sucesión. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor

Capítulo 17. El secreto de la sucesión

17.1 Suceder significa ir detrás, y seguir en la línea de herencia. Se trata de un ir detrás que ocurre en el tiempo y en el espacio, en vez de en la verdad. Nunca se trata de uno solo. No se trata de un reemplazo. Llega como una serie interminable, en vez de bajo una forma singular. No se da una auténtica sucesión si existe un corte en la cadena o en la línea de sucesión, pues la auténtica sucesión no se detiene y recomienza, sino que es continua. Leer el resto de esta entrada »

11. El regreso a la Unidad y el final del pensamiento tal y como lo conoces. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor.

Capítulo 11. El regreso a la Unidad y el final del pensamiento tal y como lo conoces

11.1 Aquí no hemos estado hablando del arte del pensamiento, sino del uso del pensamiento. Usas el pensamiento para solucionar problemas, aplicas el pensamiento a enigmas intelectuales, enfocas tus pensamientos para tomar una decisión. Haces listas con tus pensamientos para no olvidar lo que te recuerdan que hagas; organizas tus pensamientos para comunicar eficazmente; tomas nota de tus pensamientos y de los de los demás.

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9. El discernimiento que no procede del pensamiento. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones o revisiones, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor.

Capítulo 9. El discernimiento que no procede del pensamiento

9.1 La puerta que está abierta ante ti es la puerta del discernimiento de lo que es, una puerta que se abre y se cierra sujetada a las bisagras de tus pensamientos. Los pensamientos limitan más que el punto de tu cuerpo, y constituyen un tipo de prisión peor que las de barrotes y muros. Son la razón de que no veas lo que es, y de que continúes deseando que se te proporcionen respuestas fijas. Leer el resto de esta entrada »