Archivo para la etiqueta ‘duda

Protegido: 13. Compartir, y una mejora de tus medios para expresar lo que sabes. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Anuncios

Protegido: 12. El cuerpo y tus pensamientos. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Protegido: Un curso de amor. 27. Ser   Leave a comment

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Protegido: Un curso de amor. 12. El origen de la separación   Leave a comment

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

¿Problemas con los objetivos? El único problema que tenemos con los “objetivos” (lecciones 24-26 de UCDM)   4 comments

imagen corazón en círculo

Volvamos a invitarnos, a auto-invitarnos… al curso de milagros.

Y no como ejercicio “filosófico” o “teológico”… sino como “invitación”, evocación.

Las primeras cruciales lecciones del libro de ejercicios de Un Curso de milagros contienen tres que tratan muy explícitamente de los objetivos, de nuestros intereses… de cómo percibimos el “para qué son las cosas”… el propósito —es decir, lo más elemental acerca del significado.

Hay una lección (25) que simplemente habla del “para qué son las cosas”. Dice que nos digamos que no percibimos el propósito de nada, que no sabemos cuál es el propósito o el “para qué” de nada.

Luego, una lección más allá, podemos decir que se nos da “la clave” para acabar con este asunto tan fundamental y tan engañoso de los objetivos.

¿Para qué hablamos de objetivos?

El único problema que existe con los objetivos es…

Eso… eso… ¡¿cuál es?!

En la lección 24 (No percibo lo que más me conviene – I do not perceive my own best interests), se nos invitaba a mirar la cualidad y la cantidad de objetivos que podamos tener… en la mente… en torno a situaciones vitales no resueltas… que nos provoquen mucho o algo de desasosiego.

Y, rápidamente, en la lección 26, se liquida la cuestión, divinamente 🙂

Ahí vuelve a emplear la receta que empleaba en la lección 24: un cierto auto-análisis mental… pero ahora para que podamos desplazar el enfoque, indirectamente como siempre… hacia “mirar” lo que sentimos.

Esta es para mí la frase clave, impactante:

«este pensamiento es un ataque contra mí mismo».

Esta frase hay que “entenderla” bien, lógicamente —es decir, no hay que entenderla 🙂 , sino “practicarla”, decírsela, como dice en la introducción al libro de ejercicios.

En una lectura rápida, superconfusa, egoica… uno podría entender que lo que le ataca es el hecho de que pueda suceder todo eso que se imagina como suceso desagradable en el mundo, como final posiblemente peligroso, no deseado, de una situación… en este mundo tan aparentemente infernal (donde pueden darse todos esos resultados que no deseamos para las situaciones en que nos vemos envueltos).

Así, uno sigue teniendo puesto el enfoque en el mundo (el efecto)… en vez de tenerlo en su pensamiento “sobre” el mundo (la causa).

Así creemos, entonces, que lo que más tememos es lo que nos puede pasar “fuera”.

Así, uno, una, se separa ilusoriamente de sí mismo… pues, como dice el curso…: “las ideas nunca abandonan su fuente”…, y el mundo es una idea en nuestra mente-Una (es la interpretación, demasiado seria, de una idea loca… en esa “una sola mente” que somos).

Creemos entonces temer todo eso que, al final, puede ocurrir. Y así, entonces, nos colocamos en un estado muy elemental de “víctima”, que superficialmente expresamos a menudo: “ay qué mundo tan injusto”… “ay, que podríamos quedarnos sin eso que tenemos ahora”…, “¿y esa gente qué?”…, etc.

Pero claro está que si se insiste con confianza en el simple “hacer el curso”… en el trabajo lento y confiado, pacientemente respirando con el propio curso… aprendiendo a practicar neutralmente, a contemplar y respirar sus frases… entonces terminaremos permitiendo que esa voz interior que todos tenemos “dentro” nos haga comprender, en algún momento —y obviamente no hace falta ni leer estas palabras, explicaciones… ni ninguna explicación… ni ir a ningún “profesor” o grupo, absolutamente nada (excepto quizá ver los escasos “fallos importantes” que habría en la traducción a la hora de poder comprender).

En esa frase (un ataque contra mí mismo) se ve lo esencial del curso de milagros, en acción…

Uno cree que lo que le tiene intranquilo es el posible desenlace desagradable de la situación en cuestión. Pero lo “malo” es nuestro auto-ataque, es decir, esa culpa (= auto-ataque) que queremos ver fuera, pues no queremos hacernos responsable de ese sentimiento.

Uno ve con miedo los resultados… y así “refuerza el mundo” en su “modo aprisionamiento”. Uno, por tanto, no acepta sin miedo lo que sea… uno no acepta de entrada con inocencia que en un sentido profundo “da igual” lo que pueda ocurrir en el nivel de la forma, ya que ahí no está lo esencial.

Uno, así, le otorga realidad al mundo, y a lo que “le puede le pasar a uno” en el mundo… y todo para no mirar hacia dentro… al miedo… de frente.

Uno no puede mirar inocentemente al mundo… por ejemplo aceptando con inocencia ese posible resultado no deseado (para que pueda irse, para poder soltarlo)… y así uno mira con miedo… y de cierto modo protege el miedo… pues lo achaca al “afuera”.

Creemos que el miedo no tiene que ver con nosotros… que no podemos hacer nada con él… y lo escondemos rápidamente proyectándolo. Al fin y al cabo, como dice la voz del curso, se trata de nuestra creación, y por eso, y por el esfuerzo que nos ha costado fabricar y conservar tanto miedo y tantas consecuencias de este en la forma… nos resulta difícil hacernos cargo de eso… de que es nuestra creación.

Por tanto, usamos esta misma maniobra para aceptar por enésima vez el miedo dentro en la mente, cuando en realidad, si quisiéramos dejar de sufrir y que todo el mundo pueda dejar de sufrir… tenemos que mirar de frente ese miedo para poder soltarlo, no aceptándolo más.

Es decir, usamos por enésima vez el “mundo” para aceptar el miedo dentro de la mente; y así, lo conservamos, creyendo ilusamente que lo alejamos al fantasear… al proyectarlo “fuera” sobre la pantalla del mundo, visto este como separado de nosotros.

Esta “no aceptación”, esta mirada “no inocente”… este rechazo tan profundo e ilusorio de ese miedo que nosotros mismos hemos inventado, y que creemos no poder controlar… nos sirve para reforzar este mundo en su desdicha, en su “voto por el sufrimiento”.

Lo reforzamos al proyectar ese sentimiento de miedo, ese sentimiento que sería todavía más profundo incluso que este mundo.

Y es esta receta la que parece la más adecuada para poder ir logrando cada vez una mayor confusión en la vida, y así, con ella, precisamente podremos ir experimentando tan “malamente” todos esos desenlaces “no deseados”.

Uno cree, por poner un ejemplo facilón, que es la pérdida posible de “un trabajo” lo que le desasosiega. Sin embargo, seguramente sea innegable que en este preciso instante lo que le está creando ese desasosiego es su propio proceso de pensamiento.

Pero… ¡cómo nos encanta martirizarnos, machacar el presente! 🙂 … para así atacar nuestra invulnerabilidad… una vez más… jugando otra vez a ser pequeñitos… carentes…

Y claro, el lema general de esta lección 26:

Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad

Este estado de reforzar el miedo (“inconscientemente”), contra la propia invulnerabilidad… sería el estado de casi todos… ya que estamos todo el santo día en una especie de infierno de fantasías… ahí… “inconscientemente” reciclando miedo… al proyectarlo. 

Y todo esto por habernos creído el mundo… es decir, sus leyes… el sistema de pensamiento (“ego”) que parece estar aquí implementado… pero que solo lo está por nuestro afán de albergarlo “dentro” —en ese auto-engaño tan elemental que venimos aquí a recrear.

En esta lección 26 estamos mirando de frente situaciones desasosegantes en nuestras vidas… con sus posibles desenlaces. Es decir, miramos de frente todos esos resultados que imaginamos y que no nos gustan… todos esos finales infelices o desagradables para esas situaciones algo o muy intranquilizadoras.

Pero, de repente, la práctica acaba con una simple afirmación:

«este pensamiento es un ataque contra mí mismo».

¡Ajá! Es ese pensamiento, ese “estar pensando”, lo que constituye el ataque… y nunca el mundo. Es la mente quien se ataca a sí misma, quien cree que puede atacarse… y así usa los cuerpos, en su demencia, para demostrarse lo indemostrable (su vulnerabilidad).

Una inmensa paja mental, por tanto… es esta en la cual enrolamos todo un mundo… para mayor desdicha de dicho mundo 🙂 (desdicha ilusoria 🙂 ).

Y es que como sabemos… “el mundo” nunca nos hizo nada (¡qué difícil de creer que es esto!). Como sabemos… el mundo nunca le hizo nada a nadie.

Y claro, por supuesto que es por esto por lo que se dice en el libro de ejercicios… mucho más adelante… que:

«el mundo no existe. Este es el principal pensamiento que este curso se propone enseñar»
[en la traducción oficial se decía “básico”, para traducir el inglés “central”… que podemos traducir también por “principal”, “primordial”, “central”, “fundamental”, etc.].

Si el texto del curso habla por tanto de objetivos (cosa que tampoco es que se haga mucho así de explícitamente, aunque el “propósito” sea un tema clave)… sería solo para poder mirar de nuevo hacia dentro… hacia ese miedo en el que se basa este mundo, hacia ese miedo que está tras nuestra habitual confusión, incertidumbre, duda o desconfianza (es decir: auto-ataque = culpa)… en torno a muchas de las situaciones mundanas.

Vemos pues que todas estas cosas (duda, etc.) no tienen nada que ver con “el mundo” sino con nuestra mente, y con cómo esta utiliza el mundo para reciclar su propio auto-ataque (es decir, su “culpa”)…, ya que, aunque no lo parezca, todavía muchos creemos ser la morada del “mal”, las “tinieblas”, y literalmente del “pecado” 🙂  —tal y como el curso nos sugiere… de esa forma que tiene tan “realista” de hablar 🙂 … tan directa… de hablarnos y de describirnos lo que en el fondo creemos acerca de nosotros mismos.