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Potpurrí de noviembre (2018): ¿Muñecos? Lorber y Urantia se complementan. Política y espiritualidad (base)   Leave a comment

(enlace al audio en ivoox)

foto de malva; florEn este episodio de “mezcla” o potpurrí, en el canal de audios y audiotextos “Radio” UnPlanDivino… vamos a comentar tres temas interesantes que nos parecen divertidos o incluso emocionantes (como materia para conversar, sentir…).

Tratamos sobre varias cosas que últimamente nos importan (debido al resto de audios que estoy grabando… con la lectura de los libros de la revelación de Lorber, por ejemplo, etc.):

1. Tratarnos como muñecos
En primer lugar, tenemos el hecho de que nos tratamos como muñecos: nos metemos en muchos campos de radiaciones (wifi, etc.), como si fuéramos muñecos de trapo que se pueden introducir en hornos de microondas, y no pasa nada.
Simplemente hacemos eso… y por lo tanto, con ello no estamos criticando, sino diciendo lo que hacemos.
A raíz de esto, en el audio comento brevemente que el tema de “no identificarnos con el cuerpo” (ni con el planeta, etc.) es para así poder expresar nuestro ser de amor… es decir, es para poder expresar más cuidado, más amor… a través del cuerpo… en el planeta… y lógicamente no es para ser simplemente descuidados o cínicos (aunque en algunas fases quizá casi sea hasta necesario serlo).
Los personajes en la pantalla de un cine cósmico (que es donde estamos), al estar identificados con el personaje, y no con el amor, no pueden tratarse “bien” del todo (ni a sí mismos ni a los demás)*.

2. La complementariedad de la revelación de Lorber y de la del libro de Urantia.
Sobre este tema, nos centramos en un aspecto:
el de la vida consciente como algo que es en realidad una constante en todo el universo.
Los planetas y los astros de todo tipo estarían casi todos habitados, según la revelación de Lorber.
Si eso es cierto, no sería incompatible con el libro de Urantia, cuando este nos revela los astros que nuestra tradición llama “cielos”.
No sería incompatible, porque este último libro se estaría centrando, más bien, en revelarnos los astros “del futuro”… es decir, los que más nos importan, ya que son el marco donde se representará el destino de nuestra personalidad… el marco donde ella podrá seguir su crecimiento.
Son las sedes planetarias artificiales, que, además, según el libro de Urantia, fueron construidas incluso antes de que se desplegara todo el drama evolutivo que vemos por ejemplo aquí en nuestro mundo (en este sistema solar, y en tanto que tal, pues somos altamente dependientes del Sol).
Entonces, el hecho de que los astros evolutivos (incluso el Sol) estén habitados por “formas de poder creativo”, formas de proyección mental… con cuerpos de todo tipo… no es lo más relevante.
Pero, como también comentamos en el audio… si eso es cierto, sí que nos da una especie de aviso, o de puntapié mental… sobre cómo de autoengañados estaríamos en esta matrix de creencias humanas (con toda la manipulación en que consisten en gran medida las teorías básicas que aprendemos y repetimos como loros desde la escuela sobre el universo, el planeta, la Luna, etc…. y lo que dicen los medios oficiales de comunicación, o la NASA, etc.).

3. Política y espiritualidad.
Al final, tratamos sobre un tema básico: la polítíca es intrínsecamente espiritual (pues en el fondo trata del proceso de ir del miedo al amor).
Y la espiritualidad abarca la política (debido a muchos de los conceptos más básicos que aparecen en varias revelaciones… conceptos y observaciones muy simples, y muy aliviadores… y que, en el audio, comentamos un poco para el caso del libro de Urantia).

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Para ver el índice de algunos de estos audios y audiotextos,
en esta web,
acudir a esta página (índice de “textos propios”).

¡Gracias! 🙂

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Notas en asterisco:
*
En este sentido, parece que vivimos en una época donde incluso estarán mutando, de diversas maneras, en diversas líneas de probabilidad… estaran mutando, decíamos, las coordenadas incluso biológicas en las que nos encontramos ahora y en el futuro.

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Intermedio: un poco de sentido común con algo de “filosofía práctica”, “política” y “sociología”   Leave a comment

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Índice:
— El materialismo del sabio
— La política
— ¿Capitalismo? ¿Qué es eso?
— ¿Cómo estamos capturados en “política”?
¿Cómo se traduce la libertad política?
— La inscripción de las relaciones
— Senectud social, senectud personal

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Hay un viejo asunto en “filosofía práctica” que se puede llamar “materialismo del sabio”, como nos cuenta por ejemplo Deleuze.

“Sabio” tiene este primer sentido: simplemente alguien que de entrada busca NO hacerse demasiado infeliz él mismo a sí mismo; es decir, busca no meterse así como así en dificultades e “infelicidades” que le resulten realmente improductivas —”improductivas” no en el sentido de producción económica, sino simplemente por hacernos más “infelices”, por hacernos menos capaces, más tristes. Leer el resto de esta entrada »

Publicado 7 julio, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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Dios es laico (en un mundo por esencia tan “satánico”, Dios primero de todo es laico)   Leave a comment

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[Antes de nada, ¡atención!, aquí el adjetivo “satánico” no conlleva ninguna carga de mala voluntad…, de mala leche…, de condena… pues está usado como un adjetivo tan neutral como pueda ser este otro: “amarillento”.
Y por otra parte no vamos en contra de nada ni de nadie, sino como se verá, más bien lo contrario; no vamos en contra de la religión… las iglesias, etc., ya que pueden ser muy útiles, pues, como ya sabemos… las “formas”, las instituciones… en el fondo son neutrales —el tiempo que ayudan a “dar forma” es neutral, en el fondo)
]

Dios… el Original, o como lo queráis llamar… Dios “quiere” que nos duela lo menos posible todo lo que experimentamos en este embrollo llamado universo, en esto que tenemos montado aquí —”montado”, como se dice por aquí… en este inmenso lío de formas, en el sueño que es el universo… fabricado por nosotros mismos y por la “gloria” de nosotros mismos… en una especie de inmensa paja mental.

Y ¿cómo es que nos lo ponemos tan difícil a nosotros mismos… tanto tanto… que Dios nos tiene que “hablar”, inspirar, en esa su manera constante y que parece indirecta (por ejemplo inspirando ideas, imágenes, sentires, etc.)?

En el blog llevamos a cabo un juego que, para empezar, aparte de ser un juego… sirve de entrada para simplemente “celebrar” 🙂 a las otras miles y miles de civilizaciones que en el universo habrá… y que parecen tenerlo más fácil —digamos que por estar más “centradas” espiritualmente hablando (recordando siempre que, en el fondo, tampoco están separadas de nosotros mismos).

Podríamos intentar explicar (tomando algunas cosas elementales de lo que venimos diciendo) cómo es que nos lo ponemos tan difícil, y más difícil de lo normal, aquí.

Tenemos una especie de receta. Y al principio, en esta receta, compuesta para la fabricación de este mundo, hay una especie de “artículo de fe” muy simple —y digamos que es “la solución para todos nuestros problemas” 🙂 .

Estos son los ingredientes de esta especie de “receta satánica”… ya que eso es lo que parece ser este mundo, pues conlleva tanta “adoración” más o menos inconsciente del miedo…:

1.— la gente tenemos “anhelo de Dios”.
Esto es irremediable, pues en el fondo hemos surgido de un sitio (“cielo”) que no tiene nada que ver con este universo.
Es decir, nuestro creador no es nuestra propia mente, ni por tanto tampoco este nuestro universo de formas… un universo que deriva de los poderes de nuestra una-sola-mente.
Este “otro lugar” de donde surgimos, en la Unidad con nuestro verdadero creador… sería lo único natural, en realidad.
Y este “anhelo de Dios”, tan natural, y del que decíamos que sería lo único natural…, este anhelo… primero “debería” dirigirse hacia dentro… si queremos un “buen funcionamiento” de las cosas… para no desviar precipitadamente su uso (aunque no pasa nada si “desviamos”… pues nuestro verdadero ser permanece sin daño… y solo ocurre que pareceremos sufrir aquí por más tiempo… y ya vemos cómo en gran medida deseamos el sufrimiento).
Y decíamos “hacia dentro”… bueno, sí… hacia esa especie de “altar interior” invisible que todos tenemos… y que puede y quiere guiarnos, pero que no le dejamos hacerlo fácilmente.

2.— Pero claro, quizá sucede que en esta civilización, este “punto 1” de arriba no está nada claro, todavía.
Entonces, lógicamente no hablamos de una forma directa y simple sobre ello… pues se trata de algo que, para empezar, por la mera “lógica” del universo (tan demente), no queremos o podemos aceptar con facilidad… y es algo que, cuando lo aceptamos… lo hacemos quizá algo sesgadamente.
Tenemos entre manos por tanto una “verdad” que da mucho miedo, pues en gran medida es el miedo quien es la madre-padre de este universo.
Por tanto, hemos institucionalizado lo que acabamos de decir: las distorsiones, que se traducen en instituciones… que son más o menos duras o difíciles de experimentar.
¿Qué es lo institucionalizado? Digamos que este desvío o distorsión de nuestros “impulsos milagrosos”.
Y en el fondo este “institucionalizar” no está ni bien ni mal… en principio… pues es lo que hay —sirve para prolongar el tiempo, y por tanto el sufrimiento… pero también para darnos tiempo de superar o vencer al tiempo 🙂 .

3.— Así, como decíamos, en estas sociedades “satánicas” (es decir, cualquiera como la nuestra… tan primitiva espiritualmente hablando…)…, lo que “hacemos” aquí…, al tener esta enorme confusión… es proyectar masivamente nuestro “anhelo divino” sobre otras “esferas”.
Fijémonos quizá en lo que pasó con las instituciones de la realeza, los reyes… el papado…
Pero… hoy nos sigue sucediendo lo mismo, o cosas similares a esas… en un nivel muy importante para toda la civilización… en nuestro pensamiento y con las instituciones en general.
Hoy podemos quizá hablar de cómo tenemos “espiritualizado” el ámbito de la política… y el de la naturaleza —en este sentido malo de “espiritualizar”… donde derivamos la “gloria a Dios” en ámbitos que “se aprovechan” de ello (“estructuralmente”).

¿Y cómo así?

Es que… bien… es que casi no podemos hablar tranquilamente de nada… en este “contexto satánico”…, donde las estructuras inspiran quizá una especie de temor reverencial, parecido quizá al temor asociado a Dios en la religión antigua.

Así que no podemos hablar con tranquilidad y transparencia sobre nuestro mundo… sobre qué medios usaremos para darnos el mayor y verdadero bien… “bien común”.

Y es importantísimo observar que este bien, en realidad, la mayoría de nosotros ni siquiera sabemos o sentimos si realmente lo queremos, individualmente.

Y claro, esa “confusión individual” se refleja en nuestro mundo… sociedad o civilización… porque “el mundo” es casi un perfecto espejo de dicha confusión… albergada ahí dentro, en niveles colosalmente compartidos de la mente humana, en sus creencias elementales (una especie de auto-hostilidad, auto-ataque, culpa… la tradicionalmente asociada al llamado “pecado original”… que es “el gran tema”… el temazo de este universo).

Así, lo que realmente queremos, interiormente… lo hemos materializado en estas líneas de probabilidad para experimentar distorsiones que conllevan la interpretación de “sufrimiento”…, en estas distorsiones que tienen mil y una formas de ser. Con ellas, podemos olvidarnos de que el milagro somos nosotros.

Creemos… al final, y de tanto distorsionar… creemos que todo ese sentimiento, tan “natural” —pero que es natural por no tener nada que ver con este mundo de formas (el relativo a ese altar interior que decíamos)—… creemos que eso tiene algo que ver con “lo de fuera”: con los ídolos políticos… con la política… con “la naturaleza”…

Así, esa “inspiración universal” la terminamos derivando hacia cierta idolatría que al final no nos sienta nada bien… y que realizamos por ejemplo al separar la política y la naturaleza, adorando así diversos agentes en esos ámbitos, por separado.

Así, debido a nuestro afán de “interpretar demasiado” la inspiración… conseguimos al mismo tiempo desenfocarnos, perder la mirada.

Entonces, diciéndolo rápidamente: aplicamos “adoración religiosa” donde no toca.

Al no tener tiempo para nuestro “altar interior”…, portamos esa carga o falta de tiempo, por todos lados… y terminamos buscando fuera lo que no está fuera.

Al final, curiosamente, paradójicamente, quizá el mundo “iría mucho mejor” si fuéramos más inocentes… e hiciéramos caso a las autoridades 🙂 y reserváramos el tiempo para Dios, sinceramente, y como por separado 🙂  , por ejemplo en las iglesias… y luego, en las otras esferas, lleváramos nuestra alegría y claridad mental, “laica”, simplemente 🙂 .

Entonces, vemos que nos lo montamos mal en “política” también debido a ese motivo, quizá “esencial”, explicado arriba.

¿La política? Sí, bueno: la política como la problematización pacífica de cómo podemos o no podemos componer el colectivo de humanos y no-humanos (de quiénes se proponen o no para entrar en el colectivo como actores)… para que se dé o no el crecimiento hacia el mayor bien común, dentro de este nuestro juguete, que es el universo.

Endiosamos estructuras… y endiosamos a los ídolos que colocamos como monigotes o marionetas en tales estructuras.

Y claro, así vemos que nuestra querida e infame oligarquía política está ahí… pareciendo que “se aprovecha” en parte de ello —para su desgracia, porque vaya papelón que tienen… a las “órdenes satánicas” del guión.

Parece que nos lo montábamos igualmente “mal” en nuestro pensamiento sobre “la naturaleza”… y, por tanto, en nuestra defensa de “la naturaleza”… pues ya dijimos que “lo natural” está más bien dentro, hacia adentro… y la naturaleza de ahí “fuera” es algo que también está en realidad fabricado por nosotros mismos… “desde nuestra mente”… y que por tanto nunca estuvo esencialmente separado del otro proceso, del “político”… del proceso de fabricación y re-fabricación nuestra forma de vida humana (“política”).

Y ya acabamos por hoy:

este es un gran tema que parece dilucidarse hoy, bastante claramente, por esos “pensadores” de los que estamos empezando a tratar tímidamente en esta serie (Giorgio Agamben, Bruno Latour, Simone Weil…).

Ellos en parte pertenecen al “ámbito académico”… y son gente inspirada que puede “completar” un poco esos pinitos que hacemos con algunas revelaciones fundamentales del siglo XX (UCDM, Urantia, etc.).

Esta gente inspirada, de ese ámbito más formal, quizá nos va a “ayudar” a ver mejor…

¿Pero a ver qué? Por ejemplo “ver” este proceso de “disolver el tiempo”, que estamos realizando a veces con solo “venir” aquí a “encarnar” 🙂 , en esta ilusoria “graduación” espiritual cósmica que son estas civilizaciones (la nuestra estaría en un grado muy bajo, lo cual tendrá también sus “ventajas” 🙂 ).

Ay, las civilizaciones… ay las humanidades… parece que nos estamos mirando mucho unas a otras… desde siempre… y que nos “visitamos” de muchas maneras… y de forma mucho más “natural” 🙂 de lo que creemos… de planeta en planeta —siempre estuvimos “visitados”, así en la Tierra como en el cielo 🙂 .

Para una constitución no-dualista de la cosa pública: ni valores, ni hechos… primero proceso   1 comment

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Vamos a seguir hablando de la civilización, de forma simple, incluso sobre la ilusión de la evolución en la civilización… y siguiendo con nuestro juego acerca de una nueva Constitución a nivel planetario… una que facilite el abrirnos mejor al cosmos multidimensional y a la Tierra, en una mirada que facilite cierta Paz.

Se trata obviamente de una Constitución no de “leyes”, sino de nuevos “principios” y de conceptos renovadores con los que poder articular bien esos actores humanos y no-humanos que, con sus proposiciones o asociaciones, componen y quieren componer el mundo común en el colectivo * Tierra, y hacia cierto “mayor bien común”.

Por cierto, acabamos de ver que muchas palabras del anterior párrafo dirigían a enlaces. Se trata de una página web donde está recogido el glosario que el célebre antropólogo y filósofo francés Bruno Latour colocó en su texto Políticas de la naturaleza. En ese glosario se expresa su preciosa propuesta de Constitución en el sentido amplio que acabamos de expresar.

[Y esta nueva forma de hablar acerca del mundo quizá vaya a impregnar una nueva serie de textos del blog, más prácticos, en los cuales trataríamos sobre temas de todo tipo usando este enfoque para la paz (cosa que ya se hecho en gran medida por ejemplo al aplicar el lenguaje del “actor-red” o el de “modos de existencia”, en múltiples ámbitos. “Actor-red” es uno de los nombres de referencia para parte de lo tratado por Latour).]

El tema que tratamos en este texto tiene que ver con que ya se está recomponiendo la división tradicional que existía entre:
— sujetos y objetos, es decir,
— entre valores y hechos
— entre Sociedad (política) y Naturaleza (ecología), es decir,
— entre el ámbito de la libertad y el de la necesidad…
…y esta recomposición posible sucede sin que perdamos la sustancia que hay tras todas esas distinciones —que son la misma.

Como ya “sabemos” 🙂 , nosotros en el fondo somos una sola mente, proyectando o conteniendo el universo, jugando al sufrimiento… y tenemos que ir limando esa decisión por sufrir.

La “purificación” o deshacimiento de tal decisión se ha de ir plasmando en todos los ámbitos, aunque tal disolución esté basada en nuestras decisiones particulares, aparentemente “individuales”, con las que individualmente estamos asumiendo la posibilidad de cambiar de opinión acerca del universo y su supuesta intrínseca hostilidad hacia nosotros —una hostilidad que en realidad estaría dentro de nuestra mente, no fuera (no en la sociedad ni tampoco en la enfermedad, etc.).

Así, estas inspiradas visiones globales llegan como descargas de luz, como destilados de nuestra tradición evolutiva de pensamiento, como rayos simples de claridad acerca del pasado y del futuro… y que, también desde el lado académico, se unen a otros textos e ideas inspiradas… con la mirada que recibimos por parte de la “inspiración universal” (eso tradicionalmente llamado “Espíritu Santo”)… con esos otros textos canalizados o inspirados en muchos ámbitos:
— desde los más tradicionalmente religiosos (el papa, etc.),
— hasta los espirituales “New Age”…
— pasando por lo académico en filosofía, sociología… etc.

Resulta, pues, que un “oráculo”… ser un oráculo… es ahora algo mucho más accesible 🙂 … algo que en realidad vamos a devenir todos.

Llamamos “posmodernismo” a nuestra era al parecer porque a grandes rasgos existe un cierto “ataque” contra esa división: “hechos/valores”. Ese ataque se temía que hiciera que perdiéramos aquella sustancia que existe en cada uno de los dos ámbitos (hechos / valores).

El ataque “posmoderno” contra la Constitución moderna se sentía como algo nihilista, inmoral… como un ataque frontal contra algo “esencial” que no podía despreciarse.

Entonces, al posmodernismo se le acusaba de tirar al niño con la bañera y con el agua de baño… es decir, de tirar la sustancia que había tras la distinción hechos/valores (que podríamos hacer sinónima de la distinción: ciencia/ moral).

Nuestra modernidad era, y será todavía, una cierta etapa “civilizatoria”, un procedimiento “civilizador” ciertamente arrasador… por ser en realidad primitivo, “espiritualmente” hablando… y que podemos ver que en gran medida se basa en definir ingenua pero muy eficazmente una clara separación entre hechos y valores, entre objetos y sujetos.

La distinción sujeto/objeto está siendo revisada, superada, “rearticulada”… pero para ser incluida, no simplemente vencida desde torres de marfil… a modo de continuación de la guerra de siempre (la que está implicada en el fondo en la Constitución moderna, con el modo actual de distinguir entre hechos y valores).

Recordemos que el pensamiento es importante, pues nuestra experiencia depende de cómo pensamos sobre lo que nos sucede. Y hay propuestas bellísimas, como hemos visto y como veremos, acerca de nuestro pensamiento, lenguaje y práctica.

La primera propuesta de Latour fue algo muy simple que servía para entender cómo es que vamos a sustituir y podemos sustituir de forma muy liberadora (al menos inicialmente, en nuestra comprensión) esa férrea y “vieja” división entre hechos y valores.

En vez de hablar de esas dos cosas por separado, será necesario hablar de proposiciones.

Para empezar a comprender, desde nuestros conceptos más usuales, estas proposiciones las vemos como asociaciones de actores humanos y de actores no-humanos. Leer el resto de esta entrada »

Introducción al aspecto más práctico de nuestro juego-Constitución para un planeta espiritual-cósmico   1 comment

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En el anterior texto, que trataba de lo que se puede “hacer” en ese juego que iniciamos en el blog acerca de una Constitución Cósmica… dábamos una lluvia de ideas muy básicas, introductorias… con a veces simplemente meros sesgos simplistas… y que surgen en parte de lo poco que nos acordamos de las pajas mentales metafísicas que tuvo G. Agamben, pero que son algo tremendamente interesante… y creo que “importante” *.

En otro texto del que también echaremos mano… hablábamos muy someramente de Simone Weil y por ejemplo de la necesidad de obedecer.

Y seguimos ahora, poco a poco, enlazando brevemente con cosas más pragmáticas, aunque siempre “sabiendo” que nuestra esencia (nuestro “reino”) no es de este mundo… y que por tanto todo va a ser cada vez mejor y más bonito —es decir, como siempre, como quizá diría Leibniz… todo va a ir bien (aunque no lo parezca 🙂 ).

Y es que el mayor Bien parece que viene justamente cuando ya no queremos esencialmente hacer el bien… pues vamos sintiendo más profundamente que estamos en el mundo sin ser de él.

Así, todo puede ser cada vez más “siempre nuevo”.

Ya hablábamos, en El lenguaje de la vida, hace tiempo, de esa enormemente necesaria “sustitución espiritual” que estamos ya realizando… y que se va a dar sí o sí… —aunque ahora parezca que el sistema-mundo capitalista la intenta llevar a cabo “por su cuenta” (“ego”), así como para mostrarnos una especie de auto-engaño.

¿Y cómo realiza al parecer ese autoengaño, nuestro sistema? Pues, entre otras muchas cosas, lo haría al darle la espalda al “cosmos” (a otras civilizaciones más avanzadas espiritualmente)…, a la Tierra, etc.

Y esa sustitución correcta, que expresará la evolución real de nuestra consciencia… es la que tiende a un autogobierno con cada vez menos leyes (no como ahora)… y que dependerá de que los individuos asumamos cada vez más y mejor la “mirada espiritual” hacia dentro… esa tan siempre renovadora… esa mirada que “energiza” y que libera… fundada hace mucho tiempo por aquellas palabras: “mi reino no es de este mundo”.

Así pues, ese “reino de Dios”, prometido, de entrada, por ese “espíritu” que encarnó en la personalidad ejemplar de Jesús… no es más que la expresión de una elección interior, de la elección que hace esto es posible… que elige darse cuenta de que es posible reflejar nuestro reino en esta Tierra… en esta dimensión tan “densa”.

En El lenguaje de la vida, trasladábamos parte del contenido de la revelación titulada Conversaciones con Dios (o libros posteriores de Walsch), y veíamos que:

La triada de:
— moral, justicia y propiedad,
…se sustituirá por la de…
— funcionalidad, adaptabilidad y sostenibilidad.

Pero, todo ello, será una vez que tengamos claro el fin, un fin que no es de este mundo.

¿Por qué hay que esperar eso…, es decir, esperar a sentir claramente eso? Porque, como ya sabemos, y casi perfectamente… el hecho de “funcionar”, de “adaptarse” y “sostener” cualquier cosa… absolutamente cualquier cosa… en este mundo… y CON LAS MIRAS PUESTAS EN ESTE MUNDO… solo nos lleva al desastre —de una forma u otra, individual y colectivamente.

¿Por qué? Sencillamente porque en este mundo no hay nada realmente valioso. Las formas cambiantes, en esta especie de sueño, no contienen en sí nada valioso.

De ahí la importancia del hecho elemental que está tras la fenomenología de toda religión o espiritualidad: lo único que realmente existe es “Dios”, en ese sentido elemental de “existencia” que tanto nos gusta abandonar cuando venimos aquí a la tierra, a creer en la “muerte”.

Esto que acabamos de decir, como ya hemos visto, por fuerza tiene que ser enormemente trascendente para “la política”, en sentido amplio… es decir, con mayúsculas: para la “gestión” de la agonística correcta a llevar a cabo en el planeta y con sus mundos… en una gestión que favorezca las condiciones para “el mayor bien”… en el sentido en que se favorezcan las elecciones interiores por el mayor bien en uno mismo… y por la igualdad de posibilidades en su expresión; es decir, para que dichas “elecciones” puedan tener cauces institucionales que las alimenten y retroalimenten —y dichos cauces puedan ser parcialmente transformados por los propios actores.

Y esto no parece que se pueda hacer hoy sin por ejemplo hacer trasparente el hecho de que:
— existe una aristocracia,
— y por tanto hemos de poder actuar sobre ella para permitir que cambie (para obligar a que obedezca).

Lo malo en parte es que quizá hay que abrirse a la hipótesis de que esta aristocracia, hoy, tendría quizá contacto con seres que a nosotros nos parecerían “extraterrestres” (o “extradimensionales”)… y no sería gente digamos que muy “aristocrática” (no sería, exactamente, un “dechado de virtudes” en el sentido humano 🙂 … no serían, necesariamente, “los mejores” en nada, humanamente hablando).

En cierto sentido, pues, parece hoy “urgente” el ponernos a “problematizar” la aristocracia (este sería uno de los grandes temas de otro gran filósofo francés: Bernard Stiegler).

Volviendo a nuestra “elección espiritual”; ella nos permite realmente elegir dentro lo que sí vale y por tanto usar y realizar esas categorías más funcionales (“adaptabilidad”, etc.) para con ellas poder reflejar nuestra esencia (esa sí, valiosa) en este mundo que, en realidad, no vale nada… y que lo fabricamos literalmente, mentalmente, desde aquello que apoyamos y queremos dentro (o bien miedo, o bien amor).

Pero claro, sucede que esas categorías con pinta tan “funcional” tienen un aire digamos que bastante “automático”… de un cierto “automatismo tecnológico”.

Suenan quizá a terror cibernético… a “totalitarismo” (y esa quizá habría sido una sucia función de los totalitarismos en la historia: ensuciar el lenguaje de la vida).

Así que, entonces, lo que parece que va a ocurrir, y que se hará a la vez o antes de nada… es que “la civilización” se va a librar de las opacidades, es decir, las va a tematizar.

Vamos a poder, por ejemplo, “elegir una aristocracia”.

¿Qué opacidades? Obviamente las relativas a “gobiernos secretos”, o a ciertos automatismos programados parcialmente por “grupos” que aplican “el guión del sistema” (por ejemplo los que planearon el 11-S desde dentro de las cloacas de nuestro sistema, y que están en parte muy a la vista de todos)… o relativas a esos engaños que en gran medida actúan disfrazados de Ciencia (en la economía), etc.

Y claro, esa limpieza o purificación, aparte de que solo puede ser progresiva (no “revolucionaria”, colectivamente hablando, pues cierto tipo de caos siempre es aprovechado por determinada gente), parece que solo puede darse a la vez que se da una cierta “evolución” interior de la conciencia…, dentro de los individuos —pues el proceso de “fuera” simplemente estaría reflejando, en gran medida, el proceso de “dentro”.

Parece pues que “hay que” librarse de esos automatismos cibernéticos con los que tendemos a regularnos como si fuéramos una colonia de insectos.

Y, por tanto, no nos dejaremos engañar por una “tecnología” que intentará hacerlo todo por nosotros.

¿Hacer el qué? Pues “pensar”… “sentir”…, y meramente “estar en el mundo”.

Es como si se estuvieran siguiendo los planes de una especie de “mercado impersonal”… pero que, en realidad, tendría muy poco de impersonal —pues detrás de todo siempre hay un “quién”, siempre hay “actores”, mal que nos pese (pues “el problema” está en que existen muchas dimensiones donde “vive” la consciencia).

Esta “sustitución espiritual” de la que hablamos es algo que está ya muy bien delineado por “sociólogos” y “filósofos” de nuestro tiempo…, muy inspirados ellos…, y que en cierta manera están sentando las bases de una cierta “verdadera representatividad”… en un pensamiento nuevo sobre las instituciones y sobre la articulación de los sistemas para que se dé de forma cada vez más natural una cierta “fertilidad” comunicativa entre estos y todos los estratos sin exclusión (sociales y naturales).

En concreto, tenemos el caso maravilloso de Bruno Latour; es un francés del que pretendemos interesarnos mucho, que rescataremos de nuestra anterior etapa, antes del 2011.

También está la célebre “tradición” 🙂 de pensamiento y de acción sobre “lo común”, en torno a la política respecto a por ejemplo las patentes frente a la “cultura libre”… “software libre”, hardware libre (máquinas libres)… e incluso en las fuentes de energía “libres” y “gratis” que ya están inventadas… pero que chocan frontalmente con nuestra necesidad masoquista de “esforzarnos”.

Igualmente, como ya sabemos, tampoco queremos entender muchos hallazgos en “medicina”… que chocan también contra esa otra “necesidad” nuestra… tan demente ella… pero tan bien compartida por todos… esa necesidad que tan profundamente alberga nuestra “alma”: la necesidad de castigo…, es decir, de deterioro…, de enfermar y de morir “de algo” 🙂 .

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* Este texto en otro blog puede servir de puente entre lo que hay aquí arriba, y algunas ideas del texto en donde hablábamos un poco de Agamben.