Archivo para la etiqueta ‘emociones

Protegido: 10. Paz. Los Tratados de Un curso de amor (I)   Leave a comment

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Anuncios

Protegido: Un curso de amor. 9. El regreso del pródigo   Leave a comment

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

Protegido: Un curso de amor. 8. La separación respecto al cuerpo   1 comment

Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce tu contraseña a continuación:

¿La defensa del ego llamada “sublimación”? (¿necesitamos hablar de “sublimación”?). Los observadores cambian el PROCESO de observación, antes de cambiar lo observado   2 comments

imagen corazón en círculo

Vamos a comentar un texto hallado en facebook, que trata sobre las defensas del ego.

De ellas ya hemos hablado algo por aquí.

¿Por qué lo comentaremos? Porque habla de “sublimación”, y aquí o en otros textos vamos a ver si necesitamos definir por separado esa otra “posible defensa”, aparte de la negación y la proyección… o bien vamos a ver si simplemente necesitamos hablar solamente en el caso en que el ego la use para atacar nuestro “camino” de despertar hacia la realidad.

Quizá podemos decir que con eso que a veces llamaríamos “sublimación” pretendemos “quitarnos realidad”…, así como queriendo evitar el sentir… es decir, el aceptar y dejar pasar nuestros sentimientos… cuando estos hayan de pasar por nosotros sin bloqueos… y si es que no los queremos (como pasa con el miedo).

De todas maneras, para mucha gente —y para mí también— quizá sea muy importante poder hablar claramente de “sublimación” en tanto que posible “gran defensa del ego” —como otro cierto “auto-engaño” más.

¿Qué sería lo esencial de esta “defensa”, si la separamos?

Pues parece que es muy elemental, quizá, y que nos lleva a dirigirnos a la cuestión de…: ¿quién dejamos que use nuestras “capacidades”, nuestros trabajos o tareas que dirían algunos más “sublimes”? ¿Las dejamos siempre “en manos del ego”… o en las del Origen?

¿Con quién juzgamos algo como “mejor”, “peor”?

Así que tenemos detrás la cuestión de siempre: ¿para qué?

¿Para qué hacemos esto que por ejemplo parece “artístico”?

¿Esto que hacemos que tipo de apegos refuerza?

¿Refuerza nuestro sentido de ser especiales?

¿O simplemente nos estamos mostrando a nosotros mismos un mínimo amor o cuidado… que sí que nos sienta bien en este camino del despertar?

Y entonces… ¿esto potencia nuestra “elevación”, en el sentido de facilitarnos “estar mejor”… más lúcidos en este “camino” de “aprender a elegir”… aprender a elegir “nuestros” sentimientos… una vez que vamos discerniendo entre el miedo y “lo otro” —que es aquello que en el fondo aquí no podemos realmente conocer del todo —el amor?

[Abajo del todo va una nota larga* para hablar de las defensas, a modo de introducción.]

Así que ahora intento decir algo sobre “sublimación”… citando el breve texto del que hablábamos, paso a paso:

La tercera defensa es la sublimación. El ego te dice “no sientas”, porque si sientes sufrirás.

Y bien cierto es que no queremos sentir, realmente. No queremos sentir todo lo que de verdad queremos, es decir, nuestros “deseos más profundos”… aquellos que nos hagan o permitan ser más coherentes… más integrados.

Es entonces cuando quizá lo que sí intentamos hacer es “sublimar”… en el mal sentido de sublimación.

Incluso podemos estar haciéndolo con los “caminos espirituales”… y con el curso de milagros mismo… con el cual podemos estar usando las palabras para no ir más allá de estas… para sublimar en el mal sentido de sublimar: para no sentirnos con más y más poder de “gestionar mejor nuestras emociones“, permitiéndonos así cuidar mejor nuestro acceso a la Unidad, de nuestro acceso a ese sentimiento real desde el cual nos damos cuenta de que nosotros “creamos” la experiencia de nuestras vidas.
Leer el resto de esta entrada »

¿Gestionando las emociones?   1 comment

imagen corazón en círculo
Seguimos al hilo de lo que contábamos aquí, pues tratamos de cosas que se comentan en el mismo capítulo de The Way of the Heart…, y a veces parafraseamos o elaboramos algo de ese capítulo —sobre la proyección, negación, perdón, emoción…

En muchas cosas este texto es similar —o casi igual— al curso de milagros… pero, a su manera, es un material muy simpático, concreto…, y digamos que igualmente profundo.

¿Energías? Sí, tenemos una “energía”, digamos… es decir… una “emoción” (con imagen, sin ella… con sensaciones… todo vale).

Ella viene a, o está, en nuestra mente.

Ella parece estar ahí.

Pero, como “sabemos”, todo lo contaminamos con el pasado, así que podríamos decir que esa emoción o imagen-emoción es siempre pasado, recuerdo del pasado.

El presente “puro” es, digamos, sin emoción; la paz, la dicha de nuestro ser verdadero…, más allá del mundo de la percepción… no es algo “emocional” 🙂 .

Ya lo sabemos… claro: si no trajéramos todo el rato el pasado para teñir lo que simplemente es en el ahora… ya nos estaríamos recordando a nosotros mismos como esos seres ya “despiertos” que realmente somos (en esa cierta “expansión de consciencia” que tanto tememos… y siendo este un temor… por cierto… que según parece existe solamente debido a nosotros mismos: a lo que nosotros mismos nos hemos contado sobre nuestro verdadero ser).

Claro, esa emoción, o imagen-emoción, está quizá detonada (CREEMOS que lo está, o queremos creer que lo está)… es quizá detonada… por algo “afuera”…, por algo que hay “afuera”… algo que pasó en ese sitio que interpretamos como estando “fuera” de nosotros (el mundo, los otros… que no son como queremos que sean… y que, precisamente por eso, seguirán pareciéndonos así 🙂 y dándonos motivos para parecerlo… para con ello ofrecernos más y más motivos de proyectar…, de resistirnos).

Entonces, ¿cómo nos podemos dar cuenta de que no sabemos “gestionar” 🙂 esa emoción…, esa nube…, esa imagen-emoción?

Pues lo sabemos rápidamente porque enseguida nos veremos juzgando y juzgando más o menos “sutilmente”… o condenando… o simplemente comparando… lo que sea que tengamos delante nuestro en ese mismo momento (o la imagen interior que sea)… lo que sea que parezca existir “afuera” de “mí” en mi mente o en el mundo (reforzando así, una y otra vez, el sentido falso del “yo”, del “yo separado”).

“Echaremos los balones fuera”… culparemos al afuera —con esto tan célebre que se llama “proyección”… que, como “todos sabemos”… es un asunto mucho más “profundo” de lo que parece.

Y… no nos acordamos de que…, si estamos culpando al “afuera”, es porque, inconscientemente, inadvertidamente… hemos juzgado también, ahora mismo, esa energía que surgió en nuestra mente (es decir, nos hemos juzgado a nosotros mismos (!)).

Juzgando así… negamos nuestra realidad, nuestro verdadero ser.

Pero ese “verdadero” ser… que es, digamos, nuestro “Ser de Luz”… puede transformar toda energía…, puede acabar de inmediato con toda interpretación, “purificando” esa mezcla que tan rápidamente hace nuestra mente.

¿Mezcla? Sabemos que de forma automática y programada interpretamos (ayudándonos del pasado)… lo que experimentamos ahora, en el presente —esas “energías” o emociones que experimentamos en el presente.

Pero podemos “purificar” esas interpretaciones que tan rápidamente “añadimos” al cóctel junto con esa simple energía-emoción… esa que… en el fondo… siempre sería “solo Luz” (pero que, al estar llena de interpretaciones… teñidas de pasado… nos sirve —con nuestra confusa experiencia— para seguir y seguir en la no aceptación de nosotros mismos…, en la auto-condena, en la culpa como auto-ataque… es decir, en la culpa a secas —que es la base o fundamento de este universo de la proyección, como ya sabemos… en la teoría simple y clara del maravilloso Un curso de milagros).

Entonces, como vemos… no queremos aceptar lo que es…, no nos queremos aceptar…… no queremos aceptar esa simple energía que simplemente “viene”…, esa que tenemos ahora. No queremos que lo que ES sea lo que ES, simplemente…, tal cual.

Ese sería el estado de “negación” —de no aceptación de nuestro Ser.

Ese estado nos hace proyectar, todo el rato (y en general… parece que nos hace estar vibrando aquí en esta “dimensión de dualidad”…)…, pues ya nos hemos juzgado dentro… y creemos que nos libramos del juicio acusando a lo de afuera…, o simplemente dando realidad a lo de afuera en tanto que está afuera… en tanto que parece ser realmente separable de nosotros.

Como vemos, nos hemos juzgado antes a nosotros mismos… antes… de juzgar hacia fuera. Con este juzgar hacia fuera, reforzamos la idea de separación.

Debido a que hemos juzgado esa energía en nosotros…, entonces, acto seguido… juzgamos al mundo, pues para eso mismo nos hemos puesto o proyectado todo un mundo —este sueño de mundo.

Como sabemos… los diversos materiales de Yeshua vienen para facilitarnos y para acelerar el proceso de deshacer este círculo vicioso de proyección y negación…, esta confusa mente en la que la emoción y la interpretación siguen haciendo presa en nosotros debido a esa “necesidad cósmica infernal”: la “necesidad” de seguir creyendo en la realidad de la separación.

Aprendiendo a dejar de juzgar (de proyectar) podemos IR ADENTRO, mirar adentro…, e invertir nuestra negación (es decir, como lo dice el curso de milagros: negar la negación —de nuestro Ser).

Si lo queremos decir así……: no sabemos “gestionar” esas emociones fuertes, tan dependientes todas ellas del miedo… tan sin “purificar” todas ellas…, tan llenas de interpretaciones, de pasado.

Pero, para “gestionarlas”, la paradoja es que “no hay que hacer nada”… no hay que esforzarse… hay que saber “detenerse” (cosa bien sutil esta… pues podemos necesitar parar mientras al mismo tiempo seguimos “haciendo” lo que hacíamos)… hay que saber “detenerse”… y decirse, de todo corazón, que existe “otra interpretación”.

Y ni siquiera hace falta “pedir” esa “otra interpretación”…, aunque se puede pedir si no estamos muy estresados. Basta con decirse con confianza que realmente “hay otra interpretación” (“hay otro camino”, “otro modo de hacer”… “otro método”, etc. etc.).

Existe siempre otra interpretación que nos puede ser dada por ese “maestro interior” universal que todos tenemos —aunque éste se manifieste de mil formas… con mil vericuetos y particularidades… quizá… pero sirviendo siempre en un mismo plan divino.

Y es que… ¡ah! ¡Terror terror…! ¡Nunca estuvimos solos!
(pobre del ego 🙂 )

Dirección y encantamiento. La rueda del Tarot y Un Curso de milagros   Leave a comment

Mandala del Tarot; se puede colocar tridimensionalmente, pues los arcanos mayores son la verticalidad frente al movimiento horizontal giratorio del aspa de cuatro brazos que configuran los arcanos menores. Este mandala aparece en el “best-seller” de Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa: La vía del Tarot.
(Enlazado desde howlingfalcon.wordpress.com)

Otro descubrimiento y proceso de “perdón” lo podemos tener con el Tarot.

¿Cómo? Primero entendiendo qué es el “pensamiento simbólico” —de lo que hablaremos un poco ahora— en contraste con los usos más “materialistas” o “banales” que tienen normalmente las cartas de la baraja (de unas barajas que derivan de la del Tarot), o que tienen los símbolos en general (símbolos como los de la astrología, etc.).

Y también entendiendo en segundo lugar qué es lo que supone, simbólicamente hablando, que un sistema como el del Tarot estuviera casi siempre en parte “pervertido” por todo el “uso corriente”, el cual nos provocaba una cierta reacción de inmediato rechazo, a mucha gente, hasta hace poco.

Este uso, digamos más “vulgar”, es uno en el que, fácilmente, los que echaban las cartas, se han podido “aprovechar” del miedo de las personas y de necesidades egoicas como la de conocer “el futuro” —en vez de tomar decisiones bajo la guía de por ejemplo esa alegría y paz que naturalmente somos.

Pero las “víctimas” de ese negocio sabrán, son libres, y tampoco estamos para condenar nada, pues las víctimas y los “perpetradores” en cualquier cuestión están relacionados —en el fondo todos somos libres y actuamos mucho más a sabiendas de lo que nos creemos (como ya hemos hablado mucho por aquí a cuento del curso de milagros y del material de Seth en torno a las creencias).

Cualquier cosa es en realidad usada por defecto por todos nosotros como un engaño; el Tarot no iba a ser una excepción.

Por ejemplo nos engañamos con los cuerpos, creyéndonos inconscientemente “solo cuerpos”, cuando en realidad lo fundamental sería que no somos cuerpos.

Así que no podemos juzgar nada.

El Tarot, simbólicamente hablando, es una imagen en mandala de todo nuestro devenir en el mundo. Es la imagen del “devenir espiritual” que atraviesa el mundo, trascendiendo en vertical la rueda horizontal de cuatro aspas que contiene los cuatro elementos (espadas, copas, oros y bastos —aire, agua, tierra y fuego).

Nos puede acompañar en la vida como sistema ordenado para la intuición, en los momentos de vigilia, para que nos sirva de recordatorio de nuestra realidad más profunda, “simbólica”.

¿Simbólica? Sí, haciendo contraste con la realidad que usualmente ahora asociamos al periodo de vigilia, la más necesariamente “racional”, pero que también está ordenada en realidad como una “realidad” emocional-simbólica. Al “actuar” lo simbólico invocamos las diferentes e infinitas maneras en que los símbolos se llaman entre sí y tienen la capacidad de despertar “capas profundas” de nuestra psique, y en definitiva quizá de ayudar a la unificación o re-mezcla entre nuestros yoes: los yoes de los sueños… los de la vigilia —calmando o renovando así la separación ilusoria entre “oscuridad” y “luz”, esa separación que tanto exacerbamos en el devenir “objetivista” y disociado de nuestro mundo.

El Tarot se puede colocar como vemos en la fotografía y también tridimensionalmente (leer el pie de foto).

El Tarot nos sirve de espejo para nosotros mismos, pues no somos cuerpos, solo lo parece (en un grandioso truco con el que defendemos al ego sin prácticamente darnos cuenta hasta que despertamos). No somos cuerpos, y nuestra mente en realidad contiene todo el universo. Es decir, nuestra consciencia es anterior al universo, es más vieja que este “lugar” donde principalmente ahora nuestra “alma” parece venir a despertar del sueño de separación con respecto a Dios, descargando lastre.

Jodorowsky es un lector de Tarot, entre otras cosas. Él lo usa por ejemplo para empezar consultas “genealógicas”, para romper el hielo, es decir —quizá, creo— para facilitar el “trance” a veces necesario, o simplemente para entablar un pequeño o gran “diálogo” que dirija al consultante hacia sí mismo, hacia las respuestas que la persona que pide ayuda contiene en sí misma.

Como dice Jodorowsky, el Tarot es fundamentalmente una herramienta que le facilita la misma tarea que en general tiene el Tarot como símbolo global: la de hacer de espejo de nosotros mismos, ya que como dijimos, aquí todos por igual contenemos el universo por entero. En este caso es como si el lector (Jodorowsky), y el Tarot, sirvieran de espejo para las proyecciones del consultante, de la persona en busca de algo.

Buscamos pantallas y medios para verificar la unión de las consciencias en sentido amplio, es decir, de los inconscientes involucrados. En esa unión pueden aparecer cambios útiles en las mentes de “médico” y “paciente”, de lector y consultante, etc. Da igual el medio, da casi igual el tipo de práctica, de pareja o grupo sanador (no hay grados de dificultad en los milagros, como posibles cambios de percepción). Y esta búsqueda de la compenetración a un nivel profundo verificando nuestra unión mental y usándola con buen propósito ocurre en toda terapia, aunque obviamente no se diga así.

Entonces el Tarot supongo que podríamos decir que es un medio para llamar a la “descarga” de “utilidad” por parte de una mente que quiere integrarse, es decir, “sanar” en general… “uniéndose” con otra mente para ello.

Dice Camoin que el Tarot pudo ser obra de María Magdalena y su círculo; María, al parecer, tal y como “sabemos” por los materiales en torno a Un Curso de milagros, alcanzó el mismo nivel de iluminación que Jesús. Quizá podríamos decir entonces que María Magdalena se estaría “reencarnando” fuertemente en la humanidad con nuestro actual redescubrimiento del Tarot, con la bella popularización y restauración realizada por Camoin-Jodorowsky-Costa-etc., en este principio de la “nueva era”.

Del mismo modo, paralelamente a esa “reencarnación metafórica” de María en su obra, podríamos decir que Un Curso de milagros “reencarna” a Jesús. Lo hace de forma digamos “popular”, ya que populariza un mensaje simple y muy completo pero muy difícil de aceptar, y que nos pretende unir con nuestra parte inocente, interior, hacia el despertar. El mensaje es puramente no-dualista, y, así, está parcialmente en armonía con las diversas tradiciones mundiales que ya contienen desde hace mucho tiempo mensajes no-dualistas —en los núcleos profundos de las principales corrientes místico-religiosas.

El mensaje del curso es el que podríamos decir que Jesús hubiera querido transmitir idealmente en su tiempo, hace 2000 años, donde todos estábamos todavía menos habituados a hablar de “proyecciones de la mente”, de abstracción y demás (ahora, en el cine por ejemplo, y tras la canalización de Seth, se habla mucho de universos probables, o tenemos películas como Matrix…, etc.…, y en “ciencia” y filosofía se lleva hablando mucho tiempo de por ejemplo la relación observador-observado… etc.).

Es decir, Jesús popularizó este dictado interno que realizó gracias a Helen Schucman y su compañero Bill Thetford en una universidad de Nueva York, un dictado que contiene una serie de conceptos “realistas” para deshacer todo nuestro “realismo” :), es decir, toda nuestra “necesidad de concepto”, y así poder volver al “corazón”.

Este dictado del curso contiene una especie de no-teología (de anti-filosofía y en parte “anti”-teología) y es un discurso que anima a una práctica esencial: a practicar el simple regreso a Dios, al Amor que somos, que sería lo único real, en la mente, pidiendo siempre otra percepción para todo, o al menos estando dispuestos a decirnos que “hay otra percepción para esto”, en cada situación.

De ahí la importancia del “realismo” anti-mágico que es el medio en el que nos bañamos aún. Este “realismo” puede revertirse rápidamente y ser usado por completo en contra de sí mismo, para así poder ser “elevado” —puesto que si solo Dios es real, como algún día todos sentiremos, entonces resulta que todo nuestro uso del “concepto de realidad” queda movido en su misma base (como por otra parte siempre sucede parcialmente en los procesos donde nos inspiramos y conectamos con “algo más”, algo que nos arrebata más o menos).

De vuelta en vuelta

Haciendo un poco una primera mezcla entre nuestras intuiciones del curso y cosas similares… y lo que leemos en Jodorowsky… el ciclo del mandala del Tarot podríamos verlo como dirección —de dirigir o guiar— en el sentido levógiro. En el dextrógiro sería así como de encantamiento (en ese movimiento mágico-masturbatorio que es el universo, para nuestras mentes que, para seguir nutriendo la ficción de la individualidad, están siempre ansiosas por hacer real la separación).

El intelecto “es” las espadas. Y un ejemplo en este ámbito de las espadas es la creencia o “juicio” de que es posible separarse de Dios, una creencia que ahora está difractada en los universos, en todas las aparentes separaciones que vemos entre nuestros cuerpos y todos los demás que parecen poblar “el universo”.

El intelecto “dirige” lo emocional (copas/agua, el siguiente “palo” en la rueda del Tarot, en sentido levógiro). Es decir, en este ejemplo tan general que hemos puesto ahora mismo: el intelecto (creencia en la separación) dirige la fabricación de miedo —de miedo inventado por nosotros mismos, miedo a Dios, que fue el motor de este y otros “universos”.

La creencia, como cajita directora, se llena (se “encanta”) de miedo que, dentro, se difracta en millones de emociones que disimulan el hecho de tener en realidad una única causa (haber elegido la separación con respecto a la Fuente en la mente, y creer que era posible).

Quedamos pues encantados con tanto despiste, queremos quedar “eternamente” despistados en la magia de tanto encantamiento masturbatorio (pues el universo nunca salió de nuestra mente). Y así, nos “masturbamos” constantemente por ejemplo con la idea de que es posible combinar eternidad con tiempo, conservar las dos (véanse las ideas de la inmortalidad del cuerpo, etc.). Esto es lo que el curso llama “magia”. Queremos hacer eterno el miedo, mirando para otro lado ante el “hecho” demente de que no le tengamos miedo al miedo.

El círculo con dos infinitos de la mandorla que rodea una María que podría ser María Magdalena es la carta final de los arcanos, coincidente con el siglo XXI

El círculo de la mandorla “azul espiritual” contiene en sus extremos dos infinitos (bandas amarillas) y rodea a una mujer que sería, según Camoin, María Magdalena. Esta es la carta 21, la carta final de los arcanos mayores, coincidente con el siglo XXI (algo más que una coincidencia, al parecer)

Podríamos decir que el “encantamiento dextrógiro”, ese proceso de rellenado masturbatorio hacia atrás (copas > espadas > bastos > oros), por una parte no permite que nos demos cuenta de que todo viene levógiramente :), de que todo procede de una idea falsa interpretada erróneamente (la idea de la separación de Dios). Por otra parte nos da juego, y quizá es lo que en parte permite que aquí nada permanezca.

Seguimos con la rueda

Probemos a seguir con esta tentativa de ponerle nombres a los dos movimientos, de dirección y encantamiento, de esos dos movimientos en el aspa de los cuatro elementos.

Las copas —el agua, “lo emocional”— debe dirigir de cierta manera a los oros —la tierra, la corporalidad o materialidad.

¡Claro que sí!

Y la materia a su vez “encanta”, despista y vuelve a “despertar”, mundanamente hablando, con mil colores y matices, a lo emocional de las copas “rojo pasión”.

Los oros amarillos materiales de la tierra deben dirigir lo creativo-sexual de la verde exuberancia de los bastos-fuego. Y sí, lógicamente, dicha creatividad debe encajar en una materialidad limitada, ya hecha, que pueda dirigirla en sus límites. Como primer ejemplo obvio de ello: no somos creativo-sexuales de forma coherente hasta que pasa un tiempo en nuestra crianza como cuerpos físicos o bien cuerpos entrenados culturalmente, “cuerpos culturales”…, y, así, podemos sentirnos “enamorados”, inspirados, de forma más o menos “útil”, en el infierno o “prisión” que por defecto quiso ser esta rueda universal, la de los cuatro elementos de nuestra psique.

¿Y cómo a su vez los bastos-fuego —lo creativo-sexual— “encantan” a lo material-corporal? Es obvio.

Finalmente, Leer el resto de esta entrada »

La astucia en el trato con el propio cuerpo. El poder del desvío. La elección. Feldenkrais: ¿la “desprogramación parcial” del ataque basal o “conflicto básico” mediante el cuerpo? «Hay elección» es el mensaje universal-“terapéutico”   Leave a comment

playing a game, de yewenyi, en Flickr

Índice: 

– Introducción: algo muy básico sobre artes marciales y Feldenkrais
– El ataque es fundamental
– La jerarquía en el no-problema del cuerpo y la mente

____
__

No he practicado artes marciales, pero por lo que parece se trata de aprovechar el ataque —o la “energía” de un supuesto ataque— del contrincante, para que éste se derrote a sí mismo.

Es decir, es una especie de transmutación donde la “violencia”, o lo que al principio puede parecer violencia del contrincante (afán de “destruir por destruir”) se convierte en casi nada al ser contrastada con cierta inteligente “agresividad natural” de quien se defiende —que quiere más bien componerse con el contrincante y “usarle” como medio para alcanzar el resultado que sea “mejor para los dos”.

Aquí vamos a hablar de la técnica corporal de Feldenkrais —que sí he practicado en su modalidad grupal, y que “me han practicado” un poco en su modalidad “a dúo”. Vamos a comentar sobre ella teniendo en mente este ataque imaginado en las “artes marciales” 🙂

Antes, aclaremos algo todavía más global sobre eso que llamamos “espiritualidad”: podríamos resumir la base de cualquier “trabajo espiritual” de la misma forma en que lo hemos hecho ahora mismo:

aprovechar aquello que nos (auto-)derrotaba, para ahora con ello nutrir el movimiento de una cierta “expansión de nuestra consciencia”.

Con ello, nuestra “felicidad real” va a verse automáticamente nutrida por el hecho de que —con ese nuestro “trabajo”— vamos a comprobar que “podemos ganar todos a la vez”, pues siempre existen salidas virtuosas para todo. En esas salidas podemos ganar todos (ver nota para ampliar* sobre esto).

Así que se trata de aprovechar el movimiento constante de auto-ataque en el que vivimos (ese que nos hicimos durante toda la vida casi sin darnos cuenta) y que quizá ahora o en algún momento hemos podido percibir más claramente.

Ese movimiento es todo aquello que nos hizo “daño” y que podemos aprovechar usando esa misma energía que nos dañaba (y que mantenía las “secuelas”) para con ella revertir el proceso, por así decirlo.

Este “proceso” lo podríamos llamar “deshacimiento del ego”, es decir, en general: de las inversiones “narcisistas” que tenemos en todo aquello que es de todas maneras hoy “nuestro asunto”, nuestro quehacer —sean cuales sean nuestro quehaceres (ver nota sobre el ego **).

En definitiva, hemos descrito improvisadamente “la filosofía” de las artes marciales tal que así: nos rendimos a un “bien mayor”, en un cierto arte del desvío y de la composición de fuerzas e intenciones, haciendo que el contrincante (y nosotros con él) se rinda en una especie de “todo” mayor, o en un “bien mayor” y englobante (en realidad, partimos de la base de que, aunque no lo parezca y no nos lo creamos, siempre todo confabula hacia lo mejor en cualquier situación —si nos dejamos, ya que si miramos honestamente nuestras vidas normalmente los obstáculos los hemos puesto nosotros mismos).

Se trata por tanto de que en esa situación “marcial” inventada, debemos controlar el mantenernos abiertos, en una cierta apertura en la situación. Buscamos abrirnos para que se pueda componer algo “mejor” a través de todos nuestros movimientos —y otros ingredientes—, en una composición que además buscará parecer muy espontánea.

Esto es también en cierto sentido la esencia del verdadero perdón, como actitud “sabia” en todas las situaciones de la vida (ver anteriores artículos, por ejemplo donde perdonábamos los accidentes).

Por cierto, que al igual que en Feldenkrais, sucede que en este ataque imaginado hay un actor en escena, un gran actor secundario importantísimo: el suelo. Así nos dejamos llevar habiendo quizá aprendido ciertas técnicas de “lucha” que faciliten ese fluir y con el fin de que las consecuencias del ataque sean “las menos malas” para todos los “participantes”.

La filosofía del método Feldenkrais, del que ya empezamos a hablar aquí en el blog, se dirige hacia esto mismo, pero aplicado incluso solo a uno mismo, uno consigo mismo (algo incluso para añadir a “la filosofía de vida”, si queréis decirlo así).

Ahora bien, todo esto sobre el ataque imaginado no era anecdótico, pues:

El ataque es fundamental

El cuerpo propio, el de cada uno, siempre se está atacando a sí mismo, en el sentido de ponerse límites que ya no tocan, que están a contratiempo, desacompasadamente. Mejor dicho: nuestra mente utiliza el cuerpo para terminar atacándonos nosotros a nosotros mismos. ¿Cómo? Haciendo sobre-esfuerzos, incorporando lo que se llaman “vicios” a lo largo de la vida, inadvertidamente, y en casi todos los movimientos. Leer el resto de esta entrada »