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La necesidad de instituir un “permiso” para ser padre/madre   2 comments

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parque

Otro de los rasgos más tragicómicos de nuestra sociedad quizá sea el de que no tenemos una educación profunda y divertida para los “futuros padres” en torno a lo que conllevan los niños.

Y el ambiente que absorben los niños de pequeños es muy importante (literalmente lo absorben).

Esto es tragicómico porque es como una inmensa muestra de masoquismo generalizado, relacionado quizá con esa extraña frase hecha que dice que “el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Es tragicómico tener un “carnet” o permiso de conducir automóviles, y no tenerlo para los hijos.

Y es que estamos viviendo una gran mentira, porque nosotros no somos animales, es decir, nuestro entorno no es directamente “natural” o “biológico”, sino cultural. Es decir, no salimos de nuestra guarida y nos comemos lo primero que nos encontramos por ahí, como hacen básicamente los animales.

Nosotros interaccionamos primero con un entorno de ideas materializadas e instituciones, y de gran parte de la humanidad casi literalmente se podría decir que “come dinero”.

Igualmente, por eso mismo, si queremos que las cosas funcionen con alegría, armonía, abundancia… no debemos dejar que los padres tengan hijos como los tienen los animales, es decir, “espontáneamente”.

Si queremos vivir en paz no nos podemos engañar: lo humano no es “espontáneo” en ese sentido.

Para nuestro estado humano lo “natural” sería que hubiera mucha comunicación en torno a la crianza, es decir, que los padres tengan una educación profunda, divertida, amable… sobre lo que significa la crianza, el amor, etc., pues, como hemos dicho, está demostrado incluso “científicamente” que los primeros años de los niños son fundamentales*.

Es decir, no hablamos de aplicar prohibiciones o restricciones, como las que creo que hay explícitamente en China en cuanto al número máximo de hijos… sino que hablamos de “saberes”, de sabiduría… es decir, de comunicación amable sobre la realidad de los sentimientos y de las necesidades de los niños y de las personas cercanas a los niños en general. Leer el resto de esta entrada »

Identificarse para protegerse de lo que nos lanzan mentalmente “los demás”: el acto mediante el que conseguimos “no ser nosotros mismos”, y con el que nos provocamos muchas enfermedades   1 comment

Este artículo, leído (y un poco comentado), en este enlace y botón de audio:
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seta

Hay un par de curiosas sesiones breves de Seth (52 y 53), donde apenas puede hablar a través de Jane, y se tiene que despedir muy pronto, pues Jane tiene un intenso dolor en el cuello (para leerlas en formato texto, ir al índice de Seth donde está enlazado también el pdf).

Seth, en la sesión 52, termina dando algunas pinceladas más sobre los modos y los motivos por los que nos provocamos a nosotros mismos las enfermedades.

Al final, Seth tiene la oportunidad de contar, en esa sesión (y curiosamente lo cuenta a través del mismo subconsciente -el de Jane- que en ese momento se está provocando esa dolencia… 🙂 )… tiene la oportunidad de contar… algunas de las razones por las que es ella misma quien se provoca la dolencia.

Lo que cuenta Seth tiene que ver al final con cómo sucede que, en la vida, “conseguimos” no ser nosotros mismos… es decir, tiene que ver con cómo “usamos” a los demás para no ser nosotros mismos… mientras vamos viviendo la vida sin querer “sanarlo” todo.

En este caso, el dolor de cuello de Jane le sirve a ella para identificarse “de forma subconsciente” con su madre, con quien tiene cierta relación conflictiva.

Es decir, para facilitar esa identificación con su madre, Jane utiliza un dolor de cuello que la sintoniza con su madre, pues esta había estado postrada en cama muchos años y con dolores parecidos.

Una vez que Jane se identifica así con su madre (usando entre otras cosas ese dolor)… una vez que se identifica “mágicamente” así… puede entonces evitar (o eso cree, eso creemos todos cuando lo hacemos)… puede evitar… las proyecciones que percibe que su madre “dispara” contra ella, pues efectivamente la madre de Jane acusaba a su hija, a Jane, de ser la causa de su artritis, desde el parto (cosa que le reprochó de hecho en alguna ocasión).

Así que en vez de responsabilizarnos del dolor y de las proyecciones, nos identificamos con el otro para ponernos en su lugar (por ejemplo en su lugar de “enfermo”), y así intentar evitar las proyecciones que vienen de él, que nos lanza… pues una vez que en nuestra imaginación “somos el otro” (por ejemplo gracias a ese dolor de cuello), entonces parece que ya no nos van a poder llegar las “flechas” que salen de ese otro ser que nos odia, o que nos acusa… etc.

Así es que nos intentamos librar mágicamente de las flechas o las proyecciones que ese “otro” nos lanza.

Pero al final, como vemos, lo único que conseguimos así es no ser nosotros mismos. Leer el resto de esta entrada »

Día 2. Acéptate a ti Mismo. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Diálogos de Un curso de amor

Día 2. Acéptate a ti Mismo

2.1 Aceptarte a ti Mismo significa aceptarme a mí. Aceptarte a ti Mismo significa aceptar tu herencia. Ahora es el momento de alcanzar la plena aceptación del yo humano, además de la del Yo de la unidad. Es el momento de la fusión final de los dos en un único Ser, el Yo elevado de la forma. Leer el resto de esta entrada »

Solo los bebés tienen primero derechos, los adultos primero tienen obligaciones, deberes. Un preludio para nuestra Constitución espiritual de una civilización universal :)   Leave a comment

imagen corazón en círculo

De cómo esta sociedad está cruelmente infantilizada

¿Visteis qué curioso? Un bebé, es decir, “alguien” totalmente “infante”, que no tiene voz en la sociedad adulta… no tiene absolutamente ninguna obligación… ningún deber; solo “derechos”.

Y qué derechos tan curiosos, estos… estos que le damos naturalmente al bebé… este respeto elemental… pues en realidad estos “derechos” no están digamos que muy codificados por la “sociedad adulta” —quizá no mucho más allá del mero respeto a la vida que “surge”.

De esos cuidados elementales (“deberes”, o respeto hacia él) que parece requerir un bebé, quizá no se habla mucho… o no se habla nada, de forma oficial.

Y quizá habría una especie de asimetría brutal, pues sí que parece que hablamos y que legislamos mucho sobre los derechos de los ya adultos.

Digamos que “los bebés” tienen “derechos naturales”…, fundados en las “divinas” y naturales costumbres de, sobre todo, las madres… o de quienes ejerzan de “madre” —ya que digamos que también podemos ser casi “madres”, o bien complementar y ayudar muy bien en esa tarea, aquellos del sexo débil masculino (o, como se sabe, también algunos animales han criado a algún bebé humano).

Nuestra sociedad, quizá desgraciadamente, creo que podríamos decir que no basa su derecho, no funda su “derecho”, en esa costumbre digamos que “más natural” de “lo maternal” (cosa que no parece muy factible en este estado de cosas)… sino que nos fundamos de cierto modo en lo que ya está muy individualizado y muy codificado en las costumbres “adultas”.

Y, como señala mucha gente… con todo esto del “derecho” tendríamos una especie de problema: cuando uno tiene “derecho” a algo… es como si aquello a lo que se tiene derecho dejara de ser visto como algo natural, esencial, intocable.

En el momento en que pasa al terreno del “me puedo quejar” de ello socialmente… pasaríamos a menudo así como a “perder” algo… a perder una especie de “esencia relacional”.

Imaginemos una foto, una foto de una situación estrambótica: una manifestación de bebés de un año de edad… todos con sus pancartas… y reclamando el derecho a la vida.

Algo que pasa a ser “derecho”, parece que pasa a entrar en el terreno de las leyes y los juegos de una sociedad adulta, tan loca como esta.

Y así, quizá pasa a añadir más madera al problema del fuego que son las palabras… al problema consistente en que, cuando “los adultos” empezamos a hablar mucho de algo… en este estado tan primitivo de la civilización… y, como de hecho no sabemos para qué sirven primero y realmente las palabras (para separar y reforzar la separación percibida)… entonces… parece que todo lo “estropeamos” —es decir, dejamos de sentir la esencia relacional y universal de muchas cosas “naturales”.

Una cosa que quizá antes se diera “gratis”, o de forma “natural”… como la confianza… si la pasamos al terreno del “derecho”… puede que necesite ser regulada por códigos y más códigos en una sociedad que a todas luces vemos que es demente… y que por tanto la puede “destrozar”.

Con ese paso, entonces, quizá lo único que terminamos haciendo a menudo es llevar esa cosa natural a la apisonadora de nuestra demencia social —demencia que se ve ilustrada quizá por cómo esta sociedad parece estar fundada en eso que llamaríamos el “beneficio por el beneficio”… e incluso casi en la mera usura, casi sacralizada.

Por otra parte, en este blog nos vamos a ver metidos, o ya lo estamos desde los textos sobre Relación (ver índice)… en una especie de juego, que tiene que ver con cierta “Constitución espiritual de la civilización”.

Esto es por meternos en camisas de once varas… y en honor a que en este universo hay tropecientas civilizaciones “más avanzadas espiritualmente” que nosotros… intrigantes civilizaciones… y que nos han visitado y “ayudado” mucho… en el buen sentido de “ayudar”… no solo en el sentido de “deslumbrar irresponsablemente”, pues seguramente tuvieron mucho que ver en los “problemas” o en los simples “impulsos” que pudieron constituir a veces los llamados “dioses”.

Simone Weil escribió algo que después se titularía Echar raíces, pero que se tituló algo así como: Preludio a una declaración de los deberes hacia el ser humano.

Ahí, diciéndolo rápido, incidía fuertemente en que debíamos hablar más y primero de obligaciones que de derechos.

Y la pregunta que nos podemos hacer para empezar… que quizá necesito releer muchas veces… es*:

¿Cómo conseguimos… es decir, cuántas toneladas de esfuerzo y “sufrimiento” nos cuesta fabricar una sociedad como esta, donde la natural expresión del deber maternal o parental hacia un bebé… esa relación materno-filial (que es una esforzada pero amable obligación, llena de tanta responsabilidad por parte de una madre, de un padre, un cuidador… y llena de tanta confianza natural por parte de un bebé “indefenso”)… no se expande con cierta naturalidad o continuidad… para así poder convertirse en lo que inunde… lo que permee toda nuestra sociedad… toda nuestra “sustancia relacional”?

Nuestras instituciones socio-culturales… ¿cómo y para qué llenan ese “espacio” aparentemente vacío entre responsabilidad y confianza?

¿Qué pasaría si nos preguntásemos… al considerar o al pensar cualquier institución… al mirarla de frente crudamente… al considerar sin miedo toda relación que necesariamente como “colectivo humano” establecemos cuando incluimos, más o menos inercialmente, a otros “actores” en nuestro juego “colectivo”…, a otros actores susceptibles o no de transformar a su vez nuestras relaciones (digamos “ecológicamente”, etc.)… qué pasaría… decíamos… si nos preguntáramos y si nos diéramos las herramientas para poder hablar del tipo de “distorsiones” que digamos introduce nuestra institución para llenar ese espacio… con nuestra forma ya inventada de incluir otras relaciones?

¿Cómo son esas distorsiones que introducen nuestras instituciones en esa otra relación o espacio tan natural y tan aparentemente “simétrico”, en ese espacio entre la responsabilidad y la confianza que parecen “empezar” en ese terreno fértil y tan “obvio” del más elemental cuidado a un niño, en nuestro “natural” llegar al mundo… a un mundo donde terminamos a menudo siendo meramente “carne de cañón”?

El hogar parece algo absolutamente esencial, y de lo cual no hablamos (¿para bien y para mal? ¿O mejor no hablar nunca de ello?).

A veces parece que estas cualidades de relación de las que hablábamos —o “valores”— solo los podemos aprender bien en “el hogar”: confianza, honestidad, responsabilidad.

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* y obviamente parece una pregunta digamos que “heurística“.

Los niños no quieren realmente a sus padres. Un Curso de milagros y la educación. Wapnick también dice esto: «no podemos querer a alguien que tiene lo que nos falta»   5 comments

children’s day por M@rg, en Flickr

«Toda relación entre dos seres humanos aparentemente separados, ha sido fabricada fuera del tiempo y el espacio simplemente al habernos decidido por el ego. Toda relación está siempre fabricada en tanto que ataque, y tal que la culpa y el pecado no sean vistos en nuestras propias mentes sino fuera de nosotros, reforzando así la creencia en la separación y la victimización
(Traducción libre de una parte de la respuesta a la cuestión 172 en la serie de “preguntas y respuestas” de la fundación y editorial que publica oficialmente Un Curso de milagros.)
(Podemos por tanto traer este tema del curso: en realidad solo hay una relación real (la nuestra con el Amor-Dios).
Todas las demás “relaciones” fueron diseñadas por nuestra mente, en principio y por defecto, con el fin de sustituir a la única relación que es real (creyendo además que así la atacábamos). Las relaciones especiales, que sustituyen a la única relación real, serían por tanto el reflejo del “hecho” de que este mundo lo hemos configurado, desde el principio, como un ataque imaginario a Dios, contra nuestra realidad inmortal compartida con Él en el Cielo.)

Aquí, abajo del todo, traduciremos a Wapnick en dos pequeños pasajes de su texto Parents and Children. En esos pasajes él explicará más sobre lo que hemos dicho en el título (recomendamos ir a leerlos ya, pues al estar desplazados hacia la derecha, son fácilmente localizables).

En la visión del curso comprenderemos que es natural decir que el amor no puede ser algo condicionado, condicional.

Esto de por sí no nos tiene por qué entristecer (al ver que en realidad aquí todo el “amor” es, por así decirlo, “falso”), sino lo contrario. De hecho más bien podríamos alegrarnos por el “hecho” de que el amor no sea algo de este mundo —no en realidad. Por este motivo en realidad podemos “vivir”, como experiencia profunda, en esta vida, que todo esto realmente “tiene solución”. ¿Por qué? Porque podemos sentir que nada es realmente un problema, aunque sentir eso “de verdad” (sentir una auténtica paz interior) puede “costarnos” normalmente toda una vida de práctica mental, de liberación de nuestro auto-ataque.

Si el amor es condicional, es decir, si está ligado a alguna “necesidad”, entonces no se trata de amor, sino de odio camuflado hacia nosotros mismos. Y este odio en las formas puede tener un aspecto “políticamente correcto”, o incluso a veces “divertido”, pero da igual.

¿Por qué es odio a nosotros mismos? Vernos carentes y necesitados es en realidad odiar nuestro verdadero ser. Vernos así supone un ataque en nuestra muy poderosa y compartida mente, que es de donde surge en el fondo “la realidad” (aunque no lo creamos).

Nos vemos necesitados de por ejemplo “amor”, y vamos a buscarlo “fuera”.

El verdadero amor, el incondicional (¡qué difícil!), siempre se acompaña de un sentir liberador, con dicha y paz. Y es que en “comunión” sentimos que no hay realmente nada afuera de nosotros.

Así, como dirá Wapnick abajo, los niños no quieren realmente a sus padres: los necesitan. Y el amor mezclado con necesidad no es amor.

Claro que esto es casi siempre así, y por tanto no es nada más que otra cosa más “a perdonar”, a perdonarnos a nosotros mismos. Pero expresarlo así, quizá tan “tajantemente”… es algo que nos puede producir enfado, de acuerdo. Y sin embargo, el decirlo así sería de lo más útil y liberador a la hora de no engañarnos demasiado con el motivo para el que en realidad proyectamos este mundo, estos universos.

Ningún rol (de niños, padres, etc.) es capaz de amar desde su “ser rol”, desde su papel egoico: papel de niños, de padres. Los roles se necesitan entre sí para proyectar sus carencias, y como roles, no aman. El amor se ama a sí mismo desde más allá de nuestras imaginaciones, proyecciones, expectativas, prejuicios, inercias, disposiciones. Por tanto, podemos decir —a la par que decimos que los niños no aman a sus padres— que, en todo caso, en momentos donde brilla el amor… insistamos…: es “el Amor” quien se ama a sí mismo a través nuestro, cuando nos abrimos a ese movimiento natural e “impersonal” que es el de despertar de todo rol —un movimiento que realmente es el que protege todo esto que se quiso que fuera “solo infierno”, el infierno que hemos construido, el de estos cuerpos separados.

Y todo esto es como siempre algo muy práctico: es para tener las cosas claras, ya que la mente es muy importante. Así, ganamos ánimos para poder permitirnos ser personas más bondadosas e igualitarias.

Y es que precisamente ocurre que —como tan bien lo explicaba también Feldenkrais, en su texto “El poder del yo”—: no somos realmente adultos “maduros” responsables hasta que no desligamos:
— la sustancia emocional
— con respecto a todas esas relaciones de dependencia que en el mundo de la forma hemos tenido inevitablemente que aceptar (sobre todo en los contextos de nuestra infancia).

Es decir, nuestro ser emocional se tiene que desligar de cómo nos han visto los demás, pues ese “cómo nos han visto” lo hemos aceptado inconsciente y chantajistamente nosotros mismos, nos lo hemos marcado más o menos “a fuego”.

Así, aceptamos el “cómo nos ven”, y con ello nos vemos inconscientemente bajo luces diferentes a la nuestra (con lo cual en realidad nos estaremos atacando, a nosotros mismos). Esto solo provoca que machaquemos nuestro presente con un pasado imaginario que creemos que aún tiene efectos sobre nosotros…, o con expectativas: “lo que debo ser”. Este pensamiento sobre el “deber” siempre llevará mezclados futuro y pasado, de una forma ilusoriamente dañina para nuestra mente, nuestro presente (donde somos libres de elegir nuestro verdadero Ser de Amor, que nos dirige hacia el Amor real).

Ese “cómo nos ven los demás” se trata de, por así decirlo, unas “gafas perceptivas” —tal y como viene a sugerir la Voz del curso en ‘el mensaje a Bill’ cuando habla de “vernos bajo otras luces”, las de las percepciones de los demás, del pasado.

Con esas “gafas” los demás nos percibían, y, entonces, nosotros aceptamos esos juicios o creencias, las aceptamos como “nuestras”, porque estamos en dependencia, y ese es el trato que hacemos: aceptamos las percepciones de nuestros padres como primer instrumento para entrar en el mundo, para empezar a ser egos en el enésimo ciclo del ego.

Esas gafas perceptivas las aceptamos pues, en nosotros, bajo el chantaje de la dependencia, un chantaje autoimpuesto (pues nosotros elegimos todo en otro nivel: hemos elegido nuestros padres, o una vida más, etc.).

Ese chantaje, de niños, nos lo autoimponemos además de esta forma: inevitablemente guiados por la idea de carencia, debilidad, que va práctica e indisolublemente implementada en este ser físico (cuerpo) tan tremendamente necesitado, incapaz (de bebés, de niños).

El contexto regulador de las formas concretas que adoptarán tales carencias en esta vida —que nos tocará experimentar en esta vida particular— será el contexto que nos den unos padres muy concretos (o tutores, o tribus, etc.): los que hayamos elegido para esta vida (es decir, en realidad somos nosotros a nosotros mismos quienes nos damos, a través de los intermediarios-padres, el contexto —o película o guión— donde aprender).

Ahora veremos más de este comentario de Wapnick, tan aclarador como siempre, pues trata de forma simple y liberadora sobre todo esto. Ahí dirá textualmente lo que hemos dicho en el título del texto. Wapnick es el principal comentarista del curso de milagros; la voz que dictó el curso a través de Helen le señaló como quien se iba a encargar de enseñar y llevar el mensaje.

Así, es importante no engañarnos rápidamente con cosas como “todo es amor”, o con “no hay que hacer nada más que ser el amor que ya somos”. Sí, somos amor, pero esa lección es para toda la vida, en una vida de “vigilancia” de nuestra mente, de vigilancia o cuidado no “represivos”, que estén dispuestos a mirar el miedo de frente.

Sí, somos amor, pero para realmente poder sentirlo se requiere de nosotros un cierto esfuerzo mental, de forma consistente, a lo largo de la vida. Se requiere que nos miremos para poder efectuar una cierta generalización o transferencia, en nuestra percepción, pues el amor no entiende de límites, de excepciones. Se requiere pues un esfuerzo de ese que no se ve, y al que no se nos puede obligar de ninguna manera. Se requiere que de cierta forma estemos dispuestos a mirar sin juicio todas las consecuencias del miedo en nuestra vida y en la del resto del universo, cuando se nos presenten… dispuestos a atravesar el miedo o “la oscuridad” para que así realmente ésta pueda disolverse de forma natural en nuestra luz interior —cuando estamos siquiera dispuestos a entregar tal oscuridad.

La cosa es tan simple que, como ya sabemos, al ego le da miedo.

El pequeño texto que citaremos —Parents and Children: Our Most Difficult Lesson (en dos pequeños tomos que llamaremos I y II: P&C.I, y P&C.II)— es un texto sobre el curso de milagros y las relaciones parentales —el mismo que traducíamos sobre ‘el mensaje a Bill’.

En el encuentro que dio lugar al texto había sesiones de preguntas y respuestas sobre este tema, sesiones que ocupan una buena parte de estos escritos. En una de dichas sesiones (p. 88), de donde sacamos el título, Wapnick dice así (el subrayado es mío):

«…si es cierto que es imposible amar a alguien de quien crees necesitar algo, no es realista creer que los niños pueden realmente amar a sus padres. Pueden amarlos solamente cuando ya no los vean como padres, sino como “hermanos”. Por otra parte, desear que los niños nos amen es parte del juego de especialismo del ego: quiero que mis niños me quieran porque eso significa que soy un buen padre, lo que quiere decir que soy una buena persona. Por tanto, la única razón por la que necesito que me quieran es porque no creo ser un buen padre, y, ciertamente, tampoco creo ser una buena persona. Así que esto se trata siempre de amor especial, ya que se enfoca solo en nosotros mismos.»

Solo podemos realmente querer a alguien cuando lo vemos como un igual (ver el anterior tema que tratábamos sobre abolir diferencias), que es a lo que se refiere a ver los padres como hermanos: como iguales de los que no necesitamos nada. Leer el resto de esta entrada »

Tercer índice del blog: De naves especiales, a naves espaciales   Leave a comment

De wikipedia (Chechevere wikipedia)

(Otros índices:  y )

Índice del tercer índice del blog (de marzo a noviembre del 2012):

— Varios. De especiales a espaciales…
— Ahora a repasar UCDM (Un Curso de milagros)
— Seth (siempre haciendo lo posible por enmarcarlo dentro del no-dualismo puro de UCDM)
— Sobre cuidados, terapias e inmundicias personales
— Noticias

Varios: de especiales a espaciales…

En el camino de vuelta a Dios (la Fuente, Amor, como se diga…)…, a la “eternidad”…, de la cual en realidad al parecer nunca salimos… y de la cual al parecer huimos aterrorizados (más bien huimos de nuestro propio pensamiento sobre ello, y no de ello en sí)… “ahí”, al parecer… debía ser que lo que nos pasaba es que… tachán…… ¡se estaba demasiado bien! :).

— ¡Pero qué tontos!
— Sí, un poco.

Y es que ocurre… entonces… que hemos salido, o nos hemos hecho… de natural… “masocas”, sí, como lo oyen.

Así que en este camino, sin distancia, nos estamos tornando espaciales…, viniendo de ser, claro está, especiales. Qué cosas, y vaya toalla.

Y mientras, nos hemos inventado nosotros mismos todos los miedos y muchos tipos de monstruitos, que por supuesto, afortunada y verdaderamente, existen, por feos que parezcan (y con ello, así, podemos “perdonar”, en sentido amplio, todito tipo de “pensamiento” 🙂 ).

Nuestra “genética”, nuestra historia, parece ser algo mucho más diverso de lo que creemos: tendríamos guardadas sorpresas, incluso via genes, que nos unen con toda consciencia del universo; habríamos estado de cierto modo mezclados con todo tipo de consciencias.

Es decir… la historia-pasado (de la que, “al final”, proyectaremos un inmenso y jolgorioso “¡no existe!”)… esa historia… que se insuflaría en parte via el mecanismo corporal “genético” (en todos los niveles en lo tocante a “cuerpos”…, niveles que básicamente desconocemos, pese a lo que intenta exteriormente “la ciencia”)… si es cierto… que dicha historia es de todas partes y de ninguna (en el universo como “lugar”, me refiero)… entonces, es muy lógico, que todas estas historias galácticas estén ocurriendo.

De ellas volvimos en parte a hablar de nuevo en el enlace que acabamos de poner, aunque hay que contrarrestar todo ello con lo último que vamos subiendo —”alertados” por la maravillosa, práctica y muy clara canalización Seth… (por ejemplo contrarrestando las conspiraciones aquí).

Y bien… “el espacio” es obviamente muy distinto de lo que nos pensábamos, con esa especie de “ortopedia historicista” que llamábamos “física”.

Quizá el perdón global de la mente suponga algún tipo de sueño estrambótico “final” sin final, donde todos los universos se van reuniendo y reuniendo, en un no-todo cada vez más integrado al “más-verdadero-Todo”, con una dinámica que no sabemos cómo funciona… a la que nos prestamos… y ya está —tal y como ocurre ya en cada “difícil” despertar, desde esta perspectiva. Es imposible pensarlo, pues, con nuestras herramientas actuales… es cuestión de dejarse sentir… ya sabemos.

Así pues, en ese posible escenario “no-final”, entonces, lógicamente serían “útiles”, por así decirlo, unas “consciencias” hábiles en ese cierto “dejarse llevar” también espacial… pero que aquí aprendemos básicamente de forma “mental” (pues lo primero es lo primero: soltar apegos que nos atan a la falsa individualidad “terrestre”).

Tal cosa aprendemos de manos del Amor, a trancas y barrancas… y así, dichas consciencias nos iremos quizá haciendo “útiles”, en el proceso de hacernos, quizá, “en el futuro”, también duchas en el arte del dejarse ir “espacial-anti-especial” :)…, y a través de esos canales universales de consciencia que, en buena lógica, unen todo en este universo —que es por entero consciencia…—… conduciendo nuestros futuros “cuerpos-mentes adiestrados” así, en tales artes, las del “abandono” al Plan.

Todo digamos que sería como una Inelia Benz actuando con ese desparpajo pero a escala cósmica —e intercósmica, pues universos hay todos los que queráis… ya que los fabricamos con la mente…, aunque esto parezca un disparate decirlo aún, para muchos de esos masocas hipnotizados que somos, hipnotizados por la separación como pensamiento… masocas que llamamos rimbombantontamente “seres humanos”.

Y mientras, todos debemos tomarnos respiros absolutos: la respiración, una clave. Aunque vaya, “todo da igual”, pues Dios es el “respiro universal”. De Él viene (vino ya, en realidad) todo respiro 🙂 (“frente”, sin hacer frente, frente a las identidades “urobóricas” :)… pues la verdad no responde, afortunadamente, no realmente, a nuestras batallitas de críos “tontos”, dicho cariñosamente, y masocas).

Hasta de niños necesitaríamos más respiros, pues no somos tan “inocentes” cuando niños. Bueno, en realidad es imposible juzgar, comparar… así que aquí somos todos todos “inocentes”, y no hay nadie —los niños— que lo sea más o menos que nadie (y recordad: en realidad no hay tiempo lineal, solo lo parece mucho porque lo deseamos mucho; pero no estamos presos, y se nos pide desde dentro a todos con amor que vayamos asumiendo la liberación de la mente, decisión personal e intransferible, pero con consecuencias muy beneficiosas en lo “impersonal” 🙂 (!)).

Para “curarme” o curarse (aunque lo que hay que hacer es extirpar mientras tanto y sobre todo la creencia de que hay algo “mal”) mi “maestro interior” bien que me dio hace ya varios meses un toque de atención cuando leía sobre el básico mensaje que a Bill Thetford dirigió la Voz que dictó UCDM. Así que en ese artículo me puse a hablar y traducir un poco sobre ello —y sobre Enric Corbera.

Volviendo a las andadas multidimensionales de nuestro ser “familia cósmica”… comentamos algunos discursos canalizados de esos que nos sacan de las coordenadas usuales en dos o tres sitios más…:
El futuro orgasmo —y transición— del sistema Sol-Tierra
Prisa celestial

Y en el futuro… nos quedará seguramente la no-tarea de indagar en el largo discurso canalizado de Ra… y quizá ver un poco a Cayce.

Ahora a repasar UCDM (Un Curso de milagros)

¡La confianza! Un tema esencial, y casi lo último que hemos traducido o un poco comentado (de Wapnick). Un largo camino, nos espera, para poder confiar :), o lo parece.

Así que tenemos que aprender a hacernos amigos de nosotros mismos, a la vez :), mediante el “confiar en el mundo”, claro está, entre otras cosas.

El fondo de la existencia es una cuestión de creencias donde paradójicamente se trata de ir abandonando todas ellas. Ya sabemos por Seth que en el fondo no hay ninguna creencia realmente “inconsciente”, y que todas las podemos volver a traer, “nosotros”, a la consciencia… pero… ¡cuidado! eso básicamente ¡no lo hacemos nosotros!, pues nosotros solo tenemos que querer “mirar”, estar dispuestos a mirar lo que pensamos (o mejor dicho: lo que nos piensa… fabricándonos así una “realidad”, una que por ejemplo “no nos convence” :).  Leer el resto de esta entrada »

Los niños no son “inocentes”   2 comments

Wikipedia. Children having fun with a skateboard by the "Recovas". Havana (La Habana) Cuba. Autor Jorge Royan

«No estamos a merced de los acontecimientos. No­sotros formamos los sucesos a los que luego reaccionamos. Veámoslo personalmente: tú no estás a merced de tu ambiente infantil o tus antecedentes, a menos que creas estarlo. Meramente cooperaste con tus padres para formarlo.» (El material de Seth)

(Sobre resentir, conflictos, biodescodificación…)

Los niños no son inocentes… ¡todos somos inocentes!

Si Un Curso de milagros puede ser algo muy liberador es porque no hay excepciones; todo es muy simple: nada ni nadie nos puede hacer nunca absolutamente nada… somos invulnerables en el nivel donde realmente estamos (que no es el del cuerpo)… y, por tanto, todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos (al creer que somos cuerpos, que éstos son reales).

Es decir, hemos venido aquí a buscar una “familia” o una comunidad de acogida para con ellas poder confirmar ego, es decir, el rol de víctima desvalida… el rol de vulnerable, de “estar sujeto a fuerzas fuera de nuestro control”.

Si recordamos los descubrimientos de Ryke Geerd Hamer, éstos son acerca de la importancia que tienen, por así decirlo: los “conflictos emocionales”. Estos conflictos provocan el desarrollo (a veces) de programas en los cuales encajan las enfermedades. Aquellos descubrimientos son entonces mezclados, practicados, ampliados… por varios investigadores sueltos… y por escuelas como la de la metodología llamada “biodescodificación“.

Y diciéndolo rápido, en el contexto de la biodescodificación (que vemos gracias a la fantástica y divertida divulgación de Enric Corbera por ejemplo en el sexto vídeo en esta serie)… en biodescodificación… se ve cómo los síntomas son expresión metafórica de conflictos “a nivel mental”… son digamos que “pensamiento proyectado”, son creencia proyectada —como lo es, por otra parte, el resto del universo (y ahora contaremos más aquí abajo sobre biodescodificación).

En el caso de los niños… cuando somatizan… muy a menudo o generalmente siempre somatizan “problemas” que “son” de sus padres… de su ambiente, de los ancestros…, etc. Y esto le da pie a Corbera a decir que: “los niños son inocentes”.

Y sí, en cuanto a la práctica digamos que serían “inocentes”, pues la práctica es “lo importante”… es lo que importa sobre todo a la hora de conseguir resultados en terapia, claro está; y por la experiencia de estos biodescodificadores sí que parece que hay que contemplar a los niños a menudo como “pizarras en blanco”… unas pizarras donde se expresa metafóricamente “lo de los padres” (por ejemplo, en los vídeos, caso de una madre que quiere “matar” a su marido y que la niña de dos años expresa mordiéndose las uñas). Pero eso, ya decimos… sería para “la práctica rápida”, en terapia.

Sin embargo los niños no son inocentes en general, no más que nadie, pues todos somos inocentes, no hay nadie culpable de nada… todos somos iguales en el nivel donde realmente estamos. Si pensamos en los niños como “más inocentes” que por ejemplo sus padres… hemos caído de lleno en la trampa del ego… estamos dando carta blanca a lo de siempre: a la eterna queja que no nos saca del ego; le damos carta blanca al pensamiento victimista, ese que de mayores tantos adultos regurgitamos y proyectamos más o menos inconscientemente hasta el hartazgo… a ese pensamiento erróneo, falso. ¿Falso? Sí, en el momento en que pensamos así, nos estamos atacando a nosotros mismos a nivel mental; por ello, este pensamiento es falso. Conlleva falsedad el vernos como vulnerables aquí y ahora… en un aquí y ahora que puede ser muy distante, en el tiempo, respecto a la situación infantil donde decimos que “se nos dañó”. Leer el resto de esta entrada »