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Protegido: Día 27. La aprehensión de los niveles de la experiencia. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

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Protegido: Día 10. Poder. Los Diálogos de Un curso de amor   1 comment

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Protegido: Día 6. El tiempo intermedio. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

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La espiritualidad, la locura, la ciencia y la iluminación: ¿qué valor tiene lo espiritual y la locura para “el saber”, para “la ciencia”, el “conocimiento”?   Leave a comment

imagen corazón en círculoEs célebre esta unidad de ciencia y espiritualidad, esta unidad que, digamos, es como se suele invocar (a modo de colofón o guinda) aquel tema que podríamos caracterizar más tímidamente como el de la intrincación entre “intuición” y “conocimiento”.

Y esto es algo muy comentado.

Y no nos referimos a los resultados más o menos catastróficos que ambos devenires humanos —en general: “mente” y “corazón”— tienen y han tenido debido a su viaje en común pero en desarticulación… en una especie de auto-presentación que nuestra mente humana en unidad se ha hecho ante sí misma…, presentando esa desarticulación galopante entre mente y corazón, debida a la simple creencia en la separación (a la creencia en lo que en realidad ya está hasta “demostrado científicamente” que es una mentira).

Enfocaremos un rasgo de esta unidad o reunión, como hacíamos a cuento del Quijote, es decir, teniendo en cuenta:

— el indicio que nos dan las visiones de locura, típicas de la locura, como por ejemplo en ese caso prototípico del Quijote,

— y de la “inocencia” de un Sancho que se permite hablar calmadamente con don Quijote —es decir, sin meterle rápidamente entre los barrotes de alguna de esas categorías estúpidas a las que aún hoy estamos tan habituados: “loco”, etc.

Tenemos esa re-unión entre:

— el saber, ese saber digamos más separado, o más “separatista”, de eso que se ha llamado modernamente “conocimiento”…,

— y “lo espiritual”, que se enfoca en un cierto “dejarse hacer”, en cierto fluir desde el interior… en una especie de permiso cósmico que damos interiormente, permiso ante la unidad y la relación… y que hace así posible precisamente el descubrimiento interior y transformativo de esa misma unidad y esa misma relación, pero en nosotros, dentro —y eso es la célebre “beatitud”, como lo llamaban algunos…, o la “iluminación”, etc.

Esa beatitud es el resultado final, por así decirlo, clásicamente, de la ascensión por la escalera de la sabiduría, llamando “sabiduría” a la integración de mente y corazón, pero cuando se permite que sea este último quien “dirija” nuestra vida.

Así que:

— descubrimos nuestro verdadero ser —nos autoconocemos cuidándonos en ese proceso de autoconocimiento que apunta a ese ser,

— gracias al permiso que damos; es decir, gracias a la “fe”, en sentido amplio, ya que “fe” es también ese permiso interior que en realidad le pertenece a todo el mundo (y es por tanto más bien casi siempre una “fe” laica, o abiertamente atea).

Es decir, lo queramos o no, nos reuniremos con nuestro verdadero creador, “padre” cósmico —o si se quiere llamar “madre”—, que siempre fue precisamente aquel tan aparentemente abstracto Amor, amor universal, cósmico (Dios) (y todo lo demás es mero juego, ilusión mental sin consecuencias y que se da en base a jugar con las “reglas” de la separación ilusoria). Leer el resto de esta entrada »

Protegido: 10. La meta y el logro del Yo elevado de la forma. Los Diálogos de Un curso de amor   Leave a comment

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La relación (I): “El único problema”. Sobre palabras, números y valores (cualidades de relación); el hogar…   Leave a comment

Foto de una clase sobre carne, en Cherry Valley, NY, 1915 (The instructor is Miriam Birdseye)

Clase sobre carne, en Cherry Valley, NY, 1915 (The instructor is Miriam Birdseye)

Este es en parte otra invitación a acercarse a todos esos textos que tratamos por aquí (ver columna a la izquierda), de los que vamos sacando ideas, conclusiones, aunque dichos textos son básicamente para practicarlos, no para “pensar”… y así, practicándolos… poder completar la conexión con vuestra guía interior personal (!).

Existe como sabéis un “problema” de desequilibrio mental, en nuestra civilización (con tantas palabras…, tantos números…, cierta sujeción automática y automatizante (“cibernética”))…

Pero es un problema en realidad “personal” (es decir, es “espiritual”)… y tiene que ver con el SENTIR.

Ya lo “sabemos”; ya sabemos, por “los temas espirituales”, que este “problema” solo tiene que ver con una cosa: con la “necesidad” de mirar adentro, con el miedo que nos da sentir lo que creemos ser.

También podemos echar una ojeada a este “problema” hablándolo con una nueva-vieja mirada simple sobre los “valores”.

Este es pues el texto que servirá de “introducción” a una “charla” que va a ser muy larga, espero…, en esta serie que haremos sobre la relación, sobre el “perdón de la civilización”, etc.

Índice:

— ¿Y cómo es que solo hay UN problema?
— Las palabras
— Los números
— Los valores (preparándonos para los futuros textos sobre “perdonar la civilización”)

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¿Y cómo es que solo hay UN problema?

El “problema” que tenemos por ejemplo con las palabras y los números es el mismo, tiene que ver con un desequilibrio.

Las palabras o los números, obviamente, no son “malos” en sí (no hay nada “malo en sí”).

El desequilibrio está relacionado con algo “más profundo”; podríamos decir que tiene que ver con los valores, es decir, con las cualidades de relación. De estas ni siquiera sabemos hablar, o para empezar no queremos ni hablar.

Enseguida veremos qué simple y quizá “necesario” sería el permitirnos poder hablar fácilmente de “valores”. Pero sigamos.

En cierto sentido, en todos los tipos de saberes, de haceres, de “progresos”… solo importa una sola especie de cuestión, una sola cuestión. Tiene que ver con las relaciones, con el contexto.

Vamos a exponer de forma muy mundana ese hecho: el que solo importe “una cuestión”, que solo haya un “problema”.

Y digamos ya “la solución”, que es muy simple, y que ya conocemos —pues solo podemos “sobrevivir” si la vamos conociendo.

Con “sobrevivir” queremos decir “vivir realmente” (intentaremos ensalzar “el milagro de la vida” en su aspecto más elemental), lo cual significa tomar consciencia, realmente, cada uno, de nuestra vida más allá de la supervivencia física… y así, con ello, traer “unir cielo y tierra” (en nuestra percepción primero), para que pueda siquiera continuar existiendo este tipo de vida sobre el planeta —este planeta que nos hemos prestado para nuestras proyecciones.

¿Por qué solo importa una cuestión? Porque somos uno, somos una sola entidad, por mucho que parezca que existen los pensamientos privados y que los cuerpos nos separan.

La separación no es real, por mucho que sea incluso el “asco” que esto a veces nos provoque… por ejemplo… al habernos identificado tanto con las formas externas, con los cuerpos, o los pensamientos privados.

Es decir, no hay separación real entre los individuos. La separación es una ilusión, no existe. La separación es un sentimiento falso que solo “vive” porque dejamos que infecte nuestras mentes y a partir de ahí se crea nuestra realidad (la mente es creadora, engloba, envuelve lo que no parece estar “dentro”).

Nuestras mentes están pues acosadas por ese mismo desequilibrio que está a su vez reflejado en nuestro contexto relacional (en “el hogar” por ejemplo), social, cultural… que refleja nuestro desequilibrio interior “en el pensamiento”.

Tal desequilibrio se muestra en nuestro:

  • pensar de una forma tan desmedida o desequilibrada con tantas palabras…, poniendo inconscientemente en un pedestal a las palabras, a los conceptos poco o mal asumidos por uno mismo desde el centro de su ser.
    Es decir, sometemos nuestra vida al desequilibrio al someternos a conceptos y creencias que no hemos hecho nuestras… empezando con la muy simple de la mera separación. ¿Realmente hemos pensado por nosotros mismos “la separación”? O antes… ¿es posible “pensar por nosotros mismos”?
    Tenemos la mente repleta de creencias que no hemos aprendido a sostener por nosotros mismos interiormente…, es decir, a sostener desde el centro de amor de nuestro ser…, para quizá simplemente desecharlas tras abrazarlas o englobarlas como lo que quizá fueron: pasos hacia una mayor amplitud de miras. Son creencias que hemos aprendido bajo el chantaje de por ejemplo la dependencia (infantil).
    Son palabras con las que hemos aprendido a no hacernos caso a nosotros mismos, de una forma elemental. Leer el resto de esta entrada »