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3. Presentando al Dios del mañana (cap. 3 de «El Dios del Mañana»; Walsch)   2 comments

imagen flor[- Este texto es un capítulo de un libro de Neale Donald Walsch, publicado en el 2005, que traduzco para el blog.
– Podéis ver el punto 8 en el índice del blog, para encontrar el pdf con los añadidos sucesivos, y otras cosas sobre Walsch.
– Este libro se puede leer independientemente de los demás de Walsch, y es una lectura que puede resultar fácil e importante para muchos en nuestro estado de ser actual.
– Aunque se pueda leer independientemente, sigue el hilo de otros libros de Walsch, y de cierto modo va tras el titulado Las nuevas revelaciones (encontrable en pdf en internet, y que también pretendo revisar para esta web, para tener una versión algo mejor).
– Aquí el diálogo con la voz sigue ahondando en su mensaje simple y radical sobre lo que nos sucede.
– Como sabemos, nuestro “problema” es básicamente espiritual… por lo que, según alcanzamos un nivel más profundo y simple de “creencias comunes” (en nuestra unidad de fondo como una sola especie, una sola “alma” en unidad con su origen)… y según nos aplicamos a sentir esa unidad con todo y todos… la política demostrará y demuestra ya hoy, de forma natural, cierta “nueva espiritualidad”
– aunque en principio solo sea como un primer giro dado para cambiar la dirección autodestructiva que persigue la humanidad como colectivo.
– Hay que tener en cuenta, por otra parte, que Walsch es estadounidense.
– El comentario de la voz de la revelación se sitúa hacia el lado derecho tras las intervenciones y preguntas de Walsch, como se puede ver.

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3. Presentando al Dios del Mañana

Entonces, estamos donde empezamos.

Sí. Cuando dije que “este libro nace para salvar al mundo”, eso es lo que quise decir.

¿Qué me va a decir que otros libros no me hayan contado ya?

Nada.

¿Nada?

Nada.

¿Y esto va a salvar al mundo?

Podría ser. Es para eso, y podría.

Entonces, si todo lo que voy a leer aquí ya está en otros libros, ¿por qué molestarse en leerlo? El mundo está al borde del desastre, y todo el material de los demás libros no ha servido de ayuda.

Correcto lo primero, incorrecto lo segundo. “Todo el material de los demás libros” ha ayudado a la humanidad a prevenir el desastre en el pasado. La sabiduría esotérica del mundo ya ha ayudado a que el mundo pudiera corregir su curso en el pasado, y puede volver a hacerlo de nuevo. Pero esa sabiduría debe ahora expandirse teniendo en cuenta las posibilidades más amplias que la humanidad tiene para autodestruirse.

La educación es la clave. Es la herramienta más importante que tenéis. Educad a todos. Habladle a todos sobre Dios y sobre la Vida. Eliminad el analfabetismo, luego eliminad el analfabetismo funcional, y luego el analfabetismo espiritual.

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I. Un curso de amor, C:14
II. C:17
III. La vía del corazón, L11
IV. La vía del corazón, L12
V. La misión de la experiencia
VI. Un curso de amor, C:26
VII. Recordando, de Walsch: proceso no es igual a principio
VIII. Un curso de amor, C:30
IX. Repasando: la negación, el miedo
X. En Casa con Dios (Walsch)

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I. Un curso de amor, C:14 (revisado)

«El propósito de la vida que compartes aquí con tus hermanos y hermanas ha sido desafiar la creación de Dios. Ahora, ese propósito común debe transformarse en el de recordar quién eres dentro de la creación de Dios, más que en el mundo que has fabricado. Dedícate a pensar en esto unos minutos y comprenderás la enorme diferencia que existe entre ambos propósitos».

Este capítulo es muy interesante, deja algunas cosas muy claras, como por ejemplo el tema de “ser nuestro universo” (me gustaría que pudierais comentarme cualquier cosa concreta sobre estas traducciones y revisiones que ando haciendo, para dejar más bonita esta revisión de la traducción de UCDA, y otras).

Este capítulo trata de varios asuntos, entre ellos el importante de cómo hemos fabricado nuestro concepto de mundo, frente a la Tierra de nuestros amores 🙂 :

habíamos hecho un mundo para “pegarnos” en él, para luchar en él… y, recordemos: para ser mejores. Y no para ser mejores que nosotros mismos, sino mejores que “los demás” –reforzando así la idea de la separación, pero “malinterpretada”.

Y así, con esa lucha, en nuestro concepto de mundo pensamos que podremos conseguir un Cielo (recompensa).

Pero este Cielo precisamente lo alejamos de nosotros al pegarnos entre nosotros, en el mundo, al luchar… es decir, al seguir viviendo en nuestra ilusión de ese tipo de “mundo” –dentro del concepto de “mundo”.

Y este concepto se opone a la abundante Tierra, y al Dios interior abundante (a ambos a la vez). Por tanto, nuestro mundo se “opone” a las infinitas relaciones dentro de la Tierra, en ella; se opone también a las relaciones dentro de nuestro Yo en unidad, en Dios; y también se “opone” a las relaciones “cósmicas” que ya somos, las que mantiene la Tierra y las que mantenemos con todo en el Universo –pues la relación “santa”, interior, es ya una sola e inquebrantable, sin poder excluir nada.

También ese “mundo” donde vivimos era para protegernos de cosas, manteniendo así nuestra relación con el miedo, y a la espera quizá de poder conseguir pasar el tiempo, pasando inadvertidos… hasta que la verdadera vida pueda llegar, quizá (y si acaso tras la muerte, y, en el peor de los casos, sin esperanza alguna de que haya nada “tras la muerte”). Leer el resto de esta entrada »

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I. Un curso de amor, C:7
II. Lección 2p de La Vía del corazón: ayuno, María
III. Desde las perspectivas a las elecciones, sobre una cita de Walsch
IV. Un curso de amor, C:8
V. La Vía o Camino del corazón, L4
VI. Un curso de amor, C:9
VII. C:10
VIII. C:11
IX.  C:12
X. El alma y los transplantes
XI. La vía del corazón, L8
XII. La vía del corazón, L9

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I. Un curso de amor, C:7

Como sabemos, estamos hipnotizados y deslumbrados por lo físico (su densidad, sus formas).
Por un lado es lógico, pues es maravillosa nuestra creación, nuestro patio de juegos donde ensayamos nuestro ser divino desde un aparente “afuera” físico… un “fuera de lo divino”.

Pero nuestra hipnosis colectiva, que nos impide sentir más todavía la Maravilla… no proviene de ese sentido de maravilla…, sino de interpretaciones mentales, de cómo hemos interpretado el hecho de estar separados.

Esto nos ha hecho perder el sentido de lo importante que es lo que NO vemos.

Lo más importante en ese ámbito no visible es para empezar nuestra mente, nuestros pensamientos –es decir, lo que hacemos con nuestra mente.

Y este sería quizá el tema principal de este capítulo 7.

Y es fundamental, porque se trata de abordar directamente la generalización de nuestro “aprendizaje”: el hecho de que toda retención es una sola retención, el hecho de que todo lo que escatimamos, retenemos, preservamos miedosamente…, significa al final lo mismo. Y significa la pérdida de nuestra propia plenitud, del sentido de la plenitud que es natural en cada ser.

Por ejemplo, quizá no nos parecía que tuvieran mucha relevancia, que fueran muy importantes, todas esas pequeñas ofensas que nos guardábamos durante un día cualquiera…, todas esas pequeñas quejas o agravios que sentimos “contra” los demás, contra alguien, contra algo (mundo en general, personas, organizaciones…):

«En cada situación te relacionas con alguien o algo, y lo que sostienes en contra de ese alguien o algo, se lo escatimas y retienes. Les has quitado una pieza y la retienes antipáticamente para ti, no en unión, sino en separación».

Al quitársela a ellos (diciendo por ejemplo: “tú ya no eres válido para mí, porque no me has devuelto esa llamada que te hice”), al quitarle a ellos “una pieza” (de su ser, que en realidad es infinitamente valioso)… nos la quitamos a nosotros, pues somos una sola relación, una sola mente realmente unida…, y somos igual de infinitamente valiosos (todos infinitamente especiales, amados, valiosos).

Así, usamos la relación que en realidad siempre está… que es indestructible… para reforzar nuestro patrón enfermizo de reacción desde las ofensas del pasado, actualizando las ofensas del pasado, con las que conseguimos que se repitan nuestros modos de responder al presente.

Usamos la relación (la una-sola-mente que somos en realidad) para hacer lo que ella no puede hacer: demostrar la realidad de la separación. Seguimos obcecados en intentar demostrar la realidad de la separación, y así, vivimos en distorsión, la distorsión de la única relación. Leer el resto de esta entrada »

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I. La culpa era de…
II. Un curso de amor, T3:15
III. T3:16
IV. C:1
V. C:2
VI. T3:17
VII. T3:18
VIII. C:3
IX. Nuestra relación con la consciencia colectiva, antes y después de morir (lo que pasaba si no estábamos despiertos)
X. C:4
XI. C:5
XII. C:6

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I. La culpa era de…

Toda la culpa era… tachán… ¡De papá noël! ¡de los reyes magos!
🙂 😛

¿Por qué?

Porque con ese truco mágico, quizá nuestra cultura escondía el hecho más mágico todavía:
el de que, en realidad, ¡nuestros padres biológicos no eran fundamentalmente nuestros “padres”!

¿Qué eran?

Muy sencillo: ¡CORDEROS PARA EL SACRIFICIO del ego!.

Nuestros padres son básicamente símbolos del sacrificio… de la represión, de la muerte en vida… para mayor gloria del Ego y su dios.

Vida tras vida quemando en las hogueras de sus templos los más bellos sueños, intereses, deseos… de “los padres”.

¡No eran “padres”! ¡Eran víctimas sacrificiales en la gigantesca Iglesia Tierra! ¡Este gigantesco monumento al ilusorio sufrimiento!

Ay, pobre Madre Tierra 🙂 , por cierto, cuánta tontería tiene que presenciar 🙂 .

Padres… ¡y una mierda padres!… : símbolos agonizantes, como ese falso Cristo entendido por la doctrina vieja de las viejas iglesias a la vieja usanza 🙂

II. Un curso de amor, T3:15

Uno de los capítulos más amenos de esta parte es este sobre los nuevos comienzos.
Con el ego (el miedo, el pasado), proyectamos el pasado en forma de criterios y tiempos:
criterios sobre cómo deben ser las cosas…, y tiempos de espera oportunos para considerar que hemos tenido “éxito”… que realmente el nuevo comienzo ha tenido éxito. Leer el resto de esta entrada »

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I. Un curso de amor, C:22
II. D:Día38
III. La libertad es lo que nos asegura que la igualdad no será uniformidad
IV. La relación entre lo visible y lo invisible
V. Un curso de amor, T2:12
VI. “Ganarse la vida” (celebrando el final de mi revisión de los errores de traducción en el segundo libro de Walsch)
VII. La vida no tiene propósito
VIII. El único “objetivo” del amor
IX. El servicio a la vida y las relaciones
X. T3:13
XI. C:9
XII. Los padres, los menos indicados para criar niños
XIII. La falsa aceptación del ego

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I. Un curso de amor, C:22

El primer libro del curso tiene alguna sugerencia práctica -pocas, pues todo el segundo libro del curso va a ser “para que lo practiquemos”.

Una de las sugerencias más directas está en el capítulo 22.

Tiene que ver con volvernos impersonales, con devenir impersonales…, para adquirir la verdadera “personalidad”, que ya no se identifica con el yo personal, sino con el Yo o Ser verdadero (eterno) en la Unidad… reconociendo que nunca ha sido ese yo personal, que era lo que presentábamos a los demás, en este mundo loco de relaciones exteriores que hacíamos así de loco por querer seguir perdidos del Yo o Ser en Unidad.

Y claro, de esto va al final toda “espiritualidad” -y el proceso que llamamos “espiritualidad” lógicamente permea todo tipo de ámbito ya, toda ocupación, territorio, disciplina, etc.

Pues al final, esta especie de devenir “unidad”, de volverse unidad de amor…, de anclarnos todos en nuestra Mente-Una… cambiando nuestra consciencia hacia el discernimiento de la eternidad en las formas… es lo que hemos elegido como humanidad… aunque no lo parezca tanto si nos fijamos en los acontecimientos exteriores, en su violencia, y en el caos de descuido y de “sálvese quien pueda” que podríamos decir que “presenciamos” o reforzamos hoy.

Esta sugerencia práctica del C:22 es quizá muy obvia si ya conocíais algo de filosofía, o por poco impregnados que estemos del devenir IMPERSONAL del mundo, pues lo impersonal tiene su “moda”, es algo “muy comentado” por el modo de hacer novelas de un tiempo a esta parte…, o por los cambios habidos en el modo de hacer cine. Y también ocurre que, lógicamente, podemos sentir rechazo… es decir, que a menudo este tema sería superficialmente malinterpretado… como si “lo impersonal” fuera por ejemplo “malo”… si aún queremos seguir con esa mentalidad que “juzga”.

Este capítulo explica que debemos usar la imaginación para que nos ayude a sentirnos en relación, en intersección con todo lo que hay en nuestro mundo, que es como si nos atravesara.

Es decir, que “debemos” pensarnos como INTERSECCIÓN…, e IMAGINARNOS todo lo que podamos a nosotros mismos como intersecciones vivientes… y que debemos pensar que dicha intersección es algo productivo -que produce “relación”, “colaboración”, “asociación colaborativa”…:

«Comienza a imaginar que ves el mundo sin el énfasis en tu yo personal. Comienza a formar frases y a contar historias sin usar los pronombres “yo”, “me”, “mi”… Al principio esto parecerá que despersonaliza tu mundo y lo hace menos íntimo. Te parecerá que eludes cierta responsabilidad primordial, la de asignarle significado a todo. En vez de resistirte a esto, esfuérzate por dejar de asignar significados. Comienza de forma simple. Ve de lo general a lo específico. Por ejemplo, cuando sales de tu casa por la mañana sueles pensar: “qué día tan lindo”. Lo que esta expresión indica es que has interiorizado inmediatamente lo que te rodea y lo has juzgado. Es un día lindo “para ti”. El día tiene todos o casi todos los requisitos que consideras que lo convierten en un día placentero. Reemplaza dicho pensamiento por otros como: “la hierba es verde; los pájaros cantan; el sol es cálido”, como en un simple informe.

» Cuando te pregunten: “¿cómo te fue hoy?”, responde hasta donde sea posible sin usar la palabra “yo” o “mi”. Deja de referirte a las cosas o a las personas desde el punto de vista de la posesión, como “mi jefe”, “mi marido”, “mi coche”.

» Esta retirada del “yo” personal no es más que un primer paso para regresar a tu consciencia de la unidad, un primer paso para pasar del sentido como definición al sentido como verdad. Aunque al principio te parezca extraño e impersonal, te aseguro que la sensación de impersonalidad será muy pronto reemplazada por una intimidad con el entorno como nunca antes la habías sentido.»

II. Un curso de amor, D:Día38

Para el Día 37 hice un texto aparte aquí.

Estos días finales son como la esencia del Diálogo en el que entrábamos en esta tercer parte del curso.

Son la esencia de esta “comunicación”, que es más que una comunidad, que es más que una común-unidad, pues es la tensión creadora de los opuestos:

«Esto es lo que se ha denominado la tensión de los opuestos: ser el propio Yo, y ser un solo ser en unión y relación. Estos opuestos, como todos los demás, están albergados en el abrazo del amor y la pertenencia.»

Este breve Día 38 también nos alerta sobre lo mal que entendemos en nuestro mundo palabras como “posesión” o “pertenencia”. Leer el resto de esta entrada »

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I. Un curso de amor, D:Día29, D:Día30
II. D:Día31
III. T2:13
IV. D:Día32
V. T3:1, T3:2
VI. D:Día33
VII. D:Día34
VIII. T3:4,5
IX. De ricos, pobres, e intereses personales
X. El fin de las guerras ya está inventado: se llama “proceso histórico de formación de los EEUU”
XI. T3:7, T3:8
XII. La pregunta central
XIII. T3:9
XIV. D:Día36

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I. Un curso de amor, D:Día29, D:Día30

Primero hablemos del Día 30. En él, se hace la analogía entre nuestro despertar a la Unidad, y la suma de fracciones.
Para poder hacer una suma de fracciones, hay que buscar algo común, un “denominador común”, para dar con esa totalidad, o plenitud, que llamamos “suma”.

Y haciendo la analogía, esa es simplemente la “obra de Dios” que estamos realizando en nuestro despertar, es decir, en este camino de vuelta a Casa.

Al “sumarnos”, creamos lo nuevo, pues nada es siempre igual.

¿Por qué?

Porque nosotros mismos somos ese Dios (una singularidad “holográficamente” “dentro” de la Singularidad de Singularidades)… que se quiso “separar” en un aparente “más de uno”…, para así «poder conocerse a Sí Mismo».

Es lo que dice literalmente este capítulo, igual que la metafísica de la simpática revelación de Walsch, aunque en Walsch se empieza precisamente por esto mismo, diciendo esto ya desde el principio.

Como siempre, la “metafísica” solo es el punto de apoyo para perdonar este mundo de las relaciones, de lo relativo…: el mundo de las relaciones en este “aspecto exterior de la Vida” que hemos creado para re-conocernos desde fuera y así poder “ampliarnos”, como “dioses” (ya vimos que el curso de amor nos dirigía hacia lo mismo que Walsch, e incluso, vimos en el capítulo T4:8, que hablaba de lo que pasaba en esta Tierra como una especie de simple rebelión…, como una rebelión que habríamos alimentado en nuestro ser para hacer frente a lo que era necesario aprender para que un espíritu como el nuestro pudiera habitar en las formas y despertar en ellas como espíritu; también se decía allí que esta rebelión solo nos retrasaba).

Dice este Día 30:

«Si pensaras en esto como si “Dios”, o el estado de “Plenitud” o de “Ser”, se separase en más de uno para poder conocerse a Sí Mismo, verías que el conocedor y lo conocido son uno solo. Verías que se necesitan dos o más para que se dé el conocimiento.»

Así, nuestro Yo-en-unidad es la constatación de esa “comunalidad”, de esa cualidad común, una constatación que necesita de otros yoes que despierten o vayan despertando a la Unidad (podríamos decir que nuestro Yo en unidad es nuestro yo, en minúsculas, habiendo reconocido al Yo o Ser, con mayúsculas).

Y así “conseguimos” cerrar el círculo de la creación, utilizando las formas para ello, para ser plenitud en la separación, debido a que:

«…el Yo es lo que es común a la totalidad.»

Nosotros, como una unidad plena, una totalidad, tenemos y somos un solo Ser o Yo, una sola Mente. Y nuestro Yo-en-unidad “está” ahí, o es eso.

Y nuestro descubrimiento concreto de ello (que es una recreación, la creación de lo nuevo, que realizamos al compartir en unidad y relación), realiza eso que ya había aparecido en el Día 20, en cuanto a que lo desconocido era «la recepción y la expresión de la verdad»:

«Tú eres lo conocido y lo desconocido. Todo es tanto lo conocido como lo desconocido.
» Tú eres la expresión de lo desconocido y el único medio de que lo desconocido llegue a ser conocido.»

Y en el Día 30 dice, para finalizar:

«El Yo debe ser el conocedor y lo conocido, la experiencia y el experimentador. La búsqueda de la reunión con Dios es la meta. Es la búsqueda por ser el conocedor y lo conocido, la experiencia y el experimentador. La culminación de esta búsqueda es entonces la confluencia, la unión.»

Y la unión o confluencia será el título del Día 31. Leer el resto de esta entrada »

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I. Un curso de amor, T2:6
II. D:Día24, Día25 y Día26
III. T2:7
IV. D:Día27
V. Una inspiración, leyendo Conversaciones con Dios
VI. T2:8
VII. ¿Por qué los niños, a veces, “salvan”?
VIII. T2:9
IX. T2:10
X. D:Día28
XI. T2:11
XII. El maltrato y la guerra
XIII. Manipulación de masas y terrorismo
XIV. T2:12

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I. Un curso de amor, T2:6

Este capítulo aborda una cosa esencial, maravillosa, al afrontar un agobio que mantenemos vivo en la vida, un agobio acerca del cambio.

Pues si nos agobiaban los cambios o el crecimiento, es porque sobre ellos proyectamos la mentalidad del aprendizaje, de la carencia.

Es decir, allá donde vemos cambio, interpretamos que vemos que hay algo que PUEDE SER logrado… pero que AÚN no es.

Es decir, sentimos la falta antes que ver la plenitud que se despliega. Vemos antes el vaso medio vacío que medio lleno en un proceso natural de llenado… en un proceso al que en realidad no le faltaría nada.

Este es pues el efecto que tiene el “tiempo”, como concepto “del ego”.

«Lo que ahora necesitamos arreglar es que tú crees que el cambio y el crecimiento son indicios de todo lo que puede ser logrado, en vez de ser indicios de lo que ya lo está.»

Y entonces es cuando comienza, en este capítulo 6, a revisar todas las creencias que, dentro nuestro, terminarán por producir el deshacimiento del patrón del aprendizaje…, y un desaprendizaje digamos que “completo”. Así, nos llevarán por un recorrido más allá de toda creencia y de todo “yo personal”.

Estamos apegados al patrón del aprendizaje, pero:

«El final del patrón de aprendizaje al que te refieres como “tiempo” es el comienzo del tiempo de la unidad.

» Este regreso a la unidad depende de los cambios en tus creencias que este curso ha provocado. Repasemos estas creencias y cómo se relacionan con tu concepto de tiempo.

» Solamente tú puedes sentirte logrado, y tu realización ya está consumada.»

Ahí tenemos la primera creencia que nos llevará más allá de toda creencia 🙂 Leer el resto de esta entrada »