Archivo para la etiqueta ‘Los Tratados de Un Curso de amor

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imagen corazónÍndice:
I. Un curso de amor, C:7
II. Lección 2p de La Vía del corazón: ayuno, María
III. Desde las perspectivas a las elecciones, sobre una cita de Walsch
IV. Un curso de amor, C:8
V. La Vía o Camino del corazón, L4
VI. Un curso de amor, C:9
VII. C:10
VIII. C:11
IX.  C:12
X. El alma y los transplantes
XI. La vía del corazón, L8
XII. La vía del corazón, L9

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I. Un curso de amor, C:7

Como sabemos, estamos hipnotizados y deslumbrados por lo físico (su densidad, sus formas).
Por un lado es lógico, pues es maravillosa nuestra creación, nuestro patio de juegos donde ensayamos nuestro ser divino desde un aparente “afuera” físico… un “fuera de lo divino”.

Pero nuestra hipnosis colectiva, que nos impide sentir más todavía la Maravilla… no proviene de ese sentido de maravilla…, sino de interpretaciones mentales, de cómo hemos interpretado el hecho de estar separados.

Esto nos ha hecho perder el sentido de lo importante que es lo que NO vemos.

Lo más importante en ese ámbito no visible es para empezar nuestra mente, nuestros pensamientos –es decir, lo que hacemos con nuestra mente.

Y este sería quizá el tema principal de este capítulo 7.

Y es fundamental, porque se trata de abordar directamente la generalización de nuestro “aprendizaje”: el hecho de que toda retención es una sola retención, el hecho de que todo lo que escatimamos, retenemos, preservamos miedosamente…, significa al final lo mismo. Y significa la pérdida de nuestra propia plenitud, del sentido de la plenitud que es natural en cada ser.

Por ejemplo, quizá no nos parecía que tuvieran mucha relevancia, que fueran muy importantes, todas esas pequeñas ofensas que nos guardábamos durante un día cualquiera…, todas esas pequeñas quejas o agravios que sentimos “contra” los demás, contra alguien, contra algo (mundo en general, personas, organizaciones…):

«En cada situación te relacionas con alguien o algo, y lo que sostienes en contra de ese alguien o algo, se lo escatimas y retienes. Les has quitado una pieza y la retienes antipáticamente para ti, no en unión, sino en separación».

Al quitársela a ellos (diciendo por ejemplo: “tú ya no eres válido para mí, porque no me has devuelto esa llamada que te hice”), al quitarle a ellos “una pieza” (de su ser, que en realidad es infinitamente valioso)… nos la quitamos a nosotros, pues somos una sola relación, una sola mente realmente unida…, y somos igual de infinitamente valiosos (todos infinitamente especiales, amados, valiosos).

Así, usamos la relación que en realidad siempre está… que es indestructible… para reforzar nuestro patrón enfermizo de reacción desde las ofensas del pasado, actualizando las ofensas del pasado, con las que conseguimos que se repitan nuestros modos de responder al presente.

Usamos la relación (la una-sola-mente que somos en realidad) para hacer lo que ella no puede hacer: demostrar la realidad de la separación. Seguimos obcecados en intentar demostrar la realidad de la separación, y así, vivimos en distorsión, la distorsión de la única relación. Leer el resto de esta entrada »

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I. La culpa era de…
II. Un curso de amor, T3:15
III. T3:16
IV. C:1
V. C:2
VI. T3:17
VII. T3:18
VIII. C:3
IX. Nuestra relación con la consciencia colectiva, antes y después de morir (lo que pasaba si no estábamos despiertos)
X. C:4
XI. C:5
XII. C:6

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I. La culpa era de…

Toda la culpa era… tachán… ¡De papá noël! ¡de los reyes magos!
🙂 😛

¿Por qué?

Porque con ese truco mágico, quizá nuestra cultura escondía el hecho más mágico todavía:
el de que, en realidad, ¡nuestros padres biológicos no eran fundamentalmente nuestros “padres”!

¿Qué eran?

Muy sencillo: ¡CORDEROS PARA EL SACRIFICIO del ego!.

Nuestros padres son básicamente símbolos del sacrificio… de la represión, de la muerte en vida… para mayor gloria del Ego y su dios.

Vida tras vida quemando en las hogueras de sus templos los más bellos sueños, intereses, deseos… de “los padres”.

¡No eran “padres”! ¡Eran víctimas sacrificiales en la gigantesca Iglesia Tierra! ¡Este gigantesco monumento al ilusorio sufrimiento!

Ay, pobre Madre Tierra 🙂 , por cierto, cuánta tontería tiene que presenciar 🙂 .

Padres… ¡y una mierda padres!… : símbolos agonizantes, como ese falso Cristo entendido por la doctrina vieja de las viejas iglesias a la vieja usanza 🙂

II. Un curso de amor, T3:15

Uno de los capítulos más amenos de esta parte es este sobre los nuevos comienzos.
Con el ego (el miedo, el pasado), proyectamos el pasado en forma de criterios y tiempos:
criterios sobre cómo deben ser las cosas…, y tiempos de espera oportunos para considerar que hemos tenido “éxito”… que realmente el nuevo comienzo ha tenido éxito. Leer el resto de esta entrada »

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I. Un curso de amor, C:22
II. D:Día38
III. La libertad es lo que nos asegura que la igualdad no será uniformidad
IV. La relación entre lo visible y lo invisible
V. Un curso de amor, T2:12
VI. “Ganarse la vida” (celebrando el final de mi revisión de los errores de traducción en el segundo libro de Walsch)
VII. La vida no tiene propósito
VIII. El único “objetivo” del amor
IX. El servicio a la vida y las relaciones
X. T3:13
XI. C:9
XII. Los padres, los menos indicados para criar niños
XIII. La falsa aceptación del ego

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I. Un curso de amor, C:22

El primer libro del curso tiene alguna sugerencia práctica -pocas, pues todo el segundo libro del curso va a ser “para que lo practiquemos”.

Una de las sugerencias más directas está en el capítulo 22.

Tiene que ver con volvernos impersonales, con devenir impersonales…, para adquirir la verdadera “personalidad”, que ya no se identifica con el yo personal, sino con el Yo o Ser verdadero (eterno) en la Unidad… reconociendo que nunca ha sido ese yo personal, que era lo que presentábamos a los demás, en este mundo loco de relaciones exteriores que hacíamos así de loco por querer seguir perdidos del Yo o Ser en Unidad.

Y claro, de esto va al final toda “espiritualidad” -y el proceso que llamamos “espiritualidad” lógicamente permea todo tipo de ámbito ya, toda ocupación, territorio, disciplina, etc.

Pues al final, esta especie de devenir “unidad”, de volverse unidad de amor…, de anclarnos todos en nuestra Mente-Una… cambiando nuestra consciencia hacia el discernimiento de la eternidad en las formas… es lo que hemos elegido como humanidad… aunque no lo parezca tanto si nos fijamos en los acontecimientos exteriores, en su violencia, y en el caos de descuido y de “sálvese quien pueda” que podríamos decir que “presenciamos” o reforzamos hoy.

Esta sugerencia práctica del C:22 es quizá muy obvia si ya conocíais algo de filosofía, o por poco impregnados que estemos del devenir IMPERSONAL del mundo, pues lo impersonal tiene su “moda”, es algo “muy comentado” por el modo de hacer novelas de un tiempo a esta parte…, o por los cambios habidos en el modo de hacer cine. Y también ocurre que, lógicamente, podemos sentir rechazo… es decir, que a menudo este tema sería superficialmente malinterpretado… como si “lo impersonal” fuera por ejemplo “malo”… si aún queremos seguir con esa mentalidad que “juzga”.

Este capítulo explica que debemos usar la imaginación para que nos ayude a sentirnos en relación, en intersección con todo lo que hay en nuestro mundo, que es como si nos atravesara.

Es decir, que “debemos” pensarnos como INTERSECCIÓN…, e IMAGINARNOS todo lo que podamos a nosotros mismos como intersecciones vivientes… y que debemos pensar que dicha intersección es algo productivo -que produce “relación”, “colaboración”, “asociación colaborativa”…:

«Comienza a imaginar que ves el mundo sin el énfasis en tu yo personal. Comienza a formar frases y a contar historias sin usar los pronombres “yo”, “me”, “mi”… Al principio esto parecerá que despersonaliza tu mundo y lo hace menos íntimo. Te parecerá que eludes cierta responsabilidad primordial, la de asignarle significado a todo. En vez de resistirte a esto, esfuérzate por dejar de asignar significados. Comienza de forma simple. Ve de lo general a lo específico. Por ejemplo, cuando sales de tu casa por la mañana sueles pensar: “qué día tan lindo”. Lo que esta expresión indica es que has interiorizado inmediatamente lo que te rodea y lo has juzgado. Es un día lindo “para ti”. El día tiene todos o casi todos los requisitos que consideras que lo convierten en un día placentero. Reemplaza dicho pensamiento por otros como: “la hierba es verde; los pájaros cantan; el sol es cálido”, como en un simple informe.

» Cuando te pregunten: “¿cómo te fue hoy?”, responde hasta donde sea posible sin usar la palabra “yo” o “mi”. Deja de referirte a las cosas o a las personas desde el punto de vista de la posesión, como “mi jefe”, “mi marido”, “mi coche”.

» Esta retirada del “yo” personal no es más que un primer paso para regresar a tu consciencia de la unidad, un primer paso para pasar del sentido como definición al sentido como verdad. Aunque al principio te parezca extraño e impersonal, te aseguro que la sensación de impersonalidad será muy pronto reemplazada por una intimidad con el entorno como nunca antes la habías sentido.»

II. Un curso de amor, D:Día38

Para el Día 37 hice un texto aparte aquí.

Estos días finales son como la esencia del Diálogo en el que entrábamos en esta tercer parte del curso.

Son la esencia de esta “comunicación”, que es más que una comunidad, que es más que una común-unidad, pues es la tensión creadora de los opuestos:

«Esto es lo que se ha denominado la tensión de los opuestos: ser el propio Yo, y ser un solo ser en unión y relación. Estos opuestos, como todos los demás, están albergados en el abrazo del amor y la pertenencia.»

Este breve Día 38 también nos alerta sobre lo mal que entendemos en nuestro mundo palabras como “posesión” o “pertenencia”. Leer el resto de esta entrada »

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I. Un curso de amor, D:Día29, D:Día30
II. D:Día31
III. T2:13
IV. D:Día32
V. T3:1, T3:2
VI. D:Día33
VII. D:Día34
VIII. T3:4,5
IX. De ricos, pobres, e intereses personales
X. El fin de las guerras ya está inventado: se llama “proceso histórico de formación de los EEUU”
XI. T3:7, T3:8
XII. La pregunta central
XIII. T3:9
XIV. D:Día36

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I. Un curso de amor, D:Día29, D:Día30

Primero hablemos del Día 30. En él, se hace la analogía entre nuestro despertar a la Unidad, y la suma de fracciones.
Para poder hacer una suma de fracciones, hay que buscar algo común, un “denominador común”, para dar con esa totalidad, o plenitud, que llamamos “suma”.

Y haciendo la analogía, esa es simplemente la “obra de Dios” que estamos realizando en nuestro despertar, es decir, en este camino de vuelta a Casa.

Al “sumarnos”, creamos lo nuevo, pues nada es siempre igual.

¿Por qué?

Porque nosotros mismos somos ese Dios (una singularidad “holográficamente” “dentro” de la Singularidad de Singularidades)… que se quiso “separar” en un aparente “más de uno”…, para así «poder conocerse a Sí Mismo».

Es lo que dice literalmente este capítulo, igual que la metafísica de la simpática revelación de Walsch, aunque en Walsch se empieza precisamente por esto mismo, diciendo esto ya desde el principio.

Como siempre, la “metafísica” solo es el punto de apoyo para perdonar este mundo de las relaciones, de lo relativo…: el mundo de las relaciones en este “aspecto exterior de la Vida” que hemos creado para re-conocernos desde fuera y así poder “ampliarnos”, como “dioses” (ya vimos que el curso de amor nos dirigía hacia lo mismo que Walsch, e incluso, vimos en el capítulo T4:8, que hablaba de lo que pasaba en esta Tierra como una especie de simple rebelión…, como una rebelión que habríamos alimentado en nuestro ser para hacer frente a lo que era necesario aprender para que un espíritu como el nuestro pudiera habitar en las formas y despertar en ellas como espíritu; también se decía allí que esta rebelión solo nos retrasaba).

Dice este Día 30:

«Si pensaras en esto como si “Dios”, o el estado de “Plenitud” o de “Ser”, se separase en más de uno para poder conocerse a Sí Mismo, verías que el conocedor y lo conocido son uno solo. Verías que se necesitan dos o más para que se dé el conocimiento.»

Así, nuestro Yo-en-unidad es la constatación de esa “comunalidad”, de esa cualidad común, una constatación que necesita de otros yoes que despierten o vayan despertando a la Unidad (podríamos decir que nuestro Yo en unidad es nuestro yo, en minúsculas, habiendo reconocido al Yo o Ser, con mayúsculas).

Y así “conseguimos” cerrar el círculo de la creación, utilizando las formas para ello, para ser plenitud en la separación, debido a que:

«…el Yo es lo que es común a la totalidad.»

Nosotros, como una unidad plena, una totalidad, tenemos y somos un solo Ser o Yo, una sola Mente. Y nuestro Yo-en-unidad “está” ahí, o es eso.

Y nuestro descubrimiento concreto de ello (que es una recreación, la creación de lo nuevo, que realizamos al compartir en unidad y relación), realiza eso que ya había aparecido en el Día 20, en cuanto a que lo desconocido era «la recepción y la expresión de la verdad»:

«Tú eres lo conocido y lo desconocido. Todo es tanto lo conocido como lo desconocido.
» Tú eres la expresión de lo desconocido y el único medio de que lo desconocido llegue a ser conocido.»

Y en el Día 30 dice, para finalizar:

«El Yo debe ser el conocedor y lo conocido, la experiencia y el experimentador. La búsqueda de la reunión con Dios es la meta. Es la búsqueda por ser el conocedor y lo conocido, la experiencia y el experimentador. La culminación de esta búsqueda es entonces la confluencia, la unión.»

Y la unión o confluencia será el título del Día 31. Leer el resto de esta entrada »

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I. Un curso de amor, T2:6
II. D:Día24, Día25 y Día26
III. T2:7
IV. D:Día27
V. Una inspiración, leyendo Conversaciones con Dios
VI. T2:8
VII. ¿Por qué los niños, a veces, “salvan”?
VIII. T2:9
IX. T2:10
X. D:Día28
XI. T2:11
XII. El maltrato y la guerra
XIII. Manipulación de masas y terrorismo
XIV. T2:12

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I. Un curso de amor, T2:6

Este capítulo aborda una cosa esencial, maravillosa, al afrontar un agobio que mantenemos vivo en la vida, un agobio acerca del cambio.

Pues si nos agobiaban los cambios o el crecimiento, es porque sobre ellos proyectamos la mentalidad del aprendizaje, de la carencia.

Es decir, allá donde vemos cambio, interpretamos que vemos que hay algo que PUEDE SER logrado… pero que AÚN no es.

Es decir, sentimos la falta antes que ver la plenitud que se despliega. Vemos antes el vaso medio vacío que medio lleno en un proceso natural de llenado… en un proceso al que en realidad no le faltaría nada.

Este es pues el efecto que tiene el “tiempo”, como concepto “del ego”.

«Lo que ahora necesitamos arreglar es que tú crees que el cambio y el crecimiento son indicios de todo lo que puede ser logrado, en vez de ser indicios de lo que ya lo está.»

Y entonces es cuando comienza, en este capítulo 6, a revisar todas las creencias que, dentro nuestro, terminarán por producir el deshacimiento del patrón del aprendizaje…, y un desaprendizaje digamos que “completo”. Así, nos llevarán por un recorrido más allá de toda creencia y de todo “yo personal”.

Estamos apegados al patrón del aprendizaje, pero:

«El final del patrón de aprendizaje al que te refieres como “tiempo” es el comienzo del tiempo de la unidad.

» Este regreso a la unidad depende de los cambios en tus creencias que este curso ha provocado. Repasemos estas creencias y cómo se relacionan con tu concepto de tiempo.

» Solamente tú puedes sentirte logrado, y tu realización ya está consumada.»

Ahí tenemos la primera creencia que nos llevará más allá de toda creencia 🙂 Leer el resto de esta entrada »

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I. Conversaciones con Dios, I, CCD1:4
II. D:Día18
III. Conversaciones con Dios, I, CCD1:8: ¿Por qué destrozamos las relaciones?
IV. Un curso de amor, D:Día19
V. T2:2
VI. T2:3
VII. D:Día20
VIII. D:Día21
IX. La evolución
X. D:Día22
XI. T2:4
XII. T2:5
XIII. D:Día23

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I. Conversaciones con Dios, I, CCD1:4 (enlace al PDF del primer libro)

En definitiva, esto que estamos haciendo aquí en estas tierras es algo tan divertido como esto: somos Dios que un día decidió que no basta con ser Dios, sino que hay que poder ELEGIR serlo. Para eso vinimos aquí, y para ello nos vino bien co-crear con Dios el “miedo” (“con Dios”, pues nada se puede hacer sin su presencia, ya que somos amor, somos la misma esencia que es Dios, amor). Y para ello, por tanto, creamos “dentro de Dios” el “miedo”… el miedo como bendita ficción opuesta a la Realidad de Dios.

O, lo que es lo mismo, somos VIDA que un día decidió que no basta con serlo, sino que deberíamos poder ELEGIR ser VIDA (para lo cual vendría bien inventar diversiones y montañas rusas mentales como es la muerte…, etc.).

O lo que es lo mismo, somos el Creador, que un día decidió que no bastaba con serlo, sino que quería poder ELEGIR ser CREADOR, para lo cual venimos aquí, todos, en comandita, habiendo creado la inmensa ficción de unos mundos impresionantes que parecen poder hacernos cositas e imponérnoslas a nosotros como “desde fuera”…, con sus preciosas leyes naturales y todo.

Es tan aburrido simplemente serlo TODO… que necesitamos experimentarlo, no solo SERLO… necesitamos experimentar que ya somos TODO pero así como “desde fuera”, pudiendo ELEGIRLO.

Nuestra nueva Diosa, como vemos, es pues la ELECCIÓN 🙂

Y así es como parece que crecemos… y crecemos sin fin… con y en ese CONOCIMIENTO que ya somos, y con la complementaria EXPERIENCIA que venimos como a rellenar de SER y de más SER…, de LUZ y de Conocimiento… y hacia el Supremo Sentir y el Supremo Ser de la creciente reunión de ambos -experiencia y conocimiento- en la bendita GLORIA de NUESTRO CENTRO de todos los centros, Origen de los orígenes.

Qué maravilla.

Ese tipo de cosas están “reveladas” por enésima vez a la humanidad, de sopetón, rápidamente, desde el principio de la revelación de Walsch, maravillosa.

Y nosotros estamos yendo con Un curso de amor hacia el mismo sitio… aunque con algunos detalles maravillosos y con un acompañamiento exquisito que nos intenta acompañar por la vida normal y corriente para que siquiera al menos en esos ratos de lectura dejemos de creer en el sacrosanto APRENDIZAJE, en la sacrosanta necesidad de las LECCIONES.

El aprendizaje, como insidioso patrón habitando dentro nuestro…, dice: no podrás SER o ESTAR de tal modo, a no ser que pase esto o lo otro de más allá para que puedas aprender esto o lo de acullá; no podrás SER esto a no ser que perdones esto otro, etc. etc.

Este “patrón del aprendizaje” es el gran aliado del otro gran esquema “mortal”: el tiempo, y todo para ahora servir a ese otro gran montaje que los humanos parecemos haber construido dentro de este ciclo de vida y muerte aparente: el gran montaje de la “idea del sufrimiento”.

Esos patrones son grandes distorsiones que hemos impuesto a la idea y al propósito del verdadero aprendizaje y del tiempo.

Nosotros mismos nos lo decimos (“eh, necesitamos tiempo”)…, y… voilà… lo creamos: se nos da tiempo para que sigamos más o menos “sufriendo” la carencia que deseemos –que se verá muy justificada por las circunstancias del universo, de la sociedad, etc., que nos rodee en ese momento (crisis, etc.)… o bien por lo que le vaya a pasar a nuestro cuerpo, con algunas enfermedades, etc.

Nos lo decimos… y normalmente sin palabras: “eh, universo, que necesito tiempo para poder ser feliz, tener paz, ser abundante…”.

Y el universo nos da tiempo intermedio, tiempo en el estado intermedio ilusorio que tanto nos gusta disfrutar todos juntos en la ilusión aparentemente autodestructiva de este mundo que ama tanto la complejidad… tan rebosante de humanidad atemorizada.

Así que ahí estamos o estábamos: en un estado intermedio entre ese TODO que ya somos, y esa NADA REAL que creemos que nos podría realmente devorar. Leer el resto de esta entrada »

Comentarios, 22: un curso de amor, tratados y diálogos; comentarios sobre el sufrimiento y sobre el relato de la vida terrestre en la revelación de Walsch   Leave a comment

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I. Un curso de amor, T1:6
II. D:Día12
III. C:30
IV. T1:7
V. C:31
VI. T1:7 (II). Divagación sobre el sufrimiento
VII. Un curso de amor, D:Día13 (II)
VIII. D:Día14
IX. T1:8
X. D:Día15
XI. Las nuevas revelaciones (Walsch): sobre el sencillo relato de toda la vida terrestre
XII. Un curso de amor, D:Día16
XIII. D:Día17

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I. Un curso de amor, T1:6

Todo esto es lo mismo:
– Invocar “mentalidad milagrosa”,
– sintonizarse con las leyes del amor (dar = recibir),
– invocar un orden “superior” de la experiencia, que siempre nos está “envolviendo” (pues somos Nosotros)…
– y como nos cuenta este capítulo, de nuevo…: reproducir y recordar una “MEMORIA DIVINA”, un “recuerdo divino”.

Es decir, un “recuerdo”…, pero en este caso de “algo” inefable… relativo a nuestro origen, que es la “divinidad” como relación…, pues nosotros somos una relación, como lo es la relación de “divinidad”.

Así que es un recuerdo pero de algo “original”, algo relativo al origen.

Así, este capítulo también dice que:

«[…] la oración recuerda y reproduce la verdad y permite que la verdad exista tal y como es. La oración hace esto porque es el acto de elegir la unión de forma consciente. Elegir la unión te lleva al estado real del “todo” desde el estado irreal del lugar intermedio. Y solamente desde un estado que sea real puede en verdad ocurrir algo.»

Pero como siempre, se trata de evitar que volvamos a antiguas concepciones sobre “pedir”, “rezar”, “orar”… porque en el fondo nos estamos “pidiendo” a nosotros mismos (estamos pidiendo recordarNos):

«La plegaria y los milagros funcionan juntos una vez son vistos por lo que son. No olvides, sin embargo, lo que la unión es. La unión es la mente y el corazón unidos en incondicionalidad. Se trata de tu unión contigo Mismo, con tu Ser, con tu Yo. La unión contigo Mismo es la unión con Dios.
[…]
» Usar la oración solo como medio para acceder a un dios que consideras separado es intentar usar lo que no puede usarse. Se ha dado crédito a esas ideas sobre la oración porque al menos reconocen que existe algo a lo que acceder.»

Ahora nos previene contra las oraciones que solo pongan “el corazón” o solo “la mente”:

«Las oraciones como estas emanan o bien del corazón o bien de la mente, y no tienen el poder del incondicional. Las oraciones como estas emanan del estado de miedo que es la realidad del yo separado.»

Podemos poner “mucho corazón” en estar alentando alguna emoción profunda, alguna poderosa creencia-emoción subyacente… alguna creencia en la carencia (en que nos falta “Dios”, nos falta abundancia…, etc.):

«Orar desde el miedo no es orar en absoluto, porque dicha oración no elige la unión, que es el prerrequisito. Orar desde el miedo significa pedir desde un estado irreal de carencia de lo que se considera que falta o que se desea. Por el contrario, la verdadera oración, formada en la unión, es un medio de crear, recolectar o recordar una memoria divina, y de transformar esa memoria divina en una experiencia del momento presente.»

Es como la metáfora de los ejes, se trata de fertilizar/transformar/mutar la memoria “horizontal”… con la “vertical” (original), contando con que en general la memoria es algo indispensable (tal y como avisa este capítulo en 6.7, pues lógicamente sin memoria no hay relación posible). Leer el resto de esta entrada »