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La necesidad de instituir un “permiso” para ser padre/madre   2 comments

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parque

Otro de los rasgos más tragicómicos de nuestra sociedad quizá sea el de que no tenemos una educación profunda y divertida para los “futuros padres” en torno a lo que conllevan los niños.

Y el ambiente que absorben los niños de pequeños es muy importante (literalmente lo absorben).

Esto es tragicómico porque es como una inmensa muestra de masoquismo generalizado, relacionado quizá con esa extraña frase hecha que dice que “el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Es tragicómico tener un “carnet” o permiso de conducir automóviles, y no tenerlo para los hijos.

Y es que estamos viviendo una gran mentira, porque nosotros no somos animales, es decir, nuestro entorno no es directamente “natural” o “biológico”, sino cultural. Es decir, no salimos de nuestra guarida y nos comemos lo primero que nos encontramos por ahí, como hacen básicamente los animales.

Nosotros interaccionamos primero con un entorno de ideas materializadas e instituciones, y de gran parte de la humanidad casi literalmente se podría decir que “come dinero”.

Igualmente, por eso mismo, si queremos que las cosas funcionen con alegría, armonía, abundancia… no debemos dejar que los padres tengan hijos como los tienen los animales, es decir, “espontáneamente”.

Si queremos vivir en paz no nos podemos engañar: lo humano no es “espontáneo” en ese sentido.

Para nuestro estado humano lo “natural” sería que hubiera mucha comunicación en torno a la crianza, es decir, que los padres tengan una educación profunda, divertida, amable… sobre lo que significa la crianza, el amor, etc., pues, como hemos dicho, está demostrado incluso “científicamente” que los primeros años de los niños son fundamentales*.

Es decir, no hablamos de aplicar prohibiciones o restricciones, como las que creo que hay explícitamente en China en cuanto al número máximo de hijos… sino que hablamos de “saberes”, de sabiduría… es decir, de comunicación amable sobre la realidad de los sentimientos y de las necesidades de los niños y de las personas cercanas a los niños en general. Leer el resto de esta entrada »

Identificarse para protegerse de lo que nos lanzan mentalmente “los demás”: el acto mediante el que conseguimos “no ser nosotros mismos”, y con el que nos provocamos muchas enfermedades   1 comment

Este artículo, leído (y un poco comentado), en este enlace y botón de audio:
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seta

Hay un par de curiosas sesiones breves de Seth (52 y 53), donde apenas puede hablar a través de Jane, y se tiene que despedir muy pronto, pues Jane tiene un intenso dolor en el cuello (para leerlas en formato texto, ir al índice de Seth donde está enlazado también el pdf).

Seth, en la sesión 52, termina dando algunas pinceladas más sobre los modos y los motivos por los que nos provocamos a nosotros mismos las enfermedades.

Al final, Seth tiene la oportunidad de contar, en esa sesión (y curiosamente lo cuenta a través del mismo subconsciente -el de Jane- que en ese momento se está provocando esa dolencia… 🙂 )… tiene la oportunidad de contar… algunas de las razones por las que es ella misma quien se provoca la dolencia.

Lo que cuenta Seth tiene que ver al final con cómo sucede que, en la vida, “conseguimos” no ser nosotros mismos… es decir, tiene que ver con cómo “usamos” a los demás para no ser nosotros mismos… mientras vamos viviendo la vida sin querer “sanarlo” todo.

En este caso, el dolor de cuello de Jane le sirve a ella para identificarse “de forma subconsciente” con su madre, con quien tiene cierta relación conflictiva.

Es decir, para facilitar esa identificación con su madre, Jane utiliza un dolor de cuello que la sintoniza con su madre, pues esta había estado postrada en cama muchos años y con dolores parecidos.

Una vez que Jane se identifica así con su madre (usando entre otras cosas ese dolor)… una vez que se identifica “mágicamente” así… puede entonces evitar (o eso cree, eso creemos todos cuando lo hacemos)… puede evitar… las proyecciones que percibe que su madre “dispara” contra ella, pues efectivamente la madre de Jane acusaba a su hija, a Jane, de ser la causa de su artritis, desde el parto (cosa que le reprochó de hecho en alguna ocasión).

Así que en vez de responsabilizarnos del dolor y de las proyecciones, nos identificamos con el otro para ponernos en su lugar (por ejemplo en su lugar de “enfermo”), y así intentar evitar las proyecciones que vienen de él, que nos lanza… pues una vez que en nuestra imaginación “somos el otro” (por ejemplo gracias a ese dolor de cuello), entonces parece que ya no nos van a poder llegar las “flechas” que salen de ese otro ser que nos odia, o que nos acusa… etc.

Así es que nos intentamos librar mágicamente de las flechas o las proyecciones que ese “otro” nos lanza.

Pero al final, como vemos, lo único que conseguimos así es no ser nosotros mismos. Leer el resto de esta entrada »

Los deseos, los sueños, y las creencias sobre “la familia”   Leave a comment

imagen corazón en círculoPodemos aprovechar esta cita del curso de amor para comentar de nuevo algo elemental sobre la familia y sobre nuestras creencias “locas” colectivas:

«El sufrimiento se considera una condición de este mundo porque el mundo se considera un lugar donde nunca puedes convertirte en quien tú eres».

Una de las mayores locuras, en ese sentido (en el de haber idolatrado tanto la idea de sufrimiento, en nuestra civilización)… parece estar en la crianza de los hijos, con la tradición de “la familia”.

La familia a menudo actúa como una máquina de frustración de deseos. Pero en cierto modo los deseos son “sagrados” por la fuente que está detrás de ellos: la Vida con mayúsculas, la Vida de la vida.

Y si frustramos sistemáticamente nuestros deseos…, no habría en general verdadera maduración, sino una “maduración” hacia la amargura y la sequedad.

Todo esto tiene que ver con que todos somos profundamente “religiosos” en el mal sentido de la “religión”, es decir, en el sentido de creer que:
– solo podemos aprender a base de golpes, de sufrimiento.
– en el ser humano hay algo intrínsecamente malo.

Estamos dejando atrás la era donde hemos creído básicamente en esas dos cosas.

Esas creencias las tenemos a menudo alojadas profundamente aunque creamos superficialmente que no las tenemos.

Así que esta civilización, sin importar si los individuos son o no religiosos, “éticos”, etc., sigue manifestando y reforzando una adoración a la idea del sufrimiento y a la idea del error original (hay algo “malo” en todo ser humano), y, por tanto, seguimos alimentando la adoración a la idea de un universo hostil y de una Vida hostil… que confabula contra nuestro más íntimo anhelo.

Es decir, como sabemos, aquí permitimos que “reine” de cierto modo el ego, el ego tal y como lo concibe el curso de milagros, etc., el ego como esa idea loca, pero ahora normalizada, de que no podemos ser felices en realidad (por obligaciones, etc.), y de que no podemos revertir o deshacer los conflictos y fluir desde la paz.

Esta tradición de “la familia” afortunadamente parece que la vamos a ir poco a poco sustituyendo por la no-tradición del amor, pues en el fondo importa que haya amor, y no de dónde proviene este. Es decir, como sabemos, ese amor (que realmente es nuestro ser), no importa de dónde venga, sino solo que haya, que se reconozca, que fluya… entre quienes quieran dejarlo pasar, desde el centro de su ser… –y siempre avisando de que es contagioso 🙂 .

Cuántas veces, los padres, en las vidas, por asumir “obligatoriamente” el papel de “padres”, en este teatrillo inmundo… se han visto amargados y frustrados en sus sueños… y así, han favorecido por resonancia tal amargura en los hijos, de nuevo, en un mundo que tanto gusta de reforzar eso mismo –con aquellas sacrosantas ideas del sacrificio, del sufrimiento, la expiación de la culpa.

Es todo muy extraño:

– En muchos casos, por un lado, los padres usan a los niños (y con muchas razones objetivas) para frustrar sus sueños y deseos.
Pero no es un problema de ellos, ni de nadie en particular, pues todos actuamos en parte como programados por la creencia en “la familia”… desde nuestras raíces evolutivas primitivas, lógicamente:
los humanos aún actuamos (pese a entregar a los niños al Estado y a la TV en gran medida), aún pensamos que no hay nadie más, en el planeta, que pueda “dar amor” y comida a “los hijos”… y como si estos niños no pudieran aceptar esas cosas de otras personas, sanamente.
Además… como dar es recibir… a los niños a menudo se les está “quitando” la posibilidad de dar amor más “universalmente”, cosa que muchos seguro que harán encantados. Leer el resto de esta entrada »

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imagen corazónÍndice:
I. Un curso de amor, C:7
II. Lección 2p de La Vía del corazón: ayuno, María
III. Desde las perspectivas a las elecciones, sobre una cita de Walsch
IV. Un curso de amor, C:8
V. La Vía o Camino del corazón, L4
VI. Un curso de amor, C:9
VII. C:10
VIII. C:11
IX.  C:12
X. El alma y los transplantes
XI. La vía del corazón, L8
XII. La vía del corazón, L9

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I. Un curso de amor, C:7

Como sabemos, estamos hipnotizados y deslumbrados por lo físico (su densidad, sus formas).
Por un lado es lógico, pues es maravillosa nuestra creación, nuestro patio de juegos donde ensayamos nuestro ser divino desde un aparente “afuera” físico… un “fuera de lo divino”.

Pero nuestra hipnosis colectiva, que nos impide sentir más todavía la Maravilla… no proviene de ese sentido de maravilla…, sino de interpretaciones mentales, de cómo hemos interpretado el hecho de estar separados.

Esto nos ha hecho perder el sentido de lo importante que es lo que NO vemos.

Lo más importante en ese ámbito no visible es para empezar nuestra mente, nuestros pensamientos –es decir, lo que hacemos con nuestra mente.

Y este sería quizá el tema principal de este capítulo 7.

Y es fundamental, porque se trata de abordar directamente la generalización de nuestro “aprendizaje”: el hecho de que toda retención es una sola retención, el hecho de que todo lo que escatimamos, retenemos, preservamos miedosamente…, significa al final lo mismo. Y significa la pérdida de nuestra propia plenitud, del sentido de la plenitud que es natural en cada ser.

Por ejemplo, quizá no nos parecía que tuvieran mucha relevancia, que fueran muy importantes, todas esas pequeñas ofensas que nos guardábamos durante un día cualquiera…, todas esas pequeñas quejas o agravios que sentimos “contra” los demás, contra alguien, contra algo (mundo en general, personas, organizaciones…):

«En cada situación te relacionas con alguien o algo, y lo que sostienes en contra de ese alguien o algo, se lo escatimas y retienes. Les has quitado una pieza y la retienes antipáticamente para ti, no en unión, sino en separación».

Al quitársela a ellos (diciendo por ejemplo: “tú ya no eres válido para mí, porque no me has devuelto esa llamada que te hice”), al quitarle a ellos “una pieza” (de su ser, que en realidad es infinitamente valioso)… nos la quitamos a nosotros, pues somos una sola relación, una sola mente realmente unida…, y somos igual de infinitamente valiosos (todos infinitamente especiales, amados, valiosos).

Así, usamos la relación que en realidad siempre está… que es indestructible… para reforzar nuestro patrón enfermizo de reacción desde las ofensas del pasado, actualizando las ofensas del pasado, con las que conseguimos que se repitan nuestros modos de responder al presente.

Usamos la relación (la una-sola-mente que somos en realidad) para hacer lo que ella no puede hacer: demostrar la realidad de la separación. Seguimos obcecados en intentar demostrar la realidad de la separación, y así, vivimos en distorsión, la distorsión de la única relación. Leer el resto de esta entrada »

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imagen florÍndice:
I. La culpa era de…
II. Un curso de amor, T3:15
III. T3:16
IV. C:1
V. C:2
VI. T3:17
VII. T3:18
VIII. C:3
IX. Nuestra relación con la consciencia colectiva, antes y después de morir (lo que pasaba si no estábamos despiertos)
X. C:4
XI. C:5
XII. C:6

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I. La culpa era de…

Toda la culpa era… tachán… ¡De papá noël! ¡de los reyes magos!
🙂 😛

¿Por qué?

Porque con ese truco mágico, quizá nuestra cultura escondía el hecho más mágico todavía:
el de que, en realidad, ¡nuestros padres biológicos no eran fundamentalmente nuestros “padres”!

¿Qué eran?

Muy sencillo: ¡CORDEROS PARA EL SACRIFICIO del ego!.

Nuestros padres son básicamente símbolos del sacrificio… de la represión, de la muerte en vida… para mayor gloria del Ego y su dios.

Vida tras vida quemando en las hogueras de sus templos los más bellos sueños, intereses, deseos… de “los padres”.

¡No eran “padres”! ¡Eran víctimas sacrificiales en la gigantesca Iglesia Tierra! ¡Este gigantesco monumento al ilusorio sufrimiento!

Ay, pobre Madre Tierra 🙂 , por cierto, cuánta tontería tiene que presenciar 🙂 .

Padres… ¡y una mierda padres!… : símbolos agonizantes, como ese falso Cristo entendido por la doctrina vieja de las viejas iglesias a la vieja usanza 🙂

II. Un curso de amor, T3:15

Uno de los capítulos más amenos de esta parte es este sobre los nuevos comienzos.
Con el ego (el miedo, el pasado), proyectamos el pasado en forma de criterios y tiempos:
criterios sobre cómo deben ser las cosas…, y tiempos de espera oportunos para considerar que hemos tenido “éxito”… que realmente el nuevo comienzo ha tenido éxito. Leer el resto de esta entrada »

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imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, C:22
II. D:Día38
III. La libertad es lo que nos asegura que la igualdad no será uniformidad
IV. La relación entre lo visible y lo invisible
V. Un curso de amor, T2:12
VI. “Ganarse la vida” (celebrando el final de mi revisión de los errores de traducción en el segundo libro de Walsch)
VII. La vida no tiene propósito
VIII. El único “objetivo” del amor
IX. El servicio a la vida y las relaciones
X. T3:13
XI. C:9
XII. Los padres, los menos indicados para criar niños
XIII. La falsa aceptación del ego

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I. Un curso de amor, C:22

El primer libro del curso tiene alguna sugerencia práctica -pocas, pues todo el segundo libro del curso va a ser “para que lo practiquemos”.

Una de las sugerencias más directas está en el capítulo 22.

Tiene que ver con volvernos impersonales, con devenir impersonales…, para adquirir la verdadera “personalidad”, que ya no se identifica con el yo personal, sino con el Yo o Ser verdadero (eterno) en la Unidad… reconociendo que nunca ha sido ese yo personal, que era lo que presentábamos a los demás, en este mundo loco de relaciones exteriores que hacíamos así de loco por querer seguir perdidos del Yo o Ser en Unidad.

Y claro, de esto va al final toda “espiritualidad” -y el proceso que llamamos “espiritualidad” lógicamente permea todo tipo de ámbito ya, toda ocupación, territorio, disciplina, etc.

Pues al final, esta especie de devenir “unidad”, de volverse unidad de amor…, de anclarnos todos en nuestra Mente-Una… cambiando nuestra consciencia hacia el discernimiento de la eternidad en las formas… es lo que hemos elegido como humanidad… aunque no lo parezca tanto si nos fijamos en los acontecimientos exteriores, en su violencia, y en el caos de descuido y de “sálvese quien pueda” que podríamos decir que “presenciamos” o reforzamos hoy.

Esta sugerencia práctica del C:22 es quizá muy obvia si ya conocíais algo de filosofía, o por poco impregnados que estemos del devenir IMPERSONAL del mundo, pues lo impersonal tiene su “moda”, es algo “muy comentado” por el modo de hacer novelas de un tiempo a esta parte…, o por los cambios habidos en el modo de hacer cine. Y también ocurre que, lógicamente, podemos sentir rechazo… es decir, que a menudo este tema sería superficialmente malinterpretado… como si “lo impersonal” fuera por ejemplo “malo”… si aún queremos seguir con esa mentalidad que “juzga”.

Este capítulo explica que debemos usar la imaginación para que nos ayude a sentirnos en relación, en intersección con todo lo que hay en nuestro mundo, que es como si nos atravesara.

Es decir, que “debemos” pensarnos como INTERSECCIÓN…, e IMAGINARNOS todo lo que podamos a nosotros mismos como intersecciones vivientes… y que debemos pensar que dicha intersección es algo productivo -que produce “relación”, “colaboración”, “asociación colaborativa”…:

«Comienza a imaginar que ves el mundo sin el énfasis en tu yo personal. Comienza a formar frases y a contar historias sin usar los pronombres “yo”, “me”, “mi”… Al principio esto parecerá que despersonaliza tu mundo y lo hace menos íntimo. Te parecerá que eludes cierta responsabilidad primordial, la de asignarle significado a todo. En vez de resistirte a esto, esfuérzate por dejar de asignar significados. Comienza de forma simple. Ve de lo general a lo específico. Por ejemplo, cuando sales de tu casa por la mañana sueles pensar: “qué día tan lindo”. Lo que esta expresión indica es que has interiorizado inmediatamente lo que te rodea y lo has juzgado. Es un día lindo “para ti”. El día tiene todos o casi todos los requisitos que consideras que lo convierten en un día placentero. Reemplaza dicho pensamiento por otros como: “la hierba es verde; los pájaros cantan; el sol es cálido”, como en un simple informe.

» Cuando te pregunten: “¿cómo te fue hoy?”, responde hasta donde sea posible sin usar la palabra “yo” o “mi”. Deja de referirte a las cosas o a las personas desde el punto de vista de la posesión, como “mi jefe”, “mi marido”, “mi coche”.

» Esta retirada del “yo” personal no es más que un primer paso para regresar a tu consciencia de la unidad, un primer paso para pasar del sentido como definición al sentido como verdad. Aunque al principio te parezca extraño e impersonal, te aseguro que la sensación de impersonalidad será muy pronto reemplazada por una intimidad con el entorno como nunca antes la habías sentido.»

II. Un curso de amor, D:Día38

Para el Día 37 hice un texto aparte aquí.

Estos días finales son como la esencia del Diálogo en el que entrábamos en esta tercer parte del curso.

Son la esencia de esta “comunicación”, que es más que una comunidad, que es más que una común-unidad, pues es la tensión creadora de los opuestos:

«Esto es lo que se ha denominado la tensión de los opuestos: ser el propio Yo, y ser un solo ser en unión y relación. Estos opuestos, como todos los demás, están albergados en el abrazo del amor y la pertenencia.»

Este breve Día 38 también nos alerta sobre lo mal que entendemos en nuestro mundo palabras como “posesión” o “pertenencia”. Leer el resto de esta entrada »

Las relaciones especiales: hijos   2 comments

imagen corazón en círculo

Por añadir algo más a lo que decíamos en otro texto reciente sobre “hijos”, comentamos esto:

«Y así, no hay relación especial, ninguna relación basada en el amor imaginario del cual hablo, ninguna relación del ego, por así decirlo, QUE NO ESTÉ BASADA EN LA IRA. »

¿Y por qué?

Eso que acaba de decir Yeshua, en el último capítulo retocado de “La otra voz, es que esa IRA se debe, al final, a que le damos el poder a “lo de fuera”, a lo que vemos “fuera”. A ello le damos el PODER de DETERMINAR lo que nosotros SOMOS (o valemos, etc.)… el poder de DEFINIR lo que somos.

Y como sabemos, ese es “el único problema” del mundo: que nos definimos a nosotros mismos con las imágenes que nosotros mismos proyectamos y manipulamos.

¿Cómo no vamos a estar muy enfadados si le hemos otorgado el poder a alguien que en realidad solo existe en nuestra imaginación, pues al final no hay nadie realmente separado…, ahí fuera… puesto que somos “solo” Amor… más allá del mundo?

Entonces, como se ve claro en este mundo físico, el problema no es en sí la “realidad” o “irrealidad” de los cuerpos de ahí “fuera”… (aunque al final sean irreales, como el mundo)…, sino que, al final, el no-problema es que usamos los cuerpos inercialmente para reforzar la IDEA de separación, dándole a “los otros” el poder de DEFINIRNOS (de incluso destruirnos, hacernos desaparecer, etc.).

Al final, como ya sabemos, todo es una “operación mental” en la cual, obviamente (y muy emocionalmente), los cuerpos son importantes, pues nos dan el apoyo necesario para poder seguir creyendo que lo que nos define es el “afuera”, es la separación.

Y así, nos vemos como siendo, con todas las de la ley, “un ego”: “manolita”, “pepito”… que son “papás”, “mamás” —ya que no para otra cosa nos hemos proyectado todo nuestro universo privado.

Así, subrepticiamente, le estamos otorgando realidad (y con una fuerza enorme) a la idea de separación.

El caso extremo sería una vez más quizá el de “los hijos”: con ellos conseguimos darle poder al afuera, a la idea de separación, y de forma monumental…, pues “ELLOS”, los “OTROS”… DEFINEN enormemente lo que nosotros SOMOS, y lo hacen de forma aparentemente muy “natural”:

— somos hasta biológicamente unos creadores, los “padres creadores” 🙂 , nada más y nada menos que somos “los creadores” … 🙂
— somos “una madre, un padre, muy necesario para sus hijos”… etc.

Y así es como lo vivimos, y de forma muy “realista” e innegable. Es la base con la cual engañarnos, y con la cual, igual de poderosamente quizá, poder desengañarnos (sintiendo finalmente que el amor solo era libertad).

Esto es lo que venimos a buscar aquí, como egos desvalidos, al mundo. Solo ya por venir a querer “ser” un cuerpo de bebé, venimos a confirmar debilidad, a echarle la culpa a otros de nuestra creencia ilusoria de la cual depende toda nuestra creación ilusoria… diciendo…:

creo en mi existencia separada… ¿ves? Pero eh, mira… hay ahí fuera otros que son los “culpables” de que yo albergue esa creencia en mi mente: y son papi y mami 🙂 … y compañía 🙂 “.

Así, venimos una vez más (en el viaje a este mundo, es decir, a ninguna parte, donde no hay nadie)…, “venimos”… a plasmar este nuestro “anhelo imposible”, pues de hecho ya éramos, ya somos y seremos para siempre “Dios”.

Así, “venimos” pues como eguitos pequeñitos (pero en realidad igual de “grandiosistas” como egos)… “venimos”… a este mundo literalmente de locos, y que en realidad proyectamos privadamente, y de golpe, a cada instante.

Con esas maniobras, por tanto, le damos el poder, y de forma muy intensa, a lo que al mismo tiempo “vemos ahí fuera”… que conseguimos sentir como que “está fuera” (en la ilusión del “afuera”).

Esto lo hacemos, como todo el mundo sabe, muy “emocionalmente” :).

Así, con tanta emoción del mundo físico natural… triunfa y triunfa una idea que, por otro lado, podría ser simplemente neutral (motivo de risa)… la idea de SEPARACiÓN.

Parece triunfar así, con estas maniobras tan emocionales en nuestra mente, esa idea, ya que nuestra mente es muy poderosa como fabricadora de mundos de ensueño —como este, en la “vigilia” de este tan denso “mundo físico”.

Con estas maniobras (que rezan algo así como que: “nosotros nos creamos a nosotros mismos”)… nos montamos “la película”, y en ellas parece reposar gran parte de la fabricación de este mundo, fabricado desde el miedo a carecer.

Le damos por tanto el poder así de fuertemente a un “afuera” ilusorio, con toda la ficción aparentemente tan “natural” y “necesaria” de los cuerpos, la maternidad y la paternidad…: “papa-mamá-hijitos” 🙂 .

Con “toda el alma” 🙂 .

Entonces, el tema “hijos” sería el caso extremo, y bien paradójico, en este mundo, donde venimos a jugar a papá-mamá, para creer que nos podemos fabricar entre nosotros; es decir, para creer que la separación era real…, y que eso que “constatamos” tan naturalmente (que está “fuera” de nosotros) es lo que nos da nuestro ser… nuestra identidad… lo que nos define… lo que nos muestra nuestro VALOR o valía.

El baluarte defensivo de esta ficción de “los hijos”… parece ser el primer y mayor golpe de efecto… el primer GRADO en el mundo ilusorio de grados y gradaciones en las relaciones…: esta relación “principal” es quizá la mayor trampa del mundo ilusorio… pues “las parejas” quizá no nos parecen tan naturales 🙂 , biológicamente hablando.

Este “amor distorsionado” (que es nuestro SER)…, viene a convertirse de nuevo aquí en eso, en “distorsionado”… mediante las RELACIONES ESPECIALES con nuestras madres y padres (en general “tutores”, en la infancia, etc.)…, y, como ya sabemos, “luego” este “amor” ya distorsionado será de nuevo fantaseado y trasladado o traducido más o menos enfermizamente en las futuras “relaciones de pareja” —en nuestra edad adulta y antes en la adolescencia.

Y así, sigue que te sigue “la rueda del tiempo”: asociando amor con necesidad…, para dejar de SER esa libertad que ya SOMOS, como amor perfecto.

Qué curioso es este mundo 🙂

Hijos, mundos privados

El caso de los hijos es “extremo” porque se dan aquí los extremos más agudos de amor y de miedo…, de “amor incondicional” y de ese “miedo asesino” que es la base de este universo de percepción.

¿Qué quiero recibir y conseguir de la relación con los hijos, visto por el ego (“el ego” que es precisamente ese sistema de pensamiento: de “la ganancia”, de “o gana uno o gana el otro, pero nunca todo el mundo”… el sistema del relacionarse “para conseguir u obtener algo de la situación…, de alguien…”…)?

Visto “con el ego”, lo que quiero ante todo…, o lo que consigo ante todo reforzar es mi sensación de “ser yo”…, de estar realmente separado…, pues los hijos refuerzan con todo el poder de lo biológico las identidades de este mundo:

«soy “una madre”…, “un padre”; “sin mí ellos no son nada”…».

Así, puedo reforzar, lógicamente, la sensación de continuidad en el universo…, la sensación de que el tiempo es realmente continuo —y nunca lo fue ni lo será, pues ni siquiera existe.

Como sabemos, en general ocurre con toda relación que se trata de una relación especial, por defecto, siempre. Es decir, que con ella lo que quiero (por muy inconsciente que me pueda parecer ese querer) es poder reforzar toda mi gigantesca pero endeble auto-construcción…, mi “auto-concepto”.

Utilizo mi fantasía (todo este universo que me he proyectado) para reforzar la idea de la separación en la mente.

Utilizo pues a “mis hijos” como grandes baluartes para con ellos reforzar una vez más, y todo lo que pueda, la “poderosa” creencia en la separación… es decir, la sensación de que el universo y sus procesos “naturales” son lo real.

Parecen reales a todas luces (para el ego)…, pues ¿qué sería de mí si no fueran reales esas identidades (padres, hijos)?

Por tanto, el universo, el mundo, tiene que ser real (es lo que quiero, con toda mi alma apoyando al “ego”)… y tiene que ser real el tiempo, la ilusión de continuidad… etc.

Refuerzo con todo eso la sensación de que nos hemos creado a nosotros mismos…, mediante la proyección de todo un universo “de mentirijillas”, y que nos ha servido justo para eso, para creernos “manolito”, “pepita”… muy esforzados ellos… en su adoración al tiempo y a lo físico… al esfuerzo… etc.

Y todo en una enorme “paja mental”, la de cada uno. Eso es lo que en principio quiso ser “este universo”, como nos dice el curso de milagros… pero el universo nunca fue “un” solo universo…, pues parte de una idea que en sí es separación y división, y que por tanto nunca se separó de su fuente —que es esa idea de separación.

Por tanto, el universo comparte con esa idea su división ilusoria.

Así, “el universo” no es “común”, no hay “mundo común” sino una aparente infinidad de mundos privados distintos, proyectados en cada mente, ilusoriamente separada, al proyectar desde la idea de separación.

Como ya “sabemos”… solo el amor nos inspira, a veces, a actuar desde nuestra Unidad pensando quizá que “hay mundo común”…, pero… lo realmente “común” no está aquí, pues se trata del amor —que no está en este mundo, y que prácticamente lo “disuelve”.

Así que una infinidad de universos estrictamente privados son lo que “tenemos” y lo que queremos ser al “venir” aquí, a la película o proyección. Y como decíamos por ahí, esto se puede empezar a “demostrar” o a “pensar” con hipnosis profunda (con esos experimentos que recuerda por ejemplo Wilcock, en algún texto o vídeo suyo)…, y, por tanto, con la comunicación entre diferentes tipos de “estados de vigilia”, que se comunicarían entre sí pero que verían “mundos” exagerada y completamente distintos…, hasta el punto de dejar de ver cuerpos, etc.

El caso extremo expuesto directamente

Somos perfectamente libres.

Y obviamente hay casos extremos con los cuales nos “auto-condenamos” a no experimentar el amor verdadero (libertad) con mucha facilidad (aparentemente muy “lógica”).

Un caso extremo sería una madre o un padre que dice…:

“Hijo mío (hija mía)… eres absolutamente libre… excepto para morirte

Ahí la hemos liado, pues nadie muere jamás, y cuando vemos y queremos ver al otro como un cuerpo, capaz de “morir”, lógicamente nos vemos así nosotros, y acto seguido expulsamos de nuestra mente o de nuestra visión al amor verdadero.

Tan simple y tan difícil de aceptar…

Por eso la voz del curso de milagros pedía solo una pequeña disposición a admitir esto.