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¿Para qué sirven los extraterrestres? ¿Por qué había profetas locos? La respuesta: El guión está escrito   Leave a comment

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fotografía de insecto

Os invito a este audio si tenéis algún amigo o amiga que recientemente se haya visto impactado por el tema extraterrestre (o por la confusión entre religiones, etc.). 🙂

Resulta que, si se quiere abrir la mente lo suficiente como para considerar que quizá el libro de Urantia sea cierto… entonces, sobre esa base, vemos que se resuelven y se consiguen relacionar entre sí —y casi definitivamente— las siguientes cuatro curiosas cuestiones:

1. La razón de por qué hablamos de “extraterrestres”, y cuál es la función básica de esos seres, en realidad… para este tipo de mundos como el que habitamos.

2. “El guión está escrito”. El “plan divino”:

Es decir, dentro de la función esencial que tienen, por ejemplo, los llamados “extraterrestres” en el proceso de re-sintonización de los mundos y de las mentes… vemos que, a través de ese proceso, se está dando una especie de reunión entre “Origen” y “Manifestado”.

Es decir, como resulta que, de cierta forma, la Mente Infinita ya lo “ve” todo… y lo “posibilita” todo (como si dijéramos: “anticipadamente”), entonces comprendemos que los extraterrestres (en su función o ministerio principal para nosotros) simplemente dan cuerpo a esa “verdad revelada”, es decir, a la verdad de que “el guión está escrito“.

Y el guión es simplemente la estructura o diseño de ese ajuste “previsto” de los mundos… de esa sintonización entre lo original y lo manifestado… representado como drama en este tipo de mundos.

3. La brusquedad de los discursos proféticos; el carácter de los profetas; el problema que tenemos con las “catástrofes”.

Ese ajuste natural de los mundos y de las mentes está previsto que se dé gradualmente, en eras (“dispensaciones”) de evolución gradual… donde la evolución, que ya se representa por definición en un mundo como este… se ve fertilizada cada vez mejor por la revelación y por los reveladores –unos reveladores materialmente presentes y conocidos por la humanidad, en la situación normal–.

Pero esa serie de eras ha consistido en una progresión relativamente frustrada en diversos aspectos… y en realidad no tenemos una situación normal.

Por lo tanto, por ejemplo los llamados “profetas”… al avisar de “castigos divinos”, catástrofes, etc… en realidad, y aunque a veces no lo supieran… solo estaban dando datos, datos objetivos (por mucho que gritaran o exageraran)… que tienen que ver con el hecho general ya comentado: Que en este planeta las cosas discurren de forma anormal… y por lo tanto, todos los ajustes que están destinados a ocurrir sí o sí (por diseño del guión)… todos esos ajustes y consecuencias… puede que ocurran de forma más brusca –y no como castigo, sino por simple definición del universo y de su propósito–.

4. La política y su distorsión.

En este planeta todo estaría teñido por la rebelión espiritual que tuvo lugar (según el libro), y que distorsionaría en gran medida lo que vemos en los procesos políticos, sociales, etc.

Por ello, si en el mundo de las “conspiraciones” hay tanto lío… tanto ruido… y tantas medias verdades… es precisamente porque en la base de nuestra civilización hay grandes eventos de tipo conspirativo, que es relativamente importante entender.

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Este audio, donde comento un poco las cuestiones anteriores… es por cierto un audio de descanso o intermedio (el Intermedio 7), en una serie de comentarios del libro de Urantia, de ELU (el comentario #181).

En esta web hay un índice de estos audios.

Feliz liberación gracias a la verdad…
y feliz “realización” (“hacerse real”) gracias a la relación de relaciones (amor).

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El bien común es la esencia del hábito. ¿La economía (este tipo de tratamiento de la innovación) como plan “satánico”, un plan que nos hemos dado a nosotros mismos para anestesiar el sentimiento de Unidad? ¿Una economía del plan divino, frente a la “economía” de la colonia de humanos (insectos) emocionales? La política   3 comments

imagen corazón en círculo

[Seguimos con apuntes en torno a lo que otros hablan, inspiradamente, sobre el colectivo terrestre (Latour, Agamben), y sobre cómo es que podemos siquiera empezar a hablar de un pensamiento “pacífico” y pacificador sobre la creación y la re-creación alegre de este colectivo Tierra… cada vez más abierto a sí mismo y al cosmos.
Este tipo de “pensamiento” (de gente como Latour), que aclara tanto… y que es tan simple y simplificador… quizá lo encontremos en “las escuelas” de infantil, dentro de algunos siglos… 🙂 … en alguna de las líneas de probabilidad terrestres, temporal-terrestres (esas dentro de las cuales, luego, este sueño de civilización continuará —quizá muy transformado— pareciendo que existe. Al parecer, en otras de esas “líneas”, muchos encarnarán 🙂 , o encarnaremos 🙂 , en la forma de Yetis, etc., jajaja 🙂 .]

El bien común es la esencia del hábito.

Es decir, “el bien común” sería el hábito de la esencia, en nosotros:

el poder de habituarnos a que trabaje “la esencia”, en nosotros… a que trabaje esa “esencia”… ese ser “original”…, el “corazón integrado”, en nosotros; eso nos lleva por los “caminos”, en principio puntuales, del célebre “bien común” 🙂 .

Así que podemos decir que, con el tema que estamos tratando… esta especie de tarea de empezar a contar lo que otros han pensado y contado, muy inspiradamente, sobre “una nueva constitución” terrestre —del colectivo terrestre—, daremos quizá un sentido concreto a todas las palabras (‘esencia’, ‘hábito’, etc.)… de la pequeña frase anterior (y puede que al final consigamos “resumir” “todo” en esta frase 🙂 ).

¿”Común”? Claro, pero se trata de un “común” que es muy poco común, pues el problema elemental de este mundo es, como siempre, “espiritual”, ya que resulta que, nosotros, por nuestra cuenta (con el ego), no podemos saber qué es lo mejor para todos (no podemos saber qué es “lo que hay que hacer”… sí lo podemos ir sintiendo… mientras de cierto modo soltamos todos esos valores que hemos aprendido por nuestra cuenta, y están así teñidos de miedo).

[Recordar que el concepto de “el ego” es algo muy preciso; es un sistema de pensamiento coherente pero en realidad demente]

La “economía” divina, es decir, el plan divino para el ser humano, es lógicamente que aprendamos a ser vivos reflejos, aquí, en la tierra… de la verdadera Creación, de ese lugar (cielo) donde realmente estamos, “en Dios”, en el recuerdo de nuestra unidad invulnerable, de nuestra unidad con el ser que realmente nos creó a su imagen, es decir, como “luces” o “cristales” creadores (por usar dos metáforas imposibles para hablar de lo que en realidad es inefable).

Ese reflejo solo se puede “conseguir” eligiendo primeramente cada uno por sí mismo qué es lo que uno quiere admitir como real.

“Dios en nosotros”, nuestro “Dios interior”… es decir, la “voz” que susurra, sugiere, implica… en favor de Dios… dentro de todos los seres humanos… esa voz… conduce por tanto —a veces, irremediablemente si se deja trabajar a la inspiración— a una “política” (a una “gestión” de los asuntos colectivos) que sea fiel reflejo de esa eterna, simple y pacífica “administración” de la Casa de Dios —del cielo.

Allí, en el cielo, y si realmente pudiéramos hablar de ese “no-lugar”… allí hay verdadera paz.

Economía y política

Sin entrar todavía a comentar nada sobre la etimología (nomos, oikos…), la palabra “economía” es usada para contraponerla a “política”.

Se dice que, de Platón, saldría un sistema de pensamiento que al final no da pie a contraponer tanto ambos conceptos (economía, política). Y, también es célebre un pretendido uso filósofico de Aristóteles, de donde sí que derivamos tal contraposición… y donde la:
— mera economía familiar (con sus ciertas relaciones naturales, costumbres digamos “intuitivas”… pre-políticas… en el mantenimiento de la casa familiar con la mujer, hijos, esclavos…)
— se contrapone a la política, de la polis.

Todo esto nos remite a asociar:
— una cierta “paz natural” a los asuntos económicos, de la casa… del gobierno de una casa… donde no hay en esencia ningún “problema”, pues las relaciones ya están digamos que “cantadas”…
— y una cierta “guerra” civil constante, en los asuntos políticos de la ciudad o polis griega.

Entonces, si ampliamos nuestro propio ser personal (más allá del ego), nos damos cuenta de que en realidad nuestro verdadero hogar no es este, sino “el cielo” (como debió ser expresado hace 2000 años, mismamente por Jesús).

Así, debido a esta ampliación natural… nuestro impulso más natural —ese que tendremos tras percatarnos de nuestro ser divino— es el de hacer de nuestra “casa terrestre” (en cualquiera de sus facetas) un cierto reflejo de nuestra casa divina. 

Realmente ese reflejo ya se ha hecho, en cierto grado, en nuestro mero sentir físico en un cuerpo terrestre… una vez que nos vamos uniendo a esa voz (esos sentires, esas imágenes…) que habla por Dios…, y, por tanto, lo natural es que este movimiento se expanda —este movimiento de reunión de cielo y tierra, colapsando el tiempo… ya que la eternidad o “Luz” simplemente disuelve la oscuridad del tiempo, o miedo.

Y claro, insistamos en que esto es así en todos los niveles. Es decir, que cuando decimos “casa terrestre”… nos referimos a todo, pues todo sería en el fondo lo mismo: los asuntos públicos (“políticos”, “sociales”), los “personales”, etc.

La experiencia de este mundo

Entonces, para “ser Dios” (es decir: “ser perfectos, como nuestro Creador, en el Cielo, lo es”) y para reflejar o asumir y completar la economía o el “plan” divino… hemos de soltar un cierto sentido del “hacer por nuestra cuenta”…, y hemos de aprender, por tanto, a seguir intuiciones y relaciones que nos pueden sacar de ciertas coordenadas usuales —uno por uno, en la tierra.

Ese es el “problema” del mundo, de la experiencia en este mundo (que tiene que ver con patrones de pensamiento).

La hipótesis, una que ya seguramente hemos podido sentir en la vida, y de forma intensa y repentina… o bien más o menos constantemente, en el caso de que estéis muy “sanos” 🙂 … la hipótesis, decíamos… sería que nos sentimos más “en nuestra esencia”, es decir, más comunicados y “útiles”… cuando realmente tenemos “hábitos”, o formas de vida, que impulsan de cierto modo un “bien común” que nos trasciende… un bien que en realidad apunta a algo transmundano. Leer el resto de esta entrada »