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Protegido: Un curso de amor. 31. La naturaleza de la mente   Leave a comment

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Publicado 8 mayo, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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La relación (I): “El único problema”. Sobre palabras, números y valores (cualidades de relación); el hogar…   Leave a comment

Foto de una clase sobre carne, en Cherry Valley, NY, 1915 (The instructor is Miriam Birdseye)

Clase sobre carne, en Cherry Valley, NY, 1915 (The instructor is Miriam Birdseye)

Este es en parte otra invitación a acercarse a todos esos textos que tratamos por aquí (ver columna a la izquierda), de los que vamos sacando ideas, conclusiones, aunque dichos textos son básicamente para practicarlos, no para “pensar”… y así, practicándolos… poder completar la conexión con vuestra guía interior personal (!).

Existe como sabéis un “problema” de desequilibrio mental, en nuestra civilización (con tantas palabras…, tantos números…, cierta sujeción automática y automatizante (“cibernética”))…

Pero es un problema en realidad “personal” (es decir, es “espiritual”)… y tiene que ver con el SENTIR.

Ya lo “sabemos”; ya sabemos, por “los temas espirituales”, que este “problema” solo tiene que ver con una cosa: con la “necesidad” de mirar adentro, con el miedo que nos da sentir lo que creemos ser.

También podemos echar una ojeada a este “problema” hablándolo con una nueva-vieja mirada simple sobre los “valores”.

Este es pues el texto que servirá de “introducción” a una “charla” que va a ser muy larga, espero…, en esta serie que haremos sobre la relación, sobre el “perdón de la civilización”, etc.

Índice:

— ¿Y cómo es que solo hay UN problema?
— Las palabras
— Los números
— Los valores (preparándonos para los futuros textos sobre “perdonar la civilización”)

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¿Y cómo es que solo hay UN problema?

El “problema” que tenemos por ejemplo con las palabras y los números es el mismo, tiene que ver con un desequilibrio.

Las palabras o los números, obviamente, no son “malos” en sí (no hay nada “malo en sí”).

El desequilibrio está relacionado con algo “más profundo”; podríamos decir que tiene que ver con los valores, es decir, con las cualidades de relación. De estas ni siquiera sabemos hablar, o para empezar no queremos ni hablar.

Enseguida veremos qué simple y quizá “necesario” sería el permitirnos poder hablar fácilmente de “valores”. Pero sigamos.

En cierto sentido, en todos los tipos de saberes, de haceres, de “progresos”… solo importa una sola especie de cuestión, una sola cuestión. Tiene que ver con las relaciones, con el contexto.

Vamos a exponer de forma muy mundana ese hecho: el que solo importe “una cuestión”, que solo haya un “problema”.

Y digamos ya “la solución”, que es muy simple, y que ya conocemos —pues solo podemos “sobrevivir” si la vamos conociendo.

Con “sobrevivir” queremos decir “vivir realmente” (intentaremos ensalzar “el milagro de la vida” en su aspecto más elemental), lo cual significa tomar consciencia, realmente, cada uno, de nuestra vida más allá de la supervivencia física… y así, con ello, traer “unir cielo y tierra” (en nuestra percepción primero), para que pueda siquiera continuar existiendo este tipo de vida sobre el planeta —este planeta que nos hemos prestado para nuestras proyecciones.

¿Por qué solo importa una cuestión? Porque somos uno, somos una sola entidad, por mucho que parezca que existen los pensamientos privados y que los cuerpos nos separan.

La separación no es real, por mucho que sea incluso el “asco” que esto a veces nos provoque… por ejemplo… al habernos identificado tanto con las formas externas, con los cuerpos, o los pensamientos privados.

Es decir, no hay separación real entre los individuos. La separación es una ilusión, no existe. La separación es un sentimiento falso que solo “vive” porque dejamos que infecte nuestras mentes y a partir de ahí se crea nuestra realidad (la mente es creadora, engloba, envuelve lo que no parece estar “dentro”).

Nuestras mentes están pues acosadas por ese mismo desequilibrio que está a su vez reflejado en nuestro contexto relacional (en “el hogar” por ejemplo), social, cultural… que refleja nuestro desequilibrio interior “en el pensamiento”.

Tal desequilibrio se muestra en nuestro:

  • pensar de una forma tan desmedida o desequilibrada con tantas palabras…, poniendo inconscientemente en un pedestal a las palabras, a los conceptos poco o mal asumidos por uno mismo desde el centro de su ser.
    Es decir, sometemos nuestra vida al desequilibrio al someternos a conceptos y creencias que no hemos hecho nuestras… empezando con la muy simple de la mera separación. ¿Realmente hemos pensado por nosotros mismos “la separación”? O antes… ¿es posible “pensar por nosotros mismos”?
    Tenemos la mente repleta de creencias que no hemos aprendido a sostener por nosotros mismos interiormente…, es decir, a sostener desde el centro de amor de nuestro ser…, para quizá simplemente desecharlas tras abrazarlas o englobarlas como lo que quizá fueron: pasos hacia una mayor amplitud de miras. Son creencias que hemos aprendido bajo el chantaje de por ejemplo la dependencia (infantil).
    Son palabras con las que hemos aprendido a no hacernos caso a nosotros mismos, de una forma elemental. Leer el resto de esta entrada »