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Invitación a la carta de Cristo nº 7: “consciencia” y sexo   Leave a comment

(carta 7: audio A / audio B // índice de Cartas)

Esta carta, aunque sea en una sola escucha o lectura, os dejará quizá ya con una visión nueva de las personas y de nuestra curiosa inocencia fundamental.

Habla de sexo y de consciencia (tema ya tratado también en las cartas 4 y 6).

¿Por qué esa inocencia?

Porque todo el mundo está “liado”. De cierto modo estamos todos confundidos, pues “antes” de cada vida concreta, en el no-tiempo, no somos estos cuerpos, obviamente.

De cierto modo, “antes” de la vida concreta, somos esos impulsos que conforman esa “consciencia divina” de la que se habla en las cartas 5 y 6.

Esos impulsos quieren expresarse, así que, entre otras cosas, quieren acoger -y tienen que acoger y expresar, de cierta manera- la consciencia de los padres: la consciencia que los padres “fusionan” cuando se funden en tanto que consciencias… en el momento de concebir “un nuevo ser” -pues ya veíamos en la carta 6 que hay una especie de “fusión de consciencias” cuando se da la fecundación, y esta fusión es lo que a su vez es imbuido de “consciencia divina”.

En resumen, somos “seres de consciencia”, pero en cierta medida somos “traídos”, expresados, aquí en lo físico. ¿En qué consiste este “traernos” a lo físico?

En la anterior carta, la 6, veíamos un poco el esquema. Nosotros, como “consciencia divina”, es decir, como aquellos impulsos en equilibrio, los impulsos de:
-“voluntad-de-crear-inteligentemente”
– más el del “propósito-de-individualizar-amorosamente”…
…nosotros… como tal “semilla” de consciencia divina, venimos a con-fundirnos, a fundirnos-con la consciencia reunida de los padres, en ese momento.

Por tanto, en parte, en la vida se trata de que vamos a estar expresando un estado de consciencia determinado: aquel estado “terrenal” con el que nuestros padres hayan concebido (que puede ser más o menos inspirado, “amoroso”, inercial, casual, lujurioso, resentido, vengativo, etc.).

En gran medida venimos pues a expresar el tipo de “energías”, las que se dieron en la “unión sexual” que tuvieron en su consciencia nuestros padres -experimentada por los padres en las condiciones creadas por ellos en su consciencia en ese momento.

Y podemos observar que aquí, en estas vidas, por ahora somos muy poco “creadores conscientes”. No somos sensibles al hecho de que, de cierto modo, todo parte de “la consciencia”… de que los cuerpos no son “antes”… de que si queremos ciertos resultados (paz y alegría), podemos elegirlos pero en tanto que estado de consciencia.

Entonces, en esta carta 7 (y también mucho en la 6) convocamos intuiciones sobre un aspecto muy curioso, aunque solo sea un aspecto (es decir, que no es “la panacea”, ya que nada lo es, excepto Uno Mismo).

Si estamos meditando por ejemplo estas cartas, por tanto, recordamos cada vez más profundamente que la “consciencia” va antes que la materia, que la consciencia “crea” la forma… esos cuerpos que luego nos sirven para expresar esas ciertas “elecciones o co-elecciones de consciencia”, en el “alma” (co-elecciones que nos enlazan a determinados padres, situaciones, vibraciones, tipos de miedos, etc.).

Entonces, cuando nos unimos con otro ser para procrear (traer a un alma “nueva”, un niño), estamos siendo “creadores de consciencia” (más bien, “canalizadores” en un principio).

De alguna manera, pues, somos canales para “obligar”, para permitir que un “alma” exprese un cierto estado de consciencia: el estado que en parte será el que baña a aquel momento vital nuestro como padres, cuando estamos concibiendo un niño.

En la concepción, en ese momento de la vida, puede haber más o menos “amor”… pueden darse muchos tipos de motivaciones, más o menos miedosas, tras ese coito… donde se concibió el proyecto de una “nueva alma en forma física”.

Así que ese estado de consciencia, en el momento de la concepción, puede ser elegido con más o menos “amor”, más o menos “cuidadosamente”.

Y volviendo atrás: venimos aquí, en general, a “compartir mundo físico”, es decir, a compartir unos parámetros físicos globales (leyes físicas).

A partir de ello “creamos” (fabricamos), en esta ilusión de “mundo compartido”, que es una ilusión, por cierto, tan amada… ya que en ella podemos expresar lo que dentro ya somos para siempre, lo que somos… y lo que vamos a reconocer cada vez más ampliamente, en una eternidad de “servicio a Dios”, es decir, de servicio a la unidad y Vida que somos.

Y entonces, la forma de consciencia que tuvieron nuestros padres al concebirnos, o la que a su vez tengamos nosotros como padres (en el momento de la concepción de algún otro ser), esas formas de consciencia… esas “impresiones de consciencia” que se unieron y se “imprimieron” de cierta forma en los cromosomas… esa consciencia… es algo que “se puede elegir” -como casi todo-, pues como especie, como humanidad, nadie nos hace nada desde afuera.

No somos “víctimas”, es decir, nadie nos obliga a no estar “limpios” en nuestra consciencia para sentir el amor, la unión más pura posible, por ejemplo en el momento de la concepción, etc.

Nadie nos obliga a no sensibilizarnos de la importancia que tiene el “estado de consciencia”.

Siempre estamos, pues, “creando”, aunque dentro de la ilusión sea un sentido particular de crear, pues somos unidad ya creativa dentro, para siempre.

Por tanto luego, esa consciencia de la concepción parece que pasa a formar parte importante de nuestro filtro mental -diríamos quizá que es como el filtro humano de la consciencia divina que en realidad somos.

Y todos vamos por el mundo como manejados, como algún tipo de zombi, manejado por ese tipo de elecciones o co-elecciones realizadas con las “almas” de los padres.

De ahí la confusión y la inocencia generalizada 🙂

Ese estado de consciencia, el que baña la vida de los padres, puede estar lleno de muchos amores y desamores… impurezas… lleno de propósitos más o menos distorsionados y más o menos dementes, a la hora de concebir hijos:
– por obligación, porque mi familia o mi sistema familiar “seguro que desea que así sea”… Es decir, porque “hay que procrear”… etc…
– por aburrimiento,
– en un estado de simple lujuria,
– por inercia…

Así que luego, en este esquema que podemos plantear en un principio… luego… iremos por la vida con nuestra “consciencia divina” de cierta manera con-fundida, “interpenetrada” en o con esos estados de consciencia más o menos distorsionadores (los de la concepción), en los que hemos entrado desde el nivel del “alma”… (y con los que habremos “resonado” por algún “motivo”).

Ahí vamos, pues, más o menos como zombis, dejándonos “manejar” por esos campos, por esa “consciencia”, con todos esos quizá miedos, proyecciones, etc… -los que pudieran estar ahí, más o menos “subconscientemente”, en el momento de la concepción.

Nos dejamos pues “manejar” por los campos… para obtener experiencias contrastantes… al tener que “ir tirando” por la vida con nuestro ego, pues el ego fue como fue… (nuestra entrada en el mundo fue como fue).

Pero podemos retomar, volver a tomar, entre nuestras “manos”, esos campos, volver a abrazar/acoger esas energías de la concepción… esos propósitos, esas ideas asumidas tan profundamente… para volver a elegir.

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El miedo al deseo mueve y alimenta la ilusión   2 comments

espiga de carrizo

Espiga de carrizo. Licencia CC.by-sa.2.0

De esto va nuestra lección de abril, la 4ª, en La vía del corazón: deseo.

El “ego” es lo que protege el miedo en nuestra mente… a veces gritando…:

“¡no mires ahí!”…

Como si realmente pudiéramos ser dañados…

Así que el ego es en sí mismo todo ese tipo de mensajes que hemos aceptado… Es esa voz que surgió una vez en el jardín de la consciencia (como decía la lección 2…), y para que con ella nos identificáramos con nuestras creaciones… y por tanto hiciéramos que nuestro infinito valor dependiera de “las cosas perecederas”.

Así que esas voces, esas interpretaciones… nos impiden ser naturales, y nos llevan por la normalidad inercial y más o menos perversa, del tipo que sea… la normalidad de un mundo de locos humanos que creen que algo, aparte del amor, puede ser real.

Y así, normalizados, todos más o menos vamos siguiendo los patrones, por los ríos de la vida… más o menos automáticamente.

Y, como sabemos, en el fondo casi da igual lo que hagamos… pues si hablamos de “patrones” solo nos referimos al modo en que hacemos lo que hacemos.

¿Lo hacemos “por necesidad”, es decir, para reforzar la profunda creencia de que realmente hay algo “necesario”, u “obligatorio”?

¿Ni siquiera queremos darnos cuenta de nuestros motivos?

Si ni queremos darnos cuenta de nuestras motivaciones, entonces seguramente estaremos reforzando la profunda creencia que dice cosas de este estilo:

  • “algo me puede venir de fuera”,
  • “algo me puede venir, obligar, desde fuera de mí, hacia dentro”…
  • así que “hago esto porque tengo que hacerlo”… etc.

¿Queremos abrirnos entonces a preguntarnos el “para qué” con todo, como decía Un curso de milagros?

¿Estamos siquiera dispuestos a preguntarnos honestamente qué es lo que queremos, y sentirlo sin miedo?

Como sabemos, la verdadera espiritualidad no va más que de esto, de recuperar cierta inocencia.

Se trata pues de una especie de camino de vuelta atrás, purificando el deseo de todo resentimiento… purificándolo de esa especie de venganza que parece que normalmente tiñe o motiva nuestras acciones… y que está ahí como escondida, dentro… compañera de la amargura… como motivo-base para fundamentar lo que hacemos o pensamos.

Y no olvidemos que esa venganza, resentimiento o amargura… a veces se esconde detrás de una cara bonita y sonriente. El curso de milagros la llamaba… “la cara de inocencia”.

Y entonces, paradójicamente, y como también sabemos… en este movimiento “hacia atrás”, todo se recrea… y nos hacemos nuevos… como dicen tan a menudo muchos cristianos.

Nuevos… para siempre nuevos, paradójicamente para siempre nuevos… y el universo que literalmente somos (y cada uno como una versión completa, pues recordemos que cuando “morimos” es ilusorio pensar que “queda” algo, que “dejamos algo atrás”)… el universo… decíamos… el universo se permite mostrarnos y manifestar lo que de cierto modo es nuevo (nuestro ser, que es un Todo en el Todo Eterno del Amor… y que siempre es nuevo… que se refleja de nuevo como tal).

Así que entonces, como sabéis, el “ego espiritual” parece que en gran medida se alimenta de proteger el miedo al deseo.

Claro, como todo “ego”, el “ego espiritual” protege algún tipo de miedo, y en este caso parece que particularmente lo hace o lo hacemos con el miedo a algunos deseos.

Siempre ese era el movimiento o el tono del ego en general: hacer que algo sea muy especial, en el sentido egoico de “especial”…

Hacer por ejemplo del sexo algo muy especial… enfrentándose así a “los otros egos”, los que, por la vía de las “perversiones” machaconas… hacen del sexo también  algo “muy especial”, pero digamos que de forma opuesta a los egos espirituales que simplemente protegen el miedo al deseo.

Y todo es, como siempre, para diferenciarnos unos de otros al modo “separación”… y así poder crear más y más experiencia de separación… pues, como sabemos, somos creadores a partir de lo que pensamos, hacemos y decimos…, y mientras tanto y siempre… todos seguimos y seguiremos para siempre siendo la misma Mente, la misma Consciencia (“Cristo”, en nuestra tradición). Leer el resto de esta entrada »

El diseño del mundo… y los frutos secos mojados   Leave a comment

isla-de-las-flores

Ilha das Flores. Paulo Valdivieso. Licencia CC.by-sa.2.0

Es curioso lo bien que está hecho el mundo,

las plantas dan miles de tipos de frutos…
y cuanto más se las quiere, mejores son…

Qué de sabores, indescriptibles…

…y los frutos están destinados a eso, a ser comidos, para que así las semillas se esparzan.

Los frutos están además vivos, a menudo millones de células vivas… rodeando las semillas.

Así que las plantas ofrecen vida para nuestro cuerpo, directamente…, para que nos unamos en una especie de comunión “sagrada”, de Luz, con la vida de las plantas.

Y mientras, los humanos seguimos o estábamos celebrando el drama, las energías del drama 🙂 …

… en vez de adorar a nuestro Creador a través de gozar las creaciones, los planetas, que creamos con su poder… todos los Hijos de Dios.

Es un diseño tan maravilloso…

Las plantas se “benefician” de los animales, y les regalan cosas…

… y estos les regalan su amor al estar tan interesados en comérselas…

… y así sin saberlo esparcen las semillas… es decir, los “ovarios” fecundados de las plantas.

Pues como sabíamos… todo es sexo aquí.

Y luego qué ricos… 🙂 … los animales rumiantes se dedican a peinar los prados…
peinan la Tierra y le hacen la permanente…
…dejando unas praderas que da gusto… (pese a las garrapatas).

Otro de los trucos que han tenido que pasar tantos años para que re-descubramos quizá, mucha gente…
es que los frutos secos no hay por qué comerlos secos…
pero, como se llaman así, “secos”…
y como no hay mucha tradición de comer “frutos secos” de muchas maneras…
pues nada…
ahí, como tontos, comiendo secos los frutos secos 😛 .

Parece ser que nos perdíamos todo un mundo de sabores y texturas… los frutos secos mojados 🙂

Así que, como vemos, el truco del mundo es el sexo, las semillas (las de las plantas, las nuestras…)…
sexo
SEXO
…ya que todo es sexo,
como nos recordaba La vía del corazón, en la lección 1.

Las plantas están haciendo su acto sexual a través nuestro,
¡y ni nos damos cuenta!

Somos su intimidad.

Y luego… como somos espíritu, los animales “están para comerse” 🙂 … “estamos para comernos” unos a otros… nos amamos tanto… digestiva y sexualmente… 🙂

… y es que como en espíritu ya somos eso… ese “todo”:

ese Todo Lo Que Es…
donde ya estamos todos así como “dentro” de todos… todos dentro de todos…
“comidos” y bien comidos, entre nosotros…
…digestión universal…
… todos con todos…
… en eterno crecimiento descongestionante… tan “digestivo”…
… de la Relación Santa, Sagrada, Inmaculada.

Así que nada, la muerte…
la muerte es una de las expresiones más “poéticas” del amor…
aunque a veces tan melodramáticas…

Qué curioso que solo el amor sea real…
aparte de que simplemente nos toca serlo y así, con ello, ser felices…
qué curioso… que todo exprese nada más que eso, que amor…

…en una sola relación muy digestiva…

el “Misterio” que somos,

eternamente,
adentro.

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imagen corazónÍndice:
I. Un curso de amor, C:7
II. Lección 2p de La Vía del corazón: ayuno, María
III. Desde las perspectivas a las elecciones, sobre una cita de Walsch
IV. Un curso de amor, C:8
V. La Vía o Camino del corazón, L4
VI. Un curso de amor, C:9
VII. C:10
VIII. C:11
IX.  C:12
X. El alma y los transplantes
XI. La vía del corazón, L8
XII. La vía del corazón, L9

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I. Un curso de amor, C:7

Como sabemos, estamos hipnotizados y deslumbrados por lo físico (su densidad, sus formas).
Por un lado es lógico, pues es maravillosa nuestra creación, nuestro patio de juegos donde ensayamos nuestro ser divino desde un aparente “afuera” físico… un “fuera de lo divino”.

Pero nuestra hipnosis colectiva, que nos impide sentir más todavía la Maravilla… no proviene de ese sentido de maravilla…, sino de interpretaciones mentales, de cómo hemos interpretado el hecho de estar separados.

Esto nos ha hecho perder el sentido de lo importante que es lo que NO vemos.

Lo más importante en ese ámbito no visible es para empezar nuestra mente, nuestros pensamientos –es decir, lo que hacemos con nuestra mente.

Y este sería quizá el tema principal de este capítulo 7.

Y es fundamental, porque se trata de abordar directamente la generalización de nuestro “aprendizaje”: el hecho de que toda retención es una sola retención, el hecho de que todo lo que escatimamos, retenemos, preservamos miedosamente…, significa al final lo mismo. Y significa la pérdida de nuestra propia plenitud, del sentido de la plenitud que es natural en cada ser.

Por ejemplo, quizá no nos parecía que tuvieran mucha relevancia, que fueran muy importantes, todas esas pequeñas ofensas que nos guardábamos durante un día cualquiera…, todas esas pequeñas quejas o agravios que sentimos “contra” los demás, contra alguien, contra algo (mundo en general, personas, organizaciones…):

«En cada situación te relacionas con alguien o algo, y lo que sostienes en contra de ese alguien o algo, se lo escatimas y retienes. Les has quitado una pieza y la retienes antipáticamente para ti, no en unión, sino en separación».

Al quitársela a ellos (diciendo por ejemplo: “tú ya no eres válido para mí, porque no me has devuelto esa llamada que te hice”), al quitarle a ellos “una pieza” (de su ser, que en realidad es infinitamente valioso)… nos la quitamos a nosotros, pues somos una sola relación, una sola mente realmente unida…, y somos igual de infinitamente valiosos (todos infinitamente especiales, amados, valiosos).

Así, usamos la relación que en realidad siempre está… que es indestructible… para reforzar nuestro patrón enfermizo de reacción desde las ofensas del pasado, actualizando las ofensas del pasado, con las que conseguimos que se repitan nuestros modos de responder al presente.

Usamos la relación (la una-sola-mente que somos en realidad) para hacer lo que ella no puede hacer: demostrar la realidad de la separación. Seguimos obcecados en intentar demostrar la realidad de la separación, y así, vivimos en distorsión, la distorsión de la única relación. Leer el resto de esta entrada »

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imagen florÍndice:
I. La culpa era de…
II. Un curso de amor, T3:15
III. T3:16
IV. C:1
V. C:2
VI. T3:17
VII. T3:18
VIII. C:3
IX. Nuestra relación con la consciencia colectiva, antes y después de morir (lo que pasaba si no estábamos despiertos)
X. C:4
XI. C:5
XII. C:6

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I. La culpa era de…

Toda la culpa era… tachán… ¡De papá noël! ¡de los reyes magos!
🙂 😛

¿Por qué?

Porque con ese truco mágico, quizá nuestra cultura escondía el hecho más mágico todavía:
el de que, en realidad, ¡nuestros padres biológicos no eran fundamentalmente nuestros “padres”!

¿Qué eran?

Muy sencillo: ¡CORDEROS PARA EL SACRIFICIO del ego!.

Nuestros padres son básicamente símbolos del sacrificio… de la represión, de la muerte en vida… para mayor gloria del Ego y su dios.

Vida tras vida quemando en las hogueras de sus templos los más bellos sueños, intereses, deseos… de “los padres”.

¡No eran “padres”! ¡Eran víctimas sacrificiales en la gigantesca Iglesia Tierra! ¡Este gigantesco monumento al ilusorio sufrimiento!

Ay, pobre Madre Tierra 🙂 , por cierto, cuánta tontería tiene que presenciar 🙂 .

Padres… ¡y una mierda padres!… : símbolos agonizantes, como ese falso Cristo entendido por la doctrina vieja de las viejas iglesias a la vieja usanza 🙂

II. Un curso de amor, T3:15

Uno de los capítulos más amenos de esta parte es este sobre los nuevos comienzos.
Con el ego (el miedo, el pasado), proyectamos el pasado en forma de criterios y tiempos:
criterios sobre cómo deben ser las cosas…, y tiempos de espera oportunos para considerar que hemos tenido “éxito”… que realmente el nuevo comienzo ha tenido éxito. Leer el resto de esta entrada »

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imagen florÍndice:
I. Un curso de amor, C:22
II. D:Día38
III. La libertad es lo que nos asegura que la igualdad no será uniformidad
IV. La relación entre lo visible y lo invisible
V. Un curso de amor, T2:12
VI. “Ganarse la vida” (celebrando el final de mi revisión de los errores de traducción en el segundo libro de Walsch)
VII. La vida no tiene propósito
VIII. El único “objetivo” del amor
IX. El servicio a la vida y las relaciones
X. T3:13
XI. C:9
XII. Los padres, los menos indicados para criar niños
XIII. La falsa aceptación del ego

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I. Un curso de amor, C:22

El primer libro del curso tiene alguna sugerencia práctica -pocas, pues todo el segundo libro del curso va a ser “para que lo practiquemos”.

Una de las sugerencias más directas está en el capítulo 22.

Tiene que ver con volvernos impersonales, con devenir impersonales…, para adquirir la verdadera “personalidad”, que ya no se identifica con el yo personal, sino con el Yo o Ser verdadero (eterno) en la Unidad… reconociendo que nunca ha sido ese yo personal, que era lo que presentábamos a los demás, en este mundo loco de relaciones exteriores que hacíamos así de loco por querer seguir perdidos del Yo o Ser en Unidad.

Y claro, de esto va al final toda “espiritualidad” -y el proceso que llamamos “espiritualidad” lógicamente permea todo tipo de ámbito ya, toda ocupación, territorio, disciplina, etc.

Pues al final, esta especie de devenir “unidad”, de volverse unidad de amor…, de anclarnos todos en nuestra Mente-Una… cambiando nuestra consciencia hacia el discernimiento de la eternidad en las formas… es lo que hemos elegido como humanidad… aunque no lo parezca tanto si nos fijamos en los acontecimientos exteriores, en su violencia, y en el caos de descuido y de “sálvese quien pueda” que podríamos decir que “presenciamos” o reforzamos hoy.

Esta sugerencia práctica del C:22 es quizá muy obvia si ya conocíais algo de filosofía, o por poco impregnados que estemos del devenir IMPERSONAL del mundo, pues lo impersonal tiene su “moda”, es algo “muy comentado” por el modo de hacer novelas de un tiempo a esta parte…, o por los cambios habidos en el modo de hacer cine. Y también ocurre que, lógicamente, podemos sentir rechazo… es decir, que a menudo este tema sería superficialmente malinterpretado… como si “lo impersonal” fuera por ejemplo “malo”… si aún queremos seguir con esa mentalidad que “juzga”.

Este capítulo explica que debemos usar la imaginación para que nos ayude a sentirnos en relación, en intersección con todo lo que hay en nuestro mundo, que es como si nos atravesara.

Es decir, que “debemos” pensarnos como INTERSECCIÓN…, e IMAGINARNOS todo lo que podamos a nosotros mismos como intersecciones vivientes… y que debemos pensar que dicha intersección es algo productivo -que produce “relación”, “colaboración”, “asociación colaborativa”…:

«Comienza a imaginar que ves el mundo sin el énfasis en tu yo personal. Comienza a formar frases y a contar historias sin usar los pronombres “yo”, “me”, “mi”… Al principio esto parecerá que despersonaliza tu mundo y lo hace menos íntimo. Te parecerá que eludes cierta responsabilidad primordial, la de asignarle significado a todo. En vez de resistirte a esto, esfuérzate por dejar de asignar significados. Comienza de forma simple. Ve de lo general a lo específico. Por ejemplo, cuando sales de tu casa por la mañana sueles pensar: “qué día tan lindo”. Lo que esta expresión indica es que has interiorizado inmediatamente lo que te rodea y lo has juzgado. Es un día lindo “para ti”. El día tiene todos o casi todos los requisitos que consideras que lo convierten en un día placentero. Reemplaza dicho pensamiento por otros como: “la hierba es verde; los pájaros cantan; el sol es cálido”, como en un simple informe.

» Cuando te pregunten: “¿cómo te fue hoy?”, responde hasta donde sea posible sin usar la palabra “yo” o “mi”. Deja de referirte a las cosas o a las personas desde el punto de vista de la posesión, como “mi jefe”, “mi marido”, “mi coche”.

» Esta retirada del “yo” personal no es más que un primer paso para regresar a tu consciencia de la unidad, un primer paso para pasar del sentido como definición al sentido como verdad. Aunque al principio te parezca extraño e impersonal, te aseguro que la sensación de impersonalidad será muy pronto reemplazada por una intimidad con el entorno como nunca antes la habías sentido.»

II. Un curso de amor, D:Día38

Para el Día 37 hice un texto aparte aquí.

Estos días finales son como la esencia del Diálogo en el que entrábamos en esta tercer parte del curso.

Son la esencia de esta “comunicación”, que es más que una comunidad, que es más que una común-unidad, pues es la tensión creadora de los opuestos:

«Esto es lo que se ha denominado la tensión de los opuestos: ser el propio Yo, y ser un solo ser en unión y relación. Estos opuestos, como todos los demás, están albergados en el abrazo del amor y la pertenencia.»

Este breve Día 38 también nos alerta sobre lo mal que entendemos en nuestro mundo palabras como “posesión” o “pertenencia”. Leer el resto de esta entrada »

Visibilidad emocional dentro, visibilidad social fuera   Leave a comment

imagen corazón en círculoComo es adentro es afuera:

  • dentro, individualmente, no nos gusta la visibilidad, desnudarnos emocionalmente (exponernos demasiado)…
  • y por tanto “afuera”, colectivamente, nuestros sistemas sociales reflejan un morboso apego al secreto, a la ocultación de datos fundamentales para el devenir de nuestra civilización.

Y es que:

«Visibilidad es simplemente otra palabra para referirse a la verdad», nos contaba la revelación de Walsch (*).

Y una gran pregunta a la que podemos jugar para sacar algunos sentimientos, para imaginar… es otra muy simple que aparece en Walsch:

«¿Qué sucedería si todo el mundo pudiera verlo todo?»

¡Con todo lo que apreciamos el miedo, el drama y lo externo! Eso sería desastroso para nuestro apego al caos, al desastre.

Ay, la cuestión de la visibilidad… nos altera.

Y cuando dice “verlo todo”, dice todo, pues esa revelación de Walsch nos invita a hacer un recorrido imaginativo, para que sintamos e imaginemos.

Por ejemplo, se trata de imaginar que realmente podríamos comenzar desde cero un sistema monetario mundial, donde toda transacción económica podría ser consultada por cualquiera.

Solo la visibilidad sana (conoced la verdad, y la verdad os hará libres).

Nada que esconder.

Y se acabó el juego del drama (¡con lo apegados que estamos al drama y al secreto! 🙂 ).

Todo lo más importante podría ser “público”, todo aquello que en principio no tendría por qué darnos vergüenza compartir -como por ejemplo el modo de “ganarse la vida”, dónde se invierte el dinero, sea poco o mucho.

Pero, como ya notamos claramente…, resulta que los humanos por lo general tenemos un auténtico pavor ante esta mera idea de la visibilidad “total”…, y llega un momento en que la voz en la revelación de Walsch lo relaciona con el miedo a Dios, con el miedo inventado que tenemos ante un “Dios” que juzgaría los actos de nuestras vidas y nos castigaría. Leer el resto de esta entrada »