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Mirar los patrones de frente: una comprensión global de la experiencia, o el conocimiento de sí   2 comments

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Vamos hacia el sentir o sentimiento…, y el sentimiento es diferente de las emociones.

Además, y al final (o, si podemos, ya desde el principio) todos esos sentimientos que vamos a aprender a “elegir”, a discernir, son los de la Unidad, son aquellos con los que “recordamos” nuestra Unidad aquí, con los que de cierto modo nos “reconectamos”, por fin.

Por ejemplo, el sentimiento de “ser indigno”, es decir, de no merecerse algo (o, en un extremo, de no merecerse nada)… también va “más allá de las emociones”: es atemporal, a-espacial… no depende en el fondo de tener un cuerpo, aunque vengamos aquí a expresar dicho sentimiento de mil y una macabras maneras, en un cuerpo (porque sí que estaría en la base de “querer tener un cuerpo”).

“Ser indigno” va más allá de las emociones, pero tal sentimiento no responde a la Unidad que realmente seríamos, sino a la separación —y primero a la separación con respecto a nuestro origen, la fuente que nos creó (no como cuerpos)… separación con respecto a “la Creación”, tal y como lo llaman el curso de milagros y también textos revelados de por ejemplo el sistema estelar Pleyares (con “r”, como le dijeron a Billy Meier).

Para hablar de lo que trata el título (por ejemplo de espiritualidad como “conocimiento de sí”), vamos a citar, traducir y comentar… lo mejor que podamos ahora… de nuevo a Tom Carpenter en su diálogo interior con Yeshua —llamado Diálogo sobre el despertar (la traducción existente ahora de este precioso mensaje es muy mala, al menos la publicada oficialmente en España).

Un cierto contexto para esto que hacemos está en otros textos en el blog, que hablaban de mente y experiencia…, del recuerdo de la paz, etc. (ver si acaso el índice, en la sección Carpenter).

En el capítulo 3 del texto se habla sobre la condición humana. Y aunque la traducción que podemos hacer tampoco es “perfecta”, animo a ir hasta el final de lo que sigue. Las “claves” del asunto son las ya comentadas en el título; es decir, que una comprensión global o una mirada global a nuestros patrones facilita tener siquiera la posibilidad de “sentir la globalidad de la experiencia”, y así poder trascenderla. ¿Cómo? Pues viendo qué es lo que pretendíamos enseñarnos, es decir, las “lecciones”… las lecciones que están detrás de la aparente demencia que contienen esas repeticiones, esos patrones… a los que nos vemos como “sometidos” en el mundo… cuando inercialmente seguimos fiel, interior y profundamente a nuestros miedos.

Dice así:

«… el proceso de definir claramente la experiencia es el elemento clave; es decir, es clave tener una comprensión plena y completa de qué experiencia es aquella en la que nos vemos inmersos en un momento dado.
» — ¿Por qué esto es importante?
» Porque sin esta comprensión te colocas a ti mismo en un estado reactivo y, por su propia naturaleza, la reacción presume que ha tenido lugar algo no planificado, no invocado. Por contra, cuando estás en un estado de reconocimiento respecto de qué es lo que implica la experiencia, encontrarás que te es más fácil el permitirte sentir cierta seguridad, al saber que todos los añadidos o detalles en la experiencia están de cierto modo igualmente bajo tu control. Lo que te permite expandir tu atención y tu discernimiento es el proceso de reconocimiento de lo que está sucediendo, hasta englobar la totalidad de lo que te sucede; esto es lo que te coloca más allá de la etapa de ser reactivo.
» No es fácil, para la gente que está imbuida del sentimiento de ser víctimas, expandir su visión más allá de un estado donde temen aquello ante lo cual están reaccionando actualmente, y marchar hacia un espacio más amplio para ver un cuadro más amplio.
» Ahora, permítenos hablar por un momento sobre cómo llegar realmente a un reconocimiento más consciente de qué es una experiencia total. Te pido que atiendas al hecho de que los patrones pueden ser descritos cómo índice de tu experiencia cuando intentas ver el todo de ella, porque esos patrones te indicarán más claramente cuál es la experiencia en la que te encuentras envuelto. Te mostrarán lo que has estado experimentando. Será mediante permitirte a ti mismo mirar esos patrones como podrás contemplar toda una gama de cosas que han estado sucediendo en tu experiencia. Permitiéndote una mirada objetiva de esos patrones, te resultará más claro qué es lo que has estado intentando enseñarte a ti mismo. Y, según este discernimiento se haga más claro, y a medida que miras hacia atrás y ves cómo de perfectamente se han realizado esos patrones a sí mismos, te resultará más fácil ver que todas las piezas necesarias para que pudieras experimentar ese patrón, estaban ahí, en su sitio. El motivo por el que me refiero a ello como un “patrón” es que es repetitivo; y la razón de que lo sea es que no había reconocimiento consciente de qué era lo que te habías propuesto aprender. Una vez que has reconocido conscientemente la lección, y has visto la plenitud y el valor que tú habías determinado brindarte a ti mismo mediante esta lección, el patrón termina. Su propósitio se habrá cumplido. Por eso es por lo que te digo que lo más valioso es poder discernir conscientemente qué es esa cosa hacia la cual está intentando dirigir tu atención esa experiencia en la que ahora estás envuelto.
» — Entonces, esto parece tratarse de acabar con un patrón, antes que de simplemente verlo.
» Hay mucho más que solo ver el patrón. Terminar con él requiere experimentar la lección que has traído a tu discernimiento consciente. Es la experiencia de tu “haberlo vivido”, por así decirlo, lo que determinará cuál ha sido su valor. Verás muchas veces que el valor ha sido el de mostrarte que el miedo no tiene valor. Pero no experimentarás el hecho de que el miedo no tiene valor en la medida en que estés en un estado de simple reacción ante el miedo. Entonces, aquella cosa que has temido, reaparecerá de una u otra forma, y eso es lo que constituye un patrón. »

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Como siempre el texto requiere, antes que ser muy comentado, ser releído junto con el resto de Carpenter, de UCDM, etc.… y aplicado. Y claro, siempre dejándose guiar por nuestros “sentimientos de Unidad”, por los que apuntan hacia la unidad como realidad original (y hay muchas herramientas para “ver patrones” de frente… existe mucha gente que tiene sus propios métodos —en esa explosión de la psicología “transpersonal”, creo que a partir de los años 70… conteniendo una multitud de “genios psicológicos”, formando todo un universo de vivencias).

Como comentario, solo decir quizá que ese sería el sentido más práctico del célebre “conocerse a sí mismo”: dejar de ser víctimas, cosa esta que parece que creemos ser de manera fundamentalmente “inconsciente”.

Entonces, “conocerse” es el mismo movimiento de “abandonar el victimismo”… ese “victimismo” tan global…, tan metafísico, digamos… e inherente al mero hecho de haber venido a “encarnar” en cuerpos indefensos.

“Conocerse”, como sabemos, tiene un sentido de descubrimiento, de videncia sobre una evidencia más allá de “los hechos” —más allá de los hechos tal y como son descritos “mundanamente” con las categorías e inercias sentimentales y mentales del “sistema del ego”, es decir, del sistema de pensamiento de la separación, del miedo.

“Conocerse” es una “amplificación de la consciencia” para conseguir sentir, en nuestra mente, cuáles son las lecciones que nos estamos intentando enseñar en y con nuestra experiencia. Y lo hacemos con esos “medios” constituyentes que, en apariencia, son solo dementes: con esos locos “patrones” que, dentro de esta experiencia, nos ayudarían a apuntar hacia dichas lecciones… siendo estos patrones algo así como “vectores” hacia una “totalidad de la experiencia”.

Es decir, nos “conocemos a nosotros mismos” casi meramente estando dispuestos a mirar, globalmente y de frente, a los patrones, usándolos a modo de índices de una totalidad experiencial.

Ese “ver” es lógicamente más que un solo ver, y lógicamente no es necesaria esta descripción, la que se hace en el texto y la que aquí comentamos, para haberse podido “aprovechar” ya del “crecimiento espiritual” inherente a este “llegar a ver”.

Ese ver es el gesto “mental” elemental, relativo a la elección, y que nos coloca digamos que fuera de los patrones… potencialmente fuera del ego —gesto “mental” en la definición ampliada y simplificada de “mente”, de una mente que de cierto modo contiene todo… pues proyectamos todo desde una sola mente.

Así, y como siempre, podemos enterarnos de qué significa, en un nivel de sentimiento, el hecho de que vamos a poder volver a elegir qué es lo que queremos ser (qué es lo que queremos recordar ser):
— o bien nuestro ser inercial, fundado en el miedo (ego),
— o bien nuestra verdadera herencia “sentimental” 🙂 (de paz, amor, dicha)… compartida tan infinitamente por nuestro verdadero Creador, por “la Creación”… que como “sabemos” nada tiene que ver con cuerpos separados… y que es, digamos, una especie de relación de luz eterna y constituyente, una relación de todo en todo y en todos, de todo con todo y con todos… más allá de lo que vemos como reflejo distorsionado por nuestras propias interpretaciones —es decir, más allá de nuestra capacidad proyectiva/perceptiva.

No hay que hacer nada   1 comment

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Vamos a terminar una etapa del blog con estos resúmenes sobre “verdadera espiritualidad”, al hilo de lo que ya vamos sintiendo con lo que Yeshua fue completando, en otros dictados que dio —como el de Tom Carpenter, etc.

El único problema del mundo es que damos el sentido de las cosas por nuestra cuenta. Es decir, que nos damos a nosotros mismos el sentido o significado de lo que vemos, por nuestra cuenta.

Esa es la esencia de por qué existe ese gesto de “tener la razón”, con el que nos auto-condenamos y condenamos todo el rato.

Dicho “querer tener la razón” está basado en algo muy profundo. Las motivaciones de nuestros pensamientos y sentimientos “creadores”, en su base tienen este gesto elemental, aquí, en este universo: el de siquiera querer percibir.

Y tenemos que liberarnos siquiera de esa “ansiedad”, tan aparentemente existencial (si es que queremos realmente propagar la felicidad que somos…, y no estados sucedáneos de relación donde parece que podremos “cambiar” algo afuera… etc.).

Este “gesto” tan básico de “querer percibir” digamos que condiciona, de forma elemental, por ejemplo el que luego sigamos queriendo “tener la razón” —en niveles más “superficiales”, por así decirlo.

El único problema es pues que queremos percibir. Queriendo eso, lo que hacemos es reforzar el miedo, que es el primer motivo, el motivo inercial de base, por el cual queremos percibir.

Así, como este motivo de miedo lo tenemos tan pegado a nosotros mismos…, a nuestro “sí mismo falso”… a nuestro ser falso (ya que es el propio elemento en el que nos bañamos… ya que este motivo es prácticamente dicho “ser”…  ya que este motivo es nuestro elemento de inercia… en esa inercia que llamamos “ego”…, es decir, en el mecanismo o manera usual de poblar un cuerpo aquí, en esta dimensión tan “baja”)… como el miedo está tan pegado a nuestro ser… no nos damos cuenta de que dicho “querer percibir” se basa en él —y no nos damos cuenta del enorme conflicto interior (“culpa”) en que se basa a su vez dicho miedo.

Esto de “darnos sentido por nuestra cuenta” lo hacemos pues con ese truco llamado percepción (es de hecho el propio proceso de la “percepción”). Con ella, pues, proyectamos sobre las cosas (también sobre las formas de nuestros pensamientos, etc.)… proyectamos… pensamientos y sentimientos (los nuestros, en una inmensa paja mental que no reconocemos como tal).

Entonces, la “hipótesis” que realmente nos ponemos a comprobar cuando hacemos de nuestro “vehículo físico” un vehículo para este “experimento” que llamaríamos Despertar… es esta y es bien simple…:

esta proyección o percepción —esta percepción fabricada por la proyección— viene de un malestar interior, de una especie de “angustia”, “ansiedad” o miedo constantes…, interiores… que están ahí como estados a menudo irreconocidos… y que es como si nos “obligaran” a necesitar “un mundo exterior” (podríamos decir que, aunque aquí estamos hablando del curso de milagros y los otros textos con que “La Voz” aportó complementos a dicho curso… podríamos decir por cierto y lógicamente que esta sería la simple “primera verdad” del llamado “budismo”… cuando dice que dicha verdad trata del “sufrimiento”).

[Y siempre recordando, por ejemplo, que ya nuestro cuerpo es algo exterior a nosotros mismos]

Pero… como decíamos… no hace falta “vivir”… ¡no hace falta vivir!… tal y como normalmente entendemos la palabra “vivir”.

Es decir, no hace falta percibir, proyectar, un mundo aparentemente “exterior” a nosotros… —no hace falta hacer nada, pues ni siquiera hace falta “hacer” eso tan elemental.

El mundo que vemos, entonces, solo lo vemos ahí porque necesitamos representarnos —en un afuera ilusorio— nuestro estado mental “interior”. Realmente no lo necesitamos, no realmente… y solo está ahí simbolizando o reflejando nuestro estado mental interno.

Tenemos en la vida experiencias que son pues reflejos aparentemente físicos (aunque en parte diríamos que son un bloque indisoluble mental-físico) de nuestros estados mentales en la mente egoica, que se cree separada de su Fuente, y que está más allá del espacio y el tiempo.

Y entonces, Despertar, es el progresivo darnos cuenta de que no necesitamos un mundo, y ni siquiera una mente que piense “por su cuenta”. Así, nos damos cuenta de que si hay tal “necesidad de mundo exterior” solamente se debe a que dentro, en la mente, “sufrimos” (albergamos ideas que nos provocan sufrimiento en la mente más allá del tiempo: ideas muy poderosas de indignidad, etc.)… y se debe, tal necesidad de mundo, se debe a la vez a que también estamos de hecho “purificando” dicho “estado interior” inercial de sufrimiento… pues lo podemos purificar gracias a que podemos “experimentar” nuestro “estado interior” en este mundo “exterior” para ello configurado.

Como sabemos, desde ese estado de conflicto interior —este estado no visto, que no queremos ver…, es decir, el de la “culpa”—… desde ahí… de cierto modo venimos al mundo para huir, pero con una estrategia mal adaptada a este propósito (pues huimos prolongando el sufrimiento, ya que pensamos que la solución está “afuera”).

La “hipótesis” seguiría pues diciendo que, una vez que aprendemos a enfocarnos dentro, en el estado mental deseado (paz, amor, dicha)… es decir, una vez que aprendemos el hecho de que ese estado o experiencia es el estado natural… y que además él sustituye —si le dejamos— de forma natural, al estado mental inercial llamado “ego”… entonces… ya no necesitamos “ver un mundo”, ya no necesitamos tener la experiencia de “hay algo afuera de mí” (ese “mundo” que, si parecía “existir”, solo lo parecía por el motivo de darnos más o menos fielmente una representación, un reflejo físico del estado interior de nuestra mente… de esa mente que es poderosa, “creadora”, que alberga estados de confusión… miedo… etc., basados en ideas de separación: indignidad, etc.)

Y por cierto, una vez que el mundo cumple con su propósito, ya no es de nuestra incumbencia si vamos o no vamos a seguir “proyectando más mundos”…  (mundos “más felices”…)… si vamos o no a “conseguir cambiar y lograr mundos más felices”… si vamos o no a “trascender” esta dimensión por entero, pudiendo ver, así como “desde fuera”, todo este “universo” “nuestro”, por ejemplo… etc.

Pues… recordando lo de siempre, tan importante…: se trata de alejarnos del patrón del “hay que”, del “deber”, del “conseguir”… ya que para empezar el mundo solo tenía como función reflejarnos ese estado interior demente… y, por tanto, ¡no hay que hacer nada!, ¡no hay que conseguir nada!, ¡no hay que ir a ningún lado!

Todo es posible en la ilusión. Nosotros nos enfocamos en la experiencia de nuestro “ser verdadero”, con cada vez mayor consistencia, coherencia, constancia —y entonces, ya luego… todo se dará por añadidura.

De ahí que sea tan importante la mera paz… el “aprender” a elegir paz dentro (el dejarse descubrir por ella en las situaciones más insospechadas)… pase lo que pase… aunque veamos que por ejemplo nos estamos haciendo la puñeta a nosotros mismos… aunque veamos que no elegimos cosas que nos den paz… da igual.

Pase lo que pase, ante toda experiencia que se nos ponga por delante… ante cualquier experiencia que se nos presente en nuestro ser… elegiremos y daremos paz —y sin juzgar dicha experiencia…, ayudándonos de esa “respiración” que normalmente hace falta atender… y, si es posible, antes de siquiera ponernos a “actuar”.

¿Qué quiere decir “consciencia” en la verdadera espiritualidad?   1 comment

imagen corazón en círculo“Consciencia” es un proceso. Este proceso “crece”. Y es el proceso de recordar que podemos elegir, es decir, que somos “mente” —si definimos la mente como capacidad de decisión, de elección.

Un cuerpo no parece poder elegir, sino que parece estar rendido ante las circunstancias.

Y cuando decimos “cuerpo” estamos hablando incluso del nivel del comportamiento en general, sometido a patrones más o menos férreamente anclados sobre elecciones “creadoras” profundas, que estarían en el nivel mental: creencias-sentimientos.

Lo podríamos expresar rápidamente así:
— una cosa es el nivel del comportamiento y el del cuerpo,
— y otra el nivel de la elección, de… ¿qué elegimos pensar y sentir acerca del comportamiento propio, ajeno… acerca de los cuerpos y las formas en general? (y esto teniendo en cuenta que nuestros sentimientos sobre algo van muy unidos a los pensamientos, a lo que pensamos sobre ello, aunque a menudo sean pensamientos que no queremos ver. Sin embargo, todo sentimiento estaría unido a pensamientos, aunque los reprimamos; todo siempre puede ser traído a la consciencia.)

Esencialmente no somos cuerpos. Creamos literalmente nuestra experiencia de las circunstancias desde las elecciones interiores, “mentales” (sentimientos/pensamientos/creencias) —en ese sentido profundo de “mente”, el que podríamos equiparar quizá en gran medida a lo colocado bajo el nombre de “alma” —y no en el sentido de “mente intelectual”.

Es importante tener en cuenta que, una vez aquí, en el lío, no creamos directamente las circunstancias, sino primero, ante todo, la experiencia que tenemos de éstas.

En el nivel más “profundo” de la mente (por así decirlo, aunque siempre puede ser hecho consciente) estamos todo el rato expresando una petición que luego no recordamos.

Es decir, oramos constantemente… y lo que solemos “pedir”… aquello por lo que solemos rezar… es por “miedo”.

Por tanto, de cierto modo atraemos nosotros mismos casi literalmente las circunstancias, las consecuencias de esa expresión “creadora” interior, pues, como sabemos, el universo está a nuestro servicio (al servicio de lo que queremos experimentar sobre las circunstancias).

El universo nos sirve pues los detalles que faciliten la experiencia que pedimos “desde dentro”, inconsciente o conscientemente… desde ese nivel mental que hemos querido olvidar viniendo a ser cuerpos de esta manera tan “olvidadiza” (para intentar convertirnos en seres esencialmente sin elección, sin mente).

Este sería, pues, el proceso de la “consciencia”, equivalente de cierto modo a la “verdadera espiritualidad”, pues se trata de aprender a volver a la mente —es decir, a tener el poder de elegir en ese nivel creador —de pensamientos, sentimientos, creencias.

Tal camino de regreso es el de lo que podríamos llamar ‘maestría’.

Como “maestros” vamos recordando nuestro verdadero ser (luz) también aquí, en la tierra, entre lo que a veces solo nos parecen “sombras”, en este mundo de cuerpos separados que, como decíamos, a menudo parece que lo habríamos fabricado solamente con un propósito: el de volvernos “sin mente”, de-mentes —es decir, sin capacidad de decisión.

Se trata pues de ser conscientes de nuestro enfoque constante… es decir, del lugar hacia donde tenemos enfocado el foco de nuestra consciencia: en el miedo, separación, tristeza, carencia, deterioro, muerte (todo ello archivado, en un sentido muy general, bajo la etiqueta de “ego” —pues se trata de todo un sistema de pensamiento, el de la separación, que es demente pero perfectamente coherente).

Así que nuestro camino espiritual se reduce a simplemente estar vigilantes todo el rato contra esas elecciones inerciales de nuestro foco de consciencia —que “elige ego”.

Esas elecciones obviamente resuenan “por todo el universo” y por todas las encarnaciones humanas y en alguna medida no-humanas: las “nuestras”… las de nuestros antepasados… familias… etc., etc.

Así “atraemos” cierta “fuerza” en nuestras vidas… unas veces quizá para nuestra desgracia aparente… y otras para nuestra dicha. Y es por ello que a veces parece tan difícil deshacerse de los “programas”, de lo automático, de esta atracción por el pasado… la muerte —pues estamos constelados, las mentes están unidas.

Si queremos empezar seriamente con una “espiritualidad verdadera”, entonces, cada vez que experimentamos algo, cuando ello no sea plena dicha… “debemos” —si queremos— aprender a plantarnos… a estar dispuestos a cambiar de opinión sobre eso que experimentamos… cambiando de percepción (y al principio meramente no culparse en la labor inicial de “observadores neutrales”… no culparse por estar eligiendo miedo, desgracia, tristeza; un primer paso quizá siempre es el verlo, primero ver nuestra demencia; si no la vemos neutralmente, no podemos volver a elegir, es decir, dejarnos elegir por la verdad: paz, dicha, amor).

Debemos estar dispuestos a pedir Visión para salir de la visión usual, de la percepción usual, lastrada por el pasado y por proyecciones de éste sobre el futuro (todo con tal de no vivir el verdadero Ahora, en un instante “sagrado”, o “santo”).

Sencillamente, en cada momento, hay que ir recordando que “existe otra manera de ver esto”.

Si no lo hacemos, inconscientemente estamos repitiendo y repitiendo… en los patrones, dejándonos mecer en la cuna mortal del tiempo que nosotros mismos hemos fabricado con los huesos de nuestros antepasados.

Pedimos pues Visión (sin actitud “exigente”…, sin sentir “carencia”)… para así salir de la percepción.

Con esta percepción (usual) nos damos, nosotros a nosotros mismos, inconscientemente… el sentido o significado de las formas que vemos delante. Este automatismo es del que debemos salir. ¿Cómo es este automatismo de la percepción? Es el proceso de darnos, por nuestra cuenta, el significado que tienen las cosas para nosotros, proyectando nosotros mismos sobre ellas, sobre las formas y las cosas, nuestros sentimientos y pensamientos “inerciales” —mediante el foco de nuestra consciencia puesto en el pasado, en el miedo, en la separación y su sistema.

Así que:
— una cosa es observar de verdad… para ampliar nuestra consciencia (en este sentido de “consciencia”)
— y otra “regodearse en la inconsciencia”… en “la elección de miedo”. Esto quizá lo hacemos a menudo, paradójicamente, cuando nos creemos “espirituales”.

Hay muchos grados de regodearse en la inconsciencia (podríamos hablar aquí de adoración del miedo…, de satanismo, etc.), aunque… como ya sabemos (tal y como expresa el curso de milagros) necesitamos ir sintiendo que aquí, entre las sombras, en las ilusiones… no hay grados, no hay jerarquía (todas son lo mismo: expresión del sistema del ego, que en el fondo es ilusorio).

El mero experimentar los sentimientos ya no nos sirve. Hemos de hacernos conscientes de lo que queremos… y elegirlo… para terminar dejándonos elegir por la verdad.

El proceso de despertar es el proceso de convertirse en maestro para ser maestros de nuestra experiencia, y solo para poder realizar una cierta entrega, lo más rápidamente posible… y a cada paso, en cada percepción: la entrega de toda experiencia a la Luz (es decir, el perdón o entrega de toda percepción).

Las emociones, los sentires… son poderosos; parece que ellos son los que “crean” en nuestra mente ampliada, alimentando creencias. Es desde ellos desde donde creamos, en el nivel creativo —ese en el que normalmente no nos queremos enfocar (mente).

Allá donde pongamos el foco de consciencia…, allá que habremos plantado una semilla que inevitablemente dará frutos… pues el universo está dentro de nuestra mente… no afuera de nosotros.

El universo, entonces, nos va a servir (tarde o temprano) los detalles particulares (las formas) para que podamos seguir experimentando “lo pedido”, en nuestro rezo cotidiano inconsciente.

No hay más que esto. Y tiene que ver con la única manera de “cambiar el mundo”.

Así que, a menudo, estamos enviando al universo el mensaje de «eh, nos gusta experimentar miedo», así que… «dame más circunstancias así, para poder seguir haciéndolo». Con ello, por tanto, nos lo ponemos difícil a nosotros mismos.

Así que ahí lo tenemos, este es “el problema”, esta es la cuestión: la del foco o enfoque de nuestra consciencia. Es con este foco con lo que creamos literalmente nuestro “futuro”, y a veces incluso para “otras vidas”… en esta ilusión de la encarnación humana.

Es decir, el enfoque (este proceso de identificación) sería lo que nos lleva a perdernos por un guión particular o por otro, en vez de irnos dirigiendo hacia lo que quizá podríamos decir que es el “guión más central”, dentro de este cúmulo o constelación de eventos probables… en todas las “líneas de probabilidad” (pasado, presente, futuro ilusorios)… en lo que sería nuestra “personalidad ampliada”… dentro de la cual “viajamos”… dentro de “sus” probabilidades o dimensiones.

Todas esas probabilidades o dimensiones ya han sido, de cierto modo, “escritas” —pese a que sí que podemos “elegir” entre ellas, una vez metidos en esta especie de sueño aparentemente fuera de Dios.

La verdadera “espiritualidad”   Leave a comment

imagen corazón en círculoCon una “verdadera espiritualidad”, lo que hacemos es cambiar nuestro sistema de creencias, y así, a la vez, nuestros sentimientos.

Cambiando las creencias nos vemos capaces de cambiar también lo que sentimos sobre cualquier cosa… cambiando el foco de nuestra consciencia (y lo podemos expresar rápidamente así, con eso tan célebre…: desde el miedo al amor).

¿Qué elegimos sentir de cada cosa? ¡Ah!, esa es la cuestión, en gran medida.

Somos libres…, y desde la libertad, esa libertad que termina dándose cuenta de que al final si éramos libres era solo para elegir la verdad (amor)… es decir… desde la libertad de ser lo que realmente éramos y solamente eso… iremos creando (es decir, iremos eligiendo guiones diferentes) cada vez “mejor”… en estas Tierras, “dimensiones”, etc.

Así que es desde la mente (creencias/sentimientos) desde donde cambiará nuestra experiencia del mundo.

Y este cambio en dicha experiencia —en la percepción de cada cual— es necesario… es necesario antes de que realmente el mundo pueda cambiar.

El cambio en nuestra experiencia depende de cosas muy simples, que podemos resumir fácil y rápidamente así (solo es un resumen rápido, como recordatorio de… ¿dónde comenzó todo esto?).

Por ejemplo… con el curso de milagros, donde simplemente tenemos ciertos “mantras”:

— todo ataque es petición de amor (ataques… o bien todas las cosas derivadas de éstos: todos los tipos de errores que creemos que están completamente fuera de nosotros… que los vemos más o menos aborrecibles… y que “los cometen los demás”, de los cuales nos separamos… que son por tanto muy reales en nuestra mente…)…
— todo miedo y todo odio no es más que falta de amor…
— etc.

Así que en nuestra percepción podemos “pedir” ese amor, esa paz, que parece faltar ahí fuera…, ante cualquier ataque o ante cualquier expresión de miedo. Una expresión global, podríamos decir, es lo que sucede a nivel social, con la injusticia, las guerras; con la “guerra química” constante contra los cuerpos biológicos humanos, a través de las plantas que consumimos; o con la guerra “contra el medio ambiente” en general… y el largo etc. de “males globales” del mundo que reflejan el conflicto interior de esa única mente que somos.

Así, podemos volver a mirar con “los ojos del amor” a todo aquello que parecería no merecerlo —o bien no tenerlo.

Esta es la única “solución” para “el problema del mundo”: volver a mirar las cosas sintiendo/siendo/creyendo otra cosa, muy diferente a lo que antes sentíamos —que solía ser miedo y sus derivados… siempre como miedo camuflado.

Y esta “única solución para el mundo” la podemos llamar así: el perdón de nuestras percepciones (o su entrega total, al Amor que realmente somos, a “Dios”).

Parece que es así, y solo así, como podemos conseguir no reforzar “los males” del mundo.

Éstos tendrían su origen en la mente, sin más. Todo sufrimiento parte de ahí: es la experiencia de las consecuencias de nuestras elecciones mentales. Si no cambiamos las elecciones mentales, seguiremos teniendo la experiencia de sufrimiento, vida tras vida —en estos locos planes y ciclos del “alma”.

Los “males” no son el resultado del azar, no son el resultado de los “pecados” de la gente, no son el resultado de su “pasividad”, de su “maldad”, o de la “injusticia social”, etc.

Son el resultado de nuestra mera ignorancia: no nos sabemos espíritu…, no nos conocemos como creadores (a imagen y semejanza de… tachán tachán…… 🙂 … el innombrable Dios 🙂 ).

Así que “el mal” parte de la mente… y recordemos que, en el fondo, ahí somos una unidad… andrógina… en ese nivel “creador”.

Así que… repasamos: la experiencia que tenemos del mundo parte de lo que albergamos dentro, en nuestra mente.

Lo que creemos/sentimos…, lo creamos y recreamos vida tras vida —de múltiples maneras que solo pueden parecerles muy “entretenidas” a estos locos de atar que somos, los “terrícolas”.

Y ¿qué creemos? Pues en resumen nos creemos indignos, o, si se quiere decir de otra manera… nos creemos no completamente dignos.

Si ya nos creyéramos perfectamente dignos… ni siquiera tendríamos que haber venido aparentemente aquí… ni siquiera parecería que estamos aquí en la Tierra… alojados en un cuerpo… y con este esquema tan férreo de linealidad temporal.

Lo bueno es que todo tiene un “final feliz” :), así que “todo va a ir bien”, pues somos perfectamente “dignos”, dignos de ser lo que realmente somos (es decir, de recordarlo, de recordarlo también aquí, en estos infiernos, entre las “formas perecederas”… entre nuestras proyecciones de miedo que realizamos sobre las formas perecederas).

Y es que, en el fondo, y como ya “sabemos”… y como dice la querida voz de Yeshua… no podemos ser otra cosa que reales… que Amor… que Dios…… y… todo lo demás son “ilusiones”, por así decirlo: ilusiones que solo momentáneamente nos parecen reales, antes de ser purificadas —y solo cuando así lo permitimos.

Esta “purificación” parece que simplemente es un proceso natural… y el único natural —nada que ver en el fondo con un proceso de “evolución”, etc.

Adictos al miedo y a la confusión   2 comments

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Amamos la confusión, de cierta manera, para seguir en nuestras inercias, que tienen que ver con otras adicciones; por ejemplo…:
— a las palabras,
— a los atascos o bloqueos, muy concretos, en la vida de cada cual.

Y parece que amamos la confusión también porque somos adictos al miedo…, adictos a todas esas emociones que giran en torno a ese miedo “básico”, básico para este mundo.

Amamos la confusión…, parece…, entre otras cosas porque así podemos seguir interpretando.

Nos gusta interpretarlo todo con esa voz a la que tanto le gusta hablar de “mal” y de “bien”… es decir, de…:
— «ves, ahí estás, otra vez, “cagándola”…»
— «ves, otra vez eres un tonto, eres una tonta».

“Juicios”, en definitiva…, eso es lo que llamábamos “juzgar” (vamos proyectando ese juicio o conflicto interior, “contra” nosotros mismos… por ahí).

También nos gusta seguir interpretándolo todo con la mentalidad “del resultado”…, alimentando así la idea del “tiempo lineal”…, ese que en el fondo la voz del curso de milagros nos contaba que era:
— pasado≈pecado,
— presente≈culpa,
— futuro≈miedo.

A la situación confusa, dentro en la mente… lógicamente le siguen “cosas confusas” “fuera”, en el mundo… como aparente resultado.

Y, entonces, eh voilà… alimentamos:
— la “mentalidad del resultado” (con su afán por “temporalizar”, limitar)… esa “mentalidad” o actitud…
— que además hace espacio para la interpretación de…: «el mundo de ahí “fuera” no es de fiar…, es como para tenerle miedo, miedo a la incertidumbre que nos provoca el tener esa “mentalidad del resultado”, con la cual nos decimos esta consigna básica para el ego aquí, la de…: “eh, no podemos controlar el resultado”… y así, debemos tener miedo»…
…y con ello seguimos y seguimos proyectando…, proyectando hacia fuera esa confusión interior… pues el círculo vicioso del miedo manifestándose “fuera” está muy vivo.

Todo esto era el tema de este texto.

O también:
— estamos confusos en la mente…
— y tenemos entonces miedo a lo que resulte tras lo que sea que decidamos…, quizá… (por tanto seguiremos confusos ante la cuestión del decidir)…
— y quizá podemos añadir que le tenemos más miedo aún si estamos ante una disyuntiva entre cosas que nos parecen algo “nuevas”…
— o bien… comentemos que a veces ni siquiera cabe la posibilidad de que nos intentemos ver a nosotros mismos como siendo realmente “libres” …
— …libres… en vez de estar confusos tan sistemáticamente…,
— pues ¿qué pasa? Que podemos estar confiados ante lo nuevo… que en realidad siempre está dentro (lo único “nuevo” es “Dios”, es decir, lo que por ejemplo el curso llama “Espíritu Santo”)… es decir, podemos estar confiados ante las respuestas del “sentir interior”… que potencialmente nos pueden guiar…
— …confiados… con que realmente podemos afrontar una decisión desde ahí 🙂 …

Entonces…, parece que el hecho de que el resultado sea “incierto” (el que lo hayamos hecho así por nuestra “situación confusa interior”)… nos da miedo… y así parece que es como alimentamos el miedo, en la mente.

Ya lo decíamos…:
— seríamos adictos al miedo,
— y adictos a las interpretaciones que siempre sustentarían el miedo…
— y las interpretaciones muestran el tener una mente adicta a explicar y limitar…
— y además adicta a la mentalidad del resultado, al tiempo lineal (por tanto, en el fondo…, al “pecado”, a la “culpa”… es decir, al conflicto interior que no queremos ver en su profundidad causal)…

Así, nos cuesta ser directos… seguir el sentir interior.

Como sabemos por el curso de milagros, lo que sucede es que, al estar identificados con esa mente ego (explicaciones, miedo, tiempo lineal…)… creemos que realmente “vamos a morir” si nos abandonamos en los brazos de ese Amor abstracto en el que estamos realmente, pero soñando separación —es decir, si nos abandonamos al Reino.

Y esto lo hacemos “porque” hemos valorado el mundo… el mundo “antes”, primero (es decir, los límites puestos por nosotros mismos: cuerpo, tiempo……)… lo hemos valorado primero… pues claro, ¿qué ocurre? Pues lo que también contaba el curso:
— que el mundo es apabullante; es decir, la perspectiva desde la que estamos normalmente, con el ego, “contemplando” el mundo… sentimos una grandiosidad tramposa, y digamos a veces que “megalómana”…, frente a nuestra grandeza real…
— y ocurre que el esfuerzo que nos ha costado hacernos con esta percepción… con este concepto del yo…… es simplemente descomunal.

Pero… todo esto “sabemos” que es una idea loca…, toda esta mera fantasía del “mundo”.

Por eso se trataba siempre de soltar…, de entregar todos los valores…, pues todos los valores tienen por defecto que ver con “el mundo”…, con un mundo demente que es demente porque le hemos dado significado por nuestra cuenta…, es decir, “sin Dios”, sin “Jesús”…, en la fantasía de que podíamos realmente olvidarnos de Dios, olvidarnos de que realmente somos seres creados por Él, de olvidarnos de lo eterno —de que estamos con y en Él.

A esto parece que se debe, claro está, el que Jesús parezca tan “exagerado” 🙂 en el curso de milagros —cuando habla sobre “mundo”.

«El mundo no existe»

🙂

Relación entre la mente y la experiencia (“la clave” :) )   Leave a comment

imagen corazón en círculo
Reproduzco y comento un poco el dictado de Yeshua —esa “personalidad” que está hablando a mucha gente.

Se trata de lo dictado a Tom Carpenter en Diálogo sobre el despertar (lo modifico un poco —en una especie de “traducción personal” que hago… y con pocos comentarios al principio).

Aquí Jesús “conecta” de nuevo de una forma magistral las cosas “de toda la vida”.

La relación mente/experiencia:

«Cuando la agitación o el caos aparecen en tu mente, serán experimentados bajo la forma de algún tipo de confusión o de caos fuera de tu mente.

» Pero, lo que ocurre, no es que te estés dando lecciones a ti mismo por medio de la fabricación de todas esas circunstancias que no te resultan placenteras o confortables.»

Podemos deshacer por fin ese espíritu de … “aquí estamos aprendiendo lecciones”, “duras lecciones”.

» No es eso.

» Cuando existe falta de claridad en tus patrones de pensamiento, dicha falta se verá reflejada en la forma de una vida caótica.

Tom y Linda Carpenter

» El verdadero proceso es uno donde el ego recibe información respecto a la confusión que existe, y traduce dicha confusión en “no ser capaces de controlar el resultado”, el cual [resultado] se convierte en una incógnita y, por tanto, en algo temible. Y, en tanto que tu atención se enfoque en ese temor, en esos miedos, éstos se harán manifiestos [en la “experiencia”].

De eso se trata, de interiorizar la actitud de “maestros”, maestros que saben —con todas las células— que no vigilar dónde ponemos nuestra atención es algo demasiado “sufrido”.

Ponemos la atención en el sistema del ego, que habla de “resultados” (siempre haciendo real el “tiempo”, dando mucha importancia al tiempo “lineal”…)… para proteger el miedo, para proteger esa “elección por el miedo”…, desde donde fabricamos la realidad.

Es decir, hay dos “puestas de atención”:

— tenemos puesta la atención en el miedo (y para ver el cómo y el porqué de esta situación tan demente, que vivimos en la mente, en el nivel más “profundo”… se dio Un Curso de milagros),

— y esta primera “atención” la disimulamos poniendo la atención en las creencias del ego, en su sistema de pensamiento, en el sistema de la carencia y la necesidad…, que dice, por ejemplo que: “es necesario esforzarse”, “es necesario, por tanto, algún tipo de sufrimiento”, pues “para tener hay que ganárselo”; “para poder recibir hay que haber dado antes”, etc., etc.

“El truco” está en ese “desplazamiento invisible” para nuestra consciencia… ese desplazamiento que, como futuros “maestros”, vamos a poder realizar cuando nos percatemos de en dónde estamos colocando la atención: precisamente la colocamos en esas emociones (miedo) que realmente están fabricando eso sobre lo cual luego diremos conscientemente: “eh, ¡si yo no quería esto!”.

Somos creadores y no víctimas, y podemos dejar de seguir siendo inconscientes de ese simple hecho.

Ahora mirad qué interesante (recomiendo volver a leer los anteriores párrafos del texto de Yeshua):

» Pero, el mensaje que tu ego te permite escuchar de todo eso que acabo de describir arriba, va a ser muy diferente. De nuevo te va a decir que has hecho algo malo, algo que has interpretado como negativo. Y esto le viene muy bien para sus propósitos, porque es así como va a continuar manteniendo a tu mente en un estado de confusión, y es así como tu ego te da una justificación para poder sentir que realmente existe algo que puedes HACER para enderezar la confusión.

Y recordemos el mantra y su significado: “no hay que hacer nada”, no es necesario (en todo caso lo único necesario es ELEGIR “con toda el alma” lo que se esté haciendo, en cada momento, para así conectar con el verdadero Ser (paz, alegría)).

» Este tipo de pensamiento también te lleva por otra vía que no es de ninguna ayuda: la vía que te dice que hay algo por ahí que está controlando tu vida, y que tu capacidad consciente no puede alcanzar, no puede afectar [a ese “algo”]. Esto te puede llegar bajo dos formas: la de creer que existe una fuerza de algún tipo que tiene control sobre tu vida, y que toma decisiones por ti…, o la de creer que la información puede proceder desde tu “mente inconsciente”, una mente que, claro está, sientes que está más allá de tu nivel de comprensión y, por tanto, de tu control.

» Te digo que nada de esto es cierto.

» Esos procesos que te parece que son procesos de pensamiento de tu mente inconsciente, te parecen inconscientes porque no estás dispuesto a ponerte en contacto con ellos. Esos pensamientos, esos problemas, residen claramente en tu mente consciente, pero han estado allí bajo una forma no reconocida por ti. La confusión se basa en esta falta de reconocimiento. Y esta confusión conduce a la manifestación de tus miedos.

» Una vez más, el proceso funciona tal que así: existe confusión en tu mente; la confusión se interpreta como algo que está fuera de control, lo cual produce miedo. Y una vez que tu atención se ve dirigida hacia esos miedos, éstos se manifestarán en tu vida porque se han tornado reales en tu mente. No es posible para ti experimentar nada en tu vida física que no esté incluido dentro de tus patrones de pensamiento.

» Ahora bien, tu ego tomará esta afirmación [la de que: en tu vida física solo puedes experimentar lo que está englobado o incluido en tus patrones de pensamiento] e intentará hacerte prisionero de ella. Intentará fabricar sentimientos de culpa diciéndote: “¡ahora ves lo que has hecho! ¡Ves el “bonito” lío que has conseguido fabricar”. Pero no escuches esta información. Escucha mejor la implicación, más verdadera, de lo que estoy diciendo. Debes reconocer, con toda la certeza del mundo, que la afirmación de que “no te puede llegar nada que no esté ya albergado dentro de tu mente” es una ofrenda de libertad total. Tienes realmente el poder de determinar qué es lo que quieres encontrar en tu mente.

» La cuestión que te surge ahora es, entonces, la de cómo encajar esto con la anterior información que he dado, y que dice: “trata de vaciar tu mente, trata de liberarla de los patrones de pensamiento del miedo”. Te diré que el significado concreto de este mensaje es el de abandonar los patrones de pensamiento que hayan sido fabricados por tu mente egoica, por esa mente que contiene un sentido de limitación que se basa en experiencias anteriores —en “viejas grabaciones”, podrías decir. A lo que te animo es pues a que permitas abrir tu mente a la paz, a esa actitud pacífica que tienes y que refleja con más precisión tu estado natural de ser Mente, el estado de Mente que refleja tu Ser. Es en este estado pacífico donde experimentarás claridad, y la certeza absoluta de que, cuando creas una experiencia en tu vida física desde dicho estado de paz, el resultado ya no será más confusión.

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Recetas sobre el recuerdo de la paz (re-aprendiendo la paz)   1 comment

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«Con todo lo que hagas, elige paz. En todo lo que hagas que estés reconociendo como que no te da paz pero que de todas maneras lo vas a hacer de nuevo, siéntete bien con ello, siente que no pasa nada
(Yeshua dictando a Tom Carpenter una respuesta en su «Diálogo sobre el despertar» (Dialogue on Awakening))

A modo de formulario, protocolo, receta… podemos escribir esto que sigue.
Lo hacemos en gran parte como una base para un esbozo de “recetas” para la “paz”… y está en gran parte extraído o resumido de Tom Carpenter, de su diálogo con Yeshua.
Lo que sigue aquí abajo está escrito básicamente para poder comentar y poner el ejemplo del final (ver abajo), y como recordatorio elemental sobre paz y la elección interior de paz (citando un texto de Yeshua al principio):

Índice:
— Texto de Yeshua dictando a Tom Carpenter
— Objetivo
— Medios primarios
– nivel corporal
– nivel mental
— Medio secundario
— Ejemplo

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Texto de Yeshua dictado a Tom Carpenter

Un poco más abajo, va un pasaje del texto citado.

Como sabemos, todo consiste en de cierto modo “cambiar” la propia mente de uno (ya que todo lo que experimentamos y que parece estar fuera, está englobado en los patrones de nuestra mente, dentro).

En el diálogo de Carpenter aparece este razonamiento de Yeshua, que como siempre nos “sirve” para ir más allá de las palabras y facilitarnos la práctica:

«Lo que realmente estás intentando conseguir es una sensación de paz. Lo que te sugiero es esto: cuando estés en cualquier proceso, reconoce que estás ahí para alcanzar un estado de paz. Sé consciente de que cada cosa que haces, sin importar lo que pueda ser, la haces para lograr paz. Reconoce esto cuando te enfoques en cualquier cosa, hasta en la más mundana de las tareas. Con cada cosa que hagas, repite conscientemente en tu mente… “hago esto para alcanzar la paz; hago esto porque me brinda paz”. Y siéntete a gusto con ese pensamiento. Permite que ese pensamiento esté contigo de forma consciente y, particularmente al principio, cuando te encuentres en momentos agradables de paz, donde no pareces ser molestado por influencias externas que pudieran conseguir que la paz fuera algo difícil de experimentar.

» Elige paz mientras te cepillas los dientes, cuando ves una flor bonita. Escoge paz cuando ves a alguien paseando cerca…

» Obviamente, lo que hacemos con esto es establecer ese patrón en tu mente tal que, a medida que te encuentres en circunstancias y situaciones que crean ese caos que actualmente existe, dirás: “hago esto para brindarme paz”. Y tendrás conscientemente la oportunidad de elegir de nuevo. Y por favor, no te equivoques de rumbo, no permitas que los patrones antiguos tomen el control. No sientas que estás obligado de ninguna manera a continuar haciendo algo que no responda a tu petición de paz diciendo… “tengo que hacer esto, no tengo elección, debo hacerlo”. No es necesario que hagas nada que no te brinde paz.

» Ahora bien, pueden existir ocasiones en que eres incapaz de responder cambiando lo que haces, o cambiando tu actitud sobre lo que estás haciendo, de un modo tal que puedas reconocer la paz como resultado. Lo que entonces te sugiero es que no te juzgues a ti mismo de ninguna manera como alguien culpable o negligente si continúas con esa actividad de la cual eres consciente que no te brinda paz. Esto destrozaría por completo el proceso, porque muy pronto reconocerías que ya no quieres sentirte culpable de no elegir paz. Por tanto, abandonarías el proceso y ya no repetirías la frase “hago esto para la paz”. Te sugiero que en esas ocasiones alteres la frase y digas, “sé que estoy haciendo esto, y sé que no va a brindarme paz; y, por la razón que sea, lo voy a hacer de nuevo, y no pasa nada, está bien”. Y, entonces, mira cómo los resultados cambiarán, porque, a medida que te das permiso para continuar con la actividad que no te da paz, y si lo haces en un marco mental de no juzgar, encontrarás la paz que estaba ahí, después de todo.

» Pareces estar castigándote a ti mismo al querer, tan desesperadamente, estar Despierto, y, sin embargo, no sentirte capaz de conseguirlo. Pero permíteme decirte que no hay nada que puede evitar que recuerdes quién Eres. La única cosa que puede parecer retrasar el proceso es esa en la cual estás ahora envuelto: castigarte a ti mismo por no ser consciente de ello. Lo haces porque no has escogido soltar completamente la idea de esfuerzo. No has elegido completamente retirarte de esta zona de confort, donde normalmente estás soñando, y retornar a tu estado natural o normal de memoria. De esto es de lo que parece tratar este proceso.

» Recuerda que esta experiencia que parece ser tan real, que parece albergar tanta excitación, que parece mantenerte tan vivo, es una mera sombra de la verdadera experiencia de tu Ser. Es por esto por lo que pareces marchar tan sigilosamente en este asunto llamado “Despertar”. Parece que se te permite dar marcha atrás, o expandir la zona de confort poco a poco, de manera tal que el lugar a donde vas llegando tiene un cierto aire de familiaridad. Y eso también está bien. Pero lo que estás haciendo, y que parece convertir todo esto en algo más doloroso, es juzgarte a ti mismo como culpable de no ser capaz de dar el salto. Y lo que intento aclarar es esto: el sentimiento que está creando esa confusión en tu mente está ahí precisamente porque ya sabes quién Eres, en el más profundo nivel de tu Ser. Y esa verdad destila a través de tu discernimiento consciente de este sueño —aunque sea un poco. Así, según pareces marchar sigilosamente hacia la Realidad, todavía existe esa pequeña Voz, la de tu verdadero Ser, diciendo… “no necesitas hacer esto”.

» En todo lo que haces, elige paz. Y siéntete bien con todo lo que hagas, aunque sea algo que reconoces que no te brinda paz, pero que de todas maneras quieres continuar haciéndolo.»

Objetivo: paz interior.

Esta es la única solución real para cualquier problema (mundial, personal…, político…, etc.), en el mismo instante en que se presente en nuestra consciencia “individual”.

La solución es elegir paz interiormente respecto a la percepción actual de eso que nos da problemas, nos despierta emociones, etc. Luego, podremos aceptar “inspiraciones” diversas, las más “adecuadas” para todos.

Medios primarios:
nivel corporal:
nos ayudará el que en la vida intentemos elegir vivir aquellas situaciones que nos den paz (recordando quizá que la verdadera paz debe llevar aparejada cierta alegría, cierta expansión de consciencia…).

En general en las cuestiones respondidas por Yeshua a Carpenter, se dice que nos digamos conscientemente, con todo lo que hagamos: “hago esto porque me da paz”.

Pero, como sabemos por el curso de milagros, “no es necesario hacer nada” (hay que eliminar de nuestra comprensión todos los “hay que”… los “tengo que”… etc.)…, es decir, “no tenemos que obligatoriamente hacer nada que no nos dé paz“. Si algo no nos da paz, no tenemos por qué hacerlo, no es obligatorio hacer nada, aunque lo parezca muy fuertemente (parece casi siempre obligatorio “trabajar”, etc.).

Esto es más fácil de decir que de hacer, y por eso tenemos una especie de “ejemplo” al final de este texto, para poder hablar o parafrasear un poco aquello que se comenta en el texto de Yeshua-Carpenter, sobre “elegir paz”.

Volviendo a nuestro “nivel corporal”: así, con lo que ya vimos (con el “elegir cosas que nos dan paz”), lo que ocurre quizá es que la mente, en el nivel mental, al final, irá creyendo o sabiendo que:
— puede elegir paz…,
— y que lo puede hacer cada vez más independientemente de lo que ocurra “fuera”.

(y sepa o no, “la mente”, que es justo esto lo que está haciendo.)

Así, vamos “elevando la vibración”, o como queramos llamarlo. O bien podemos decir que de este modo nos hacemos más sensibles al contraste, y…, por tanto…, nos hacemos más fácilmente “elegibles” por esa instancia interior que nos elige a todos por igual y hacia la felicidad —pero que normalmente no escuchamos.

nivel mental: interiormente de entrada siempre es posible (“no hay grados de dificultad en los milagros”) elegir nuestros sentimientos y pensamientos acerca de nuestra experiencia del mundo, en una especie de digamos “salto en el vacío”.

Seguro que es justo para esto para lo que serviría la práctica de parar cada hora (unos minutos) —práctica sugerida en este primer curso de milagros de Yeshua, en UCDM, y también en otros del mismo “autor” (siendo esta una práctica que supongo que casi nadie habrá podido llevar a cabo realmente… y que digamos que sirve básicamente para “soltar todos los valores”, para dejar de valorar todo lo que hay en este mundo, todo lo perecedero).

Entonces, cuando no sentimos paz, podemos, inocente e inmediatamente, elegir paz (!). Así que, en el “futuro ilusorio”… en general…, cuando estemos en un “nivel” digamos que “de maestros”…, podremos elegir paz con todo lo que ocurra “dentro” y “fuera” de “nosotros”.

Medio secundario (por así decirlo 🙂 ):
entonces, para llegar a poder “elegir los sentimientos” hay muchas técnicas, por lo que voy viendo.

Pero, en este ámbito, el relacionado con el curso de milagros y las obras “posteriores” que lo continúan y amplían o rematan (por el mismo Yeshua hablando a través de Haskell, Carpenter, Mari Perron, Jayem, etc.)… vamos a decir para empezar muy pocas cosas sobre “medios secundarios”.

Quizá ocurre a menudo que, antes de poder “elegir los sentimientos”, tendríamos que aceptar el cambiar nuestros juicios, creencias… (mientras dejamos que se borren todas…, es decir, mientras abandonamos todo juicio, toda creencia).

Aceptando que podemos cambiar fácilmente nuestras creencias, juicios sobre el mundo y sobre nosotros mismos… también estaremos “aprendiendo”, de pasada, que, en realidad, “no queremos tener la razón”.

Y esto sobre las creencias lo decimos pese a que “la receta” que nos sirve para trabajar todo esto es la de ir viendo que los sentimientos son los grandes olvidados, en los cuales tenemos que ir aprendiendo a enfocarnos si queremos realmente cambiar las creencias y sentimientos que fundamentan nuestra “base existencial”.

Entonces, para empezar, pese a ello, puede que veamos como necesario —o nos sea lógicamente más fácil— trabajar con creencias.

Así que nos toca observar nuestros pensamientos, los conceptos… el sistema de pensamiento…, para poder sustituir todo eso que vamos viendo que nos hace daño… por lo que nos haga menos daño (en el camino de abandonar las pretensiones de ser nosotros la fuente en exclusiva del “concepto de nosotros mismos”, de nuestro ser…, de nuestro yo personal).

Esas simples “creencias de sustitución” que podremos comprobar que son “menos dañinas”… nos las suministra Yeshua en estos cursos:
— “dar es recibir”…, etc.,
— ya estamos “realizados”, “despiertos”…
…o bien son suministradas por otras vías espirituales (o mismamente por el esencial Ho’oponopono).

O bien, podríamos decir que “debemos” permitirnos mirar nuestras creencias…, los juicios…, para simplemente poder dejar de juzgarnos por lo que sea que estemos experimentando, pensando, sintiendo (y por muy mala leche que parezca tener esa situación en la que quizá nos veamos metidos una y otra vez, por nuestra cuenta, en plan “masoquista”).

______

Ejemplo:
el ejemplo de vivir una situación de falta de paz, “aposta”, repetidamente…, y, además, juzgarse por estar haciéndolo, por estar metiéndose en ello una y otra vez.

Este sería digamos que “un círculo vicioso” de falta de paz… donde además nos juzgamos por ello, juzgamos contra nosotros mismos (y este juicio sería lo primero y lo único que “deberíamos” empezar a mirar —y, por tanto, a disolver mirándolo “inocentemente”).

Es decir, podemos vivir (estar metidos en) una situación donde hay algo, o donde estamos eligiendo algo… que claramente no nos da paz (quizá sea la propia situación muy en general la que no da paz).

¿Y qué pasa cuando vemos que seguimos eligiéndola una y otra vez?

Entonces va a sernos difícil decirnos a nosotros mismos lo que se sugiere que digamos con todo lo que hagamos, en Carpenter: “hago esto porque me da paz”.

Así que en ese momento, en el que vemos que la situación no nos da paz (y puesto que estamos en un proceso de “expansión de consciencia”… y queremos percatarnos de todo, y lo más posible…)… en ese momento… quizá nos juzguemos a nosotros mismos por meternos en esa situación, una y otra vez.

Es decir, estamos en una situación donde nos sentimos mal… y, además, y seguramente por ello, nos juzgamos por ello más o menos inconscientemente (reforzando creencias: “ves, no valgo”… “ves, soy malo”… etc.)…, y, por tanto, estaremos metiendo ahí creencias sobre nosotros mismos (en esa situación que sabemos que no nos da paz, que se repite por inercia, por aparente imposibilidad de “cambiar lo de fuera”, quizá por compromisos asumidos…, o por vaguería y miedo al cambio… ec.).

Entonces nos vemos metidos ahí “aposta”… y una vez en esta situación, quizá lo más fácil es que ocurra lo siguiente…:

— que seguimos identificándonos (¡de forma más o menos inconsciente!) plenamente con la emoción de “falta de paz” (al final el miedo)… y, a la vez ocurriría que…
— y nos estamos juzgando por hacerlo así, por vivir eso tan repetidamente y tan “malo”… una y otra vez. Es decir, casi sin darnos cuenta estamos identificándonos con esos sentimientos, ese miedo o confusión, para albergar creencias profundas sobre nosotros mismos, sobre nuestra indignidad, sobre que “no nos merecemos esta cosa o tal otra ya“… etc. Y este juicio sobre nosotros mismos reforzaría la anterior emoción (falta de paz, estrés……: “miedo”).

Vemos pues el círculo vicioso, y vemos que hemos usado, en la vida y por enésima vez, una situación “mala” —una que parece, como todas, muy “objetiva” ahí “fuera”— para actualizar y reforzar la creencia en que:
— “no somos válidos”…,
— o en que “hay algo verdaderamente erróneo en algún lado”… etc. (es decir, hemos usado de nuevo el mundo, la idea de mundo, para reforzar el ego).

Por tanto, como dice Yeshua a través de Carpenter: si en un momento dado claramente no puedes decirte “hago esto porque me da paz”… di esto (y ahora copio/traduzco de nuevo literalmente el texto de Yeshua-Carpenter):

«Sé que estoy haciendo esto y sé que no me va a dar paz, pero, por el motivo que sea, lo voy a hacer otra vez, y no pasa nada»

A continuación, como vimos, Yeshua dice que si nos permitimos esto último (en un marco de “mente que no juzga”), veremos que, al final al final…, ahí…, en lo que hacíamos…, había paz…, hay paz.