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19. Realidad física. Los Tratados de Un curso de amor (III)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Los Tratados de Un curso de amor. III. Un tratado sobre el yo personal

Capítulo 19. Realidad física

19.1 No debes temer los cambios que ocurrirán en tu forma física mientras comienza a ser guiada por el sistema de pensamiento de la verdad en vez del sistema de pensamiento de la ilusión. Temerás menos estos cambios si constatas que todo lo que ha procedido del amor será conservado, y todo lo que ha procedido del miedo desaparecerá. No necesitas temer que el final de las relaciones especiales te separe de tus seres queridos. No necesitas temer que las alegrías que has compartido con otros dejen de existir. No necesitas tenerle miedo a la pérdida de los goces físicos, no más de lo que necesitas temer la pérdida de los mentales y los espirituales. Leer el resto de esta entrada »

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La astucia en el trato con el propio cuerpo. El poder del desvío. La elección. Feldenkrais: ¿la “desprogramación parcial” del ataque basal o “conflicto básico” mediante el cuerpo? «Hay elección» es el mensaje universal-“terapéutico”   Leave a comment

playing a game, de yewenyi, en Flickr

Índice: 

– Introducción: algo muy básico sobre artes marciales y Feldenkrais
– El ataque es fundamental
– La jerarquía en el no-problema del cuerpo y la mente

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No he practicado artes marciales, pero por lo que parece se trata de aprovechar el ataque —o la “energía” de un supuesto ataque— del contrincante, para que éste se derrote a sí mismo.

Es decir, es una especie de transmutación donde la “violencia”, o lo que al principio puede parecer violencia del contrincante (afán de “destruir por destruir”) se convierte en casi nada al ser contrastada con cierta inteligente “agresividad natural” de quien se defiende —que quiere más bien componerse con el contrincante y “usarle” como medio para alcanzar el resultado que sea “mejor para los dos”.

Aquí vamos a hablar de la técnica corporal de Feldenkrais —que sí he practicado en su modalidad grupal, y que “me han practicado” un poco en su modalidad “a dúo”. Vamos a comentar sobre ella teniendo en mente este ataque imaginado en las “artes marciales” 🙂

Antes, aclaremos algo todavía más global sobre eso que llamamos “espiritualidad”: podríamos resumir la base de cualquier “trabajo espiritual” de la misma forma en que lo hemos hecho ahora mismo:

aprovechar aquello que nos (auto-)derrotaba, para ahora con ello nutrir el movimiento de una cierta “expansión de nuestra consciencia”.

Con ello, nuestra “felicidad real” va a verse automáticamente nutrida por el hecho de que —con ese nuestro “trabajo”— vamos a comprobar que “podemos ganar todos a la vez”, pues siempre existen salidas virtuosas para todo. En esas salidas podemos ganar todos (ver nota para ampliar* sobre esto).

Así que se trata de aprovechar el movimiento constante de auto-ataque en el que vivimos (ese que nos hicimos durante toda la vida casi sin darnos cuenta) y que quizá ahora o en algún momento hemos podido percibir más claramente.

Ese movimiento es todo aquello que nos hizo “daño” y que podemos aprovechar usando esa misma energía que nos dañaba (y que mantenía las “secuelas”) para con ella revertir el proceso, por así decirlo.

Este “proceso” lo podríamos llamar “deshacimiento del ego”, es decir, en general: de las inversiones “narcisistas” que tenemos en todo aquello que es de todas maneras hoy “nuestro asunto”, nuestro quehacer —sean cuales sean nuestro quehaceres (ver nota sobre el ego **).

En definitiva, hemos descrito improvisadamente “la filosofía” de las artes marciales tal que así: nos rendimos a un “bien mayor”, en un cierto arte del desvío y de la composición de fuerzas e intenciones, haciendo que el contrincante (y nosotros con él) se rinda en una especie de “todo” mayor, o en un “bien mayor” y englobante (en realidad, partimos de la base de que, aunque no lo parezca y no nos lo creamos, siempre todo confabula hacia lo mejor en cualquier situación —si nos dejamos, ya que si miramos honestamente nuestras vidas normalmente los obstáculos los hemos puesto nosotros mismos).

Se trata por tanto de que en esa situación “marcial” inventada, debemos controlar el mantenernos abiertos, en una cierta apertura en la situación. Buscamos abrirnos para que se pueda componer algo “mejor” a través de todos nuestros movimientos —y otros ingredientes—, en una composición que además buscará parecer muy espontánea.

Esto es también en cierto sentido la esencia del verdadero perdón, como actitud “sabia” en todas las situaciones de la vida (ver anteriores artículos, por ejemplo donde perdonábamos los accidentes).

Por cierto, que al igual que en Feldenkrais, sucede que en este ataque imaginado hay un actor en escena, un gran actor secundario importantísimo: el suelo. Así nos dejamos llevar habiendo quizá aprendido ciertas técnicas de “lucha” que faciliten ese fluir y con el fin de que las consecuencias del ataque sean “las menos malas” para todos los “participantes”.

La filosofía del método Feldenkrais, del que ya empezamos a hablar aquí en el blog, se dirige hacia esto mismo, pero aplicado incluso solo a uno mismo, uno consigo mismo (algo incluso para añadir a “la filosofía de vida”, si queréis decirlo así).

Ahora bien, todo esto sobre el ataque imaginado no era anecdótico, pues:

El ataque es fundamental

El cuerpo propio, el de cada uno, siempre se está atacando a sí mismo, en el sentido de ponerse límites que ya no tocan, que están a contratiempo, desacompasadamente. Mejor dicho: nuestra mente utiliza el cuerpo para terminar atacándonos nosotros a nosotros mismos. ¿Cómo? Haciendo sobre-esfuerzos, incorporando lo que se llaman “vicios” a lo largo de la vida, inadvertidamente, y en casi todos los movimientos. Leer el resto de esta entrada »

El sexo y el individuo tal como los ve Seth: sus sorprendentes y claras afirmaciones en «The Nature of the Psyche»: la segunda pubertad (a la vejez ¡bombos posibles!). El origen de las guerras. Y otras maravillas   3 comments

Nadapa Rabari, por Meanest Indian, en Flickr

«…todo individuo sufre siempre que su identidad esté definida principalmente como una cuestión de orientación sexual» (Seth en «The Nature of the Psyche», p.83)

«Comienzas a programar la actividad sexual cuando la separas del amor y la dedicación. Es entonces muy fácil, para la iglesia o el estado, reclamar y atraer tus ya descentrados amor y fidelidad, dejándote con la expresión de una sexualidad despojada de sus más profundos significados.» (p. 87)

«La llamada guerra de sexos se origina en las divisiones artificiales que has establecido en la naturaleza del yo. La realidad de la psique está más allá de tales malentendidos. Su lenguaje original por lo normal se te escapa. Está íntimamente conectado con lo que puede ser denominado, en términos generales, el lenguaje del amor.» (p. 90)

Nuestra individualidad es de cierto modo esencialmente eterna y multidimensional, y está abierta a toda “metamorfosis” psíquica y física; precede a cualquier identificación con por ejemplo el sexo de nuestro cuerpo, ese “vehículo físico” para el “alma humana” (‘alma’ viene a ser el viejo nombre para algo muy de moda: “individualidad multidimensional de cierto modo eterna”).

Por norma, confundimos tal individualidad —que es algo del todo abierto, en realidad— con el proceso de identificación, físico y psicológico, al que estamos aparentemente sometidos dentro de esta tan concreta pero también enorme y liosa red de enredos histórico-culturales y biológicos.

Antes que personas-con-una-determinada-biología, somos “mentes” multidimensionales que, de cierto modo, están aprendiendo a reconocerse como tales, lo cual supone una liberación (y la libertad no es un lujo, es naturalmente una expresión del amor).

Tal liberación es posible prácticamente seas quien seas, hagas lo que hagas, dentro de unos límites lógicos relativos a tu paz mental (lo cual, por cierto, se expresaría “místicamente” por ejemplo con esta frase: todos somos Hijos de Dios, por igual).

Pero esta liberación conlleva un miedo atroz, aunque sea fácil decir cómo se puede alcanzar. ¿Cómo? Dejando que se eliminen en nosotros todos los conflictos que nos acosan, “interiormente”, mirándolos y afrontándolos honestamente, sin luchar contra nosotros mismos, pero sin miedo.

No queremos liberarnos, no por defecto, y por mucho que pensemos que sí de forma demasiado ingenua.

Estos conflictos son por ejemplo las confusiones que cultivamos por albergar creencias que no queremos mirar, o creencias y juicios contradictorios sobre nosotros y la realidad. Estas confusiones tienen consecuencias en todos los niveles, provocando “problemas” individuales o colectivos, culturales o biológicos.

Este tipo de observaciones sobre la libertad natural de la mente, que acabamos de hacer, tiene como siempre el potencial de “salvarnos” de todo conflicto.

Índice: 

– «The Nature of the Psyche»: pubertad real en la vejez
– ¿Por qué las guerras? La respuesta concreta de Seth en el nivel cultural y biológico: separación entre “sexo” y “amor”
– Libertad psicológica

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«The Nature of the Psyche»: pubertad real en la vejez

En el texto con ese título [“NP”], Seth vuelve a contar o a recordarnos, entre los años 1975 y 1977, cosas quizá aún inauditas o que se tienen poco presentes. Así, tras la seria introducción de arriba, y antes de volver a algo aparentemente más serio, hablemos de alguna de ellas.

Antes recordemos que Seth habla bastante de vejez en otros libros, y de una manera muy práctica que nos alerta sobre hasta qué punto somos “salvajes” en concreto en cómo nos comportamos con el fenómeno de la vejez. Es decir, al nosotros en general huir de la consciencia, de la mente, al desconocer en este paradigma social la importancia de los fenómenos de consciencia que por ejemplo se dan de forma natural en la vejez, podemos por ejemplo atiborrar a medicamentos a los ancianos, entorpeciendo con ello al parecer, fenómenos de auto-cuidado que están programados en la interacción mente-cuerpo… a menudo… o, al final, una natural y suave “salida” de la consciencia de nuestro cuerpo, la salida del cuerpo.

Dice en este otro libro Seth que tenemos a nuestra disposición, en la vejez, como seres biológicos, una segunda pubertad (!). Ésta no es solo figurada, sino que conlleva a veces una nueva fertilidad en mujeres y hombres, e, incluso, más raramente, cambios de sexo naturales (!). Esto lo dice literalmente por ejemplo en la pág. 66 de NP: «…a quite legitimate second puberty is possible, in which the male’s seed is youthfully strong and vital, and the woman’s womb is pliable and able to bear.»

Obviamente en general no “necesitamos”, y menos hoy en día en esta civilización, tener niños a esas edades (‘all you need is love‘), pero, si reconocemos entre otras cosas que todos tenemos esa posibilidad latente, podremos ir accediendo más fácilmente a otro sistema de creencias sobre la vejez, que es lo que queremos (en general otros sistemas de creencias básicas sobre la realidad y nosotros en ella).

Queremos cambiar o poder modular las creencias sobre la realidad, cosa que implica por cierto también cambios físicos en la “antena” que llamamos cuerpo: en los patrones o vías neuronales que arrastramos (por tanto con una cierta remodelación cerebral, tal y como podríamos llamarla).

Y queremos esto con el fin de ampliar nuestra percepción, pues tales cambios en los sistemas de creencias están naturalmente sometidos al propósito de una tal ampliación o liberación (si nos “dejamos llevar” lo suficiente por el movimiento de nuestra alma).

El vehículo biológico humano es capaz de vivir cosas insospechadas y aún no exploradas por “la ciencia”, pues ésta, y en general nosotros en nuestras vidas, siempre proyecta y proyectamos un sistema de creencias enormemente limitado sobre el mundo, y buscamos así, en éste, la confirmación de tal sistema, nada más (sistema basado más o menos inconscientemente por ejemplo en la “creencia en la escasez”).

Ya antes de este libro, de NP, —que desgraciadamente creo que aún no aparece traducido en español, así como gran parte de los otros— Seth nos ha alertado, aparte del hecho de que en general no comprendemos nada, sobre que no comprendemos la experiencia de los ancianos, con su natural ampliación de la percepción o consciencia. Éstos tampoco la comprenderían en general, dando pie por ello a muchos conflictos o al arrastre inercial de conflictos.

En un nivel, esta incomprensión se debe obviamente al tipo de cultura que aceptaron y que aceptamos todos por el mero hecho de “venir” aquí, a este sistema de probabilidades donde estamos aprendiendo nuestras lecciones, tan extrañas lecciones (que en general son lecciones de “perdón” del mundo y sus seres, según diríamos con UCDM en la mano).

¿Por qué las guerras? La respuesta concreta de Seth en el nivel cultural y biológico: separación entre “sexo” y “amor”

El problema de este mundo es un problema de creencias a un nivel muy básico, pues como sabemos, muy abstractamente, el problema es “la separación”, la creencia en la separación. Esto lo podéis trabajar dentro del simple pero precioso “nivel” místico-individual-íntimo con por ejemplo Un Curso de milagros.

¿Por qué comentamos esto tan abstracto sobre la separación? Por las referencias a la ‘separación’ y la ‘división’ que podéis ver en el párrafo que traduzco abajo —de Seth, en NP.

Las guerras humanas podemos enlazarlas con el sexo de una manera muy clara según Seth, para así intentar hablar sobre “causas” en este nivel mundano cultural-biológico —aunque es obvio que ya están enlazadas con el sexo si vemos cuál de los sexos las impulsa normalmente en este momento.

Veremos por qué dice Seth que se trata obviamente de un asunto cultural, es decir, depende de cómo percibimos el sexo, es decir, de qué creemos sobre él, armados de nuestras distorsiones culturales que proyectamos para recoger de la realidad la confirmación de nuestras creencias. Leer el resto de esta entrada »