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2. Emocional

Regalo

Todo es un regalo, y así lo podríamos sentir todo el tiempo; pero, desde la caída del ser humano, ya no vivimos las cosas de esta manera.
Nosotros mismos nos ponemos el obstáculo, la piedra en el zapato.
Lo "malo" es que tal obstáculo no se ve, pues no podemos ver directamente nuestra alma ─es decir, las causas que hay en ella─, sino, más bien, vemos y vivimos los efectos de lo que tenemos en el alma.

Si ni siquiera vemos nuestro cuerpo espiritual ─ese que ya tenemos también─, menos aún vemos directamente aquello que somos, el alma, y que no es ni puede ser instrumento.

Nuestra alma es la sede de la autoconsciencia y de la memoria más profunda; también es la sede de nuestra esencia personal única y del libre albedrío.
Está compuesta de ─o, por así decir, nos "anima", mediante─ los deseos, las emociones, las aspiraciones, las creencias, etc., que contiene a cada momento.

Llamamos "voluntad" a la condición actual de nuestra alma.
Todos esos componentes (deseos, etc.) tienen así como una "firma emocional"; es decir, pueden estar o no en armonía con el amor.
Si no lo están, son pecado o fuente de pecado ("pecado", definido como aquello que está en desarmonía con el amor y la verdad, y que es de nuestra creación, de factura humana, pues Dios no lo ha creado).

Pues bien, si esas cosas son pecado, es debido a nuestra resistencia a soltarlas.
Es decir, la resistencia es el pecado, y no tanto esas condiciones distorsionadas en sí.

El pecado es ─o se produce por─ nuestra carencia de humildad y sinceridad a la hora de reconocer que esas cosas están allí, y que solo nosotros somos responsables de ellas (pues es nuestra alma).
El pecado es nuestra carencia de humildad sincera a la hora de desear desafiar la condición actual del alma, que contiene esas desarmonías y todo lo que implica el deseo de retenerlas en nuestra alma.

Y siempre podemos desafiar nuestra voluntad, nuestra condición actual, mediante algún proceso de purificación de nuestra fe/deseo, y mediante actos que desafíen esas emociones impuras, etc.

Uno de esos actos, y que puede irse extendiendo a cada momento de la vida, es el de la oración a Dios, es decir, el deseo o anhelo sincero de sentir a Dios y recibir su verdad universal, e incluso su amor personal.

Si no tenemos algún problema mental grave, y si ya somos más o menos adultos, todo el mundo tenemos una voluntad libre; así pues, en general, no valen las excusas: lo que hacemos (o lo que no hacemos por desidia, etc.) lo hacemos porque nuestra condición nos habilita para hacerlo (o bien para seguir viviendo en cierta comodidad, y no hacerlo, cuando sin embargo habría sido positivo haber hecho tal cosa).

Egoísmo

Básicamente, el egoísmo sería tener el deseo de usar a los demás ─y las cosas─ para proteger alguna emoción inarmónica dentro (miedo, etc.).

En general, podemos definir el egoísmo como usar a los demás para no desarrollarnos más en el amor y la verdad, o, directamente, usarlos muy conscientemente para degradarnos más (a esto lo llamaríamos quizá mejor depravación, perversión).

Por lo tanto, en general casi siempre "circula" algo de egoísmo en las relaciones personales (cosa especialmente dramática en las delicadas relaciones entre padres/madres e hijos, o en general de los adultos con los niños).

Esos deseos y expectativas impuros, impresos en nuestra alma, no están en armonía con el amor.

El pecado, que ya empezábamos a definir arriba, es:

─ todo aquello que hacemos, o que contenemos dentro, y que no está en armonía con el amor (y, por lo tanto, está "en armonía" con el miedo y con otras emociones distorsionadoras del alma, que la colocan en estado de error).

Ejemplo: deseo mantener una relación para no tener que atravesar cierto miedo a la escasez.
Es probable que a esa relación se la considere "de amor", cuando en realidad nos está sirviendo para retener dentro emociones impuras (miedo, etc.).

─ y el pecado es todo aquello que dejamos de hacer, que no aprovechamos la oportunidad de hacer o sentir, etc. ─que rechazamos desde dentro por miedo, etc.─, pero que era algo que estaba en armonía con el amor, algo que nos hubiera liberado y con lo que hubiéramos crecido positivamente.

Ejemplo: deseo conservar una relación para no tener que atravesar cierta vergüenza, para no tener que responsabilizarme de ese contenido impuro de mi alma. Así, este puede ser el caso de un padre o una madre, o ambos, que, por vergüenza de haberse quedado embarazada/embarazados, desean eliminar el niño/a, etc.

En el primer ejemplo, la mujer o el hombre, en la pareja, están usando al otro para seguir viviendo en cierto miedo. En el segundo ejemplo, los padres o uno de ellos estará usando al futuro niño (su muerte posible) para seguir viviendo en cierta vergüenza (seguramente transmitida multigeneracionalmente).

Responsabilidad

Cada persona está hecha para ser responsable de todas las facetas de su vida, muy pronto (facetas: espiritual, emocional, física...).
Esto se percibe de forma natural en los niños, viendo cómo disfrutan haciendo y sabiendo, participando.
Por lo tanto, en general los niños disfrutarían enormemente si se les dieran en bandeja las oportunidades (o no se las quitaran tan fácilmente) de elaborar sus propias comidas, instrumentos, huertos, casas, etc.; pues recursos hay de sobra si, globalmente, pusiéramos el énfasis más en la regeneración de la tierra y en el uso de, por ejemplo, cosas como la geotermia, antes que en pagar en masa las mismas facturas a las mismas entidades.

Pero a los niños, por sistema, y puesto que de alguna manera "hay que organizar las cosas", resulta que les cortamos las alas del deseo natural que existe en el alma: el de responsabilizarse de todo aquello que, de hecho, son capaces de responsabilizarse.
Así, luego van a tener que emplearse con bastante esfuerzo, si desarrollan el carácter, en retomar el curso natural del deseo, armonizando su condición álmica con este principio fundamental de la responsabilidad.

Como se sabe desde hace tiempo, la civilización en gran medida parece ser ─aunque no solamente─, o parece que se convirtió en, una especie de proceso adictivo:
─ crear problemas (escasez donde no la había, necesidades que no existían),
─ para luego vender soluciones y, a ser posible, centralizar o monopolizar tal venta en multitud de combinaciones "empresa/Estado" o "empresa-mafias-Estado".

La dependencia emocional, aprendida en el hogar ─es decir, esa condición que nos constituye desde el aprendizaje hogareño mediante muchas nociones falsas de amor─, es utilizada por los mecanismos civilizatorios de masas, y ello más o menos conscientemente.

Cambio

Nuestra alma siempre está mejorando o empeorando su condición actual, su voluntad.

Así pues, la clave en parte reside en si cambiamos responsablemente o irresponsablemente. (Siempre estaremos cambiando, pero lo haremos según cómo cuidemos nuestro deseo, nuestra fe.)

Si no somos responsables, nos degradaremos. Es decir, si no cultivamos conscientemente deseos armónicos, nos degradaremos.





Sobre este tema, o segundo peldaño ─lo "emocional"─ hay muchos talleres, muy relevantes, en la página dedicada a ellos.
Enumerándolos brevemente por las palabras clave en sus títulos o los títulos completos...:
|| ira || miedo || Deseo || Procesamiento emocional || Responsabilidad || Deseo apasionado del cambio || Recibir positivamente los regalos de Dios || etc.

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